diciembre 30, 2016

Colombia. Hacer y deshacer la ideología de género

El término ‘ideología de género’ ha servido a activismos anti-derechos sexuales de distintos países para descalificar tanto las demandas de derechos de mujeres y personas LGBT, como la crítica feminista al supuesto fundamento ‘natural’ del patriarcado. Al substituir ‘estudios’ o ‘perspectiva’ por ‘ideología’, se trata de denunciar una supuesta arbitrariedad y carácter ‘falso’ y ‘tendencioso’ de cualquier afirmación que cuestione ese orden natural, que la ‘verdadera ciencia’ debería reconocer como incuestionable. Pero su uso no se limita a estas cuestiones, sino que alinea a todo un linaje de resistencias conservadoras.

En Colombia, ese desborde hacia otras cuestiones que aparentemente poco tienen que ver con el género y la sexualidad ha alcanzado la negociación de paz entre el gobierno y las FARC-EP. Aunque con alto porcentaje de abstención (62,59%) y por un escaso margen (0,43%), los acuerdos suscritos por ambas partes tras más de 4 años de negociaciones fueron rechazados en referéndum popular el pasado 2 de octubre. Si bien varios factores incidieron en dicho resultado, uno de los que cobró mayor relevancia en el debate electoral fue una supuesta codificación de la ‘ideología de género’ en los acuerdos de paz.

Tras el triunfo del ‘No’ en el plebiscito, voces opositoras al acuerdo apoyaron el llamado del ex procurador Alejandro Ordóñez de “purgar” los acuerdos de paz de la ideología de género. Con ello se referían a eliminar el enfoque de género y diversidad sexual de los acuerdos –es decir, dejar de reconocer que el conflicto armado ha afectado la vida de mujeres y personas LGBT diferencialmente, así como de contemplar cualquier reparación en tal sentido.

Con el fin de ponderar el peso que los argumentos en torno de esa categoría han adquirido en los debates sobre justicia, paz y democracia en el país y discutir sus efectos, la Escuela de Estudios de Género (EEG) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) llevó a cabo, el 17 de noviembre, la jornada Hacer y deshacer la ideología de género. La propuesta fue que investigadoras/es, activistas y entidades responsables por iniciativas en derechos sexuales y reproductivos propusieran líneas de reflexión en torno al tema en ámbitos como las ciencias sociales, la biología, la medicina, el derecho y las artes.

Conexiones globales

En la instalación del evento, Mara Viveros Vigoya, investigadora y directora de la EEG, presentó una genealogía del término. Destacó que, si bien su construcción no es un proceso lineal ni proviene de una sola voz, un hilo común une distintos lugares y diferentes escalas, vinculando múltiples actores, lo que le confiere una complejidad particular. “La ‘ideología de género’ ha estado ligada a debates sociales específicos en distintos contextos nacionales, pero se funda en una misma retórica conservadora que defiende un orden natural de género como una verdad absoluta. Dicho elemento común ilustra cómo los debates sobre género y sexualidad se inscriben en una trama internacional amplia y en una narrativa global, que permite entender las conexiones intelectuales, sociológicas y financieras que vinculan a los pensadores y activistas religiosos a través del mundo”, afirmó.

El término, señaló la investigadora, aparece inicialmente relacionado con los debates de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la Cuarta Conferencia sobre la Mujer (Beijing, 1995), aunque fue acuñado varios años después. Es allí donde se va perfilando el concepto de derechos sexuales y reproductivos y cobran peso el VIH/Sida y la violencia contra las mujeres. Dichas conferencias constituyen, asimismo, la institucionalización del género en el ámbito intergubernamental global, así como la primera vez que las feministas adquirieron una presencia maciza en escenarios internacionales de esta magnitud. Esto suscitó airadas reacciones por parte del Vaticano y del lobby cristiano, que desde entonces advirtieron el supuesto peligro que representaba la integración de una perspectiva de género en programas y políticas públicas, así como la concepción del género como una construcción cultural.

Desde entonces, explicó la directora de la EEG, han proliferado por el mundo campañas para desautorizar los estudios sobre género y sexualidad. En ellas han participado activamente figuras cercanas al Vaticano, como la escritora estadounidense Dale O’Leary, quien fuera representante de la Asociación Nacional para la Investigación de la Familia y de la Asociación Nacional para la Investigación y Terapia de la Homosexualidad. Otros destacados portavoces han sido la teóloga alemana Jutta Burggraf, el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo (presidente del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede desde 1990 hasta 2012, año de su muerte) y Joseph Ratzinger, quien luego se tornaría Papa. En carta dirigida a obispos estadounidenses cuando aún era cardenal, el prelado alemán dejó clara la posición de la iglesia frente a los debates sobre género: la diferencia de hombres y mujeres es de índole ontológica.

A lo largo de este tiempo, el cuestionamiento de la ideología de género –aunque no siempre aparezca el término, sí su núcleo conceptual– ha aparecido en debates políticos de varios países. Entre ellos, Viveros destacó algunos: el activismo contra el Pacto Civil de Solidaridad Social en Francia, que desde 1999 reconoce diversas formas de unión, entre ellas las del mismo sexo; la descalificación, en el debate sobre la despenalización del aborto, de movimientos como el feminista e incluso el indígena por parte del presidente ecuatoriano Rafael Correa; el proceso de impeachment de la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en el que varios legisladores manifestaron estar, al mismo tiempo, a favor de la destitución y en contra del aborto y la ideología de género.

Viveros señaló la necesidad de analizar las complejas interfaces políticas, religiosas y morales que se construyen en un circuito global y que se articulan a dinámicas locales, a través de las cuales se moviliza la idea de “un orden social fundado en una propiedad trascendente, llámese Dios, la naturaleza, la tradición o cualquier otro principio transhistórico”.

Religión y política

La laicidad –principio constitutivo (con diferentes matices) de los regímenes democráticos modernos– suele ser definida como modo adecuado de vivir en sociedades donde la legitimidad de las instituciones políticas no descansa en principios religiosos. No obstante, religión, género y sexualidad se anudan de modo singular en cada sociedad y la resistencia conservadora al impulso secularizador de los derechos sexuales ha desarrollado sus propias interpretaciones de la laicidad. La capacidad que la categoría ‘ideología de género’ tiene de inscribirse en diferentes contextos, como los europeos, los norteamericanos y los latinoamericanos, habla de esa plasticidad. A su vez, en cada una de las contiendas citadas por Viveros confluyen agentes tanto religiosos como seculares; lo que lleva a pensar la laicidad de diferentes modos.

Como contrapunto a visiones lineales de la separación entre Iglesia y Estado, Laura Torres, comunicadora social, integrante de Católicas por el Derecho a Decidir – Colombia, resaltó la importancia de reconocer la laicidad y el estado laico como términos dinámicos, históricamente definidos. En el caso colombiano, señaló, las demandas de laicidad adquieren sentido en relación con cuestiones relacionadas con la vida, la muerte, el cuerpo, el placer, la sexualidad, la enfermedad, el derecho a decidir y la libertad de cultos, entre otros. En vez de una amenaza a las religiones, la laicidad no tiene por qué constituir una actitud de indiferencia a o negación estatal de lo religioso y de las espiritualidades, sino una perspectiva crítica frente a las formas de autoritarismo religioso en la política, puntualizó Torres.

“Un estado laico se realiza a través de un proceso de reconocimiento de libertades, entre ellas la libertad de cultos, la garantía de derechos y el respeto a las diferencias desde el pluralismo. Para ello es necesario que convivan diferentes herencias culturales, simbólicas, religiosas, éticas y morales en sociedades democráticas. En ese sentido, la laicidad refiere a un proceso en continuo movimiento que enfrenta retos cada día y debe encontrar respuestas adecuadas para todas y todos. Es un concepto en constante proceso de significación y resignificación, que cuestiona los usos de la autoridad espiritual que imponen la discriminación como valor moral”, señaló.

Para la antropóloga Camila Esguerra el problema central que plantea el auge del término ‘ideología de género’, más que un asunto de religión, es una cuestión política, que requiere ser pensada a la luz del neocolonialismo.

“Forma parte de una agenda internacional que no tiene propósitos religiosos, sino políticos. Grupos reaccionarios a los avances en derechos quieren conservar su lugar de representación política y para ello buscan un enemigo común. En Occidente, el pervertido y el ‘degenerado’ –sea representado en términos sexuales o raciales– ha sido definido como el enemigo común de la sociedad, en contra del cual se realizan los llamados a la unidad. La ideología de género es un arma colonial. La implantación de un sistema de sexo/género binario, heterocentrado y androcéntrico ha sido una imposición occidental, ejercida a lo largo de más de 500 años”, planteó.

Esguerra señaló la importancia de estudiar los vínculos de la ideología de género con formas de actualización del colonialismo; no sólo en sus cruces con el género y la sexualidad, sino también con la raza y el capacitismo.

Su colega Manuel Rodríguez recordó, no obstante, que a pesar de su vinculación al pensamiento conservador, el activismo montado en campañas contra la ideología de género en Colombia ha apelado a la defensa de principios liberales como la separación entre público y privado, estado y sociedad civil. Reducirlo al conservadurismo político y religioso limita las posibilidades de análisis de un activismo que se ha reinventado a lo largo de los años. En Colombia esto quedó expuesto con claridad en las multitudinarias protestas en contra de la revisión de los manuales de convivencia en los colegios por parte del Ministerio de Educación. Junto a material pedagógico sobre género y sexualidad, la revisión de los Manuales buscaba transformar una realidad de violencia homo y transfóbica en el ámbito escolar.

Aparte de los argumentos religiosos sobre Dios y la ley moral natural, quienes protestaban contra los materiales escolares acudieron al lenguaje de los derechos, en este caso los de los padres y madres de familia, como una forma de limitar lo que consideraban un excesivo intervencionismo del estado en el ámbito privado de la familia. Para el liberalismo, los valores morales y proyectos de vida deben gestarse y mantenerse separados de los debates públicos sobre justicia. Al invocar principios liberales sobre los que se cimienta la construcción del estado, como su separación de la sociedad civil y lograr la retirada del citado material pedagógico de los colegios, ese activismo apunta a la privatización de prejuicios. Es de ese modo que se reproducen las condiciones estructurantes de las violencias hacia personas LGBT.

“En situaciones como ésta, dejan de operar categorías y principios liberales, caros al secularismo y a la laicidad, a partir de los cuales abordamos la relación entre religión y política. En las campañas contra la llamada “ideología de género”, las fronteras entre religión y política suelen hacerse indiscernibles. Por ello, es preciso construir otros horizontes y lenguajes de lucha política en materia de género y sexualidad”, puntualizó el antropólogo.

Políticas del conocimiento

La producción de conocimiento en torno a la categoría fue uno de los nodos en el que convergieron varias reflexiones del evento. Por un lado, se planteó el problema de la limitada circulación de las perspectivas de las ciencias sociales fuera de círculos eruditos compuestos por investigadores, activistas y gestores de políticas públicas –pese a la importancia que revisten en el respaldo social de iniciativas y debates legales y políticos en materia de género, sexualidad y derechos. Dichos sectores, no obstante, fueron interpelados de forma efectiva por los opositores a la ‘ideología de género’.

Por otro lado, se debatió en torno al uso de saberes científicos –particularmente el de la Psicología– para el combate contra los derechos de mujeres y personas LGBT. El antropólogo José Fernando Serrano señaló que el debate sobre ideología de género ha sido político no sólo en términos de su utilización electoral, sino también por el valor político del conocimiento. El investigador se refirió a la elaboración de evidencias, a partir de literatura científica, que cuestionan la conveniencia del reconocimiento de derechos de personas LGBT. Es la estrategia de Viviane Morales, senadora que tramita un proyecto de ley para, a través de referendo, derogar la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo en Colombia. Entre sus justificativas, Morales ha citado el trabajo del psiquiatra estadounidense Kyle Pruett sobre la importancia de la figura masculina en la crianza de los hijos, que supuestamente cuestionaría las adopciones homoparentales. Pruett, en entrevista, manifestó su “decepción” por ese uso de su trabajo. No obstante, lecturas como la de Morales han contribuido a darle un sustento a agendas conservadoras en términos de derechos.

“Estos usos son importantes para la discusión sobre ideología de género. ¿Qué conocimientos se producen y para qué? Ya no es suficiente señalar que estas personas no saben sobre el tema. Morales ha construido evidencia que sustenta un supuesto malestar en la familia homoparental o de personas solteras que adoptan”, afirmó el investigador. El debate evidenció cómo ciertos sectores sociales se han convertido en actores políticos especializados, que producen conocimiento y que también tienen una capacidad de representación política que canales democráticos tradicionales no han logrado –concluyó.

Serrano se refirió también a las tensiones suscitadas en torno a cuestiones de género y sexualidad en materia política en el proceso de paz. En escenarios de conflicto armado y transición democrática, los debates sobre género y sexualidad tienden a ocupar un papel bastante central, que los hace susceptibles a cambios y retrocesos. “Que estos temas hayan tenido tanta preponderancia en el debate no es casual. Tiene que ver con que la negociación de un nuevo pacto social, como lo es la transición política, es también la negociación de un nuevo pacto sexual. Este debate reveló que la sociedad puede, con dificultades, imaginarse un nuevo pacto social en términos de justicias transicionales, de un trámite no violento de los conflictos, de procesos de desarme; pero le cuesta mucho más trabajo imaginarse un nuevo acuerdo social más equitativo en términos de género y sexualidad. Puede haber procesos de cambio en un nivel, que no revelan cambios en el otro. De hecho, el cambio en un nivel puede revelar retrocesos y tensiones en el otro”, explicó.

Estas tensiones también aparecen entre áreas de conocimiento, argumentó Serrano, como los estudios sobre género, sexualidad y paz. “Esos tres campos tienen una cosa en común: su intención es tanto científica como normativa. No pretenden solo contar, evidenciar, mostrar. Tienen también la intención de transformar cosas. Por eso, el debate sobre qué tipo de transformaciones sociales se quiere hacer, y para qué, fue tan importante”.

La dimensión política de la producción, circulación y uso del conocimiento en materia de género y sexualidad también se evidencia en otros ámbitos, como el de los agentes estatales, en particular los profesionales de la salud –área atravesada por los derechos sexuales y reproductivos. El médico epidemiólogo Carlos Iván Pacheco señaló cómo la práctica médica, que para muchos profesionales de la salud está anclada en un conocimiento aparentemente neutro y en la evidencia que dicho conocimiento produce, emerge como una empresa moral cuando toca cuestiones relacionadas con los derechos sexuales y reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo.

A partir de investigaciones sobre embarazo adolescente realizadas en distintas regiones del país, en las que se trabajó tanto con médicas/os y enfermeras/os como con adolescentes usuarias/os de servicios de salud, Pacheco identificó un doble discurso. Al tocar cuestiones relacionadas con afecciones de la salud en adolescentes varones y mujeres, embarazo y abuso sexual, los profesionales de la salud enunciaban un discurso público que se caracterizaba por un tono liberal, de garantía de derechos sexuales y reproductivos, preocupado por la revictimización a la que son sometidas adolescentes víctimas de abuso sexual en la práctica médica. No obstante, en los consultorios salía a flote una matriz cultural conservadora en la que médicos abordaban con sus pacientes cuestiones relacionadas con el tipo de hombres que debían elegir como pareja, el momento adecuado para quedar embarazada, la importancia del matrimonio, preocupaciones por el desarrollo de una ‘sexualidad precoz’, etc. Asimismo, en el consultorio las relaciones entre médicos y pacientes suelen ser autoritarias. El investigador señaló que dicha matriz cultural se amplifica en coyunturas como la que vive el país, cuando discursos conservadores cobran gran visibilidad, pese a que los médicos que participaron en la investigación no se consideran personas religiosas o conservadoras en materia de sexualidad.

Ideologías y tecnologías de género

Además de la psicología, la psiquiatría y la medicina, el campo de las ciencias naturales se ha constituido en una fuente argumentativa de grupos que se articulan en contra de la ideología de género. Si bien en algunos casos manipulan argumentos científicos para legitimar sus agendas y descalificar la de sectores sociales progresistas, en otros se aprovecha el modo como dichos saberes reproducen modos hegemónicos de entender el sexo y la sexualidad. Es por ello que el evento de la Escuela de Estudios de Género buscó suscitar el diálogo entre distintos campos de conocimiento que, de distintas formas, participan en la elaboración y en el cuestionamiento de normas de género y sexualidad.

Marcela Camacho, médica y bióloga, cuestionó ciertas construcciones de la naturaleza que subyacen a dicho activismo, complejizando para ello el lugar del sexo en las ciencias de la vida y cuestionando la naturalización de construcciones culturales que acuden a ‘la naturaleza’ para sustentar órdenes sociales. A partir de un recorrido por los mecanismos de reproducción en distintos tipos de organismos, Camacho mostró cómo la sexualidad, en perspectiva biológica, dista de ser universalmente parental o sexual. Asimismo, señaló que los organismos en los que la reproducción es sexual y parental se observa una gran diversidad, en tanto la ‘decisión’ de reproducirse obedece a factores como condiciones ambientales apropiadas para hacerlo, entre otros.

Para la Biología, explicó Camacho, la sexualidad no constituye un orden fijo como se lo suele representar. La perspectiva varía según el nivel y escala en que se la mire; sea este genético, molecular, o a escala de todo un organismo. En el plano genético, menos del 1% de las células de un organismo multicelular como los seres humanos son sexuadas (óvulos o espermatozoides), por lo que, en términos biológicos, resulta problemático reducir todo un organismo a términos como macho o hembra.

La bióloga puso asimismo en entredicho el determinismo genético al que se ha apelado con frecuencia para justificar, en el mundo social, un modelo binario de sexo/género. Al respecto explicó que, si bien puede afirmarse que un organismo es producto de sus genes, es preciso considerar que los genes son moldeados por el ambiente en un sentido amplio, de modo que no se pueda afirmar de forma tajante qué es más determinante, si lo genético o lo ambiental, que en el caso de los seres humanos incluiría lo cultural. En este sentido, la idea de que la sexualidad, en términos naturales, se ancla en el cuerpo humano requiere ser revisada.

El ámbito científico y tecnológico dista de ser unificado en el modo como se construye el género y la sexualidad. Así como circulan discursos que cuestionan modos trascendentes de entender la naturaleza y lo social, también es un escenario en el que se refuerzan y reproducen vínculos para entender lo social de vuelta al orden natural. Claudia Rivera Amarillo, antropóloga, abordó la ideología de género en sus conexiones con tecnologías de sexo y género, para lo cual se remitió a los diversos mecanismos que han sido implementados para combatir el zika.

En el control de la epidemia se han desplegado dos tipos de estrategias, explicó la investigadora: unas con una historia de vieja data, como la cuarentena, la restricción o regulación de la circulación de personas en zonas con altas tasas de infección y la fumigación; y otras más recientes, que emergen en el campo interdisciplinario de la genómica, en particular la modificación genética de zancudos. Frente al segundo tipo de estrategias, científicos como Zach Adelman han celebrado la posibilidad de “ganar la guerra” contra enfermedades como la malaria y el zika mediante la extinción programada de una especie: el Aedes Aegypti. Se trata de detener la promesa biológica de los zancudos para que la nuestra prospere, señaló la investigadora.

En Colombia, la Universidad de Antioquia está realizando experimentos, con el apoyo de la Bill and Melinda Gates Foundation, para infectar el Aedes Aegypti con Wolbachia, una bacteria intracelular que se transmite por vía materna, que interviene en la determinación del sexo, “haciendo que los machos se conviertan en hembras, y las hembras terminen en algún lugar intermedio”, explicó Rivera. Por sus características, la Wolbachia ha sido nombrada como ‘asesina de machos’, ‘bicho transgénero’, ‘comedora de gónadas’, ‘hacedora de viudas’, bacteria misándrica’ y ‘bacteria feminista’.

“En ambas estrategias de guerra, viejas y nuevas, se despliegan tecnologías complejas de género en escalas, cuerpos y especies diferentes, que le apuntan con sus cuarentenas, sus equipos de fumigación, sus microscopios, y sus aparatos bucales picadores, a la propiedad fundamental de la sustancia de la vida: la capacidad de reproducirse a sí misma; de acumularse incesantemente, para controlar nuestra propia reproducción, nuestros futuros en embrión”, puntualizó.

En sitios web destinados a denunciar la ideología de género se ha señalado que sus ideólogas son aquellas que, no contentas con los cambios en las relaciones entre hombres y mujeres acaecidas en los últimos años, buscan ir más allá de la equidad para destruir la diferencia sexual y de género. En este sentido, afirmó Rivera, las feministas comparten, como lo han hecho en otras oportunidades, un campo semántico con otros actores, incluso no humanos, como la Wolbachia, en tanto estarían deshaciendo la diferencia sexual. “Los mecanismos narrativos se entretejen con la materialidad de las tecnologías, haciéndose indiferenciables. Por eso importan las tecnologías de género, las viejas como el parentesco y la sagrada familia, y las nuevas como las que menciono. En los laboratorios y en las cadenas de producción de la vida también se hacen y deshacen ideologías, dioses aparte”, concluyó.


Fuente: Clam