julio 26, 2018

¿Todas o todes?


Tasia Aránguez Sánchez
Las feministas somos conscientes de que el lenguaje sexista forma parte del mismo sistema de poder que produce la brecha laboral: el patriarcado. Ya sabemos que el mundo no puede transformarse solo mediante cambios en el lenguaje, pero también sabemos que la transformación del mundo requiere una transformación del lenguaje.

Cuando las niñas escuchan palabras como “los políticos” o “los científicos” encuentran un obstáculo mental para proyectarse en estas posiciones. Cuando escuchamos las palabras “expertos” o “filósofos”, creamos una imagen mental masculina que contribuye a la perpetuación de la idea de que la sabiduría es algo propio de los hombres. Las mujeres somos la mitad de la humanidad y hemos sido marginadas en el lenguaje. Es decir, si el lenguaje no nos tiene en cuenta es porque la historia no lo hizo. Las lenguas describen el mundo, con sus jerarquías e injusticias. Por primera vez las mujeres escribimos la historia y construimos nuestro lenguaje. No necesitamos pedir permiso. Los hombres, como clase sexual, no pidieron permiso para expoliarnos. Ninguna Academia de señores enfurruñados podrá frenar nuestro acceso a todo lo que nos fue arrebatado.

Los estudios confirman que el uso del masculino genérico genera imágenes masculinas en la mente. Aunque algunas personas pretendan hacernos creer que somos unas tontunas que confundimos el género gramatical con el género sexuado, está totalmente demostrado que el uso del masculino no funciona como un mero genérico en la mente, sino que privilegia la imagen de los hombres. Frente a este problema se han puesto en práctica dos tipos de soluciones lingüísticas: las que visibilizan a las mujeres y las que utilizan términos neutros.

¿Queremos un neutro o queremos ser mencionadas? Por ejemplo, pensemos en una clase en la que hay más alumnas que alumnos, ¿queremos que se hable de este grupo en femenino genérico o que se utilicen términos neutros como “el alumnado”?, ¿las personas lectoras pensarán en las mujeres cuando vean el término “el alumnado” o continuarán generando imágenes masculinas? Considero que en muchas ocasiones es imprescindible que se nos mencione expresamente para que ciertos terrenos se presenten disponibles para nosotras. Las mujeres ocupamos una posición secundaria en casi todas las esferas de la sociedad y estamos muy lejos de alcanzar la paridad.

Por mucho que se ridiculicen los dobletes como “todas y todos”, son fórmulas adecuadas cuando queramos garantizar que las mujeres sean visibles. Por su parte, el femenino genérico permite que los hombres aprendan a ponerse en el lugar de las mujeres cuando tienen que sentirse incluidos en la palabra “nosotras”. Además, el femenino genérico sirve para mostrar contradicciones sociales cuando es utilizado por hombres que tienen demasiado protagonismo y que, con su praxis, mantienen a sus compañeras en un segundo plano. El lenguaje no sexista resulta incoherente cuando se utiliza en contextos sexistas.

Por mucho que se ridiculicen los dobletes como “todas y todos”, son fórmulas adecuadas cuando queramos garantizar que las mujeres sean visibles.

Para el conjunto de las personas hablantes, en las ocasiones profesionales y académicas, será una opción sencilla utilizar expresiones neutras como “persona empleada” o “judicatura”. Esta solución no garantiza que las mujeres sean visibles, pero al menos no nos oculta. En el interior del feminismo se está extendiendo el uso de la “e” como fórmula para volver neutras las palabras. Así, se dice: “todes estamos cansades pero contentes” o “elles no vienen”.

A favor del “todes” podríamos argumentar que este uso responde a la intención de crear un auténtico neutro que integre a todas las personas sin designar de forma preferente a un grupo. Sin embargo, este motivo resulta poco explicativo del uso de la expresión en el interior de ambientes feministas. Nosotras no deberíamos tener reparos en utilizar el femenino. Somos una mayoría de mujeres y luchamos contra la exclusión de las mujeres en la historia. No debemos sustituir el “todas” por el “todes”. Es necesario mencionar expresamente a las mujeres siempre que se pretenda hacer un uso feminista del lenguaje.

En realidad el argumento más fuerte a favor del “todes” no es que esta fórmula sea un auténtico neutro, sino que designa a un grupo excluido: las personas no binarias*. Sin embargo, si el término “todes” no es un auténtico término neutro no debería entenderse que las mujeres están incluidas en el mismo. De hecho lo que ocurre es que, como el término “todes” se ha extendido en el interior de feminismo para mencionar a las personas no binarias, la imagen mental que se nos viene a la cabeza al utilizarla son las personas no binarias. Aclaro que no hay ningún problema con que queramos integrar con el lenguaje a todos los colectivos de personas. El problema radica en que se considere, una vez más, que las mujeres estamos incluidas en una fórmula presuntamente genérica que realmente no lo es.

El problema radica en que se considere, una vez más, que las mujeres estamos incluidas en una fórmula presuntamente genérica que realmente no lo es.

Porque al final podemos encontrarnos con que no se nos menciona en ninguna parte: ni en el lenguaje usual (aún atrapado en el machismo lingüístico), ni en el interior del feminismo. Por el mismo motivo, no es en absoluto feminista decir “personas gestantes” o “personas menstruantes” para integrar a quienes tienen capacidad de gestar pero no se sienten mujeres. De hecho, cuando hablamos de una realidad que afecta casi en exclusiva a las mujeres, es sexista ocultarnos tras expresiones neutras, por mucho que las intenciones sean buenas. Situaciones como el parto o la lactancia siguen siendo fuente de numerosas discriminaciones, y esto es así precisamente porque son “cosas de mujeres” y porque vivimos en un mundo en la que las mujeres somos el segundo sexo.

*El término “todes” no designa a la totalidad de la comunidad LGTBI (a diferencia de lo que suele pensarse), pues lo usual es que las lesbianas o bisexuales se autodenominen “ellas”, los gays o bisexuales “ellos”, las mujeres trans “ellas”, los hombres trans “ellos” y las personas intersexuales frecuentemente se consideran de uno o de otro sexo. A quienes se nombra con términos como “todes” y “elles” es a las personas no binarias: aquellas que no se consideran a sí mismas ni hombres, ni mujeres. El uso de estos términos es defendido por las personas que suscriben la llamada “teoría queer”, que es una propuesta explicativa de las jerarquías sociales que está muy extendida dentro del movimiento LGTBI y también dentro del movimiento feminista (sin que sea necesario haber leído a Butler o Foucault para moverse dentro de sus parámetros).

Resposable de Estudios Jurídicos de la Asociación de Afectadas por la Endometriosis (Adaec) y profesora del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Granada
Fuente: Tribuna Feminista