junio 05, 2016

Morena Herrera: “Vamos a sacar a ‘las 17′ de las cárceles de El Salvador”

Un día decidió que el tiempo y la vida los iba a dar por las mujeres. Fue hace años cuando esta mujer, morena como su nombre, feminista y exguerrillera salvadoreña, inició el camino de lucha en favor de los derechos de las mujeres y la larga senda de pelea en favor de la despenalización del aborto en su país.

Morena Herrera participa en un acto de Amnistía Internacional./ Foto de archivo de A.I.

Morena Herrera participó de forma activa durante una década como guerrillera en el conflicto armado salvadoreño. Tardó años en reencontrarse con sus hijas, a algunas apenas las conocía. Estuvo presente en el nacimiento de Las Dignas, una de las organizaciones feministas más emblemáticas del país. Después fundó la Colectiva Feminista, con la que ha creado una casa de las mujeres en la localidad de Suchitoto, donde ella reside. Rebelde, guerrera, fuerte y autónoma, Morena es un torbellino de energía.

“Se reconoce como persona humana a todo ser humano desde el instante de la concepción”. En estos términos fue modificada la Constitución salvadoreña en 1997. Así, El Salvador entró en la lista de países latinoamericanos que penalizan todo tipo de aborto. Hoy abortar es un delito que puede llegar a considerarse homicidio agravado, es decir, a las mujeres les pueden caer penas de entre 30 y 50 años de prisión. La Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto en El Salvador, con Morena como una de sus caras más visibles, está volcado en sacar de la cárcel a las mujeres privadas de libertad por aborto: la última liberada fue María Teresa, el pasado 21 de mayo. A Morena no le flaquean las fuerzas: “Vamos a sacarlas a todas”.

¿Cómo va el camino hacia la despenalización?

En 2006 hubo un elemento catalizador. En una revista estadounidense se publica el reportaje titulado ‘Bienvenido al Salvador del siglo XXI’. Era un reportaje sobre Karina, presa acusada de aborto tras una hemorragia. Le cayeron 30 años de cárcel por homicidio agravado. Entonces decidimos luchar por la libertad de Karina. Logré ir a conocerla a la cárcel diciendo que era su tía porque tenemos un apellido común. Tres años y medio tardamos en conseguirlo pero Karina fue liberada.

Estuvo presa siete años y cinco meses. Su liberación tuvo mucha fuerza y nos dio un sentido de realidad sobre este país. En ese momento pedimos la despenalización en tres supuestos. Aunque queramos la despenalización total, teníamos que ser pragmáticas porque sabíamos dónde estábamos luchando.

La campaña para sacar a estas mujeres de la cárcel habla de ‘Las 17′. ¿Cuántas eran y cuántas son?

El indulto solo se puede conseguir si se tiene sentencia firme y aunque había más mujeres en la cárcel en aquel momento, solo 17 estaban con sentencia firme, de ahí ese nombre en aquel momento. Las condenas por aborto ocurrían y no lo sabíamos. Investigamos y vimos que era un problema importante de violación de derechos, que las mujeres eran criminalizadas y, en muchas ocasiones, pasaban directamente del hospital a la cárcel.

Hemos sacado a diez de la cárcel desde 2009. Viendo que eran muchas y que contábamos con poca fuerza se nos ocurrió sacarlas a todas a la vez. Pero la cifra subía y bajaba así que decidimos que serían ‘Las 17 y más’. Actualmente hay 21 mujeres en la cárcel con sentencia firme pero hay más que están presas. Son, además, 31 con condenas entre 12 y 40 años, 26 de ellas condenadas por aborto. [Cifras sin actualizar, las dio hace dos meses, cuando realizamos la entrevista]

¿Cómo recibe el gobierno del FMNL vuestra lucha? ¿Escuchan?

De parte del gobierno actual se plantean al menos la existencia del tema y ya reconocen que hay un problema. Antes no lo reconocían y se consideraba que se trataba de algún caso aislado. Hay sectores dentro del gobierno del FMNL [Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional] con distintas sensibilidades. En una ocasión conseguí que un viceministro me ayudara a sellar un título y gracias a eso Karina salió libre… Pero en su postura institucional aún no logramos acuerdo.

El presidente se reunió con nosotras porque conseguimos 300.000 firmas. Le expusimos el tema y cuando nos íbamos dijo: “Siga usted luchando”. No esperaba menos de él, yo le conocí luchando. Pero no me vale, quiero más, quiero que cambie la ley.

¿Son mujeres de sectores desfavorecidos las que van a la cárcel?

Sí, claro. La mayoría son mujeres que viven en situación de pobreza que si tienen una complicación en el momento del embarazo no pueden acudir a un hospital privado. En las clínicas privadas, cuyo número se multiplicó por tres en diez años, se respeta el secreto profesional, no hay denuncias. Las mujeres que sufren de la ley antiaborto son jóvenes con bajo nivel de instrucción. No tienen recursos para contratar a quién les defienda. La fiscalía es muy eficaz persiguiendo estos supuestos “delitos”, es implacable en la persecución de mujeres. Eso genera unas condiciones de miedo entre el personal hospitalario presionándolo para que renuncie al secreto profesional y denuncie los casos de aborto. Muchas de las denuncias provienen de los hospitales públicos Son mujeres que han transitado literalmente del hospital a la cárcel.

El código penal incluye un artículo que penaliza también a quien incite al aborto. Este artículo generó mucho miedo, porque incitar es una palabra muy ambigua, y llevó a unos años de autocensura por parte del movimiento feminista.

¿Autocensura del movimiento feminista?

Existió un periodo de autocensura con respecto al aborto, sí. En el Código Penal se recogía que la inducción al aborto podía costarte de 2 a 6 años de cárcel y no es la primera vez que nos amenazan con sancionarnos, de hecho, los fundamentalistas presionan para que se nos aplique ese punto…
Un movimiento feminista autónomo

¿Cómo surgieron Las Dignas?

En 1990 empieza a evidenciarse que la solución al conflicto en El Salvador no iba a pasar por las armas, sino por el diálogo. La organización para la Resistencia Nacional le dio indicaciones a un grupo de crear ese gremio de mujeres. Yo había llegado de la guerrilla rural y animé a una compañera a involucrarnos en la creación de este gremio y pasó una cosa mágica. Ellas creían que llevábamos la línea del partido y la primera pregunta que nos hicimos fue que qué significaba ser mujer… Y ahí salió de todo; todo tipo de vivencias relacionadas con la violencia, las violaciones, abortos, golpes… y todo en el contexto de los movimientos revolucionarios. Ahí nacemos, directamente del “no”: Ya no queremos que todo eso suceda, ni queremos postergar más nuestros derechos, nuestras reivindicaciones, que nuestras luchas siempre fueran las últimas de la fila. Entonces el partido nos retiró el apoyo y decidimos formar el Movimiento de Mujeres por la Dignidad y nos constituimos en asociación. La base provenía de gentes que apoyaba al RN (Resistencia Nacional) pero queríamos poner los intereses y derechos de las mujeres por delante.

¿Y la respuesta de los compañeros cómo fue?

Recibimos una respuesta negativa por parte de los compañeros del Frente. Nos decían “dignas de mierda”, “dignas de mejor suerte”… Llegó un día una compañera llorando de rabia. Nos contó que en el bus le habían dicho “digna de lástima”. Ella le había respondido: “Digna sí, ¿qué pues?” Entonces decidimos afirmarnos por el derecho de ser y existir por nosotras mismas y no como apéndice de partido: decidimos tener una organización propia. La primera sede que conseguimos fue una casa que había sido un burdel y en la que se oía música cuando entrabas al baño.

Yo estaba en la dirección del partido y les explicaba a quienes cuestionaban a Las Dignas que necesitábamos aquellas reflexiones y ellos no lo entendían.

¿Cuál ha sido la relación entre feministas y frente de izquierdas desde entonces?

El hecho de que Las Dignas pusiéramos el debate de la autonomía sobre la mesa era incómodo porque cuestionaba la dependencia, es decir, si eres del Resistencia Nacional (RN) no puedes ser otra cosa. Pero no quiero elegir, soy del RN, soy de las Dignas, soy madre, soy muchas cosas más. No me dividan, no puedo venir solo como RN. Poco a poco al FNML le fue interesando.

Yo había sido la segunda responsable de un frente guerrillero porque me quedé como responsable cuando cayó mi primero y tenía mucha experiencia. Me había pasado más de diez años como guerrillera en el monte pero aun así no me aceptaron. Aquello me dejó de interesar cuando el FMNL se hizo partido. El amor y la vida, pensé entonces, lo voy a dar por las mujeres. En aquel momento yo y muchas otras mujeres estábamos inmersas en un momento de reencontrarnos con nuestros hijos e hijas, algunas a las que no conocía… Eran momentos de reestructuración familiar tras la guerra.

No me interesó militar en un partido. Quería generar debates y alianzas, quería más participación política para las mujeres pero ellos no lo veían. Si no estabas con ellos estabas contra ellos. No ha sido nada fácil.

En la capital fui parte del movimiento ciudadano, la idea era recuperar San Salvador para la izquierda. Querían que fuera candidata a regidora y mi condición era ir como feminista y no militar en ningún partido. Entré en el consejo municipal y me dijeron: “Buen trabajo, ¿te afilias?”. Mi respuesta fue que no. Nuestra autonomía siempre despierta desconfianza.

Tú defiendes el diálogo entre todas las mujeres pero, ¿sin importar la ideología?

Defiendo pactar también con otras mujeres de otras ideologías. De hecho yo fui secretaria general de la Asociación Nacional de Regidoras, Síndicas y Alcaldesas Salvadoreñas-ANDRYSAS, me interesa que hablemos todas de lo que pasa con las mujeres. Por ejemplo, las demandas en Suchitoto de un gobierno paritario fueron mal recibidas de entrada, pero presentaron en la siguiente elección un gobierno paritario con una mujer al frente.

¿Qué puedes decirnos sobre los feminicidios en El Salvador, un país con altas tasas de violencia?

En El Salvador más de 612 mujeres son asesinadas al año. El Salvador, Honduras, Guatemala y Jamaica tienen las tasas más altas de feminicidio de América Latina. En mi país no hay respeto por la vida humana… según las últimas cifras, hay 23 homicidios por día, superando cifras históricas. Pero son violencias distintas, lógicas diferentes. Los hombres que se matan entre sí lo hacen por vínculos o por lo que hacen, o por dónde transitan, porque son o no de tal pandilla… A las mujeres se nos mata porque somos mujeres. Si bien son lógicas diferentes no son extrañas entre sí, la socialización de género ha formado en los hombres una identidad violenta y el gobierno no lo logra ver. Desde mi punto de vista, la prevención de la violencia es fundamental para desmontar esta terrible inercia…

Por otro lado, esos altos índices de criminalidad esconden feminicidio y violencia de género. El tema está oculto tras la palabra “violencia” como si todas fuesen parte de lo mismo. Muchos de los asesinatos no los han categorizado como feminicidio sino como violencia pandillera. Ahora ya está tipificado el feminicidio y se ha avanzado en ese punto pero no en lo judicial. Hay resistencia a la hora de aplicar la ley de feminicidio. Les casa mejor con su ideología aplicar la ley de violencia intrafamiliar que considerar que lo que tienen delante es feminicidio.

Existe un odio sexual a la mujer. Hay un ensañamiento y una crueldad con los cuerpos de las mujeres muy difícil de digerir.

Por Emilia Laura Arias Domínguez
Fuente: Pikara