febrero 14, 2017

Las mujeres rompen moldes en la ciencia ficción

Los clásicos personajes femeninos solían acompañar a un hombre en sus aventuras. Hoy la ciencia ficción dibuja nuevos personajes con identidades cada vez más independientes, como la princesa Leia e Imperator Furiosa. Ilustración: Cinta Arribas.

En la barra de un bar del oeste americano, un feligrés ebrio recita mecánicamente “una rosa es una rosa es una rosa...”. Los espectadores de la serie de HBO Westworld saben que es un robot. Al otro lado de la barra, el camarero, creador de este androide hiperrealista, explica que no ha podido resistirse a añadir a su código de identidad el gusto por los versos de Gertrude Stein, pese a que esta activista y poeta feminista no había nacido en la época que recrean sus ropas.

La ciencia ficción permite imaginar a la mujer fuera de una cultura patriarcal y cuestionar sus bases

El robot forma parte de una suerte de parque de atracciones cuyos visitantes dan rienda suelta a sus instintos más violentos: vestidos de época, pagan por pelearse, matar o violar a máquinas con apariencia humana y cada vez más conscientes de sí mismas.

Los versos de Stein destacan en una ficción cuya protagonista es una mujer y que pone en evidencia cómo la opresión acaba recayendo principalmente sobre el género femenino. Esta denuncia es uno de los pilares de la ciencia ficción feminista.

“El elemento común de este tipo de literatura es la intención de subvertir los estereotipos”, cuenta a Sinc Lola Robles, filóloga y escritora del libro En regiones extrañas: un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso.

El feminismo ha encontrado en este subgénero un espacio perfecto para desarrollarse: “La ciencia ficción constituye el ámbito ideal para verter las visiones especulativas del futuro, así como para explorar toda una serie de posibilidades políticas y personales; proporciona la oportunidad de imaginar a la mujer fuera de una cultura patriarcal, lo que permite cuestionar sus componentes”, explican en su ensayo Desde las fronteras de la mente femenina la escritora Jen Green y la profesora de Literatura inglesa de la Universidad de Bristol (Reino Unido) Sarah Lefanu.
Poder, sexo y desastres ambientales

Sus temas centrales son las identidades de género, las relaciones de poder y los lazos humanos, especialmente la sexualidad. “En muchas de estas obras, la violencia y la esclavitud sexual dominan las relaciones. Hay cientos de ejemplos en la ciencia ficción feminista. Uno reciente es el libro Por último, el corazón, de Margaret Atwood, que cuenta la historia de una pareja que, para sobrevivir, acepta formar parte de un proyecto en el que deben vivir interrumpidamente en prisión fabricando muñecas sexuales que cuesta distinguir de un ser humano real”, afirma Alba Varela Las Heras, del colectivo Librería de Mujeres (Madrid).

Precisamente de Atwood es uno de los libros más conocidos con esta temática, El cuento de la criada (1985), que pese a su importancia “está descatalogado, como muchos otros clásicos de este género, por intereses editoriales. Incluso algunos libros de ciencia ficción de Doris Lessing, candidata al premio Nobel, son imposibles de encontrar en cualquier librería”, se lamenta Varela.

Fotograma de la película ‘El cuento de la doncella’ (1990) de Volker Schlöndorff, basada en el libro de Margaret Atwood, una de las obras de ciencia ficción feminista más influyentes. La novela está descatalogada en español.

El relato de Atwood es una distopía en el que los desastres medioambientales han dejado infértiles a las mujeres burguesas, por lo que las criadas, una categoría inferior en la jerarquía social, son esclavas sexuales y reproductivas, cuya única función es concebir. La protagonista, Offred (cuyo nombre significa en inglés “que pertenece a Fred”), narra cómo las mujeres tienen prohibido hablar, leer o realizar cualquier otra actividad que las humanice. 

En ‘El cuento de la criada’ de Atwood las burguesas son infértiles y las criadas, esclavas reproductivas

La relación con el hábitat desempeña un papel importante en esta y otras obras de ciencia ficción feminista. “No tiene que ver con ningún vínculo especial entre la mujer y la naturaleza, pero una literatura que se preocupe de mirar alrededor y ver cuáles son los problemas de la sociedad no ignorará la opresión de la mujer ni el daño al medioambiente”, dice Robles.

“Que la ciencia ficción sea o no sea feminista no depende del género del autor, sino de lo que cuenta y del contexto en el que está escrito”, diceLaura Wieve, especialista en estudios culturales e ingleses de la Universidad de McCaster (Reino Unido).

Sin embargo, la filóloga Lola Robles cree que la presencia de autoras femeninas ha sido determinante para que una mirada feminista se cuele en un género cuyo consumo y producción durante la primera mitad del siglo XX fueron eminentemente masculinos y que reflejaba, sin denunciarlas, la desigualdad y el abuso sufridos por las mujeres.
Mujeres que ponen el mundo al revés

“No se puede decir que toda la literatura de ciencia ficción fuera machista intencionadamente, pero sí es cierto que seguía una inercia que recreaba sociedades estereotipadas, personajes femeninos ornamentales y planos e identidades rígidas”, opina Robles.

El auge de las escritoras de ciencia ficción tuvo lugar durante la segunda ola del feminismo, en los 60 y los 70, con una literatura que amplió su vocación puramente tecnológica para ocuparse de asuntos sociales y especulaciones sobre el futuro. En esta época se rescataron obras escritas a principios del siglo XX que son precursoras de este subgénero.

Uno de estos libros es Dellas, un mundo femenino, escrito por Charlotte Perkins Gilman en 1915, que cuenta la historia de un país donde no hay hombres, la sexualidad se ha abolido y las mujeres tienen hijos por partogénesis, una forma de reproducción en la que la segmentación del óvulo no precisa de fecundación. A este país llega una expedición de tres hombres que se enfrentan a una sociedad incomprensible a sus ojos.

En ‘Metrópolis’ (1927), la película de Fritz Lang escrita por Thea Von Harbou, el frío robot del científico Rotwang suplanta la identidad de la bondadosa María para promover los disturbios y el descontento social. Imagen: UFA

Casi un siglo antes del libro de Perkins, en 1818, nacía la que muchos consideran la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein o el moderno Prometeo. Aunque no pretende ser ninguna crítica a los roles de género, está escrita por una mujer, Mary Shelley.

También en el cine una mujer fue pionera: el guion de Metropolis (1927), la película muda dirigida por Fritz Lang, lo escribió su mujer, Thea Von Harbou. En este caso, la dicotomía del estereotipo femenino es evidente: por un lado, María la virgen, la muchacha dulce que predica los buenos sentimientos y el amor; y, por el otro, el robot, su doble y su antítesis: una prostituta fría, destructora, despiadada.

El auge de las autoras de ciencia ficción tuvo lugar en los 60 y 70, con una literatura que empezó a especular con fantasías sociales

Ya en la década de los 70, una de las autoras que más destacó fue Ursula K. Le Guin, una de las dos únicas mujeres, junto a Andre Norton, galardonadas del título de Gran Maestro de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de EE UU desde el año 1974.

Wieve señala como su obra más importante La mano izquierda de la oscuridad . La autora inventa una sociedad en la que la que el sexo de sus integrantes no determina su identidad. Son hermafroditas la mayoría del tiempo hasta el momento del celo en el que, para concebir, se vuelven indistintamente hombres o mujeres. Ante la mirada perpleja de un visitante masculino, como pasaba en Dellas, se muestra una sociedad que no responde al estándar y en la que se pueden escuchar frases como su famoso “El rey estaba embarazado”.

Hay más escritoras, recuerda Laura Wieve: Joanna Russ, con su novela sobre los roles de género El hombre hembra; Marge Piercy, autora de Él, Ella y Eso; y Nalo Hopkinson con Ladrón de Medianoche. En el panorama español, Robles destaca la novela Consecuencias naturales de Elia Barceló, una de las cinco únicas mujeres que han ganado el Premio Ignotus de relato fantástico de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción desde 1991; así como Planeta hembra, de Gabriela Bustelo.
Protagonistas y premiadas

Para la experta, las nuevas autoras como María Angulo, Sofía Rhei o Susana Vallejo, que aparecen en las antologías de 2014 y 2016 Alucinadas, ya tienen interiorizado el feminismo. “No solo por lo que escriben, sino por lo que muestran de sí mismas en las redes sociales. Ahora mismo, es imposible disociar a una autora de su perfil en internet”.

Hoy las mujeres se reivindican como autoras y cobran visibilidad. En 2016, en la 74ª edición de los Premios Hugo–los decanos de la ciencia ficción en EE UU–, las más premiadas resultaron ellas; la novela ganadora fue La quinta estación, de N.K. Jemisin. Pero la falta de reconocimiento ha sido tradición en el pasado. No solo han estado infrarrepresentadas en los premios y certámenes, sino que muchas de ellas no han podido firmar con su nombre. Conocido es el caso de James Tiptree, que en realidad se llamaba Alice Sheldon, cuya obra es de las más galardonadas de la ciencia ficción.

Los nuevos personajes son mujeres fuertes, activas y conscientes, que sirven de motor de cambio de la sociedad por sí solas

Los personajes femeninos clásicos de ficción acompañan al protagonista. Representan la pureza, la ingenuidad y la generosidad. O bien, tras permitirse algún arranque de rebeldía, vuelven a su rol, normalmente de esposa y madre. “Lo más importante de los personajes de la ciencia ficción feminista es que las mujeres son fuertes, activas, conscientes y sirven de motor de cambio de la sociedad por sí solas. Son heroínas, pero no son perfectas. No son personajes idealizados, sino complejos”, cuenta Lola Robles.

En los últimos tiempos, sobre todo en el cine, se han perfilado nuevos referentes. Uno de las últimas obras de ciencia ficción protagonizada por una mujer ha sido La llegada (2016), una película que cuenta sin mucho espectáculo visual una visita de alienígenas a la Tierra. La misión de una de las mejores lingüistas del mundo es averiguar si vienen o no en son de paz. El personaje, fuerte y complejo, tiene en su mano el poder de cambiar la situación.

Con una apariencia más combativa y luchadora destacan Imperator Furiosa, la imponente heroína de las nuevas películas de la saga apocalíptica Mad Max (2015), y Rey, la protagonista de la nueva entrega de La guerra de las galaxias: el despertar de la fuerza.

Rey, la heroína de ‘El despertar de la fuerza’ interpretada por Daisy Ridley, no depende de ningún hombre para definirse. Es autosuficiente. Imagen: ©Disney / Lucasfilm

En contraposición a la princesa Leia de las sagas anteriores, esta joven es autosuficiente y no se define por ningún personaje masculino. “Rey es intransigente y sin compromisos. Representa la fuerza y el poder sin limitaciones ni arrepentimientos”, opina Laure Penny, activista y periodista británica en un artículo de The Guardian.

Las nuevas heroínas responden al rol que reivindicaba Russ en El hombre hembra: “Luchamos por abrirnos paso a través de un entorno masculino constantemente refractario; nos arrancan el alma con tal fuerza que ni siquiera sangramos. Recuerda: no quería y no quiero ser una versión femenina, ni una versión diluida, ni una versión especial, ni una versión secundaria, ni una versión auxiliar, ni una versión adaptada de los héroes a quienes admiro. Quiero ser el propio héroe”.
Siguiente paso: la apuesta editorial

“Es verdad que este tipo de literatura es más demandada por mujeres, pero no es el objetivo. Puede ser que sea por identificación, o porque los hombres que consumen ciencia ficción tienen un sesgo que les impide darse cuenta de que discriminan por género”, cuenta Lola Robles. Según la experta, una mirada feminista no tiene que ser necesariamente femenina.

“No creo que exista específicamente una ciencia ficción feminista creada por hombres, pero algunos autores como John Varley, Samuel Delany o China Mieville hacen un tipo de literatura cercana muy interesante. Son autores comprometidos que muestran sociedades y personajes complejos, nada idealizados”, reflexiona.

Cada vez hay más editoras, críticas literarias y directoras de revistas

Para Robles, la misma inercia que lleva a reproducir estereotipos o a pensar que somos neutrales a la hora de elegir qué leemos llevaba a que muchos editores no apostaran por la literatura escrita por mujeres. Su entrada en el mundo editorial es muy difícil, en especial si escriben sobre géneros no realistas. “Pero esto está cambiando. Y si lo hace es, en gran medida, porque cada vez hay más editoras, críticas literarias y directoras de revistas”, asegura Robles.

En una época en la que aún hay que recordar que el feminismo es un movimiento que lucha por la igualdad y que el hombre sigue disfrutando de más privilegios que la mujer, Varela concluye: “La ciencia ficción feminista no muestra el escenario que podríamos conseguir gracias a políticas de igualdad, sino que dibuja, a modo de advertencia, el mundo que nos tocará vivir si ignoramos el feminismo”.


Por Beatriz de Vera
Fuente: SINC