febrero 05, 2017

‘Top of the lake’: continúa el legado de Jane Campion

La genial cineasta neocelandesa vuelve este año con la segunda temporada de su controvertida miniserie, una de las más potentes reivindicaciones feministas de la pequeña pantalla que se mueve entre el suspense, el género policiaco y el drama psicológico.


La ambientación de ‘Top of the lake’, salvaje y opresiva, nos avisa de su inquietante y absorbente ritmo.

Desde aquella historia de Jane Campion sobre una mujer muda y empecinada en defender su piano a cualquier precio, algo cambió para siempre en todas las que amamos la ficción y que sobrevivimos gracias a ella en esta sociedad patriarcal. La ficción, la crisálida, el piano que también, llegado el momento, debemos tirar al mar, como hizo Ada, para no consumirnos tras las ventanas. Alguien relataba por fin, con el conocimiento y la sensibilidad necesarias, una odisea sin castigo para todas aquellas voces sepultadas, intensas y ricas voces subterráneas, que clamaban vigorosamente por la surgencia.

Fue por aquellos 90 que el cine definitivamente viró hacia un lugar más reconfortante para todas nosotras y ya nunca sería el mismo: comenzamos a reconocernos en él, a saltar sobre sus guijarros y sobre el curso de las aguas. Eso supuso la obra de Campion: el primer contradiscurso feminista del cine occidental, el despertar de un camino que no ha hecho más que comenzar. Porque, como todas sabemos, ese despertar también ha estado acompañado de todo un halo de tramas “palmadita”, tramas “deux machina” sobre forzados y superficiales empoderamientos de la mujer y, luego, de la explosión de las series online, que con su velocidad y juventud volvían a llenarlo todo de testosterona, héroes del medievo, cínicos sabelotodo o mujeres ‘King Kong’, enojadas y masculinizadas.

En medio de ese contexto digital, en el que hasta hace poco resultaba difícil la visibilidad de nuevos roles femeninos y, después de cuatro años de silencio, Jane Campion reapareció con ‘Top of the lake’ (2013), una miniserie o, mejor, un metraje en siete capítulos, que, para alegría de muchas, volverá este año con una segunda temporada. La gran maestra Campion es la única de las pioneras feministas que se ha atrevido a incursionar en el panorama de las series para poner de nuevo las cosas en su sitio y contar la verdad sobre el género, eso que tantos intentan sin alcanzarlo. Su protagonista ahora ha convertido en profesión la tarea de componer las piezas rotas de su trágica historia y de esa manera salvarse a sí misma. Es una mujer dañada que solo puede ayudar en la medida que es consciente de su daño, no como huida, no como venganza, no porque sea tan genial que le sea imposible hacer otra cosa, sino por pura necesidad de supervivencia. De agarrarse a la vida. Y por eso, como siempre en las heroínas de la directora neozelandesa, aparece esa torpeza de quien vuelve a andar tras la muerte y, especialmente, esa inocencia y pureza genuina que constituye el halo poético, incluso mágico de sus relatos.
Campion sabe condensar la sabiduría de la subjetividad femenina, tanto en las apreciaciones psicológicas más sutiles como en las más sangrantes

Sí, seguro que habéis oído hablar del amor por David Lynch que rezuman sus obras. Pero quien las reduce a eso, incluso a la incuestionable superioridad y belleza narrativa de esta autora, no ha entendido nada. No existe en el panorama audiovisual una condensación tal de sabiduría estentórea y atemporal sobre la subjetividad de las mujeres, sobre el poder que encierra la sexualidad, sus brillos y sus abusos, desde sus apreciaciones psicológicas más sutiles hasta las más visibles y sangrantes. Y por supuesto eso aparece en cada detalle de ‘Top of the lake’, en su ambientación salvaje y opresiva, que nos avisa de la importancia del contexto, en sus diálogos, en su inquietante y absorbente ritmo, en su argumento.

Pocos hombres pueden ver esta serie sin sentirse incómodos, es cierto (algunos demasiado, como he visto en alguna patética crítica). Pero eso no es culpa de la serie, y no hace más que remarcar su necesidad. Aquí la mujer, o mejor, las mujeres, son las protagonistas (de verdad). Es decir, su rol no es una copia de sus homólogos masculinos tradicionales, los personajes varones actúan como apoyos o villanos y la ambigüedad entre su adscripción a uno u otro patrón, como en otra de las joyas de Campion, ‘In the cut’ (2003), conforma la trama misma, la incógnita que la heroína necesita despejar. Precisamente, ese lugar secundario que concede a los hombres (y a su lenguaje), debe contener la clave y la explicación de por qué esta exquisita y necesaria obra, que fue la primera serie en proyectarse en el festival de cine de Sundance y que cuenta con ocho nominaciones a los Emmy, nunca ha llegado a emitirse fuera del canal que la produjo, el Sundance Channel, y no ha contado con subtítulos en español (no muy buenos, además) hasta dos después de su estreno.

La heroína deberá descubrir si cada personaje masculino es un apoyo o un villano

Solo por ese escarnio, quien no haya visto ‘Top of the lake’ debería hacerlo. Aunque os vais a encontrar mucho más: una mirada completamente inusual, tanto en la pequeña como en la gran pantalla, sobre la compleja realidad del machismo: desde la complicidad del poder instituido, sus redes de influencia, pasando por la relación madre-hija, el modelo masculino que también es víctima de ello, hasta nuestra propia colaboración y atracción por el malo malote. Y, frente a esto, la sororidad entre mujeres, el apoyo de los hombres buenos, la emoción y el proceso interior como piedra vehicular de la batalla librada contra la perversión instituida. Y Campion lo hace con tal conocimiento que todo ello aparece en el más pequeño detalle, sin necesidad de recurrir a los tópicos de siempre, tirando del lirismo audiovisual y hasta, a veces, del humor.

Sirva de ejemplo la hilarante escena del primer capítulo (1º temporada) en el que el feroz macho dominante, Matt Mitchan llega a los terrenos de El paraíso dispuesto a expulsar de lo que considera ‘su territorio’ al puñado de mujeres que acaban de instalarse. Se dirige agresivo hacia Anita preguntándole quién demonios es y qué hace allí. Y ella, tras un leve desconcierto en el que se presenta y le dice ser de Siracusa, pasa a explicarle, con voz cómplice y compungida, desde ese otro lugar que nada tiene que ver con la respuesta que su interlocutor espera, la historia de su chimpancé, Brad, con el que estaba muy unida hasta que un día la mordió porque se volvió posesivo (y hasta le enseña el mordisco en su cadera), y ella se siente un desastre por haber pensado que podía ser su amigo. Mientras el atónito macho alfa asiste, muy a su pesar, al transparente discurso de la narradora, otra mujer le ha puesto una taza de té en la mano, una tercera pasa desnuda junto a ellos y los testosterónicos hijos de Matt esconden la risa. La escena, por supuesto, no puede acabar bien, pero solo a Campion podía ocurrírsele retratar con ese humor y originalidad tanta realidad sobre la confrontación desnuda, sin concesiones, de esos dos mundos opuestos que se esconden tras las desigualdades de género.


Por Esther Marín
Fuente: Pikara