abril 17, 2016

Ana Rossetti“No puedo denunciar al sistema sin cuestionar mi complicidad con él”

La escritora Ana Rossetti acaba de presentar su nuevo libro de poemas, ‘Deudas contraídas’, que ella misma considera su obra más social. En ella apela a las tres virtudes de la Grecia Clásica en la convivencia: saber dar, saber recibir y saber agradecer. Y añade una cuarta: saber restituir.

Rossetti comparte ahora el fruto de algo que lleva años gestando: un grito al sistema

Apenas se siente el bostezo de la tarde cuando Ana Rossetti traspasa con ánimo templado el umbral del Café Isadora. Sobre la mesa, su último libro de poemas, ‘Deudas contraídas’ (La Bella Varsovia), té y el deseo algo apresurado de encontrar un mapa imaginario donde ubicar todos esos versos recién saboreados.

Rossetti comparte ahora el fruto de algo que lleva años gestando, un grito al sistema, a la violencia de género, a la mutilación del alma y el cuerpo de las mujeres en la historia y en los más recientes conflictos del mundo. Es un grito que no se ahoga en la autocomplacencia. Apela a una restitución consciente y colectiva.

Tras la publicación de ‘Llenar tu nombre’ (Bartleby, 2008) llega ‘Deudas Contraídas’, ¿qué ha ocurrido durante estos ocho años?

‘Deudas contraídas’ es posterior en cuanto a edición, aunque empecé a pensarlo en 2006. El primer poema fue un acompañamiento de timbales para el percusionista Juanjo Guillem. Fue el punto de partida aunque no lo sabía entonces. Poco a poco fui haciendo algunos poemas sueltos pero hasta que no escribí los que narran el feminicidio de Juárez, no me di cuenta de que podría ser capaz de hacer un libro como éste.

¿Y cuál es ese poema que habla de Ciudad Juárez?

Son dos: ‘Arrebatadas’ y ‘Halladas'; están divididos en distintas escenas. El primero habla de la angustia de la hija desaparecida, y en ‘Halladas’ se refleja la resignación ante los restos encontrados.

Precisamente con el conflicto de las mujeres de Juárez ya tuviste contacto directo durante tu estancia en Los Ángeles…

Me preocupa mucho la violencia que ejerce el patriarcado sobre las mujeres, pero una cosa es lo que sabes desde tu casa y otra es tomar conciencia cuando te encuentras con la realidad. Cuando estuve en la UCLA, entre mi alumnado, había un estudiante mexicano que me llevó a una representación sobre el drama de las mujeres de Juárez. Luego hubo un coloquio en el que estuvieron presentes familiares de víctimas. Quedé muy impactada.

Esas mujeres, todas jóvenes, menores incluso, trabajan en las maquilas, unas fábricas que funcionan día y noche (lo cito en uno de los poemas). Hay turnos a todas horas. Los autobuses no las dejan cerca de las fábricas. Tienen que cubrir un trayecto en el que se pierden y no aparecen más. La policía nunca sabe nada. La periodista Lydia Cacho empezó a investigar y recibió presiones, incluso amenazas de muerte…, y no solamente por esto de Juárez, sino porque ha denunciado abusos como la prostitución de niñas en lugares de veraneo. Están amenazadas por mafias muy poderosas.

El testimonio que oí de esos padres y madres que buscaban a sus hijas fue desolador. Les decían que las niñas se habían escapado y justificaban su falta de interés en las denuncias recalcando que eran prostitutas. Cuando por fin se empezaron las indagaciones, se encontraron restos en el desierto, ya devorados. Incluso ante esas evidencias, la policía seguía diciendo que como eran prostitutas, se lo habían buscado.

Pese a la presión de las familias y la opinión internacional, nadie mueve un dedo; no se sabe quiénes son los responsables. De vez en cuando localizan restos para que al menos las familias puedan enterrarlas. Me llamó la atención el que muchas personas se sintieran agradecidas simplemente por haber encontrado un despojo de su hija.

Necesitaban comenzar el duelo…

Ya sabían que vivas no las iban a volver a ver, así que era un consuelo, una manera de tomar postura. Se hacen muchas manifestaciones en México, en Juárez sobre todo, pero la tragedia continúa. Es horrible. Hay un campo con cruces de color rosa mexicano, ese rosa fuerte, con los nombres de todas las chicas que han desaparecido.

Y sigue sucediendo… Eso no se acabará hasta que no se persiga a las mafias implicadas con independencia, valentía y rigor. Detrás de todo esto hay una organización criminal.

Háblame del poema ‘Hacedoras de Ciudades’.

Está dedicado a las mujeres saharauis. Son las mujeres que sostienen ahora el pueblo como país, como nación. Si la situación cambia y los hombres vuelven y se ponen las pilas, a ver si esas mujeres van a seguir al mando. Ojalá no ocurra como pasó en la Segunda Guerra Mundial con tantas mujeres que estuvieron en puestos de responsabilidad manteniendo a flote el país. Llegaron los hombres y les empezaron a vender la moto de que el hogar era maravilloso y ellas las reinas de la casa…

¿Es ‘Deudas contraídas’ tu libro más social?

Estoy denunciando aquí un sistema en el que me encuentro inmersa. En realidad, estoy denunciando mi complicidad con el sistema y mi perplejidad por ello, porque estoy colaborando, estoy votando, tengo el dinero en los bancos, cobro de la administración, pago unos impuestos que pueden estar financiando armas. A lo mejor estoy alimentando las guerras que después denuncio.

‘Deudas contraídas’, su poemario más social

¿Qué ha supuesto en este punto de tu vida encontrar ese equilibro estilístico?

Me costó mucho trabajo encontrar el lenguaje adecuado porque deseaba expresar ciertas cosas, pero no quería que se convirtiese en un panfleto, quería hacer poesía.

Me parece muy complejo hacer de todo esto poesía…

He estado tantos años gestándolo porque tenía que encontrar el lenguaje, el punto de vista, el tono, la actitud. Decimos “este mundo es un horror”, pero la pregunta es: ¿en qué consisten los mecanismos del horror?, ¿cómo estás metido dentro de esos mecanismos? y ¿qué hacer para salir de ellos? Igual que hacemos un mal podemos hacer un bien. Creo que las cosas pasan así porque las construimos mediante el dominio y la dualidad pero, si cambiáramos nuestra percepción del mundo, cambiaríamos su estructura y las cosas serían de otra manera…

Hay varios temas muy presentes en el poemario: la mujer, el desarraigo, el sentimiento de exilio…

Cada poema surge de algo que me ha tocado de cerca, no de cosas que he leído en los periódicos. Naturalmente, podría haber hablado de otros temas igual de sangrantes pero no habría tenido información de primera mano.

En relación al exilio, aparte de que vivo totalmente desarraigada, aunque feliz, he vivido fuera de España en varias ocasiones y sé lo que es sentirse en una situación de vulnerabilidad. Lo que pasa es que sabía que podía volver. Nada que ver con lo que se vive en los campamentos de refugiados o en los centros de internamientos que he visitado, ya lo sé, pero en mis momentos de desaliento he pensado mucho en tantas personas desterradas, exiliadas, migrantes, atrapadas en suma en territorios hostiles. De hecho, considero que de alguna manera es una deuda contraída con estas situaciones tan graves, porque me han ayudado a superar las mías y me han salvado de autocompadecerme.

Y… ¿a qué otras ‘deudas contraídas’ te refieres?

Para la elección del título, me llamó la atención el verbo ‘contraer’ porque realmente significa ‘reducir’. Sin embargo, cuando tienes deudas más bien lo que hacen es ‘dilatar’. Las deudas son infinitas, eso de “yo no lo debo nada a nadie” es falso, arrogante, narcisista y demuestra una gran insensibilidad. Siempre se está en deuda con alguien…

‘Las tres Gracias’ representan los tres puntos de los que los griegos se servían para una perfecta convivencia, saber dar, saber recibir y saber agradecer. Yo siempre añado otro más que va más allá del agradecimiento, el saber restituir. La cuarta Gracia es la restitución de esa deuda que contraes. A lo mejor no puedes devolver a una persona ese favor que te hizo, pero puedes devolvérselo al mundo y así estar en paz.

Lo que llaman la ‘cadena de favores’…

Exactamente. Es una de las maneras de equilibrar la balanza poniendo poesía en el mundo; el transmutar el dolor para que no sea solamente dolor. Convertir lo que a mí me duele en un poema es convertirlo en herramienta de cambio. La forma de salir de un sitio es saber cómo es ese sitio. Tienes que admitir esa situación. Si hay una trampa, hay que analizarla y saber cómo y de qué está hecha para conocer tus posibilidades. No vale vivir como si no estuvieras en la trampa. En el poema final, ‘Atrévete y sucederá’, estoy ofreciendo las contrapartidas de las cosas.

Después de tanta lucha interna, ¿crees que hay luz al final del túnel?

La solución la tenemos. No está clara, pero existe. Mira la portada. Parece una mano sangrienta pero está hecha con purpurina. La sangre podría ser de un asesinato, pero también puede estar en las manos de una comadrona.

Las cosas no son ni buenas ni malas simplemente por serlo sino por lo que haces con ello y por cómo ellas te transforman. Cuando tienes un revés, crees que se te hunde el mundo… pero de repente, en el camino encuentras algo que nunca hubieras experimentado si no hubieses sufrido ese revés. Has aprendido. Entonces, ¿qué es la mala o la buena suerte?

Me suena a mindfulness, esa terapia tan de moda.

¿Sabes quién inventó eso? Teresa de Jesús. A mí todo eso me parece muy bien pero ya estaba hecho. Lo frívolo es que se tome como una moda y no como una forma de vida.

Hablabas de ‘Las tres Gracias’… ¿Dónde están aquí todos esos dioses que suelen aparecer en tus libros?

En ninguna parte. No he querido hacer referencia a nada sobrenatural. Lo único que incluyo como referente cultural grecolatino es el título del primer poema, SUNT LACRIMAE RERUM. Hay muchas traducciones para esta frase. Puede ser algo así como “Esto es lo que nos hace llorar”. Pero, literalmente, lo mismo puede ser “son las lágrimas de las cosas” como “son las lágrimas por las cosas”. Me valían los dos sentidos. Es una cita de ‘La Eneida’.

En los poemas se percibe una narración sonora…

Ya llevo mucho tiempo haciendo poemas en prosa. Empecé en ‘Punto Umbrío’ (Hiperion, 1995)

La sonoridad del verso se consigue por medio de las secuencias de los acentos o por la alternancia de sílabas largas y breves, pero esto último vale también para la prosa. Lo difícil es que la prosa se convierta exclusivamente en narración. Poesía y prosa no son antagónicas pero poesía y narrativa, sí.

“A la primera que debo cambiar el chip es a mi mente”, reconoce la poeta

Al leer ‘Traficantes de Sueños’ pienso en gente joven, ingenua, que se traslada a la gran ciudad y se convierte en víctima de esos traficantes…

Es que hay tráfico de personas, pero además de los raptos, lo más escandaloso es cuando compran niñas menores a sus propias familias. Les prometen un buen futuro y les dan a los padres unos billetes como adelanto. Dicen a las familias que las niñas obtendrán grandes ganancias… y los padres las venden para prosperar. Después no se sabe nada de ellas.

También hablas del cuerpo, del cuerpo que se refleja en los espejos, ese cuerpo que no encuentra un espacio…

Cuando se habla del cuerpo, de la poesía del cuerpo, siempre parece que se habla del Apolo de Belvedere. No es así. El cuerpo es un conflicto, puede ser un estigma, es la enfermedad, es la muerte, también puede ser lo que nos separa de otras personas. No todas las personas son agradables a primera vista. Y hablo solamente de “agradable”, no de nada más. El cuerpo es una barrera.

Es evidente que el cuerpo de la mujer padece ese conflicto con mayor intensidad.

A partir de un punto de no normatividad sufre todo el mundo, pero las mujeres sufren más ese conflicto porque nos han metido en la cabeza que tenemos que buscar la aprobación por medio de nuestro aspecto. Nos percibimos en la medida en que somos deseadas.

¿Cuál es tu visión sobre los caminos de la poesía en el panorama creativo actual?

Siempre ha habido modas y mamarrachos, también. Pero cuando la moda pasa y todo se asienta, solamente emergerá lo verdaderamente bueno. En la confusión de la novedad y de la sorpresa es difícil separar el impacto pasajero de lo verdaderamente consistente por eso nunca se puede hablar en términos categóricos. Además, la poesía prolifera en cualquier lado, es como la siempreviva. Es algo que puede hacer todo el mundo en el sentido de que necesita muy poca infraestructura. Cualquiera puede hacerla en cualquier momento, lugar y formato.

Y sin lápiz ni papel…

Cuando no tienes ni lápiz ni papel, puedes hacer poesía subiéndote en un banco de la calle.

Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer 2004 en la categoría de Literatura, a la labor desarrollada por la igualdad, ¿cómo caló en ti este reconocimiento?

Lo que dice exactamente el diploma es: “Por haber contribuido con su reconocida lucidez a dinamitar las rutinas ideológicas de una cultura sexista”. Eso pone un poco los pelos de punta, porque tanto como dinamitar… Las estructuras culturales están construidas con los materiales más resistentes del planeta y existen mentes tan duras que sobrepasaría el 10 en la escala de Mohs. Pero bueno, retóricas aparte, para mí supuso una gran responsabilidad porque a la primera que debo cambiar el chip es a mi mente. Y eso es un trabajo constante porque son muchos los residuos que se te quedan incrustados.

¿Siguen las mujeres intentando romper el techo de cristal también en lo literario?

A quienes opinan que las mujeres ya hemos alcanzado la igualdad les desafío a que cojan el catálogo de cualquier editorial y que cuenten el número de autoras publicadas; o que echen un vistazo a los suplementos culturales y que se fijen en las reseñas y en las críticas. Después, que vean cómo se reparten los Premios Nacionales de Literatura y cuántas mujeres tienen el Cervantes. En la Cultura, como en otros ámbitos de poder o de prestigio, las mujeres alcanzan solamente el 15%. Sigue primando la estructura de la pirámide y las políticas de igualdad se están cumpliendo de una manera muy tímida.

Pongo como ejemplos los Premios Cervantes, Federico García Lorca y Reina Sofía. Un año toca que se quede en España y otro que caiga en Hispanoamérica. Eso supone un agravio comparativo para los de allá porque son más y engloba muchas literaturas distintas, pero nadie lo discute porque el dinero lo pone España. La dotación de los Premios Nacionales la pagamos los españoles y las españolas, pero se armaría un gran revuelo si se estableciera que los premios a toda una vida fueran un año para un escritor y otro para una escritora.

¿Cómo valoras los esfuerzos académicos por repensar la terminología del feminismo?

Es que no existe el feminismo, sino los feminismos. Sin embargo, lo urgente no es sólo cuestión de terminología, es que tenemos que contar la historia de otra forma. Continuamente, repetimos esquemas que no obedecen a la realidad. Los seguimos incluyendo en nuestro imaginario una y otra vez. No se puede contar la historia como algo que pertenece a los hombres. Porque no es verdad, la historia se ha ido haciendo con las aportaciones de unos y otras y no debemos continuar contándola a partir del punto de vista del patriarcado. No se trata solamente del sesgo que supone la elección los hechos narrados sino de la manera de valorar esos hechos.

Este año es el aniversario de la matemática británica Ada Byron. Fue la primera programadora de ordenadores. El día de la ciencia coincide con el cumpleaños de la inventora austríaca Hedy Lamarr, que descubrió la banda ancha. Tenemos teléfonos móviles gracias a ella. Diseñó un radar antimisiles. Utilizamos el parabrisas, los compartimentos frigoríficos, el Tipp-Ex, los cubos con pedal, el quitamanchas… Un sinfín de objetos cotidianos inventados por mujeres. Son cosas que están en nuestra vida, pero damos por sentado que son obra de un hombre. No sabemos quién pero un hombre. Al menos, tengamos en cuenta que una mujer también puede haber sido artífice de cualquier cosa que suponga un avance en la sociedad.

¿Vamos por el camino correcto?

Es necesaria una formación en cuánto al género, porque nos salvará de caer en las trampas de esta sociedad. Vivimos en torno a imperativos culturales que no se corresponden con la vida real. Hay que analizar comportamientos, tomar conciencia de cómo estamos juzgando las cosas. El lenguaje que utiliza la crítica para enjuiciar una obra, sea pintura, literatura o cine, difiere mucho si se trata de un autor o de una autora. No importa que la alabe o la hunda, siempre será por motivos distintos.

¿Crees que ese cambio estructural es posible?

Sí, pero nuestra cabeza tiene que cambiar desde la infancia. Que el niño y la niña no vean en sus casas esa dicotomía, no se sientan tratados de diferente forma. Hay que hacerles ver la injusticia en cómo se cuentan las historias en la tele, en el cine, en los libros o en las redes sociales. Ya vienen sesgadas o descontextualizadas. No digo que no se vea, sino que no se vea como algo normal, presentarlo a los niños como algo chocante. Es simplemente recoger lo que está ocurriendo en la realidad.

Texto: María Arango
Fotos: Abdón Ramiro
Fuente: Pikara
  • Ana Rossetti nació en San Fernando (Cádiz) en 1950, aunque reside en Madrid. Entre sus poemarios se encuentran títulos como ‘Los devaneos de Erato’ (Premio Gules, Prometeo, 1980), ‘Dióscuros’ (Jarazmín, 1982), ‘Indicios vehementes’ (Hiperion, 1985), ‘Devocionario’ (Premio Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I; Visor, 1986), ‘Yesterday’ (Torremozas, 1988) y ‘Punto Umbrío (Hiperion, 1996)
  • Reunió su poesía en ‘La Ordenación’ (Fundación José Manuel Lara, 2004), con edición de Paul Viejo. Posteriormente ha publicado ‘Llenar tu nombre’ (Bartleby, 2008) y ‘Deudas contraídas’ (La Bella Varsovia, 2016). En otros idiomas han aparecido las antologías de su obra ‘Imago Passionis e altre poesie’ (Le Lettere, 1994) e ‘Incessant Beauty. A Bilingual Anthology’ (2Leaf-Press, 2014).
  • Es también autora de cuentos, ensayos, novelas y obras de literatura infantil y juvenil. En esta última faceta tiene el reciente ‘Panabecedario’ (Torremozas, 2014).
  • Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer, en la categoría de Literatura, 2004.