enero 17, 2026

Nuria Labari: La revolución de los vínculos es el reto del feminismo en el siglo XXI



La escritora y periodista Nuria Labari regresa a las librerías con su ensayo La amiga que me dejó, para vertebrar desde la herida y el duelo una radiografía emocional y política sobre la ruptura de los vínculos amistosos, que desafía las jerarquías tradicionales del afecto y reivindica la amistad entre mujeres como "el espacio más subversivo y transformador de este siglo". 

El libro, que surge tras la gran acogida de una columna homónima publicada por la autora en 2023 en el diario El País, no es una ficción ni una autoficción al uso, sino un intento de poner palabras a un dolor que socialmente carece de rito y validación.

En una entrevista a Efeminista, Labari explica cómo "la necesidad de reflexionar sobre este abandono" la llevó a transitar un camino personal para "entender qué sucede con las amigas, por qué ese vínculo duele tanto y quiénes son las mujeres respecto a nuestras amistades".

Para la autora, este ensayo supone un ejercicio de transparencia radical donde lo personal trasciende a lo político. Labari sostiene que, "aunque el materialismo histórico marcó las luchas del pasado, el feminismo del siglo XXI tiene ante sí una nueva frontera: la revolución de los vínculos", una oportunidad para "redefinir cómo nos relacionamos y romper con las dinámicas de poder que hemos naturalizado incluso dentro del propio movimiento".
Entrevista de Efeminista con la escritora Nuria Labari .- EFE/J.J. Guillén

Pensar desde la herida

Pregunta (P): El libro nace de una experiencia personal muy concreta, un abandono por parte de una amiga ¿Cómo se transita de ese dolor a la construcción de un ensayo literario?

Respuesta (R): Es un libro que nace claramente de que me dejan, de un abandono, y nace también de la vergüenza de ese abandono. Una amiga muy importante, no quiere ser mi amiga más, no quiere verme más, no quiere hablarme más, y la verdad es que yo lo vivo como el primer capítulo, que se llama Lo imposible.

De ese imposible empieza una búsqueda, un intento quizás de leer otras cosas, de colocar esto en algún sitio, y ahí empiezo a ver que casi todo son elogios de la amistad. Primero, no tengo palabras para este duelo, para este dolor, y después si las tuviera, no serían palabras que nacen de la parte más racional, o sea, me estoy muriendo, es lo que a mí me pasaba, quiero gritar, quiero llorar por la calle, quiero cantar canciones, ¿dónde están?, ¿qué se canta?, ¿con quién hablo de esto?

Entonces, el origen es la herida, y en algún momento me pareció que podíamos intentar, o que yo quería intentar pensar desde esa sangre, desde ese fango, desde ese cuerpo, desde esa experiencia atravesada, no de la amistad como un lugar abstracto, sino poner esa tripa, ese corazón que tenía aplastado, esos sesos, para hablar de lo abstracto, pero con todo lo que era un poco más víscera.

P: Al ser una historia real, existe el riesgo de exponer a la otra persona. ¿Cómo gestionaste ese equilibrio entre la verdad literaria y el respeto a la intimidad de tu amiga?

R: Fue fatal, este libro es muy chiquitín, pero literariamente ha sido muy complicado. Primero, porque tiene ese "fantasma" todo el tiempo, y no es un personaje de ficción ni de autoficción, esa es una tercera persona, que no soy yo, no puedo hacer con ella lo que quiera, no quiero exponerla, pero sí tengo que mostrarla.

Al principio, además, ya cuando empiezo a escribir, no estoy pensando solo en ella, ni siquiera estoy pensando en ella, realmente quiero saber qué es lo que pasa con las amigas, por qué ese vínculo me está doliendo tanto, dónde está respecto de mi identidad, quién soy yo, igual que sé quién soy yo respecto de mi vocación, o de mi maternidad, o de mi amor romántico, quién soy yo respecto de mis amigas, quién soy para ellas, todo eso es genuino, y excede a la amiga que me dejó. Pero sí es verdad que transita con ese fantasma.

No podía poner los mensajes exactos precisamente para no exponer la intimidad de otra persona y los modifiqué, y todo el tiempo el eco del fantasma decía "no, esto es lo que tú dices que ha pasado". Aquí hay un relato silenciado y hay una violencia enorme, era lo que yo sentía.

Creo que algunas de las razones por las que el duelo amistoso no se ha escrito es quizás por ser respetuosas, quizás por sororidad también: "Mi amiga, aunque sea la que me deja, está todo bien entre nosotras, ya si eso nos encontraremos".

Con todo eso hubo que lidiar para mostrar y no exponer, para no dañar, para que fuera un elogio de nuestra amistad, para que no fuera un libro (que no lo es) de despecho, sino realmente creo que es un libro de pensamiento, pero un pensamiento que implica la carne, que implica la herida, que implica la otra, que implica reconocer el fantasma de la otra, que implica guardarle su espacio, no taparlo, saber que está, tratar con él, y bueno, creo que eso es poco habitual, y creo que es feminista además, ya que estamos aquí.
La revolución de los vínculos

P: Mencionas que la amistad ha sido históricamente considerada un afecto menor dentro de la hegemonía patriarcal. ¿Crees que situar el duelo por una amiga en el centro es un acto subversivo?

R: Yo, por un lado, creo que este siglo, la revolución que nos toca va a ser la de los vínculos, estoy segura. Digamos que el materialismo histórico llegó hasta donde pudo y fracasó en muchos lugares, ahí estamos viendo que el capitalismo ni se inmuta, pero creo que la revolución de los vínculos puede ser realmente transformadora.

Al principio pensé que este libro no se iba a publicar, porque le dije a mi editor que iba a hacer un relato de la amistad, luego de las amigas. Me dijo: "Pero hombre, tampoco hay que ponerle género a la amistad". Y ya luego solo de una. Entonces pensé que mi dolor no es un ensayo, no es una categoría de pensamiento que una mujer esté desgarrada, rota, porque la ha dejado una amiga.

Y después, hacia el final del libro me di cuenta, no solo es una categoría de pensamiento, sino que es una revolución y un acto subversivo que yo llore a mi amiga, porque lo que estoy diciendo es que ese es el centro de mi vida, que a lo mejor no es mi trabajo, que no es mi pareja, que no son mis hijas, ni los perros a los que saco. Incluso teniendo todo eso, incluso teniendo el fango de ser una mujer heterosexual que produce y reproduce el sistema, pues hago este quiebro y digo que el centro de mi dolor es que mi amiga me deje.

Y eso significa bastantes cosas. O da para pensar, o da para coger hilos, o da para ponernos en otro lugar. Yo he hecho esto públicamente, mis hijas, por ejemplo, han visto a su madre rota de dolor por su amiga, publicar libros por la amiga que le dejó. Podrían ser, yo qué sé, Shakira, y están viendo otro modelo, e incluso otros muchos lugares donde dolerse. Elige tu propia aventura, tus vínculos, tu propia jerarquía amorosa.

"Es muy importante que el feminismo no nos haga trampas con las amigas"

P: ¿Qué papel juega el feminismo en esta reconfiguración de la amistad?

Igual que creo que la revolución va a estar en el vínculo, es muy importante que el feminismo no nos haga trampas con las amigas. La primera crisis del feminismo ha sido que unas mujeres han dicho que ciertas amigas no pueden entrar en el club. Ha sido una gestión del vínculo. Tú no puedes estar aquí, tú puedes existir, pero no ser de las amigas.

Y esto junto con la militancia y la sororidad hacía incluso más fuerte esa frontera. Mujeres trans, no, allá del muro, y del muro para adentro todo sororidad. Entonces, pensar el vínculo nos permite decir no queremos poner muros a la amistad, o la amistad se hace de esta otra manera, o quizás no se construye con barreras, o no son lealtades violentas.

Piensa que la amistad se ha construido como una lealtad violenta. Y eso lo vamos heredando y lo vamos incorporando al cuerpo hasta que de pronto dentro del feminismo, por ejemplo, hay amistades que son lealtades violentas. Lo de mataría por ti, la guerra de los hombres, que hemos heredado como honor y de todos para uno, uno para todos.

Entonces, también en esta manera de llorar hay un rendirse, decir en alto, no quiero que mi amistad con las otras sea una lealtad violenta. No lo quiero nunca más. Yo pensaba que sí.

Yo pensé que le debía a mi amiga una lealtad violenta, que haría lo que fuera por ella y que ella iba a estar siempre para mí. Pero creo que no, creo que toca pensar el vínculo porque va a ser muy importante, porque nos va a definir como personas y como sociedad y porque tenemos muy, muy, muy metido en la cabeza, en el cuerpo y en el corazón que la amistad es una forma de lealtad violenta. Fíjate en la política.

Fíjate cuántas amigas tienes tú del partido más lejos que está de tu corazón. Imposible, porque ahí entras a lealtad violenta. Porque las amigas tienen que ser también una barrera de protección, de contención. Quizás hay que bajar diques, pensar el vínculo y pensarlo desde otro lugar. Debería ser una forma de aproximación.
De la lealtad violenta al cuidado

P: En el libro hablas de cómo hemos heredado un concepto masculino de amistad basado en la violencia y la incondicionalidad bélica. ¿Cómo nos afecta eso a las mujeres?

R: Esta historia me encanta muchísimo porque efectivamente, cuando estoy tan triste con esto, voy llorándole a las amigas. Tampoco encuentro muchas amigas que me acojan de las que me quedan, porque esto es importante decirlo. No sabemos consolar a las amigas del duelo de la otra: "¿Estás tomándote un café conmigo o estás llorando por ella?".

La cosa es que una amiga me dijo: 'Tienes toda mi amistad, además, que sepas que si algún día me llamas y me dices que hay un cadáver en tu casa, yo iría contigo, lo eliminaríamos y no haría preguntas'.

Y yo, claro, fue un bajón, porque le dije "pues yo no te quiero de amiga, yo no voy a matar a nadie ni porque voy a tener un cadáver en mi casa ni porque tú piensas que la amistad es que yo te llamo con un cadáver y tú vienes... ¿Qué?". Se quedó como 'nada te viene bien, chica'. Y pensé, ¿por qué me ha dicho esto? O sea, ¿qué le han enseñado a mi amiga de pequeña para pensar que una forma de querer es que vendría a mi casa a retirar un cadáver?

Entonces empecé a bucear y vi que la primera forma de amistad violenta la heredamos de hombres homosexuales en el batallón de Tebas, en el que se dan cuenta que ningún ejército va a ser más fiero que ese donde van los amantes, porque van a ser capaces de defenderse mucho más y mucho más ferozmente hasta la muerte.

Me encanta que esa lealtad o esa virilidad o esa violencia sea homosexual de partida, o sea, que no hay nada más viril en lo masculino que este origen homoerótico de la amistad y casi de la guerra. Después lo hemos ido heredando, hasta ese Todos para uno, uno para todos y esas historias de la mili y en la que tienen sobre todo que ir a morir durante miles de años, y aún ahora estamos viendo hombres que mueren por otros hombres, donde poco se habla de los cuidados. Patricia Simón tiene unos textos preciosos sobre los cuidados de hombres con hombres en la guerra de Ucrania, cómo se cantan nanas, cómo se cuidan los pies, todo esto estaba sin escribir.

En todo caso, heredamos esta idea de lealtad y de lealtad a muerte, y cuanto más, más amigas, así está la prueba definitiva, que es la de recoger el cadáver o la de matar por cuidar el honor de la otra. ¿Dónde están las relaciones de lo que yo he conocido, ese otro cuidado, esos lazos débiles que no ahogan? Hay, creo, mucho que pensar ahí, porque donde no pensamos vamos recogiendo imágenes mentales, algunas muy antiguas y no sabemos qué llevamos dentro.

Las mujeres hemos sido guardianas de los vínculos a través de los siglos, hemos estado cuidando vínculos familiares, de la memoria de nuestras madres, y hemos sido transmisoras de memoria. No nos hemos puesto quizás a hacer pensamiento ordenado y transformador del mundo, no hemos pensado que eso era tan fuerte. Como el motor de la historia es la lucha de clases, nos parecía que eso es lo que mueve el mundo, que aquí estamos con nuestros vínculos dándole calorcito, cuando a lo mejor es ese calor o es esa determinación de cómo queremos querernos lo que de verdad puede ser transformador.

Realmente creo que es lo más transformador que tenemos, amarnos y diría las unas a las otras más allá del lugar romántico. Lo menos transformador que he hecho yo socialmente es enamorarme y reproducirme con un hombre, porque eso es una reproducción de justo lo que quieres destruir, es como una especie de trampa feminista. Es muy difícil ser la reproductora literal del sistema y ser la que lo está cambiando a la vez, pero con las amigas sí, con quienes somos entre nosotras creo que tenemos esa oportunidad y que la conciencia de esa oportunidad es bastante la caña.

P: Señalas también que las relaciones lésbicas que han estado en la periferia del sistema ofrecen pistas sobre otras formas de relacionarse.

R: Totalmente, porque ahí nace una ventaja, digamos, que es ya que el sistema te rechace, desde luego no eres reproductora del sistema, eres retadora del sistema, es tu lugar. La periferia es un buen lugar por eso, es verdad que luego hay otras dinámicas y otras tensiones como querer los derechos del centro o mantener la periferia y hay otras complejidades.

Creo que es una pelea de todas y un cambio de todas, pero sí creo que el activismo lesbiano y la manera de relacionarse con las otras es una inspiración o debería serlo, para mí lo es y creo que lo heterosexual tiene mucho que pensarse, muchísimo que desmontarse, que no está ni en primero de derribo. Por eso la amistad es una carretera que cruza el sistema por la mitad, que lo rompe, que lo parte.
El poder político del vínculo

P: Resulta llamativo que el feminismo se haya convertido actualmente en el blanco principal de los ataques de los gobiernos y discursos reaccionarios. ¿Qué opinas?

R: Eso es bueno, eso es buenísimo, porque eso significa que comparten la tesis, saben que no hay nada en este momento más transformador que el feminismo, que la revolución del vínculo. Llamamos feminismo a una cosa como muy grande (igual que amiga) y al feminismo le pasa un poco igual.

Al final el feminismo es una cosa que es buena para todas, es muy buena para todos en masculino y claramente es el movimiento con mayor poder transformador y político del siglo que estamos viviendo. Del materialismo, del marxismo el siglo XX, esto se ha movido a una revolución de los vínculos, donde cómo nos comportemos las mujeres tiene unas consecuencias.

Esto es de cajón, imagínate que dejamos de parir, si nosotras paramos se para el mundo es literal. Pero no solo para aquel 8M que recordamos, sino para cualquier día o momento de nuestra vida, a veces yo digo "si nos paramos a pensar arranca el mundo" y si yo me paro a llorar a mi amiga también estoy diciendo muchas cosas alrededor. Incluso se las estoy diciendo a mi madre también.

Me asombra muchísimo lo que pasa con la presentación de este libro. La primera vez me hizo sentir un poco como si estuviera en Alcohólicos Anónimos. Luego cada vez menos, porque se levanta más gente a hablar. El primer día se me acercó una mujer de unos 70 años y me dijo: 'Yo no te había leído nada, ni sé si me va a interesar este libro, pero me lo llevo para mis hijos porque quiero que me dejen llorar en paz a mi amiga que me ha dejado".

A veces pensamos "esto que me pasa no es importante, esto que voy a decir no cambia nada". Creo que justo ahí es donde está el poder de transformar.
Un mapa de voces compartidas

P: Para construir este relato te apoyas en referentes muy diversos, desde Platón hasta Judith Butler o Carmen Martín Gaite. ¿Cómo fue ese proceso de documentación emocional?

R: Fui buceando, a Juan Benet llego en realidad por Carmen Martín Gaite que le escribe una carta demoledora. Se van colando por ahí relatos que acompañan en paralelo y acabo en Platón, con su Lisis, porque creo que es el mejor texto que se ha escrito nunca sobre la amistad. Al final todo lo que pensamos es como ya lo pensaron antes los griegos, lo recomiendo porque, además debe ser muy buen texto, es muy finito. En la amistad al final tiene tanto peso el silencio que yo ya dudo de un texto de la amistad muy enciclopédico porque hay mucho que rellenar en ese sentido por el lector.

Y bueno realmente es un viaje donde es verdad que acaban Judith Butler, pero no es un viaje premeditado por eso son, creo, tan dispares las citas. Hay varias novelistas, aparece Deborah Levy... yo me sentía como una escaladora. Quería que fuese así, ese camino casi reptiliano donde a veces creo que el mapa de anclajes, de los ensayos está demasiado prefabricado.

Realmente no sabía bien dónde iba y creo que eso es lo bonito del libro, que es ahí como yo misma voy saltando de un apoyo a otro, de una referencia a otra, no quería pensar sola (tampoco podía) y quería retar que el pensamiento nazca de la herida. Parece que es una forma de hablar solas, y esto no es así: llega mucha gente, llegan muchas voces y puede ser igualmente canónico, literario o ambicioso, a pesar de que el cuerpo esté también hablando.


Por Carmen Sigüenza - Gema Mañogil |
Fuente: Efeminista

enero 16, 2026

La epidemia de violencia contra las mujeres atormenta Brasil

Manifestación del movimiento ¡Mujeres Vivas, Levántense! el 7 de diciembre en Brasilia. Hubo protestas en otras 88 ciudades para protestar contra la creciente ola de feminicidios y violencia machista y demandar por el fin de los feminicidios y otras violencias contra las mujeres en todo el Brasil. Imagen: Marcelo Camargo / Agência Brasil


Una mujer atropellada y arrastrada bajo el automóvil por cerca de un kilómetro queda como el signo de la creciente violencia contra las mujeres, cuyos niveles epidémicos en Brasil inquietan y moviliza a la sociedad.

Tainara Souza Santos murió a los 31 años el 24 de diciembre de 2025 en São Paulo, tras 25 días en un hospital donde se intentó salvarla de las heridas provocadas por su expareja, que usó el auto como arma en la agresión que conmocionó el país. Ella tuvo sus piernas amputadas y sufrió por lo menos otras tres cirugías.

El video de una cámara vial de seguridad registró el atentado, lo que facilitó el arresto del agresor al día siguiente.

Otros feminicidios de gran repercusión en el final de 2025 desataron la alarma. Un hombre incendió la casa donde vivía con su compañera y sus cuatro hijos pequeños en Recife, capital del estado de Pernambuco, en el noreste de Brasil, el 29 de noviembre. Los cinco murieron carbonizados.


“La violencia contra las mujeres es un problema estructural. Tiene raíces profundas, normas, valores, creencias que reafirman la desigualdad entre los géneros y promueven la aceptación de esas prácticas violentas, que por ende se reproducen en nuestra sociedad”: Cristina Neme.

La oleada de asesinatos tuvo como respuesta una protesta nacional del movimiento ¡Mujeres Vivas, Levántense!, que promovió el 7 de diciembre manifestaciones en por lo menos 89 ciudades brasileñas.

“La violencia contra las mujeres es un problema estructural. Tiene raíces profundas, normas, valores, creencias que reafirman la desigualdad entre los géneros y promueven la aceptación de esas prácticas violentas, que por ende se reproducen en nuestra sociedad”, señaló Cristina Neme, coordinadora de proyectos del no gubernamental Instituto Sou da Paz.

La protesta en São Paulo el 7 de diciembre reclamó un “basta ya” a la ola de feminicidios, que crecieron en los últimos años en Brasil pese a las nuevas leyes que prevén hasta 40 años de cárcel para ese crimen. Imagen: Rovena Rosa / Agência Brasil
Las leyes no evitan la violencia

Brasil avanzó en la legislación que penaliza la violencia de género. Desde 2006 cuenta con la ley Maria da Penha, que tipifica los delitos de violencia doméstica y familiar contra las mujeres, establece penas y medidas de prevención y atención a las víctimas.

Lleva el nombre de una farmacéutica de Ceará, un estado del nordeste brasileño, que sufrió dos atentados a su vida, a tiros y por electrocución, además de innumerables agresiones, cometidas por su marido, en los años 80.

Quedó parapléjica y luchó en la justicia por la condena del exmarido que solo fue encarcelado en 2002. Condenado en dos juicios, en 1991 y 1996, logró postergar su prisión por recursos judiciales en que alegó irregularidades procesuales.

El caso movilizó organizaciones feministas y de derechos humanos que lo llevaron a cortes internacionales y terminaron por lograr la aprobación de la ley en el Congreso legislativos en 2006.

Otra ley, de 2015, tipificó el crimen de feminicidio, en que la víctima es asesinada por el simple hecho de ser mujer, con penas previstas de 12 a 30 años de cárcel. Luego, en 2024, otra ley elevó la pena a entre 20 y 40 años.

Pese a esas legislaciones, el feminicidio y otros tipos de violencia contra las mujeres crecen en las estadísticas.

Eso ocurre especialmente en los intentos de feminicidio, que registran “un gran aumento desde 2022”, según Juliana Brandão, investigadora sénior del Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP).

El último informe anual del FBSP, de 2025, apunta que hubo 1492 feminicidios en 2024, con un aumento de 0,9 % en comparación con 2023, mientras los intentos de homicidios machistas sumaron 3870 y un incremento de 19 %.

La ministra brasileña de las Mujeres, Márcia Lopes, tiene nuevos desafíos ante el crecimiento de la violencia contra mujeres que se suma a las desigualdades de género y la misoginia, temas que enfrentan fuerte oposición de la extrema derecha. Imagen: Valter Campanato / Agência Brasil

Misoginia en las redes digitales

La tendencia al agravamiento, en contradicción con leyes más severas, coincide con el ascenso político de la extrema derecha, que gobernó el país entre 2019 y 2022 con el presidente Jaír Bolsonaro, y “el aumento exponencial de sitios web misóginos y antifeministas” desde 2022, según datos del Ministerio de las Mujeres, destacó Brandão.

“Son fenómenos paralelos, más influencia de la ‘machosfera’, más intentos de feminicidio”, sostuvo Brandão a IPS, por teléfono desde São Paulo. Por “machosfera” entiende el conjunto de sitios web y perfiles en las redes sociales que difunden ideas machistas y el odio a las mujeres.

“Cuanto más mujeres logran una mejor inserción en la política, la economía y la cultura, saliendo del límite doméstico a la arena pública, más fuerte es la reacción, con el mensaje de que ese no es un espacio para la mujer”, acotó.

La legislación no logra por si sola contener esa tendencia impulsada por una “cultura antifeminista arraigada en la extrema derecha”, de odio a las luchas por igualdad de género y de la violencia como forma de solución de conflictos, lamentó.

Brandão, una abogada, considera que los intentos en alza de los feminicidios comprueban que el delito es un acto planificado, premeditado, que se alimenta de la propagación en las redes sociales, con sus orientaciones, planes y motivos de odio para los ataques a las mujeres.

El conocimiento acumulado sobre las agresiones contra las mujeres registra su repetición y recrudecimiento hasta culminar en el feminicidio.

“La legislación es importante para que el sistema de justicia esté atento, reconozca la violencia contra las mujeres”, pero como se trata de delitos causados por factores múltiples, es necesario un conjunto de medidas para debelar esa criminalidad específica, propone Brandão.


Anielle Franco, ministra de la Igualdad Racial, participó en la protesta contra los feminicidios en Brasilia, el 7 de diciembre. Ella es hermana de Marielle Franco, la concejal de Río de Janeiro asesinada en 2018 y un símbolo de las luchas de las mujeres y la población negra. Imagen: Marcelo Camargo / Agência Brasil
Políticas públicas con presupuesto

La prevención de las violencias, que comprenden violaciones y acoso sexuales, agresiones físicas y sicológicas, en el ambiente doméstico y en el público, exige políticas públicas de promoción de los derechos humanos y reducción de las desigualdades de género, sostuvo la abogada.

Eso comprende políticas de redistribución del ingreso, para superación de “las relaciones asimétricas, de la dependencia en relación a la pareja”, ejemplificó.

Además, hace falta una red de apoyo a las víctimas desde la denuncia hasta el acceso a una justicia eficiente y la reorganización de sus vidas. En resumen, políticas públicas con presupuesto suficiente, reclamó la abogada. Hubo retrocesos en los recursos públicos destinados a esas políticas, lamentó.

La legislación actual prevé tanto el castigo a los agresores como una red de acogida y asistencia a las víctimas para su protección y para que puedan “rehacer sus vidas fuera del círculo de violencia que puede conducir al feminicidio”, subrayó Neme a IPS desde São Paulo.

Pero “esos mecanismos necesitan ganar eficacia, presencia en todos los municipios, ya que la violencia ocurre en los territorios, en el cotidiano de ciudades grandes, medianas y pequeñas”, matizó.

Ese acceso amplificado debe involucrar las comisarias de atendimiento especializado a las mujeres, centros de acogida, asistencia jurídica y social, “un gran desafío para las políticas públicas” en que es indispensable articular los gobiernos de distintos niveles, el poder judicial y la policía, sostuvo.

Todo eso se hace más necesario ahora que los medios digitales y las redes sociales “potencializan y generan nuevas dinámicas de agresiones, odios e intolerancia que promueven la violencia basada en género”, concluyó.

Los feminicidios, reconocidos como un crimen específico solo hace 10 años, ya constituyen un grave problema social. En 2023 el legislativo Congreso Nacional aprobó una ley que concede una pensión especial a los niños y adolescentes huérfanos de madres asesinadas por razón de género.

La inquietud por ese aparente retroceso en la civilización estimula estudios, además de protestas.

La Universidad Estatal de Londrina, una ciudad de 580 000 habitantes en el interior del meridional estado de Paraná, creó en 2022 el Laboratorio de Estudios de Feminicidios (Lesfem) que monitorea la evolución del tema, con apoyo de otras dos universidades.

Sus últimos datos apuntan 5582 feminicidios intentados y consumados en enero-octubre de 2025, un aumento de 32,6 % sobre el mismo período de 2024. Los casos consumados corresponden a 31,48 % del total, es decir casi mitad de los intentos.

Las estadísticas apuntan las mujeres negras y pobres como la gran mayoría de las víctimas, pero es São Paulo, el más rico entre los 26 estados brasileños, el que registra el aumento más preocupante.

Fueron 930 feminicidios intentados y consumados en enero-octubre de 2025, 42,8 % más que en igual período de 2024, según Lesfem. En la capital, São Paulo, que tiene 11,9 millones de habitantes, la policía registró 53 feminicidios consumados en los 10 primeros meses de 2025, superando los 51 de todo el año de 2024.

Las acciones para prevenir esas muertes también proliferan. En Brasilia, con sus tres millones de habitantes, el gobierno local creó el programa Viva Flor que distribuye a mujeres amenazadas un aparato para pedir socorro policial en pocos minutos. Un equipo de agentes especializados queda disponible 24 horas al día para atender las llamadas.

El gobierno del estado de Paraná desarrolló un sistema, llamado el Algoritmo de Revictimización, mediante el cual se busca evitar que las agresiones contra las mujeres se repitan y recrudezcan. Ya procesa cerca de 15 millones de denuncias para identificar donde se pueden repetir los delitos y evitarlos.



Fuente: IPS

enero 15, 2026

¿Quiénes cuidan en las ciudades?


Ilustración: : Lucía Escrigas/Crítica urbana

Los cuidados incluyen todas las actividades y relaciones destinadas a sostener la vida; desde atender a las niñas/os, personas mayores, dependientes o con discapacidad, hasta tareas de la vida cotidiana como alimentación, limpieza y acompañamiento. El trabajo del cuidado está atravesado por componentes materiales, económicos y afectivos, todos esenciales para la matriz social y las economías locales de los territorios. Aún sigue siendo invisibilizado, mayoritariamente no remunerado e infravalorado.

Históricamente, los cuidados han recaído en las estructuras familiares y en particular, sobre las mujeres. Esta distribución desigual limita las autonomías y el acceso a derechos, reforzando y reproduciendo estereotipos que asocian el cuidado no como un saber o atributo que cualquier persona puede desarrollar sino en relación a la naturaleza femenina.

Las ciudades inteligentes se caracterizan por incorporar tecnología, conectividad y eficiencia en su dinámica cotidiana; sin embargo, la propuesta de ciudades cuidadoras hace referencia al diseño de las mismas en tanto el cuidado de las personas que las habitan. No basta con innovar en infraestructuras, debemos también garantizar el bienestar físico, emocional y social de todas las comunidades.

Hoy, el principal desafío se visualiza en los aportes de políticas urbanas con igualdad, incorporando la perspectiva de género en el desarrollo urbano, con un enfoque específico en las autonomías, la económica en particular, y la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres.

La importancia de la doble presencia laboral en el espacio privado y público se vincula con la estrecha relación que tienen las mujeres con la vivienda y el hábitat como principales usuarias, con la dotación de servicios públicos para las tareas domésticas, con los equipamientos sociales para la educación, salud y espacio público, con la movilidad, la seguridad ciudadana y con las condiciones ambientales.


En Uruguay, la dimensión territorial, para implementar una estrategia nacional de desarrollo, logra consolidarse con la creación de leyes como las de Ordenamiento Territorial; de Descentralización y Participación Ciudadana; y la que crea en 2015 el Sistema Nacional Integrado de Cuidados (SNIC). Las propuestas de políticas para la autonomía de las mujeres y la garantía de sus derechos económicos y sociales, así como las reformas legislativas y regulatorias para lograr ciudades cuidadoras, constituyen instrumentos fundamentales y necesarios.

Olga Segovia, consultora de Cepal y coordinadora de la Red Mujer y Hábitat de América Latina, plantea que, en un contexto urbano regional marcado por múltiples desigualdades, construir ciudades inclusivas supone avanzar en la implementación de políticas públicas capaces de generar cambios en las relaciones de género, en particular, en la división del trabajo y en el uso y disfrute del tiempo y la ciudad. Implica la valoración de los intereses diferenciales de las personas, necesidades y demandas, así como los impactos de acciones concretas de los gobiernos locales que puedan incidir en las brechas o en la reproducción de la desigualdad socioeconómica y la cultura del privilegio en los procesos de urbanización.

La disponibilidad y la calidad del transporte, la conformación del espacio público, las condiciones de seguridad para transitar y acceder a los servicios urbanos, al trabajo o al estudio, son factores clave en la vida de las mujeres para poder ampliar su autonomía de manera integral.Apoyá nuestro periodismo.

Las propuestas de políticas para la autonomía de las mujeres y la garantía de sus derechos económicos y sociales, así como las reformas legislativas y regulatorias para lograr ciudades cuidadoras, constituyen instrumentos fundamentales.

El acceso en igualdad de condiciones a los bienes urbanos por parte de hombres y mujeres permite superar las inequidades y limitaciones que enfrentan, en su mayoría, las mujeres, en tanto servicios y espacios públicos, a la vivienda, al empleo y la movilidad, entre otros. La redistribución del uso del suelo urbano y del tiempo promueve equidad e igualdad de oportunidades. Las desigualdades entre los territorios como los barrios, municipios, zonas rurales y urbanas, son obstáculos que deben revertirse en la planificación estratégica de las ciudades para garantizar bienestar y no sólo crecimiento, en todos los ámbitos de la sociedad.

El reto actual, en particular en América Latina y el Caribe, consiste en resolver los problemas de transición de las zonas rurales a las urbanas y dar respuesta a las transformaciones demográficas, proveyendo de mayor calidad de vida a los habitantes mediante políticas de participación e inclusión social, seguridad, eficiencia en el uso del tiempo, cobertura de servicios y protección del medio ambiente.

El agua potable, la energía y el saneamiento forman parte de la infraestructura básica del cuidado. El transporte y la cercanía entre el hogar, la escuela, el trabajo y el centro de salud hacen referencia a la movilidad del cuidado; el diseño del territorio puede acercar o aislar los servicios que tienen que ver con las necesidades básicas de la población. La proximidad, accesibilidad, el fomento de las redes vecinales y espacios comunes para apoyos mutuos, promueven la sostenibilidad de la vida.

Actualmente, las ciudades experimentan mayores riesgos y vulnerabilidades en tanto los efectos del cambio climático y de la presión de los patrones de producción, distribución y consumo que atentan contra su sostenibilidad. Cuando jerarquizamos los cuidados, la ciudad protege el medio ambiente y los recursos naturales, innova y adopta tecnologías para la prevención y mitigación. Genera la capacidad de incorporar a las personas y a la naturaleza, en sus expresiones multidimensionales y diversas, como desafío para mejorar la calidad de vida y de cuidados, también en la calidad de los servicios públicos.

Las políticas deben responder a los desafíos de la creciente incorporación de las mujeres a la vida social y política y a su mayor participación en la fuerza del trabajo. También facilitar el involucramiento de los hombres en el trabajo no remunerado, redistribuir el tiempo asignado a determinadas tareas y funciones según el sistema de género dominante y finalmente reafirmar la responsabilidad del Estado de garantizar el derecho al cuidado y el ejercicio de los derechos ciudadanos.

A la fecha, Uruguay no ha podido implementar el Sistema Nacional de Cuidados, como disparador de un nuevo paradigma de desarrollo, centrado en la igualdad, con presupuesto suficiente y un diseño adaptado a las realidades sociales de la región y del mundo. El espacio de la ciudad no es neutro, condiciona las formas de uso e incide en el acceso a oportunidades que son diferentes entre hombres y mujeres. Los servicios públicos de las ciudades son componentes clave del bienestar social, que se suman a los ingresos y a la protección social.

La formulación de políticas públicas urbanas, sectoriales y transversales son herramientas para la gestión de la ciudad que benefician la redistribución de las tareas de cuidado y contribuyen a la autonomía económica de las mujeres, fortaleciendo el ejercicio de su derecho a la ciudad. Ante una organización desigual de los cuidados, debemos garantizar el derecho a toda persona a ser cuidada y defender los derechos de quienes cuidan, con políticas públicas que contribuyan a cambiar la división sexual del trabajo y la matriz social del cuidado.

Cepal tiene como lema “sin igualdad de género, el desarrollo sostenible no es verdadero desarrollo, ni es sostenible”. Las ciudades inclusivas y cuidadoras son profundamente políticas, y se sostienen en la convicción de que transformar el espacio y el tiempo posibilita transformar la realidad.

En la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU, 2017) se reconoce la centralidad de la igualdad de género y la autonomía económica de las mujeres como criterios fundamentales para avanzar hacia patrones de desarrollo sostenible. El objetivo 5 hace referencia a lograr igualdad entre géneros y empoderar a las mujeres y niñas; y el objetivo 11 refiere al logro de ciudades y asentamientos humanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles. Junto a los restantes objetivos, que incluyen compromisos de género de manera transversal, todos ellos, se advierte una oportunidad imperiosa para avanzar en la eliminación de las múltiples brechas de desigualdad y consolidar una agenda regional más igualitaria en derechos, promotora de calidad y fortalecimiento democrático, tan necesario, en un tiempo de incertidumbre, en la búsqueda de más humanismo, en el relato y en las acciones. Acciones, muchas de ellas, que sostienen la vida.




Magíster en Género, Cambio Climático y Desastre
Fuente: La Diaria.es

enero 14, 2026

Claves para leer las protestas en Irán sin reducirlas al hiyab

La inflación y el autoritarismo detonaron protestas masivas en Irán, donde las mujeres encabezan la exigencia de libertad y derechos.


Desde el inició de este año, al menos dos mil personas han muerto como resultado de protestas contra el Líder Supremo de la República Islámica de Irán, Alí Jamenei y acusaciones de represión política, opresión social y decadencia económica bajo el gobierno del presidente, Masoud Pezeshkian.

Las protestas configuran un escenario complejo, en donde las mujeres iraníes han tomado el frente para manifestarse en contra del gobierno y del régimen islámico. Imágenes de mujeres quedando fotografías de Alí Jamenei se han hecho virales en redes sociales, y es que tras el estallido de las protestas, los medios de comunicación han amplificado narrativas occidentalistas que desarticulan la complejidad del movimiento, sugiriendo que se trata de una lucha por la supuesta liberación de la mujer para dejar de usar hiyab o velo islámico obligatorio.

Y es que, contrario a lo que se quiere reflejar en los medios, el movimiento no solo es una protesta por la vestimenta, sino que es el estruendo de una sociedad agotada por décadas de presión. Para conocer más al respecto, platicamos con Nofret Berenice Hernández Vilchis, posdoctorante de la División de Historia del CIDE y especialista en el mundo árabe. 

¿Qué está pasando en Irán?

En Irán se está desarrollando una ola de protestas masivas sin precedentes que ha alcanzado las 31 provincias del país. Las manifestaciones comenzaron a finales de diciembre de 2025 en Teherán, después de que el país atravesara por una crisis económica provocada por una inflación elevada y el encarecimiento abrupto de productos básicos como el aceite y el pollo. 

La crisis se agravó cuando el Banco Central eliminó un programa que permitía a los importadores acceder a dólares baratos, lo que obligó a los comerciantes a subir precios o cerrar sus negocios.

Aunque empezaron por motivos económicos, las protestas escalaron rápidamente hacia exigencias de un cambio de régimen sistémico, por lo que en redes sociales ahora se ven videos de manifestantes coreando consignas como “Muerte al dictador” y exigen la destitución del jefe de Estado, Alí Jamenei.

Alí Jamenei es un clérigo y líder político-religioso que encabeza la base clerical en Irán desde la Revolución Islámica, en 1989, quien acusó a las personas manifestantes de complacer los intereses extractivistas de Donald Trump. 

El pasado 8 de enero, las autoridades iraníes realizaron un corte deliberado de internet en plena escalada de represión. Como señaló Amnistía Internacional, “se trató de una decisión intencionada para ocultar la magnitud real de las violaciones de derechos humanos que se estaban cometiendo”. Esta forma de represión afectó de manera diferenciada las provincias de principalmente a las Lorestán e Ilam, donde viven minorías kurda y luri, que han sufrido la represión más letal.

¿Qué está pasando con las protestas de las mujeres en Irán?

Las mujeres iraníes se encuentran en el centro de las protestas. El descontento político, que incluye múltiples denuncias de un régimen autoritario, dogmático y dictatorial han hecho que cientos de mujeres salgan a las calles a quemar la imagen fotografías de Alí Jamenei.

Las autoridades iraníes han respondido con violencia extrema para sofocar las protestas mediante el uso de la fuerza, de acuerdo con la BBC. En medio del conflicto, el uso del hiyab, o velo islámico, y es que este se ha vuelto el símbolo de la imposición del Estado sobre el cuerpo de las mujeres.


En Irán el uso del hiyab sigue siendo legalmente obligatorio en espacios públicos, de lo contrario se enfrentan desde multas hasta prisión, sin embargo, como explica la especialista, en ciudades cosmopolitas como Teherán, las mujeres están logrando cambios de facto, saliendo a la calle con el cabello suelto o usando el velo de forma decorativa, a pesar del riesgo de ser encarceladas. En contraste, ciudades más tradicionales como Qom mantienen un conservadurismo más estricto.

Su antecedente: el movimiento “Mujer, vida, libertad”

El movimiento actual se nutre del espíritu de las protestas de Mahsa Amini en 2022 "Mujer, vida, libertad", un levantamiento nacional que surgió como respuesta a décadas de desigualdad y represión generalizada por parte del régimen islámico en contra de las mujeres. Aunque, con el paso del tiempo, se ha convertido en un símbolo mundial de la lucha por los derechos humanos.

El movimiento se desencadenó en septiembre de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años perteneciente a la oprimida minoría kurda. Amini fue detenida en Teherán por la “policía de la moral” (gasht-e ershad), encargada de cumplir la Ley islámica, bajo la acusación de no llevar el velo de forma “correcta” según las leyes del país.

Mahsa fue introducida por la fuerza en una furgoneta, golpeada en la cabeza y sometida a tortura. Entró en coma y murió bajo custodia tres días después, el 16 de septiembre de 2022. Su muerte encendió un malestar social que ya se venía gestando por crisis económicas y falta de libertad política en años anteriores.

¿Cuáles son los desafíos que enfrentan las mujeres iraníes?

De acuerdo con Nofret Berenice Hernández Vilchis, es un error ver estas protestas de forma aislada. 

Antes de 2022, Irán ya había vivido importantes manifestaciones en 2018, 2019 y 2020 motivadas por protestas por el alto costo de la vida y la falta de recursos básicos para comer, demandas de cambio tras elecciones consideradas fraudulentas y la falta de espacio para la oposición política, que suele estar restringida a candidatos cercanos al régimen islámico.

También se han enfrentado a represión violenta, y es que en diciembre de 2019, antes de la pandemia, se registraron manifestaciones que dejaron alrededor de 200 muertos, aunque tuvieron poca visibilidad en los medios occidentales.


Más allá del hiyab

Como explica Nofret Berenice Hernández Vilchis, el conflicto no se limita al uso de una prenda, sino a la libertad de elección, pues “tan mal está que el régimen iraní las obligue a cubrirse como está mal que se les obligue a descubrirse”.

Por ello, Nofret puntualiza que las manifestaciones actuales son heterogéneas. Al igual que en la Revolución de 1979, donde participaron islamistas, comunistas y diversos grupos pro-democracia, el descontento actual une a personas con diferentes intereses: desde quienes buscan reformas económicas hasta quienes exigen una participación política real y derechos de género.

¿Cuál es el papel de los medios?

Irán vive una situación donde la sociedad está agotada por un sistema que restringe tanto la libertad personal como la supervivencia económica, pero la narrativa continúa reproduciendo narrativas orientalistas como noticias sensacionalista que no permiten ver la profundidad y complejidad del problema, y es que los medios occidentales utilizan la opresión de las mujeres iraníes para fomentar un discurso donde “occidente debe salvarlas”, como explica la especialista, lo cual puede servir como pretexto para intervenciones imperialistas que no suelen resolver los problemas de raíz.


Fuente: La Cadera de Eva

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