febrero 18, 2017

Colombia. El freno de las mujeres a una guerra sin fin

Las colombianas fueron víctimas de la guerra, y han sido una parte crucial del proceso de paz posterior. 'Mujeres al frente', libro y documental, les pone voz y rostro

Luz Marina Bernal, líder de las Madres de Soacha y nominada al Premio Nobel de la Paz.


Las violaron, las mutilaron, las despojaron de sus tierras, las arrinconaron, las desplazaron, las expulsaron, las hicieron desaparecer, emigrar, ocultarse. Las convirtieron en viudas, en madres sin hijos, en hermanas sin hermanos, en tumbas, en ira, en abuelas vacías, en nada. Colombia ha sufrido durante décadas una violencia ininterrumpida, brutal y expandida hasta el último rincón. En medio del terror que crecía sin pausa, las mujeres fueron víctimas desproporcionadas.

Desde el Bogotazo que dio paso a La Violencia, aquel periodo de acertado nombre entre 1948 y 1958 —aunque ningún historiador se pone de acuerdo en acotar aquellos años—, con casi dos millones de desplazados y alrededor de 300.000 muertos. Después, el conflicto armado para estrenar la década de los 60, y ya no paró: primero fue el Gobierno, luego la guerrilla, se sumaron los paramilitares, aparecieron los narcos y brotó la criminalidad.

Como parte de aquel horror, también quisieron participar en su final. Y lo hicieron. El papel de las mujeres durante ese proceso, y después para alcanzar el Acuerdo de Paz (firmado el 12 de noviembre de 2016, aunque no definitivo),apenas ha sido reconocido por la opinión pública más allá de los sectores con cierto interés por el papel femenino en la historia de Colombia. El texto firmado a finales del pasado año entre el presidente, Juan Manuel Santos, y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño (conocido como Timochenko), incluye disposiciones de género importantes, tanto por la profundidad de las mismas, como por la garantía que supone para que ellas sigan participando de todo lo que está por venir.

La periodista y escritora Lula Gómez (Madrid, 1970) se encontró en 2015 con dos mujeres que cambiaron su futuro más inmediato, Luz Marina Bernal y Patricia Guerrero, y decidió, después de un sinfín de "noes" de medios de comunicación y editoriales, publicar un libro y grabar un documental que pusiera voz y rostro a esas mujeres que ponen voz y rostro a millones de colombianas, Mujeres al frente. Mujeres que expertos internacionales en la resolución de conflictos han calificado como innovadoras y modélicas.


Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres, y Zainab Hawa Bangura, representante especial del secretario general sobre la violencia sexual en los conflictos, hablaron en aquel momento sobre el trabajo sin precedentes de la Mesa de Conversaciones de Paz y su subcomisión de género: "Las mujeres son una fuerza dinámica para la paz y la reconciliación, y esto debe reforzarse en el acuerdo final y, de forma fundamental, durante la fase de implementación. Puede que éste sea el mejor ejemplo de una participación significativa y consistente de las mujeres en un proceso de paz".

Patricia Guerrero, ex jueza y fundadora de la Ciudad de las Mujeres; Nelly Velandia, campesina que representa a seis millones de mujeres; Mayerlis Angarita, superviviente del conflicto y fundadora de Narrar para Vivir; Luz Marina Bernal, líder de las Madres de Soacha y nominada al Premio Nobel de la Paz; Beatriz Montoya, fundadora de AMOR y resistente ante la guerra; Vera Grabe, ex dirigente del M19 y directora del Observatorio por la Paz; y Luz Marina Becerra, líder afrocolombiana y activista de los DD HH. Ellas son la condensación de Lula Gómez en Mujeres al frente, de la pelea constante, ahora más visible y posible.


“Colombia es un país al que viajo mucho. En uno de esos viajes, después de conocer la historia de Marina Bernal y Patricia Guerrero, supe que tenía que socializar esas historias, contarlas, expandirlas. Volví a España y todo fue una negativa como respuesta por parte de los medios de comunicación”. Explica Gómez que su enfado derivó en intentar ir un poco más allá y empezó a pensar en incluir a más mujeres que pudiesen ampliar la narración: “Di con siete perfiles y, envalentonada, pensé en un libro”. Se lo ofreció a una editorial que, de primeras, le dijo sí. Luego fue un sí y 1.000 euros para viajar, conseguir los testimonios y volver. Al final fue un no y Gómez volvió a enfadarse. “Pues ahora me voy a montar un documental”, pensé.

Su malestar acabó siendo más productivo que obstáculo y todas aquellas puertas cerradas se convirtieron en un proyecto que le ha llevado dos años (aunque en diez días aterrizó en Bogotá, las localizó, les financió el billete hasta la capital y grabó), y que finalmente ha salido mediante crowdfunding a través de Libros.com. A 19 días de que terminara la campaña alcanzó los mecenas que necesitaba para publicar el libro, 200; ahora, su segundo objetivo es llegar a los 300.
Un grupo de madres colombianas, cuyos hijos, soldados o policías, son rehenes de los guerrilleros, se manifestaban en la plaza Bolívar de Bogotá en 1999. REUTERS

Aunque asegura que el documental, fílmicamente hablando, es muy básico, demuestra que las historias sirven para algo más que para envolverlas en papel de regalo: “Estas señoras mantienen un librazo y un documental que ha estado en el Festival de Cine de Málaga, y ya tiene distintos premios”. Parte de la consistencia del libro y el documental viene por el discurso que sostiene a ambos: “Aunque parece de Perogrullo que la violencia solo lleva a más violencia, el poder sigue apostando por hacer más armas, más policía, más conflicto. Pero el cambio solo se dará con la educación y el desarrollo”.

Gómez exhala: “La indiferencia mata, eso comentan ellas todo el tiempo. Tienen una postura valiente, enfrentan a verdugos y víctimas, hacen posible el diálogo”. Diálogo, educación, desarrollo. “Reclaman un sistema nuevo que les reconozca derechos tan básicos como el de la propiedad de sus tierras o contar con soberanía alimentaria. Una nueva sociedad más igualitaria, un lugar que ha de ser construido de nuevo desde las bases si se quiere poder respirar paz”. Sin miedo a hablar, a pedir, a exigir. En Colombia, después de más de medio siglo de ser víctimas de las víctimas, es momento de construir alternativas desde la palabra, la memoria, la justicia y la reinserción.

LA CONFIRMACIÓN DE LA ONU

Según un estudio reciente realizado por Naciones Unidas sobre la implementación de la Resolución 1325 de mujeres, paz y seguridad, en los casos en que las mujeres tuvieron la oportunidad de ejercer una influencia profunda en el proceso de negociación, las probabilidades de alcanzar un acuerdo eran muy superiores que en los procesos en que esta influencia había sido escasa o nula.

De hecho, cuando se contó con la participación de las mujeres y estas ejercieron una influencia amplia, las negociaciones culminaron casi siempre con un acuerdo. Uno de los efectos que más se repetían de la participación de las mujeres en los procesos de paz era la presión que ejercían para iniciar, reanudar o concluir las negociaciones cuando habían perdido impulso o cuando las conversaciones habían fracasado.

Al controlar otras variables, los procesos de paz en los que participaban mujeres en calidad de testigos, firmantes, mediadoras y/o negociadoras registraban un incremento del 20% en la probabilidad de alcanzar un acuerdo de paz que perdurase, como mínimo, dos años. Este porcentaje aumenta a lo largo del tiempo, ya que la probabilidad de lograr un acuerdo de paz que dure 15 años crece un 35%.


Por Isabel Valdés
Fuente: El País

¿Qué significa el “empoderamiento” de las mujeres?

Por empoderamiento de las mujeres nos referimos al proceso por el cual las mujeres, en un contexto en el que están en desventaja por las barreras estructurales de género, adquieren o refuerzan sus capacidades, estrategias y protagonismo, tanto en el plano individual como colectivo, para alcanzar una vida autónoma en la que puedan participar, en términos de igualdad, en el acceso a los recursos, al reconocimiento y a la toma de decisiones en toda las esferas de la vida personal y social.


Además, este proceso de empoderamiento de las mujeres debe incorporar una visión crítica sobre el sistema de género, sobre los papeles y estereotipos asignados por el género a los sexos y sobre los déficits de participación históricos de las mujeres.

Debe acompañarse por estrategias que potencien la igualdad efectiva en el acceso a los recursos básicos, entre ellos, la educación, la sanidad o el empleo de calidad. Y debe incorporar reconocimiento y revalorización de las mujeres por sus aportaciones en cualquier campo de la actividad humana y por su capacidad para luchar por sus derechos y su emancipación, es decir, una genealogía feminista.

El empoderamiento de las mujeres es tanto un proceso (individual y colectivo) como un objetivo a lograr, por lo que requiere también afrontar estrategias para lograr la igualdad efectiva en todos los ámbitos de la vida. Y, particularmente, impulsar una mayor participación de las mujeres en los escenarios de poder, hasta lograr una participación paritaria.

El término empowerment o empoderamiento de las mujeres, como estrategia para la igualdad y la equidad, fue impulsado en la Conferencia Mundial de las Mujeres de Naciones Unidas en Beijing (1995) para referirse al aumento de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones y acceso al poder. Actualmente esta expresión conlleva también otra dimensión: la toma de conciencia del poder que individual y colectivamente ostentan las mujeres y que tiene que ver con cambios para la superación de las prácticas culturales y estructurales que contribuyen a perpetuar su situación de desventaja y desigualdad.

La Plataforma de Acción de Beijing, resultante de la Conferencia Mundial, estableció que las mujeres tienen igual derecho a participar en la gestión de los asuntos públicos y, mediante esa participación, a contribuir a redefinir las prioridades políticas al incluir en los programas políticos nuevos temas y ofrecer nuevos puntos de vista sobre cuestiones políticas generales. Marcó dos objetivos estratégicos::
Garantizar a las mujeres igualdad de acceso y la plena participación en las estructuras de poder y en la adopción de decisiones.
Aumentar la capacidad de las mujeres de participar en la adopción de decisiones y en los niveles directivos.

Como afirma ONU Mujeres (Agencia de Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres), en todas las esferas de la vida, ya sea en los órganos políticos o las reuniones empresariales, las mujeres tienen muy poca participación en las decisiones que las afectan. Las cuotas y otras medidas de acción positiva dan lugar a una mayor participación de las mujeres. Y ONU Mujeres también pone en el punto de mira elempoderamiento económico: “En comparación con los varones, las mujeres están muy rezagadas en el acceso a la tierra, el crédito y el empleo decente. Siguen sufriendo de manera desproporcionada la pobreza, la discriminación y la explotación. La discriminación de género implica que a menudo las mujeres acaban desempeñando trabajos no seguros y mal pagados, y siguen siendo una pequeña minoría en puestos directivos. Es necesario derribar las múltiples barreras que impiden a las mujeres aprovechar las oportunidades económicas. Fomentar el empoderamiento económico de las mujeres contribuye directamente a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo”.


Fuente:Tribuna Feminista

febrero 17, 2017

Las mujeres indígenas y el espacio político en la zona Altos de Chiapas

María de Lourdes Pérez Enríquez, mujer indígena originaria de Huixtan, Chiapas, con licenciatura en educación indígena y es activista.

“La mujer indígena ha dado pasos pequeños y firmes pero con muchas limitaciones para acceder a esos espacios políticos de su localidades, aún falta por caminar sin miedos ante la violencia que se vive en lo político y familiar ” expresó María de Lourdes Pérez Enríquez, mujer indígena originaria de Huixtan, Chiapas, con licenciatura en educación indígena, activista en defensa y promoción de los derechos humanos en el tema de salud sexual y reproductiva, y el tema de participación política de la mujer indígena.

La joven tzotzil de 31 años de edad, señala que las mujeres en general han tenido muy poca participación porque no se han abierto esos espacios de participación, de incidencia donde la mujer indígena y no indígena pueda accionar temas, o pueda acceder a un cargo público, o que desde el cargo público pueda accionar e incidir en la política. 

Por ello, invitó a esas mujeres mestizas e indígenas que están en puestos de poder, en cargos populares, a las mujeres indígenas chiapaneca y de otros estados a que en unión se accione y que se logre el posicionamiento, que se den esos pasos gigantes para abrir puertas y hacer el relevo generacional, es decir de compartir y abrir esos espacios a las nuevas generaciones de mujeres jóvenes capaces de cabildear.

Hay un marco de derechos que han posicionado a mujeres indígenas y han trascendido y ahora es tiempo de mantenerlo. Las mujeres tenemos mucho de qué hablar, compartir, gestionar en sororidad, explica. 

“En cuanto al tema de paridad a mí me causa mucha inquietud porque muchas mujeres indígenas han accedido a esos espacios como mero requisito de una constitución y no de manera de convicción para el bien común del pueblo y hacer un trabajo real en la sindicatura, en la regiduría, como gobernante. Se escucha, se ve, se palpa que son mujeres que las anteceden hombres en esos espacios, de manera indirecta los hombres han posicionado a estas mujeres, resultado de una política patriarcal, capitalista la cual obedece a que si tienes dinero puedes hacer campaña. Ante eso es necesario ver cómo se apertura y es ahí donde las mujeres debe de caminar en equipo, en compañía de otras mujeres y compartir con otras mujeres para llegar a esos espacios.

Estamos trabajando con mujeres indígenas en el estado, sobre todo en la zona de los Altos de Chiapas en el tema de mujer, trabajo y medio ambiente, y el objetivo es lograr que la mujer indígena puede trabajar sin dañar el medio ambiente.

Las mujeres indígenas de la zona Altos de Chiapas trabajan en los textiles que se hacen desde el hogar, en un ambiente familiar. Por ejemplo las mujeres tzotziles que trabajan con el borrego, animal sagrado para esta etnia, transforman la lana del borrego a madejas de hilo y tiñen estos hilos o mechones de lana para dar un color firme y duradero a la prenda que elaboran para sus faldas y abrigos para los varones conocidos como “chuje”. Todas son hechas en telares de cintura y después bordados a mano sin utilizar productos químicos cuidando el medio ambiente.

Los usos y costumbres son muy arraigadas lo cual nos pone en peligro pero no es imposible de hacer el cambiar a favor del medio que nos rodea, concluye María de Lourdes Pérez.


Por Mitzi Fuentes Gómez
Fuente: SemMéxico. Chiapas.

Jornaleras en Estados Unidos menos acceso a visas y más riesgo de deportación


CIMACFoto: César Martínez López

La mayoría de las mujeres migrantes que se emplean en el sector agrícola de Estados Unidos (EU) podrían ser deportadas, ya que se encuentran en situación migratoria irregular debido, sobre todo, a que al intentar obtener sus papeles sufren una clara discriminación en el acceso a visas temporales de trabajo en el campo, la H2A. Sólo 4 por ciento de estas visas fueron asignadas a mujeres, de acuerdo con las estimaciones del Departamento de Trabajo de EU.

Al respecto, la directora del Instituto de Estudios y Divulgación sobre Migración (Inedim), Fabienne Venet, declaró en entrevista con Cimacnoticias que existe una severa discriminación de género en la adjudicación de las visas H2A, por lo que no existe rastro o estadísticas exactas de la cantidad de mujeres migrantes que están sin documentación y trabajan en el campo del país vecino.

Lo que estamos viendo, aseveró Venet, “es una violación a la legislación en la no discriminación del empleo, las mujeres están sistemáticamente excluidas de las visas H2A”. Por ejemplo, en 2010 “datos oficiales estiman que en general 20 por ciento de la fuerza de trabajo agrícola son mujeres”, sin embargo consideró que aún resta un gran esfuerzo por visibilizarlas. 

Las especialista en temas migratorios destacó que sería responsabilidad de los reclutadores, empleadores, pero también del gobierno de EU y México, regular esta situación, ya que “deben garantizar el acceso de igualdades para los hombres y las mujeres”, pues que la mayoría de las visas son entregadas a las personas migrantes mexicanas. Hasta 2012, el Departamento de Trabajo de EU informó que otorgaron 60 mil 365 visas H2A, el 90 por ciento fueron adjudicadas a personas migrantes de México.

DISCRIMINACIÓN Y EXCLUSIÓN

La directora del Inedim, expuso algunos casos de la discriminación y exclusión que viven las migrantes mexicanas para acceder a la visa H2A.

En 2012, “una migrante proveniente San Luis Potosí trabajaba en la industria del cangrejo en EU, por sus habilidades calificaba para obtener una visa H2A” (que brinda mayores prestaciones y protección laboral). Sin embargo, “la agencia que la reclutó no abrió ninguna oferta de trabajo con visa H2A para mujeres, por lo cual se le negó su cambio”, comentó Venet.

FEMINIZACIÓN DE LA MIGRACIÓN

La participación de las mujeres en los procesos migratorios ha aumentado en las últimas décadas. La directora del Inedim explicó que a partir de los años 90, estudios etnográficos demuestran una fuerte feminización de la migración mexicana, perteneciente sobre todo a comunidades rurales. Asimismo la entrada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) acentuó la pobreza en el campo y contribuyó a este fenómeno migratorio.

Las jornaleras de la globalización -como llaman a las migrantes en el sector agrícola- “son parte del proceso de feminización de la pobreza y la necesidad de las mujeres en insertarse en diferentes sectores ocupacionales”, por el momento, 44 por ciento de la población mexicana migrante en EU son mujeres, agregó Venet.

CON RIESGO DE SER DEPORTADAS

Al no contar con documentación, las migrantes empleadas en el sector agrícola de EU corren mayores riesgos de ser deportadas con la nueva administración del presidente de EU, Donald Trump, consideró Fabienne Venete.

Aunque no se ha hablado de la revocación de las visas H2A, dijo la especialista, “la orden ejecutiva para proteger trabajadores estadounidenses que dio Trump nos dice un poco por dónde va la situación”.

Durante la primera semana de febrero se registraron diversas redadas, que concluyeron con la deportación de 90 personas mexicanas, según cifras oficiales.

Sin embargo, Venet recordó lo ocurrido en la pasada administración de Barack Obama, quien al reforzar la política de control y deportación de personas migrantes se enfrentó con las empresas del sector agrícola: “los dueños del campo dijeron que no podía ser, porque no podrían levantar las cosechas, también ahí hay sectores que van a negociar con la organización pública”.

“Las trabajadoras son esenciales en los sectores de producción de la economía de EU”, destacó la directora del Inedim, y comentó que confía que eventualmente se entreguen mayores visas de trabajo temporal en los próximos años.

Fabienne Venet señaló que las medidas de inserción por parte del Gobierno mexicano hacia la población mexicana deportada son poco claras.

Respecto a la atención jurídica que el Gobierno mexicano aseguró que brindaría a través de los consulados, Fabienne Venet comentó que “deberán informar y proteger con enfoque de género a las trabajadoras migrantes temporales”, así como estrechar un mayor diálogo bilateral para evidenciar situaciones de abusos y posible deportación.

INICIATIVAS PARA SU PROTECCIÓN 

También han existido avances en la lucha por parte de las organizaciones sociales para erradicar la discriminación de género en la obtención de visas, trabajos, atención a casos de abusos y garantías de los Derechos Humanos (DH) y laborales de las personas migrantes en EU, dijo Venet.

“Hay una situación de vulnerabilidad muy clara y una falta de protección” aseguró la especialista, “me parece que en términos de reclutamiento, en México la Secretaría de Trabajo necesita ampliar en sus actividades de inspección y supervisión de las agencias reclutadoras con perspectiva de género”, agregó que se requiere tener un registro de denuncias de discriminación por género en él.

La directora Inedim informó que, el año pasado, la institución y el Centro de los Derechos del Migrante (CDM) presentaron una queja ante el Consejo Nacional de Prevenir la Discriminación (Conapred) por discriminación de género en la contratación de trabajadoras migrantes temporales en EU. Pero hasta el momento no han obtenido respuestas.

Por otra parte en 2014 en Canadá la agrupación United Food and Commercial Workers (UFCW) presentó una denuncia ante el Conapred (CONAPRED/DGAQR/405/14/DQ/I/DF/Q303) por las mismas razones.

En este caso la denuncia fue aceptada y tramitada, y propició que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) se comprometiera a: solicitar al empleador que defina perfiles detallados excluyendo el criterio de género; tras un periodo de cinco años, rechazar solicitudes de mano de obra de empleadores que continúen integrando criterio de género en sus pedidos; impulsar con autoridades y empleadores canadienses ajustes a previsiones de vivienda que respondan a contrataciones mixtas; e informar a las autoridades canadienses de este proceso.

Asimismo, añadió que desde 2013 en el Senado estadounidense se encuentra detenida una iniciativa de ley, la cual busca dar a los y las trabajadores agrícolas temporales la permanencia en EU tras cinco años de trabajo.

Además, se tendría la obligación de entregar, el primer año de su aprobación, cerca de 12 mil visas H2A para personas migrantes, y obligaría a los empleadores registrar, pagar los sueldos y costes de transporte y alojamiento de las personas migrantes. Esta iniciativa podría estar en riesgo por el nuevo mandatario, concluyó Venet.

Por Hazel Zamora Mendieta
Cimacnoticias | Ciudad de México.