junio 30, 2017

Colombia: El derecho de vivir en paz



La explosión de un artefacto en el Centro Comercial Andino en Bogotá rompe la tranquilidad del sábado 16 de junio por la tarde. Tres mujeres fallecidas y 9 personas heridas es el saldo del explosivo dejado en el baño de mujeres de ese centro comercial, que tiene gran afluencia de público. El atentado terrorista trajo de inmediato a la memoria los peores momentos de la guerra interna que ha vivido el país por más de medio siglo y que parecería estar llegando a su fin con la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Gobierno y las negociaciones que se llevan a cabo en Quito con el ELN. No está siendo nada fácil que se encarne en la población colombiana la idea de que es posible la paz luego de años de guerra y de las duras negociaciones que se tuvieron que dar para que se firme el acuerdo que pone fin a una guerra que ha dejado una terrible secuela de dolor y víctimas.

Vale recordar que han sido las mujeres las más afectadas de esta guerra, como lo mencionó Imelda Daza Cotes, actual vocera del movimiento político Voces de Paz y Reconciliación y una de las delegadas que en el Senado y en la Cámara de Representantes van a defender los acuerdos de paz de modo que se garantice su cumplimiento. Ella dijo:

“Las mujeres hemos sido duramente afectadas por el conflicto en todas las formas. La Unión Patriótica, por ejemplo, es hoy un partido de viudas y de huérfanas, porque las víctimas en un 95% fueron hombres jóvenes, entonces en todas partes donde uno va, se encuentra con las viudas. Mujeres que de un momento a otro quedaron solas con muchos hijos por criar, madres jóvenes. Se quedaron solas sin respaldo del marido, dependían económicamente de ellos, entonces se quedaron sin brazos y sin cabeza, dicen ellas simbólicamente.”[1]

Enemigos de la paz y señores de la guerra los hay muchos y siguen teniendo un gran poder movilizador, y desinformador, vale agregar, pues son muchos los rumores que circulan sobre las supuestas ventajas que va a tener la guerrilla con el acuerdo, mientras han hecho creer a algunos sectores de la población que las víctimas que han vivido las muertes, los desplazamientos forzados y otros impactos no tendrán el suficiente resarcimiento que merecen. Mensajes en esa línea fueron diseminados, junto con los de una falsa ideología de género que supuestamente tendría el acuerdo, para echárselo abajo y a la vez ganarse a las iglesias evangélicas fundamentalistas. Esta campaña provocó que se impusiera el No al Acuerdo con el 50,21 % en contra y el 49,78 % a favor en una votación con una elevada abstención, que llegó al 62,57 %. Negar el acuerdo, luego de tanto años de negociaciones y esfuerzos de lado y lado, con el apoyo de varios gobiernos, hubiera significado un enorme retroceso y un triunfo de los sectores guerreristas y ultra conservadores como el Centro Democrático del ex presidente Alvaro Uribe, quienes no solo defienden a ultranza la propiedad privada, sino se oponen a cualquier avance en cuanto al reconocimiento de los derechos de las mujeres, de las y los indígenas, afrodescendientes y de la población LGTBI, así como al logro de una verdadera justicia que condene la impunidad que ha existido hasta ahora frente a tanto crimen cometido por agentes del Estado y por el paramilitarismo.

Un aspecto sustancial del Acuerdo de Paz en Colombia es haber reconocido el rol fundamental que tienen las mujeres en la sociedad, considerándolas sujetas de todos los derechos. En el proceso de paz de la Habana, se creó la Sub-Comisión de Género, que luego de diversos diálogos en que participaron expertas, ex guerrilleras y víctimas, hizo una serie de recomendaciones que abren el camino para que los impactos diferenciados en las mujeres sean considerados y que se garantice el acceso de las mujeres a la propiedad rural de la tierra, reconociendo su rol en la producción y facilitando herramientas y mecanismos que les posibilite mejorar su producción, acceder a créditos, aportando de este modo a su autonomía económica. Asimismo, se planteó que había que transformar las condiciones históricas que han puesto barreras para la participación de las mujeres en la política y en los cargos de representación, por lo que se deben implementar medidas afirmativas que hagan posible esta participación.

Para las mujeres que dejaron las armas, empieza también un nuevo reto, pues tendrán que insertarse a la vida civil, cargando de todas formas los estigmas que conlleva romper con lo socialmente establecido para las mujeres y adentrarse en el monte o la montaña a combatir igual que los hombres, cumpliendo las mismas tareas. Sobre eso habla Isabela en un conversatorio sobre la situación de las mujeres rurales organizado por la Iniciativa Mujer Rural de International Land Coalition, que es facilitada por CINEP:

“Hemos podido tumbar muchos imaginarios. Uno de ellos es el tema de la mujer dentro de la organización. Los enemigos han creado monstruos, desconocen nuestra labor como sujetos políticos dentro de la organización. Nosotras por voluntad propia entramos a la organización, nuestro papel no es el rol tradicional de la mujer de alguien porque no somos un objeto. Participamos activamente en las mismas condiciones.”[2]

Participar en un nuevo contexto y con nuevos términos y defender el acuerdo es lo que señala Antonia, otra de las jóvenes de las FARC que asiste al conversatorio, quien además mencionó en varias ocasiones que ellas no han cambiado su ideología política ni su visión sobre el país, pues no han cambiado en realidad las condiciones por las que se levantaran en armas. “A nosotras”, dice, “no nos gusta que nos digan ex combatientes, porque se ha dejado las armas, pero la lucha continúa. Como mujeres tenemos un papel fundamental ahí, con las compañeras, con las mujeres, sacando adelante el acuerdo, con los hombres también.”[3]

Es entonces crucial que se cumplan los planes y los proyectos contemplados en el acuerdo, con miras a contribuir a la igualdad y garantizar la no repetición, lo cual redundaría sin duda en beneficio de la democracia. La labor no será sencilla, no solo por la oposición permanente de los señores de la guerra, sino porque luego de tantos años de guerra, se requiere una gran movilización por la paz, que se conozca los orígenes de esta guerra, lo que sucedió en el país, que se juzgue los crímenes, que los medios de comunicación no le hagan el juego a los señores de la guerra difundiendo medias verdades sobre el acuerdo y que realmente se tenga la voluntad política para cumplir con lo acordado y lograr por fin la paz en Colombia.

Los hombres y las mujeres, las nuevas generaciones merecen recibir y vivir en un país sin guerra y con esperanza. En esa línea se pronuncia Gloria Inés Ramírez Ríos, exsenadora, activista en temas de género e integrante del movimiento Marcha Patriótica: “Las mujeres abrazamos el acuerdo de paz, porque no queremos más muertes… ¿Cómo van a ser reparadas las mujeres violadas? Con la garantía de no repetición; ni con ellas, ni con las hijas, ni con las nietas, ni con las amigas, ni con ninguna otra mujer”[4] .

El martes 27 de junio, las FARC hicieron la entrega definitiva de las armas. El presidente Santos con emoción manifestó: “para lograr este día ha valido la pena ser presidente dE Colombia”. Mientras tanto, el principal representante de las FARC, Rodrigo Londoño, más conocido como Timonchencko, dijo: “Adiós, adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz”[5]. Ese es el reto de Colombia ahora: hacer posible el derecho de vivir en paz.

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1] Rosa Montalvo Reinoso, “Colombia. Aspiro a que cese la guerra. Una entrevista a Imelda Daza Cotes”, La Ciudad de las Diosas, 23 de enero del 2016.http://laciudaddelasdiosas.blogspot.pe/2016/01/colombia-aspiro-que-cese-...
[2] Apuntes personales
[3] Ídem
[4] “La Mujer y el Postacuerdo, tema en Cátedra de Paz y Posconflicto de la Universidad del Atlántico”, Universidad del Atlántico, 23 de noviembre del 2016. https://www.uniatlantico.edu.co/uatlantico/noticias/mujer-y-el-postacuerdo-tema-en-c-tedra-de-paz-y-posconflicto
[5] Marisol Gómez Giraldo, “El fin de las Farc como guerrilla, meta cumplida del proceso de paz”, El Tiempo, 28 de junio de 2017.http://m.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/las-farc-entregaron-todas-sus-armas-individuales-en-mesetas-meta-103370