octubre 02, 2016

Merkel, la físico oriental que lidera Europa

En todo debate sobre la paridad en política, alguna voz señala a la canciller como la prueba de que una mujer al poder no garantiza políticas más justas. Al frente de Alemania y de Europa, la mandataria evita proyectarse y ser analizada como mujer, pero el sexismo siempre se cuela en los juicios a su liderazgo. Nos acercamos a su trayectoria y su pensamiento.

Caricatura de Pol Serra

[Hugo Müller-Vogg] – ¿Puede tener Alemania una mujer canciller?
[Angela Merkel] – Naturalmente que puede.

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 cambió su vida para siempre. Mientras Alemania tiraba el Muro que la había fracturado durante casi tres décadas, decidió respetar su tarde de sauna semanal junto con una amiga; después cruzó a la parte occidental pero no tardó en regresar sobre sus pasos, a tiempo para poder levantarse temprano al día siguiente, viernes laborable. Con 35 años, apenas hacía tres que había defendido con éxito su tesis de doctorado: ‘Investigación del mecanismo de reacciones de descomposición con escisión simple y cálculo de sus constantes de velocidad, con base en la química cuántica y según los métodos estadísticos’.

Angela Dorothea Kasner trabajaba en el laboratorio de la Academia de las Ciencias de la República Democrática Alemana, donde conoció a su segundo y actual marido. El cumplimiento del deber era una máxima inquebrantable en la República Democrática Alemana (RDA). Divorciada, sin hijos, con raíces ossis (el gentilicio peyorativo con el que se conocía a los alemanes de la extinta Alemania Oriental), una educación evangelista (su padre era pastor protestante) y de perfil áspero, lo tenía todo para fracasar en un nuevo mundo creado a imagen y semejanza de los hombres. Así que destrozó los pronósticos.

Los medios no tardaron en atarla al universo del macho hombre dominante: Merkel fue durante mucho tiempo ‘la niña de Kohl’, una clara referencia a la predilección que sentía por ella el entonces canciller

Recién aterrizada en la política tras la reunificación, a los 36 años ya era ministra de la Mujer y la Juventud; con 40 obtuvo la cartera de Medio Ambiente, Naturaleza y Seguridad Nuclear; con 44, la secretaría general de un partido marcadamente católico y masculino, la CDU (Unión Demócrata Cristiana); con 46, la presidencia de dicha formación; con 47 era la líder de la oposición; y con 51, la canciller alemana. Tres lustros de subida ininterrumpida hasta la cima. Un vértigo al alcance de nadie, hasta que por vez primera en la historia la República Federal entregaba las riendas de su destino a una mujer y la persona más joven que tomaba tales riendas. Sucedió en 2005 y se repitió en 2009 y en 2013. Las encuestas, que hasta ahora le pronosticaban nuevos éxitos, empiezan a sembrar algunas dudas. Sin ir más lejos, en los recientes comicios regionales de Mecklemburgo-Antepomerania la CDU perdió la hegemonía de la derecha frente a AfD (Alternativa para Alemania) y en los de Berlín mantuvo el segundo puesto, eso con una importante pérdida de apoyos.

Angela Dorothea Kasner no es otra que Angela Merkel, “fisíco oriental”, según su propia definición, en un masculino genérico que remarca ella misma y es, precisamente, la punta del iceberg que tratan de condensar estas líneas. Por cierto, el apellido Merkel lo conserva de su primer matrimonio, con Ulrich Merkel, quizá por evitar traducciones malintencionadas si apostara por el de su actual esposo, Joachim Sauer (literalmente traducido, agrio).

“Dado que Merkel no puede impedir ser percibida como mujer, debe comportarse públicamente según esta percepción, provocando efectos indirectos”, analiza a modo de preámbulo la psicóloga y pedagoga feminista de la Fundación Friedrich Ebert, Barbara Stiegler.

[H. M.-V.] – ¿Cómo vio el movimiento de emancipación
de las mujeres en el Oeste?

[A. M.] – Por aquel entonces había leído con mucho gusto a Simone de Beauvoir, una de las más importantes precursoras del feminismo. Sin embargo ese punto no me había fascinado en absoluto, pues el feminismo no ha jugado para mí ningún rol en particular.

Tampoco tuve nada que ver con el clima del París de finales de los años 60. En Simone de Beauvoir vi mucho más una mujer fuerte que, sencillamente, tomó su propio camino. O puedo mencionar a la química y física Marie Curie, que llegó de Polonia y se convirtió en la primera estudiante de la Sorbona. Estas mujeres sí me impresionaron.

De afiliada a ‘chica Kohl’

Angela Dorothea nació en Hamburgo, Alemania Occidental, en 1954. Era la mayor de tres hermanos. Su madre, profesora de griego y latín. Su padre, pastor luterano. Semanas después de su nacimiento, la familia se trasladó a la parte oriental, a un complejo eclesial a las afueras de Templin, una ciudad al norte de Berlín. “Nunca sentí que la República Democrática Alemana fuera mi casa”, confesaría más adelante.

Su ascenso fue meteórico: en apenas quince años pasó de afiliada a canciller general. “En 1989 era una ciudadana de la RDA como otros 16 millones de alemanes. El 9 de noviembre fue para ella como una especie de segundo nacimiento. Con impresionantes dificultades pasó de ser científica a política”, escribía en 2004 el periodista Hugo Müller-Vogg en su libro Mein Weg (Mi camino), una conversación con Angela Merkel en formato directo (pregunta-respuesta) que conserva la virtud de recoger de primera mano el pensamiento de la persona que semanas después alcanzaría la cancillería. Imposible entender la personalidad que hoy lidera Alemania y Europa, incluso el mundo con permiso de sus homónimos del G-8, sin hablar de aquella Merkel pre-canciller. Por eso este perfil de Pikara Magazine reproduce pequeñas partes de aquel encuentro [traducido del alemán por los autores de este reportaje].

Inviable es también profundizar en la líder germana sin hacer referencia a Helmut Kohl, su político por excelencia. No en vano, fue el democristiano que vivió la unión de las dos Alemanias, primero desde la cancillería de la República Federal de Alemania y después desde la actual unión. En aquellos primeros años nada ni nadie se movía en el país sin el visto bueno de Herr (el señor) Kohl. Era el dueño y señor de puertas hacia adentro pero también de cara al exterior. Y así lo reflejaba la prensa, otorgándole las portadas de lunes a domingo. Todas aquellas figuras que osaban asomar la cabeza debían tener su visto bueno.

Pero la CDU comenzó a ser sacudida por sucesivos episodios de corrupción y escándalos asociados con las donaciones. Uno tras otros, los líderes democristianos fueron quedando salpicados, incluyendo el propio Kohl y el entonces presidente de la formación, Wolfgang Schäuble, a quien Kohl había elegido a dedo y es la misma persona que hoy lidera el ministerio de Finanzas. La formación necesitaba urgentemente un rostro fuera de toda sospecha y así fue como apareció por vez primera en las quinielas el nombre de Angela Merkel. Por supuesto, los medios no tardaron en atarla al universo del macho hombre dominante: Merkel fue durante mucho tiempo ‘la niña de Kohl’, una clara referencia a la predilección que sentía el entonces canciller.

[H. M.-V.] – Durante su etapa en la cartera de la Mujer y la Juventud, ¿qué figuraba en su remite: ministra o ministro?

[A. M.] – No me acuerdo exactamente. Probablemente ‘ministra’.
Ministra de la Mujer

La primera responsabilidad gubernamental de Merkel fue el Ministerio de la Mujer y la Juventud, de 1991 a 1994. Nunca ocultó que le interesaba y gustaba más la segunda competencia de su cartera. “Se pronunció contra la libre regulación del aborto, contra el establecimiento de cuotas femeninas y contra el reconocimiento de las uniones homosexuales. Llamó ‘desesperadas’ a las feministas. No hay declaraciones suyas relacionadas con políticas fuertes de género. Por otro lado, sí promocionó el sistema de guarderías públicas (que le era familiar de tiempos de la RDA) y un Ministerio de la Familia (con la ministra Ursula von den Leien [actualmente lidera la cartera de Defensa], que tuvieron que hacer frente al vehemente recazo de la CDU/CSU”, argumenta Stiegler, autora de la conferencia ‘Género en el poder: Alemania y la canciller federal’.

Impulsó además algunas mejoras en la legislación relativa a la equidad de género, pero fuero tan limitadas que tanto el Consejo Alemán de la Mujer como el Lobby Europeo de la Mujer, e incluso el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de Naciones Unidas, tildaron sus políticas de débiles.

El Gobierno del todopoderoso Kohl fue finalmente derrotado en 1998. Merkel sustituyó a Schäuble, asumiendo la secretaría general de la CDU. Encadenó victorias sonadas, entre ellas, la del Bundesrat, la Cámara Alta del Parlamento alemán, que le sirvieron para paliar las dudas: las que generaba una mujer protestante del norte de Alemania en el liderazgo de un partido conservador y católico, originario del sur del país y encabezado por hombres. Según la experta de la Fundación Friedrich Ebert, “apoyó a su ministra de la Mujer y Juventud, modificando de esta manera indirectamente partes del programa conservador de su partido, contra la resistencia declarada de algunos hombres poderosos”. Llama la atención, por ejemplo, la subvención pública que destinó a la participación de los padres en el cuidado de los bebés. Al mismo tiempo, no apoyó la ley de equidad de género para el sector privado ni las regulaciones legales contra la brecha salarial entre hombres y mujeres. “Ni es socialista ni mucho menos feminista”, recurre habitualmente en sus conferencias la psicóloga y pedagoga socialista de la Fundación Friedrich Ebert.

[H. M.-V.] – ¿Estaba desde un principio contra la liberación del aborto? [la Fristenlösung, en Alemania, permite la interrupción del embarazo durante los tres primeros meses de gestación]

[A. M.] – No estaba a favor (…). Tampoco apoyaba sin embargo que las mujeres que habían decidido abortar bajo determinadas condiciones fueran sometidas a castigos rigurosos.
Eso me parece inhumano.

[H. M.-V.] – No quiere que el aborto se penalice,
pero se sitúa en contra de base. ¿Por qué?

[A. M.] – La vida humana comienza, en mi opinión, con la fusión de un óvulo y un esperma.
Un aborto termina sencillamente con todo eso.
Sin embargo hay situaciones que enfrentan a las mujeres ante decisiones difíciles. Aquí la sociedad está obligada a proteger la vida no nacida, con los medios que legalmente decida el Estado.
En estos casos, me comprometo a consultar (…) más que a multar.
Una mujer canciller, ¿cambia algo?

Años más tarde, a partir del 22 de noviembre de 2005, Merkel alcanzaba la cancillería de Alemania. Punto y principio al mandato de la primera mujer al frente del país. Van ya once años… y subiendo, con permiso, eso sí, de su gestión de la crisis, que también afecta al país y es utilizada con fines políticos por una derecha que, a la derecha de la propia CDU, le critica también haber apostado por una actitud de puertas abiertas en el drama de las personas refugiadas. Acusada por AfD de ser la responsable indirecta terrorismo yihadista que en los últimos meses dejaron un balance de 13 personas muertas y decenas de heridas en cuatro ciudades alemanas, su popularidad aún roza el 50 por ciento. De hecho, está en el aire que se presente a la cita electoral de septiembre de 2017; de ganar, sería su cuarto mandato.

Un simple vistazo al panorama europeo demuestra gráficamente la dificultad de esta hazaña y la dureza de la permanencia. Merkel ha conocido desde su actual puesto a casi un centenar de líderes, entre presidentes y primeros ministros: Zapatero y Rajoy en España; Chirac, Sarkozy y Hollande en Francia; Karamanlis, Papandreou, Papademos, Pikrammenos, Samaras y Tsipras en Grecia; Berlusconi, Prodi, Monty, Letta y Renzi en Italia; Sócrates, Coelho y Costa en Portugal; Blair, Brown, Cameron y May en el Reino Unido… Siempre rodeada de hombres (ha sido la única mujer junto con Margaret Thatcher que ha presidido el cuestionado G-8) su nombre lidera la lista Forbes, por sexto año consecutivo, de mujeres más poderosas.

¿Ha servido de algo, desde una perspectiva de género, el hecho de que sea una mujer la que lidere una potencia económica como la República Federal? La pregunta es clara. El debate en Alemania se divide entre quienes consideran que pone de manifiesto que ‘mujer’ y ‘poder’ no son términos contradictorios, entre ellas, algunas feministas que incluso llegaron a pedir el voto para la CDU, independientemente de su adscripción política; y quienes ven en la canciller una clara demostración de que la sociedad germana ha alcanzado ya la plena equidad entre hombres y mujeres, quedando en ese sentido superada toda reivindicación feminista.

“Dado que la representación que hace Merkel de su pertenencia de género se caracteriza precisamente por que ella misma la minimiza, ha contribuido de esta forma a que los impactos indirectos sobre la ciudadanía no sean demasiado relevantes”, matiza Stiegler, quien explica cómo la canciller “no impulsa ninguna política de género que tenga visibilidad pública, si bien en ocasiones hace alguna crítica verbal contra la discriminación de la mujer en términos generales. Pero no muestra comprensión alguna por las condiciones sociales básicas que producen y estabilizan la inequidad de género”.

“No impulsa ninguna política de género que tenga visibilidad pública”

Lo cierto es que Merkel evita proyectarse como mujer. No quiere ser vista ni analizada como tal, sino a través de los resultados que dejan sus medidas. Sucedía sobre todo durante sus primeros años al frente del país, cuando reiteraba una y otra vez que su disciplina científica, la Física, y su origen, Alemania Oriental, le resultaban mucho más relevantes en su identidad que el hecho de ser mujer. “Sencillamente ha olvidado que es mujer, y que precisamente puede hacer valer ese factor en la política”, respondía la fundadora y editora de la revista Emme, Alice Schwarzer, al estudio de la Confederación de Mujeres Periodistas Alemanas. Corrobora la percepción su compañera del diario Frankfurter Rudschau, Vera Gaserow: “Merkel juega la carta de no aparecer como mujer. Intenta incluso ocultarlo”.

La investigación de la Confederación de Mujeres Periodistas alemanas, titulada ‘¿Qué es, canciller?’, arroja un sinfín de respuestas acerca de cómo percibe la profesión periodística a Angela Merkel. Alguna de las reflexiones no tiene desperdicio: “Es dura e inteligente, con mucho conocimiento pero demasiado poco corazón”; “tiene un humor demasiado lejano, aunque gracioso y divertido”; “parece abrumada y cansada, pero tiene un brutal instinto asesino”; “es combativa, atrevida, pragmática, disciplinada, con nervios de acero y concentrada”; “tiene una actitud desafiante activa, prácticamente masculina”; “es una máquina devoradora de hombres”.

[A. M.] – ¿Por qué las mujeres deberían ser algo diferente a los hombres?

[H. M.-V.] – Así que, ¿ninguna desventaja por el hecho de ser mujer?

[A. M.] – Sí, la voz. El poder y la soberanía están fuertemente unidos con una profunda y oscura voz. No hay nada peor que un tono chillón.

Y las mujeres son por lo general más pequeñas que los hombres, lo que a veces también es una desventaja.

Hay además un inconveniente que no debe ser infravalorado en televisión: un hombre puede hacerse valorar con pocas señales externas: la cara, la corbata, la camisa y listo. Funciona muy rápido. Para una mujer hay muchos más detalles: camisa o pantalón, el peinado, cómo está maquillada, etcétera. (…) Ahí las mujeres lo tienen más complicado que los hombres.

La foto de un escote

El aspecto y los atuendos que elegía Angela Merkel en sus apariciones públicas se alejaban de los dictados de la feminidad normativa, tanto es así que en algunos círculos la citan como ‘das Merkel’ (lo Merkel). “La fuerte presión provocó que contara con una asesora de imagen para adoptar una apariencia más femenina”, indica Stiegler. Recurrió incluso al estilista de la conocida modelo de los años 90 Claudia Schiffer.

Otro de los epítetos que acompañan a Merkel es del ‘la dama de hierro’, una clara alusión a la exprimera ministra británica Margaret Thatcher. Dos mujeres para el mismo estereotipo concentrado en un único metal. El ámbito político continúa siendo un sistema masculino, explican las personas expertas, y cuando una mujer irrumpe en una posición de poder, se la deslegitima o se la adjetiva otorgándole rasgos especiales que la aproximan de alguna forma a lo que se entiende representan los hombres.

Sólo una vez la prensa ha podido captar imágenes de Merkel desde una perspectiva sexualizada. Sucedió con ocasión de la inauguración de la Casa de la Ópera de Oslo (Noruega), con la germana luciendo un vestido de noche con gran escote. “La foto se publica con extrema frecuencia en los medios, que suelen difundirla como ‘la foto de los pechos’, en parte, con exagerado sesgo sexista. Hay quien considera que, de esta forma, la canciller puso en evidencia un flanco débil”, describe Stiegler.

“Creo que el sexismo con Merkel en los medios de comunicación, tanto alemanes como internacionales, es intencionado y, por supuesto, intolerable. Me resulta tranquilizador que haya una mujer en un puesto de éxito sin someterse a los cánones de belleza normativos. Veo alentador que las apariencias no dominen completamente el cuerpo de la mujer en todos los campos sociales. Pero todo esto no tiene nada que ver con Merkel como política y tampoco cambia el hecho de que me parezca atroz su política de austeridad, así como el hecho de que nunca luchara concretamente por temas de mujeres”, explica a este medio Sonja Eismann, cofundadora, coeditora y jefa de redacción de Missy Magazine, autodefinida como revista feminista para mujeres jóvenes.

¿Avances ‘obligados’?

Una mujer lidera Alemania y, por extensión, la Unión Europea. La controversia estaba servida. “Ha tenido un efecto muy interesante sobre las normas masculinas. Es sucesora de un hombre, de un socialdemócrata [Gerhard Schröder], que era conocido por su carácter masculino, por su política de la toma de decisiones, por ser un hombre de poder, lo cual generalmente era evaluado de manera positiva. Con el surgir de la canciller, muchos periodistas, hombres y mujeres, se volvieron algo más críticos y desenmascararon esta forma de masculinidad, pasando a considerarla como algo tosco y encubierto. Con la aparición de una mujer en el poder, se hace perceptible una cierta crítica a la masculinidad de orientación dominante”, explica la psicóloga feminista.

La última medida de su Gobierno es una ley que obliga a las madres a revelar la identidad del padre biológico de sus criaturas

Las políticas de género, una vez como jefa de Gobierno, han pasado desapercibidas y están centradas sobre todo en la maternidad y paternidad, es decir, en la familia. En sus primeros años aumentaron las guarderías públicas (Kindergarten), además del establecimiento las ayudas para que los hombres y mujeres participen en el cuidado de sus hijas e hijos en los primeros meses de vida con hasta un 67 por ciento del sueldo. El curso pasado, el Bundestag aprobó una ley para que los consejos de administración de las compañías con más de 2.000 empleados y empleadas tengan un 30 por ciento de féminas. Votaron a favor la coalición de Gobierno CDU-PSD (democristianos y socialdemócratas), mientras que Los Verdes y La Izquierda se opusieron porque reclamaban cuotas más elevadas. La igualdad salarial es otro de los retos en los que trabaja el Ejecutivo, medida de nuevo impulsada por su socio político, ante quien tiene que ceder con frecuencia, fruto del pacto ejecutivo. “Pondría tristes a las feministas si me contara como una de ellas”, recordó la canciller durante las negociaciones para lograr la gran coalición en Alemania.

¿Lo último? Una ley que obliga a las madres a revelar la identidad del padre biológico de sus criaturas, en caso de que el supuesto progenitor ponga en duda que lo es y con el único objetivo de que el verdadero ‘padre’ pague la manutención al hombre que lo ha estado haciendo. Una mera cuestión económica que atenta contra la intimidad de las mujeres. En el año 2013, una encuesta del Instituto de Sondeos Allensbach determinó que sólo un 33 por ciento de las mujeres creen que Angela Merkel se ha implicado a fondo en los asuntos que tienen que ver con la igualdad de género. A ella le da igual. Eso sí, en su labor como canciller, le gusta trabajar con mujeres, “que siempre las ha tenido, y muy leales, entre su círculo”, añade también la psicóloga y pedagoga feminista.

[H. M.-V.] – ¿Sería Alemania diferente con más alcaldesas, ministras, mujeres canciller y presidentas?

[A. M.] – Tendríamos un mayor arraigo. Las mujeres siempre están un poco más ligadas a la vida cotidiana. (…) La agenda política no cambiaría. (…) Una canciller, para empezar, quizá tenga que convivir con prejuicios. Concretamente, algunos se preguntarán si una mujer puede dirigir nuestro país, nuestra economía, si puede lidiar con los jefes de este mundo, etcétera.

[H. M.-V.] – ¿Dónde reside entonces la ventaja de tener más mujeres en cargos de responsabilidad en la política?

[A. M.] – La política siempre hace bien cuando refleja una posible cuota representativa del pueblo. O para responder de otra manera: no necesariamente debe implicar una ventaja, pero tampoco una desventaja.

Sobria, lacónica, influyente, técnico, pero, sobre todo, físico. “Me gusta mi trabajo”, escribe la propia canciller en su página web oficial.

Por J. Marcosy Mª Ángeles Fernández
Fuente: Pikara