diciembre 26, 2016

Nareen Shammo: el brazo y la voz de las mujeres yazidíes esclavizadas por el Daesh

Nareen Shammo. /Foto: Aitana G. Cantos

Las mujeres yazidís están siendo esclavizadas, perseguidas y maltratadas por el Daesh. La activista iraquí Nareen Shammo intenta ayudar a muchas de sus vecinas a escapar mientras recorre instituciones internacionales pidiendo ayuda para su pueblo. El reciente Premio Sajarov a Nadia Murad Basi y Lamiya Aji Bashar muestra la lucha de estas mujeres para cambiar su destino.

Al pueblo yazidí se le atribuyen algunos rasgos físicos: pelo rubio, tez clara y ojos azules. Pero muchas personas yazidíes no son así; Nareen no lo es. Tiene el pelo oscuro, la piel cetrina y los ojos marrones. Su mirada se mantiene firme aunque confiesa sentirse “un poco cansada”. Llega de Barcelona y la próxima parada es Valencia. En su recorrido por diferentes ciudades europeas como activista internacional, defiende los derechos de las mujeres y niñas que son esclavas sexuales del Daesh y denuncia el genocidio que sufre el pueblo yazidí.

Nareen Shammo tenía 28 años y trabajaba como periodista de investigación en una televisión local iraquí cuando su vida dio un giro de 180 grados. El 3 de agosto de 2014 el Daesh atacó la ciudad de Sinjar, en el noroeste de Irak. 5000 personas fueron asesinadas. Doce días después, el 15 de agosto, la masacre en Koljo se cobró otras 712 vidas. Más de 7000 mujeres, niñas y niños de la comunidad yazidí fueron secuestrados durante ese mes, según datos de la ONU. En aquellos días Shammo abandonó la redacción para convertirse en un altavoz de la barbarie que sufre su pueblo.

La comunidad yazidí es una minoría étnico-religiosa con más de 6.000 años de historia que se asienta en su mayor parte en la provincia de Nínive, al noroeste de Irak, pero también en zonas de Siria, Turquía, Irán o Armenia. Su religión incorpora elementos del islam, el cristianismo y el zoroastrismo, y venera a Melek Taus, uno de los siete ángeles que dios dispuso sobre la Tierra y que se representa como un pavo real. “Los miembros del Daesh piensan que somos infieles porque seguimos a este dios que ellos consideran el diablo”, cuenta la periodista. En octubre de 2014 el grupo terrorista publicó en su revista Dabiq un artículo sobre el pueblo yazidí -‘El resurgimiento de la esclavitud antes de la hora’- en el que se justifica el cautiverio de mujeres y jóvenes así como la venta de las mismas.

“La venta de mujeres (…) ahora se ha convertido en un negocio en el que se pueden pagar de 5000 a 15000 dólares”

Cuando capturan a las mujeres las separan en tres grupos: mujeres jóvenes vírgenes, mujeres jóvenes y madres de una o dos criaturas, y mujeres mayores. Shammo explica que a las mayores las matan la mayoría de veces, “incluso las entierran vivas”, y a las jóvenes las venden como esclavas sexuales. “La venta al principio podía ser por poco dinero, el precio oscilaba entre unos cinco y cien dólares, en cambio, ahora se ha convertido en un negocio en el que se pueden pagar de 5000 a 15000 dólares”, alerta la activista.

Madre yazidí muestra el carné de indentidad de su hija, capturada por el Daesh. /Foto de ©Alfred Yaghobzadeh, extraída web Parlamento Europeo

Sin comunicación

A finales de 2014 la liberación de las mujeres era más sencilla. La BBC grabó ‘Esclavas del Califato’, un documental protagonizado por la propia Nareen Shammo en el que se mostraba cómo contactaba con mujeres secuestradas a través de teléfonos móviles. Hablaban, le contaban los abusos a los que estaban sometidas, e intentaban buscar la forma de huir. Sin embargo, Shammo, que desde hace poco vive en Alemania, recuerda que todo ha cambiado en los últimos años: “El Daesh ha distribuido a todas las personas capturadas y hemos perdido el contacto”. Aun así, decenas de activistas trabajan para lograr que las mujeres yazidíes recuperen su libertad. “Hace unas semanas liberaron a seis niños y cuatro chicas”, apunta.

Una vez liberadas, cuando se logra, las mujeres enfrentan otros obstáculos. “Cuando vuelven están rotas psicológicamente porque no sólo han sufrido violaciones y han sido vendidas, sino que también han presenciado cómo asesinaron a sus familiares y cómo les arrebataron a sus hijos”, expresa. La periodista conoce la historia de decenas de mujeres que han escapado, narra sus experiencias y, a medida que avanza su relato, las pausas entre las palabras aumentan.

A Ajlan la secuestraron con 15 años, fue vendida cuatro veces y ahora vive con su tío. Warda, de 28 años, consiguió huir con sus dos hijos y vive en un campo de personas refugiadas. Noura, de 39 años, tenía seis hijos y estaba embaraza de seis meses cuando cayó en manos del Daesh; la recluyeron en un túnel subterráneo durante seis meses, se llevaron a su hijo de siete años, Abdel, a un campo de entrenamiento y vendieron a su hija de nueve. Shammo no puede evitar emocionarse: “Noura me contaba que nunca podrá olvidar cómo su hija le cogía la mano cuando querían llevársela. La mano le sangraba y semanas después aún le dolía”.

“Después de lo que han pasado, hacen todo lo que pueden para cambiar su destino y volver a ser ellas mismas porque son conscientes de que han escapado ellas solas de la esclavitud”

La activista denuncia que después de ser víctimas de la barbarie no reciben ningún tipo apoyo y que sólo algunas oenegés realizan pequeñas labores, “insuficientes”. Necesitan ayuda humanitaria: comida, ropa, lugares de acogida y un buen trato; pero también, asistencia médica para las enfermas y profesionales especializados en tratar los traumas que han sufrido: “Noura aún tiene dolores de cabeza y de espalda muy fuertes de proteger a sus hijos cuando intentaban arrebatárselos”. A pesar de ello, Nareen Shammo asegura sentirse conmovida por la fortaleza de estas mujeres: “Después de lo que han pasado, hacen todo lo que pueden para cambiar su destino y volver a ser ellas mismas porque son conscientes de que han escapado ellas solas de la esclavitud”.

Premio Sajarov

Nadia Murad Basi y Lamiya Aji Bashar constituyen ese ejemplo de resiliencia. El Daesh secuestró a estas dos mujeres yazidíes, que lograron escapar y que se han convertido en activistas internacionales. El Parlamento Europeo las ha reconocido recientemente con el Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia en 2016 y Nareen Shammo, que las conoce, se enorgullece al hablar de ellas. “Acompañé a Nadia en su intervención en la ONU en 2015”, recuerda mientras muestra en su móvil, con satisfacción, un vídeo del discurso. Ambas sufrieron torturas, violaciones y palizas.

Lamiya Aji Bashar Nadia Murad (al fondo) reciben el Premio Sájarov. /Foto: Parlamento Europeo

Conteniendo la emoción, relata, cómo cuatro meses después de su huida, los hombros de Nadia aún tienen marcas de las quemaduras de cigarrillos. Lamiya perdió un ojo y su cara quedó destrozada cuando estalló una bomba. “Gracias al premio, el caso ha ganado repercusión mediática, pero es necesaria la intervención de los Gobiernos”, reclama.

La Comisión Especial de la ONU encargada de investigar las atrocidades perpetradas por el Daesh en Siria emitió el pasado junio el informe `Llegaron para destruir: Los crímenes del ISIS contra los yazidíes’. En el texto, acusaba al grupo terrorista de cometer un genocidio contra la comunidad yazidí. Según declaró el presidente de la Comisión, Paulo Sérgio Pinheiro, las mujeres y niñas son objeto de “servidumbre sexual, esclavitud, violaciones brutales, palizas y además disponen de un acceso restringido a la alimentación, el agua y la atención médica”. La Comisión ha instado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a que el caso se refiera al Tribunal Penal Internacional (TPI) o que se forme un tribunal ad hoc. Por su parte, la fiscalía del TPI argumenta no tener jurisdicción sobre los fundadores del Daesh, ya que la mayoría son sirios o iraquíes, países no miembros del Tribunal.

Un pueblo perseguido

No es la primera vez que el pueblo yazidí sufre persecuciones. El Imperio Otomano presionó a esta comunidad en repetidas ocasiones entre los siglos XVI y XIX, y tras la caída de Sadam Hussein ha sido víctima de ataques reiterados. “Estamos asistiendo al 74 genocidio de mi pueblo. En el siglo XVIII éramos tres millones, y actualmente somos un millón de personas aproximadamente”, alerta la activista. Por ello, considera que la comunidad internacional los ha “olvidado totalmente”.

Durante dos años ha viajado por Europa y por todo el mundo, Nareen Shammo se ha reunido con políticos y ha asistido a reuniones para reclamar a las instituciones que respondan ante el genocidio de su pueblo. Enumera las demandas: liberar a las 3.700 personas que siguen capturadas por el Daesh; exigir responsabilidades a los Gobiernos de Irak y al Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) que no les protegieron durante los ataques de 2014; por último, los criminales deben ser llevados ante la justicia.

La activista yazidí se muestra indignada porque “la única respuesta recibida ha sido el silencio”. Pero no desfallece. Dos años después de grabar el documental con la televisión británica, Shammo continúa esperanzada e intenta transmitir esa energía a las mujeres yazidíes, a sus familiares y a su comunidad. Una tarea que se antoja difícil, pues “muchos de ellos se sienten abandonados”. Añora el periodismo, confiesa, una profesión que ama, pero su futuro inmediato está en “luchar todo lo que pueda para que mejore la situación de estas personas y para que los criminales paguen”.

Fuente:Pikara