diciembre 11, 2016

No nos salven nada



Paula Cancela explora desde lo perfomático el imaginario de las princesas de Disney y toda la maquinaria ideológica que se pone en marcha desde los cuentos infantiles. Con la premisa de que preferimos ser atónomas y hablar de aborto a tener lindos vestidos, sus Manifiestos exploran el encorsatamieno del lenguaje y las ideas que ayudaron a construir tan sólidamente el andamiaje patriarcal.

Buenas noches, yo soy el príncipe azul y vengo a salvarlas”, decía la voz en off masculina de Ensayo sobre el temor que me da ser una princesa - Manifiesto III, el proyecto performático que Paula Cancela empezó a escribir a partir de las contradicciones que le genera “toda esa información inscripta en mi cuerpo”. Un relato que dialoga con las ficciones sobre el imaginario de las princesas y va mutando a medida que Paula avanza con la investigación. “Lo voy haciendo por manifiestos”, subraya. Y en ese devenir entre biografía e intereses, se apropia de los cuentos de princesas de Disney en los cuales ser rescatada por un varón y ofrecer belleza continúa siendo el leit motiv. En los cuatro manifiestos propone interrupciones para deconstruir performáticamente el lugar que se les atribuye a las mujeres en esas historias, analizar los estereotipos que se reproducen y que insisten en que “para ser felices hay que casarse con un príncipe”. El Teatro Margarita Xirgu resultó ser el castillo perfecto para que los personajes abran juego y Paula tire sus cartas. En charla con Las 12, la directora cuenta cómo y por qué sigue adelante con este “universo mandálico del mundo princesas, que parece ser infinito”.

¿De qué modos surge esta catarata creativa que inventaste alrededor de las princesas?

–Ensayo sobre el temor… apareció como un vómito. Yo siento que es un devenir de todas las circunstancias de mi vida, de mi crecimiento y de las cosas que me fueron pasando. Soy una de las tantas generaciones que en la infancia fue adoctrinada por Disney. Hay cosas que me encantan pero también me generan mucha contradicción. Toda esa bajada de información está inscripta en mi cuerpo, por ejemplo mi papá todavía me dice ‘princesa’. Me metí de lleno en el universo, empecé a investigar: ¿Quiénes escribieron esos relatos? ¿En qué contexto? ¿Qué princesas excluyen? Todos los cuentos son completamente heteronormativos y androcéntricos, hay una cuestión súper machista y patriarcal. El único poder que tiene la mujer es la belleza, ninguna trabaja y es independiente. Las malas, generalmente, son feas y viudas. Y las princesas son las mismas desde 1938, año en que se estrenó la película de Blancanieves. Mulán puede ser la primera princesa “feminista” pero se tiene que vestir de hombre para poder hacerse respetar, como mujer no puede.

¿Con qué personajes trabajaste en el Manifiesto III?

–La Sirenita, Blancanieves, Aurora, Cenicienta, Bella, Mulán, Úrsula y dos príncipes azules: uno pelado con panza que se niega a rescatar princesas y se muestra como una víctima de ese sistema al que no quiere pertenecer. Y otro con mucho pelo y ojos claros, que viene a competir y desestabilizar al pelado, termina ocasionando discusiones entre las princesas hasta que Mulán, en un ataque de histeria, rompe con su sable el castillo y las libera a todas. Las princesas se sacan los vestidos y se van, sabiendo que otras ocuparán su lugar.

Antes de llegar hasta aquí, hubo un primer y un segundo manifiesto. En el Manifiesto I, Paula trabajó con los cuentos originales de los hermanos Grimm y Christian Andersen donde por ejemplo, La Sirenita se suicida para no matar al príncipe y romper el hechizo. “Lo que hace Disney es dulcificar las historias, pero los cuentos originales son tremendos. La Sirenita se suicida por amor. Cuando toma la poción para tener piernas, se muere del dolor”. La serie de performances del Manifiesto I se musicalizaron con las inspiraciones súper creativas de Paula Maffía, Mariana Päraway, Maca Mona Mu, Loli Molina y Susy Shock. La pregunta del comienzo disparaba: ‘¿Qué es ser una princesa?’ Bimbo Godoy, que forma parte del elenco desde los orígenes del proyecto decía: “Ser una princesa es nunca poder decir lo que pensás realmente sobre la despenalización del aborto, la regularización del cannabis, o las cosas que te gustan. Probablemente nunca sepas qué es ‘correr la coneja’ o vivir en la realidad. Debe ser un bajón. Pero tenés ropa re linda y te peinan”. Paula agrega: “Es un lugar muy hostil y desde ahí también se construyen las sociedades. Creo que se pueden cambiar los paradigmas sin extirpar a las princesas. Tenemos que educar a los niñxs para que conozcan todas las posibilidades, sin caer en lugares sexistas. Mi manera de mostrar las realidades que vivo es poniéndolas en escena. Soy feminista y lo llevo con mucho orgullo. Tengo ideales y convicciones que me encanta transmitir y que se expandan, pero mi lugar es desde la teatrista”.

La manera que tienen las princesas de relacionarse con el amor es casi una obsesión para Paula. “Aman desde el sufrimiento y el sometimiento al príncipe azul que les va a salvar la vida. Esperarlo y hacer todo por él. Pero, ¿y si no quiero? ¿Y si ese príncipe azul no quiere hacer todo eso porque quiere hacer otras cosas?” Paula plantea estas preguntas que son las que le permitieron seguir dando vueltas de tuerca al tema. “Es algo como mandálico, ahora creo que no va a terminar nunca. Es infinito. Hoy la tenemos a Violetta, referente infanto-juvenil, que desde una tapa de revista dice ‘quiero un príncipe a mi lado’. Se siguen reproduciendo modelos de mujer que vienen de la prehistoria, en un contexto en el que estamos luchando por igualarnos, pero donde nos siguen matando todos los días”. 

Además de que Cenicienta es un varón, trabajás con una diversidad de cuerpos.

–Sí, porque se siguen reproduciendo los mismos modelos de belleza, eso tiene un impacto muy doloroso para las que no tienen “las medidas perfectas”. Donde yo me compro ropa no hay talles grandes, por ejemplo. Por eso digo que el proyecto tiene mil aristas, las corporalidades, el machismo, las maneras de amar de las mujeres, el lugar del hombre, el lenguaje, y la única forma de ver el mundo… hay cosas que aparecen todo el tiempo. Falta mucho todavía para la transformación, es muy difícil ir en contra de la historia de la humanidad, pero vamos.

Cada nuevo manifiesto abre otras puertas en una relación directa con lo performático. ¿Qué pasará en el IV manifiesto?

–El proyecto es performático y va mutando en relación a la propuesta espacial. Generalmente se ensaya poco y se muestra para ver qué pasa de manera inmediata. Todo es muy veloz. Por suerte conocí a Giuliana Kiersz, joven y talentosa dramaturga, que entendió perfectamente el ritmo del procedimiento. Hay mucho que queda en manos de los artistas también, aparecen sus opiniones, y así nos vamos nutriendo. Para el cuarto manifiesto, que pondremos en escena el año que viene, tomo a las princesas contemporáneas. Llegamos a la actualidad y tenemos una mirada más política. Pero para esto fue necesario el recorrido anterior. Las princesas se empiezan a transformar. Las referentes ahora son Juliana Awada, Máxima Zorreguieta y Marina Abramovic, entre otras. Este manifiesto deja atrás a las princesas de Disney para materializarse en cuerpos actuales y reconocibles, mujeres ideales que se vuelven arquetipos. La premisa es una gala a beneficio de una fundación para la mujer medio fantasma. Vienen las cuatro socias fundadoras a poner la cara y sus discursos. Pero todo se va al carajo cuando empiezan a competir entre ellas y a sacar los trapitos al sol. A su vez interrumpe la celebración una manifestante feminista para hacer una intervención a favor del aborto, temática que considero de mucha importancia poner en escena al igual que las complicidades del sistema con la iglesia. Esta es mi manera de militar.
Mi único lugar seguro

A los once años, Paula se empezó a formar como actriz. Ahora tiene veintinueve. Pasó por varias escuelas de teatro y está a punto de finalizar su licenciatura en dirección de artes escénicas. Antes de terminar la secundaria sabía a qué quería dedicarse. “Mi profesión es mi único lugar seguro. El teatro y todo lo que lo conforma. Ya no me veo actuando, me da mucha vergüenza, pero todos mis proyectos actuales son autorreferenciales, entonces involucro mi cuerpo, pero desde otro lado”. Después de actuar unos cuantos años descubrió que se sentía más cómoda desde otro lugar, por eso empezó a producir y a dirigir. Y ese fue otro lugar que hizo suyo, la dirección. Uno de sus primeros proyectos como directora fue una obra de la española Angélica Liddell: Y como no se pudrió... Blancanieves. Empezó a investigar materiales y le resultaba difícil pensar en representarlo. Leyó los cuentos de los hermanos Grimm, los de Christian Andersen, investigó los mitos originales de esos cuentos. Finalmente Angélica Liddell le cedió los derechos “lo cual fue hermoso y espectacular”, y Paula dirigió la obra. “Los niños occidentales conocen la maldad a través de los cuentos de hadas pero hay una parte del mundo que la conocen a través de la guerra. En esa obra, Blancanieves es una niña soldado”. 

Fuente: Página/12