enero 07, 2016

Por un ecosistema literario paritario

Doña Emilia Pardo Bazán,
 una escritora en un mundo de hombres.
¡Que nadie se lleve las manos a la cabeza! No vamos a proponer repartir los premios y demás laureles al estilo de las listas cremallera con que los partidos políticos han llenado los parlamentos de mujeres, para alegría de todos y de todas, y especialmente de la democracia, que sin ellas menuda democracia sería. Pero sí vamos aquí a medir cuán cerca o lejos estamos de la paridad en este asunto de los premios y otros mecanismos de promoción y ratificación del prestigio, pues se da la circunstancia que, calculadora en mano, la paridad sí se puede medir.

Ya en 2011 el Informe Mujeres y cultura. Políticas de igualdad, realizado por el Ministerio de Cultura, mostraba una repartición muy desigual de los premios en este país, y no sólo en el ámbito literario sino en todos los ámbitos culturales. Las letras salían igualmente muy mal paradas: un 9% de mujeres premiadas en el Nacional de Poesía, un 6% en el Nacional de Narrativa, un 5% en el Nacional de Literatura Dramática y un patético 3% en el Nacional de Ensayo, mientras que en los premios Nacionales de Literatura Infantil y Juvenil el porcentaje de ganadoras era de un 21%, ¡aleluya! Claro que ese informe analizaba tan sólo los premios otorgados por el Ministerio.

En cambio, en el reciente Informe El género en nuestros premios literarios, que hemos realizado desde el Observatorio Cultural de Género y ha contado con la colaboración de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC) y la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (AELC), aunque circunscrito al ámbito catalán, hemos querido analizar tanto premios institucionales como comerciales, en concreto 70 premios bien variados. Y hemos constatado que durante los últimos quince años (del 2000 al 2014), sólo se han otorgado a mujeres en un 18%, un porcentaje que incluye premios que en esos años jamás han sido otorgados a mujer alguna. Teniendo en cuenta que los premios comerciales son mucho más generosos a la hora de premiar mujeres (no por un afán igualitario, sino porque saben que hay más lectoras que lectores y su principal objetivo es vender), la cifra es alarmante.

A dicha cifra se suma que hay géneros literarios mucho más perjudicados por la inercia patriarcal, tan reacios a dejar entrar autoras que en ellos a las mujeres sólo se las premia en un 4,8% (teatro) o en un 7,4% (ensayo). Mientras allí donde las escritoras son una aplastante mayoría, como sucede en la literatura infantil y juvenil, tan sólo reciben premios en un 36,4%, siendo ese el porcentaje de ganadoras más alto. En el resto del Estado Español las cifras son muy similares y no sirve la excusa de que quizás a los premios se presentan pocas autoras, pues en ese caso el panorama sería aún menos halagüeño, dado que daría a entender que, siendo muchas las que escriben, desconfían de antemano de premios que no suelen otorgarse a las de su sexo. Mejor pensar, ya que carecemos de esas cifras, que siguen presentándose a pesar de las pocas probabilidades objetivas de éxito.

Gráfico por géneros literarios en las comunidades de lengua catalana extraído del Informe 2015 del OCGénero 'El género en nuestros premios literarios'.

Es cierto que hubo un tiempo en que los premios literarios sólo se los daban a ellos, los escritores, con excepciones honrosas como Carmen Laforet o Ana María Matute, que destacaban con sus collares de perlas y sus cardados en los salones del Hotel Ritz o de donde fuera. De modo que estas cifras tan residuales no dejan de ser un adelanto, pero han pasado desde entonces muchas décadas. ¿Son propias del siglo XXI? Y, sobre todo, ¿son el reflejo de un ecosistema literario sano o enfermo? Sucede que, como decía al comienzo, los premios literarios son uno de los innegables mecanismos de promoción y, a la vez, un método infalible para ratificar el prestigio. Eso los convierte en causa y consecuencia de las dinámicas del mundo literario (consecuencia porque se hacen eco de autores ya consagrados y causa porque contribuyen al inmovilismo) y acaban siendo el pez que se muerde la cola. Una inercia de la que son responsables factores que van desde la consideración de la literatura de mujeres como una literatura de segunda hasta la desatención de la prensa literaria hacia su trabajo.

Una inercia en la que tiene una gran responsabilidad la configuración los jurados, que en el citado informe Mujeres y cultura mostraban una infrarrepresentación femenina muy preocupante. De hecho, una mayor paridad de los mismos en casos concretos como el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil repercutía automáticamente en los resultados. Incluso las propias mujeres que forman parte de algunos de ellos afirman que hasta hace unos años estaban blindados a cualquier participación femenina.

De jurados nada paritarios han bebido también desde su invención las listas de los mejores libros del año que diarios y revistas confeccionan para orientarnos en la lectura, al tiempo que sirven para ratificar el prestigio de los autores o autoras escogidos. Este año el suplemento cultural de este diario, Babelia, ha roto el maleficio y ha decidido elegir los mejores libros del 2015 de un modo ligeramente distinto a como lo había hecho hasta ahora. Si en las anteriores ediciones un número nada desdeñable de críticos literarios, sobradamente preparados aunque en su mayoría hombres, fueron los encargados de votar sus favoritos, esta vez se ha hecho un esfuerzo por confeccionar un jurado paritario.

Se trata de una decisión muy loable, aunque no exenta de polémica, destinada a que los resultados no estén como de costumbre tan inclinados hacia la balanza de la testosterona, en detrimento de la de los estrógenos, pues suele suceder que cuanto más masculinizados están los jurados, más libros de varones resultan elegidos. Si hacemos memoria recordaremos que entre los favoritos del 2014 deBabelia sólo había una mujer (la premio Nobel Wislawa Szymborska), aunque por supuesto la lista la encabezaba un hombre, Javier Marías. Lo mismo sucedió en el 2013, cuando fue elegido como mejor libro del año uno de Rafael Chirbes y en la lista sólo aparecía Alice Munro (que justamente acababa de ganar el Nobel) como representante del sexo femenino. Está visto que a los críticos varones, en materia de literatura de mujeres, les van los valores seguros. 2012 fue el año de Tony Judt, en 2011 repitió Marías, 2010 el de Coetzee, 2009 el de Javier Cercas, 2008 el de Ian McEwan, 2007 el de Grossman… y no sigo porque me deprimo, aunque puedo asegurar que la presencia de autoras fue siempre anecdótica.

Gracias al innovador jurado paritario, este año la lista de Babelia presenta un panorama muy distinto. Aunque en la primera posición los críticos y las críticas de este suplemento hayamos elegido a un hombre, Ricardo Piglia, en la lista hay seis escritoras y cuatro escritores: ¡toda una novedad! Ahora sí que parece que estemos en el siglo XXI y no vivamos aún en un mundo galdosiano o clarinesco, donde apenas se dejaba asomar a una Pardo Bazán, ataviada con su obligado corsé y su polisón. En segunda posición aparece este año una mujer, Marta Sanz, con su novela Farándula, y la lista incluye a Svetlana Alexiévich (¡flamante Premio Nobel!), Inger Christensen, Élisabeth Roudinesco, Sara Mesa y a mi favorita, Chantal Maillard.

Ilustración de Fernando Vicente para los mejores 10 libros del 2015 de Babelia.

Y ha sucedido que también en los suplementos de otros diarios, en las listas de los mejores libros, este año parece que las autoras estén algo más representadas, aunque no sea para echar las campanas al vuelo: en El Cultural de El Mundo, en ficción, siete libros de mujeres sobre diez; en el ABC, en narrativa en español, tres de diez; y en La Vanguardia, aunque con jurados que son un atentado contra la paridad, en ficción en castellano tres de cinco y dos de cinco en ficción traducida. Visto el ejemplo de Babelia queda sin embargo demostrado que una participación más variada en los jurados repercute ipso facto en unos resultados asimismo igual de variados, y por tanto más ricos, más plurales y más hijos de estos tiempos. De modo que ojalá esta iniciativa siente precedente y contagie a otras publicaciones que hacen operaciones afines de ratificación del prestigio. Y ojalá los nuevos aires políticos que se respiran sirvan también para que nuestros gobernantes se tomen en serio de una vez la Ley de Igualdad, que para algo existe y dice textualmente que se debe “promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública” (Artículo 26). Para tal fin, los jurados paritarios en premios y demás mecanismos de promoción son una condición innegociable.

Por Mª Ángeles Cabré, escritora y crítica literaria, 
(Editorial Elba). 
Fuente: El País