marzo 30, 2017

El amor sin tabúes entre sor Juana Inés de la Cruz y la virreina de México

Sor Juana Inés de la Cruz,
retratada siendo una adolescente,
antes de coger los hábitos.
Fue una niña prodigio y una mujer de portentoso talento. De madre criolla analfabeta y padre militar español, aprendió a leer a muy corta edad (cuentan que a los tres años) en el nada feminista siglo XVII y tuvo la osadía de consagrar su vida al estudio y la escritura y no a su marido y a su progenie. Para ello se hizo monja, primero carmelita y luego jerónima, no tanto por vocación divina como por necesidad de encontrar un espacio para sí misma y para dedicarse al conocimiento. Convirtió su celda en una gran biblioteca y en un punto de encuentro cultural. Fue una poeta intelectual, según Octavio Paz. Gracias a su determinación, la literatura tardía del Barroco, el Siglo de Oro de las letras en español, ganó una de sus escritoras más insignes y la lucha por la igualdad de las mujeres, a uno de sus referentes protofeministas. Fue Juana de Asbaje o Juana Ramírez, nacida en 1648 (puede que en 1651) en la población mexicana de Nepantla y fallecida en 1695 en la Ciudad de México, aunque muy pronto se la conoció como sor Juana Inés de la Cruz. 

Ahora, un libro reúne algunos de sus poemas más íntimos. No se trata de una compilación al uso, sino una revisión de su obra a la luz del afecto mutuo que se profesaban la monja y la virreina de México María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, condesa de Paredes, protectora de la escritora y promotora de su obra tanto en México como sobre todo en España. Un amar ardiente es el título de la obra, que la editorial Flores Raras lanza la próxima semana, bajo la coordinación de Sergio Téllez-Pon. Es el compilador de la antología poética que versa sobre los desvelos amorosos de una escritora que empezó a darse a conocer muy joven con composiciones religiosas.

"Muchos estu­diosos y aficionados de la obra de sor Juana", escribe en la introducción Téllez-Pon, "han coincidido en que la relación entre la monja y la virreina fue más allá del «incienso palaciego» pero solo algunos se han dedicado a reunir o a publicar los poemas como testimonios de esa relación. Entre los pocos que lo han hecho, en España está Luis Antonio de Villena, quien seleccionó un romance (núm. 21) de la monja mexicana en Amores iguales. Antología de la poesía gay y lésbica' (La esfera de los libros, Madrid, 2002), sin embargo, en su nota de presentación De Villena no hace referencia a la pasión por María Luisa y tampoco es uno de los poemas más intensos o representativos de la rela­ción entre la monja y la condesa".

Poeta, ensayista, crítico y editor, Sergio Téllez-Pon (Ciudad de México, 1981) responde por correo electrónico a algunas preguntas formuladas por este periódico a propósito de la publicación el 3 de abril de la recopilación de la obra de sor Juana Inés de la Cruz, en la que confluye la sociedad de la Nueva España, el culteranismo de Góngora y la influencia de Quevedo y Calderón.

Pregunta. ¿Cómo surgió su investigación? ¿Y cuál fue su propósito?

Fragmento del retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, Miguel Cabrera, ca. 1750 (Castillo de Chapultepec).

Respuesta. Surgió a partir de la muerte de Antonio Alatorre, eminente sor juanista y quien fue mi profesor en la universidad, específicamente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde junto con él leí la obra de sor Juana Inés de la Cruz. Él cuenta en su edición de 2009 de la Lírica personalde sor Juana que le habría gustado poner en un apartado todos los poemas que la monja le escribió a la virreina. Pero esto no fue posible porque no se lo permitieron en el Fondo de Cultura Económica (editorial mexicana). Así que yo retomé la idea y, en homenaje a él, lo hice pues, desde 1689 Francisco de las Heras, el secretario de la virreina y el primer editor de sor Juana, se propuso poner los poemas dispersos para que el lector no se pudiera dar cuenta bien a bien de cómo fue esta intensa relación. De manera que a lo largo de más de tres siglos no hemos podido leer esta veta de la poesía de sor Juana.

Mi propósito es invitar al lector que ya conoce la obra de sor Juana o que se acerca por primera vez, a que la lea sin una venda en los ojos, sin prejuicios ni tabús sexuales. Que lea cómo las relaciones humanas son lo mismo de apasionadas sin importar el género o la sexualidad de los enamorados.

P. ¿Cree que su visión sobre la relación amorosa y lésbica entre sor Juana Inés y María Luisa Gonzaga Manrique de Lara levantará ampollas entre la legión de seguidores de la escritora?

R. No lo creo, por fortuna, este tema ha sido estudiado por otros “sor juanistas”, lo que pasa es que esos estudios por lo general surgen en la academia, en las universidades, y allí se quedan. Lo que yo he hecho, por decirlo de alguna manera, es sacarlo del armario y sacarlo de las aulas y los cubículos de investigación. Ahora bien, para los muchísimos lectores de sor Juana será otra forma de leerla: justamente en eso consiste esta antología, en proponerle al lector otra forma de leer a la monja jerónima, sin espesos velos hagiográficos, es decir, haciéndola más humana, y por eso mismo sin prejuicios ni tabús sexuales. Estoy seguro de que así, leyéndola de forma más humana, sus innumerables lectores la sentirán más cerca y hasta más actual.

P. ¿En qué versos, en concreto, fundamenta su tesis?

R. ¡En muchísimos! Son casi 50 poemas dedicados o escritos tan solo para María Luisa pero va un ejemplo: [Lisi es uno de los nombres con los que sor Juana Inés de la Cruz se refería a la virreina]

"Yo adoro a Lisi, pero no pretendo

que Lisi corresponda mi fineza;

pues si juzgo posible su belleza,

a su decoro y mi aprehensión ofendo.

En ese soneto, sor Juana deja claro que ama a la condesa, no importa si es correspondida o no, pero le expresa su sentir y, sobre todo, sabe que este amor no puede ir más allá porque para que el deseo se mantenga vivo no debe realizarse, su consumación sería su propio fracaso. Es un tópico poético muy usado por los poetas: obstinarse en no saciar la sed, viajar sin llegar al destino, como Ulises, porque el viaje es la experiencia y llegar a Ítaca es la conclusión de todo lo que se aprende en el viaje. Sor Juana no quiere consumar su amor y es que tampoco puede porque por una parte, ella obedece sus votos de castidad y, por la otra, la jerarquía de la condesa no le permitiría mantener una relación sexual con una plebeya.

P. ¿Fue un amor platónico?

R. Al igual que Francisco de las Heras, Octavio Paz y Antonio Alatorre, creo que así fue: una relación intensa pero casta. Para enamorarte de alguien no necesitas llegar hasta la cama. Ahora existe el término “sapiosexual”, es decir, que te enamoras de la inteligencia de alguien más que de su cuerpo o de su estatus y, vaya, viéndolo retrospectivamente, creo que en el caso de sor Juana y María Luisa se enamoraron intelectualmente, pero se enamoraron al fin.

P. ¿Se sintió agobiada por el acoso de la condesa de Paredes?

R. Desde luego, María Luisa era una persona muy importante para ella, fue quien la ayudó a quitarse de encima al odioso padre Núñez de Miranda, quien la estimulaba creativamente, con quien compartía muchas cosas en común. Así que las muestras tiránicas de la virreina la agobiaban mucho. Cualquier señal, gesto tierno o desdén por parte de María Luisa la entusiasmaba o la agobiaba. Los enamorados de ahora nos molestamos porque la persona que amamos (que es alguien muy importante para nosotros) no nos contesta el móvil o nos deja con dos palomitas vistas en el Whatsapp y, bueno, eso también les pasó a ellas: cuando sor Juana no le escribía desde el convento, María Luisa se lo reclamó; y cuando la virreina la fue a buscar y no la encontró o la monja se negó a verla, se molestó muchísimo al grado de que tuvieron una pelea que llegó hasta las lágrimas de sor Juana. Y todo eso no lo digo yo: lo dice sor Juana en sus poemas, ella es la que va dejando las pistas de cómo fue su intensa pero fructífera relación con la condesa. El propósito de este trabajo también es que los poemas hablen por sí mismos, que en su contexto cuenten la historia de amor de estas dos mujeres pues no solo están los poemas de sor Juana, también incluyo los dos únicos intentos poéticos de la condesa que, aunque no son tan explícitos, creo que sí muestran un poco la admiración y la fidelidad que siempre le tuvo a la monja.

P. ¿Comparte la afirmación del prologuista, Ramón Martínez, de que la poesía de sor Juana Inés de la Cruz forma parte definitivamente del corpus literario más propio de las personas no heterosexuales? ¿Por qué?

R. Por supuesto. Otros estudiosos queer como Judith Butler y Didier Eribon han escrito que los gais tenemos un “canon alterno” de obras literarias que, dice Butler y la secunda Eribon, ayudaron a la creación de la identidad gay (ellos mencionan a autores en lengua inglesa y francesa, lógicamente, pues Butler es estadounidense y Eribon francés: Melville, Whitman, Wilde o Proust, André Gide, Jean Cocteau y Jean Genet). Y lo mismo se puede decir de los poemas amorosos de sor Juana. Lo que pasa es que en la lengua española nos hemos tardado en asumir y reivindicar a nuestros escritores gais para alimentar nuestra identidad y cultura gay. Espero que este libro sea el inicio para que otros estudiosos lo hagan con otros escritores gais del pasado: sería interesante sacar de las obras completas, la poesía homoerótica de Vicente Aleixandre, un poeta que pocas veces asume que el inspirador de sus versos es otro hombre o que ya sin el ojo de la familia, se puedan leer los poemas gais de García Lorca. Con Cernuda, por fortuna, la cosa es más fácil pues él fue el más radical de todos ellos: Cernuda fue como la sor Juana del 27: sin prejuicios, sin tabús, cantó siempre su amor por otro hombre.

P. ¿Y la opinión de Octavio Paz relativa a que sor Juan Inés estaba absorbida por la pasión del conocimiento, que, precisamente por ella, "tiene que neutralizar su sexo para poder acceder al ansia de conocer"?

R. Bueno, Paz se refiere a que sor Juana tuvo que hacerse pasar por hombre para ingresar a la universidad y así saciar su sed de conocimiento, ¡pero es que hasta en eso fue muy radical esta monja! Querer estudiar, aprender, no era precisamente algo que se les permitiera hacer tan fácil a las mujeres durante el virreinato, así que ella se las ingenió para romper con ese supuesto. Y luego, tampoco entró al convento por ser muy beata o piadosa: si lo hizo, ella misma lo escribió, fue porque no quería que la casaran, tener que pasar sus días atendiendo a un marido y a los hijos: lo que ella quería era leer y aprender y el único lugar donde la podían dejar en paz para hacerlo era en un convento, así que allí fue a dar. Y finalmente, también rompió toda relación con el tiránico padre Núnez de Miranda en tiempos en que se creía que las mujeres eran inferiores intelectualmente y que para dar cualquier paso necesitaban del consejo de un hombre: romper con él fue otra de las muestras de su genialidad, de que ella sola se valía por sí misma. Fue así como rompió con los paradigmas de su sexo (el “sexo débil”, según la misógina definición de la RAE) en pos de su vida intelectual y también, por qué no, de su sexualidad.


Por Fernando Bono
Fuente: El País

La riqueza del comportamiento sexual humano en el Paleolítico

Tras los trabajos publicados en este blog sobre violencia, machismo y patriarcado en el paleolítico, abordamos la cuestión de la sexualidad en ese periodo donde tanto se gestaron precedentes básicos de la actual humanidad.

Juguetes eróticos. Exposición Sexo en piedra.

En los estudios sobre evolución humana, hasta hace muy poco tiempo los hábitos sexuales de los homínidos permanecieron silenciados en casi todos los niveles, desde los libros de texto o manuales hasta los trabajos de investigación. Se explica que aún se evitasen más en los medios de divulgación científica, a los que tiene acceso el gran público.

Los expertos consideraron, al menos en apariencia, que a lo largo del Paleolítico (2,5 millones de años a unos 10.000, antes del presente), el comportamiento sexual había sido un proceso biológico cuyo único fin era la reproducción. Hoy, sin embargo, se admite que las cosas no fueron así. Un número creciente de investigadores ya reconoce abiertamente que «en este ámbito, y durante mucho tiempo, hubo notables tabúes y abundantes prejuicios».

Los estudios más recientes señalan que, además de la necesidad de copular para asegurar la continuidad de la especie, los humanos del pasado lejano también hicieron uso de su imaginación y exploraron las posibilidades de sus cuerpos. Como recurso a esas prácticas probablemente empezaron a tener un comportamiento sexual similar al actual. El sexo dejaría entonces de tener solo carácter reproductivo e incluiría también la búsqueda del placer y el erotismo.

Uno de los codirectores del proyecto Atapuerca, el conocido biólogo José María Bermúdez de Castro, por ejemplo, se pregunta: «¿Cuándo hemos desligado la erótica sexual de la reproducción? ¿Cuándo se convirtió en un paso más del comportamiento del cortejo que precede al acto sexual en otras especies?». Según su criterio, y el de otros colegas, es difícil fijar con precisión cuando las prácticas sexuales dejaron de estar exclusivamente destinadas a la reproducción y estimar épocas de cuando surgió el erotismo. Este cambio, sin embargo, tendría una gran trascendencia, puesto que la sexualidad se convirtió desde entonces en una vía de comunicación y de establecimiento de lazos sociales, o sea, en un fenómeno antropológico y sociológico.

Camarín de las Vulvas. Cueva de Tito Bustillo. Ribadesella (Asturias).

El respetado arqueólogo Eudald Carbonell, otro de los codirectores del proyecto Atapuerca, sostiene: «En nuestra especie, el sexo era y es todavía un factor básico para fomentar nuestra sociabilidad. Ha jugado un papel como mecanismo puntual a la hora de transformar socialmente el comportamiento humano específico y posiblemente todavía desempeñe este rol». También este experto considera que el sexo es un elemento fundamental para favorecer la sociabilidad. Asimismo, Carbonell señala que «la sexualidad es mucho más antigua que las primeras herramientas de piedra».

En realidad, saber cómo se comportaron nuestros antepasados más remotos en este aspecto es sumamente difícil porque no se conservan evidencias empíricas. Sin embargo, cuando nos acercamos al Paleolítico superior en Europa (hace entre unos 40.000 y 10.000 años), los expertos empiezan a encontrar una maravillosa fuente de información: el arte prehistórico. Se trata sobre todo de pinturas rupestres, dibujadas o grabadas en las paredes de las cuevas o abrigos en que habitaron, o de pequeñas esculturas meticulosamente talladas.

Estas asombrosas imágenes, que se han hallado a lo largo de casi toda Europa, fueron realizadas porHomo sapiens, es decir, humanos modernos y por tanto anatómica y fisiológicamente iguales a nosotros. Los expertos sostienen que esas obras de arte constituyen verdaderos documentos gráficos para entender cómo vivían y se relacionaban aquellas personas. Pero advierten, asimismo, que solo hacen referencia a nuestra propia especie y no a otros representantes más antiguos del género Homo.

Hecha esta salvedad, es interesante resaltar que en el arte europeo del Paleolítico superior se han observado numerosas escenas de tipo sexual. Y, pese a que su descubrimiento empezó hace más de un siglo, hasta hace muy poco tiempo se ha tratado de ignorar u omitir su verdadero significado.

En el arte paleolítico europeo, llama poderosamente la atención que las representaciones femeninas fueron, junto a los grandes herbívoros, uno de los principales temas reflejados; en comparación, las imágenes masculinas o indeterminadas (no puede establecerse su sexo) tienen una presencia mucho menor. Dado que los estudiosos consideran que la iconografía paleolítica constituye una documentación prehistórica de incalculable valor, cabe indagar sobre qué nos dicen acerca de las mujeres de aquellos lejanos tiempos.

Antes de continuar, no podemos pasar por alto en este aspecto, como muy bien señalara ya en 1938 el investigador francés E. Passemard, que estas imágenes, obra de sociedades muy remotas, derivan de la propia mentalidad de aquellos tiempos y esto hace que puedan ser inescrutables para las mentes de las sociedades actuales. O lo que es lo mismo, la prudencia es muy necesaria ante supuestas interpretaciones basadas en la polarización referencial y universalidad del presente.
Las imágenes femeninas en los comienzos del arte

En el año 1979, el reconocido prehistoriador francés Henri Delporte (1920-2002), hacía referencia al menor volumen de representación de imágenes masculinas frente a las femeninas; pero además, añadía que también puede observarse la mayor calidad con que estas últimas están representadas en su variada morfología. Veinte años más tarde, en 1998, el antropólogo Jean Pierre Durhard enumeraba que solo para Francia el inventario lo componían unas doscientas figuraciones femeninas frente a setenta y tres de sexo masculino, ya fueran parietales (dibujadas o grabadas en las paredes) o muebles (pequeñas esculturas transportables). También destacaba el realismo de las imágenes femeninas en comparación con las masculinas, en las que la única parte del cuerpo que se remarca es el falo.

En esta misma línea, el arqueólogo y prehistoriador español, Eduardo Ripoll Perelló (1923-2006), en su libroOrígenes y significado del arte paleolítico (1986), sostiene que el volumen de documentos compuesto por representaciones femeninas «ante todo pone en evidencia el lugar preeminente de la mujer en la sociedad paleolítica». El autor apunta, asimismo, que en cuevas y abrigos de Francia se han descubierto profundamente grabadas en piedra, vulvas muy antiguas, entre 35.000 a 30.000 años, en las que puede detectarse un notable esfuerzo de realismo visual.

De hecho, las figuraciones que representan lo femenino abarcan una extensa cronología: aparecen en todas las fases del Paleolítico superior, ya sea en las paredes de las cuevas o en el arte mueble. A veces se trata de figuras realistas, otras veces son muy estilizadas y, como es conocido, la mayor concentración de representaciones de mujeres corresponde a las llamadas Venus o estatuillas paleolíticas, esas pequeñas tallas femeninas encontradas en todo el ámbito europeo occidental.

Gran parte de la iconografía descubierta muestra escenas de la vida sexual durante el paleolítico, permitiendo observar cómo fue evolucionando con el transcurso del tiempo. Así, las imágenes más antiguas tienen que ver con la función reproductora. Los grabados únicamente ofrecen un aspecto descriptivo de procesos fisiológicos que parecían conocer perfectamente. Por ejemplo, en una cueva francesa se han descubierto tres dibujos que simbolizan sendas etapas del proceso del parto, desde la dilatación de la vagina hasta el momento de dar a luz, donde se detecta emergiendo la pequeña cabeza de una criatura.

A medida que el tiempo transcurre, los dibujos observados en las paredes de las cuevas van cambiando y empiezan a encontrarses escenas amatorias. El arte del Paleolítico superior europeo deja ver una evolución desde las descripciones de procesos fisiológicos más antiguas hasta mostrar personas practicando sexo por placer. Así, en el último tramo de este periodo (hace entre 12.000-10.000 años), los artistas entraron de lleno en la representación de un amplio abanico de posturas eróticas (que algunos autores han llamado con humor «el Kamasutra del Paleolítico»). Son claras evidencias de que la reproducción de la especie ya no era el único motivo por el que los habitantes de las cavernas practicaban el sexo.
Lo que el arte paleolítico nos revela

Las bailarinas
Líneas atrás se apuntaba que conocer en profundidad el comportamiento sexual de la humanidad en el pasado lejano y su evolución desde otros homínidos, es tarea difícil y lenta. Sin embargo, como subrayaba Rafael Arribas en 2010, para distintos autores «la ciencia avanza en éste, como en otros campos, con pasos seguros cada vez más libres de prejuicios y tabúes».

Ciertamente, el estudio cuidadoso de las imágenes paleolíticas ha «sacado del armario» indicios que sugieren que el sexo homosexual, tanto femenino como masculino, era habitual en el Paleolítico superior. Teniendo en cuenta la terrible persecución históricamente ejercida sobre este aspecto de la sexualidad humana, no es materia menor subrayar que el arte lésbico se ha descubierto en muchos sitios. Así, por ejemplo, en diversas cuevas o abrigos franceses se han encontrado imágenes de hasta 27.000 años de antigüedad de mujeres en actitudes de afectividad voluptuosa. En Gönnersdorf, un yacimiento alemán en la orilla del Rin, han salido a la luz decenas de placas que reflejan parejas de mujeres mostrando distintos grados de afectividad sensual. Una de ellas, de 12.000 años de antigüedad, se coloca entre las piezas de arte paleolítico más hermosas encontradas. Bautizada con el nombre deLas bailarinas, representa a dos mujeres que danzan cariñosamente enlazadas. Aunque en número mucho menor, los estudiosos han encontrado también diversas figuras masculinas que translucen comportamiento homoerótico.

Algunos autores opinan que el estudio de la prehistoria ha sido, en cierto modo, homófobo, por lo poco que el arte lésbico y homosexual se ha tratado hasta las últimas décadas. Al respecto, el citado arqueólogo Eudald Carbonell opina: «Me sorprende el silencio que rodea a la homosexualidad en el Paleolítico. Imagino que hay que atribuirlo a la cultura dominante, esto es, la judeocristiana».

En su libro titulado El sexo social (2010), Carbonell, que también es director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, argumenta respecto a las relaciones entre personas del mismo sexo, que: «En los mamíferos y, en concreto, en los primates, se da la homosexualidad. Y nosotros hemos heredado toda la variabilidad del comportamiento sexual del género Homo».

Por otra parte, también es interesante que tengamos en cuenta que los testimonios del arte rupestres no son la única fuente de información con que cuentan los expertos. Igualmente se conservan objetos que tras someterse a meticulosos estudios se han identificado como juguetes eróticos. En su mayoría son elementos fálicos fabricados con distintos materiales como piedra, hueso o astas de renos, siendo el más antiguo el falo de Tübingen, descubierto en el interior de la cueva de Hohle Fels, en Alemania, y que posee una antigüedad de unos 28.000 años. Se trata de un objeto cilíndrico exquisitamente esculpido en piedra, de unos veinte centímetros de largo por tres de diámetro; añadamos que los expertos lograron reconstruirlo por completo a partir de la cuidadosa unión de catorce fragmentos. Una vez armado el valioso «puzle», reveló un delicado trabajo de talla y pulido que, junto a sus dimensiones, llevó a la conclusión que se trataba de un auténtico y artístico juguete sexual.

Estos artilugios evidencian la similitud simbólica entre aquellos lejanos humanos y nosotros. Cabe pensar, con cierta sonrisa, que no hemos inventado tanto como a veces creemos. No obstante, en lo que sí difiere el sexo en la prehistoria del que en la actualidad concebimos, es en que en aquellos tiempos el comportamiento amoroso parecía totalmente desinhibido.


Los especialistas razonan que todo parece indicar que no se trataba de una práctica que supusiera tener que esconderse para realizarla. Prueba de ello es que los arqueólogos defienden que los asentamientos prehistóricos no incluían ningún espacio destinado a la privacidad. Además, como ha señalado el doctor en prehistoria por la Universidad del País Vasco, Marcos García Díez, coordinador de las cuevas prehistóricas de Cantabria: «No se escondían, como nosotros. […]. Por ejemplo, diversos grupos de cazadores recolectores actuales tienen relaciones sexuales en sus cabañas, pero éstas están abiertas, de manera que si alguien pasa y mira no sucede nada, seguramente como ocurría en el Paleolítico» (Cristina Saéz, 2011).

En suma, la investigación arqueológica y las interpretaciones más novedosas realizadas por distintos especialistas, revelan que las prácticas sexuales durante el Paleolítico superior fueron mucho más ricas y diversificadas de lo que una historiografía teñida de una excesiva prudencia, y quizás hasta de cierta mojigatería, nos ha venido contando.

En esta misma línea, el citado investigador de Atapuerca, José María Bermúdez de Castro, ha señalado que las investigaciones más recientes «nos ayudan a desmitificar hechos tan comunes y naturales como el erotismo o la homosexualidad, que estuvieron presentes sin tapujos en la llamada Edad de Piedra. La mayoría de las culturas “modernas” se han empeñado en esconder y convertir en reprobable y censurable lo que un día fue uno de los mayores descubrimientos de Homo sapiens y quién sabe si también de otras especies, como los neandertales».

Las cosas, afortunadamente, están cambiando. Prueba de ello es el meritorio trabajo expuesto hace unos años en Atapuerca. Veamos.
Sexo en piedra en Atapuerca

En el verano de 2014, tuvo lugar en el Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca (Burgos), una exposición titulada Sexo en piedra, la cual ofreció al público un bello e instructivo recorrido por la historia sexual de la humanidad. La muestra estuvo basada en el libro de divulgación científica, también titulado Sexo en piedra con el subtítulo de Sexualidad, reproducción y erotismo en época paleolítica. Interesante obra escrita por el citado prehistoriador Marcos García Díez y por Javier Angulo Cuesta, médico y cirujano interesado en el arte paleolítico. Sobre dicho libro puede leerse una reseña escrita por la periodista Marta Nieto en el diario El País.

La obra de García Díez y Angulo, publicada en 2005, cuenta con 192 páginas y numerosas fotografías en color; los autores afirman que precisamente «en sus imágenes se encuentran las bases de nuestro comportamiento sexual». Bajo la coordinación de estos estudiosos, se expusieron en Atapuerca diversas piezas representativas procedentes de toda Europa, y cuyo principal objetivo fue que el público pudiera contemplar los ricos y múltiples aspectos de la conducta sexual de nuestros antepasados

El gran despliegue iconográfico puso de manifiesto, sin lugar a dudas ni falsos pudores, que los humanos de finales del Paleolítico habían dejado de relacionar el sexo sólo con la reproducción: el placer erótico se había integrado en su vida social de una forma totalmente natural. Al respecto, el codirector del Equipo de Investigación de Atapuerca, Eudald Carbonell, ha subrayado que «el arte ratifica el interés de esta muestra porque aborda el tema de la evolución sexual desde el punto de vista científico».

Por su parte, otro de los codirectores de este equipo, el profesor de paleontología Juan Luis Arsuaga, ha señalado que «la prehistoria no es una disciplina que se refiere a algo que ya no existe y ha cambiado, sino que trata esencialmente de cómo nos vemos a nosotros mismos como especie. En ese sentido, la exposición Sexo en piedra tiene una aplicación social porque reflexiona sobre las sociedades pasadas, las modernas y las que queremos construir».

La exposición estuvo abierta entre julio y septiembre de 2014, y tuvo gran éxito de público. Otro paso hacia adelante, de los muchos que se vienen dando, para quitarle ortopedias inútiles al relato científico del caminar humano en su progreso evolutivo. Cierto, las verdades nos harán más libres.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

Fuente: MujeresconCiencia

marzo 29, 2017

Mujeres en el arte: Yoko Ono


Yoko Ono nació en Tokio en 1933 (Yoko japonés en significa Hija del Océano). Perteneciente a una aristocrática familia emparentada con la familia imperial, fue compañera de colegio del que luego se convertiría en el emperador del país del sol naciente. Con doce años fue testigo de los bombardeos de Tokio de los que sobrevivió gracias a que fue acogida con otros miembros de su familia en un búnker especial.

Se educó en una escuela para niños que compartían la experiencia de haber estado en el extranjero, su padre que fue un pianista frustrado, incluyó en su educación el gusto por la música, desde muy pequeña recibió formación en ejecución y composición y llegó a dar su primer concierto a los cuatro años de edad. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Gakushuin.


Continuó su formación en Estados Unidos, pero las guerras siguieron marcan su vida ya que durante este tiempo Yoko fue influenciada por la ola de intelectualidad radical que se forjó tras la finalización de la segunda guerra mundial, en Nueva York comenzó a asistir al Sarah Lawrence College para estudiar composición y poesía contemporánea y allí comenzó a interesarse por la vanguardia; una institución para mujeres liberales donde empezó su auténtica formación artística visitando Galerías de Arte y asistiendo a Happenings. A principios de los sesenta su loft era un punto de encuentro para realizar performances que incluían música, poesía y lecturas.

En 1956 se casó con Toshi Ichiyanagi, un músico vanguardista japonés, a despecho de sus padres en señal de rebeldía. El matrimonio con Ichiyanagi duró apenas 6 años, y en el mismo 1962 contrajo nupcias con Anthony Cox, un productor de cine norteamericano, con el que su relación fue todavía más corta y tempestuosa que la anterior. Tras divorciarse a los 4 años de su enlace, Yoko tuvo que luchar con él por la custodia de la hija que tenían en común, Kyoko. Un fallo judicial le dio la razón a ella, pero Cox secuestró a Kyoko y desapareció con la niña, que tenía ocho años de edad. Yoko emprendió la búsqueda de su hija con ayuda de la policía y de investigadores privados, pero no volvió a verla hasta que ésta tuvo 31 años.

La artista japonesa está considerada como una de las figuras que más influencia tuvieron en la formación de arte de género y cultura punk. Fue una integrante activa del grupo Fluxus desde su creación. En el grupo creado por George Maciunas la participación de mujeres artistas fue numerosa y de gran importancia y donde, en muchos casos, se establecieron las bases para el desarrollo posterior del Performance Art tal y como lo entendemos hoy, también se realizaron Acciones que actualmente denominaríamos como arte protofeminista. En 1964 realizó su primera Performance “Cut Piece” en el Yamaichi Concert Hall de Kyoto (más tarde repetida en Nueva York, Londres y París), en ella se convirtió en el objeto artístico, cuando los espectadores decidieron qué parte cortar de su vestimenta, incluida la ropa interior, facilita el encuentro íntimo entre la artista y el espectador activo, ella se convierte en un símbolo de pasividad y vulnerabilidad femenina, mientras que ofrece al espectador la posibilidad de ejercer violencia sexista y racista.


Realizó cine experimental entre los años 1964 y 1972 con un bagaje de dieciséis películas, el reconocimiento le vino de la película de 1966 llamada simplemente Fluxus N º 4. Yoko también compuso canciones y organizó conciertos en los que el público tenía que imaginar por sí mismo la música que oía. Simultáneamente trabajo en la edición de un célebre libro de dibujos y varias películas conceptuales e innumerables discos marcados por el experimentalismo. Entre ellos se destacan Yoko Ono/Plastic Ono Band, Fly, Approximately Infinite Universe y Season of Glass. En la década de los noventa publicó dos discos que fueron muy bien recibidos por la crítica: Rising y Blueprint for a Sunrise, aunque su mayor éxito ha sido “Walking on Thin Ice” y, en menor nivel, “Never Say Goodbye”.

Play it by trust (1966)

Junto a su marido John Lennon realizó una producción discográfica que obtuvo un gran éxito y en los últimos años, un proyecto de remezclas de sus antiguos clásicos que también ha tenido muchísimo reconocimiento. Según algunas opiniones Yoko Ono ejerció una gran influencia personal y profesional sobre John Lennon haciéndose notar desde los primeros momentos de la relación, por lo que los más fanáticos entusiastas de The Beatles acusaron a Ono de las irreconciliables diferencias surgidas entre Lennon y el resto del grupo, obviando que las filmaciones de las sesiones de grabación de Let It Be muestran un grupo de por sí cansado y al borde de la exasperación por parte de todos sus miembros.

La pareja permaneció unida durante 13 años, hasta que la noche del 8 de diciembre de 1980 un admirador fanático del músico, Mark David Chapman, acabó con la vida de Lennon (que contaba entonces con 40 años) de cinco disparos. Tras el asesinato de su tercer marido, Yoko retomó su carrera como artista conceptual y sus cotizadas representaciones recorren actualmente las mejores galerías del mundo. Se trata de obras acordes con los ideales del Mayo del 68, en pro de la paz y la tolerancia, la libertad de pensamiento, la lucha contra el racismo, la homofobia, el sexismo y el valor de lo cotidiano. Una característica de su arte es la economía de recursos que consigue que sean generadores de un máximo efecto. Los mismos motivos resurgen en su obra en diversos momentos, adaptados, reaprovechados y cargados de nueva significación y basadas generalmente en una expresión mínima buscando un efecto máximo. Yoko ha sido pionera en áreas como el videoarte, la performance, la poesía minimalista, la música rock experimental…

Exposición “Yoko Ono: half-a-wind-show. Retrospectiva” (Museo Guggenheim Bilbao 2014)

Su carrera profesional es imparable, es doctora honoris causa en Derecho por la Universidad de Liverpool desde el 2001, en 2002 se le otorgó el grado honorífico de Doctora en Bellas Artes por el Bard College, también recibió un León de Oro por su trayectoria de la Bienal de Venecia en 2009, en 2012 fue la ganadora Oskar Kokoschka Premio, máximo galardón de Austria para las artes aplicadas contemporáneas y en el 2014 fue protagonista de una gran exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Por Concha Mayordomo 
Artista visual, gestora cultural y comisaria independiente.
Fuente: Tribuna Feminista

Argentina Mujeres en dictadura, el terrorismo de Estado sobre nuestros cuerpos

En el marco de los juicios por lesa humanidad llevados a cabo en el país, creemos necesario mirar con perspectiva de género los hechos que sucedieron en la dictadura.

Según el Informe Nacional sobre Desaparición de Personas, el 33% del total de los desaparecidos y desaparecidas entre 1976 y 1983, fueron mujeres. A partir de los testimonios de las sobrevivientes, sabemos que existía una violencia específica hacia ellas. Fue sistemática, planificada y aplicada en casi todas las detenidas, en los diversos Centros Clandestinos de Detención (CCD) del país. 

Torturas especializadas 

En los CCD todos los maltratos estaban permitidos tanto para varones como para mujeres. Denigración, golpes, picana, submarino, violaciones, desnudez obligatoria. En el caso específico de las mujeres, además de todas las anteriores, incluían otros métodos. Por ejemplo, introducían objetos en las vaginas, cuando menstruaban no tenían acceso a protección, eran manoseadas por los torturadores, entre otras. Además, como parte del plan de exterminio y desaparición, las mujeres embarazadas recibían los mismos tipos de vejaciones que todos. Los partos y nacimientos en cautiverio ocurrían incluso dentro de los CCD que contaban con salas especiales para ello. De hecho, muchas denunciaron que las torturas les produjeron abortos. 


Otras, que las condiciones de salud, higiene y limpieza eran pésimas. En muchos casos, a los siete meses de embarazo, aproximadamente, les inducían el parto, que en general eran cesáreas. Además de médicos, uniformados y civiles armados presenciaban los nacimientos. En otros casos, las detenidas empezaban el trabajo de parto y no recibían asistencia médica sino de sus mismas compañeras detenidas. Muchas veces se obligaba a las mujeres que acababan de parir, a limpiar el lugar donde habían dado a luz. A todos estos métodos de tortura, se sumaba la incertidumbre sobre sus vidas y las de sus hijos, si iban a quedar juntos o si iban a ser liberados. Otra práctica común, era hacer que la detenida escribieran una carta para sus parientes, a quienes se la iban a entregar junto con sus hijos. Pero esto casi nunca ocurrió. Cientos de bebés expropiados fueron arrancados de los brazos de sus madres al momento del parto. De la mayoría de ellos, todavía no se conoce el paradero. 

Lo que se calla 

Sonderéguer, coordinadora de la investigación Análisis de la relación entre violencia sexual, tortura y violación a los derechos humanos, publicado por la Universidad Nacional de Quilmes, indica que el castigo de la dictadura hacia las mujeres era no sólo por “subversivas”, sino también por ir en contra de lo que la sociedad patriarcal esperaba de ellas por ser mujeres.


Sonderéguer señala que el silencio respecto de la violencia específica sobre las mujeres en la última dictadura se relaciona con dos razones. Por un lado “es una cuestión postergada” y por otro, “su tratamiento pone en discusión el orden sociocultural actual y no sólo el del contexto del terrorismo de Estado”. Al respecto también apunta que la impunidad con la que se ejecutó la violencia sexual durante el terrorismo de Estado “pone de manifiesto todos los prejuicios sexistas que subyacen aún hoy en la valoración de los delitos sexuales”.


Según la investigadora María Sonderéguer, las mujeres que fueron víctimas de la última dictadura militar en Argentina, sufrieron un doble castigo: Por militantes y por transgredir el orden machista establecido.


Desde el año 2000 la Corte Penal Internacional considera delito de “lesa humanidad” a las violaciones, la esclavitud sexual, la trata, la esterilización forzada y los abusos sexuales cometidos dentro de un plan sistemático contra una población civil. 
En Argentina, recién en 2010, este tipo de delitos cometidos sistemáticamente por los represores durante la última dictadura militar, pasaron a ser considerados de lesa humanidad.


"Nos gustaría agradecerle a esas mujeres, a esas madres, abuelas e hijas que han puesto el cuerpo y el alma, que nos han legado la lucha, la resistencia, la fuerza y la convicción para torcer lo dado, para pelear en contra de lo terrible y lo injusto. Nos han enseñados a pararnos firmes ante las atrocidades del poder y el Estado patriarcal. Hemos aprendido que a veces podemos cansarnos, pero nunca rendirnos y que todas juntas somos invencibles. Gracias."


En Córdoba 

En la Megacausa La Perla/La Ribera sí se juzgaron los delitos sexuales como delitos de Lesa Humanidad, tratados como tales y no simplemente bajo la figura legal de tormentos. Hubo siete condenas por abuso deshonesto, figura jurídica que que se refiere a actos sexuales que atentan contra la libertad sexual y no necesariamente llegan a la penetración. También los militares fueron juzgados y condenados por primera vez en Córdoba, por el robo de bebés. 

La violencia que se ejerció en esos años sobre el cuerpo de las mujeres, no se puede igualar a otras. Su particularidad radica en que es consecuencia también, de una estructura de poder machista que se repite hasta la actualidad con diferentes caras. Esta mirada hacia el pasado y hacia los crímenes de lesa humanidad cometidos sobre mujeres, aporta a la reparación del daño como sociedad, a los procesos de justicia y a la construcción de una memoria colectiva que repudie el terrorismo de Estado. También afirmamos que es imprescindible seguir analizando así la relación entre mujeres y Estado para poder problematizar y transformar las violencias que son ejercidas cotidianamente sobre nuestros cuerpos. 

Cada vez que en un hospital nos niegan la posibilidad de un parto respetado, cada vez que un policía no nos permite amamantar en la calle, cada vez que un funcionario público es miembro de una red de trata, entre múltiples ejemplos de situaciones que vivimos a diario. Nos gustaría agradecerle a esas mujeres, a esas madres, abuelas e hijas que han puesto el cuerpo y el alma, que nos han legado la lucha, la resistencia, la fuerza y la convicción para torcer lo dado, para pelear en contra de lo terrible y lo injusto. 

Nos han enseñados a pararnos firmes ante las atrocidades del poder y el Estado patriarcal. Hemos aprendido que a veces podemos cansarnos, pero nunca rendirnos y que todas juntas somos invencibles. Gracias.


Fuente: La Tinta

marzo 28, 2017

Informe Hemisférico sobre Violencia Sexual y Embarazo Infantil en los Estados Parte de la Convención de Belém do Pará


El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI), elaboró el Informe Hemisférico sobre Violencia Sexual y Embarazo Infantil en los Estados Parte de la Convención de Belém do Pará, un panorama regional sobre la problemática que rodea el embarazo de niñas menores de 14 años y su relación con la violencia sexual.

¿Cuál es el objetivo del informe? Visibilizar el tema, brindar espacios de discusión, emitir recomendaciones a los Estados Parte de laConvención de Belém do Pará y promover el derecho de todas las niñas a vivir libres de violencia.

¿Por qué se hizo este informe? Las altas cifras de violencia sexual, su incidencia directa en el matrimonio o la unión, el embarazo infantil y adolescente, las maternidades forzadas y la ausencia de políticas que aborden esta grave situación ha sido una constante preocupación para el Comité de Expertas del MESECVI.

¿Cuál es la postura de este Comité? El grupo de expertas es enfático en señalar que las relaciones sexuales con niñas menores de 14 años constituyen un delito y que el consentimiento, en estos casos, no tiene validez. Por consecuencia, todo embarazo en una niña menor de 14 años se debe considerar producto de violencia sexual.

¿Por qué las niñas deben continuar sus embarazos en contra de su voluntad? En muchos de los países de la región, el aborto es prohibido o restringido y, aun cuando se permite en ciertos casos, es poco accesible. Sumado a esto, la desinformación sobre los hechos, la legislación que perpetúa estereotipos de género y la ausencia o la no aplicación de protocolos de actuación (dónde el aborto está permitido), son las principales razones para que una niña deba continuar con su embarazo.

El Comité de Expertas es el órgano técnico del MESECVI, responsable del análisis y evaluación del proceso de implementación de la Convención de Belém do Pará. Está integrado por expertas independientes, designadas por cada uno de los Estados Parte entre sus nacionales, quienes ejercen sus funciones a título personal.