febrero 12, 2016

De verónicas, bembenues y troleadas



Sin duda, la candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, estuvo inspirada ese domingo último en el Programa Sin Medias Tintas, al enfrentar, con una excelente verónica, como diría la cada vez minoritaria afición al toreo, la estocada tendenciosa que intentó propinarle el conductor Aldo Mariátegui al iniciarse el programa. En un esfuerzo por endilgarle su nacionalidad francesa, heredada de su madre, le habló en un idioma que simulaba ser francés, pronunciando algo que sonaba a bembenue, para darle la bienvenida, a lo que la candidata le contestó en un impecable quechua saludando: “Allinyachu kashanki, Aldo. Sumaq chisi kachun kankunapaq. Sumaq chisi kachun llaqtamasikuna, ñaña turikuna” (Cómo estás, Aldo. Tengan todos buenas noches. Tengan todos buenas noches, a todos de mi pueblo, hermanas y hermanos). Con esta espontanea respuesta, la candidata le decía que ella es también hija y nieta de quechuahablantes. El conductor se quedó turulato recibiendo el mandoblazo y sólo atinó a decir que era una “chancada de último minuto”, utilizando él, seguramente sin saberlo, la palabra quechua chánkkay, que significa moler, y dándonos sin querer la información de que la idea era moler, demoler a la candidata, habiéndose preparado la molida de antemano con seguridad. Preparación que por fortuna tuvo pocos resultados, ya que la chancada fue tanto a Mariátegui como al joven panelista Mijael Garrido Lecca, cuyas extrañas preguntas fueron objeto de un abundante troleo en las redes, que continua hasta hoy, convirtiéndose casi en una fuente inagotable de memes que se recrean y se reproducen con mayor o menor gracia.

La estocada final post programa, como para cerrar la faena, la dio Verónika Mendoza a Mariátegui, al responder a la provocadora dedicatoria que le había hecho al darle su libro y que decía: “A Verónika Mendoza con la débil esperanza de abrirle los ojos”. A ello la candidata respondió mediante un tuit: “Gracias x el libro y la dedicatoria, Aldo pero, x si acaso, tengo los ojos bien abiertos desde q leí a tu abuelo”. Hay que recordar que el abuelo de este periodista es uno de los más grandes intelectuales de la historia peruana, llamado el Amauta,hamawt'a,es decir el sabio, el maestro en quechua.

Pero más allá del troleo, de Mijaeles y Mariáteguis, hay un punto que hay que resaltar en el saludo en quechua de Verónika Mendoza. Es la primera vez que una candidata o un candidato a la presidencia de la República utiliza el runasimi, el idioma que hablan más de tres millones de peruanos y peruanas, sobre todo en Lima, que es donde se encuentra la mayor cantidad de población quechuahablante, en un canal nacional. Cabe resaltar que los medios masivos en el Perú son parte de las instituciones que reproducen el racismo. Como lo señala Teun Van Dijk, los medios informativos “son los actores más eficaces y exitosos en el manejo del consenso étnico en la fabricación y consentimiento público. Y lo hacen, sobre todo, para apoyar o legitimar las políticas étnicas de otros grupos de élite, políticos, jueces, profesionales y burócratas”[1]. Grupos de los cuales Mariátegui es un ejemplar representante, vale señalar, precisamente por sus expresiones racistas y discriminatorias de las que ha hecho gala en varias ocasiones.

Resquebrajar este pacto de las elites que ha significado que los idiomas indígenas y sus hablantes sean discriminados, excluidos, condenados a la invisibilidad, debiendo desetnizarse, autonegarse para no sufrir la estigmatización, ser considerados ignorantes o población incivilizada, es fundamental en cualquier propuesta política que apueste por la diversidad y una verdadera inclusión. Que una candidata se dirija a la teleaudiencia en su idioma es un pasito que abre puertas, que le llega a la gente, a la población joven que ha vivido la exigencia de olvido y negación de sus padres y madres que no querían para sus hijos e hijas lo que ellos y ellas tuvieron que enfrentar por ser indígenas. Richard Webb en un artículo en el que se pregunta “¿Tiene futuro el quechua?", nos cuenta:

“Luego de asistir a una reunión organizada por activistas de la educación bilingüe en una comunidad del Cusco, una pareja de campesinos, los supuestos ‘beneficiarios’ de la educación bilingüe, explicaron por qué habían asistido: ‘Asistimos porque no queríamos que nuestros hijos fueran a la escuela para aprender el quechua. Si permitimos que eso suceda, nuestros hijos seguirán viviendo en este país sin ser parte de él.’"

Y de eso se trata, de que los niños y niñas sientan que, siendo parte de un pueblo indígena, también son parte del país, que sientan el orgullo de su origen y de su cultura, que se termine de una vez con el proceso homogenizador desarrollado a lo largo de la historia por la educación formal, que ha estado negando los conocimientos de los pueblos y de clase en clase les iba inculcando el desprecio por lo propio. Un ejemplo de cómo la escuela va inculcando a los niños y las niñas indígenas representaciones sociales que los aleja de su identidad y culturaes lo que se recoge Patricia Ames en una investigación realizada en el 2001 en una escuela en la comunidad de Llaquepata en Cusco. Dice ella que en clase los niños de primer, segundo y tercer grado cantaban: “Indiecito de la puna. Antes eras ignorante. Ahora ya sabes leer y escribir. Indiecito de la puna, mucho debes estudiar, para así ser profesional”[2]. No es que esté mal, por supuesto, que aprendan a leer y escribir, o que gracias al esfuerzo y al estudio sean profesionales exitosos, que no compran o plagian sus tesis, pero deberían tener la oportunidad de hacerlo en sus propios idiomas, sin negar sus culturas, tal cual lo han propuesto hace mucho tiempo los propios pueblos indígenas, aspiración que ha sido recogida por el Plan Nacional de Educación Bilingüe Intercultural, que ha sido sometido a consulta y aprobado por las organizaciones indígenas, como debe ser.

“La próxima vez en quechua”, le recomienda la candidata al entrevistador y desde Ayacucho, jóvenes indígenas, simpatizantes, le enviaron un mensaje en su idioma: “Alducha maqta runasiminchiqta yachay”. “Joven Aldito aprende quechua”, le dicen. Ojalá pronto más personas aprendan este hermoso idioma y todas las que lo hablan sientan el orgullo de poder hacerlo, exijan una educación bilingüe e intercultural de calidad y que se les atienda en su propio idioma en los servicios públicos. Ah, y si fuera posible, ojalá más personas aprendamos también francés que es un lindo idioma también, para no ser como Alducha y poder hacernos entender cuando vayamos a Paris o a Montreal.


Por Rosa Montalvo Reinoso

[1]Teun Van Dijk (1994), Prensa, racismo y poder, citado en en Nila Vigil, Reflexiones de Inviermo, Tarea, 2011, p. 125.
[2]Patricia Ames, “Educación e interculturalidad: repensando mitos, identidades y proyectos”, en N horma Fuller (ed.), Interculturalidad y política: Desafíos y posibilidades, Lima, Red para el desarrollo de las ciencias sociales en el Perú, 2002, p. 356.