noviembre 24, 2017

Nos sobran motivos



“Más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas”, dice la canción de Sabina. Miles y miles de razones y motivos tenemos las mujeres en todo el mundo para salir a marchar el 25 de noviembre, día contra la violencia hacia las mujeres, esperando que llegue el día en que no tengamos que salir más a las calles y recordarle al mundo que nos siguen matando, que nos acosan, nos violan, nos esterilizan sin consentimiento, nos prostituyen, nos comercian, nos esclavizan, nos golpean, nos utilizan, nos desalojan, nos desplazan, nos torturan o nos insultan y agreden en redes virtuales, que son las modernas piedras para lapidar a mujeres.

En el Perú, según el Ministerio Público, entre enero del 2009 y julio del 2017, se han cometido más de mil feminicidios, la mayoría por parejas o ex parejas de las víctimas, y la mayoría de asesinadas tenía menos de 34 años, es decir eran mujeres jóvenes, algunas de ellas adolescentes.[1] Este año, se han cometido 94 feminicidios y 175 tentativas. Mientras tanto, en el 2016, se han registrado más de 164 mil denuncias por violencia familiar, siendo mujeres el 89% de las víctimas, y el INEI en ese mismo año señaló que el 68% de mujeres en el país había sufrido violencia física, sexual o sicológica. Hasta septiembre de este año, el número de denuncias registradas por los Centros de Emergencia Mujer ascendía a65,989 y en el mismo período se han cometido 3,125 violaciones sexuales.[2]

Por otra parte, las primeras víctimas de abuso sexual son las mujeres, sobre todo jóvenes, y también niñas, niños, incluso menores de cinco años, y adolescentes. Según informa el diario el Comercio:

“En las cárceles del Perú hay 16,208 presos, entre procesados y sentenciados por el delito de abuso contra la libertad sexual en sus diversas modalidades, según el Instituto Nacional Penitenciario (INPE). La violación sexual a menores es el tipo de delito que ocupa el primer lugar en esta diversidad, con 7,904 internos.”[3]

Son también niñas y adolescentes la mayoría de víctimas de trata (6 de cada 10), especialmente provincianas, engañadas con ofertas de trabajo, con promesas de tener un mejor futuro.

Estas son las estadísticas que muestran números en frio o porcentajes de aquello que se denuncia, pero hay miles y miles de casos que no se llegan a denunciar, que se sufren en silencio, que se viven en los lugares más recónditos, con mucho miedo, mucha culpa, mucha angustia, hasta que, en algunos casos, logran aflorar y, aunque haya pasado mucho tiempo, son denunciados, gritados, vomitados por fin, en un acto liberador. Otros miles no serán evidenciados, no saldrán a la luz, vivirán en las memorias de las víctimas o en su olvido, pues tengo la seguridad de que todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas hemos vivido algún tipo de violencia, en casa, en la calle, en el colegio, en el trabajo, en lugares que considerábamos seguros. Muchas veces hemos sufrido la violencia de hombres mayores que debían protegernos, padres, abuelos, hermanos, primos, tíos, padrinos, padrastros, curas, profesores, maestros y guías. Todas alguna vez hemos enfrentado situaciones incómodas, dolorosas, inexplicables y también muchas veces sentido la culpa con las que nos crían y que nos escupen cotidianamente, como vemos en muchos comentarios frente a las violaciones y la violencia. Que si andaba con la falda muy corta y mostraba las piernas, que si le sonrió, que si se maquilló, que si caminaba de forma provocativa, que si se mostró dispuesta, que dijo que no pero quería decir sí. Se llega incluso a culpar a las mujeres de su violación y hasta de su propia muerte, como se ha visto en estos días en un post de una mujer en relación a la muerte de una joven de 16 años en circunstancias que están siendo aún investigadas. Ella escribe: “Ella solita se lo busco, nadie la obligó a ir a una discoteca o que se ponga a tomar y ahora que está muerta intentan buscar culpables”.[4] La forma como se juzga a las mujeres que denuncian o que han vivido la violencia es claramente una revictimización y no lo hacen no solamente en las redes, sino incluso en el propio sistema de justicia, como dejó constancia el fiscal Oscar Enrique Temple Temple, de la Fiscalía Provincial Mixta de Puente Piedra, quien no hizo la denuncia penal contra Sandro Jorge Salinas Zevallos, quien habría abusado de una menor de 15 años, porque dijo que ella no gritó, mientras la violaba en un hotel en Puente de Piedra.[5]

Recientemente en el mundo se han hecho denuncias de casos de violencia y violaciones sexuales que involucran a famosos personajes que han tenido que desaparecer de la escena frente al escrutinio público y que han dado pie a que otras mujeres en el mundo y en el Perú se llenen de valentía y griten también lo que les pasó, en un esfuerzo por sanar por fin las heridas que, pese al tiempo, no habían cicatrizado. Esto es lo que ha pasado en el país con el caso del director teatral Guillermo Castrillón, que, según lo denunció Eva Bracamonte, abusó de ella en los ensayos utilizando su rol de profesor y guía para dar paso a sus intereses sexuales supuestamente en nombre de que era un método de abordar el arte y la búsqueda de “altas intensidades”. Luego vinieron otras mujeres, chicas increíbles, creativas, positivas, algunas que habían realizado talleres con él y otras que vivieron su violencia por haber estado compartiendo el mismo espacio, que narraron situaciones similares. Asimismo, la denuncia en Facebook de la fotógrafa Illari Arbe sobre Francisco Javier Chávarry, un cura que había abusado de ella cuando niña, y tantas otras nos muestran descarnadamente el rostro de un problema que se presenta en nuestras narices sin que lo notemos porque no podemos poner en duda la honorabilidad de los hombres que están a nuestro alrededor.

En muchos casos, es terrible constatar cómo la violación se ha normalizado y cómo la violencia está ligada férreamente a la construcción de la masculinidad dominante e incluso, en algunos casos, se valida cuando los agresores actúan juntos para demostrarse su potencia. Un ejemplo de ello es el caso de los cinco españoles conocidos como la “manada” que violaron a una chica de 18 años e intentan hacernos creer que no fue una violación, sino sexo consentido, y esto en complicidad con una justicia ciega y patriarcal y una prensa que se presta al morbo y a la defensa incondicional de los privilegios masculinos.[6]

Y la violencia no es solo cotidiana, de parejas, ex parejas, acosadores en la calle o en el bus, en una fiesta, en un ensayo, o en el depa de un supuesto amigo, sino también las mujeres sufrimos la violencia que genera un sistema económico que prioriza el capital antes que la defensa y preservación de los bienes comunes. Ahí está como un caso emblemático Máxima Acuña, defendiendo su tierra y las lagunas, al igual que muchas otras mujeres campesinas e indígenas que sufren la violencia de las empresas y del Estado que las avala cuando ellas ponen el cuerpo en defensa de sus territorios. Hay otras formas de violencia que intentan pasar piola, como la representación estereotipada y degradante (despeinada, desarreglada, desdentada) de las mujeres indígenas en el bodrio llamado “la paisana Jacinta”, que justamente se estrena en Lima dos días antes del día contra la violencia hacia las mujeres, o los concursos de belleza o campañas publicitarias que siguen colocando a las mujeres como objeto de exhibición o los patrones de belleza que nos vende el mercado y que van acompañados de la parafernalia de propuestas para modificar lo que eres y ser otra, delgada, blanca, rubia, modelo inalcanzable, o la violencia que entraña el que recibas menor salario por el mismo trabajo, o que te despidan por estar embarazada.

Este 25 de noviembre se cumplen 57 años de que fueron torturadas y asesinadas por órdenes del dictador Trujillo las hermanas Mirabal. Como cada año, seguimos honrando la memoria de estas Mariposas, como se las conoce, esperando que cada vez más mariposas aleteen en el mundo, para que en todas partes desaparezca la violencia definitivamente y podamos vivir nuestras vidas sin las heridas y las huellas del dolor y el abuso que vamos arrastrando, escondiendo, negando, a veces para siempre.


Por Rosa Montalvo Reinoso


[1] “Se han registrado 1,001 casos de feminicidios en los últimos ocho años”, Perú 21, 6 de septiembre del 2017. https://peru21.pe/peru/feminicidios-peru-han-registrado-1-001-casos-ulti...
[2] Mariela Sausa,“Ni una menos: Han muerto 94 mujeres este año víctimas de violencia de género”, Perú 21, 21 de octubre del 2017. https://peru21.pe/peru/han-muerto-94-mujeres-ano-victimas-violencia-gene...
[3] Ana Briceño, “Hay casi 8 mil personas presas por violar a menores », El Comercio, 12 de noviembre del 2017. https://elcomercio.pe/peru/hay-8-mil-personas-presas-violar-menores-noti...
[5] “‘Víctima no gritó’, la indignante excusa de fiscal peruano que dejó libre a violador”, Perú 21 11 de septiembre del 2017. https://peru21.pe/lima/victima-grito-indignante-excusa-fiscal-peruano-de...
[6] “Empezó el juicio a ‘La manada’, los cinco españoles acusados de violación grupal en San Fermín”, Todo Noticias, 20 de noviembre del 2017. https://tn.com.ar/internacional/empezo-el-juicio-la-manada-los-cinco-esp...