julio 06, 2016

La alcaldesa romana de la "ciudad abierta"



En los próximos días la maltrecha "ciudad eterna" de Roma, pasará al cuidado de una alcaldesa de 37 años, abogada y ex concejal municipal del Movimiento Cinco Estrellas, (M5S) elegida con el 67% de los votos del electorado.

"Es un día histórico", ha declarado Virginia Raggi, "en que se da esta responsabilidad a una mujer, cuando la paridad de oportunidades es todavía una quimera". Una gran responsabilidad, que a nivel europeo compartirá con las alcaldesas de París, Madrid, Barcelona, Bucarest, Colonia, Lampedusa entre otras, gobernadas con mucho tesón por mujeres. En el caso de Roma, la responsabilidad es titánica, pues los problemas de la ciudad de 3 millones de habitantes y 12 veces más amplia que París, son enormes.


Pero, como Raggi afirma, "cuanto más duro el desafío, más bellos serán los logros". En este desafío no estará sola, ya que ha firmado un acuerdo con el staff del Movimiento que podrá y deberá consultar en las decisiones importantes y quien hasta podrá llegar a multarla si hace daño a su imagen.

También en Turín, una importante ciudad que ha hecho el esfuerzo de renovarse después del proceso de des-industrialización de la Fiat, ha sido elegida alcaldesa una economista de 31 años, Chiara Appendino, de cara limpia y fresca, con la intención de traer nuevos vientos al sistema de poder tradicionalmente asentado en la ciudad. Las dos (profesionales y madres a la vez), se definen como más cercanas que sus rivales políticos, a la gente común, sobre todo a la de las periferias, golpeadas por dos décadas de crisis económica. (El desempleo juvenil sigue a nivel nacional en un 40%, mientras hay una fuerte emigración de talentos).

En Roma la victoria de Raggi, que había sido nominada online por 1724 personas del M5S ha sido contundente, recibiendo 770.000 votos, el doble de su rival Giachetti del PD, el partido de centro izquierda actualmente al gobierno, que ha manejado la ciudad alternándose con el centro derecha en los últimos veinte años. Con resultados mediocres, malos, o malísimos, según se los mire.

Roma es una ciudad fascinante donde vivir es muy complicado. Hay que driblar entre las excavadoras que en la zona de los Foros y alrededor del Campidoglio, se dedican a unos interminables trabajos de prolongación de la tercera línea de metro, hay que movilizarse en moto pues el servicio de transporte público está frecuentemente en huelga (como últimamente, justo durante el partido Bélgica-Italia de la Copa Uefa). Parece que un ejército de 60.000 funcionarios municipales no son capaces de proveer dignamente a los normales servicios públicos, como la recogida de basura, o los transportes, pues manejan estos sectores según antiguos patrones de clientelismo y amiguismo, más que buscando la eficiencia.

"Se ha practicado un verdadero saqueo de los bienes públicos", denuncia Raggi, como cuando se ha alquilado a precios bajísimos "a los amigos de los amigos", valiosos apartamentos del patrimonio inmobiliario municipal, o cuando "Mafia capital", ha desviado millones de euro destinados a inmigrantes y manutención de carreteras, haciéndolos terminar en los bolsillos de políticos de centroderecha y centroizquierda. Una investigación judicial iniciada en 2014 ha demostrado que el sistema de corrupción que ha involucrado PD y Forza Italia, era manejado por jefes criminales, y ex terroristas de extrema derecha.

¿Cómo ha reaccionado la ciudadanía frente a estas malas prácticas? En algunos casos se ha puesto a limpiar las calles con escobas y fregonas, frente al ausentismo de los funcionarios, en otros las quejas se han vuelto frustración y desafección a la política. La política es algo sucio, no hay remedio, concluyen muchos y muchas romanas, a pesar de que el gobierno haya enviado un comisario para poner orden en la administración de Roma. Solo el 53% del electorado ha salido de casa el domingo para votar.

"Es necesario regresar a la normalidad", afirma Raggi. Recomenzando con lo básico: transporte, desechos, cuentas públicas transparentes, serán los pilares de su trabajo. Hay que renegociar la enorme deuda de la ciudad, (13,5 millardos de euros), eliminar los despilfarros, y también hacer pagar ya unos impuestos a las actividades comerciales del poderoso vecino de la otra orilla del Tiber, el Vaticano.

"Esto lo haremos juntos", repite Raggi a quien la festeja, "Queremos que la gente haga algo para su ciudad, aunque parezca pequeño. Hay que recuperar el sentido de comunidad". ¿Logrará estimular esta revolución moral? "Tra il dire e il fare, c´é di mezzo il mare", se dice en Italia: entre las palabras y los hechos, hay que cruzar el mar. En las ciudades medianas que han sido conquistadas por el M5S con la bandera de la honestidad, Livorno y Parma, hay problemas administrativos.

Paradójicamente, la inexperiencia de Raggi es parte de su encanto. Peor de los que tenían experiencia, no podrá hacerlo, comentan muchos ciudadanos y ciudadanas de a pie. En fin, intentemos con ella.

Muchos son los obstáculos que le aguarda el camino: desde el sexismo y machismo subyacentes en el mundo político, a los intereses consolidados de los lobbies, el mecanismo de la "parentopolis", a la rivalidad con el partido de gobierno. El M5S, nacido como movimiento de protesta alrededor del cómico Beppe Grillo, un líder carismático y ecléctico, con plataforma libertaria y euroescéptica es ahora su principal opositor, superando en número de votos el decaído partido de Berlusconi, Forza Italia, y conquistando 19 sobre 20 municipalidades.

Sobre Raggi se han concentrado también los votos de los partidos de derecha, como la Lega y Forza Italia, y los de extrema derecha como Fratelli d’Italia. La apuesta es muy alta. Si Raggi y el M5S logran ganar "la batalla de Roma" consiguiendo "normalizar" la ciudad, podrán hasta nutrirse de ambiciones de gobierno. Si no, será otra oportunidad perdida para la capital. Y más allá de los cálculos políticos partidarios de los unos y los otros, Roma no se lo merece.

Fuente: AmecoPress/La Independent