marzo 30, 2018

No podrán matarlas



Una quisiera no volver a escribir sobre el asesinato o el feminicidio de una mujer, de ninguna mujer en el mundo, menos aún en los casos en que se trata de mujeres que han salido de la norma y denuncian con sus acciones y la trayectoria de su vida a un sistema injusto que se ensaña con grandes sectores de la población para mantener el beneficio de unos pocos. No, una no quisiera escribir sobre la muerte de mujeres que luchan todos los días y que nos demuestran la capacidad que tenemos de salir de los túneles más oscuros, de la pobreza más extrema en la que nos quieren mantener los poderosos de turno, de la discriminación cotidiana que es la perfecta cómplice del statu quo, de la norma coercitiva, del debe ser que nos coloca en un sitio establecido, inmutable dentro de la norma heteropatriarcal. Una no debería nunca escribir columnas tan tristes que hablen de muertes, de pérdidas, como la muerte de Marielle Franco, asesinada el 14 de marzo en Río de Janeiro, emboscada vilmente cuando regresaba de un debate que precisamente se llamaba “Jóvenes negras moviendo las estructuras”, lo que expresa con claridad el debate que hay en Brasil, especialmente entre los y las jóvenes negros, que son quienes viven en carne propia la violencia en todas sus expresiones. Son ellos y ellas que, desde diferentes colectivos y propuestas, quieren mover esas estructuras que mantienen la opresión, la discriminación que da paso al exterminio de la población. Cuatro balas disparadas en su cabeza, como para que no quede ninguna posibilidad de sobrevivir, como queriendo matar sus pensamientos, borrar su identidad y visión del mundo. Cuatro balas disparadas por un arma que era parte de un lote comprado por la policía, según señalaron las investigaciones.

Marielle era ya un icono de la lucha de las mujeres, joven, negra, política, lesbiana, madre, defensora de derechos, izquierdista, militante del PSOL (Partido Socialismo e Liberdade),partido por el cual había sido elegida concejala, siendo la quinta más votada de la cámara municipal de Río. Nació y creció en el Complexo de Maré, una favela en la zona norte de Río que constituye uno de los tantos asentamientos que conforman el cinturón de pobreza de esta ciudad. Desde muy joven se vinculó a la lucha por los derechos humanos, la lucha contra la violencia que se había llevado tempranamente a su mejor amiga. Fue siempre una tenaz opositora a la intervención policial en las favelas, denunciaba sin temor la corrupción policial y se opuso a la decisión de Temer hace un mes de militarizarlas con la excusa de luchar contra el crimen organizado. Había denunciado al 41º Batallón de Río, que aterrorizaba a la población de Acari y que es conocido como el escuadrón policial que más mata en Río.

El 13 de marzo, un día antes de su asesinato, Marielle escribió en su Twitter denunciando la muerte de Matheus Melo, un chico de 23, baleado por la policía militar en la favela de Jacarezinhocuando salía de una iglesia evangélica donde predicaba. Ella escribió: “un homicidio más de un joven que puede estar entrando a la cuenta de la PM, estaba saliendo de la iglesia. ¿Cuántos más van a necesitar morir para que esta guerra acabe?”.[1] Esa es la pregunta que lanzó al mundo cuando nada presagiaba que ella también iba a morir para que se produzca el “terremoto” movilizador que se dio en Brasil en su funeral. 

Pero no era suficiente con matarla, para algunos sectores políticos de la derecha. Al ver la enorme rabia que produjo su asesinato, que se iba transformando en una inmensa ola que crecía y crecía evidenciando el dolor de su muerte y de tantas otras vidas truncadas por la insania asesina de las fuerzas que detentan el poder en Brasil. Quisieron manchar su honra, su trayectoria, injuriándola para que los miles de mujeres y hombres que se sintieron tocados con su muerte, muchos que quizá vieron por primera vez la cara de la guerra que se enfrenta en las favelas cotidianamente, no la creyeran ninguna heroína, mártir ni ejemplo a seguir.

En las redes empezó el intento por dañar su imagen con información falsa, queriendo vincularla con el crimen organizado, sugiriendo que el financiamiento de su campaña habría venido de esas fuentes, que era drogadicta, que el padre de su hija era un traficante. El diputado Alberto Fraga, del derechista Partido Democrata, haciéndose eco de estas falsedades, lanzó en su Twitter: “Conozcan el último mito de la izquierda, Marielle Franco. Embarazada a los 16 años, exesposa de Marcinho VP, consumidora de marihuana (...) electa por el Comando Vermelho”.[2]

Esta campaña de desprestigio fue al parecer lanzada por el Movimiento Brasil Libre desde el sitio Ceticismo político, manejado por Luciano Ayan, que ha negado cualquier conocimiento de esto, pero que tuvo que eliminar la página gracias a las presiones que se dieron desde diferentes sectores, de la familia de Marielle e incluso de grandes redes noticiosas como O Globo. También el diputado tuvo que admitir que no verificó la información cuando le vino la presión social y la evidencia de las mentiras vertidas con la intención de dañarla para eliminar su ejemplo del imaginario colectivo y eliminó su tuit.

Con las distancias del caso, eliminar cualquier atisbo que permita reconocer la valía de Marielle, de borrar su memoria y su lucha contra la injusticia y la violencia, es lo que intentó hacer Sendero Luminoso, grupo terrorista en el Perú cuando dinamitó, luego de matarla, a María Elena Moyano, otra joven afro, feminista, dirigente vecinal, mujer de izquierda, que se opuso fuertemente a la incursión de este grupo en Villa El Salvador,distrito popular del Cono Sur de Lima. 

Embebecidas y embrutecidas por el poder que detentan oscuras fuerzas en América Latina para mantener los poderes políticos y económicos, matan o mandan a matar a diestra y siniestra a hombres y mujeres que defienden los derechos humanos, el derecho a vivir en sus territorios, a vivir en un ambiente sin contaminación, sin violencia. Es Brasil precisamente donde más defensores fueron asesinados en el 2017, ocupando el primer lugar en el mundo. Le siguen Colombia y México en el tercer y cuarto lugar respectivamente y parece no parar. Esta misma semana, en México, fue asesinada MaríaGuadalupe Hernández Flores, defensora de derechos de las mujeres y de las personas LGBT. Ayer, fue asesinada en Guayaquil Gavis Moreno, afrodescendiente, defensora de derechos humanos, feminista que pertenecía al colectivo “Mujeres de asfalto” y en Colombia, todos los días hay un defensor o defensora asesinado.

Creen así arrancar de raíz la conciencia que hay en nuestros países sobre sus derechos, creen que así van a callar todas nuestras voces, llenarnos de miedo, pero no saben que mujeres como María Elena, como Marielle, como Berta, como María Guadalupe, como Gavis son semillas fecundas que se esparcen por nuestra Abya Yala, que florecen cada día en todas nuestras luchas y guiarán nuestro camino siempre.

Por Rosa Montalvo Reinoso

[1] “Marielle Franco, la concejala que denunciaba la violencia policial en Río”, Perfil, 15 de marzo del 2018.
[2]AFP, “Asesinato de Marielle Franco no escapa de las ‘fake news’”, Color ABC, 21 de marzo del 2018. http://www.abc.com.py/internacionales/asesinato-de-marielle-franco-no-escapa-de-las-fake-news-1685847.html