agosto 07, 2017

Todos los mundos de una mujer del Sur

Perfil de la antropóloga que acaba de recibir el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, CLACSO.

Rita Segato antropologa y escritora.Foto: Alfredo Martínez

Rita Segato se identifica como una mujer del Sur. No aceptó radicarse en el Norte, “Donde van a morir los elefantes”, al decir del novelista José Donoso. Su madre, Elsa Teodolinda Josefa Frigerio, nacida en la tierra de los ranqueles, fue amamantada por una nodriza negra. Esa huella es parte de su artículo “El Edipo negro: colonialidad y forclusión de género y raza” que se origina en un encuentro visual en el Palacio Real de Petrópolis, con un cuadro donde Don Pedro II es sostenido por el regazo de una ama negra.

Esta imagen se tornó un vector en su biografía y se lo dedicará a “Marcosidé Valdivia, ama negra que amamantó a mi madre en Uriburu, La Pampa, Argentina, en 1913”.

Luego de estudiar en el Conservatorio Municipal de Música Manuel de Falla y en el Colegio Nacional Buenos Aires, en 1968 emprendió un viaje por la Quebrada de Humahuaca, su lugar en el mundo. Estudió antropología en la Universidad de Buenos Aires y, obligada a exiliarse en Venezuela, la etnomusicóloga argentina Isabel Aretz la recibió como aprendiz a los 23 años en Caracas.

En 1977 viajó a Irlanda del Norte, al programa de Antropología Social y Etnomusicología (Queen´s University of Belfast); realizó su posgrado con el africanista John Blacking, en un linaje impecable en el campo de la Antropología. Su tesis doctoral sobre las casas nagô de Recife, Santos e daimones. O politeísmo afro-brasileiro e a tradiçao arquetipal (1984) fue publicada en Brasil en 1995. Fue profesora del Departamento de Antropología, de la Cátedra de Bioética y Derechos Humanos, e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones.

Desde 2002 colaboró con la organización de las mujeres indígenas (FUNAI). Creó el Proyecto “Habla preso: el derecho humano a la palabra en la cárcel”. Fue coautora de la primera propuesta de reserva de cupos para estudiantes negros e indígenas. Invitada por la Universidad de Quilmes, sistematizó una obra que la proyectó internacionalmente: Las estructuras elementales de la violencia.

Un llamado de la organización de familiares y amigos de víctimas de los feminicidios en Ciudad Juárez Epikeia y Nuestras Hijas de Regreso a Casa para viajar a esa ciudad mexicana la sorprende. Allí escribió un texto iluminador: La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado (Claustro Sor Juana de la Cruz, 2006). Formuló el concepto de femigenocidios como asesinatos de mujeres en guerras no convencionales. Inspirada en el sociólogo peruano Aníbal Quijano, es parte de las cuatro tradiciones teóricas nacidas en suelo latinoamericano: Teología de la Liberación; Pedagogía del Oprimido; Teoría de la Marginalidad y la Perspectiva de la Colonialidad del Poder, siendo la feminista más influyente. En 2013 fue experta en el Tribunal de Consciencia de crímenes de género y perita en el Tribunal de Crímenes de Lesa Humanidad en Guatemala.

En La guerra contra las mujeres (Traficantes de Sueños), su libro más reciente, habla de las guerras neurobélicas. Invitada por la Red para la Articulación y el Fortalecimiento de Investigaciones en DD.HH., Argentina, expuso acerca de las mujeres sobrevivientes de la Shoá y de las violaciones por medios sexuales como centro de estas guerras. Acaba de recibir el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales, CLACSO 50 Años, por su magnífica obra: un continuum de trabajo junto a otras mujeres; una declaración radical de un pensamiento cultivado en conversación y amistad.

CONICET/UBA-UNSAM. CLACSO.

Fuente: El Clarín