diciembre 10, 2016

“El cuerpo es un territorio que tenemos que reconquistar las mujeres”


Utilizar el arte como herramienta social y como campo de acción. Preguntar, desconcertar, lograr que la gente viva experiencias. Lanzar un proyecto sin saber dónde acabará. La artista visual Yolanda Domínguez (Madrid, 1977) incide en lo simbólico para mover, para transformar, para experimentar e interactuar. En el centro de su obra está el cuerpo femenino, que utiliza como un lienzo para exponerse y dejar que pasen cosas.

En sus proyectos colectivos vemos cuerpos que se performan para denunciar cómo los medios y la publicidad abusan de los cuerpos femeninos inertes, objetualizados, pensados y expuestos para la mirada masculina. Yolanda Domínguez propone subvertir, hacer la contra a través del lenguaje de aquello que denuncia, con humor y con ironía. Apela a las mujeres a tomar las riendas de la representación, a generar un imaginario más diverso, más equilibrado, en el que demostremos que no solo somos cuerpo, sino mucho más.

Viendo su obra, da la sensación de que acude a las técnicas de la cultura popular. ¿Cree que funciona? ¿Por qué lo hace? 

Creo que desde el feminismo también tenemos que hacer ese esfuerzo de utilizar lenguajes para llegar a las personas a las que queremos hacer ver lo que nosotras ya vemos. Si yo critico los mass mediacreo que tengo que utilizar su mismo lenguaje y además aparecer en ellos. Mucha gente no lo entiende. Por ejemplo, me hacen una entrevista para Yo Dona, o para una revista de mujeres en la que salimos hipermaquilladas, vestidas, retocadas… Para mí es una manera de poder lanzar un mensaje desde ese medio, ofrecer una voz diferente, por eso creo que es importante estar ahí. Considero que hay que pensar en las fórmulas para llegar a la gente joven, a las personas que no van a una galería, a quienes no van a un congreso de feminismo, a la gente que escucha la palabra feminismo y mira para otro lado.

¿Tiene para usted la misma importancia el proceso que el resultado? 

Es que nunca sé lo que va a pasar. No tengo ningún tipo de control sobre el resultado de mis proyectos. Hay veces que pongo en marcha iniciativas, como la de la camiseta de los Sanfermines (con el lema No tocar, no matar, no violar. Este cuerpo es mío y de nadie más), que era una iniciativa personal y no me planteaba que nadie pudiera querer la camiseta. El proceso también es importantísimo, porque es el que generan las personas, y en él aprendo muchas cosas. Para mí también es una manera de ver qué pasa, de conocer gente, de sorprenderme. 

Plantea la importancia de la obra colectiva, que trasciende de lo que es su propuesta 

Sí, me interesa y me emociona mucho la creación y la experiencia colectiva. Y respeto a quienes cuentan con proceso creativo más íntimo, y disfrutan en una sala, en estar en silencio y con un foco. Pero a mí no me emociona esa propuesta. Y desde que empecé a hacer cosas en el espacio público y vi que eso era un proceso abierto, que podía tener muchos finales diferentes, que la gente hiciera suyos, me pareció muy emocionante. Que algo mío cambie, mute, y que en manos de otra persona que también es creativa, y que también tiene talento, genere otra cosa diferente. Creo que el momento que estamos viviendo favorece mucho que ocurran esas cosas. Vemos una noticia y ya no nos conformamos con leerla, sino que además generamos nuestra propia opinión o nuestra versión, o generamos unmeme. Es esa energía que hay ahí la que me parece muy interesante.

El cuerpo femenino es un eje fundamental de su obra. ¿Tiene algo que ver con Femen? ¿Se identifica con esta expresión política?

El cuerpo es un territorio que las mujeres tenemos que reconquistar, porque siempre ha pertenecido a otros menos a nosotras. Es un cuerpo construido por y para los demás, por la mirada masculina, que tiene mucha relación con el imaginario de la mujer que ha sido construido por hombres a través de la historia del arte. Los trabajos de las primeras artistas feministas de los 70 reivindican el uso del cuerpo de la mujer para cosas que no tienen nada que ver con el cuerpo para seducir a los demás o el cuerpo dedicado a la maternidad. Creo que esa es precisamente la estrategia que sigue Femen. Ellas utilizan el desnudo pero para lanzar un mensaje completamente diferente. Es un desnudo subversivo, combativo, y me parece totalmente lícita su estrategia. Cada una utilizamos tácticas distintas, yo utilizo los mass media para lanzar un mensaje diferente y ellas usan este soporte utilizado por hombres durante muchos años para lanzar su propio mensaje. Y en ese sentido las apoyo totalmente.

Para luchar contra el anteproyecto de ley del aborto de Gallardón, acudió al Registro Mercantil para solicitar la titularidad sobre un bien muy particular: el cuerpo. 

Esta iniciativa trataba, de una manera irónica, de devolver lo que nos han dado. El mensaje era: ya que nos tratáis como un objeto sobre el que deciden otros, voy a ir solicitar que soy un objeto de mi propiedad, yo decido sobre mí misma. Obviamente, lo que esperábamos es que nos dijeran que no, y así fue. Cada registrador nos contestaba de una manera diferente, pero el mensaje era que con el cuerpo de la mujer no se puede comerciar, lo cual es irónico, porque constantemente se comercia con el cuerpo de las mujeres, y mucho más ahora con el tema de la gestación subrogada, que nos convierte otra vez en un objeto. Para mí esta fue una de las acciones más emocionantes que he hecho porque no esperaba tantísima participación. Los grupos de mujeres se autogestionaban, yo al final me enteraba de lo que pasaba por las noticias y realmente fue una acción que trascendió a lo artístico y fue asumida por lo social. 

También el proyecto I´m not just a body buscó el impacto y la ironía para hablar de la objetualización del cuerpo. Una suerte de subvertising o contrapublicidad

Este proyecto conecta con la filosofía de Femen. Voy a utilizar mi cuerpo como soporte publicitario para lanzar ese mensaje de que no soy solo un cuerpo. Cuando doy alguna conferencia o un taller me preguntan reiteradamente si las mujeres no somos cuerpos. No es ese el mensaje: sí somos cuerpos pero no solo somos cuerpos. Somos otras muchas cosas: personalidad, profesión, intelecto y muchas cosas más. Y estas otras dimensiones nunca aparecen representadas en los medios. La única parte que se representa de las mujeres en los medios o la mayoritaria es el cuerpo. Eso es lo que yo reclamaba, y utilicé el soporte publicitario del cuerpo para lanzar ese contramensaje. 

Ha querido visibilizar la violencia de la mirada que se ejerce en la publicidad. ¿No es ingenuo pensar que los anunciantes querrán o podrán cambiar su perspectiva? 


Yo creo que los anunciantes están pendientes de lo que quieren las personas y los que tenemos la sartén por el mango somos los consumidores. Creo que en el momento que estamos viviendo ahora donde tenemos acceso a redes y una voz con la que nos podemos expresar, ellos están pendientes de lo que nosotros decimos, de lo que queremos. No es nada ingenuo. De hecho, ya está teniendo resultados. Cuando lancé el proyecto para denunciar la publicidad de Multiópticas Accesibles y accesorias, este se acabó retirando, se cambió de agencia y el anuncio que han hecho ahora es totalmente diferente. Entonces, es obvio que los que tenemos que manifestarnos y hacer cosas somos nosotros, tenemos que creernos que tenemos ese poder. Estoy segura de que cuando hicimos lo de Multiópticas hubo muchas marcas que tomaron nota.

Niños versus moda muestra a niños y niñas de 8 años que describen campañas de moda. ¿Por qué las marcas apoyan mensajes basados en estereotipos? 

La violencia, el sexo, el poder, son estrategias muy utilizadas por el marketing y la publicidad. Hay un incremento de la violencia cada vez mayor en las imágenes que consumimos de la publicidad y de la moda y el gran problema es que nos empieza a pasar desapercibida. Debemos, ante ello, por supuesto denunciarlo, quejarnos. Manifestarnos al respecto y también que haya mujeres que empiecen a representarse a sí mismas de una manera diferente. La imagen es poder y quien genera la imagen tiene el poder de hacer visible algo, de hacer invisible aquello que no representa, y de atribuir determinadas características a lo representado. Cuando las mujeres tengamos este poder igual la cosa empieza a cambiar. Es el momento de que las mujeres dejemos de ser musas y dejemos de ser la parte pasiva de la representación, y empecemos a ser activas y a generar un imaginario más diverso, más equilibrado, que tenga diversidad de voces. 

En Esclavas diseña prendas que exhiben el cuerpo femenino a través del burka. ¿Son las mujeres que se cubren con él igual de esclavas que las que llevan un bikini? 


Sí, considero que son esclavitudes diferentes, pero no dejan de serlo a la mirada masculina. Una para exhibirse, otras para ocultarse, son como dos caras de la misma moneda. Aunque son diferentes grados y cada una lo vive de una manera muy personal. No puedo hablar por las personas que llevan burkini porque yo no lo he vivido, pero puedo hablar de mis esclavitudes como mujer occidental de llevar unos tacones de diez centímetros, pues es bastante doloroso y perjudicial para la salud y aun así yo los he llevado. 

Otra de sus intervenciones, relacionada con el mundo de la moda, es Poses. Una crítica a las mujeres enfermizas, sumisas, extremadamente delgadas de los anuncios. 

Me llamó la atención que muchos medios y revistas que se dedican a la moda lo publicaran. Yo les preguntaba por qué, y me decían que eran conscientes de esa realidad, pero les pagaban marcas y no podían trabajar contra quienes les financiaban. Pero si lo hacía una artista, le podían dar esa voz y alojar ese discurso. De hecho, el vídeo de Poses estuvo varias semanas en el ranking de los 10 vídeos de moda del mundo, donde mi crítica estaba conviviendo con los vídeos de las marcas a las que yo estaba criticando, y eso es muy interesante. 

Ha entrevistado a la directora de cine porno Erika Lust. ¿Hay una representación contrahegemónica por el hecho de que, como ella dice, haya mujeres detrás de la cámara grabando porno? 

Sí, pero no solamente porque la mujer esté detrás de la cámara la representación será diferente. Esa directora debe ser una mujer reflexiva, capaz de no contar las cosas desde la mirada aprendida, que es una mirada masculina.

¿Qué opinión le merece el feminismo de Beyoncé? 

Muchas veces el feminismo también es utilizado como marketing, porque parece que ahora está de moda. Y creo que Beyoncé tiene cosas acertadas y otras que me gustan menos. Dentro de que ayude a que el feminismo sea algo que no tenga tanto tabú o que no sea tan castigado o que se normalice, ahora hay que revisar qué feminismo está proponiendo. Porque al final sigue siendo la mujer valorada por el cuerpo, por ser explosiva, por ser deseada. 

¿Hasta qué punto es importante la viralidad de los proyectos artísticos como los que usted concibe? 

El hecho de que algo se haga viral o no es algo que yo no controle. Sucede o no sucede y eso lo deciden las personas a las que les interesa el proyecto. Pero es algo que no decides tú. Obviamente, como artista mi objetivo es que el proyecto llegue al mayor número de personas, pero no creo que se deba medir la calidad de un proyecto en el baremo de la viralidad. 

¿Qué papel cumple la tecnología en su obra? ¿Se considera ciberfeminista?

Por supuesto. Las redes son mi herramienta fundamental. De todas las cosas que me pasan, te diría que nueve de cada diez suceden por estar en las redes, en Internet. Me comunico con las personas a través de las redes sociales cuando lanzo campañas, recibo todos los días dos o tres mensajes de personas que me proponen temas o que me mandan contenidos de anuncios. Para mí, es el medio.

Fuente: Ctxt

Sobre la autora: Diana Fernández Romero Periodista, docente universitaria e investigadora. Su tesis doctoral es Premio Extraordinario por la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Autora de textos que abordan la comunicación, el género, la violencia machista o el ciberfeminismo.