octubre 29, 2016

Julia Antivilo revisa el arte feminista como producción política

"Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías" es una posible visión latinoamericana de ése trabajo artístico"


–Este libro no es un manual pero sí, también es un manual, porque junta un acervo de los esfuerzos previos que van desafiando al orden simbólico del patriarcado más añejo –dice la Doctora Raquel Gutiérrez Aguilar durante la presentación del libro De lo sagrado a lo profano se tejen rebeldías. Arte feminista Latinoamericano, escrito por la artista y feminista chilena Julia Antivilo Peña.

Este libro de poco más de 200 páginas es el inicio y apenas un esbozo para visibilizar y analizar la producción artística feminista de los últimos 50 años en Latinoamérica.

–Decir América Latina en este libro es un poco pretencioso, es el gancho. Porque es una apuesta por una posible visión regional, pero una investigadora sola no podría revisar todo el territorio –explica Julia Antivilo, historiadora y activista desde el arte del performance en su visita a Puebla el pasado 6 de octubre en el Instituto de Ciencias Sociales Alfonso Vélez Pliego, para presentar su libro.

Proyecto Cinturón de Castidas (Malignas Influencias)

Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías nace porque, mientras Julia desarrollaba su tesis doctoral, en la academia no le permitían hablar de su propio proceso dentro de la colectiva llamada Malignas Influencias de activistas y artistas. Para resolverlo decide hacer también una reflexión sobre las antecesoras, las referentes y las influencias en otros lugares, historiando así la genealogía del arte feminista que condensa más de 4 décadas de producción en América Latina.

Julia realizó trabajo de campo en Chile, Argentina, Bolivia, Colombia y México, principalmente.

–Todo apuntaba para México. En mi tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, que fue principalmente una investigación exploratoria, todo apuntaba a que México es el país donde hay mayor producción de artistas que se nombran feministas o se posicionan desde el feminismo.

Para realizar su tesis doctoral de la que se desprende este libro, el primer filtro para las entrevistas con las mujeres o colectivas era saber si eran feministas, pues uno de los objetivos en la investigación era decir que esta producción artística es un arte político, por lo que el posicionamiento desde el feminismo era esencial. Julia aclara que es historiadora pero no del arte, sino de la sociedad y la cultura, y es desde esa óptica y desde el feminismo que se concibe esta investigación.

Hubo otros obstáculos desde la academia para su investigación, como la crítica a su “lenguaje activista”.

–Yo creo en la pedagogía feminista, que te hablen en sencillo. Creo en la vinculación con los otros más allá de las palabras. Un problema entre todas las colegas que están en la producción del arte feminista, es que somos nosotras mismas las que escribimos sobre nuestros trabajos. Y eso se convierte en una estrategia política para poder visibilizarse.

También le fue complicado encontrar a un asesor que estuviera en sintonía con sus ideas y para sortear esos obstáculos tuvo que buscar la complicidad de otras académicas feministas que le fueran ayudando, aplicar la sorodidad feminista en la investigación.
Rebeldías desde el arte en América Latina

En su libro, Julia quiso rescatar el arte feminista como objeto cultural y se cuestiona si existe una crítica a ese tipo de producción en Latinoamérica.

Como ella lo comentó durante la presentación, en Estados Unidos es muy clara la historia del arte feminista y también es muy claro que hay un movimiento. En América Latina, en cambio, no se identifica un movimiento, sino que se habla de colectividades y no hay nexos entre artistas feministas a lo largo del tiempo ni tampoco entre artistas de diferentes países.

El arte feminista en Latinoamérica emerge durante la década de los 60-70 y se consolida en los 80, precisamente Julia identifica esa consolidación a raíz del performance La fiesta de 15 años que organizó el colectivo de arte feminista Tlacuilas y Retrateras en la Ciudad de México.

Corazón Sangriento (Maris Bustamante)

Sin embargo, hubo poca documentación de las acciones en aquellas décadas: pocas notas en periódicos y las fotografías o videos existentes se encuentran en archivos privados de quienes hicieron el registro. Esa es una de las paradojas sobre las que Julia analiza al inicio de su libro: resguardar en lo privado la memoria de un acto público.

Y no sólo habla del problema sino que hace de conocimiento del lector los nichos de memoria de esa producción artística y que afortunadamente pueden encontrarse poco a poco en plataformas digitales como los siguientes:

  • El archivo de Ana Victoria Sánchez que tiene registros desde los 50 hasta los 90 y se ha difundido gracias al apoyo que buscaron por parte de las universidades para su difusión, llamado al que únicamente la Universidad Iberoamericana respondió.
  • El archivo de Monique Altschul (argentina) y Yan Castro (México) que está en proceso de digitalización
  • El archivo de la web Pinto mi Raya, proyecto a cargo de Mónica Meyer y Victor Lerma.
  • El archivo de Marian Pessah, entre otros.

Al mismo tiempo, Julia lanza la propuesta y la necesidad de reactivar dichos archivos, pues no significan nada si no se dan a conocer en diferentes momentos y contextos a los que fueron registrados.

Tras dos años de producción para este libro, en 6 capítulos Julia habla del por qué poner el cuerpo en el arte feminista (por qué el cuerpo de la mujer es político) y clasifica los temas de mayor recurrencia e importancia abordados en esta producción artística: Casa, naturaleza, raza, etnia, clase, violencia, frontera, placer, maternidad y sangre menstrual.

También habla del impacto de este arte en la cultura visual y cómo ha sido documentado y criticado desde los medios de comunicación. En el tercer capítulo se dedica a ahondar un poco en el arte acción y el performance, que es además la corriente en la que la misma Julia ha trabajado como activista.

Y en el anexo, nos brinda una lista de 12 páginas con los nombres de esas artistas y colectivos que incluyen ligas a sitios web para conocer más de su labor artística y feminista.
Lucha Libre, retratos de familia (Lourdes Godet)

–Una de las características de la producción del arte feminista es la ironía, la parodia y el sarcasmo como una herramienta critica. Muchas de estas compañeras y colectivas no se llaman artistas a sí mismas, algunas sí, sobre todo las que tienen formación en escuelas de arte, pero muchas de ellas no. Simplemente hubo la necesidad de buscar otros lenguajes que reflejen esta política y esta ética feminista. Lo que tenemos son prácticas feministas, y para eso no es necesario pertenecer a ningún grupo.

Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías fue editado en Colombia por Ediciones Desde Abajo, y la autora espera poder enviar ejemplares de su libro para su venta en Puebla a través de las cómplices feministas del Instituto de Ciencias Sociales Alfonso Vélez Pliego.

Por Ámbar Barrera