noviembre 21, 2016

Las gorilas siguen rugiendo


Conforme su tradición de denunciar sexismo y racismo en el mundillo del arte, el colectivo artivista feminista Guerrilla Girls vuelve sobre una de sus piezas de antaño en la flamante muestra Is it even worse in Europe?, amén de analizar si galerías y museos del Viejo Continente han profundizado en diversificar sus muestras en los últimos 30 años.

Hace más de 30 años, un grupo de artistas-activistas se calzaron la máscara gorila para denunciar el sexismo y racismo en el universo artístico, deviniendo renombrado colectivo feminista. Colectivo que, lejos de bajar el tono al gruñido, sigue con las cuerdas vocales y la férrea voluntad intactas, conservando su autodeclarada intención de accionar como “la consciencia del mundo del arte”. Como lo hicieran Barbara Kruger o Jenny Holzer, las Guerilla Girls se reapropiaron del lenguaje visual publicitario para pasar sus mensajes de manera rápida y accesible, desnudando tristes realidades a través de collages, cifras, sarcasmo chisporroteante, estética punk-rock, actitud anarco, consignas provocadoras. Y, claro, un evidente deseo de cambio. Deseo que las llevó recientemente a volver sobre una de sus consignas de antaño para corroborar si, en efecto, algo ha cambiado en los últimos 30 años. 

La consigna: It’s even worse in Europe (en criollo, “Es aún peor en Europa”), póster del 86 que buscaba subrayar que el hecho de que la abrumadora mayoría de artistas exhibidos, directores de galerías, críticos de arte fueran varones, no era monopolio de los Estados Unidos; también ocurría en el Viejo Continente. Frase que, según la integrante Frida Kahlo (recordemos que las GG usan noms de guerre para mantener su anonimato, tomando el de ilustres artistas fallecidas como Käthe Kollwitz, Zubeida Agha, Alma Thomas, Gertrude Stein, Eva Hesse) “era puramente anecdótica”, en tanto –por aquel entonces– no habían hecho un estudio exhaustivo que probase que, en efecto, las instituciones europeas eran aún menos propensas a la diversidad que las norteamericanas. Omisión subsanada recientemente en su flamante exposición Is it even worse in Europe? (¿Es peor en Europa?), que pone entre signos de pregunta la sentencia de otrora. Y en cierto modo la responde, presentando en la Whitechapel Gallery, de UK, los resultados que arrojó su investigación. 

“No quiero spoilear la muestra, pero las estadísticas no son precisamente alentadoras”, adelanta Kahlo sobre la exhibición que inauguró el pasado mes y seguirá hasta el 5 de marzo de 2017. Para cuya composición, las muchachas guerrilleras escribieron a casi 400 directores de museos de 29 naciones de Europa, solícitamente solicitándoles que respondieran un cuestionario con 14 preguntas sobre diversidad (cuántas artistas mujeres tienen en colección, cuantos no-binario, cuántos de países africanos, asiáticos, sudamericanos, algunos de los interrogantes). A partir de la data provista, procedieron las artivistas a procesar, analizar, volcar información en sus siempre atractivos afiches (más de una decena). Incluido el póster que enlista a las galerías que decidieron no contestar (entre ellas, el Pompidou de París, el Rijksmuseum de Amsterdam, el Haus der Kunst de Munich), ubicándolo en el piso de Whitechapel para que los/as visitantes puedan pisotearlo a gusto. No es menor, finalmente, que del total de las instituciones consultadas, apenas 101 respondieran, dándose 282 al cargado silencio… De hecho, el banner que saluda al ingreso de la expo, anota: “Solo un cuarto replicó. Entren y entérense los motivos”. 

“Con este proyecto, queremos plantear la duda de si los museos hoy representan la multiplicidad de voces de la historia del arte contemporáneo, o si aún sigue siendo la historia de los ricos y los poderosos. Nos focalizamos en lo subyacente, el subtexto, lo omitido y lo lisa y llanamente injusto. El arte no puede ser reducido a un pequeño número de nombres que ganaron un concurso de popularidad entre marchantes, curadores y coleccionistas”, ofrece el team en comunicado oficial. Aclarando en chat con lectores de The Guardian que la suya “no solo es una lucha contra el sexismo sino contra todas las formas de iniquidad y corrupción, especialmente la de nuestro campo –el arte– tal y como es presentado y preservado por la historia”. Inquiridas además acerca de la –leve– mejoría que se registra en museos del globo, ofrecen las referenciadas gorilas que, frente a la denuncia, “el tokenismo (léase, la práctica de hacer públicamente pequeñas concesiones a un grupo minoritario para desviar acusaciones de prejuicio y discriminación) suele ser la respuesta institucional”. 

“Las cosas han mejorado un poco en estos últimos 30 años”, conceden las enmascaradas, y ejemplifican: “Cuando comenzamos, los galeristas nos decían que no exhibían piezas de mujeres o de negros porque no alcanzaban el estándar de calidad. Hoy jamás se animarían a repetir en voz alta tal prejuicio”. Empero, aclaran las monas, la realidad dejá aún mucho, muchísimo que desear, en tanto –explica Frida– “la inequidad salarial es, para ellxs, un gran problema: las mujeres y la gente de color ganan entre el 12 y el 17 % de lo que reciben los artistas varones blancos”. 

Por lo demás, en lo que refiere al mentado sondeo, concluyen las GG que los museos o galerías del Viejo Continente (más no fuera, las que dieron la jeta) tienen un promedio de 22% de arte producido por mujeres (increíblemente las instituciones de Polonia son las que mejor han salido paradas, superando la media con un 28%). Concluyen, además, que acaso para salvarse el pellejo, muchos voceros son capaces de dar respuestas irrisorias, que no se condicen con los hechos. Entre ellos, el del Reina Sofía, en Madrid, que respondió a las gorilas: “Disponemos de estadísticas de mujeres artistas en nuestros programas de exposiciones”. A lo cual, rematan las muchachas en su poster: “Pero la colección contiene el 87% de arte hecho por hombres”... O el del Ateneum en Helsinki, que replicó que las obras femeninas han sido importantes para ellos desde 1861; aunque en su colección actual solo representen el 12 %...

“El estudio no es científico porque nos hemos limitado a espacios de arte moderno y contemporáneo. Aquellos que han heredado arte antiguo son aún peores. Nuestra intención es abrir un diálogo para equilibrar la desigualdad, no queremos ser quejicas, sino que el arte represente a la población, a las mujeres, a la diversidad de razas, de orientación sexual o bagaje”, subraya Kollwitz. M

Fuente: Página/12