enero 12, 2018

El mito de la libertad de elección


Nuestro tiempo es paradójico: se atribuye al feminismo los pecados del propio machismo.

Cristina Pedroche dijo que su vestido era "superfeminista" porque el feminismo es que puedas ponerte lo que quieras. La presentadora sabe cómo provocar, es un talento natural que tiene (ella o sus asesores), excitar a las masas con afirmaciones que desatan las reacciones más viscerales. Si en otros tiempos renegaba del feminismo, ahora lo adapta a su conveniencia.

El liberalismo salvaje en el que vivimos, el relativismo absoluto que hace que todo sea válido, ahora en nombre de la defensa de los derechos individuales, están convirtiendo el movimiento a favor de la igualdad en un cúmulo de eslóganes vacíos de significado que a menudo se contradicen entre sí, usados en contextos claramente discriminatorios. Claro que Pedroche tiene todo el derecho del mundo a vestirse como le dé la gana, faltaría más y si no viviéramos en un país tan machista las críticas hipócritas a su “casi” desnudez no serían ni de lejos tan abundantes. Pero nuestro tiempo es paradójico: se atribuye al feminismo los pecados del propio machismo. No es en contra de la presentadora ni contra su cuerpo o la elección de vestido contra los que se dirigen las críticas, es contra el contexto en el que se inscriben.

En este sentido la libertad de elección se está convirtiendo en un mantra para legitimar hechos que van claramente contra la dignidad de las mujeres. Sería una elección libre de Cristina Pedroche aparecer ante millones de espectadores de la forma en que lo hizo, con un cuerpo trabajado hasta el milímetro, que ha tenido que sufrir restricciones severas durante años para caber en el molde estrecho que se impone sin tregua, embadurnado de arriba abajo, acompañado de un señor a quien no parecen preocuparle mucho este tipos de cosas. Sería una elección libre, digo, si fuera posible ver a una mujer de peso normal ante las cámaras, con un jersey de cuello alto, abrigadita y sin tacones. La mencionada libertad de elección es una ficción cuando la presión sobre los cuerpos de las mujeres es cotidiana, continua y omnipresente desde que somos niñas. Lo sabe perfectamente Pedroche, a quien insultaron a base de bien hace unos años cuando aumentó un poquito su índice de masa corporal. Pero este canon lo siguen al pie de la letra la mayoría de presentadoras, muy pocas escapan a la imposición imperante. Una excepción es Tania Llasera.

El contexto, determinante

La trampa de la libertad de elección se da también en otros ámbitos. La idea simplista dice que el feminismo es, en primer y último término, escoger lo que quieres, hacer lo que te dé la gana sin preocuparte por el contexto en el que escoges, sin tener en cuenta que el engranaje del sistema en el que te mueves "libremente" es un artefacto eficaz y eficiente que hace milenios que existe y se adapta a las circunstancias. Ahora el engranaje te hace creer que eliges lo que quieres cuando lo que eliges es lo que tiene pensado para ti como mujer. Escoges prostitución libremente. Si ese es el caso, si una mujer decide dedicarse a ese oficio, ¿en nombre de qué valor supremo nos vamos a oponer? Pues bien, esta sería una elección libre si no hubiera tantas mujeres obligadas a prostituirse, si no fuera la única salida para sobrevivir que tienen muchas de ellas, si no existieran poderosísimas mafias dedicadas al tráfico de cuerpos vivos, a la explotación infrahumana de sus carnes, convertidas en objetos de placer. Sería una elección libre si no hubiera proxenetas que ejercen así su poder masculino sobre unas mujeres considerados a todos los efectos inferiores. Mujeres libres, sin necesidades económicas, sin conflictos con el propio cuerpo, que siempre han vivido una sexualidad plena y no han sido víctimas de violencia sexual, que deciden dedicarse a la prostitución. Haberlas debe haberlas, pero admitámoslo, en el contexto actual lo más probable es que sigan siendo minoría.

Ocurre tres cuartos de lo mismo con la gestación subrogada, defendida incluso por algunos sectores de la izquierda que obvian el hecho de que hay mujeres en el mundo que deciden pasar por un embarazo y un parto por pura supervivencia. Negando además que biológicamente, la maternidad repetida es un riesgo enorme para la salud. 

En otro orden de cosas, también dicen escoger libremente las que escogen taparse el pelo, seguir escrupulosamente con unas normas supuestamente contenidas en unos textos religiosos. La elección en este caso sería realmente libre si la mujer en cuestión no ha sufrido nunca ninguna presión sobre su sexualidad, su cuerpo no fuera considerado un peligro para el orden público en tanto que provocador del deseo masculino, que en cambio no se puede controlar. Sería una elección libre si en el mundo no siguiera habiendo millones de mujeres obligadas a cubrirse.

El ejercicio de la libertad, se aprende con los años, es mucho más que hacer lo que te dé la gana.


Por Najat El Hachmi
Fuente: El Periódico