febrero 16, 2018

Violaciones y otras monstruosidades



Según un reciente informe del portal Ojo Público, 3,125 personas han sido encarceladas por crímenes sexuales en los últimos cuatro años.[1] Es una cifra que nos llena de espanto, aunque al hablar de “personas”, perdemos la constatación de que la violación sexual es un crimen que cometen sobre todo hombres. No significa que no haya mujeres que estén detenidas por violación sexual, pero no alcanzan la dimensión masculina, pues como lo hemos dicho enésimas veces, la violación sexual no solo se dirige a la satisfacción erótica, sino que es un asunto de poder. Como dice Rita Segato, “el crimen sexual es un crimen del poder”[2], de poder del hombre sobre las mujeres, sobre los niños y las niñas a las que somete. Según ha declarado Carlos Vásquez Ganoza,el jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), hay 7,907 presos por violación sexual,[3] siendo la violación sexual de menores de edad el segundo delito más común entre los reos que cumplen condena en los diferentes centros penitenciarios del país. Entre todas las víctimas de violación sexual, el 76% son menores de edad.

Datos oficiales también dan cuenta de otra dimensión de la problemática, y es que el 78% de las víctimas conocía al perpetrador, que era un conocido o un familiar, primo, tío, padrastro e incluso el propio padre.

Esto es lo que más espanta en los casos de abuso de las menores de edad, el que sea el propio padre, un familiar o alguien en quien confían que las someta desde tan niñas al abuso sexual y al silencio, al miedo de alguien a quien se debería amar, respetar, al terror de un hombre, de un adulto que debería ofrecerles a las niñas un espacio seguro para crecer con libertad.

Las cifras de espanto y las denuncias públicas en los últimos tiempos nos están permitiendo visiblizar una problemática que está sumamente extendida en el país, en el mundo, que lamentablemente se coloca en la agenda solo cuando casos cruentos nos estallan en la cara cada cierto tiempo, como el de la niña de 8 años que se vio obligada a parir un hijo de su propio padre, o el de la niña violada y quemada en las narices de la policía. Saltan entonces ciertos sectores a pedir la pena de muerte, como si matar a cientos de hombres va a terminar con las relaciones de poder, con los deseos de dominación y control que están implícitos en las violaciones sexuales. Sin negar que hay muchas personas que, cegadas por la rabia y la impunidad que reina, piden la pena de muerte, hay determinados sectores que perversamente quieren hacer uso de estos hechos para satisfacer sus propios intereses, como es el de proponer salirnos de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, por lo tanto, abdicar del derecho internacional que suele ser el único en el que muchas personas logran encontrar justicia.

“Hay que matar a los monstruos”, gritan blandiendo las espadas, pidiendo el descuartizamiento o una bala, como si de esta forma quisieran exorcizar el hecho de que los mal llamado monstruos están muy cerca, que no provienen de cuevas, ni tienen el rostro desfigurado o señales externas que nos ayuden a determinar que son violadores o abusadores sexuales. Además de ser algunos familiares cercanos, suelen ser también el profesor, el médico, el jefe, el amigo e incluso personal de ayuda humanitaria como se ha visto en el reciente escándalo que involucra a varias ONG internacionales, que tienen la misión de apoyar en casos de emergencia o cooperar con los países en desarrollo.

En realidad, son hombres que en su mayoría trabajan, que sonríen, que pueden ser muy simpáticos, buenos vecinos, que saludan todos los días. Los hay guapos, enternados, perfumados, que en sus magníficas viviendas se dejan caer en el cuarto de sus niñas, hijas, hermanas, para jugar a las escondidas, dicen, mientras tempranamente comienzan el toqueteo y el abuso, o intentan aprovecharse de las hijas o nietas de sus empleadas, como aquel gerente de la fábrica de café en que trabajaba mi abuela, que a mis diez años me llamaba para darme un Sucre mientras me mostraba revistas pornográficas. Son hombres bien nutridos, que no han pasado hambre en la vida, ni tienen anemia, como cree la primera ministra Aráoz cuando, en una demostración de su pensamiento racista y clasista, dice que: “La violencia viene de espacios familiares muy dañados, donde probablemente ha habido anemia, desnutrición infantil que no permitió el desarrollo del cerebro y la violencia es aceptada como algo normal en estos espacios”.[4]

Obviamente también los hay aquellos que han pasado desnutrición y que viven en la pobreza, pues el deseo de dominación cruza todos los sectores sociales, las religiones, edades y zonas geográficas. Así lo demuestran las 150 niñas abusadas sexualmente por el PNP Carlos Eduardo Tumes López en Huánuco, descubierto el año pasado, así como las niñas awajún violadas por sus profesores y sobre las que se han hecho 216 denuncias ante las UGEL de Condorcanqui, sin que se haya hecho mucho, habiendo ya prescrito 157 de éstas, como nos menciona en su columna Rocío Silva Santisteban.[5] Asimismo, aunque los violadores se ensañan con menores de edad, tampoco las mayores se salvan. Ha sucedido con ancianas que, estando solas, han sufrido abusos de desconocidos o de conocidos, como pasó hace unos pocos días en San Martín de Porres[6], con una anciana a la que Ariel Soto Picón violó y dejó en un descampado, o con la abuela de una amiga mía en una alejada comunidad rural en Ayacucho, violada por un joven vecino, o con la decena de ancianas violadaspor Milton Quispe Moralesen el distrito de San Antonio de Antaparco, en la provincia de Angaraes, Huancavelica.

Por otro lado, no es cierto que la violencia sexual sea aceptada como algo normal en los espacios donde cunde la pobreza. Por ello precisamente es silenciada, mantenida en secreto, al igual que en los espacios ricos, logrando los violadores que un manto de complicidad se cierna sobre las familias. Subyace también una idea de que las niñas olvidarán, que por ser jóvenes podrán “rehacer” su vida, que el peso del estigma no las perseguirá eternamente, mientras que, si se denuncia, el violador verá cortada su vida, por lo que las familias terminan optando por su protección.

Eliminar de nuestras sociedades el abuso sexual no es una tarea sencilla, ni es un asunto de aplicar la pena de muerte, o de salir a una marcha cuando nos estalla un caso y nos llena de impotencia el ver la vida segada de una criatura. Tienen que confluir una serie de factores, desde una justicia que no sea patriarcal, y que no juzque y revictimice a las mujeres y niñas, una educación no sexista que incluya educación sexual y oriente a maestros y maestras a tratar estos temas adecuadamente, sin dejarse llevar por su propio conservadurismo o el de las familias que, bajo el manto de sus creencias religiosas, intentan controlar los contenidos educativos en el país. Pasa por que en la familia las niñas tengan la confianza para hablar de lo que les está pasando con sus madres, con personas adultas que las pueden proteger, rompiendo el secretismo y la complicidad, pasa por que se legisle, se ponga penas más duras a los violadores y sobre todo que se prevenga con políticas públicas específicas. El combatir el abuso debería ser un compromiso de la sociedad entera, un asunto de suma urgencia, impostergable. Sin embargo, con lo que vimos ayer en la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, que tuvo que suspender su sesión donde se iba a debatir precisamente propuestas para enfrentar este problema, porque un buen número de congresistas no asistió, no tenemos mucho optimismo, pero a quienes somos insistentes nadie nos gana.


Por Rosa Montalvo Reino


[1] David Hidalgo, Fabiola Torres y Mayté Ciriaco,“El país de los 3 mil violadores de niñas”, Ojo Público, 8 de febrero del 2018. https://ojo-publico.com/especiales/ser-nina-en-america-latina/peru-el-pa...
[2] Reynaldo Sietecase, “Rita Segato: ‘La violación es un acto de poder y de dominación’”, Diario Digital Femenino, 16 de abril del 2017.http://diariofemenino.com.ar/v2/index.php/2017/04/16/rita-segato-la-violacion-es-un-acto-de-poder-y-de-dominacion/
[3] Karina Valencia y Oscar Cornetero, “INPE: Cifra de presos por violación sexual a menores llega a 7907”, 3 de noviembre del 2017. https://diariocorreo.pe/tema-del-dia/cifra-presos-violacion-sexual-menor...
[4] “¿La violación se origina en la pobreza? Esto dijo la premier Mercedes Aráoz”, La República, 7 de febrero del 2018http://larepublica.pe/politica/1181259-la-violacion-se-origina-en-la-pobreza-esto-dijo-la-premier-mercedes-araoz-video
[5] Rocío Silva Santisteban, “Las niñas awajún violadas”, La República, 13 de febrero del 2018.http://larepublica.pe/politica/1196361-las-ninas-awajun-violadas
[6] “Taxista violó a anciana de 72 de años en San Martín de Porres”, Perú21, 9 de febrero del 2018.https://peru21.pe/lima/san-martin-porres-taxista-detenido-violar-sexualmente-anciana-video-395291