agosto 04, 2022

La práctica de needle spiking (agujas clavadas, en inglés) en España. “Antaño, no eran los hombres quienes pinchaban a las mujeres para amedrentarlas, sino las mujeres a los hombres para defenderse de su manoseo.”

Se han detectado decenas de casos en el Estado. En el País Vasco, solo en quince días la Ertzaintza ha contabilizado 12 casos. Los Mossos d’Esquadra, 23 pinchazos. No han hallado restos de sustancias relacionadas con la sumisión química, pero el relato de que el peligro es inminente ya está calando.


Manifestación de repulsa contra la sentencia de 'La Manada' en Madrid. 
No CC. Álvaro Minguito

“Durante las fiestas hay quien nos quieren (también) tener bajo su control, pero no: las fiestas también son nuestras”. Mañana comienzan las de Gasteiz (4 de agosto) y el movimiento feminista de la ciudad empezaba así un hilo de Twitter. Hasta la fecha, no se ha cometido ninguna agresión sexual en los casos registrados de needle spiking (agujas clavadas, en inglés). Se han registrado decenas de casos de pinchazos a mujeres en el Estado, desatando o queriendo desatar una oleada de paranoia que podría describirse como terror sexual. Los distintos cuerpos policiales mantienen todas las hipótesis abiertas; voces feministas ponen el foco en que la generación de miedo restringe los movimientos y la libertad sexual de las mujeres.

En el País Vasco, hasta el domingo la Ertzaintza ha contabilizado 12 pinchazos en solo quince días, ocurridos en Santurtzi, Bilbao, Gasteiz, Zarautz, Etxebarri y Zierbana. Todos a mujeres. En ninguno se han hallado restos de sustancias tóxicas inoculadas en sangre. En todos, resalta la policía autonómica vasca, el modus operandi ha sido similar: mientras la mujer se encontraba en un entorno festivo, notaba un pinchazo en el brazo o la pierna y luego se sentía indispuesta, con mareos o somnolencia. Todos los pinchazos han sido confirmados en centros médicos; la Ertzaintza investiga la intencionalidad.

“El efecto [de esta situación] también es la generación de miedo, fomentar el terror sexual, que restringe los movimientos y la libertad sexual de las chicas”, Tània Verge

En Catalunya, los Mossos d’Esquadra tienen abiertos 21 atestados con 23 personas pinchadas, 22 mujeres y un hombre. Insisten en que mantienen abiertas todas las líneas de investigación. “Todo continúa igual: sin agresiones posteriores ni drogas halladas en sangre”, indican a El Salto.

La consejera de Igualtat i Feminismes, Tània Verge, ha declarado en Catalunya Ràdio que “la investigación policial manda [sobre las causas], pero que el efecto [de esta situación] también es la generación de miedo”. “Fomentar el terror sexual, que restringe los movimientos y la libertad sexual de las chicas”, añadió la consejera. Verge apeló en su locución en la radio pública a los hombres, para que afronten las conductas machistas de sus amigos o colegas y que les recuerden que más que un juego, esto también es un delito. El nuevo protocolo gubernamental incluye la valoración de activar la profilaxis postexposición al VIH, una intervención que es necesaria realizar durante las primeras 72 horas posteriores al pinchazo.

La consejera detalló que el pasado viernes el Govern modificó los protocolos de actuación para implementar un enfoque “comunitario”. Pidió que no se magnificara la situación, al mismo tiempo que recalcó que tampoco debía minimizarse.

En este difícil equilibrio, el documento destaca el papel que pueden tener el personal de los espacios de ocio, el de los servicios públicos de transporte y, en general, cualquier persona que pueda detectar comportamientos “extraños” y la “consiguiente necesidad de actuar y dar apoyo”. Los centros de salud proporcionarán apoyo psicológico a la persona afectada si se considera oportuno, además de realizar las correspondientes pruebas toxicológicas. El objetivo del Govern es que las personas agredidas se sientan acompañadas, aplacar la ansiedad que puedan sentir y que recuperen su vida con normalidad.

“La inyección intramuscular o subcutánea tiene un inicio de acción más lento que la intravenosa y los efectos son menos predecibles, además las punciones suelen ser dolorosas”, Energy Control

No hay evidencias de sumisión química

Por su parte, el grupo catalán para la reducción de riesgos en el consumo recreativo de drogas, Energy Control, planteó ayer “dudas sobre la administración de sustancias psicoactivas a través del método del pinchazo con el fin de cometer delitos sexuales”. El colectivo valora que, ante la alarma que los pinchazos han producido, tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, quieren recalcar que “no existen evidencias que lleven a pensar que se trata de casos de sumisión química”, dado que no se ha producido una agresión sexual. Por el contrario, cuestionan que para inyectar una sustancia se requiere conocimiento médico y técnico, además de luz. La inyección intramuscular o subcutánea “tiene un inicio de acción más lento que la intravenosa y los efectos son menos predecibles, además las punciones suelen ser dolorosas, por lo que no resultan un método eficaz, sea cual sea la intencionalidad, si el objetivo es que la persona no se dé cuenta”.

“Una aguja de menor tamaño puede reducir la sensación dolorosa asociada al pinchazo, pero también requerirá de más tiempo para inyectar una sustancia que con una aguja de mayor calibre”, añaden.

Energy Control advierte de que crear una alarma social puede “impulsar la adopción de medidas no eficaces”. No especifica cuáles, pero la prensa se ha afanado a hablar de que los porteros cacheen en las entradas de las discotecas y de un mayor control policial, incluso agentes infiltrados de la Ertzaintza en el recinto de txosnas de Bilbao.

El colectivo catalán concluye que “poner el foco en las inyecciones como método de sumisión química, y para el que no existen evidencias de que sea así, desplaza la atención de las situaciones más probables y de mayor riesgo para las mujeres”. Es decir, para las agresiones sexuales cometidas por el novio, la expareja, un amigo, un conocido o un familiar de la víctima.

“Los relatos son formas de castigo que tratan de aleccionar, corregir y coaccionar a las mujeres [...] vulnerar su capacidad de decisión en un intento de someterlas a un autocontrol y un autodominio continuos”, Nerea Barjola

Microfísica sexista del poder

La psicóloga y exdiputada vasca Nagua Alba recordaba esta semana en una tribuna la investigación de la politóloga Nerea Barjola, autora de Microfísica sexista del poder (Editorial Virus, 2018), libro en el que analiza que supuso el caso Alcàsser y su impacto en toda una generación de niñas, jóvenes y mujeres a la hora de percibir de dónde puede venir el peligro: “Las representaciones sobre el peligro sexual contenidas en los relatos son formas de castigo que tratan de aleccionar, corregir y coaccionar a las mujeres [...] patrones de vigilancia social establecidos, sobre lo que una mujer puede o no hacer, [que] tratan de adoctrinar el cuerpo de las mujeres, vulnerar su capacidad de decisión en un intento de someterlas a un autocontrol y un autodominio continuos”.

El fenómeno needle spiking se reportó por primera vez en Inglaterra el pasado año, tras la pandemia. Luego se replicó en Irlanda, Bélgica, Alemania y Francia. Se desconoce si es una especie de macabro juego organizado por incels que van de bares o un fenómeno que se replica a sí mismo entre cuadrillas de idiotas. De momento, Forocoches ha cerrado todos los hilos que hablaban sobre ello.

Las mujeres a final del siglo XIX y principios del XX se defendían del manoseo callejero clavando a los hombres la afilada aguja del sombrero

Acoso callejero: ahora y antaño

La monologuista Ane Lindane ligaba el fenómeno al piropeo callejero: “¿Sabéis cuando vais solas a casa de noche y un tío se os pone a decir guarradas y a seguiros con la única intención de que paséis miedo? Pues empiezo a pensar que con el tema de los pinchazos pasa lo mismo”. Ahora que la ley conocida como “solo el sí es sí” había tipificado como delito el acoso callejero, parece que ha llegado una nueva modalidad para incomodar a las jóvenes en el espacio público.

Antaño, no eran los hombres quienes pinchaban a las mujeres para amedrentarlas, sino las mujeres a los hombres para defenderse de su manoseo. A final del siglo XIX y principios del XX, hubo señoras que les clavaban la afilada aguja que usaban para sostener los fastuosos sombreros de moda de aquella época. Se escribió mucho sobre aquellas mujeres que en Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y Australia usaban los alfileres como autodefensa feminista: editoriales, reportajes, viñetas. Sin sombreros ni alfileres, pero con una aguja de cabeza siempre a mano, no pocas abuelas de España también usaron esa misma técnica en los autobuses o en la cola del mercado.

En Gasteiz, el movimiento feminista ha convocado una manifestación mañana a medianoche en la plaza Brullerias, ha activado un protocolo feminista y ha puesto a disposición de todas las personas que lo necesiten un teléfono para denunciar agresiones. “Los bares, las noches y las calles también son nuestras, tenemos derecho a vivir y a disfrutar si miedo”, recuerdan.

Sí a la Diversidad Familiar!
The Blood of Fish, Published in