febrero 20, 2017

«Te vas a deslumbrar con mi alegría»: Entrevista con la realizadora afrofeminista Amandine Gay



Amandine Gay, artista-actriz, investigadora y realizadora afrofeminista, se toma un momento para hablar de su nuevo largometraje documental, “Speak Up/ Make Your Way (2016)”el cual compila conversaciones con veinticuatro mujeres negras afrodescendientes que viven en Francia y Bélgica. Dicho film aborda simultáneamente la diversidad de identidades de las mujeres negras y las semejanzas de sus experiencias, incluso de sus traumas, en ámbitos occidentales y blancos.


© Enrico Bartolucci

AWID: ¿Qué es lo que te ha llevado a hacer este recorrido como realizadora?

Amandine Gay: Yo escribía mucho. Realmente tenía muchas ganas de hacer algo artístico. Tenía veintitrés años cuando me dije que intentaría hacer teatro, que me pondría a trabajar con la expresión artística. Yo había participado en el concurso del conservatorio del 16º distrito de Paris y fui allí para hacer teatro. Realmente adoré aquello – también amo actuar, tanto como escribir y todo eso. Pero muy rápidamente, tuve que afrontar al racismo del ambiente audiovisual y teatral francés. Desde ese momento, volví a la escritura porque me sentía tan frustrada como actriz, y también porque tenía un amigo que era director de reparto que me había dicho que nunca me darían los papeles que yo deseaba a menos que yo los escribiera.

Así fue como volví a la escritura. Escribía programas. Fuimos seleccionados por una empresa productora de la época para desarrollar programas, pero eso era complicado. Teníamos proyectos que no se concretaron, dado que precisamente yo no que quería reescribir mis personajes negros dentro de los estereotipos audiovisuales clásicos. Y también porque finalmente, no logramos un acuerdo con lxs productorxs que nos habían seleccionado puesto que al principio nos hallaban frescxs y novedosxs, pero en el proceso de escritura, se nos decía por ejemplo que, una de las series que habíamos desarrollado y que se trataba de cinco amigas en Paris que se enfrentaban a una revista femenina, era un proyecto feminista que no se veía demasiado. Fuimos seleccionadxs por varias empresas productoras, y seleccionamos a una de ellas.

Luego, tuvimos reuniones en las cuales se nos decía, «Formidable, nos encanta lo que hacen, pero es muy americano. Esas chicas no existen en Francia». En particular, yo escribí el papel de una lesbiana sommelier, y eso, –puede que una negra sea lesbiana, que sea sommelier, pero sin duda alguna para ellxs, nunca ambas cosas a la vez. Claro está, esto lo había tomado de mi experiencia –yo había sido gerente de un bar de vinos, soy pan-sexual y me preguntaba, «¿cómo es que tú, un chico blanco, me puedes decir que no existo? Es porque tú no conoces chicas como yo que no existimos. Cómo me puedes decir que no existo. ¡Era surrealista!»

Luego de haber pasado de dos a tres años en el mundo audiovisual y del teatro francés, y también de haber abandonado muchos proyectos porque no lograba hacer comprender que tal pasaje era racista, que tal cosa era sexista o que no quería hacer tal cosa porque era la única negra en escena y no se cuestionaba que fuera yo quien hiciese eso, en fin, llegaron a ser tantas peleas… Y pienso que lo que realmente me hizo decidirme fue esa historia de decirme que yo no existía. Hubo una etapa en la que me decía, «bien, no logran imaginarnos de otro modo que en los roles estereotipados, no es grave, voy a escribir sobre los otros roles».

Y a continuación, pensaba, «Ah sí, pero de hecho, no soy yo quien decide, son lxs productorxs que tienen el dinero. Así pues, si me vi forzada a reescribir veinticinco veces mi personaje hasta que ella se vuelva una chica negra sin papeles, hetero, etc., no tengo ni siquiera la agencia como autora, puesto que finalmente mi proyecto se va a transformar en lo que este no era al inicio». En ese momento es que me incliné por la opción de partir, se trataba del documental, de decirme que al menos voy a atravesar por aquello que no es la ficción.


Si la cuestión es saber si existimos o no, yo voy a hacer un film lleno de chicas negras que son completamente diversas y al menos esa cuestión será descartada.

Yo parto de un principio, en lugar de pensar que las personas son malas, prefiero decirme, «Tú eres ignorante, pero una vez que te haya enseñado la verdadera situación y sigas sin querer financiar mi film, yo podré pensar que tú eres malx».
AWID: ¿Puedes hablarnos de tu recorrido como militante y de qué manera esto influyó en tu film?

AG: No sabría qué decir, pienso que hay muchas cosas. Desde el momento en que decidí hacer el documental, me planteé que el problema más grande era justamente que el afrofeminismo no era un sujeto conocido en Francia, y además me pregunté si quería producir un documental afrofeminista en un contexto en el cual la gente no sabe qué es esto.

Como también realicé estudios que trataban sobre comunicación, elegí mediatizar mi persona para que se pudiese hablar de mi film, y de ese modo, hablar verdaderamente de los desafíos afrofeministas, de aquello que realmente era, en lugar de decir «las feministas negras», puesto que en la perspectiva europea postcolonial contamos con el costado afro-descendiente, tenemos además a lxs árabes, ya que existe también una historia híper-mezclada y discriminaciones sufridas que son muy similares. E incluso, si se trata de un film íntimo sobre las mujeres negras, para mí, el afrofeminismo es una manera de recordar que no existe solamente la historia de la esclavitud, también hay una historia de la colonización en Francia como en Bélgica. ¿Qué quiere decir ser inmigradxs o descendientes de inmigradxs productos de la historia colonial de esos países?

Trabajé como periodista independiente y escribí muchos artículos en Slate, hice también un reportaje en un momento dado en el cual había una gran polémica sobre un espectáculo que se llamaba «Exhibit B» creado por Brett Bailey, un director sudafricano blanco, que había decidido hacer una instalación de museo con personas negras en situaciones históricas de dominación y humillación. Además, dichas personas negras estaban en silencio, y así era como finalmente tenías un recorrido de museo donde la gente podía ver a personas negras semidesnudas encadenadas, justamente en un teatro nacional francés en Saint-Denis, una ciudad que era el 80% blanca y en la cual muchas veces pasaban cosas de este tipo.

Así pues, el hecho de que se programe un director blanco que pone personas negras en situaciones humillantes, mientras que, por otra parte, no se incluya en el programa a ningunxs de lxs directorxs afrodescendientes francesxs, esto efectivamente enfureció a la comunidad, la cual mayoritariamente está habitada por personas negras y árabes.

Hubo una cantidad enorme de manifestaciones, escribimos en foros, artículos y fuimos insultadxs de manera violenta, tratadxs de guardianes del pensamiento, etc. A pesar de todo produjimos textos serios y yo hice un reportaje sobre las movilizaciones. Finalmente, «Liberación» publicó un suplemento titulado «L’antiracisme en actes» (El antirracismo en acción) que mostraba las disonancias que existían entre la manera en la cual se movilizan cierta juventud y no más que algunas comunidades afro-descendientes, y todos los grupos institucionales antirracistas franceses que se movilizaban en favor del espectáculo de Brett Bailey. Esto siempre platea cuestiones. Si formas parte de una manifestación antirracista y te encuentras apoyando un proyecto en el cual algunxs negrxs y árabes denuncian y se manifiestan en frente de los teatros y siempre piensas que tú tienes la razón, puede que tu concepción de lo que es el racismo resulte problemática.

También estaba el film de Céline Sciama «Bande de filles (2014)» que había sido alabado por la crítica blanca francesa. Éramos muchxs, particularmente en los blogs negros, quienes lo aborrecíamos, con su aspecto hiper-miserable, trágico, que forzosamente termina con una historia de venta de drogas, padres y madres ausentes, fracasos escolares pero como había sido realizado por una directora lesbiana, entonces, el film no podía ser retrogrado, aun cuando para mí este no era más que un film de los barrios con negrxs expuestos a una situación catastrófica por la cual todo iba a terminar mal.


AWID: ¿Cuáles son tus proyectos a largo plazo?

AG: Me gustaría que cada vez más proyectos de este tipo lleguen a concretarse, pero sobre todo que los mismos puedan ser financiados. Hacer cambiar las instituciones es una cuestión de legitimidad y de preguntarse si eso le concierne a alguien. Lo que a menudo se me responde es «pero no, esto es (un tema) minoritario, las chicas como tú no existen aquí».

Yo pienso que un film como este, que yo debí hacer por mis propios medios puesto que el Centro nacional de la cinematografía no quiso darme el dinero (por no sé qué motivo), me permite sostener conversaciones en las cuales yo afirmo que es necesario que las instituciones financien los proyectos de las personas francesas racializadas. Nosotrxs también pagamos impuestos.

Pienso que esto debe ser un doble movimiento: el primero es educar a las personas negras y árabes. No es justo puesto que sería simpático que eso así sea. De hecho, es una cuestión de derechos. Puesto que tenemos los mismos deberes que lxs otrxs ciudadanxs, tenemos los mismos derechos y dado que tenemos los mismos derechos, debemos tener acceso a las mismas cosas y por el momento, este no es el caso. Pienso que desde un cierto punto de vista, todo este proyecto y la visibilidad que tengo, y las intervenciones que puedo hacer apuntan a afirmar que se trata de justicia social.


No se trata exactamente de la representación artística. Verdaderamente se trata de hacer respetar nuestros derechos y de tener los medios para trabajar en buenas condiciones.

Dos años y medio con mis propios fondos ¡Es un escándalo! Me gustaría que cada vez más las personas racializadas tuvieran acceso a los medios de producción, ya sean artísticos u de otra tipo. Lo «mío» es el arte, pero debería ser igual si tú quisieras ser ebanista u otra cosa – que tengas acceso a todos los tipos de empleo y que no se te oriente sistemáticamente hacia las carreras profesionales y técnicas que nadie quiere, porque de hecho, es allí a donde se envía a las personas negras y árabes. Por otra parte, es necesario que sepas, que cuando se te envía hacia esas orientaciones, tienes el derecho de decir no. Tienes el derecho a pedir que se redoblen los lugares. Tienes el derecho a negarte. No estás condenadx a seguir esa carrera. Tienes el derecho a saber que cuando se te envía allí se trata de una reacción racista.

Para mí, el cine es una verdadera herramienta de educación popular y me encantaría que tuviera ese efecto. Además, sería formidable si este fuera una herramienta de la cual las personas se apropiaran. Estuve en movimientos muy militantes de los cuales me alejo cada vez más. Me gustaría concentrarme más en la investigación y la creación porque encuentro que esto otorga agencia a las personas que la reciben. Si vas a ver un espectáculo o un film, que te guste o no, con el cual estés de acuerdo o no, esto te hará reflexionar. A menudo traigo a colación una cita de Lars Von Trier que me gusta mucho «un film debe ser como una piedra en el zapato».


Encuentro que con el arte logras llegar a la gente, antes que con las confrontaciones violentas en las cuales no hay nada de creativo. Realmente me interesa el cambio profundo.

Por Valérie Bah
Fuente:Awid