diciembre 16, 2016

La Chale, cerquita del corazón




A Chalena le brotaban las canciones, eran gritos de alegría, de rebeldía, de tristeza a veces, de rabia contenida contra tanta injusticia, sus letras dejaban entrever el dolor y siempre la pasión con que lo vivía todo, nunca con medias tintas, ni con doble rasero.

“Hoy tengo que partir, tú ya lo sabes / de la calma agridulce que me ofreces / no soy lago solaz, soy puro río / prefiero odiar o amar a pleno grito.” Así amaba la Chale lo que hacía, a quienes la rodeaban, amaba la vida plenamente, incluso en los tiempos despiadados, en “tiempos violentos en los que una canción apacible, por peligrosa, se vuelve clandestina”. Pero, aunque a veces una sombra atravesaba sus grandes y hermosos ojos y le ganaba el pesimismo, fue sobre todo una mujer optimista, con una gran fe en las posibilidades de la humanidad, con una firme convicción de que había que seguir empecinadamente en la búsqueda de otros mundos posibles, más justos, más humanos, más libres. Había que seguir buscando, decía, pese a todas las represiones que viven quienes buscan la libertad.

“Quieren tus pasos cortar / por miedo a la libertad / como atajar al gran río, o el tiempo esté detenido / palomitay, como atajar al gran río”, escribió en su tondero No se va a poder, como no pudieron callarla, comprarla, cambiarla, ni siquiera en los momentos más difíciles cuando no salía ni una sola chamba y las que le ofrecían no las aceptaba porque algo había que hubiera entrado en contradicción con lo que ella creía, con lo que pensaba, con lo que soñaba.

Además de estar llena de música, Chalena estaba llena de sueños, de ideas, de planes, no paraba nunca de pensar en algo nuevo, creativo, loco, distinto, que en ocasiones sonaba a imposible, sin transar nunca con el statu quo, con la comodidad que puede deparar la fama, el reconocimiento, el halago fácil. “No puedo esperar más así callada / quiero participar en la alborada / qué podemos perder si al fin y al cabo / tenemos el futuro en nuestras manos”.

Investigadora incansable, maestra, madre, amiga, generosa siempre, especialmente con la juventud, con todo aquel o aquella que quisiera un poco de su tiempo, para hablar de la música, de las danzas, del país, de tanta injusticia que le dolía siempre. Pese a su gran aporte al conocimiento del país, de lo que se baila y por qué se baila, de cómo sonaban los lugares y las personas y, pese a que todo el mundo vinculado a la música, aquí y allá, allá y acá reconocía a Chalena y lo mucho que significa su trabajo, a ella los reconocimientos la tenían sin cuidado. Así se lo dijo a un periodista el año pasado en una entrevista que no publicaron porque “no hubo oportunidad de publicar hasta ahora”, dice el entrevistador, como si la muerte de una persona como Chale fuera la mejor oportunidad para profundizar en su conocimiento y no su vida.

“Qué tanto los reconocimientos y medallas son las que enfatizan o fortalecen las mismas estructuras y dinámicas que se están dando, que no son de las más justas. Uno recibe con cariño y gratitud el reconocimiento de las personas, es verdad. Un aplauso sincero, o cuando te dicen, ‘mira Chale, esa canción la estamos bailando con los niños en tal escuela’. Esa manera es bonita.

Recibió en 1979 el premio de musicología Casa de las Américas por su trabajo La práctica musical de la población negra en el Perú: Danza de Negritos de El Carmen, que fue publicado en Cuba en 1982. Asimismo, entre sus obras publicadas están Chayraq! Carnaval Ayacuchano yRanulfo, el Hombre, que realizó en coautoría con el antropólogo Abilio Vergara Figueroa. Pero son muchas más las obras por publicar. Entre ellas está un texto sobre las danzas de Paucartambo, la gran fiesta de la Mamacha Carmen, a la que acudió muchas veces para conocerla con profundidad y detalle, y que intentamos plasmar en el video “Con su alma india pero”, título que ella propuso porque sostenía que en la matriz de muchas de las danzas, en el alma de la fiesta de la Mamacha estaba lo indígena. “La música en la obra de Arguedas”, la traducción de “Los procesos de producción artística” y una serie de artículos de investigación nos deja y ojalá puedan publicarse para que más personas músicas y no músicas conozcan su legado.

Kamilo y Qalín, sus hijos, músicos también, se quedan con la encomienda, orgullosos de una madre que les cantaba y componía canciones desde el vientre, canciones que los acompañarán en su camino siempre, como su canción de cuna:

Duérmase mi niño, mi amor mi ternura

no tenga temores, tenga mi cariño

y si acaso un día le falta el aliento

le faltan las fuerzas, lo derriba el viento

vuelva la mirada encuentre el secreto

del más dulce sueño, que su sentimiento

Cántale a la vida, amor y misterio,

encuentre el secreto en su propio pecho.


Canciones que son caminos, lecciones de profundo amor, canciones que también acompañaron y seguirán acompañando a nuestros hijos y nietos. Las canciones de la Chale tenían también la magia de levantarnos en momentos de guerras, de desesperanzas, de arrebatarle a la violencia y el miedo el poder que podría ir adquiriendo sobre nuestras vidas. Una de ellas es “Canción clandestina”, que, según nos cuenta Chale, “alude a la frontera con el Ecuador, poco antes de la última guerra, la canción clandestina lejos del alcance de los tiranos, vive a pesar de los otoños y la hojarasca”. Una canción como el fuego / que en el hogar encendí / una canción clandestina /de algarrobo y capulí / he cultivado en mi huerto / una canción para ti.

Durante dos días, un sinnúmero de trabajadores y trabajadoras de arte, con sus diversos instrumentos fueron a rendirle homenaje a la maestra, a la amiga, a la hermana que danzando se nos adelantó en el camino. Los sonidos de quenas, bombos, violines, charangos, pututos llenaron la sala Mochica del Ministerio de Cultura, acompañados de danzas, décimas, canciones de sus alumnos y alumnas que así se despedían, haciendo testimonio de una vida que nos enriqueció a todos y todas quienes tuvimos la oportunidad de cruzarnos en su camino, que nos tocó de una forma u otra, como dice su hijo Kamilo, que nos llenó de fuerza y alegría en algún momento de nuestras vidas.

Una de las artistas cantó a capela una canción que no solo nos estremeció por la belleza de la voz, sino porque reflejaba tan bien la fortaleza de Chale, su insolencia, su mirar la vida de frente y su sacada de lengua a todo aquello que ocasiona tanta injusticia y se roba los sueños de tantas personas.

Avisa que sigo viva a todos mis enemigos

que el disgusto mata sin pegar un tiro

Nunca dirán de nosotros

que somos un árbol caído.

Así es, estamos avisando que sigues viva, estás aquí con nosotras, en cada acción que hagamos buscando otro mundo posible, en donde reine el pan y la belleza. Sigues viva en el legado que nos dejas, en tus canciones, tu trabajo. Sigues viva aquí cerquita del corazón, hermana mía, libre, sin jaulas que te encierren, cantando y volando con las bandadas de chilalos por tu Sullana querida, por tu país amado, por la Patria grande que es el mundo. Y mientras tanto, aquí compañera, empecinadamente seguiremos siendo.

Por Rosa Montalvo Reinoso