septiembre 09, 2016

Las mujeres indígenas en Perú combaten el cambio climático e impulsan su economía


Magaly Garayar trabaja en sus tierras en Laramate, Perú. Las mujeres indígenas de Laramate usan técnicas ancestrales para producir cultivos más resistentes al cambio climático y más nutritivos que los métodos modernos. Foto cortesía de CHIRAPAQ

Para combatir el impacto del cambio climático, las mujeres indígenas de Laramate en Perú recuperan técnicas ancestrales de cultivo con el apoyo del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Además de mejorar los cultivos y sus ingresos, el programa ha promovido la participación de las mujeres indígenas en los espacios públicos y en la toma de decisiones.

Las agricultoras indígenas del distrito de Laramate, en Perú, saben lo que implica el cambio climático. Han visto cómo sus cosechas se marchitan durante las sequías y se pudren bajo constantes lluvias y heladas. La producción era reducida y sus hijos sufrían desnutrición hasta que las mujeres de las comunidades rurales de Atocata, Miraflores, Patachana, Yauca y Tucuta empezaron a recuperar las técnicas de sus ancestros en la selección y conservación de las semillas y el cultivo de la tierra.

El resultado ha sido sorprendente. Los campos ahora rebosan de patata, olluco, maíz, verduras, frutas y granos como kiwicha. La producción es mayor y más diversa, los cultivos son más resistentes a las heladas y las sequías y los productos son más nutritivos.

Las mujeres seleccionan semillas sanas, rotan los cultivos para recuperar la fertilidad del suelo y riegan la tierra de forma más eficiente usando los métodos de sus ancestros. Al dejar de usar agroquímicos, sus productos saben mejor y duran más.

“Nuestra tierra es la única herencia que tenemos. Cuidamos de ella como lo harían nuestros ancestros, sembrando semillas pero también dejando descansar la tierra por períodos de tiempo”, asegura Magaly Garayar, de 37 años, residente de la comunidad de Atocata y presidenta de OMIL (Organización de las Mujeres Indígenas de Laramate), a la que a su vez apoya el Centro de Culturas Indígenas del Perú (CHIRAPAQ), la organización beneficiaria del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. CHIRAPAQ trabaja para fortalecer las capacidades de las mujeres indígenas en el distrito de Laramate, les aporta formación y les ayuda a mejorar su situación económica.

Lucia Rupire, otra residente de Atocata y miembro de OMIL, apela a los recuerdos de su padre y su abuelo fertilizando la tierra con abono del ganado vacuno, las ovejas y la alpaca. “Empecé a hacer lo mismo después de recibir la formación porque entendí que las técnicas de mis ancestros respetan el medio ambiente así como mejoran la fertilidad del suelo y nuestra salud. Ahora hemos aprendido a preparar un abono mejor y más orgánico (…) ¡Mi marido está sorprendido de lo que hemos cosechado!”

La mejora en la producción ha derivado en una mejora de la economía y la salud de las familias en la zona. “En el pasado solo sembrábamos patatas, solo comíamos un poco de trigo… No podíamos permitirnos comprar nada. Ahora cultivo mis propias verduras y nuestra comida es mejor porque la combino con verduras. Parte de lo que siembro lo cocino para mí misma y el resto lo vendo para ganar algo de dinero”, declara Carmen Tenorio, de la comunidad de Yauca.

Magaly Garayar lidera el grupo de 110 mujeres de la OMIL que defienden los derechos de las mujeres indígenas. “El machismo continúa presente en nuestras comunidades. La mayoría de las veces los hombres no nos dejaban participar en eventos, actividades o talleres (…) Los hombres eran los únicos que podían tomar decisiones. Pero ahora las mujeres tienen voz, nuestras autoridades nos escuchan y nuestras opiniones son tenidas en cuenta”, asegura Garayar.

Como parte del programa “Mujeres indígenas defendiendo a la Madre Tierra: Derechos económicos y empoderamiento en América Latina”, financiado por el Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres e implementado por CHIRAPAQ, OMIL también ha ayudado a las mujeres indígenas a comercializar y vender sus productos en los mercados locales. Asimismo, ha conseguido el compromiso del Gobierno local en apoyo de la celebración de una feria agroecológica todos los meses para impulsar su economía. Además, la organización ha ayudado a fortalecer al negocio local de lácteos en la región andina de Ayacucho, que ha desarrollado una marca popular para sus quesos, yogures y otros productos.

“Este programa demuestra la iniciativa y la resistencia de las mujeres indígenas. A través del uso combinado de estructuras económicas colectivas y el apoyo técnico apropiado, han conseguido mitigar el impacto del cambio climático y expandir sus oportunidades de negocio, usando medios sostenibles y respetuosos con el medio ambiente de producción y consumo. La iniciativa no solo ha impulsado los ingresos de las mujeres; también su autoestima y sensación de empoderamiento”, explica Elisa Fernández, Jefa del Fondo para la Igualdad de Género. Entre 2013 y 2015, el programa ha impactado en la vida de más de 400 mujeres en Perú, ha aumentado la participación de las mujeres en los espacios públicos y su capacidad de influir en las políticas sobre derechos económicos de las mujeres indígenas y la erradicación de la violencia contra las mujeres.

Fuente: Onumujeres