junio 04, 2016

Entrevista a la activista argelina Wassyla Tamzali: “El feminismo no habla de moral, habla de libertad”

La abogada argelinay frminista, en la Casa Árabe de Madrid. /Álvaro Minguito

Wassyla Tamzali (Béjaia, Argelia, 1941) ha dirigido durante 20 años diversos programas de la Unesco sobre los derechos de las mujeres. Esta abogada denuncia el papel de la religión como elemento de control.

Los medios occidentales difunden una imagen de las mujeres árabes como mujeres oprimidas. ¿Qué hay de mito y qué hay de realidad?

Hay una realidad: la única región del mundo que rechaza reconocer el principio de la igualdad de los hombres y las mujeres son las regiones del mundo que dicen pertenecer al islam. He dicho reconocer, porque en muchas regiones del mundo que reconocen la igualdad no la aplican. Pero el primer paso de reconocer la igualdad de los hombres y las mujeres en la sociedad no se ha dado en los países árabes. Sin embargo, hay una utilización por los medios de esa imagen de la mujer árabe. Los medios no están realmente interesados por la realidad de las cosas, sino por la diferencia. Es eso lo que les interesa. Por ejemplo, si en esta sala hay cien mujeres árabes de las que hay dos con velo, van a fotografiar a las dos mujeres con velo y no a las otras 98. Me ocurrió en España. Cuando inauguramos un centro de mujeres árabes en Madrid, éramos unas 200 mujeres, muchas españolas de origen magrebí, y vinieron tres mujeres de la mezquita para participar en el proyecto. Y al día siguiente todos los periódicos las habían fotografiado a ellas.

Telefoneamos a todos los periodistas, y tuvimos una respuesta terrible de un gran periódico, que nos dijo "pero hemos fotografiado a las mujeres con velo porque así no podemos equivocarnos, son marroquíes". ¿Qué interesa a la prensa? No es tanto la condición de las mujeres árabes, sino lo que las diferencia de la condición de las mujeres occidentales. Si muestras que hay una sola manera de ser, prácticamente haces una definición racista de un pueblo.

La mujeres jugaron un papel importante en las revoluciones árabes. ¿Qué queda de aquello?

Túnez y Egipto son los dos países interesantes para analizar. En Egipto hubo una revolución rápidamente cubierta por una contrarrevolución. De Egipto todo el mundo guardó la imagen de la mujer que fue violada en la plaza. Esa imagen circuló mucho y fue interpretada de manera distinta. Los que estaban contra las revoluciones utilizaron esta imagen para mostrar que las revoluciones iban a ser peores que la situación en ese momento. Para la gente como yo, feminista, demócrata, no es la revolución la que violó a esa mujer. Es la contrarrevolución. Publicaron fotos de mujeres sin sujetador en la plaza de Tahrir, y las mujeres se quedaron en casa. Utilizaron el elemento sexual como un medio de opresión, para que las mujeres se queden en casa.

En segundo lugar, las revoluciones árabes me han hecho pensar en el deshielo de los glaciares. La gente ha dicho “es la primavera”, luego dijeron “es el otoño, el invierno”. Yo diría que es el deshielo. Es decir, que durante 50 años esas sociedades han estado bloqueadas, han estado heladas, sepultadas bajo capas de hielo: el nacionalismo, el islam, la policía, el Ejército... La revolución hizo que el hielo se fundiera.

En el caso de Túnez hemos visto que la revolución se abría sobre un mundo en el que el lugar de las mujeres era primordial. Cuando los islamistas llegaron al poder, cuando quisieron cambiar en la constitución la palabra "igualdad" por la palabra "complementariedad"... todos los tunecinos bajaron a la calle, no sólo las mujeres, y también las mujeres con velo. No se puede imaginar la revolución con una mujer que va a volver al hogar, no es posible.

¿Qué opina del feminismo islámico?

No existe. Es imposible. Puedes ser musulmana y feminista, pero no puedes hacer feminismo con el islam. En primer lugar, el papel de la religión no es el feminismo y no es la democracia. No se puede querer que la religión haga lo que no le corresponde. La religión conduce a la espiritualidad o a la moral y puedes estar a favor o en contra. El feminismo es otra cosa. El feminismo no habla de moral. Habla de libertad.

Sabemos que históricamente, por tomar como ejemplo el cristianismo, ha hecho falta que el movimiento feminista se confronte violentamente con la Iglesia para poder avanzar. Por ejemplo, con el aborto, con el divorcio. En un momento dado, en la religión hay un obstáculo que sólo se puede superar saliendo de esa idea conservadora. ¿Estás contra la poligamia? Entonces di que estás contra la poligamia, di "soy musulmana pero estoy contra la poligamia porque mi conciencia me lo prohíbe". No hay que explicar que la poligamia es una mala interpretación del islam. Pero las feministas islámicas retoman un viejo discurso que ya vimos en los años 70 para explicar el lugar de la poligamia en el Corán y decir que no existe.

El trabajo que hacen sobre la interpretación ya se hizo en los años 70, y en 30 años se explicó todo, también se usó la lingüística, todos los medios modernos, para tratar de comprender lo que estaba escrito en el Corán, para extraer elementos a favor de las mujeres. ¿Por qué se hizo esto? Se hizo porque querían llegar a las mujeres que creían en dios y en la religión. Y a esas mujeres había que hablarles, darles argumentos. Pero una vez que ya no hubo más pasos que dar, se decidió dejar de lado la religión porque no se puede reducir el islam a una interpretación jurídica, y no es el objetivo del islam reglamentar la familia.

En segundo lugar, es peligroso. Primero porque es un movimiento que nació para deslegitimar el feminismo. Y porque reúne una serie de imágenes sobre el mundo femenino en el mundo árabe. Es decir, volviendo a los medios, ellas van hacia los medios y los medios van hacia ellas. Hay hoy una especie de conspiración general que quiere que una mujer árabe sea una mujer con velo, pero el velo es un símbolo de opresión, lo mires por donde lo mires. Yo no estoy contra el velo, estoy contra el discurso sobre el velo. Porque una mujer que quiere estar oprimida, tiene derecho a estarlo, no puedo obligarla a ser libre, pero hacer un discurso de libertad sobre el velo es peligroso.

Tras las revoluciones, parece haber una situación de regresión en el mundo árabe… ¿Cuál es la situación en Argelia?

Los movimientos no son fuertes, porque en Argelia hay un régimen político que ha roto la sociedad civil. El movimiento feminista no es fuerte, pero sigue habiendo un movimiento de las mujeres. Y hoy el contexto político, el contexto internacional, no es muy favorable a un discurso sobre los derechos de las mujeres, porque hoy tenemos preocupaciones graves por las que los derechos de las mujeres pasan a un segundo plano. Desgraciadamente es así. Porque en menos de diez años se han destruido cuatro países árabes importantes, entre ellos Iraq y Siria, el corazón de la civilización mediterránea, y Libia y Yemen. Otra preocupación es el camino tomado por El Cairo, que en vez de ir hacia adelante, ha vuelto atrás. Han hecho un poco lo mismo que hicieron en Argelia en el año 2000 cuando los islamistas fueron elegidos y los militares volvieron a tomar el poder.

La situación tunecina es la que trae esperanza, aunque sea muy difícil. Pero trae esperanza porque continúa y está viva. En Argelia la sociedad civil está empezando a organizarse. Yo trabajo mucho en el ámbito del arte, porque el discurso político no existe ya, así es que me centré en el arte contemporáneo, la escena artística argelina, que nos permite comprender mejor la situación. Hay un discurso muy rico sobre las mujeres, sobre la democracia, sobre el individuo, que están en el interior de esas expresiones artísticas, y hay una movilización, aunque no sea grande, incluso en los pueblecitos, hay asociaciones culturales que se han creado. La cultura parece ser hoy el territorio sobre el que se ha concentrado un poco la vitalidad de la sociedad.

Fuente: Periódico Diagonal