agosto 13, 2016

Autorretratos contra la segregación


Autorretrato. ZANELE MUHOLI

¿Qué hacen los fotógrafos cuando no fotografían a otros? ¿Se autofotografían o se refugian en el mirarse dentro? ¿Se autoexploran? La fotógrafa sudafricana Zanele Muholi se ha hecho algunas de estas preguntas y ha puesto a brillar, desmesurada, su propia piel morena delante de la lente, para decir: "Somnyama Ngonyama" (“Hola, leona negra”, en zulú). Y lo dice muy seria

El mirador mirado sostiene su rol, pero no solo representa, también expresa.

Zanele Muholi (Durban, 1972) se había ganado ya una buena reputación como artista-activista LGTB, cofundadora de una red sólida por la visibilidad llamada Inkanyiso, y responsable, entre otros premiados trabajos, de la serie Faces and Phases (2006-14). Ella confesaba que, cansada de tantas violaciones curativas y asesinatos contra gente de la comunidad homosexual en Sudáfrica, comenzó a documentar funerales. Y de la muerte nació la idea del pregón del amor, a través de la alegría de las otras imágenes: las de sus compañeros y compañeras surafricanos, ya no discriminados sino en sus espacios propios, cotidianos. De esa etapa de su obra hemos hablado alguna vez en Planeta Futuro.

En 2012, Muholi abrió este otro ciclo, del que da cuenta en su última exposición,Somnyama Ngonyama, que actualmente puede visitarse, en el marco del Festival Internacional de Fotografía de Arlés (Francia), hasta el 25 de septiembre, en el Parc del Ateliers de la ciudad provenzal.

Hay un cambio en la dirección de la mirada porque ella ha decidido decir, en primera persona, el modo en que siente que los cuerpos negros han sido a tratados por los fotógrafos de todos los tiempos. Algo así como repensarse ética y estéticamente, a partir de una serie de autorretratos hechos en diferentes continentes: “En esta muestra me embarqué en un viaje incómodo de autodefinición, replanteando la cultura del selfie, la propia representación y la propia expresión. Investigué cómo los fotógrafos ponen en cuestión el manejo del cuerpo como material o cómo mezclarlo con objetos para estilizarlo (…) Creé materiales y usé objetos encontrados que representaran mi humor. Todos los materiales utilizados tienen sus funciones primarias. Mientras producía el trabajo, puse el foco en los sentidos de manos que tocan y ojos que penetran”, sostiene.

Autorretrato. ZANELE MUHOLI

El resultado posiblemente no nos acerque a la sensación de manos que tocan, pero sí a ojos, los suyos, que nos penetran. Nos interpela desde su negritud sudafricana, que no es cualquier negritud, porque en su mirada —y ella lo deja entrever en cuanto puede— están las huellas sobre carne fresca del Apartheid. Iris de segregación de generaciones y generaciones.

Tenaz y desafiante, Muholi —que vive y trabaja en Johanesburgo— elude el miedo de ser mujer, lesbiana y negra en el país al sur del continente que es todos los sures. Armada de escudos domésticos a modo de accesorios de moda (pinzas de colgar la ropa, esponjas, bayetas, bancos de madera, cintas de reparaciones, paja o desechos de botes de aluminio), tiene el porte y el gesto adusto de una modelo de alta costura, e impone.

“Exagerando lo oscuro de mi piel estoy recuperando mi negritud, que siento que está constantemente producida por el otro privilegiado. Mi realidad es que no tengo que hacer mímica, soy negra, como mis ancestros. Vivimos como negros los 365 días del año y deberíamos hablar sin miedo”, explica. También cuenta que en su familia no hay fotos de sus abuelos ni de sus bisabuelos. Borrando la estirpe deliberadamente, en Sudáfrica, no se hace otra cosa que remarcar la falta, y ese sentimiento de nostalgia es, según Muholi, el que la ha acompañado durante toda su vida: “Si hubiera podido conocer sus caras, una parte de mí misma se sentiría menos vacía”.

MaID ha nombrado ella a algunos recorridos en busca de "relleno" para ese hueco. ‘Maid’ que, en inglés, designa a la empleada doméstica, no es cualquier palabra: su madre trabajó en casa de una familia blanca durante más de cuatro décadas. Para la Leona Negra, entonces, esa palabra encabeza el homenaje a estas mujeres que, en todo el mundo, trabajan con dignidad, “a pesar del maltrato emocional, financiero y físico que sufren”. De ahí las coronas de estropajos de alumnio que ella misma porta, orgullosa, y desnuda reina de las pinzas, como la llama la crítica Neelika Jayawardane.

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Pero MaID también suena a “mi identidad”, la que la Leona alfa (que también está dispuesta a asaltar el cielo del liderazgo comunitario) intenta desvelar, una vez pasados por el tamiz del humor y la reflexión todos los juicios ajenos, planos u hostiles. La misión es saltarse los complejos impuestos, aunque ya lleven siglos allí instalados: ¿por qué habría que tener el pelo liso? ¿blanquearse la piel?

Su puesta en escena lleva el pretendido salvajismo africano al límite del absurdo. Munida de la utilería precisa, Muholi se burla de todos los lugares comunes con que los colonizadores y sus pueblos blancos han sellado su continente, a la vez que se toma muy seriamente la celebración de los suyos (decíamos las empleadas domésticas, también los mineros). No hay foto sin lectura social, geopolítica, de género y de época en el interlineado.

A este lado de sus fotografías, estos voyeurs (y voyeuses) que somos podemos dejarnos intimidar o sostenerle la mirada a la Leona y comprender esta causa común.
Por Analía Iglesias
Fuente: El PAÍS