marzo 07, 2026

En honor a quiénes se conmemora el 8M. Pioneras en la lucha

El domingo se recuerda a estas mujeres que murieron peleando por condiciones laborales dignas. El Día internacional de la mujer trabajadora reúne los reclamos por las que mueven el tejido productivo de un mundo que insiste con inequidades y violencias machistas.

Fotografía de la época da cuenta del trabajo de las mujeres en las fábricas. Esta es una de las pocas que circula y aparece cada 8M aunque no sea exactamente del grupo que murió en el incendio de la Cotton. (Imagen Web)

Existieron, pero parece que no, hicieron huelga, pero nadie registró ese reclamo, ciento veintinueve mujeres murieron quemadas, pero no hay rincón en la tierra que guarde sus cenizas. Ningún documento dice en qué lugar de Nueva York estaba la Cotton Textil Factory donde aquellas mujeres trabajaban en 1908. Un error histórico, una confusión de efeméride las superpone o las sustituye por las mujeres que murieron unos años después (1911) en el incendio de la Triangle Shirtwaist Factory en el oeste de Manhattan y que sí fueron identificadas. Las mujeres de Triangle murieron por las quemaduras, por asfixia y por saltar al vacío desde el décimo piso porque los dueños habían cerrado las puertas de salida para evitar descansos no autorizados y robos.

Las mujeres de la Cotton Factory no tienen tumba ni biografía. La verdad sobre las mujeres de la Cotton es entonces una verdad a medias, como suele ocurrir con la vida que se cuenta de las mujeres. Faltan datos, se exageran otros, se raspan las yemas de los dedos sobre las telas, sobre las máquinas, la evidencia ausente nace y crece para borrar los límites entre la voz y el silencio y para fortalecer un pacto largo larguísimo que acomoda nalgas y se apoltrona en la eficacia del relego.

¿Quiénes eran esas trabajadoras en su mayoría menores de edad que murieron prisioneras de las llamas el 8 de marzo de 1908? El detalle que esconde certezas dice que eran italianas, judías y de la llamada Europa del Este, ese detalle dice también que trabajaban en esa fábrica entre doce y dieciséis horas por día seis veces por semana, que era un lugar sin ventilación y que ganaban un 70% menos que los hombres. Sin archivos es difícil defender veracidades, pero sin embargo no es nada difícil saber que existieron (¿conjugamos el verbo en pasado?) mujeres y niñas que trabajaron en esas condiciones. ¿Cuántos meses tuvieron que pasar para que un incendio registrado hablara de ellas? ¿Cuántos hasta que las fotos de niñas y niños trabajando que hizo Lewis Hine en las fábricas de algodón de Carolina y en las trituradoras de carbón de Pensilvania fueran una prueba para denunciar que el trabajo infantil ayudaba a construir las bases de la industria estadounidense? ¿Quién cerró los ojos cuando una marcha de mujeres llenó aquel año las calles de Nueva York? ¿Por qué no hubo antes de 1911 cobertura de incendios en fábricas textiles?

Nada imposible es imaginar las camas en las que aquellas mujeres dormían, el agobio, el dolor calado, los bolsillos en los que guardaban las pocas monedas y sus gritos mientras intentaban escapar de las llamas y del humo que las ventanas cerradas de la fábrica atesoraban. Una de ellas había nacido en la Basilicata, otra en Mukáchevo y dos hermanas en Verpelét, para las cuatro aquel era el primer invierno en la fábrica. Las cartas que escribían hablaban de una ciudad agitada, de palabras que no entendían, del frío en los pies y de la comida que extrañaban. Mientras el debate histórico las niega la sombra de la duda hace equilibrio en la realidad amenazante y les da un nombre como antídoto contra el olvido: Giovanna, Rózsi, Vira, Raquel.


Fuente: Las/12

Sí a la Diversidad Familiar!
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