diciembre 02, 2017

La venganza de Lola Vendetta

La ilustradora Raquel Riba habla de Lola Vendetta, su última creación que combina feminismo con violencia explícita.

Una de las viñetas de 'Mejor Lola que mal acompañada'. 

Lola Vendetta nació matando. La última versión de este personaje, recién parida, cometió un asesinato en las vías de un tren. La víctima era un entrañable ancianito que unas horas antes se había insinuado a su creadora. “El tipo llevaba hasta bastón, pero no le impidió pedirme una cita solo porque habíamos estado hablando cinco minutos”, asegura Raquel Riba Rossy, álter ego de Vendetta y responsable de uno de los fenómenos editoriales más inesperados de este año con su libro Lola Vendetta. Más vale Lola que mal acompañada (Lumen 2017).

Una de las cosas que más sorprende de su libro es la violencia explícita que empapa todas las historias. Su personaje se va vengando de todos los hombres machistas con una katana. "Sí, de hecho al principio recibí muchas críticas; me preguntaban cómo iba a combatir la violencia de género con más violencia". Su respuesta siempre es la misma: "Una mujer con katana y cortando cabezas es algo exótico, pero un hombre con katana y cortando cabezas es la historia de la humanidad".

En sus viñetas, además de la katana, aparecen personajes mutilados, corazones ensangrentados, hasta una planta carnívora que va devorando a Lola. Cuando alguien lee la novela espera que la creadora sea alguien muy enfadada, y ella no lo parece. Además, se ríe: "Sí, claro". Cuenta que Lola nació un poco "en plan visceral" para defenderse a sí misma, de sus fantasmas internos. "Tenía 24 años y estaba harta de pasar momentos incómodos cada vez que salía a la calle. Estaba harta de normalizarlo, como cuando haces un trayecto de tu casa a una cena de tus amigas y te pasa algo por el camino, alguien te acosa, y al llegar ni siquiera lo comentas. El acoso es tan común que no lo denunciamos ni dentro de nuestro círculo".

Raquel Riba preparando la expo de la última aventura de Lola Vendetta. DELIRIS


A pesar de eso, y últimamente, parece que el feminismo se ha normalizado, extendido, algunos dirían incluso que se ha puesto de moda, todo ello con un tinte negativo. "Quejarse de eso es como quejarse de que se ha puesto de moda salir a correr. Mira, hace 10 años lo que estaba de moda era la cocaína y ahora está de moda el running, ¿Qué es lo peor?, ¿que la gente se va a fastidiar las rodillas? Lo importante es que consigues una sociedad más sana". Riba asegura que existen las feministas que corrieron delante de los grises, "y hay que agradecerles su papel". Pero también existen aquellas que se arreglan el pelo y llevan tacones. "Para mí una clave fundamental del feminismo es estar en pacífico desacuerdo. Eso de entender que la otra persona no ha reflexionado antes, creer que está equivocada, es muy hipócrita, muy patriarcal. Hay que hablar de feminismo en la Iglesia Católica y en la casa okupa".

Precisamente su última obra se expone en una capilla. Una idea que salió de Pilar Bonet, una profesora de Bellas Artes especializada en feminismo. "Se trata de reinterpretar el espacio según cada artista. En mi caso Lola Vendetta sube a ver a Dios y le dice hay que hacer una segunda edición de la Biblia. Son seis quejas, y luego, el séptimo día, Lola descansó. Aunque luego vuelve y se sigue quejando porque hay muchas cosas de las que quejarse".

La presentación, en una capilla, de 'Mejor Lola que mal acompañada'. DELIRIS


Entre otras cosas, de la alerta que se crea en torno a los genitales, también llamados "chochos mandalas" en el mundo de Lola. "El problema es que cada vez que las niñas se tocan sus genitales es “no te toques que vas a infectar”, “no te toques que te vas hacer daño”, son todo alertas. Las niñas empiezan a tener negación, los niños empiezan a tener afirmación". Vehemente, asegura que es muy importante sentarse delante del espejo y abrir las piernas. "Eso se nos olvida y debería ser lo más normal del mundo. Créeme si te digo que hay mujeres con 30 años que no saben que tienen tres agujeros abajo".

Lola Vendetta.

Por Tatiana López
Fuente: El País