diciembre 05, 2016

Trabajo doméstico, maternidad y patriarcado: las luchas clásicas que afronta el Partido Feminista

La décima asamblea de la formación política que dirige Lidia Falcón asienta y fortalece sus bases y busca posicionar algunos de los problemas de hoy como el resultado de una herencia de los de ayer.

El coordinador federal de IU, Cayo Lara, junto a Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista, antes de anunciar la incorporación en IU.- EFE/Paco Campos


El feminismo hace mucho que necesita de un plural que lo represente en toda su complejidad. Se ha vuelto necesario hablar de feminismos, con "s", para dar voces a todas esas sensibilidades distintas que confluyen en uno de los problemas principales, que es la desigualdad entre mujeres y hombres y todas las consecuencias que acarrea. "Ya no somos ni el bello sexo ni las esposas, las hijas ni las madres, porque no estamos sometidas a los hombres ni somos tampoco sus compañeras. Porque tampoco somos ya mujeres. Ahora somos una clase en lucha", concluye el informe político elaborado en la X Asamblea del Partido Feminista, celebrada este fin de semana en Madrid. 

Trabajo doméstico, reproducción humana y maternidad, la mujer como clase social o la farsa de la conciliación son algunos de los conceptos y problemas que han tratado en la reunión las representantes del partido que preside Lidia Falcón. La agenda del día venía apretada. "Tenemos que acabar con la violencia obstétrica sin que eso signifique acabar pariendo en el campo a cuatro patas", decía una de las militantes. "El concepto de corresponsabilidad en el ámbito familiar es importante porque el hogar es un foco de desigualdad", seguía el hilo Alma, una de las militantes que se posicionaba a favor de la baja por paternidad por ser un punto que, a la larga, beneficiaría a la mujer: "Así conseguiremos que en las entrevistas dejen de preguntar a las mujeres en edad fértil si piensan ser madres".

"Todos estamos troquelados—sentenciaba Falcón, citando al filósofo Carlos París— por la ideología dominante"

La presidenta de la formación mostraba su desacuerdo en este punto: "El patriarcado y el capitalismo quieren privatizarlo todo, hasta los hijos" y recordaba a Carme Chacón y su vuelta al trabajo 40 días después de dar a luz cuando era ministra de Defensa, o más recientemente, a Soraya Sáenz de Santamaría volviendo a ocuparse de sus responsabilidades como vicepresidenta a los diez días de ser madre. "Tiene que ser responsabilidad de toda la sociedad cuidarlos, y que el Estado se invente los cheques bebés o la baja por paternidad solo son parches para seguir manteniendo el sistema". 

Carolina del Olmo también introducía la idea de la socialización de la maternidad en su ensayo ¿Dónde está mi tribu? y lo explicaba así: "El problema no es tuyo, no es de cada una de las madres o de cada uno de los padres que está en casa agobiado con su bebé, el problema es de todos. Lo que nos falta es (...) resocializar la maternidad. Una lucha contra la individualización del problema".

Victoriano, uno de los tres hombres presentes en la asamblea, se acordaba de Francisco Ferrer y Guardia, creador de la Escuela Moderna a principios del siglo XX: "A los niños nos educaba la tribu, yo me crié en la plaza de mi pueblo con las señoras de los balcones riñéndome", a lo que Falcón respondía: "A ti te educó el Estado fascista, como a mí". Felipe, un hombre de bigote y pelo blanco lo reconocía sin pudor: "Yo he estado educado en una sociedad patriarcal y conservadora". No es común escuchar a un hombre adulto peinando canas pronunciar la palabra patriarcado sin atisbo de mofa. 

"El patriarcado y el capitalismo quieren privatizarlo todo, hasta los hijos"

"Todos estamos troquelados—sentenciaba Falcón, citando al filósofo Carlos París— por la ideología dominante", que no hace tanto era la fascista y ahora es la democrática, sobre todo, de nombre. La presidenta de la formación feminista se mostraba muy beligerante ante la idea de entender a la mujer como "una fábrica de hijos" porque, "cuando pares, tú ya no eres persona, eres madre", y las facilidades sociales para conciliar esa nueva situación vital brillan por su ausencia. De ahí que la mujer muchas veces siga teniendo que elegir entre ser madre o centrarse en su carrera profesional, una cuestión que la mayoría de hombres no tiene ni que plantearse. 

Las tesis del Partido Feminista reivindican que la maternidad es una elección como cualquier otra aunque en palabras de Falcón, "el hecho de parir es una catástrofe" si se toma la lectura capitalista de asumir el cuerpo femenino como una máquina de creación y cuidado de la mano de obra: "Romper con la mística de la maternidad es un alivio para la mujer". Yoli, otra de la veintena de mujeres presentes en la asamblea, defendía a las que se cuestionan el tener hijos y a las que no quieren ser ni madres ni abuelas. Beatriz Talegón, la que fuera dirigente de las Juventudes Socialistas, bajaba la media de edad de la asamblea y rompía una lanza a favor de la maternidad entendida como una libre elección: "Estoy muy orgullosa de ser madre y me da miedo que por ello se me tome por menos feminista". 

La caza de brujas y el trabajo doméstico asalariado

Al ser humano le es imposible vivir sin trabajar, recuerda el informe político del Partido Feminista; tampoco sería posible nutrir la mano de obra de las fábricas —hoy oficinas— sin la existencia del trabajo doméstico. Para que el hombre pase diez horas en su puesto de trabajo necesita que cuando llegue a casa su mujer le prepare la comida y le lave la ropa. 

"La mujer sabe muy bien lo que es tener la mano del Estado sobre su cuerpo"

"Hemos hecho una contribución inmensa al capital y ahora las mujeres presentamos la cuenta", afirmaba Silvia Federici, profesora y activista feminista, defensora de la remuneración del trabajo doméstico, y crítica siempre con el llamado feminismo de Estado por haber "domesticado" las reivindicaciones feministas: "No creo en el feminismo de la igualdad porque presupone que los hombres no están explotados. Igualdad, ¿con quién?¿Con los hombres afroamericanos que están peor que muchas mujeres blancas?"
Portada del libro de Silvia Federici,
'Calibán y la bruja'.
Federici, en uno de sus libros más famosos, Calibán y la Bruja (Traficantes de Sueños, 2014) redibuja las dinámicas de expropiación social dirigida sobre el cuerpo, los saberes y la reproducción de las mujeres, quienes, según la tesis del Partido Feminista, son una clase social dominada, "como es el caso de las otras clases dominadas en el curso de la historia". Es en el modo de producción doméstico donde se encuentra "la causa material de la explotación femenina".


El movimiento por el trabajo doméstico asalariado fue una respuesta a esta cuestión orquestada y defendida, entre otras, por la propia Federici. Buscaron politizarlo para librar a la mujer del sometimiento a las necesidades capitalistas que convence bajo la excusa de que lo hacen "por amor", cuando en realidad "las empobrece—sigue Federici— y esclaviza, las hace dependiente del hombre y la expone a la violencia masculina". Y a la del sistema."La mujer sabe muy bien lo que es tener la mano del Estado sobre su cuerpo. No solo luchamos por cambiar las condiciones de la mujer sino contra una sociedad que desvaloriza nuestra vida para crear así su riqueza".

Por Sara Calvo @Sara_Ct
Fuente: Público.es