noviembre 04, 2016

Vidas truncadas




Hace unos días, varios medios de prensa nos informaron del intento de suicidio en Arequipa de cuatro adolescentes, estudiantes del colegio Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Escondidas en un aula vacía, ingirieron una gran cantidad de pastillas, que no se sabe cómo consiguieron ni de qué tipo eran. Se sabe que de inmediato se sintieron mal, siendo llevadas a un hospital en donde les realizaron lavados gástricos que les salvaron la vida. Que no podían resistir al acoso al que eran sometidas por sus compañeras, dijeron cuando les preguntaron por el motivo de su acto. Las agredían sicológicamente y una de ellas era permanentemente señalada como lesbiana, acusación que se ha constituido en una fuente permanente de agresión a las chicas que se salen de la norma en los colegios, como si el hecho de ser homosexual fuera algo negativo per se y no la expresión de los odios que se forman en la sociedad sobre las personas diferentes, que rompen con el sacrosanto modelo heteronormativo. Entre 14 y 15 años tienen las chicas, que por fortuna han logrado salvarse esta vez. ¿Se tomará alguna medida para que esto no vuelva a pasar en Arequipa? ¿Actuarán las autoridades educativas frente al acoso que viven los chicos y las chicas en los colegios?

No tuvo igual suerte L.E.U.O, quien solo tenía 15 años y era permanentemente acosado por sus compañeros y por su familia, porque ser diferente y no responder a los cánones establecidos para un hombre en la sociedad también es fuente de violentas agresiones. Gay, afeminado, marica, le decían fuera de su casa, y dentro, su hermana le tiraba orines en la cara. Harto de los insultos, no encontró mejor forma de terminar con esa violencia que violentándose a sí mismo. Colgado de una viga del techo de su casa en San Martín de Porres fue encontrado por su madre.

Según el psiquiatra Freddy Vásquez, de la Sociedad Peruana de Prevención del Suicidio, la mayoría de suicidas son hombres, aunque afirma que “en los últimos 20 años, la autoeliminación ha crecido entre los adolescentes de 12 a 14 años, sobre todo en las mujeres.”[1] Este año, en todo el país, ha habido varios casos de adolescentes que optaron por terminar con sus vidas. Lo hizo en Piura Franco S.S, quien tenía solo 12 años, cansado del acoso en el colegio Nuestra Señora de El Tránsito, donde estudiaba. Podemos imaginarlo solo, agobiado, triste, tan niño, buscando un lugar vacío, solitario, silencioso donde lanzar la cuerda que lograría que por fin termine el ruido de los insultos y la violencia. También colgándose de una viga con una chalina terminaría con su vida la hermana del alcalde del distrito de Ulcumayo en Junín. Al parecer, no pudo soportar las acusaciones de mala gestión que lanzaban constantemente contra su hermano mayor. Tenía 14 años, le gustaba el ajedrez y la música, era buena alumna y seguramente soñaba con ser profesional, viajar y crecer sin miedo. En Arequipa, L.M.I., de 15 años, tomó veneno para moscas, cansada del acoso de sus compañeros y de un profesor en la Institución Educativa La Fayette del distrito de Sachaca. Por suerte, también pudo ser salvada.

La violencia parece estar al origen de todos estos suicidios o intentos, al igual que en el caso de una menor de 17 años en Ica que, no pudiendo soportar más el maltrato de su padre, se lanzó del segundo piso. Los lugares que debían representar seguridad para un chico o una chica adolescente se vuelven todo lo contrario; son los lugares en donde el peligro acecha, en donde las personas que deberían cuidar sus vidas, aportar a su crecimiento, al logro de una vida plena son precisamente aquellas que con sus actos impulsan estas trágicas salidas.

La depresión, el acoso escolar y el acoso en redes son algunas de las causas que están detrás de los intentos y suicidios de estos y éstas jóvenes, sin que se tome medidas serias e integrales para responder a este problema cada vez más preocupante. Vale mencionar que no es exclusivo de jóvenes de las ciudades o de un grupo social determinado, sino que también se extiende y por otras razones a los pueblos indígenas, como lo revela el reportaje “Problema social silencioso: suicidios de jóvenes indígenas en Loreto”, elaborado por Sonia Condori. En dicho reportaje, Oscar Espinoza, uno de los mayores conocedores de la situación de los pueblos indígenas amazónicos en el país, dice en relación al suicidio de jóvenes indígenas:

“Son un conjunto de factores que están presionando: el derrame de petróleo (de barcazas o pozos petroleros), la empresa maderera, la delincuencia, el narcotráfico, la prostitución, etc. Antes Nauta era un lugar tranquilo. Solo vivían los que estaban ahí. Ahora hay mucha gente que viene de otras localidades amazónicas, y llevan sus costumbres, droga y basura. Hay un choque entre lo urbano y lo indígena.”[2]

Son causas diferentes de una problemática que silenciosamente avanza truncando la vida de tantos jóvenes, hombres y mujeres, y que se debe enfrentar tomando en cuenta los distintos contextos y factores que están incidiendo, entendiendo que no se debe generalizar sino dar respuestas específicas.

Incertidumbre, miedo, desesperanza, rechazo, estigmatización, falta de alternativas, mundos trastocados, subyacen a los intentos o suicidios de los y las jóvenes, mientras una sociedad indolente mira para otro lado. Lo hace un Estado que no invierte en salud mental, en un país en el que más de un millón y setecientas mil personas sufren de depresión.[3] Lo hacen uno tras otro los gobiernos que están más interesados en la extracción minera o hidrocarburífera que en la vida de miles de jóvenes indígenas que también son el futuro. Lo hace un sistema educativo, un profesorado que muchas veces es cómplice del acoso o lo permite. Lo hacen padres y madres que rechazan a sus hijos e hijas diferentes. Lo hacemos todos y todas que nos conmovemos solo cuando nos llega la noticia de otro suicidio. Es el momento de decir basta, de exigir que se destine un presupuesto y se diseñen medidas adecuadas para atender esta problemática, que se atiendan los impactos culturales que están teniendo las políticas extractivistas en las nuevas generaciones de jóvenes indígenas y que todos y todas aportemos también un granito de arena para que niñas, niños jóvenes no opten por esta terrible salida, pues los necesitamos, las necesitamos. Ni un niño, ni una niña o adolescente menos!

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1]Mariela Sausa, “La depresión causa el 80% de suicidios en el Perú, pero no es atendida”, Perú21, 6 de septiembre del 2014.http://peru21.pe/actualidad/depresion-ciberbullying-sis-instituto-nacional-salud-mental-honorio-delgado-hideyo-noguchi-2197688
[2]Sonia Condori Sánchez, “Problema social silencioso: suicidios de jóvenes indígenas en Loreto”,Fronteras Ambientales, 16 de diciembre del 2015. http://fronterasambientales.com/cambios-sociales-rapidos-y-abrumadores-llevarian-al-suicidio-a-jovenes-indigenas-en-loreto/
[3]“Depresión: alrededor de 1 millón 700 mil peruanos la sufre”, RPP, 14 de junio del 2016.http://rpp.pe/vida-y-estilo/salud/la-depresion-es-el-trastorno-mas-comun...