julio 08, 2017

Maternidades Sororas: De mi Ombligo al Mundo



Lo de que “lo personal es político” es algo que llevan reivindicando años lo movimientos feministas, e indudable es que la maternidad es algo personal. Desde su inicio, desde la relación con nuestro propio cuerpo, con nuestras emociones, nuestro yo, es una revolución, pero ¿y desde el punto de vista social, sobre lo que tiene que ver con el cuidado de la vida, con la construcción de un modelo social que facilite y permita el buen vivir? Parece que los últimos años, de crisis global y hegemónica, han mostrado claramente cómo el individualismo y consumismo imperante no sirven para sostener la vida. La colectividad se muestra de nuevo como la alternativa a ese modelo, con experiencias en las que mucho tienen que ver los movimientos feministas y también mucho tienen que decir las maternidades, la 'Revolución de las Madres', como la denomina Laura Gutman. La maternidad no entendida sólo como experiencia biológica o personal, sino también como concepto cultural de construcción, cuidado de sociedades y relación con el entorno que nos nutre y al que pertenecemos.

Las mujeres se encuentran en una situación de vulnerabilidad ante el sistema patriarcal imperante, pero su historia, como bien expone Yayo Herrero, nos demuestra cómo, por esto mismo, han conseguido realizar aprendizajes ante la destrucción para hacer posible la vida, construyendo multitud de conocimientos relacionados con la crianza, la alimentación, el consumo, etc.

Es por ello que la maternidad se nos presenta como una oportunidad de alimentación saludable, consumo transformador, sostenibilidad medioambiental, educación transformadora y tantas otras cosas más, para conectarnos con el mundo, no solo hacia lo más íntimo, sino también hacia fuera, permitiéndonos mirar la realidad en toda su amplitud y desde la diversidad.

La oportunidad de una alimentación saludable y sostenible. La tradicional comida de mamá puede tener un papel fundamental en una buena educación alimentaria, en su relación con la salud o con el medio ambiente. Como en casi todo, las acciones colectivas suelen tener un impacto mayor, y así encontramos experiencias de Asociaciones de Madres y Padres sensibilizadas que promueven iniciativas de comedores escolares sostenibles. La alimentación también posee una alta capacidad de transformación en relación con el consumo, si se mantiene una posición de resistencia, frente a grandes multinacionales que invaden las dietas infantiles con productos no solo innecesarios, sino en muchos casos nocivos e irrespetuosos con el medio y las personas que los producen. Una buena lectura para reflexionar sobre el tema puede ser el libro de Esther Vivas, El Negocio de la Comida, ¿quién controla nuestra alimentación?

La oportunidad de la lactancia, porque puede suponer una gran revolución si se generan las redes necesarias para sostenerla, permitirla y transmitirla como conocimiento femenino y, más aún, colectivo. La lactancia es una forma natural, económica y ecológica de alimentar a lxs bebés, niñas y niños. Es asequible para todo el mundo y hace que los presupuestos familiares se reduzcan muchísimo en comparación a la alimentación artificial. Previene enfermedades, especialmente en situaciones de emergencia o de riesgo social. No contamina, ni genera residuos, con lo que garantiza un consumo transformador y una mejora de la sostenibilidad medioambiental. En todo ello ponía el foco la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2016, relacionando esta con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En casos de emergencia, o situaciones de movilidad humana, la lactancia puede ser una gran aliada y, sin embargo, no se transversaliza ni se insiste en generar redes que la favorezcan. Mientras, son los movimientos lactivistas quienes reivindican el poder de resistencia de la teta anticapitalista, como queda descrita y con tanta razón en el libro Maternidades Subersivas de María Llopis. En la Federación Española de Asociaciones pro-lactancia materna (FEDALMA) podemos encontrar una buena referencia de estas redes de mujeres que ven claro el poder de la lactancia como herramienta de transformación social.

La oportunidad de las redes madre a madre, que a través de las nuevas tecnologías han impulsado grandes tejidos maternales con mirada global. Multitud de blog y foros y grupos de apoyo que nos acercan realidades muy diferentes a la nuestra y nos empujan a empatizar y a permear esa cultura del cuidado, personal y social, al ámbito público. Ibone Olza, cuyo activismo en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos nos conecta por las redes con la realidad que viven mujeres, niñas y niños en los campamentos de personas refugiadas en Idomeni o el norte de Grecia, entre otras experiencias. O desde el ámbito de la crianza y del porteo de bebés que, ante la terrible situación de multitud de personas en tránsito por la guerra en Siria, se han activado experiencias como Carry The Future o Portabebés para Siria, donde sus mismas creadoras nos lo describen como espacio de ayuda “de madre a madre”, creando así una gran telaraña de comadres virtuales que se conectan a nivel planetario.

La oportunidad de la educación, una educación que puede ser respetuosa, vivencial, emancipadora y propositiva con la construcción de una ciudadanía global transformadora. El proyecto documental Enséñame pero Bonito es una interesante ilustración de cómo educar mirando al mundo, con proyectos y alternativas, donde las familias tienen mucho que ver y que decir. Y a nuestro alrededor cada vez más experiencias de proyectos de educación libre, como las recogidas en el listado virtual Ludus. Otra fantástica manera de educar mirando al mundo es viajar en familia, de manera responsable y respetuosa con el lugar de acogida, con la cultura local, percibiendo así la diversidad de primera mano, como la experiencia de Familias en Ruta y multitud de experiencias de turismo colaborativo, también en familia.

Son microexperiencias, ciertamente, pero ejemplifican de algún modo ese ejercicio de sororidad tan necesaria, entendida esta como “sumar y crear vínculos. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras y así de manera sin fin”, como describe Marcela Lagarde.

El Paro Internacional de Mujeres del pasado 8 de marzo de 2017, entre madres, hijas, hermanas, abuelas, amigas, comadres de todo el mundo, con la bandera de la sororidad, puso sobre la mesa el poder de su trabajo, su consumo y sus cuidados, con la solidaridad como arma.

No se trata de ser o no ser madres, ni de cómo hemos de serlo, sino de aprovechar el potencial de esa energía para construir redes de cuidado, de solidaridad y de respeto entre nosotras, y de mirada global, de ventana al mundo. Traer la maternidad al espacio público, colectivo, sin perder de vista la diversidad de las realidades que nos rodean y nos conectan.

Por Blanca Jiménez Díaz. Mujer feminista, madre y activista en diferentes espacios de educación, crianza y redes de mujeres. Profesional de la Cooperación y Educación para el Desarrollo.
Artículo elaborado para Pueblos en el marco del proyecto “Tendiendo Puentes desde Extremadura para la construcción de una ciudadanía global en defensa de los DDHH y de las mujeres”, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación para el Desarrollo (AEXCID).