julio 31, 2016

Las brujas de Bronx


Un grupo de chicas de Nueva York reivindica el poder contracultural del skate y, sobre ruedas, invita a más muchachas a patinar, amén de reapropiarse de los parques y del propio deporte, que continúa siendo mayoritariamente masculino.

Reemplazando caldero por patineta, jóvenes hechiceras del skate han formado un grupo comunitario en el Bronx, uno de los barrios más pobres de Nueva York, con finísimo fin: apropiarse de un deporte mayoritariamente masculino y, en el ínterin, armar una sororidad con potencia radical, de apoyo por fuera de lo normativo. Creado hace poco más de un año por dos muchachas que se subieron a las tablas a los tiernos 12 –Sheyla Grullon y Arianna Gil, hoy en sus veintes–, el colectivo latino Brujas, tal es su hereje nombre de bautizo, es claro en sus objetivos: “A través de la historia moderna, la mujer no ha podido ocupar la calle de manera tranquila y segura, en tanto ha sido dominada por los hombres. El skate es nuestra forma de reclamarla y tomarla, de encontrar movimiento y una sensación de libertad. Un mundillo que, hasta ahora, también ha sido controlado por varones, pero donde cada vez más mujeres se suman, aprovechando el instrumento para apoderarse del espacio público. Por eso enseñamos a chicas jóvenes a andar en skate, aprovechando los encuentros en parques para discutir sobre política y cultura”. Género y patriarcado, estigmatización racial, abuso policial, gentrificación de barrios, medicina natural, derechos LGBT, antiimperialismo; nada queda fuera de debate en los ratos que no rolan en la pequeña plaza de calle 157 y avenida River, su habitual punto de encuentro.

“Ellas ven el preventivo y sanador poder de la amistad como una fuerza de empoderamiento colectivo”, anota el sitio Dazed sobre la crew que está dando que hablar. Sin dejar de destacar cómo el skateboarding siempre ha sido inherentemente político: “En tanto, entrelazado con las estructuras del espacio público, cuestiona la idea de propiedad privada y crea pequeños momentos de resistencia, tiene perfecto sentido que las Brujas se manifiesten a través de este deporte”. “Sí, es skate es antisistema; su intención es romper con el statu quo. Pero, ¿quién dice que no puede lograrse a partir de un proceso pacífico? Porque la sociedad, tal y como está hoy en día, es todo menos pacífica”, subraya Natalie, miembro activo del grupo. Arianna, por su parte, suma que “lo demencialmente violento es el concepto de propiedad privada”: “El skate no respeta esa idea. Muchas de nosotras tenemos ancestros indígenas, para los que la propiedad privada no existía”.

La mística brujeril, por cierto, no solo ha capturado la atención de jóvenes purretas que se han sumado, buscando llegar –simbólica y físicamente– alto. Tiempo atrás, tras leer acerca de esta crew, la fotógrafa neoyorkina Laurel Golio sintió el imperativo de capturar “sus encuentros, su energía, el ambiente, el parque y los alrededores” en imágenes. Intentona que no solo llegó a buen puerto artístico: también resultó tremenda e incitante experiencia para LG. “Escucharlas hablar de la importancia de espacios ciento por ciento femeninos, de cómo esos espacios están involucrados con conceptos como raza, comunidad, heteronormatividad o sistemas de opresión, fue realmente inspirador para mí”, expresa la muchacha, que –ante todo– rescata la misión de las Brujas: “fomentar la unidad, la seguridad, el sentido de pertenencia”.

Por lo demás, no está demás contar que existen otras iniciativas norteamericanas (relativamente) similares a Brujas, prontas a denunciar los espacios negados, cambiar el panorama, y sentar base –vía nollies, ollies, flips, 50-50s, pop shove-it o boardslides– en parques, donde la presencia de skaters varones es apabullantemente mayoritariamente. En Filadelfia, por caso, existe el grupo Shred the Patriarchy (en criollo, “Triturar al patriarcado”), abiertamente feminista, creado por veinteañeras que se reúnen semanalmente para entrenar o enseñar al noviciado cómo patinar en buena compañía. Un meetup skater que invita a chicas hétero, trans, queer de todos los niveles a participar y, sí, sí, formar comunidad. La unidad, después de todo, hace a la fuerza; en especial en contextos donde, a menudo, las muchachas deben lidiar con “consejos condescendientes de varones, que aprovechan la oportunidad para tocarnos en formas menos que apropiadas”. Con base en Nueva York, otro ejemplo: la non-profit nacional Girls Riders Organization (GRO), que busca empoderar a niñas de diferentes estados a través de la acción deportiva positiva, organizando talleres, programas comunitarios y eventos varios con una misión: “Que las chicas tengan fuerza y confianza suficientes para jamás sentirse limitadas en sus elecciones, habilidades, actividades y oportunidades por su género”.

Por supuesto, como en toda disciplina, ha habido precursoras. Como anota la periodista Sam Haddad, especialista en viajes y deportes, existen excepcionales excepciones: “En 1965, Patti McGee se convirtió en la primera mujer skater profesional”, ganando el 1° Campeonato Femenino de Skateboard de la historia, apareciendo en la portada de revista Life; también fue la primera dama en ser reconocida en el Hall of Fame de este deporte. “En los 70, Peggy Oki fue parte del mítico grupo Zephyr-Boys Z y, junto a Tony Alva y Jay Adams, contribuyó a crear la subcultura punk/skate. Y aunque en los 80s, frente a la popularidad de la actividad, las marcas instalaron agresivamente la imagen de varón patinador adolescente (que persiste hoy día), mujeres como Cara-Beth Burnside y Elissa Steamer se destacaron en la materia, abriendo camino para muchas riders de los 90”. Otras profesionales notables, dignas de mención: Laura Thornhill, Ellen Berryman, Wendy Bearer, Gale Webb… “La escena skater femenina nunca despegó del todo, aunque hoy pareciera estar a punto de hacerlo. Y no porque las empresas y marcas finalmente hayan comprendido su potencial, sino porque las mismas mujeres –cansadas de amar un deporte que no les ofrece lugares o propuestas dignas para desarrollarse– están cambiando la situación, generando una escena alternativa”, destaca Haddad, en referencia a las crecientes iniciativas que se multiplican no solo en Estados Unidos sino a lo largo y ancho del globo.

Por Guadalupe Treibel
Fuente: Página/12