agosto 21, 2016

La ciencia es cosa de chicas


El esperado blockbuster veraniego, reboot del clásico Los cazafantasmas (1984), llega a las pantallas estivales rodeado de polémica 2.0. Película protagonizada por cuatro mujeres, cuatro comediantes -Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones- que abordan el humor desde un mainstream que se limita, en esta ocasión, a dar forma a un correcto producto de consumo; un producto digno, todo sea dicho, capaz de darle sentido emocional a un sábado cualquiera por la tarde.

La primera reflexión que podríamos hacer en relación al reboot de Los Cazafantasmas, película de importante calado popular en el año de su estreno (1984) así como su secuela, en 1989 -pero que en España apenas hizo mella en el imaginario de una generación a golpe de reposición televisiva-, es por qué, de un tiempo a esta parte, las versiones, reboots y reinterpretaciones cinematográficas, con subrayado presentista, han fijado su interés en otros públicos con la excusa de la diversidad. Así, una madre celebra de cara al relevo generacional que haya una mujer portando un sable láser en la última Star Wars, o que Charlize Theron conduzca a través del desierto en las carnes de una icónica Furiosa. Algo parecido ocurre con personajes de momento épico, feminista, como la entrada en escena de la Maléfica de enormes y poderosas alas, interpretada por Angelina Jolie en 2014, o el soliloquio de la princesa Elsa de Frozen en el que, desde su atalaya de hielo, anuncia que “la chica perfecta se ha ido”. En este sentido de muñecas de acción -que no sujetos- ha sido construido uno de los personajes del reboot de Los Cazafantasmas, Jillian Holtzmann, interpretado por la actriz Kate McKinnon: un diseño de personaje diferenciado y atractivo, con momentos empoderantes en pantalla, y el anuncio de que sus estilosas gafas están listas para consumir, previo paso por caja.







Y sí, a Cazafantasmas se le ha caído el “las” en el título, pero mantiene los chistes en relación al acoso a que ha sido sometida la cinta antes, durante y después en redes sociales. Puede que este guiño explícito, así como la alusión final al ser queridas por la ciudadanía, sea lo más decepcionante de una película que no aspira a hacer una revolución, o que, al menos, no se ha atrevido, pues ha preferido erigirse producto de consumo ligero, incluso sentimental. Su director y guionista, Paul Feig, responsable de comedias como La boda de mi mejor amiga o Cuerpos especiales, ha considerado que las emociones de sus protagonistas, y de aquellas que buscan identificarse con ellas, son lo más importante. No solo en un sentido de sororidad, que desde aquí celebramos, sino en la expresión misma de toda una ciudad, Nueva York, capaz de hacerles llegar con besos y corazones que, a pesar de lo que digan los medios, a pesar de lo que loshaters recen, la ciudadanía las quiere. Así pues, el principal problema con el que lidian las mujeres en el presente está estrechamente relacionado con no saberse queridas. Da igual que sean las mejores en lo suyo, o que se dediquen con pasión a la ciencia. Para la estabilidad emocional de la heroína es imprescindible el amor de sus fieles, el calor de sus fans.

El gender bending (cambio de género) desde el que se articula este reboot podría haber tenido un sentido revelador mientras la aventura de todas ellas se hubiera mantenido en la emancipación, en la crítica a las instituciones heteropatriarcales (sean estas científicas, militares o administrativas), en vez de conformarse con ser un mero entretenimiento cuyo cierre las remite a una seguridad subsidiada por el Estado. Ser fiel a sí mismas, tema que durante el primer cuarto de hora es propuesto en forma de crítica a los sistemas académico y geek, bien podría haberse ampliado a la ficción misma y haber trascendido sus buenas intenciones; haber ido más allá en lo que respecta a cuestionar el rol de las mujeres en la ciencia y dar forma a un artefacto de ficción más gamberro y corrosivo. Tal y como ha apuntado el propio director de la película, Kevin Feige, en una entrevista concedida a Dirigido por: “Hay que cambiar los roles de representación dentro del cine. Geena Davis ha demostrado con muchísimos estudios recientes que lo que hacemos en la ficción y cómo se representa tiene una prolongación en la vida real; cómo un modelo positivo de una mujer dentro de una serie o de una película puede llevar a que una adolescente decida ser científico. Por eso me gustaba la idea de que tres de las cuatro mujeres de la película fueran científicos”.

Podríamos arriesgarnos a anunciar, entonces, una tendencia en lo que a la inspiración profesional a través de la cultura popular se refiere. Sin ir más lejos, la NASA ya ha decidido “hacer la ciencia divertida a través de los cómics”. Marvel, por su parte, ha enmarcado a sus últimas y más jóvenes heroínas de cómic, como Moon Girl, Ms. Marvel o el relevo de Iron Man, la estudiante del MIT Riri Williams, en los ámbitos de la ciencia de garaje y la tecnología. ¿Cazafantasmas como despertador de vocaciones científicas por la vía de la estilización de lo geek en la ficción? Nos parece interesante, desde luego, pero a la mítica le pedimos ser capaz de transformar la realidad, no solo de parchearla. Otra vez será.

Fuente: Periodico Diagonal