junio 22, 2016

Benoîte Groult, figura del feminismo francés y autora de una veintena de libros que examinaron el papel de la mujer en la sociedad del siglo pasado, falleció ayer a los 96 años

La escritora francesa Benoîte Groult,
en septiembre de 1993. 
 CORDON PRESS
La escritora Benoîte Groult, figura del feminismo francés y autora de una veintena de libros que examinaron el papel de la mujer en la sociedad del siglo pasado, falleció ayer a los 96 años en su residencia de Hyères, pegada a la Costa Azul. Nacida en 1920 en París, Groult creció en una familia burguesa y con inquietudes artísticas: su padre fue el estilista André Groult y su madre, la figurinista Nicole Poiret, hermana del gran modisto Paul Poiret. Recibió una educación tradicional de la que terminó renegando, al entender que sus aspiraciones la llevarían mucho más allá del entorno doméstico.

Groult descubrió el feminismo tarde, casi a los 50 años, pero cuando lo hizo ya no lo abandonó. Según su propia confesión, sobrevivió a “20 años de educación católica, una religión donde las mujeres no tienen ningún lugar” y a la doctrina oficial del régimen de Vichy, que defendía con ardor “el trabajo, la familia y la patria”. Fue durante Mayo del 68 cuando entendió que ese silencioso malestar para el que no tenía palabras era compartido por cientos de miles de mujeres. Igual que ellas, Groult se sentía “una ciudadana de segunda clase”.

La lectura de Simone de Beauvoir no había logrado resolver esa alienación: pese a su admiración por El segundo sexo, siempre la encontró “demasiado intelectual”. Para Beauvoir, el advenimiento del socialismo iba a resolver por sí solo la desigualdad de género. Groult optó por un camino algo distinto: decidió escribir un volumen divulgativo, dirigido a mujeres de su propia generación, que habían aceptado el orden patriarcal sin rechistar y no siempre entendían a sus hijas, movilizadas en las filas feministas. Su iniciativa acabó siendo similar a la que, en Estados Unidos, condujo Betty Friedan con La mística femenina, que se dirigía a las amas de casa de clase media poco familiarizadas con el combate por la emancipación.

De esa toma de conciencia surgió Así sea ella (1975), un ensayo sobre la condición femenina alrededor del mundo, del que se vendieron un millón de copias. Groult también militó por el aborto, al que reconoció haber recorrido incluso durante los años en que estuvo casada. También abogó por la infidelidad y afirmó que había resultado clave en su larga convivencia con su tercer marido, el escritor Paul Guimard.

En 1984 el Gobierno socialista de François Mitterrand le encargó presidir la comisión para feminizar los nombres de oficio: la lengua francesa no contaba con ningún término para designar en femenino, sin ir más lejos, a autoras y escritoras. Muchos encontraron ridículo ese combate, incluidas muchas feministas, pero Groult se anotó otra victoria dos años más tarde, cuando su propuesta de reforma fue adoptada.

En una etapa más tardía, defendió el derecho a una muerte digna e intentó transmitir qué era la vejez a los lectores más jóvenes. Lo comparó con “intentar describir la nieve a gente que vive bajo los trópicos”. Parte de estas reflexiones inspiraron la novela Pulsa la estrella, un último y rotundo superventas, que vendió medio millón de ejemplares en 2006. Dos años más tarde, decidió publicar su autobiografía, Mon évasion. “Tengo la impresión de haber vivido una interminable carrera de obstáculos”, concluía en ella.

Por Alex Vicente
Fuente: El País