diciembre 09, 2016

"El silencio nunca nos protegerá"


“He llegado a creer una y otra vez que aquello que es lo más importante para mí hay que decirlo, hablarlo y compartirlo, incluso a riesgo de sentirnos lastimadas o malinterpretadas.” Aude Lorde.

Durante mis estudios en Ciencia Política, aprendí sobre el poder del discurso, de las palabras excluidas e identidades oprimidas. Todo, a través de diferentes teóricos y pensadores como Laclau y Foucault. Puedo decir que estos académicos me identificaron profundamente y contribuyeron a que entendiera realidades que desde mi adolescencia, siempre me han parecido injustas y me inquietaban profundamente.

A través de explicaciones teóricas, encontré la respuesta a la rabia que surgía en mi cuando me exponía a situaciones injustas y opresivas, tanto desde la acción como desde el discurso. Comprendí que los discursos, a través del lenguaje, crean realidades y que por sobre todo, siempre dominan y oprimen los espacios y a las personas. Por una parte, esto me ayudó a entender los momentos de incomodidad que me habían inquietado desde corta edad.

Por ejemplo, pude identificar las vías a través de las cuales se manifiestan el dominante discurso machista y violento, arraigado a nuestra cultura, como la publicidad. Recientemente, ví en una micro, un comercial de la marca de hamburguesas King que decía “Todo King tiene su Reina” y aparecía una mujer sirviendo una hamburguesa.

Por otra parte, entender el porqué de mi rabia no me trajo claridades sobre qué hacer cuando uno se exponía a estos discursos. La publicidad sexista es solo un ejemplo, pero también están las conversaciones con personas, en distintos espacios. Día a día, me expongo al mundo de oprimidos y opresores que se extrapola en cada situación, cada momento. Se hacen presentes en conversaciones, celebraciones, clases, comerciales publicitarios, etc.

En el caso del aviso de “todo King tiene su reina”, cuando le manifesté a algunas personas sobre mi rabia con el mismo, me respondieron “no veo que haya un problema”, “es que tú hilas muy fino”, o “…pero tampoco es tan grave”, “no es el momento”, entre los más sutiles. Lo más increíble es que desde que estoy consciente de esta realidad, hablo cuando algo me indigna y casi siempre, obtengo las mismas respuestas. A pesar de esto, lo sigo haciendo. Por ochenteava vez, me vi explicándole a cada una de esas personas, sobre por qué el mensaje era violento. Sus mensajes nuevamente, los mismos: “eres muy grave” o “para qué lo pasas mal criticando ese tipo de cosas, hay temas más importantes por los que preocuparse”. Bueno, respuesta para esa persona es que ¡no lo paso mal! Lo pasaría peor si me quedara callada, porque no es mi naturaleza silenciarme, ni la de nadie.

No fue hasta hace muy poco que conversaba con una de mis buenas amigas que también es feminista cuando hablamos sobre este silencio y Aude Lorde, teórica y poetisa que se refiere al mismo con su famosa expresión “tu silencio no te protege”.

Formar mi identidad en base al hablar y no al silenciar me ha traído resultados mixtos. Por una parte, he aprendido a rodearme de personas con ideales y pensamientos similares a los míos, porque me permiten ser yo misma de manera libre. En esas personas descanso, nos reímos y gozamos, porque como bien dijo una autora feminista, “no hay revolución si no podemos bailar”. Por otra parte, sería irreal y optimista decir que ha sido fácil exponerse a comentarios como el repetitivo “eres muy grave”, el “por qué no te callas?”, miradas irónicas o burlescas que, aunque brotan desde el desconocimiento o ignorancia y el silencio, agreden. Mi respuesta siempre es que tampoco es el momento para estar expuesta a discursos violentos y machistas (aunque yo sepa que estoy ante una persona que difícilmente cambiará su percepción sobre la situación y sobre mi). Por eso hablo, aunque moleste, porque el silencio me expone aún más que el hablar. El silencio me incomoda, me duele y me quiebra, aún más que el acto seguido a sentirme lastimada o mal interpretada. El silencio nunca nos protegerá.



Denise Lama Feliú 
denise.lama@gmail.com
Página web: www.dollversity.com
La Ciudad de las Diosas