junio 12, 2016

Marcela Lagarde “Vivimos en riesgo constante por ser mujeres”

Marcela Lagarde 
Imagen: Sandra Cartasso
Uno de los temas que generó más interés en el público fue el concepto de carencia de las mujeres. Lagarde retomó a la feminista italiana Franca Basaglia para explicarlo:
–Ella habla de una experiencia de las mujeres que se nos da en las sociedades patriarcales: una orfandad de las mujeres por orfandad de madre simbólica. Aunque tengamos mamá, aunque tengamos abuelas, tías, vecinas que nos cuidan. A pesar de eso, dice Franca, las mujeres en el patriarcado estamos huérfanas. Claro, porque el sujeto del patriarcado no somos las mujeres. Y por eso hacemos tanto esfuerzo y hacemos talleres maravillosos de genealogías femeninas –escojan, a quién traes tú, pues yo me traigo a Simone de Beauvoir, ¿y tú? Pues yo a Rosario Castellanos–, para hablar con A y poder ir tocando nuestros insomnios, nuestros miedos, nuestra locura. Todo lo que nos constituye, reconstruyendo o constituyendo una madre urdida por nosotras. Casi diría, parida por nosotras. Entonces, dice, la orfandad puede disminuir o quitarse.
“Estamos ‘encueradas’, como decimos en México –agregó–, todas las mujeres que vivimos en sociedades patriarcales donde las mujeres somos consideradas inferiores; somos realmente desiguales, no es un cuento, no es una invención de unas radicales, es una constatación. Somos desiguales y, además, las mujeres podemos ser vulneradas en cualquier momento, vivimos en riesgo constante por ser mujeres. Todo eso, dice Franca, nos hace tener una gran carencia y desde la carencia se construye el amor de las mujeres. Ese con el que prodigamos a los cónyuges, a los hijos, las hijas, a los padres; y algunas la extienden esa capacidad amatoria a la patria, a la bandera, o sea, a cualquiera que pase por ahí. Pero por carencia, con el anhelo y al mismo tiempo deseo inconsciente, de que nos van a cuidar así, de que vamos a ser amadas como nosotras amamos. Pero en las sociedades heterosexuales, hegemónicas, falogocéntricas, los hombres no han sido enseñados a amar así, no son carenciados así y no están en ese riesgo así. Y además tienen a una enfrente que les cuida, a otra de lado que les cuida, a otra que pasaba por al lado, que lo cuida. Esa es la cultura amorosa tradicional.
Una de las asistentes al conversatorio pidió profundizar en este tema y preguntó cómo el cuidar al resto a partir de esta carencia nos mete de cabeza a la violencia.
–Esa carencia nos hace mantenernos ligadas en apego absolutamente infantil a esa madre que no hay pero que se encarna en cualquier hombre que pase por enfrente –explicó Lagarde–. En atención a las mujeres que vivimos violencia hacemos énfasis en esa carencia para que no volvamos a repetir. La única garantía de que la persona no vuelva con el agresor, o para que no repita en otras relaciones esa subordinación en que el vínculo es violento –el apego hace que la violencia esté ahí– es trabajar el itacate, no solo emocional, sino afectivo –continuó.
Y dijo que para tener vínculos amorosos sanos hay que construir “otro contenido del amor”. Su propuesta fue trabajar en la ética como fundamento “de una revolución amorosa posible”. “Y ligar la ética con esa necesidad de ser amadas que no puede satisfacerse a toda costa porque tiene que tener como límite nuestra libertad y tiene que tener como límite nuestra dignidad”, propuso. Para terminar dijo: “Lo que dure (el amor), que esté investido de dignidad, libertad y de igualdad y desde luego de paz. Porque si entra cualquier juego de violencia allí volvemos a lo mismo. Entonces, la violencia y la carencia están ligadas.”
Por Sonia Sartoro
Fuente: Página/12