julio 28, 2018

Hannah Gadsby, o cómo destruir y salvar el mundo con comedia.

La australiana Hannah Gadsby habla en profundidad sobre su especial "Nanette", que se convirtió en uno de los más populares en la historia de Netflix, y cómo fue que su ira, su autismo y hacer stand-up le permitieron combatir la humillación y denunciar el mundo predatorio masculino.

Hannah Gadsby, en Los Ángeles, dice que al escribir su especial para Netflix “estaba enloquecida”. créditoMolly Matalon para The New York Times
LOS ÁNGELES — Seguramente ya te enteraste: Hannah Gadsby está enojada… y es increíble.

La comediante australiana Gadsby es la creadora de Nanette, una actuación en vivo convertida en especial de Netflix que desata y muestra la furia sobre cómo mujeres y personas LGBTQ como ella —o cualquiera que se comporte como o parezca un “otro”— son tratadas, descartadas o silenciadas. No se calla nada sobre el abuso que ellas —que ella— han enfrentado ni sobre las normas culturales que lo propiciaron. Critica con sus nombres a hombres tanto poderosos como no.

De manera muy personal revela sus traumas sexuales y de género, sin invitar a la gente a que se ría de ellos. Nanette se ha vuelto una sensación internacional, un acto cómico impulsado por la era #MeToo que ha sido el más discutido y compartido en años (Netflix no da a conocer cifras de televidentes, pero una portavoz dijo que tan solo por menciones en redes sociales es de los especiales con mejor recepción del público en su historia). Y, con tal éxito, Gadsby parece haberle dado por sí sola una nueva dirección a la comedia de tipo stand-up, en vivo ante un público. Todo pese a que ha prometido repetidamente y desde el escenario que dejará ese ámbito.

“Forjé mi carrera a partir del humor autocrítico y, simplemente, no lo haré más”, dice en el especial. “Porque la autocrítica, cuando viene de alguien que ya está marginado, no es humildad. Es humillación”.

La respuesta a Nanette, dijo Gadsby una mañana hace poco, “se me hace incomprensible”. Acababa de llegar desde Australia a Los Ángeles y aún batallaba con la falta de sueño por el cambio de husos horarios mientras estaba sentada en una mesa de madera en la casa de su amiga Jill Soloway (creadora de Transparent; su amistad nació justamente a partir del especial). Estaba cansada por el viaje, sí, pero también por hacer gira con su espectáculo en Londres, Nueva York y más ciudades; en 2017 ganó varios premios por el especial en los festivales Edinburgh Fringe y Melbourne International.

“Hice el acto más de 250 veces y eso me cobró factura”, dijo. “Necesito pasar todo lo que queda de este año durmiendo”.

La comediante Tig Notaro, que hizo una crónica de su diagnóstico de cáncer en un especial de comedia que también le cambió la vida, dijo que quedó “fascinada” por el programa de una hora de Gadsby. “Nanette debe ser un requisito, algo que tienes que ver si eres un ser humano”, afirmó a través de un correo electrónico. “Va a ser muy interesante ver qué hacen los comediantes después de Nanette“, dijo, pues “allanó el camino para una reflexión muy necesaria”.

Gadsby insiste que no quiere que su trabajo sea tomado como un modelo para comediantes LGBT.CreditMolly Matalon para The New York Times

Mentes y sueños

La creación de Nanette surgió de un momento algo delirante, ante un debate en Australia sobre el matrimonio igualitario y poco después de que Gadsby recibiera un diagnóstico de autismo y desorden de déficit de atención. Esos eventos, en conjunto, le dieron claridad sobre su vida y sobre el acoso que ha sufrido, al igual que sobre cómo todo podría haber sido distinto si el mundo aceptara en realidad a personas como ella.

“Cuando escribía el programa, creo que estaba enloquecida”, dijo Gadsby, de 40 años. “Estaba hecha un desastre. De repente tantas cosas se concretaron en mi cabeza y necesitaba sacarlas todas”. Más que ninguna otra cosa en su carrera de más de una década haciendo comedia en vivo, dijo, Nanette es una muestra de cómo funciona su mente. Actuarlo en vivo no fue necesariamente terapéutico “porque es muy jodidamente difícil de hacer”, agregó, “pero ayudó a sostener… otras personas sostenían mi dolor y nunca había vivido eso. Nunca. Y eso sí ha ayudado a sanar, creo”.

Gadsby desarrolló sus inseguridades en parte cuando crecía en Tasmania. Jugaba golf y fue campeona estatal en dos ocasiones. Había empezado a jugar en un club en el que su madre trabajaba haciendo limpieza y donde las mujeres no tenían permitido ser miembros, por lo que solo podían usar los hoyos en horarios que no interfirieran con el juego de los hombres. En ocasiones, tenían que detenerse para servirle el té a los miembros.

Incluso al competir los demás procuraron dejarle claro su “lugar” como mujer. Cuando su hermano ganó un torneo lo premiaron con un equipo de golf para incentivarlo a que siguiera jugando. “A mí me daban jarrones o vajillas”, dijo. “Básicamente eran cosas que pudiera usar como dote matrimonial”.

“Nanette debe ser un requisito, algo que tienes que ver si eres un ser humano”.TIG NOTARO, COMEDIANTE

Gadsby dejó de jugar golf hace tiempo, pero las experiencias forjaron su manera de ver el mundo, sobre todo cada vez que veía el maltrato que recibía su madre en el trabajo. “Le decían que era una mujer estúpida y que hablaba de más”.

Confrontar estas injusticias le parecía desgastante. “Aprendí más bien a desaparecer”, dijo Gadsby. “Era invisible. Aprendí eso muy temprano y ya bien entrada mi vida adulta era fácil olvidarse de que estaba en una habitación. Por ello terminaba por escuchar. Y escuchaba todo“.

Aún habla en un tono de voz bajito; no es alguien que intente acaparar todo el espacio. Durante un tiempo dirigió visitas a museos, pero eso terminó muy rápido porque los visitantes terminaban yéndose a otras partes. (“No soy líder por naturaleza”, dijo). En la entrevista, cuando estaba por tocar un tema que no esperaba discutir, parecía apenarse, pero cada vez que sabía que podía dar pie a una broma lo decía con una sonrisita. Dijo que no tenía la intención de mencionar el autismo en Nanette. “Pero luego fue como, ¿sabes qué? Hay mucha valía en pensar distinto”.

La primera vez al micrófono

Gadsby estudió historia del arte y curaduría en la Universidad Nacional de Australia, en Canberra. Trabajó en una librería y como proyectorista en un cine al aire libre. Luego fue asistente temporal en algunas granjas. Se sentía a la deriva.

Hacia finales de sus veinte años, por capricho, decidió participar en una competencia patrocinada por el Festival de Comedia de Melbourne. Fue una decisión extraña, pero en ese entonces tomaba muchas decisiones extrañas. Y también era técnicamente indigente en ese entonces, dijo.

Ella sabía que podía provocar risas. “Así es como participaba en la vida, sin realmente participar”, dijo. Su primera vez al micrófono armó un relato sobre intentar congelar a su perro muerto. (“Siempre he tocado temas edificantes”, bromeó).

Llegó hasta las finales estatales de la competencia y descubrió que se sentía sumamente cómoda en el escenario. “Me dan temor las interacciones pequeñas, pero casi de inmediato me sentí bien frente a un lugar repleto; es, ya sabes, estar cableado al revés”, dijo.

En retrospectiva, cree que su incapacidad de relacionarse con el mundo como otros acostumbran hacerlo era una muestra clara del autismo. “Tengo un coeficiente intelectual altísimo, pero soy incapaz de entender los horarios programados para que pase el autobús”, dijo. Cuando empezó a hacer comedia, sus hermanos —es la más pequeña de cinco— la ayudaron dándole alojamiento, y sus padres la respaldaron. “Siempre necesito andamios externos” para navegar el mundo neurotípico, dijo.

Los investigadores dicen que el autismo entre mujeres usualmente no se diagnostica hasta una edad avanzada porque los síntomas conocidos para los hombres no siempre se presentan entre mujeres; se ha estudiado mucho más la condición entre varones. Cuando ella le dieron el diagnóstico, dijo Gadsby, “fue un momento tanto devastador como maravilloso”.

Gadsby con Josh Thomas en el programa “Please Like Me” (también disponible en Netflix) CreditBen Timony

La familia de Gadsby ya sabía algo del trauma que había vivido, pero cuando fueron a ver Nanette ella modificó partes porque “era injusto someterlos a ese golpe a la yugular enfrente de un montón de desconocidos”.

(Aviso: a partir de aquí se revelan detalles del especial). El programa se basa en el ataque que sufrió en una parada de autobús, que reconstruye en detalle; primero con fines humorísticos y después, hacia el final del acto, con una ira que galvaniza al público. Gadsby también menciona otras serias violaciones predatorias durante su infancia y adolescencia, sin dar tantos detalles.

“No quiero que las personas en mi mundo hagan de detectives” para intentar encontrar a los responsables. “No creo que eso ayude para nada, porque mantiene el enfoque en el trauma mismo”. Es mejor avanzar; intentar cambiar la cultura de masculinidad predatoria y tóxica.

Al revivir esas horribles experiencias en el escenario, una y otra vez, Gadsby empezó a desarrollar una especie de callo. Y lo tuvo que poner a prueba la noche que se iba a grabar el especial para Netflix, en la Opera de Sídney, porque su madre, Kay Gadsby, estaba entre el público. Esa noche ya no era posible modificar el acto para proteger a su mamá.

La actuación de por sí era algo en carne viva, pero con su madre ahí, dijo, “era como no tener piel, punto, y eso se puede ver en lo que quedó grabado”. Por momentos está a punto de largarse a llorar delante de las cámaras.

El público también. Josh Thomas, actor australiano que buscó a Gadsby como escritora y actriz para su programa de televisión Please Like Me, sobre un joven que revela que es gay, pensaba que no había tenido tantas dificultades en su vida al contar con una familia que siempre lo apoyó.

“Pero luego veo a alguien como Hannah hablar iracunda de la homofobia en el mundo, y termino llorando porque me doy cuenta de que crecí con el peso de sentirme tan avergonzado”, escribió en un correo.

Nanette, añadió, “me hizo cuestionarme si yo podría haber abierto espacios para personas que son diferentes a la vez que me empoderaba para frenar a quienes me quitaban espacios porque soy diferente. Siento que ha cambiado de manera permanente mi punto de vista”.

Un público cómplice

"Mi programa NO es comedia de tipo 'stand-up'", asegura Gadsby. CreditMolly Matalon para The New York Times

Uno de los aspectos más ingeniosos del especial es la manera en que Gadsby, mientras maniobra hacia las partes más dolorosas y estremecedoras, suelta algunos chistes más típicos —su abuela le dijo que el hombre apropiado para ella iba a estar a la vuelta de la esquina, por lo que dice: “tomo mucha precaución cuando me acerco a cada esquina desde entonces”— para volver al público un aliado en desmantelar por completo el atractivo de la comedia típica.

“Creo que el truco de magia de este programa es que es chistoso, y luego desmenuza e invierte lo que es chistoso”, indicó Mike Birbiglia, comediante y cineasta. “De inmediato te das cuenta de que se trata de alguien que siempre hace reír en un escenario, pero que está eligiendo hacer algo distinto”.

Gadsby explica en Nanette que una historia tiene tres elementos —el inicio, el medio y el desenlace— mientras que un chiste solo tiene dos: la introducción y el remate. Por lo que nunca hay una conclusión satisfactoria para un chiste, dice… mientras el público se ríe.

El especial ha sido muy celebrado por otros comediantes, aunque algunos puristas han criticado que se le llame stand-up para empezar. No hay suficientes chistes, afirman. Pero Birbiglia —quien también se volvió conocido con actuaciones unipersonales en las que tocaba temas bastante personales— dijo que es parte de un movimiento reciente en la comedia para aspirar más allá. “Es una idea de adentrarse aún más. Y eso es lo que yo y muchos otros comediantes hicimos”, dijo.

La misma Gadsby respondió a sus críticos en Twitter. “YO RESUELVO ESTO”, escribió, “mi programa NO es una comedia tipo stand-upporque de mí no surge una forma artística pensada para y por hombres”.

I'LL SETTLE THIS: my show is NOT stand up comedy because i got jack of an art form designed by men for men. Female artists often defy genre

Su material previo se enfocaba más en su vida como lesbiana y alguien con sobrepeso. El especial va mucho más allá: establece un vínculo entre la misoginia de Pablo Picasso y Donald Trump y luego destroza a Bill Cosby, condenado por abuso sexual, y a Harvey Weinstein, acusadopenalmente de abuso sexual. En la entrevista profundizó también sobre el caso de Louis C. K.; dijo que su comedia nunca se le había hecho atractiva incluso desde antes de que admitiera que forzaba a sus colegas a verlo masturbarse. Y el éxito de Nanette, añadió Gadsby, comprueba que “hay hambre de otras voces”.

Conversaciones necesarias

Gadsby comenzó a escribir Nanette a mediados de 2016. Indicó que el debate sobre una legislación para el matrimonio igualitario en Australia, que fue aprobada en 2017, desató la homofobia que había asimilado e interiorizado. Al desentrañarla se preguntó si sería posible construir una nueva relación con el público al hacer un programa sobre eso. Le preocupaba que fuera necesario hacer una advertencia sobre posibles detonantes y decidió que justamente de eso se trataría el especial: la incapacidad de tener conversaciones culturales como esa.

“El truco de magia de este programa es que es chistoso, y luego desmenuza e invierte lo que es chistoso”.MIKE BIRBIGLIA, COMEDIANTE Y CINEASTA

Después de una década, le pregunté, ¿no se sentía también con la ambición y confianza suficientes en sus capacidades cómicas para meterse de lleno a discutir un mensaje tan difícil? “Me apena admitir que surgió de un lugar de mayor amargura”, respondió. Sentía que su carrera se había estancado y se enojaba cada vez más al ver a hombres que considera mediocres ascender los escalafones del mundo del entretenimiento. “Hago lo que ellos, y probablemente mejor, y desde una posición más difícil”.

Así que decidió desmantelar la comedia —ella usó un término más gráfico— y salirse de ese mundo.

Gadsby no sabe qué hará ahora, más allá de escribir un libro basado en las experiencias de Nanette. No se le antoja mucho regresar pronto al escenario. Le pregunté si seguía enojada. “Sí”, respondió, en un tono suave. “Mi vida no debería haber sido tan difícil como fue”. Pero ese bajo autoestima que la afectó por tanto tiempo, que desmanteló cada noche que presentaba su acto, sí ha mejorado algo tras el brillo de Nanette.

Aunque recalca que no cree que las personas que han sufrido y sobrevivido en silencio deban necesariamente pararse en un escenario y contarlo.

“Parte de lo que deshace la vergüenza es ser escuchado y ser visto”, dijo. “Eso lo hice, a gran escala. Pero no quiero que la gente me vea y diga: ‘Ah, ya ven, personas queer, así se hace’. Porque, no, así no es como tendríamos que hacerlo”.

“Pero es importante empezar a pensar en las maneras en las que podemos ayudar a sobrellevar estas historias, a establecer un marco para que las personas no deban hacerlo solas”.

De nuevo mencionó a Louis C. K. y la posibilidad de que tenga un gran regreso al mundo de la comedia. “No quiero ser yo quien lo detenga”, dijo. “Aunque valdrá la pena solo para ver si aún tiene un público”.

Quedaban solo dieciocho segundos disponibles en mi grabadora: no esperaba que fuera a dar un giro la conversación. Gadsby, por supuesto, pensaba distinto. “Y si sí tiene un público, entonces no voy a dejar de hacer stand-up“, dijo, entre risas. “Me puedes citar: si Louis C. K. aún tiene audiencia definitivamente no voy a dejar de hacer comedia en vivo. Porque significa que mi trabajo no ha terminado”.

“Ah, y di que lo dije con una sonrisa insolente”, añadió, antes de levantarse de la mesa.

Fuente: NYT