octubre 02, 2016

¿Dónde están los 43?

Se cumplieron dos años de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. El gobierno mejicano insiste en que fueron incinerados por sus vínculos con el narcotráfico, pero la lucha incansable de las familias por llegar a la verdad les permite afirmar que eso jamás ocurrió. Bajo el lema “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” se realizó la Semana de Ayotzinapa en Buenos Aires, y Cristina Bautista, madre de Benjamín Ascencio Bautista, uno de los desaparecidos, estuvo aquí para visibilizar la impunidad de un Estado que pretende silenciar su búsqueda.

Foto: Jose Nicolini

Cristina Bautista cambia el tono de voz para hablar de su hijo Benjamín, uno de los 43 estudiantes que el 26 de septiembre de 2014 fueron retenidos por la policía municipal de Guerrero y cuyo caso se conoció en el mundo entero como emblema de la impunidad reinante en Méjico desde que asumiera el presidente actual, Enrique Peña Nieto. “Mi hijo quería llevar la educación a todos los rincones del país, allí donde el gobierno mejicano no quiere que llegue” dice sobre Benjamín, de 19 años al momento de su desaparición. Desde que comenzó esta lucha, Cristina tuvo que perfeccionar su español ya que su lengua es náhuatl y su lugar, dice, es el campo, allí donde ha trabajado con las manos durante toda su vida y del que su hijo soñaba con verla descansar. También trabajó haciendo pan y pozole, siempre a cargo de sus tres hijos, hoy de entre 25 y 20 años. “Los 43 que se han llevado entraron en la escuela para ser alguien en la vida, para ser maestros y llevar educación a los hijos de campesinos. Hasta aquí me llevó mi lucha. Claro que nosotras nos enfermamos, somos seres humanos, hay madres grandes, gente enferma, pero hemos dicho en una asamblea `no nos vamos a rendir` y no lo haremos” dice convencida, a pocas horas de subir al avión que la retornará a su país.

Para Cristina conocer a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes participaron y convocaron a celebrar la Semana de Ayotzinapa en Buenos Aires, marchar con ellas, verlas y escucharlas, fue un aprendizaje que abraza como un tesoro. Esa experiencia y la emoción de verlas activas, en una lucha que lleva 40 años de no bajar los brazos. “Me ha dado fuerza” explica y dice que en cada ronda de los jueves las Madres piden la aparición con vida de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, más conocida como Escuela de Ayotzinapa. “El gobierno mejicano se ha encargado de cerrar el caso y nos han dicho que superemos nuestro dolor. Nosotros le decimos con las pruebas en la mano que nuestros hijos no fueron calcinados, que nos han engañado y nuestra tarea es salir y dar difusión a este tema. Que se den cuenta que no nos vamos a callar, por más que venimos del campo. Queremos decirle al pueblo de Méjico que debemos levantar la voz, porque este problema no es solamente de las 43 familias, es de todo nuestro pueblo, porque nos hemos dado cuenta de que no solo hay que defender la educación publica, sino nuestros recursos, nuestros bosques, nuestras tierras y nuestra agua” dice Cristina y no se equivoca: el avasallamiento de un gobierno que quiere hacer desaparecer cualquier voz disidente incluye en su agenda la militarización de la seguridad pública, el implemento de reformas en beneficio del sector empresarial (¿suena familiar?) y el amedrentamiento permanente de los jóvenes y de todo aquel que se manifieste contra el gobierno, lo que incluye el asesinato de una decena de periodistas, incluidas cuatro mujeres, de quienes se dijo que tenían amantes narcotraficantes y que eso las llevó a la muerte. “A los que defienden la educación publica los siguen matando, a quienes levantan la voz los encarcelan. Queremos otro Méjico, no solo por nosotros sino para nuestros nietos. El gobierno hoy es nuestro enemigo” dice y relata el camino que de dos años a esta parte vienen transitando las 43 familias para pedir justicia. “Para nosotros ha sido muy difícil. Poco a poco nos fuimos dando cuenta. Esa noche fue muy terrible para los sobrevivientes porque ellos sufrieron mucho, ya que Iguala estaba rodeado por toda la policía y el Ejército. Ellos solamente iban por dos autobuses para la conmemoración del 2 de octubre (fecha en que se movilizan para recordar la masacre de Tlatelolco), y el gobierno sabía muy bien que son normalistas, sabía muy bien que la escuela de Ayotzinapa se estaba organizando por las demás normales rurales. Por defender sus derechos, los derechos de las normales, por eso han sido perseguidos.”

Lxs familiares dejaron sus casas, sus otrxs hijxs, para poner el cuerpo en esta búsqueda, cada 27 llevan la ofrenda floral por los 43 desaparecidos, viajan a regiones de muy difícil acceso para dar difusión, hacen marchas, asambleas, caravanas y huelgas de hambre. “El gobierno nos puso aquí pues aquí nos va a tener. Nos puso como piedra en su zapato, ahora tiene que aguantar: nosotros queremos saber donde están nuestros hijos, por qué se los llevaron. No descansamos y no descansaremos hasta saber donde están.”

Por Flor Monfort
Fuente: Página/12