junio 13, 2018

El crudo testimonio de una médica: “A los anti aborto yo les quiero pedir que vengan a ver lo que pasa en la sala de terapia intensiva”

Elisa Estenssoro trabaja en el hospital más grande de la provincia de Buenos Aires y habló con Infobae sobre la realidad que afecta a las mujeres de menos recursos y sus consecuencias: “Al aborto clandestino yo lo llamo femicidio”

Elisa Estenssoro es la jefa del servicio de Terapia Intensiva del Hospital San Martín de La Plata, el hospital público más grande de la provincia de Buenos Aires, y ex presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). A lo largo de su carrera le tocó recibir a mujeres que llegaron a verla con las peores complicaciones producto de abortos mal practicados, por fuera de todos los parámetros médicos, en la clandestinidad, ilegales. Por eso, ella y su equipo vienen peleando por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo como una forma de terminar con lo que considera que es un problema social de acceso a la salud, y tienen todas sus esperanzas puestas en lo que decida el miércoles la Cámara de Diputados.

El Hospital San Martín, en La Plata (Google Street View)

“Nosotros estamos acostumbrados a recibir pacientes que ingresan a terapia intensiva del hospital con abortos sépticos, que es la complicación más grave de un aborto mal practicado y la que lleva a la muerte. Hace mucho que venimos atendiendo a estas pacientes y viendo cómo muchas de ellas vienen a morir a terapia intensiva. Por eso es que nos parece positivo que nos convoquen para comentar nuestra experiencia, porque desde el otro lado se oyen y se ven cosas truculentas, como el feto de papel maché, como el relato de que el aborto es asesinato y todas esas cosas tan chocantes, cuando en realidad lo que es chocante es que esas mujeres, todas de bajos recursos, ingresan a los hospitales en un estado de gravedad profunda y la mayoría muere. Por eso cada vez que recibimos a una mujer en esas condiciones siempre decimos que deberían venir a esta sala de terapia intensiva los anti aborto, para que vean de qué tipo de cuadros estamos hablando. Esto es lo verdaderamente truculento y lo verdaderamente grave. Porque está la cuestión de las creencias religiosas, la filosofía, y la verdad es que las creencias de cada uno están perfectas, pero esto es un problema de salud pública. Cada uno que tenga las creencias que quiera, la salud pública es otra cosa. La mortalidad materna es otra cosa”, explica Estenssoro.
—Uno de los cuadros más graves que sufren las mujeres que se someten a abortos clandestinos es el síndrome de Mondor. ¿De qué se trata?

—El síndrome de Mondor es el cuadro de mayor gravedad dentro del aborto séptico y ocurre a mujeres con abortos mal practicados, realizados en condiciones que están fuera de todos los parámetros médicos. Estamos hablando de gente que se pone una sonda, perejil, o cosas por el estilo. Aunque se piense que son un mito, esas cosas aún existen. Se trata de una infección ascendente, gravísima, que comienza por la vagina. Al síndrome de Mondor muchos lo llaman síndrome tricolor porque es una bacteria que tiene una serie de toxinas que producen hemólisis, esto es, la ruptura de los glóbulos rojos. Entonces, estas pacientes sufren un cuadro de insuficiencia renal aguda –el riñón deja de funcionar– pero la poca orina que producen es negra, producto de esa hemólisis. A su vez tienen un compromiso del hígado muy importante y se ponen amarillas, ictéricas. Y además, debido a la vasodilatación tienen las mejillas rojas. Por eso tricolor, es una cosa muy gráfica, y es, también, el cuadro más grave. En realidad, médicamente hablando, más allá de esta descripción, es un estado de falla multiorgánica. Todos los órganos empiezan a fallar. Estas pacientes entran con insuficiencia renal aguda, prácticamente dejan de orinar, con dificultades respiratorias porque tienen los pulmones llenos de líquido, y como están en shock necesitan drogas para mantener la presión arterial. En este cuadro de extrema gravedad muchas de ellas mueren.

Pese a que mientras se trate de una práctica que se realiza en la clandestinidad la elaboración de estadísticas oficiales no será tarea fácil, los números de la mortalidad materna fueron uno de los temas durante la recta final de la definición de la Cámara de Diputados. Mientras que de un lado las autoridades sanitarias hablan de 47 mil hospitalizaciones por abortos, del otro minimizan las cifras y aseguran que el aborto clandestino no es la principal causa de muerte materna. Más allá de la polémica, poco se habla de las sobrevivientes y las secuelas de quienes llegan a los hospitales con hemorragias avanzadas o hasta perforaciones uterinas. Los médicos coinciden en que, en todos estos casos, la ausencia de un acompañamiento médico que incluya un posoperatorio es lo que marca la diferencia entre una simple complicación médica y un cuadro de mayor gravedad, que incluye graves secuelas y riesgo de muerte.
—¿Qué tipo de secuelas sufren las mujeres que sobreviven a un cuadro médico de este tipo?
—Las que sobreviven pueden sufrir todo tipo de consecuencias, y una bastante común ante las infecciones es la extracción uterina. Entre las más graves, sin embargo, está la coagulación intravascular diseminada. Significa que se van trombosando todos los pequeños vasos y hay que ir amputando las extremidades: pies, piernas, brazos, es una cosa terrible. Antes, todas estas pacientes morían, pero ahora muchas sobreviven gracias a los avances que se hicieron en el campo de la medicina. Hace unos tres años atendimos a una paciente en esas condiciones, que perdió las dos piernas y un brazo. Era una mujer grande que ya tenía varios hijos, y que había apelado al aborto por cuestiones económicas. Después de las amputaciones nos dijo: “Ojalá me hubiera muerto”. A nosotros se nos partía el alma, realmente se nos partía el alma. Es tremendo y es injusto… uno no eligió la medicina para pasar por estas cosas.

—¿De qué tasas de mortalidad se habla cuando se trata de abortos clandestinos?

—La mortalidad materna fue bajando con el paso de los años, producto, como decía anteriormente, de los avances de las técnicas médicas. A fines de la década del ochenta y principios de los noventa en varios trabajos que hemos publicado hablábamos de una mortalidad en estos casos del 50%, que de cualquier manera es una mortalidad inaceptablemente alta, debido a que se trata de muertes evitables. Y la mortalidad materna en estos casos es un indicador inapelable de la calidad del sistema de salud. Yo elijo llamarlos femicidios, porque en estos casos falla el Estado, falla la educación sexual, falla la entrega de anticonceptivos, falla todo. Y cuando todo falla, las afectadas son las mujeres de bajos recursos, que son las que mueren.

—¿El uso del misoprostol para la interrupción voluntaria del embarazo, incluso en condiciones de ilegalidad, puede modificar esta situación?

—El tema con el misoprostol es el siguiente: se trata de un medicamento de alto costo. Entonces, es cierto, es más seguro; pero las mujeres que llegan al hospital público, las mujeres de las que estamos hablando, no utilizan misoprostol porque está fuera de su alcance. El misoprostol es un recurso que utilizan las mujeres con otras condiciones socioeconómicas. En general, estas mujeres lo utilizan y después concurren a hospitales o clínicas donde se hacen una ecografía y verifican si hay restos ovulares. Si los hay, inician un raspado o una aspiración. Pero esto es una realidad, el misoprostol se usa en otro circuito. Que también es ilegal, también es clandestino, pero que es mucho más seguro. Por eso, insisto, este es un problema de inequidad del acceso a la salud.
—Recientemente participó junto con su equipo de un video en el marco de la campaña nacional por el derecho al aborto. ¿Hace cuánto tiempo está a favor de la legalización y por qué?

—Yo toda la vida estuve a favor de la legalización del aborto. Nosotros, mi equipo y yo, estamos publicando sobre estos temas desde el año 2007. A mí toda la vida me ha conmovido profundamente esta desigualdad de lo que ocurre con las mujeres más pobres. Hace un tiempo publicamos un estudio en el que analizábamos quiénes eran las mujeres que abortaban, y la realidad era que eran mujeres que tenían siete hijos en promedio. No estamos hablando de un aborto decidido porque, no sé, tengo que continuar mis estudios, tengo problemas en el trabajo o cualquier tema por el estilo, acá estamos hablando de otra cosa. En lo personal, obviamente que también estoy de acuerdo con que la mujer debe ser dueña de su cuerpo y de sus decisiones, pero a mí lo que más me conmueve más allá de las creencias personales es esta otra cuestión: el problema social de inequidad.


sbenavides@infobae.com
Fuente: Enrique Stola
Publicado en Infobae