diciembre 28, 2016

9º Aniversario Ley de Memoria Histórica: los castigos de género del franquismo



El 26 de diciembre de 2007, hace 9 años, se aprobaba en el Congreso la Ley de Memoria Histórica. Una ley que venía a reparar y hacer justicia ante uno de los episodios más negros de nuestra historia. Que venía a sembrar rosas donde había huesos y a hacer justicia donde había imperado la impunidad.

Ante tal acontecimiento, creo que también es de justicia recordar a todas las mujeres que fueron represaliadas, durante la Guerra Civil y durante el Franquismo, y que padecieron no sólo el mismo nivel de tortura que sus compañeros varones sino, además, los llamadoscastigos de género, la tortura por el hecho mismo de ser mujeres y de representar, en el caso español, nuevos modelos de feminidad que rompían con los paradigmas tradicionales y situaban a las mujeres en el centro mismo de su propia vida.

Los castigos de género son comunes a todo conflicto bélico y suponen un mayor grado de violencia contra las mujeres, que incluye desde violencia sexual, física o psicológica, hasta el rapado de cabello o la ingesta de aceite de ricino, como sucedió en la Guerra Civil española, por parte del bando sublevado hacia las mujeres republicanas.

Padecieron no sólo el mismo nivel de tortura que sus compañeros varones sino, además, los llamados castigos de género, la tortura por el hecho mismo de ser mujeres y de representar, en el caso español, nuevos modelos de feminidad que rompían con los paradigmas tradicionales

Esto no quiere decir que solamente los “bandos” de derechas hayan propiciado castigos de género. Cuando el Ejército Rojo liberó Berlín también se atestiguaron este tipo de castigos contra mujeres de la Alemania nazi.

En el caso de la Guerra Civil española, y posteriormente durante el Franquismo, este tipo de violencia fue mucho más frecuente en el bando sublevado/franquista que en el bando republicano por la propia cosmovisión que derecha e izquierda tuvieron de las mujeres.

La izquierda desarrolló un discurso paternalista que situaba a las mujeres como las grandes damnificadas del poder que la Iglesia Católica y los poderes reaccionarios y conservadores habían ejercido en España durante siglos. Por lo que “los enemigos” de la izquierda, del bando republicano, no eran las mujeres de derechas, a las que situaban como víctimas, sino que eran la Iglesia y los poderes reaccionarios y conservadores.

Sin embargo, para la derecha española y después para el bando sublevado, posteriormente y ya iniciada la Guerra Civil denominado bando franquista, la mujer republicana encarnaba la “desnaturlización” misma de la mujer y de la familia. Mujeres que se habían cortado la melena y la falda, que en muchas ocasiones se habían emancipado y vivían solas, y que algunas de ellas habían osado, incluso, formarse y trabajar fuera del hogar. Las tildaron de “feas”, “putas” y “lesbianas”. El psiquiatra fascista Vallejo Nájera, encargado de todo tipo de torturas a las presas políticas de la Cárcel de Mujeres de Málaga, escribiría sobre las republicanas que tenían: “labilidad psíquica”, que “les faltaba equilibrio mental”, que “no controlaban su personalidad”, que “eran impulsivas y poco sociables” y que “su conducta anormal las llevaba a estados psicopatológicos”. Las cárceles de mujeres durante el Franquismo se convirtieron en auténticos laboratorios humanos donde se investigaba un supuesto gen recesivo que “desnaturalizaba a las mujeres republicanas” y que como consecuencia éstas habían renunciado a ese ideal del ángel del hogar, buenas madres y mejores esposas, que era “el ideal natural de la feminidad” para la derecha española. El Franquismo intensificó la idea de que la mujer perfecta era una mezcla entre la Virgen María, Isabel la Católica y Santa Teresa, y se lo intentó grabar a fuego a las mujeres españolas. A todas ellas. Es difícil que podamos imaginar el nivel de tortura física, pero sobre todo psicológica, que esas mujeres republicanas soportaron.

Las cárceles de mujeres durante el Franquismo se convirtieron en auténticos laboratorios humanos donde se investigaba un supuesto gen recesivo que “desnaturalizaba a las mujeres republicanas” y que como consecuencia éstas habían renunciado a ese ideal del ángel del hogar

Una de las grandes cruzadas del Franquismo fue contra las mujeres. Su temor a lo que ellos tildaron de “desnaturalización femenina” les acompañó durante los casi cuarenta años de dictadura. Para evitar que eso sucediera recurrieron a todos los métodos de persuasión y coerción que tuvieron a su alcance.

Los años de avances en derechos para las mujeres que dejó la II República se truncaron y pasamos a vivir los años de mayor retroceso del siglo XX en materia de igualdad entre hombres y mujeres en España. Se potenciaron los discursos de la diferencia biológica, de la superioridad masculina y del ángel del hogar. Aún a día de hoy acarreamos las consecuencias de tal retroceso.

Hoy quiero recordarlas a todas ellas, a todas las Matildes Landa, las Rosas Rojas y a todas las mujeres anónimas que pagaron un precio alto por el ansia de una nueva forma de pensar, de sentir y de encauzar el rumbo de sus vidas

No obstante, hoy quiero recordarlas a todas ellas, a todas las Matildes Landa, las Rosas Rojas y a todas las mujeres anónimas que pagaron un precio alto por el ansia de una nueva forma de pensar, de sentir y de encauzar el rumbo de sus vidas. A todas ellas que sufrieron el mismo grado de violencia que sus compañeros, pero también castigos por el hecho de ser mujeres, por el hecho de representar otros ideales de feminidad.

Recordarlas a ellas y recordar que todas las guerras se acompañan de castigos de género, de violencia extrema contra las mujeres por el hecho mismo de ser mujeres. Que nadie jamás lo olvidé, porque este olvido sigue siendo cómplice de toda esta violencia.

Directora del Instituto Aragonés de la Mujer. Licenciada en Historia, especialidad en Historia de las Mujeres y estudios feministas.
Fuente: TribunaFeminista