febrero 22, 2017

El Estado mexicano, obligado por una sentencia, pidió perdón por primera vez a tres indígenas encarceladas injustamente. “No sólo queremos perdón, exigimos respeto como indígenas”

La indígena Teresa González junto a su familia en su casa de Querétaro FOTO: CORTESÍA 

Las indígenas Teresa, Alberta y Jacinta pasaron tres años y ocho meses encarceladas por tres delitos: mujer, indígena y pobre. Por todo ello estuvieron 1.335 días tras las rejas acusadas de un secuestro inverosímil. Eso es lo que sostiene un tribunal federal, que no solo las dejó en libertad, sino que ha obligado a las instituciones a pedir perdón; en voz alta y en lugar visible.

Este martes, por primera vez en la historia, el Estado Mexicano, obligado por una sentencia emitida por un tribunal nacional, se disculpó públicamente ante las tres, durante un acto en el museo de Antropología de la capital.

La Procuraduría General (PGR), a través de su titular, Raúl Cervantes, reconoció su inocencia y pidió perdón a las indígenas por las mentiras y abusos cometidos para mantenerlas en la cárcel, tras una sentencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJFA), que ordenó la reparación del daño por la condena a 21 años de cárcel por el secuestro de seis policías.

Durante el acto , Teresa González, de 32 años, recordó el tortuoso juicio, en el que incluso le sembraron cocaína para inculparla, mientras su familia sufría por no tener los medios para defenderla. "No sabíamos qué es lo que estaba pasando" dijo, "y esta disculpa pública es una gran victoria, porque cierra estos 11 años de lucha, pero nunca será suficiente por los años de injusticias".

En la cárcel hay muchos indígenas como nosotras pagando por un delito que no cometieron

Entre lágrimas y rota por la emoción su comadre Alberta Alcántara recordó los casi cuatro años que pasó en prisión y pidió a los indígenas que no se queden callados ante la injusticia. "Señor procurador espero no ser la última (que reciba) una disculpa pública, porque hay miles que viven casos como nosotras", dijo.

"Yo lloraba y lloraba preguntándome porque tenía que estar en es lugar" añadió Jacinta Marcial. "Me sentía en el infierno pero ahora que salí solo estaré contenta hasta que seamos respetadas como indígenas" sentenció.

Por su parte el procurador reconoció públicamente su inocencia y la forma injusta en que fueron privadas de su libertad", dijo el titular de la PGR a nombre del Estado mexicano.

El calvario de Teresa, Jacinta Marcial y Alberta Alcántara comenzó un domingo de marzo de 2006 por una bronca callejera entre los vendedores ambulantes del pueblo y un grupo de policías.

El acto envía un mensaje muy fuerte a la PGR en contra de la corrupción y hacia los indígenas cuyos derechos son violados

Las tres indígenas hñähñú, vendían muñecas de trapo, verduras y aguas frescas en la plaza de Santiago Mexquititlán, Querétaro, cuando seis agentes federales se presentaron en el lugar con intención de decomisar presunta mercancía ilegal.

Sin embargo, la operación terminó en trifulca cuando los vendedores plantaron cara y la policía destruyó parte de la mercancía. Iracundos, los comerciantes retuvieron a los agentes mientras exigían el pago de los destrozos. Aquel domingo terminó cuando los policías abandonaron el lugar, dejando a dos compañeros como garantía, y volvieron humillados y con el dinero horas más tarde.

Pero la venganza regresó al pequeño pueblo cuatro meses después.

La policía detuvo en su casa a Teresa, Alberta y Jacinta —quien no hablaba español—y fueron condenadas con una surrealista sentencia; tres mujeres de metro y medio de altura, condenadas a 21 años y de cárcel por el secuestro de seis policías de la Agencia Federal de Investigación (AFI), el cuerpo de élite creado por Vicente Fox para combatir el crimen organizado.

El caso llegó a oídos de Amnistía Internacional y el Centro de DDHH Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) quien se hizo cargo del caso y emprendió una batalla legal que termina hoy al lograr una disculpa sin precedentes. Una anomalía en un contexto donde entre el 95 y el 98% de lo delitos quedan en la impunidad.

“La importancia no es solo por ser la primera ocasión en que una dependencia acepta su error, sino porque manda un mensaje fuerte; primero frente a la institución, porque creemos que el problema de impunidad en el país tiene que ver también con los actos corruptos de los funcionarios que no tienen consecuencias. Y segundo, es un mensaje de las tres mujeres a las miles de víctimas indígenas cuyos derechos son violados continuamente” explica Mario Patrón, director del Centro Prodh.

La indígena Jacinta Marcial, tras ser liberada en 2009 EFE

Anteriormente en México ha habido actos de perdón público pero siempre por imposición de tribunales internacionales. En este caso la sentencia obliga a que sea uno de los pesos pesados en la estructura del Estado, el Procurador General de la República, Raúl Cervantes, quien pronuncie la palabra “disculpa”.

“En la cárcel hay muchas indígenas como nosotras pagando por un delito que no cometieron, pero sus casos no son conocidos o no tienen dinero para pagar un abogado” dice Teresa, que estaba embarazada de ocho meses cuando fue detenida.

Durante la entrevista con EL PAÍS dice no tener rencor, pero repite varias veces: “mi hija no merecía haber nacido en ese lugar” al referirse al nacimiento de su segunda hija en el interior de la prisión.

El premio Nobel Gabriel García Márquez rompió el protocolo y eligió un colombianísimo liquiliqui para recoger el Nobel en Estocolmo. Este martes, Teresa, utilizará la colorida camisa cosida en su comunidad para escuchar las disculpas en la capital.


El lugar escogido del histórico perdón, el museo Nacional de Antropología, añadió simbolismo al acto. Diseñado por Pedro Ramírez en 1963 es uno de los museos más importantes del mundo por reunir las mejores piezas prehispánicas de América. Un homenaje a la tradición, la resistencia y las raíces indígenas y al que, de alguna forma, también pertenece la lucha de Teresa, Alberta y Jacinta.

Por acobo García

Fuente: El País