octubre 20, 2017

Informe “Estado de la Población Mundial 2017”. Mundos aparte: La salud y los derechos reproductivos en tiempos de desigualdad


En todo el mundo, las desigualdades mantienen a algunos en un ciclo de pobreza y marginación. © Andrea Bruce / Noor

A menos que se haga frente con urgencia a la desigualdad y se empodere a las mujeres más pobres para que puedan tomar decisiones sobre sus propias vidas, los países corren el riesgo de sufrir disturbios y de poner en peligro la paz y sus objetivos de desarrollo, según el Estado de la Población Mundial 2017, publicado hoy por el UNFPA.

Los costos de las desigualdades, incluidas aquellas en el área de la salud y los derechos sexuales y reproductivos, podrían extenderse a los objetivos de la comunidad global en su conjunto, añade el nuevo informe del UNFPA intitulado “Mundos Aparte: La Salud y los Derechos Reproductivos en Tiempos de Desigualdad.”

La falta de provisión de servicios de salud reproductiva para las mujeres más pobres, incluidos aquellos de planificación familiar, puede debilitar economías y sabotear el avance hacia el Objetivo del Desarrollo Sostenible número uno: eliminar la pobreza.

La desigualdad económica refuerza y se ve reforzada por otras desigualdades, incluidas aquellas en el ámbito de la salud de la mujer, en donde sólo unas cuantas privilegiadas pueden controlar su fecundidad y, en consecuencia, pueden desarrollar habilidades, integrarse a la fuerza laboral remunerada y adquirir poder económico.

La ampliación del acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva es solo la mitad de la solución. La otra mitad depende de cómo abordemos las otras dimensiones de la desigualdad de género. Esto nos dará la posibilidad de apoyar a las mujeres pobres a ejercer sus derechos, hacer realidad sus ambiciones y vivir en condiciones de igualdad.

Todos saldremos beneficiados si nos comprometemos a hacer de un ideal esperanzador una realidad universal. Podemos transformar nuestro mundo.

A continuación se presentan 10 acciones para crear un mundo más igual.

Los países pueden hacer más para defender la igualdad de derechos. © Mark Tuschman

1. Cumplir todos los compromisos y obligaciones en materia de derechos humanos acordados en tratados y convenios internacionales.


El cuidado de la salud sexual y reproductiva es una parte esencial de la atención médica. © UNFPA/Nicolas Axelrod

2. Eliminar las barreras —leyes discriminatorias, normas o deficiencias en los servicios— que impiden a las adolescentes y las jóvenes acceder a la información y los servicios de salud sexual y reproductiva.

Todos los días, 20 000 niñas de menos de 18 años dan a luz en países en desarrollo. Esto equivale a 7,3 millones de partos cada año. Y si se incluyen todas las gestaciones, el número de embarazos en adolescentes es mucho mayor.

La mayoría de las muertes maternas son evitables. © Johan Ordonez/Getty

3. Llegar hasta las mujeres más pobres con servicios esenciales de atención de salud materna y prenatal.

Desde 1990 la mortalidad materna en el mundo se ha reducido en un 45%, lo que supone un logro muy importante. A pesar de ello, casi 800 mujeres siguen muriendo cada día por causas relacionadas con los embarazos o los partos, es decir, aproximadamente una mujer cada dos minutos.

Los embarazos no deseados tienen un impacto considerable en la salud y el futuro de las mujeres. © UNFPA/Dina Oganova

4. Responder a todas las necesidades de planificación familiar insatisfechas y conceder prioridad a las mujeres que viven en el 40% de los hogares más pobres.

El acceso a una planificación familiar segura y voluntaria es un derecho humano. La planificación familiar es fundamental para la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer y es un factor clave para reducir la pobreza

Sin embargo, cada año, hay 89 millones de embarazos no deseados y 48 millones de abortos en los países en desarrollo. 

La seguridad básica de ingresos y los beneficios de maternidad, discapacidad y cuidado infantil podrían ayudar a reducir las desigualdades. © Noriko Hayashi/Panos

5. Prestar un servicio de protección social universal que ofrezca seguridad de los ingresos básicos y cubra los servicios esenciales, incluidas las asistencias y prestaciones relacionadas con la maternidad.

Una forma de abordar las desigualdades es de proporcionar protección social universal. Con el objetivo de poner fin a la espiral descendente de la desigualdad, necesitamos un proyecto de sociedades inclusivas y prosperidad compartida que se fundamente en los principios de los derechos humanos y con el sustento de recursos adicionales y dirigidos a metas concretas.

El cuidado infantil y otros servicios pueden ayudar a las mujeres a mantenerse en la fuerza de trabajo. © UBELONG

6. Impulsar los servicios que permiten a las mujeres incorporarse o permanecer en la fuerza de trabajo remunerada, como los de cuidado del niño.

Las normas que potencian la desigualdad por razón de género no solo influyen en la posibilidad de que una mujer se incorpore o no a la fuerza de trabajo, además podrían dictar a qué tipos de trabajo puede optar, determinar el monto de su remuneración e impedir su progreso en el lugar de trabajo. Los países cuyas normas priorizan el empleo de los hombres frente al de las mujeres presentan las desigualdades de género más marcadas en la población ocupada.

Invierta en capital humano, como la educación y la atención de la salud. © Froi Rivera

7. Adoptar políticas progresivas encaminadas a acelerar el aumento de los ingresos entre el 40% más pobre de la población, a través de, por ejemplo, la intensificación de las inversiones en el capital humano de las niñas y las mujeres.
Para acabar con la pobreza extrema, el 40% más pobre de las personas debe ver un crecimiento de ingresos más rápido. Esto requiere importantes inversiones en su capital humano.

Mejorar el acceso y la calidad de la educación y los servicios de salud, en particular para las niñas y mujeres jóvenes marginadas, es un paso importante hacia este objetivo.

La educación de las niñas es esencial. © Mark Tuschman

8. Eliminar los obstáculos económicos, sociales y geográficos que impiden elacceso de las niñas a la educación secundaria y terciaria y su participación encursos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Cuando una niña no está escolarizada, pierde la oportunidad de adquirir los conocimientos y capacidades que podrían permitirle desarrollar todo su potencial más adelante. 

Además, al no asistir a la escuela, es posible que no reciba la educación integral de la sexualidad y la capacitación en habilidades para la vida que facilitan el aprendizaje sobre el cuerpo y las relaciones de poder y de género. En la escuela, puede adquirir además competencias en materia de comunicación y negociación que, de no tener, la situarían en mayor desventaja al atravesar la adolescencia y llegar a la edad adulta.

Muchas personas pobres en el mundo trabajan de manera informal, con menos salarios y pocas protecciones. © Alfredo Caliz/Panos

9. Acelerar la transición del trabajo no estructurado al trabajo formal decente —con énfasis en los sectores que concentran la mayoría de las trabajadoras pobres—, y permitir el acceso de las mujeres a los servicios de crédito y la propiedad.

Las estadísticas sobre las tasas de participación en la fuerza de trabajo general enmascaran desigualdades considerables en relación con los tipos de trabajo que las mujeres y los hombres emprenden y los riesgos económicos que afectan a algunas categorías de trabajadores.

En comparación con los hombres, cuando las mujeres se incorporan al mercado de trabajo, lo hacen principalmente en empresas familiares y en menor proporción en empleos asalariados o remunerados.

Las desigualdades no siempre se entienden o se tienen en cuenta en la política pública. © Tommy Trenchard/Panos

10. Trabajar en pos de la medición de todas las dimensiones de la igualdad y del modo en que influyen unas sobre otras, y fortalecer los vínculos entre los datos y las políticas públicas.

Las leyes pueden reflejar o reforzar las normas o actitudes discriminatorias que bloquean el acceso de las mujeres a la fuerza de trabajo o reducen sus ingresos en relación con los de los hombres. Según el Banco Mundial, en 18 países los hombres pueden impedir legalmente a sus mujeres que trabajen fuera del hogar. Las leyes de algunos países restringen el acceso de las mujeres a los servicios bancarios y de crédito, lo que puede socavar su potencial de obtener ingresos.

Fuente: Fondo de Población de Naciones Unidas

Las dinámicas de género de la crisis de lxs rohingya en Birmania

© Tommy Trenchard/ Caritas/ CAFOD, September 2017 | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)


Mientras el mundo mira, en Birmania (o Myanmar) está teniendo lugar «un ejemplo de manual de limpieza étnica» y la crisis de refugiadxs que crece a mayor velocidad en el mundo. Desde agosto, el ejército ha estado involucrado en una operación que ha incluido asesinatos en masa, el arrasamiento de aldeas enteras y desplazamiento forzado masivo, aparentemente en respuesta a ataques contra puestos policiales perpetrados por un grupo de luchadores conocidos como Ejército de Salvación Rohingya de Arakán (ARSA, por sus siglas en inglés). 

AWID habló con mujeres activistas en Birmania para echar luz sobre los diferentes factores que impulsan esta crisis de derechos humanos y humanitaria sin precedentes, y sus muchas dimensiones de género.

¿Qué está pasando? 

En apenas siete semanas, más de 582,000 personas de la etnia rohingya se han visto forzadas a irse del estado de Rakhine, en Birmania, hacia el país vecino, Bangladesh.

«Esto es muy grave, quizás el peor estallido de violencia que hemos vivido en Rakhine hasta ahora», explica Wai Wai Nu, una joven mujer rohingya, ex presa política, que vive en Yangon y trabaja por la promoción de los derechos de las mujeres y la paz. «Casi la mitad de toda la población rohingya se ha ido». 

La información más actualizada reunida por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos indica que los ataques brutales llevados adelante por las fuerzas armadas de Birmania, a menudo con el apoyo de grupos de hombres armados de la etnia rakhine, han sido «bien organizados, coordinados y sistemáticos». El informe señala la destrucción de casas, cultivos, ganado e incluso árboles, como una señal de que las fuerzas de seguridad quieren hacer imposible que lxs rohingya puedan regresar alguna vez a sus vidas y modos de subsistencia normales. 

Desde el inicio de la campaña militar, se ha impedido que las organizaciones de ayuda internacional, incluyendo a las Naciones Unidas, ingresen al norte de Rakhine, el epicentro del conflicto.




«[Alguna gente permanecía] varada a lo largo de la orilla del río en el distrito Maungdaw porque no [tenían] el dinero para pagar el viaje en bote para escapar», dice Wai Wai. «No están recibiendo ninguna ayuda, ni comida ni refugio».

Las organizaciones que trabajan con lxs refugiadxs rohingya en Bangladesh están completamente sobrepasadas por la velocidad y magnitud de la crisis humanitaria. Han recibido cientos de informes escalofriantes sobre violencia sexual y violencia de género contra las mujeres y niñas que huyen del enfrentamiento armado. Estas violaciones han provocado la protesta de las Naciones Unidas, que alertaron que «pueden llegar a considerarse crímenes contra la humanidad». 

Según Oxfam, el 53% de lxs refugiadxs son mujeres y el 58% menores, un hecho que ha puesto en alerta máxima a lxs trabajadores de asistencia y de derechos humanos que actúan en el terreno, debido al riesgo de mayor explotación, tráfico y abuso. 

¿Qué hay detrás de la violencia? 

El pueblo rohingya, al que le fue denegada la ciudadanía mediante la Ley de Ciudadanía de 1982, ha soportado una compleja historia de discriminación bajo los sucesivos gobiernos de Birmania. De aquellxs que no han huido ya frente a episodios anteriores de violencia, la amplia mayoría vive en condiciones extremas en el estado de Rakhine, donde la pobreza llega al 78%. Unas 120.000 personas viven en campamentos de internamiento dentro de Rakhine, dependiendo por completo de la ayuda internacional. 

«Las mujeres rohingya que han padecido violencia reciben muy poca o ninguna simpatía de la opinión pública debido al color de su piel, creencias y, lo más importante, su estatus de ciudadanía como ‘lxs otrxs’», dice Stella Hnaw, una escritora y analista independiente de Birmania, que defiende la igualdad política y de género. 

Además de los niveles de inseguridad sin precedentes y la falta de protección que las mujeres rohingya enfrentan constantemente, hay una cantidad de políticas singulares y restrictivas que las atacan a través de, por ejemplo, estipular el número de hijxs que pueden tener y su capacidad para casarse. 

Estas políticas son parte de un paquete conocido como las leyes de «Raza y religión», que también imponen extensas restricciones sobre las mujeres budistas que desean casarse con hombres que no sean budistas, y obligan a los hombres que no son budistas a convertirse al budismo antes de casarse con una mujer budista. 

Según Stella, estas leyes «buscan proteger la ‘sangre pura’ de la población budista birmana, la mayoría. Dan cuenta de una idea de que esta mayoría es de alguna manera cultural y étnicamente superior a otrxs, y busca limitar o eliminar a aquellxs que son diferentes».

El auge del etno-nacionalismo budista 

La aprobación de estas leyes en 2015 fue una gran victoria para los movimientos fundamentalistas y etno-nacionalista budistas, los cuales, si bien no son para nada nuevos, han obtenido mayor prominencia durante la transición de Birmania a la democracia.

Los grupos nacionalistas budistas, de los cuales el más destacado es Ma Ba Tha (Asociación para la Protección de la Raza y la Religión) y el Movimiento 969 ligado a él, tienen como eje el purismo étnico y la xenofobia, entendiendo «birmanx» como si fuera sinónimo de budista, y difundiendo la idea de que la nación está bajo la amenaza de infiltración por parte de lxs musulmanes.

Capitalizan la presunción falsa aunque ampliamente aceptada de que lxs rohingya musulmanes son «inmigrantes ilegales» provenientes de Bangladesh y envuelven su ideología en lenguaje religioso: el Movimiento 969 llegó incluso a diseminar la idea que lxs rohingya son reencarnaciones de serpientes e insectos. 

Tal como en otros movimientos de extrema derecha y fundamentalistas del mundo entero, las ideas de género son centrales para el nacionalismo budista que opera en Birmania. Los grupos nacionalistas muestran a los hombres musulmanes como una amenaza rapaz para las mujeres budistas, y al matrimonio interreligioso como una amenaza demográfica para la nación. 

Extractivismo e intereses económicos estatales 

Otro factor detrás de la violencia reside en los intereses económicos del estado. Partes del Estado de Rakhine, junto a otras «zonas de frontera étnicas» de Birmania, han sido de interés desde hace mucho tiempo para el estado y el comercio exterior debido a sus recursos naturales. 

A lo largo del período de la Junta, el régimen cosechó las ganancias de proyectos en varias regiones de frontera afectadas por conflictos donde se extraía carbón, petróleo, gas, piedras preciosas y metales preciosos. Estos proyectos extractivos llevaron consigo la militarización y los abusos a los derechos humanos, porque el estado metió sus fuerzas de seguridad para apropiarse de la tierra y asegurar los proyectos. 

Algunxs analistas están sugiriendo que los intereses económicos están alimentando la violencia actual en Rakhine. Algunxs apuntan a posibles conexiones entre la violencia y un nuevo oleoducto y gasoducto entre China y Birmania, un proyecto multimillonario en dólares, que llevaría gas desde los campos saliendo por la costa de Rakhine, a través de Birmania hasta el sudoeste de China. El gobierno birmano supervisaría la seguridad del proyecto. 

«El plan del ejército es tomar la tierra de lxs rohingya y, como lo han hecho antes, trasladar a lxs rezagadxs hacia los campamentos, donde seguirán siendo privados de sus derechos y serán más segregadxs», nos dice Wai Wai. 

De hecho, parece que el proceso ya está en curso. Luego de algunas semanas de violencia, el gobierno anunció que «redesarrollaría» la región de Maungtaw de acuerdo a la Ley de Manejo de Desastres Naturales, la cual indica que las «tierras quemadas» deben ser entregadas al Estado para que las administre. Otros informes sugieren que el Estado intenta establecer una Zona Económica Especial en Maungtaw, un área donde las leyes del comercio y los negocios difieren del resto del país.

La tormenta perfecta 

Si bien algunxs analistas ponen el énfasis o en las agendas económicas o en el nacionalismo budista como la fuerza principal detrás de la violencia, parece que un factor está entrelazado con el otro. 

El trabajo de lxs feministas que desafían a los fundamentalismos, incluyendo el trabajo de investigación realizado por AWID durante varios años, ha hallado vínculos claros entre los modelos económicos neoliberales y el creciente poder de los movimientos reaccionarios basados en la identidad. También ha mostrado que si bien la religión no es nunca el único factor en juego, los fundamentalismos trabajan para naturalizar, e incluso radicalizar, la desigualdad y la discriminación al atribuir respaldo «divino» a los desequilibrios de poder ya existentes. 

Los factores económicos pueden muy bien estar detrás de la presión del estado por eliminar a lxs rohingya del norte de Rakhine, pero es el uso social de lxs rohingya como chivo expiatorio, a su vez exacerbado por la neoliberalización de la economía de Birmania, lo que ha permitido al ejército llevar adelante una limpieza étnica a gran escala sin que haya prácticamente ninguna protesta dentro del país. 

Respuesta insuficiente 

La jefa de Estado de facto del país, Aung San Suu Kyi, quien alguna vez fuera un ícono internacional de los derechos humanos y la democracia, ha sido incapaz de criticar las acciones del ejército en Rakhine. De hecho, la muy arraigada hostilidad hacia la población musulmana rohingya parece ser lo único que une al partido de Aung San Suu Kyi, el ejército que alguna vez se opuso a ella y la mayoría de la gente en Birmania. 

Stella dice que el apoyo generalizado que el ejército se aseguró al representar al pueblo rohingya como lxs «otrxs» y como «terroristas» ha impactado a más de unx analista experimentadx, como ella.

«Para gran parte de nuestra sociedad, el sufrimiento y la difícil situación de la comunidad rohingya se ha tornado secundario en relación a su estatus legal. Su derecho o no de considerar a Birmania como su hogar está en el centro de la discusión, en vez de intentar urgentemente encontrar formas de detener las atrocidades que se están cometiendo contra ellxs».

© European Union 2013 - European Parliament | Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Las organizaciones de derechos de las mujeres en el país han permanecido en su mayoría silenciosas durante esta crisis. Esto es sorprendente dado que hace sólo unos pocos años cientos de organizaciones de mujeres y activistas se unieron para repeler las leyes de Raza y Religión. Una declaración conjunta de 2014 señalaba de qué manera las leyes restringirían aún más las libertades de las mujeres y advertía que habían sido diseñadas para atacar a la comunidad musulmana.

Esta vez las cosas se ven muy diferentes. El ejército se las ha arreglado para reunir un apoyo sin precedentes, respaldado por los intensos esfuerzos de propaganda que se enfocan en la amenaza del terror islamista. «La mayoría de los grupos han preferido permanecer en silencio o se han alineado con la comunidad étnica rakhine», dice Tin Tin Nyu, Directorx de la Unión Birmana de Mujeres, refiriéndose a la mayoría étnica del estado de Rakhine, quienes son predominantemente budistas. 

Sólo la Karen Women’s Organization [Organización de Mujeres Karen], un pequeño grupo que representa a una minoría étnica, ha hablado firmemente en favor de la comunidad rohingya.

«Es muy triste», dice Stella. «Nos hemos puesto de pie con tanto valor frente al ejército por lo que les habían hecho a comunidades que consideraban diferentes y, en este caso, no somos capaces de reconocer el mismo patrón de impunidad porque afecta a un grupo con color de piel y creencias diferentes de las nuestras».

¿Qué sigue? 

Para quienes se refugian en Bangladesh, las probabilidades de retornar a sus hogares son desalentadoras. El estado está listo para imponer un proceso de verificación que permitirá retornar a las personas rohingya sólo si tienen documentación que pruebe su residencia previa en Birmania, una documentación que la mayoría no tendrá. Para aquellxs cuyos hogares y aldeas han sido destruidos, regresar a Birmania puede significar el ser ubicadxs en nuevos campamentos de internamiento en el norte de Rakhine. 

Resulta muy preocupante que parece posible que los grupos extremistas budistas salgan aún más fortalecidos de esta tragedia. «No tengo dudas de que grupos como el Ma Ba Tha saldrán más fuertes de este episodio», dice Stella. «Y el Ejército, que muchos sospechan que está detrás de Ma Ba Tha, encontrará la manera de usar a este grupo en su favor».

Las organizaciones de mujeres como la de Tin Tin también temen que la crisis en Rakhine pueda tener el efecto colateral de diluir muchas de las conquistas logradas por el movimiento de derechos de las mujeres de Birmania. Un movimiento nacionalista más fuerte puede significar, por ejemplo, que el proyecto de ley sobre Violencia contra las mujeres, por el cual lucharon largamente los grupos de derechos de las mujeres y al que se opone fuertemente Ma Ba Tha, quede estancado en el Parlamento. 

Parece inevitable que esta crisis también detendrá el frágil proceso de paz que estuvo teniendo lugar en Birmania desde hace cinco años y la muy compleja transición a la democracia.

May Sabe Phyu, Gender Equality Network, una de las mayores organizaciones de mujeres de Birmania, dice que «mucha de la incidencia que las organizaciones de derechos de las mujeres realizaron para la participación de las mujeres en la toma de decisiones y en el proceso de paz probablemente reciban el impacto de esta crisis». 

Mientras tanto, parece que la larga tradición de impunidad de la que se ha beneficiado la elite dirigente de Birmania va a continuar. La comunidad internacional una vez más parece ser incapaz de tomar medidas resueltas y oportunas para detener la violencia y evitar futuros episodios. Si bien el último informe del Secretario General de la ONU en el Consejo de Seguridad fue fuerte, aún no ejerció ninguna presión para hacer que el ejército de Birmania detenga el ataque. «En vez de un amplio embargo de armas, la sesión en Nueva York produjo poco más que lugares comunes. No será suficiente para proteger a lxs rohingya», dijo Kate Allen, de Amnistía Internacional. 

Más aún, lxs activistas ya están dando la alarma de que la crisis de lxs rohingya está promoviendo una nueva ola de radicalización en las comunidades musulmanas del sur y del sudeste asiático. 

Todavía está por verse qué sucederá exactamente en Rakhine y en toda Birmania. Pero lo que está claro, dice Tin Tin, es que «nadie, en ninguna función o puesto, está prestando atención al sufrimiento de las mujeres. En vez de eso, las mujeres están siendo usadas como una herramienta para movilizar el apoyo para cada lado del conflicto».

Por Macarena Aguilar & Isabel Marler
Fuente: Awid

octubre 19, 2017

La lucha histórica de las mujeres en Juárez por castigar los feminicidios

El Congreso de Chihuahua aprobó una reforma al Código Penal para castigar el homicidio de mujeres por razones de género.

Susana Montes pinta una dedicatoria en la cruz que recuerda a su hija asesinada. Alicia Fernández

En 1993 Esther Chávez Cano, una contadora pública preocupada por los temas de género, comenzó a anotar en una libreta las muertes de mujeres que publicaban en sus páginas los periódicos locales en la fronteriza Ciudad Juárez, al norte de México. Con el paso de los años la profesora alzó la voz para denunciar que los casos eran cada vez más frecuentes y tenían en común un patrón de violencia hacia las mujeres. La activista fallecida en 2009 fue la que visibilizó entonces los feminicidios en Ciudad Juárez -en el Estado de Chihuahua- que indignaron al mundo y que llegaron a instancias internacionales de derechos humanos donde se condenó a México por no proteger a las mujeres. "Ella tuvo una gran relevancia por la manera tan fuerte de denunciar y hacer manifestaciones que permitieran volcar la mirada internacional a lo que pasaba en Ciudad Juárez", cuenta Lidia Cordero, directora de Casa Amiga, una organización que fundó en los noventa Chávez Cano.

Pese a los casos de homicidios, desapariciones y actos de violencia sistemática en contra de las mujeres que han marcado a Chihuahua durante más de dos décadas, la entidad era la única del país que no había buscado establecer en su marco penal el delito de feminicidio. El pasado 12 de septiembre, los diputados de Chihuahua finalmente aprobaron cambios al Código Penal para catalogar el feminicidio como delito. Con la reforma se agregó el artículo 126 bis para castigar con una pena de 30 a 60 años de prisión a quien mate a una mujer por razones de género. Detrás de la reforma hay una lucha que han emprendido diversos movimientos en defensa de las mujeres y madres de jóvenes asesinadas o desaparecidas que han denunciado la indolencia de las autoridades.

Lidia Cordero cuenta que la tipificación del feminicidio fue una de las consignas que Chávez Cano siempre exigió al Gobierno. "Siempre hemos dicho que lo que no se nombra no existe, y mientras no existiera como delito esta violencia tan extrema no había forma de implementar acciones a favor de la erradicación del feminicidio", expone. La tipificación es un gran logro porque era una deuda histórica hacia las mujeres. "Era una vergüenza para el Estado que siendo tan emblemático no existiera este delito como tal", menciona la líder feminista.

Durante 24 años los gobernadores en turno y los legisladores se negaron a reconocer el feminicidio como un problema en la entidad, explica Imelda Marrufo, líder de la red Mesa de Mujeres, quien participó en la elaboración de la iniciativa junto a otras activistas. “Lo que intentaban era tapar el sol con un dedo, trataban de minimizar el problema. Incluso los alcaldes manifestaban posturas que planteaban que se trataba de una leyenda, asuntos inventados”, expone. Aunque la tipificación no va a lograr que disminuyan los delitos en contra de las mujeres,es un paso importante. “Para nosotras la tipificación tiene una fuerza simbólica muy importante porque es el reconocimiento histórico de la situación del feminicidio”, dice Marrufo.

En el 2012 México incluyó en su Código Penal federal el delito de feminicidio. Ese año, el Congreso mexicano aprobó penas de 40 a 60 años de prisión a quien privara de la vida a una mujer por cuestiones de género e instruyó a los estados a armonizar sus legislaciones acorde a las nuevas disposiciones federales. Todos hicieron las adecuaciones, menos Chihuahua, pese haber recibido exhortos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de instancias internacionales.

Ahora están a un paso de lograrlo. La iniciativa fue aprobada por los legisladores, pero aún no ha sido publicada por el gobernador Javier Corral, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), en el periódico oficial. Marrufo explica que en las últimas semanas han solicitado adecuaciones a la reforma para agregar ciertas causales, como tomar en cuenta los antecedentes de violencia entre el agresor y la víctima. “Antes de que entre en vigor todavía existe la oportunidad de que se incluyeran estos elementos y ya se lo planteamos al gobernador”, dice la defensora de derechos humanos.
Una larga lucha

El primer intento por tipificar el feminicidio se dio en 2005 cuenta Marrufo. La entonces diputada Victoria Chavira (PAN) presentó una iniciativa, pero no tuvo apoyo en el Congreso. “Lo que sí se pudo lograr fue la ley estatal por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en 2007 que propone políticas públicas y donde se incluye por primera vez el concepto de violencia feminicida”, menciona.

El caso de Paloma Escobar marcó un precedente importante para que las autoridades reconocieran la muerte de mujeres como un problema que debía ser atendido. En 2012 se institucionalizó la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas de Delito por Razones de Género como resultado de la lucha emprendida por Norma Ledezma, madre de Paloma, una joven que desapareció en marzo del 2002 y cuyo cuerpo fue encontrado días después.

Norma, que en ese entonces trabajaba en una maquiladora al igual que su hija, estudió Derecho para conocer el entramado legal y emprendió una batalla por lograr justicia. A través de la organización Justicia para Nuestras Hijas que fundó junto a otras madres ha logrado sentencias importantes en otros casos de feminicidios. El expediente de su hija, que estuvo plagado de irregularidades, llegó a instancias internacionales. Después de un largo litigio, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos emitió una serie de recomendaciones a México, entre ellas la creación de la fiscalía especializada. "Hace quince años no se contaba con todo esto, las investigaciones quedaban desde un inicio en la impunidad y las sentencias que se lograban eran extramadamente cortas. Por eso nuestra participación responde para que estos delitos fueran investigados con esa mirada (como feminicidios)", expresa Ledezma.

La organización que lidera Norma comenzó a presionar por tipificar el feminicidiohace dos años porque algunos tribunales comenzaron a reducir las penas al no tomar en cuenta que era violencia de género. "Eso nos empezó a preocupar", dice. Una vez que los cambios se publiquen en el Diario Oficial y entren en vigor, las investigaciones se harán desde un inicio con perspectiva de género, explica la activista. "Era necesario tipificar para poder visibilizar ahora sí las muertes violentas de mujeres por razones de género y para saber realmente cuántos feminicidios hay", expresa.

Por Zoraida Gallegos
Fuente: El PAÍS

OCDE: “Ningún país del mundo ha logrado la igualdad de género”


Las mujeres están en desventaja en todos los ámbitos de la vida

“La igualdad de género no sólo es un derecho fundamental. Es, además, esencial para el bienestar de las sociedades y las economías”. Así comienza el extenso informe que la OCDE acaba de publicar bajo el título: “Perseguir la igualdad de género: una batalla cuesta arriba”. En él hace a los Gobiernos un llamamiento a la acción, recalca que los países han hecho muy pocos progresos en los últimos cinco años. Constata que la mujer está en desventaja en todos los ámbitos de su vida y en todos los países, así como poco representadas en los puestos de liderazgo y en la política.

La búsqueda de la igualdad de género debe ser una prioridad para lograr un crecimiento sostenible e inclusivo en beneficio de todos los ciudadanos.

“Ningún país del mundo ha alcanzado la igualdad de género. Incluso los más igualitarios ofrecen menos oportunidades para ellas”. Sherpa Gabriela Ramos, portavoz de la OCDE, ha asegurado en el lanzamiento del informe, que se publica antes de la celebración del Foro de Mujeres que tendrá lugar en París, que “la búsqueda de la igualdad de género debe ser una prioridad para lograr un crecimiento sostenible e inclusivo en beneficio de todos los ciudadanos” y que “no hay razón para que las mujeres sigan detrás de los hombres en los resultados sociales, económicos y políticos”. Por eso, ha insistido, “los países necesitan hacer mucho más para alcanzar los objetivos de igualdad de género”.

En 2016, la OCDE preguntó a 37 países, entre ellos España, cuáles eran los retos más urgentes a los que se enfrentaban en relación con la desigualdad de género. La violencia contra la mujer ocupó el primer lugar (21 de 37 respondieron eso). En el segundo puesto situaron que ellas cobraran menos que ellos y, en tercer lugar, la desigualdad en el reparto de las tareas domésticas.

La participación de la mujer en el mercado laboral ha aumentado en algunos países hasta casi igualar la de los hombres en las últimas décadas. Sin embargo, el documento recoge que las condiciones de ellas, de entrada, difieren de las de los varones: tienen más posibilidades de trabajar a tiempo parcial, tienen menos opciones de ser ascendidas o de entrar directamente en un puesto de responsabilidad y ganan, de media, hasta un 15% menos que sus colegas masculinos en todos los países de la OCDE.

En países como España, señala el informe, la diferencia salarial entre ellos y ellas llega al 20% en los trabajos muy cualificados. En el ámbito de los servicios, la brecha es de alrededor del 40% en nuestro país, como ocurre en Italia, Luxemburgo y Turquía. Además, las mujeres encuentran trabajo en sectores menos lucrativos y suelen trabajar por cuenta ajena y no ser sus propias jefas.

Barrera: poca flexibilidad para el cuidado de los hijos

Sólo un tercio de los puestos directivos en los países de la OCDE están ocupados por mujeres y en cuanto a CEOs, sólo lo son el 4,8% de las féminas.

Ante la cuestión de ¿cuáles son las barreras que aún dificultan el acceso de la mujer al mercado laboral? la mayoría de los países contestó que “la poca facilidad y flexibilidad para el cuidado de los hijos”. En casi todos los países, les penaliza ser madres. Dejar el trabajo cuando nace el bebé tiene efectos perjudiciales muy a largo plazo para las mujeres, tanto en reconocimiento como en salario.

El informe añade que las brechas de género tienden a aumentar con la edad, “lo que refleja el papel crucial” que desempeña la maternidad en la igualdad, que repercute en la remuneración y en el progreso profesional de las mujeres.

La tasa de empleo para los hombres en edad de trabajar en 2016 era del 74,1% (frente al 71,9% en 2012). La de ellas era del 62,8% en 2016 frente al 60,1% de 2012. Sólo un tercio de los puestos directivos en los países de la OCDE están ocupados por mujeres y en cuanto a CEOs, sólo lo son el 4,8% de las féminas. Eso sí, el porcentaje supone el doble que en 2013.En 2014, los líderes del G20 se comprometieron a reducir la brecha de género en el ámbito laboral un 25% para 2025. Pero, de momento, la mejora no se aprecia.

Fuente: Mujeres y Compañía

octubre 18, 2017

Los hogares son la mayor empresa del mundo

Si hay algo que nos hace falta es imaginación, porque todos los que estamos aquí estamos tratando de hacer; no es repensar el ayer, aunque eso sea imprescindible. Ni siquiera, si me apuran, es pensar el presente. Lo que de verdad tenemos que intentar es construir el futuro. Y al futuro lo haremos con llanto, lo haremos con reivindicación, pero también tenemos que hacerlo con esperanza, mucha confianza y mucho afecto porque –díganme– qué futuro puede hacerse sólo con reclamación, sólo recordando la humillación y tanto mal que nos hicieron.

El futuro no está escrito en ningún sitio. El futuro está en construcción y lo hacemos cada día; lo hacemos las que venís del campo y las que estáis en las cooperativas de las maquilas y las que venís de la Tierra del Fuego, que por cierto ¡qué lindo suena eso! Aunque yo sabía que eran hogueras y que naufragaban gran parte de los barcos pero ¡qué lindo suena eso de la Tierra del Fuego!

Qué podemos hacer quienes estamos en una academia, nos dedicamos a escribir libros y a dar conferencias y a trabajar fundamentalmente con estudiantes. ¿Cómo juntar la energía de un movimiento con el que una cátedra universitaria a veces es la torre de marfil?

Lo que vi ayer desde el avión cuando llegaba a Córdoba era la tierra, pero en realidad no veía la tierra; me imaginaba la tierra porque veía algo de un color pardo, a veces cobrizo; y no sabía si era polvo o si era lodo; no sabía si era roca; no sabía en realidad qué era que estaba viendo. Y luego empecé a ver pequeñas señales geométricas y aquellas señales de la geometría en medio de las nubes, en medio del polvo, en medio de aquellas manchas, porque no eran otra cosa que manchas amarillas, verdes, pardas, marrones; aquellas manchas eran linderos. La geometría era la primera señal de que había llegado la apropiación de la tierra. La tierra se estaba cultivando y se cultivaba en parcelas, y esas parcelas tenían formas geométricas, eran rectángulos. Y cada lindero –porque era el amanecer– proyectaba sombras muy largas. De cada pequeño arbusto, de cada pequeño árbol, de cada pequeño palo salían sombras muy largas porque la luz del día les estaba empezando a alcanzar por primera vez. Y yo me preguntaba: ¿cómo fueron estas tierras antes de que llegara la geometría de los cultivos?, ¿qué hombres, qué mujeres las poblaban antes de que aquello se convirtiera realmente en una tierra apropiada? Pero cuando se apropió la tierra, se cultivó la tierra, y se alimentó a quienes la poblaron.

Me preguntaba cómo será esta tierra cuando no ya yo, ni mis hermanos ni vosotros, sino muchas generaciones después estén poblándola. ¿Estará la misma geometría de las apropiaciones, de los linderos, de los bordes, de las fronteras, de los límites? ¿Cómo será esta Tierra cuando la gente ya no me recuerde, ni a mí ni a ninguno de nosotros, ni a los hijos de nuestros hijos; cuando nos vean casi con la distancia, el olvido, la condescendencia con que ahora recordamos aquellos que fueron quizá los neandertales? ¿Cómo será el futuro de nuestra Tierra? Y si antes hubo un momento en que la Tierra no tenía ni hombres ni mujeres, ¿llegará un momento en que la Tierra tampoco tenga ni hombres ni mujeres? Y en medio de entre lo que ahora somos y lo que en algún momento podamos ser, ¿qué habrá?, ¿qué caminos nos están esperando?

Esos caminos no nos están esperando porque no están hechos, seremos nosotros quienes los hagamos. ¿Qué caminos nos espera el futuro para ser hombre, para ser mujer, para ser lo que seamos? ¿Cómo construiremos ese futuro, esa sociedad?

De repente comenzó a verse una mancha más concreta, más blanca, más gris que era el núcleo de la ciudad de Córdoba. Empezaron a verse perfiles de torres más altas, casitas pequeñas diseminadas pero cada vez más abundantes y empezó a haber signos de lo que es una ciudad. Y dentro de la ciudad vi manchas verdes: había árboles dentro de la ciudad. Después me esperaba un aeropuerto; después a toda prisa llegué a un hotel; después recorrí una calle peatonal; después pensé tengo que hablar de la gestión cotidiana de la ciudad y tengo que hacerlo desde la perspectiva de género o de las mujeres.

Si yo fuera quien tuviera que gestionar la ciudad, ¿qué es lo primero que me preocuparía? Lo primero sería definir qué es una ciudad y qué es un territorio. Si ahora las ciudades están todas conectadas de mil maneras, ¿dónde empieza y dónde acaba la ciudad? ¿De qué vive Córdoba? De lo que le vende a otra ciudad. ¿De qué vive otra ciudad? De lo que le manda para comer Córdoba. Pero es que si defino el territorio, lo siguiente es definir la población. Y como gestora posible –cada cual tenemos la posibilidad de ser gestores–, lo primero que me pregunto es qué población quiero gestionar. ¿Qué es ser cordobés? ¿Qué es pertenecer a una ciudad? ¿Quién pertenece a una ciudad?

No sé si Córdoba tiene ese problema ni cómo toma las decisiones, pero lo primero que una ciudad hoy decide es quiénes quiere que formen parte de la ciudad y quiénes no quiere que sean parte de la ciudad. Las políticas migratorias es lo primero que nos preocupa en Europa; quién queremos hacer parte de nosotros y cómo nos las ingeniamos para que otros no sean parte de nosotros. A las puertas de muchas ciudades europeas llaman cada día miles de personas. ¿Qué criterio ponemos para decir sí o no, pasas o no pasas? Los barcos nos dejan en el Mediterráneo miles de muertos, cada verano y cada invierno. Miles de muertos porque, por así decirlo, quisieran ser cordobeses y mi Córdoba dice que no los necesita y no los quiere, pero ellos vienen de un sitio donde tampoco quieren continuar. ¿Qué criterios vamos a seguir para decir a ti te acojo con gusto, a ti te protejo con los recursos colectivos de la ciudad, a ti no te protejo? Somos de donde nos dejan ser.

Yo nací en Madrid y además en la calle Alcalá; no se puede ser más madrileña de lo que soy. No sé si quiero ser madrileña, supongo que sí. ¿Y los que me quieren, que no son madrileños, y no los dejan ser madrileños? ¿Quién es europeo?, ¿el que quiere ser europeo?, ¿al que le dejan ser europeo?, ¿quién es argentino?, ¿dónde están las fronteras?, ¿a quién dejamos ser argentino?, ¿a quién le ofrecemos que venga a ser argentino?

En mi país, si alguien me compra mi casa por más de 500 mil euros, le dan inmediatamente un permiso de residencia. Una buena manera de comprar ser medio español. Si me compro una buena casa acá, ¿me dejarán decir que soy cordobesa?, ¿qué significa ser cordobés acá?, ¿significa que puedo ir al médico y que me atenderá?, ¿significa que si no tengo casa me dirán tienes derecho a pedir casa?, ¿a qué me da derecho que la ciudad me diga que soy uno de los suyos?, ¿me da derecho a la salud?, ¿a la sanidad?, ¿es universal o no es universal?, ¿necesito hacer 50 mil papeles para que la ciudad me conceda el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, a la Justicia, al nombre, al reconocimiento, a los papeles?

¿Las ciudades nos reciben a las mujeres igual que a los hombres? Hace poco estaba en el País Vasco, en una estación de autobuses, y a mi lado se sentó una chica joven. Por los aspectos reconocí que tenía que ser saharaui; nos pusimos a hablar y efectivamente lo era. Me dijo: “he venido a hacer unos papeles a ver si consigo que me den una ayuda porque tengo un hijo pequeño, no puedo trabajar, mi esposo tampoco tiene empleo y queremos tramitar una ayuda”. ¿Quién tiene derecho a pedir la ayuda? ¿Dónde ponemos los límites entre los que son nuestros y los que no?

¿A qué mujeres nos quieren las ciudades? ¿Nos quieren guapas? ¿Nos quieren jóvenes? ¿Nos quieren sanas? ¿Nos quieren productivas y si fuera posible con un titulo universitario en el bolsillo y con un empleo garantizado por alguien que previamente nos los haya ofrecido? Resulta que en la mayor parte del mundo las mujeres no pueden viajar como viajan los hombres. En las pateras –que son los barcos frágiles en los que muere tanta gente en el Mediterráneo– mueren más hombres que mujeres, pero es porque más hombres que mujeres se atreven a escapar del sitio del que quieren. ¿Y por qué no se marchan las mujeres de las villas miseria de donde se quieren escapar? Porque no pueden. Si ellas se van, se mueren los niños y los viejos. Están atadas, atornilladas a esa villa miseria, a esa explotación, a ese no derecho, a esa falta de libertad, a ese abuso. No pueden irse porque ellas no son sólo ellas; ellas son mucho más que ellas.

Cada mujer generalmente son cuatro personas a la que ella mantiene, alimenta, sostiene. Y en los sitios que reciben cada año un porcentaje de inmigrantes sobre el censo, dicen pero que vengan limpios de cargas. Y las mujeres no vamos limpias de carga; vamos fructíferas de carga. Si sois prefecto y os llegan mujeres, sabéis que tenéis que multiplicar por dos el presupuesto porque ellas no te van a pedir para una boca; te van a pedir para tres bocas, para ella, para la del bebé y para la del viejo a quien antes o después les va a decir sí vente conmigo, no te mueras solo allá, en ese sitio en el que ya te has quedado tú solo y en el que no tienes nada. Una mujer pide el doble de recursos públicos que un hombre que llega a una ciudad. ¿Es que las mujeres costamos más? ¿O es que nos hace más rica porque producimos más, sostenemos más, creamos más, generamos más vida?

Estoy peleando mi puesto en una Facultad Económica, en un Centro de Economía, y lo fundamental que quiero decir se resumiría en pocas palabras: cuando nos hablan de economía, nos están contando un cuento, una leyenda, una fantasía. Una fantasía que dice que lo esencial en la economía es el dinero y que la economía es el mercado. Singapur es el máximo ejemplo capitalista pero incluso allí hay mujeres que están pariendo y hay –pocos pero hay– niños que hay que cuidar, hay pocos viejos, hay pocos enfermos, pero al menos algunos hay. Y hay un Estado y hay algo también de voluntariado, no todo es capital y no todo es mercado.



Algunas ciudades como Córdoba, como Buenos Aires, como Río, como Madrid son economías absolutamente mixtas en las que tenemos un mercado muy fuerte que se rige por reglas capitalistas. Y para mi vergüenza, ¿al servicio de quién está la mayor parte de la ciencia económica? ¿A quién sirve la ciencia? Porque la ciencia sirve, no es neutral, es un producto social que se genera en un contexto social para satisfacer una demanda social. Y esa demanda es de quien puede pagarla: con dinero o con otro tipo de recompensa, pero al final del día hay que comer y pagar las facturas. Tenemos una economía capitalista y la inmensa mayoría de lo que hacemos en las facultades de ciencias económicas es una ciencia económica para el mercado, para el capital fundamentalmente. ¿Es posible una ciencia económica distinta? ¿Quién la financiará? ¿Quién nos dará las becas? ¿En qué bibliotecas nos estarán esperando? ¿Cómo construiremos una ciencia que sea una ciencia de todos y para todos? ¿Dónde está esa ciencia que no pudimos hacer las mujeres cuando teníamos hasta prohibido acercarnos a las aulas universitarias?

Tengo el pelo canoso pero no tengo 100 años y he tenido prohibido entrar en universidades, en facultades concretas, por ser mujer. La primera mujer en España que se atrevió a entrar a la Facultad de Derecho fue en el año 1847. Se llamaba Concepción Arenal y tuvo que disfrazarse de hombre para entrar. Y yo cada día todavía me tengo que disfrazar de hombre. Porque las cosas que digo, cuando las veo como mujer muchas veces las tengo que impostar, y cuando hablo el lenguaje de la academia, el lenguaje de la academia es un lenguaje (masculino). ¡Ojo! También, el de los corridos mexicanos. No pensemos que la academia es el único sitio y no digamos el de la legislatura... Nuestro lenguaje es un lenguaje que está hecho desde un lenguaje solidificado en reglas construidas desde una perspectiva muy masculina. Ahora mismo agradezco mucho la presencia de los dos o tres amigos que nos están acompañando, pero si fuera correcta gramaticalmente, no podría deciros queridas amigas porque la sintaxis nos obliga a decir queridos amigos. La presencia de un varón entre nosotras es tan poderosa que nos cambia el lenguaje y nos obliga a decir queridos. Y casi tengo que pedir un permiso y decir amigos perdónenme, que como es tal la mayoría, voy a decir queridas amigas, aún sabiendo que es incorrecto.

Cuando me presenté por primera vez a cátedra ¿saben cuál fue la mayor dificultad que tuve? Yo creía que me movía en el lenguaje como pez en el agua hasta que tuve que hablar el lenguaje súper culto y súper abstracto de quien pretende convertirse en el lenguaje de la ciencia. En ese momento me encontré que el yo de la ciencia es un yo impersonal pero es un yo que se conjuga en masculino. Me tuve que travestir en cierto modo internamente, conceptualmente para decir lo que quería decir siendo yo, que no era masculino, en un impersonal de la ciencia que sí que lo era. Y hasta entonces –y tenía casi 40 años– había dado miles de clases, miles de conferencias, miles de charlas y allá fue que me di un golpe. Como si me pegara un porrazo contra ese vidrio y dije ¿dónde está ese lenguaje que no me ponga una cortapisa?

Bien, imaginen lo que pasó cuando contagiada de esa conciencia me marcho a la Iglesia, ¿y qué me encuentro? De repente me encuentro haciendo memoria de cuando tenía tres años, cuando aún casi no sabía ni hablar, ni sabía contar uno dos, tres, derecha, izquierda. Y recuerdo cuáles fueron mis primeras oraciones. ¿Dónde aprendieron ustedes dónde esta el cielo y la tierra, en la clase de geografía, o cantando el ave maría y el padre nuestro? Yo no sé si acá son muy de cantar el ave maría y el padre nuestro pero les puedo decir que antes de que me enseñaran en geografía qué era el norte, el sur, arriba y abajo, todas las noches muy chiquitita me decían padre nuestro que estás en los cielos. Luego aprendí a decir bendita eres María por el fruto de tu vientre. De repente me di cuenta en que estaba pensando soy bendita si soy María y si mi vientre tiene fruto. Y si quiero hablar con mi padre, mi padre es el que está en el cielo porque la que esta en la tierra es mi madre [risas y aplausos del auditorio].

He tenido que rehacerlo todo, absolutamente todo. Y no tengo fuerzas para rehacerlo todo, no puedo, es demasiado, la ciencia, el arte, la filosofía, el lenguaje, la propiedad, la gestión de la ciudad. Hace falta no una como yo, hacen falta tantos millones de unas como yo y otros tantos millones de unos no como yo pero dispuestos a construir un nuevo mundo juntos, distintos, en que no seamos el cielo y la tierra, el vientre y el no sé qué más.

Y bien, volviendo a la economía. En el año 1995, en la Conferencia de la Mujer de Beijing, de Naciones Unidas, se consiguió por primera vez que se aprobara lo que se llamó la Plataforma de Acción y la firmaron todos los países. Lo digo por si alguien no se ha enterado: todos los países que asistieron. Y ahí se propuso que se hiciera un cambio muy importante en el marco de análisis macroeconómico porque mientras sigamos manejando las categorías macroeconómicas –también las micro– con las que interpretamos lo que es riqueza, desarrollo o pobreza, no tenemos nada que hacer porque la mayoría del trabajo de las mujeres, hoy, en el mundo, sigue siendo el trabajo no remunerado. Y los hogares son la mayor empresa del mundo. Tenemos algo así como 7.800 millones de empresas que en los libros de economía no existen. Son las que limpian, las que cocinan, las que producen, las que cuidan.

Si pensamos en una nueva sociedad, hay que pensar en una economía que combine una producción que sale afuera, que se intercambia, y una producción que se queda adentro. Hasta ahora lo que estamos haciendo es invisibilizar la producción que se queda dentro de los hogares. ¿Por qué la podemos invisibilizar? Porque la hacen las mujeres. Más del 80% del tiempo del trabajo no pagado lo hacemos las mujeres. Entonces mi pregunta es ¿podemos suprimirlo, sí o no? Podemos disminuirlo. De momento, tenemos una producción que es la producción de la población que no hemos sido capaces de encontrar una sustitución. Lo que hemos hecho es morirnos menos y necesitar nacer menos. Eso sí que lo hemos conseguido. En mi país lo hemos conseguido tanto, tanto, tanto que si no fuera por los que son de afuera, seríamos un charquito secándose al sol en verano porque necesitamos 2,4 hijos por mujer para no desaparecer como población y lo que más producimos es 1,3.

¿Por qué producimos 1,3? A lo mejor es que está bien desaparecer como pueblo, es una opción. Otros, como los chinos, en su momento se lo plantearon; fíjense lo que han hecho para decidir tener la población que quieren tener, y aun así crecen y crecen y crecen. Por cierto, no se fíen siempre de la tecnología, se inventaron las ecografías para que nos fuera mejor en los embarazos y el resultado es que hay millones y millones y millones y más millones de mujeres desaparecidas a los tres meses de estancia en el útero. En India pasa igual.

¿Qué vamos a hacer con la población? Opciones. Que la tecnología avance rápido no me parece mal. Hay un artículo mío que se llama “El año que las mujeres dejaron de ser vivíparas”. Va a llegar. Ya estamos empezando. Desde hace millón de años los embarazos de las hembras humanas han sido de nueve meses. Ahora están siendo de menos porque en cuanto aparecen síntomas de problema, sacamos al niño una semanita antes, diez días antes. Avanzará la tecnología y vamos a llegar a un momento en el cual los fetos de cinco meses van a ser viables. ¿Optamos por esa tecnología o no lo hacemos? ¿Queremos potenciar las tecnologías o no?

La tecnología ha hecho políticos nuestros cuerpos. La tecnología no es más que política o, si quieren dinero, en gran parte es lo mismo. ¿Queremos esa opción o no nos gusta? ¿Queremos ser gestantes en los años venideros? ¿O queremos encargarle a máquinas que perfeccionen el proceso de la gestación? Ahora mismo tenemos la gestación subrogada. Empezamos por lo más sencillito, que es que sea otra mujer la que ponga el útero, ya técnicamente casi no tiene ningún problema. Y Ana Falú me va a decir: ¿y dónde están las ciudades? En el primer caso que conocí, el alcalde de Londres estaba apdrinando una innovación absoluta, que era considerada criminal en muchos otros sitios. Una mujer que había sufrido cáncer, había sido radiada y no tenía un buen útero ni unos buenos óvulos. Una hermana le regaló el óvulo, lo fructificaron con el semen de su propio marido, otra hermana le prestó su útero y nació una niña preciosa. Hija de tres madres –la que la quería, la amó y la educó; la que le dio el óvulo, y la que le dio el útero– un solo padre y un padrino que fue el alcalde y un artífice tecnológico, el cirujano y el ginecólogo. ¿Queremos o no la queremos esa opción?

Piensen porque imaginar el futuro requiere muchísimas cabezas juntas pensando, imaginando, eligiendo, empujando. Y díganme, si yo fuera el alcalde, no solamente estaría preocupada en pensar qué sucede con los que vienen de afuera, con los que van a nacer. Estaría preocupadísima por otros, que son los que se quieren ir y a quienes no dejo irse. Tuve un cáncer hace 21 años, entonces pensé que iba a morir, llevaba seis años, no lo habían detectado bien y pensé que estaría de metástasis hasta las orejas. Tuve suerte, no había metástasis, pero vi morir a muchos de mis compañeros. Supe lo que eran las conversaciones en las largas horas de la radioterapia, la quimioterapia; oía a los que iban a morir diciendo cómo no querían morir. Y después les aplicábamos todas las medicinas a nuestra disposición y morían como no querían morir. ¿Saben cómo son las alas de las unidades de vigilancia intensiva de aquellos que ya no van a volver a vivir pero a quienes todavía no les dejamos morir? ¿Han oído hablar de la cyborgización en el momento final de la vida? ¿Saben qué es un cyborg? Un cyborg es una mezcla de robot y un ser humano. En este momento, los hospitales bien dotados esperan convertirnos a cada uno de nosotros en cyborg antes de alcanzar el descanso final.

Llegará el primer susto cuando nos aceche el primer zarpazo de la enfermedad; entonces el hospital la parará y nos salvará y tendremos aún días de felicidad, de confort y de esperanza. Pero después vendrá un segundo zarpazo de las enfermedades que ya no son a esas edades enfermedades que tienen vuelta atrás, sino que en todo caso van mas lentas, que son las enfermedades degenerativas. Ahora ya no morimos de enfermedades de coyuntura, de enfermedades súbitas; morimos de enfermedades degenarativas; sabemos lo que nos espera con mucha anticipación. Y cuando viene el segundo o el tercer zarpazo de la enfermedad, la ciencia nos salva de morir, pero no nos salva de malvivir, entonces nos enchufarán al primer aparato. El primer aparato probablemente va a ser oxígeno para que nos llegue a los pulmones, eso significa que nos pondrán unos tubitos nada más. Incluso podremos salir a la calle con una pequeñita echadora, pero al cabo de algún tiempo no bastará y entonces será una máquina grande. Y al cabo de un tiempo no bastará el tubito de la nariz y entonces tendrá que ser un tubo que nos pase por aquí hasta abajo, y entonces ya no podremos hablar y nos dolerá y entonces nos sedarán y estaremos sedados. Pero sedados y con el tubito del oxígeno podemos vivir meses. Y después fallará nuestro riñón y nos pondrán otro tubito y nos pondrán otra maquinita que nos irá limpiando el riñon e iremos echando en una bolsita nuestros deshechos. Y después nuestro corazón fallará, entonces cada poco rato nos pondrán aquí unos parches que nos darán una especie de choques de nitroglicerina o algo así, y entonces con esos choques nos estimularán momentáneamente y nuestro corazón, entonces, dará las pulsaciones imprescindibles. Y así seguirá.

Además, habrá alguien que tendrá mucho interés en vender la máquina, porque costará muchísimo dinero, y dará muchísimo dinero a quien consiga vender máquinas para todos los hospitales y entre todos pagaremos las máquinas. Y ya no respetaremos el derecho a decir adiós, ya viví, ya me quiero ir.

Y si yo tengo que administrar la vida cotidiana, tendré que preocuparme de la enfermedad, y tendré que preocuparme de la salud, y tendré que preocuparme del dinero, y tendré que preocuparme de los pensionistas. Y tendré que pensar en qué ciudad quiero, si quiero una ciudad en la que el viejito de enfrente del palacio de la legislatura tenga todos los días alguien que le dé de comer y a lo mejor no sólo que le dé de comer sino que le coja la mano y le haga un poco de cariño. ¿Cuánto tendré que pensar? Piensen entre todos, pensemos una economía, y pensemos un derecho, y pensemos no sé si una religión, pero al menos unas grandes ideas y pensemos un arte, y pensemos una comidita rica, y pensemos un baile, y pensemos un cariño. ¿Cuánto tenemos que pensar? ¿Cuántas emociones tenemos que construir? ¿Cuánto nos espera el futuro? ¿Cuánto hay que pelear? Y cuánta fuerza me da estar aquí, que seamos tantos y tantas y saber que el futuro no está escrito, y saber que el futuro es una nube, y es agua y que el futuro es : tierra y que no se enloquece al futuro. Pero yo quiero llegar al futuro mejor de lo que estuve ayer e incluso mejor de lo que soy hoy, pero no lo conseguire yo, serán ustedes, seremos todos quienes podremos juntos hacer el futuro.

¡Muchas Gracias!

Ponencia de María Angeles Durán dictada el 5 de mayo de 2017 en el Seminario-taller “Mujeres y Ciudad. (In)Justicias Territoriales”, co-organizado por Ciscsa, Articulación Feminista Marcosur y la Universidad Nacional de Córdoba.