julio 05, 2015

“Cariño, te prometo que no sucederá más”: control y violencia en cartas de amor .

La ONG Vida Mujer publica en un libro digital las misivas románticas que escribieron varios maltratadores a sus víctimas para pedirles perdón después de haberlas agredido físicamente. Hablamos con una de las impulsoras del proyecto, la psicoterapeuta Nelly Canción, sobre la incomprensión social hacia las mujeres que no consiguen separarse de sus agresores.


Cinco semanas después de leer esa carta, Raquel recibió la última golpiza de su vida. Hoy está enterrada en el cementerio de Villa María del Triunfo./notemueraspormi.com

Ni con el pétalo de una rosa, ni por ser “tu gordo”, tampoco por tener hijitos juntos. La violencia no iba volver pero arremetió con mayor fuerza. Las cartas que recopila el libro web http://www.notemueraspormi.com/ transmite el mutismo que sobreviene a la paliza. Esta publicación web recopila una variedad de cartas de amor manuscritas, mensajes de texto vía celular, chats, correos electrónicos con pedidos de disculpas y nuevas promesas románticas (manteniendo en anonimato a sus autores y destinatarias). Son mensajes breves, ingenuos, culposos al tiempo que revelan el revés de la trama.

“Perdóname por haberte levantado la mano, no lo haré más, ni con el pétalo de una rosa” dice Alberto. Como si pudieramos ver los entretelones, damos vuelta a la página y encontramos fracturas en las piernas y contusiones en la cabeza tras golpes con una caja de herramientas. Cortes en el rostro para evitar los celos. En otros casos nos aturde saber que esas palabras fueron preludio de un feminicidio.

“La gente piensa que son locas o tontas. Pero están atrapadas y paralizadas por la vergüenza, la culpa y la sensación de no merecer respeto ni amor”

“El libro se titula ‘No te mueras por mí’ por que hay un doble mensaje donde el hombre se dice: ‘¡No lo hagas! (pero igual voy a violentarte, a matarte)’. Hay una polaridad entre el amor y el odio, esa relación se da en la confusión y allí es dónde las mujeres se paralizan ante la violencia”, explica Nelly Canción al otro lado de Skype desde Lima, Perú. Esta psicoterapeuta, directora de la ONG Vida Mujer, lleva 15 años de trabajo en dicha organización, que brinda atención integral y trabajo full time sin financiamiento interno asegurado. El libro, realizado junto a la agencia publicidad local Circus grey, será traducido a inglés próximamente e impreso en papel.

“Para los grupos de mujeres exponer lo que les pasa es una situación complicada, de mucha vergüenza. En estos años de trabajo fuimos viendo un patrón común y nos preguntamos por qué las mujeres vuelven con estos hombres. La gente en general piensa que son locas, tontas o incluso dicen: ‘Les gusta que les peguen’. Esos son mitos y creencias. Cuando entramos en lo profundo de sus problemáticas están llenas de un sufrimiento que a veces rebasa más que el golpe del maltratador. Están envueltas de vergüenza que atrapa, bloquea y paraliza. Muchas son mujeres con vivencias complicadas de su infancia, relacionadas a una sensación de no merecer respeto ni amor. Es una actitud constante de sentir culpa, de haber hecho mal las cosas, de haber elegido mal al hombre (muchas veces las mujeres eligen hombres como efecto de algo que ellas señalan “no tener suerte”)”, explica la terapeuta.

Porque te quiero te aporreo

Canción señala que las relaciones representadas en el libro siguen el círculo de violencia: “En un momento te quiero, te abrazo, te trato bien, en otro momento te cacheteo y te aporreo”.

Las terapeutas encontraron en las misivas de amor, recibidas justo después de haber vivido violencia física, material para reflexionar, educar, crear conciencia y acciones de prevención acerca de por qué las mujeres regresan al lado de quien las violenta: “Siempre están con expectativas de que algo va a cambiar en sus vidas, siempre están a la espera, atentas a los mínimos detalles de que las cosas. Ellas suelen esperar que haya un cambio en el exterior: ‘yo soy feliz si mi hijo/ si mi pareja hace tal cosa’. Eso tiene que ver con la construcción de género, como si todo estuviera afuera y dejan en manos de los hombres el poder de dirigir, porque así nos enseñaron a esforzarnos, a cuidar. Ése es el legado para la mujer y el peor factor de riesgo para la violencia. Entonces desde nuestra organización vamos trabajando la responsabilidad con ellas, dejando de buscar el cambio afuera, sino impulsándolo desde adentro”.

#AmorNoesControl


Ricardo volvió a golpear a Laura y a su hija. Laura quedó inconsciente y sufrió graves fracturas en el pómulo y el epicráneo.

El control en su máxima expresión descontrola. La violencia física no aparece de inmediato sino que emerge primero como una “agresión desde el control”. La especialista remarca esta característica como una alarma que se enciende más rápidamente hoy a partir de la profundización del uso de los dispositivos tecnológicos: “La invasión de espacios personales: cómo te vistes, con quien hablas, qué debes estudiar, cómo debes manejar el dinero, cómo miras o sonríes. Esos son signos claros de violencia en tu espacio personal. Cuando cedes esos espacios ya estás entregándote a las manos del agresor. A partir de esas señales la mujer debería darse cuenta de que la relación no va para más”, abunda.

“La mensajería instantánea y la conexión permanente dan al agresor armas para explicarse mejor que frente a frente”

Cuando el maltratador o potencial femicida busca reestablecer contacto, los mensajes de Whatsapp y de Facebook Messenger acercan el perdón de manera casi inmediata: “Las caritas tristes o las fotos de la pareja son las que movilizan el lado sensible de la mujer que tal vez está resguardada en la casa de algún familiar y es llamada continuamente a responder. Cuando hay mensajería instantánea y conexión permanente es más fácil para el agresor, tiene más armas, que son más agradables o más intensas, mejores que dar explicaciones frente a frente”.”

Al mismo tiempo son estas mismas tecnologías las que permiten a la organización Vida Mujer dar un refuerzo positivo para asistir a distancia y de manera ágil a las personas violentadas, dada la dificultad que tienen muchas mujeres para compartir y expresar la violencia que atraviesan: “Las redes sociales nos ayudan a hacer funcionar las cosas en tiempo más corto, cuando la mujer está aislada con su familia que la cuida, y tiene el celular aparecen formas más próximas con el agresor, cuando ella también responde con esos mismos mensajes. Hacemos trabajo de asistencia por chat y por messenger. Es una estrategia para las mujeres que no quieren denunciar porque no se animan y les da vergüenza, les pedimos que nos escriban y se expresen”, detalla.

Es la historia de un amor como no hay otro igual

Las raíces de la violencia en la pareja se conectan muchas veces con los ideales del amor romántico. Lo señalaba Coral Herrera Gómez: “Nuestro amor romántico es una mezcla potente de sufrimiento masoquista, sadismo gozoso, luchas de poder, promesas de abundancia y felicidad, éxtasis de vida y de muerte. Nos acerca al misterio de la vida, nos relacionamos con el amor como la llave para alcanzar la eternidad, la perfección, lo absoluto. Anhelamos que el amor nos haga felices pero también hemos interiorizado que para amar de verdad hay que sufrir mucho”.

Hay un imaginario del sufrimiento como un ingrediente indiscutible parte del “combo-enamoramiento” que tenemos que desarmar urgentemente.

A grandes rasgos, Canción resume las primeras estrategias de cuidado para las mujeres en un trabajo organizado en dos grandes ejes:
Desmitificar la culpa: identificar las emociones primarias como el miedo, la culpa y la vergüenza para comenzar a dar cuenta del proceso en el que se encuentran frente a la violencia. Parte de los primeros pasos para desactivar la violencia es comenzar a tomar decisiones: “Que tengan un diario en el que describan cómo viven su día a día y que pueden enviarlo por email para que podamos dar seguimiento”.
Hacer un plan de contigencia y de acción para cada mujer: la organización queda atenta a lo que va ocurriendo, brinda números telefónicos de asistencia, solicita a las mujeres que se organicen con los vecinos o con amigas íntimas para contar con ellos inmediatamente y recurrir a su ayuda.

Perú es el segundo país en Latinoamérica con mayores índices de violencia hacia la mujer, y la lesgislación de violencia de género aún es muy blanda hacia el agresor. La ONG Demus publicó informes denunciando que desde 2014 el presupuesto orientado para la lucha contra la violencia familiar y sexual llega solo al 0.09% del monto total destinado a los gastos del Gobierno nacional.

Desde Vida Mujer adelantan que ya están buscando una segunda edición para el libro, aumentan los deseos de tener un espacio radial y seguir respondiendo a la urgencia del maltrato. “Vamos a seguir dando respuestas ante un Estado que no da cuenta ante las expectativas de las mujeres víctimas de violencia de género”, perservera Nelly Canción.

Por Florencia Goldsman
Fuente: Pikara

Entrevista a las activistas Españolas Urko y Majo Pulido, del Grupo Post- Op. “Hasta ahora estábamos invisibilizadas”


Investigan temáticas de género, sexualidad y pospornografía desde una perspectiva transfeminista, plantean la resexualización del espacio público a través de lo que llaman prácticas no normativas. Mostraron su obra en el Museo Reina Sofía, en el Museu de Art Contemporani de Barcelona y el Centro Pompidou de París. Urko y Majo Pulido estudiaron Bellas Artes en su país, España, y desde 2003 integran el Grupo Post-Op, que lleva a cabo talleres, videos, instalaciones y performances en espacios públicos y autogestinados. Durante el último mes participaron en Buenos Aires de la Bienal de Performance, con presentaciones en la Casa del Bicentenario y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Antes de la controversia generada por la actividad que protagonizaron en Sociales, Urko y Majo dialogaron con Página/12 sobre sus ideas y los objetivos de sus prácticas.

–¿Qué es la pospornografía?

Urko: –No hay una discusión cerrada sobre el término, pero para nosotras es una reacción de ciertos feminismos relacionados con feminismo pro sexos, feminismos queer o transfeminismos, una reacción ante la toma de conciencia de que el porno comercial o el porno mainstream es un porno que está perpetuando los estereotipos de sexo de género, nos está diciendo qué es lo que es sexo, qué es lo que no, cómo deben ser los cuerpos de los hombres y las mujeres, nos está hablando también de un sistema binario y nos habla de un montón de cuerpos que aparecen invisibilizados dentro de la publicidad comercial. Ante esto podemos tomar una posición abolicionista, pero nuestra posición es mucho más práctica: tal como decía Paul Preciado, la pornografía es un arma demasiado poderosa para dejarla en manos de otros; entonces apropiémonos de esta arma, apropiémonos de estos medios de producción y generemos nuestro propio porno, generemos un nuevo imaginario que hable de otras prácticas y de otro cuerpos más cercanos a nuestros intereses. El posporno está hecho en primera persona por quienes hasta ahora estábamos invisibilizadas o mostradas de un modo comercial, es decir, marimachos afeminados, personas con diversidad funcional, personas gordas o transmasculinas o transfemeninas, por ejemplo.

–¿Qué significa la pornografía en el contexto de la sociedad capitalista?

U.: –La pornografía regula los cuerpos y, si es legal en muchos países, es porque interesa desde los poderes, porque nos está acotando la sexualidad con unos parámetros muy concretos y está reforzando uno de los pilares fundamentales de la sociedad capitalista, que sería la familia nuclear y el predominio del patriarcado.

Majo Pulido: –En cambio, en la pospornografía entran todos cuerpos que no encajan en los estándares de normalidad corporal, todos los cuerpos que no encajan en los parámetros de producción capitalista, ahí están los cuerpos trans, los cuerpos tullidos...

U. : –Vivimos en una sociedad que valora más unos cuerpos que otros en base a su capacidad productiva y hay ciertos cuerpos que quedamos fuera.

–¿El que genera ganancias y rating en determinados programas de TV?

U.: –Hay ciertos cuerpos que son leídos como menos válidos para el capital, ahí están todos los cuerpos de personas con discapacidad funcional, con diversidad psíquica, las personas que son leídas como cuerpos gordos, cuerpos enfermos, y por cultura las personas que no encajamos en el sistema binario hombre-mujer, porque podemos atentar contra uno de los pilares fundamentales de la sociedad capitalista que es la sociedad nuclear.

–Ustedes hablan de la resexualizar el espacio público, ¿de qué manera?

U.: –Desde hace unos diez años, las políticas sobre el espacio público han comenzado a ser súper restrictivas, sobre todo en la ciudad donde más nos movemos, que es Barcelona.

–¿En qué sentido?

U.: –El espacio público ya no es un espacio de goce y de disfrute ni es un espacio en el que tú puedas intervenir, es un espacio de paso, de consumo, de shopping, hecho para los turistas europeos, norteamericanos. Por ejemplo, en los parques no se puede cocinar, no se puede beber, no se puede tocar ningún instrumento, no sirve para nada así el espacio público. Todo tipo de intervención artística en el espacio público está totalmente controlada y sólo puedes ver arte en los espacios donde pagas por ello, solamente puedes consumir y beber donde también pagas por ello.

M. P.: –La idea es limpiar la ciudad convertirla para el turista, han eliminado toda forma de prostitución.

U.: –Las trabajadoras sexuales no pueden trabajar en la calle y nuestra estrategia de resexualizar la ciudad es a través de distintas prácticas, como el ecosex o el urbasex.

–¿Qué significa?

U.: –Ecosex significa intentar tomar los parques y jardines y hacer prácticas más o menos sexuales con toda la naturaleza o con tus amigas y la naturaleza. El ecosex es una estrategia ecologista, es un planteo que dice que, si hasta ahora hemos considerado a la naturaleza como la madre tierra, ahora vamos a pensarla como nuestra amante, con alguien que podamos disfrutar sexualmente con algo pactado. De alguna manera vamos a cuidar más el planeta... Nos parece una buena manera para resexualizar los espacios públicos. Cuando dices que eres ecosex no estás diciendo que eres hombre o mujer ni la genitalidad que tienes, sino que te gusta disfrutar con la naturaleza, que te gusta tener prácticas con la arena, con el mar tener conciencia del calor, del frío, puedes compartirlo...

–¿Se habla de sexualidad como una creación artística entre lo público y lo privado?

U.: –Nuestra sexualidad la vemos como una práctica artística, no hay una línea tan marcada entre lo público y lo privado. Para nosotros es fundamental politizar lo privado, nuestra sexualidad, sacarla a la luz. Lo personal es político.

–Y el tema del pudor, ¿cómo se incluye en esa práctica?

U.: –Nosotras no estamos pensando en quién nos ve, hemos llegado a tener suficiente empoderamiento al momento de hacer cualquier acción en el espacio público para sentirnos libres y no pensar en el otro. El tema del pudor es que esto no ocurre de un día para otro; para que una persona se sienta empoderada y fuerte para mostrar su sexualidad en un espacio público hay que crear espacios y posibilidades para esos cuerpos.

–¿De qué manera lo crearon?

U.: –En nuestros talleres posporno creamos espacios en que se empoderen los cuerpos que han sido leídos durante mucho tiempo como cuerpos que no encajan en los parámetros de normalidad corporal. En nuestros talleres generamos un imaginario donde se empoderen esas partes del cuerpo que leemos como partes incómodas o abyectas, a través de una serie de ejercicios de desinhibición o través de imágenes. Lo que logramos es mostrar de una manera deseable y deseante nuestros cuerpos que hasta entonces podíamos ver como abyectos, como esas partes del cuerpo que había que esconder.

–¿Cómo se manifiesta lo que ustedes denominan acción directa?

M. P.: –Nosotros éramos posporno antes de conocer la palabra posporno y antes de crear el colectivo de Post-Op. A veces hacemos acción directa sin darnos cuenta porque es nuestra manera de vivir, y otras veces hacemos acción directa planteada como una manera de crear activismo, intervenciones a través de la creación artística, que es de donde venimos.

–¿Cómo son las instalaciones que realizan en el plano artístico?

U.: –Nosotras llevamos doce años como activistas algo que empezó como performance, porque nos parecía fundamental llevar toda esa serie de inquietudes en cuanto a los cuerpos que no encajan, en cuanto a las identidades que se salen del sistema binario hombre-mujer, lo que sería las sexualidades disidentes.

M. P.: –Todas estas inclinaciones estaban en lo académico o en lo alternativo en centros sociales o en lo institucional o en lo más under y no se conectaban, y nosotras habíamos estudiado Bellas Artes.

–Una mixtura...

U.: –Empezamos con un grupo de performance y lo ampliamos con video, creaciones, instalaciones, intentamos sexualizar espacios tanto teóricos como espacios nocturnos de fiestas. Trabajamos mucho con las prótesis, sexualizar cualquier tipo de objeto, y lo que hacemos es invitar a la gente que viene a esa fiesta, a la presentación de un libro, a jugar en ese espacio con nosotras.

–En una sociedad que privilegia el lucro y la manipulación del deseo en gran escala, ¿cómo sienten que es recibida su propuesta?

M. P.: –El sistema no sólo regula los cuerpos, sino que regula las prácticas y es perverso, nosotros formamos parte de lo monstruoso... de todo lo que no encaja. Nosotros nos reivindicamos desde lo monstruoso, como monstruas empoderadas que les gusta mostrar su sexualidad, como monstruas deseables y deseantes. Para nosotros es importante nombrarnos desde el insulto, por eso utilizamos la palabra tullido marimacho, es importante apropiarnos del insulto para que pierda su poder como insulto, nombras desde ahí y pierde su connotación negativa.

–Insisto, ¿cómo sienten que repercute en el que ve la acción directa o las performances?

U.: –Genera confusión, que es lo que nos interesa. Si los cuerpos que se ven son cuerpos trans, que no encajan en un sistema femenino-masculino, te genera cierto desasosiego, porque no puedes catalogarlo, y te hace plantearte hasta qué punto esas categorías que te han vendido como verdaderas e inamovibles son ciertas, y cuestionarte también tu propio deseo.

Por Sergio Kisielewsky
Imagen: Guadalupe Lombardo
Fuente: Página/12

Aborto: tiempo de decisiones legislativas

La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados se encuentra ad portas de votar la idea de legislar el proyecto gubernamental de despenalización del aborto en tres causales. Ello, luego de tres meses de debate a la iniciativa, en que se ha recibido a decenas de académicos/as, gremios y organizaciones de la sociedad civil que han podido expresar a los/as legisladores/as su posición favorable o en contra de dicha reforma y sin perjuicio de continuar escuchando a entidades que aun están pendientes de asistir.

Así se acordó por mayoría en la última sesión de la Comisión de Salud, por lo que el próximo martes 7 de julio se recibirá al Ministro Eyzaguirre –recientemente a cargo de la SEGPRES- junto a las Ministras Claudia Pascual de SERNAM, Carmen Castillo de Salud y Javiera Blanco de Justicia, en forma previa a dicha votación.

La propuesta de reformar el Código Sanitario para regular la posibilidad de las mujeres y niñas de acceder a la interrupción legal del embarazo en caso de violación, riesgo vital e inviabilidad fetal corresponde a uno de los principales compromisos sobre derechos de las mujeres contenido en el Programa de Gobierno de la Nueva Mayoría y fue presentado por la Presidenta Bachelet a comienzos del presente año.

Su presentación responde a una creciente demanda de la ciudadanía por marcos normativos que resguarden la protección de las mujeres, al menos en las tres causales específicas que se contemplan. En los últimos años son numerosas las encuestas de opinión que dan cuenta de esta demanda ciudadana situando entre un 60% y un 80% el acuerdo en legislar el aborto en caso de violación, inviabilidad o necesidades de salud, y entre un 20% y 30% a decisión libre de la mujer.

Por citar solo uno de dichos estudios de opinión, la Décima Encuesta Nacional Percepciones de las Mujeres sobre su situación y condiciones de vida en Chile 2014de Corporación Humanas muestra que el 79,2% de las mujeres está de acuerdo con legalizar el aborto cuando se encuentra en peligro la vida de la mujer, el 74,2% en caso de graves malformaciones fetales y el 72,9% si el embarazo es producto de una violación.

En tanto el 22,4% expresa su acuerdo con la legalización si la mujer tiene muchos hijos y no puede hacerse cargo de más, el 20,9% por cualquier razón que la mujer decida, y el 19,1%, en cambio, no está de acuerdo bajo ninguna circunstancia. Además, la referida Encuesta da cuenta que el 28,5% de las mujeres consultadas ha conocido a alguna mujer que se ha realizado un aborto y que el 52% considera que las mujeres que se han practicado un aborto no deben ir a la cárcel (Corporación Humanas, Diciembre de 2014).

Asimismo el proyecto procura enfrentar la responsabilidad internacional del Estado de Chile comprometida con la vigencia de la legislación punitiva que vulnera los derechos humanos de las mujeres en el país y que numerosos organismos internacionales desde hace 15 años sistemáticamente vienen reprochando en diversos foros mundiales de que Chile participa.

De hecho, solo el año pasado el Estado de Chile debió afrontar ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas las recomendaciones de reforma a la normativa penal formulada por una decena de países, oportunidad en que el Estado refirió el Programa de Gobierno y el compromiso de legislar al menos en tres casos específicos.

Igualmente, en julio de 2014, el Comité de Derechos Humanos se vio en la necesidad de reiterar sus recomendaciones previas (1999 y 2007) en relación a la problemática de la clandestinidad del aborto y legalizar el aborto terapéutico y en caso de violación. En tanto, en septiembre, el Grupo de Trabajo sobre Discriminación contra la Mujer del Consejo de Derechos Humanos, tras su primera visita al país se manifestó en similar sentido, enfatizando en la necesaria protección que debe brindarse a las adolescentes y las niñas frente a la violencia sexual.

Pese a que en la inmensa mayoría de naciones desarrolladas la legislación permite el aborto a decisión de la mujer dentro del primer trimestre del embarazo –e incluso en períodos más extensos en importante numero de países–, garantizando su acceso a la atención sanitaria requerida para ello e igualmente la interrupción del embarazo por causal terapéutica e inviabilidad fetal (modelo mixto de plazo e indicaciones), en Chile se debate únicamente respecto de tres causales (modelo de indicaciones). De ahí que preocupe el retraso en la discusión legislativa y el conjunto de argumentaciones morales y religiosas esgrimidas para oponerse a ello.

La criminalización total del aborto es incompatible con un estado democrático de derecho. El respeto a la libertad de conciencia, pensamiento y religión, pilar de la democracia, contenido en los tratados internacionales de que Chile es signatario importa el resguardo de todas las creencias y que no pueda el Estado imponerse a las conciencias individuales.

Por ello no puede mantenerse vigente una legislación punitiva que ampara únicamente las creencias de un determinado sector, imponiéndose ésta al conjunto de la población chilena que puede legítimamente profesar otras creencias morales o religiosas. Más aun, cuando se trata solamente de regular situaciones especificas y puntuales que afectan a las mujeres cuesta entender que la protección de derechos tan básicos como una vida libre de cualquier forma de violencia y el derecho a la vida y a la integridad personal de las mujeres y las niñas no sean el centro del debate y que en cambio se sigan planteando reparos a una reforma legal a todas luces necesaria.

El proyecto que plantea legislar sobre aborto en tres causales es un mínimo ético que cuenta con amplio respaldo ciudadano, que los y las parlamentarias comprometidas con los derechos de las mujeres apoyan, que las instituciones internacionales de derechos humanos demandan y que organizaciones de larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos y la democracia en el país valoran por lo que se espera sea aprobado en general por la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados y avance prontamente en su tramitación legislativa.

Por Camila Maturana Kesten
Abogada
Corporación Humanas
Fuente: Cooperativa


Corporación Humanas - Centro Regional de Derechos Humanos y Justicia de Género
Av. Providencia 1244 oficina 23. Providencia. Santiago de Chile
(56-2) 22532128 - 22532140 anexo 204

julio 04, 2015

Made in Salvador. De bordar en bordar se me fue la vida

Son las tres de la mañana. Cecilia Campos y sus tres hijos, dos muchachos y una niña, saltan de la cama. No es que vayan a salir de viaje, excursión o vacaciones. Cecilia y sus tres hijos deben empezar a esa hora la dura y tediosa tarea del bordado. La familia Campos es una de las centenares de familias pobres de El Salvador que se dedican al bordado a domicilio y que, en su mayoría, son mujeres (adultas, jóvenes y niñas) que durante una jornada a veces de hasta 16 horas bordan a mano hermosas figuras que luego en la maquila, fábricas textiles que abundan en todo Centroamérica que se encargan de ensamblar piezas de vestidos, son empaquetadas para exportación.


Fotografías: Mujeres Transformando.




En las maquilas, el modelo de crecimiento y desarrollo adjudicado para El Salvador, en jornadas extenuantes de doce horas, otras obreras coserán el bordado a un vestidito que se convertirá en parte de las exportaciones que las empresas maquiladoras colocan en el mercado estadounidense y europeo de las boutiques exclusivas de ropa infantil o grandes almacenes de lujo.

Cecilia y sus compañeras bordadoras son el engranaje más débil, el último eslabón de la cadena de producción de la industria del vestido. Es una maquinaria que genera ganancias millonarias, de las cuales las bordadoras no perciben más que unos pocos dólares. Estas maquilas operan en El Salvador bajo una ley especial, la Ley de Zonas Francas Industriales y de Comercialización. Las zonas francas son espacios físicos, aparentemente al margen del estado, con muros y portones, cuidados con vigilantes armados, donde el acceso está restringido y sólo entran trabajadoras, furgones y empresarios. Dentro de estos recintos se encuentran las diferentes fábricas maquileras y lo que sucede dentro casi nunca sale fuera. Con el salario más bajo del país y el segundo más bajo en Centroamérica, las empresas maquileras dejan tras de sí una estela de violaciones a los derechos humanos laborales y una población con enfermedades producto de este tipo de trabajo.

Bordar princesas Disney

Ya son las cinco de la mañana en la casa de Cecilia. Las hermosas princesas de Disney van cobrando forma, entre bostezos, ojos cansados y dedos dolientes. Mariana, la hija de Cecilia, no tendrá una muñeca de las princesas Disney, pero conoce todos los detalles de su fisonomía y de su ropa, ya que puntada a puntada le ayuda a su madre a completar las piezas bordadas que en una semana deberán entregar a la supervisora de la maquila. Aún no saben cuánto les pagarán por pieza, pero esperan al final de la semana contar con al menos treinta y cinco dólares como pago por el trabajo de las cuatro personas de la familia que durante más de 70 horas han participado en la elaboración las piezas de bordado.

A las seis de la mañana paran el trabajo para comer tortilla y frijoles, la dieta obligada porque Cecilia es madre soltera y el salario no alcanza para otro tipo de alimentos. Su marido, el padre de sus hijos, emigró a Estados Unidos y allá se desentendió de sus responsabilidades. Además, con el pago por piezas bordadas[1] apenas alcanzan a cubrir el 39 por ciento de la canasta básica alimentaria. Los niños se bañan con agua recogida de la lluvia del día anterior y van a la escuela, porque Cecilia quiere un futuro diferente para su familia e insiste en que sigan yendo todos los días, aunque tengan que ayudarla con el bordado.

Ya en la soledad, Cecilia hace las tareas de la casa y se vuelve a sentar a bordar. Recuerda que cuando empezó con este trabajo ya tenía a su hijo mayor y decidió salirse de la maquila donde trabajaba, porque necesitaba cuidar de él. La empresa llegó a su comunidad buscando mujeres con responsabilidades familiares que quisieran un trabajo que les permitiera tener tiempo para ocuparse del cuidado de la casa y la familia, como si esto no fuera suficiente trabajo. Aun así, Cecilia no lo dudó ni un momento. Decidió, junto con muchas mujeres del cantón, aprender este oficio y así tener ingresos económicos y cuidar a su familia. Le vendieron la idea perversa de que tener un trabajo flexible era lo mejor para las mujeres que deben cuidar de otras personas y de la casa. De eso ya pasaron quince años.

Salud y derechos

Cecilia ahora ya no puede bordar la misma cantidad de piezas que antes. Tiene dolor en las articulaciones del hombro y la muñeca, la vista cansada e hipertensión, pero, pese a sus enfermedades, ella no puede ser atendida en el Seguro Social, la red hospitalaria y de clínicas de salud a la que todas las personas trabajadoras en el sector formal de la economía tienen derecho. Tampoco podrá cobrar jubilación, porque no cotiza para la pensión. Estos dos derechos básicos le están negados pese a ser trabajadora desde hace quince años de una empresa que goza de todos los beneficios estatales para estimular la inversión: exportar libre de aranceles, excepción de impuestos y demás beneficios que la ley les garantiza al empresariado salvadoreño y transnacional.

Ya es hora del almuerzo y Cecilia continúa con su jornada laboral. Se levanta para poner a cocer arroz y papas. Sus hijos llegan de la escuela y todos juntos comen un almuerzo de carbohidratos en su totalidad. Les dará energía por un rato, porque después de comer y limpiar la cocina deberán de nuevo sentarse a bordar. No hay tiempo que perder para garantizar que las veinte piezas que Cecilia se comprometió a bordar en una semana estén hechas a tiempo, con todas las especificaciones dadas por la supervisora y según una foto del diseño, impresa en papel, que se le entregó a modo de muestra.

Detrás hay grandes empresas

Las maquilas textiles que tienen esta modalidad de trabajo a domicilio son varias en el país. Operan bajo el régimen de zona franca para beneficiarse de todos los incentivos fiscales y la gran mayoría de su fuerza laboral no está dentro de sus instalaciones, sino diseminada en las zonas rurales de varios departamentos de El Salvador. De esta manera, desvergonzadamente, se ahorran una gran parte de los costos de producción, ya que no deben invertir grandes sumas en energía eléctrica, agua potable, infraestructura, cotizaciones laborales y demás prestaciones de ley.

Pagan miserables salarios a las bordadoras por vestidos que son comercializados en Europa y Estados Unidos como producto hecho a mano, vendiéndose cada uno por precios que oscilan entre los 40 y los 160 dólares. Ellas no ven reconocidos sus esfuerzos y afanes por entregar un trabajo de calidad, ni por los empresarios maquileros ni por el Estado salvadoreño y sus instituciones, que debería tutelar los derechos humanos laborales de las trabajadoras a domicilio.

La aguja que continúa

Son las cuatro de la tarde. Duele el cuello, la cabeza y las manos. Dejan el bordado y se levantan un rato de la silla para hacer café y hablar de la escuela y las tareas, organizarse para hacer la cena y distraer un poquito la mente y el cuerpo. Oscar, el segundo hijo de Cecilia, le pregunta por qué nunca juega con ellos y Cecilia se traga las lágrimas con un sorbo de café y se levanta para que durante quince minutos sus hijos y ella jueguen con una pelota.

Pasa el juego y vuelve la realidad. Los hijos de Cecilia hacen sus tareas escolares y la cena mientras que Cecilia sigue bordando, recordando que la empresa les ha repetido una y otra vez que no son trabajadoras de ellos y por eso no les pueden dar las prestaciones de ley ni salario mínimo. Se enfurece al recordar que en Navidad abrió un sobre que le dieron como aguinaldo y dentro sólo había veinte dólares. Recordó que a otra compañera le dieron cinco dólares y que durante todo el año varias veces no le pagaron el trabajo diciendo que estaba sucio, pero igual se lo llevaron para la fábrica. Cecilia está segura de que esas piezas las limpiaron y las cosieron al vestido y que éste fue vendido, pero a su compañera no le pagaron nada. Es una historia que se repite.

Investigación y concienciación

Es de noche, sus hijos duermen. Cecilia borda, está indignada pero esperanzada porque ahora sabe que tiene derechos y dignidad. Hace ocho años se empezó a organizar, conoció a Mujeres Transformando, organización que en El Salvador trabaja por la defensa de los derechos de las mujeres bordadoras a domicilio. En este proceso participó en talleres de derechos laborales, donde aprendió que como trabajadoras tienen derechos que la Constitución de la República reconoce. Ha aprendido que sus compañeras y ella tienen una relación laboral con la empresa y que, por lo tanto, la empresa tiene responsabilidad para con ellas; y a la par que han tomado conciencia de clase trabajadora, han tomado conciencia de género, reconocen que son parte de un género que el patriarcado discrimina. Por tanto, ya saben que el estar insertas en este tipo de trabajo no es una casualidad, que obedece a un sistema que oprime y discrimina a las mujeres. Ahora su autoestima y autonomía están fortalecidas. Se ha vinculado con otras bordadoras de todo el país y se ha dado cuenta de que no sólo son las bordadoras de su cantón las que están en condiciones de expoliación.

Mujeres Transformando es una organización feminista que surgió hace once años con el objetivo de organizar a las obreras de la maquila textil y fortalecer la cultura de respeto de los derechos humanos laborales en el país. Las estrategias implementadas han pasado por la organización de las mujeres trabajadoras, la formación y capacitación, la investigación y finalmente, la incidencia política. En este caminar junto a las obreras, Mujeres Transformando se encontró con las bordadoras a domicilio y decidió adentrarse en esta realidad tan desconocida, también para la misma institución. Decidió conocer la realidad de Cecilia y las otras bordadoras, tan dura, de tanta precariedad y violación de derechos, desconocida hasta para las mismas instancias tuteladoras de derechos.

La constatación de esta realidad hizo surgir en Mujeres Transformando la necesidad de evidenciar estas situaciones. Es así como la organización emprende la elaboración de una investigación con entrevistas a más de 300 bordadoras. Una investigación para hacer visible lo invisible: el rostro, la vida y la realidad de las bordadoras a domicilio.

En esta investigación, cincuenta bordadoras participaron en un diagnóstico con médicos laborales, buscando determinar si existía una vinculación entre sus problemas de salud y su empleo. Los resultados obtenidos establecieron que existe esa relación y que muchas de las lesiones musculo-esqueléticas de las bordadoras son irreversibles, por lo que es urgente que sean absorbidas por la seguridad social, para que ellas puedan recibir atención médica y una pensión por su incapacidad laboral.

Además, de este esfuerzo investigativo surge una interesante vinculación de los diferentes grupos de bordadoras, rompiendo así con el aislamiento e invisibilización que incluso entre ellas existía. Muchas de ellas deciden organizarse en Mujeres Transformando y emprenden un proceso de fortalecimiento personal y de capacitación para desarrollar su liderazgo en defensa de sus derechos.


Fotografías: Mujeres Transformando.

La campaña

Cecilia ahora es parte activa de la campaña Haciendo visible lo invisible: la realidad de las bordadoras a domicilio[2], una campaña impulsada por Mujeres Transformando que tiene como objetivo romper con la invisibilización de este trabajo tan precario, identificar y denunciar a las empresas maquiladoras con esta modalidad de trabajo, vincular a las bordadoras de todo el país y sensibilizar y generar opinión pública favorable en torno a la mejora de las condiciones laborales de estas mujeres.

La implementación de esta campaña, con un enfoque integral, consta de diferentes acciones. Por un lado, se han elaborado dos investigaciones, de las que ya hemos hablado, para documentar y hacer pública la realidad de las mujeres bordadoras. Se han diseñado materiales publicitarios para autobuses y creado anuncios radiofónicos. Durante todo un año, la compañía Teatro del Azoro trabajó con las bordadoras para elaborar el guion de una obra que recogiera testimonios, expresados a través de cuatro monólogos que representan la vida de las mujeres bordadoras. Esta obra se ha presentado en diferentes zonas del país, generando opinión pública en torno a este empleo, sus condiciones y consecuencias.

Por otro lado, la campaña ha posibilitado encuentros entre bordadoras y el acercamiento de las mismas a las instancias tuteladoras de derechos. Esto ha permitido que las bordadoras hayan planteado reformas al Código de Trabajo que posibiliten tutelar de mejor manera sus derechos. Han entregado al Ministerio de Trabajo una propuesta de Protocolo de Inspecciones para el Trabajo a Domicilio, como una herramienta necesaria para que el Ministerio pueda realizar inspecciones en los puestos de trabajo de las bordadoras. Ahora, como próximo paso, enfilan sus fuerzas hacia la Asamblea Legislativa, para que aprueben las reformas y también ratifiquen el Convenio 177 de la Organización Internacional del Trabajo, sobre el trabajo a domicilio.

A través de todas estas acciones se ha puesto rostro e historia a esos bellos vestiditos hechos con las manos hábiles de mujeres salvadoreñas, mujeres que ahora se organizan, proponen y demandan al estado y a las empresas para que sus derechos sean los mismos que tienen todas las personas que laboran para las maquiladoras textiles.

De esta forma, Cecilia está lista para participar en las diferentes acciones que la campaña exige. Se ha reunido ya con la Ministra de Trabajo y con el Procurador de Derechos Humanos, y su testimonio de fuerza y valor lo ha compartido a través de entrevistas de radio y televisión. Ya no teme. Está convencida de que su lucha es justa y espera, más pronto que tarde, empezar a ver resultados.

Al mismo tiempo, continúa trabajando. A las once de la noche, Cecilia deja el bordado y se va a la cama. Sueña con la certeza de que se avecinan tiempos de cambios, donde ella tendrá un trabajo en condiciones dignas y un futuro mejor para ella y para sus hijos. Acompañemos esos sueños y esa lucha desde el lugar donde nos encontremos.

Por Montserrat Arévalo Alvarado es Directora Ejecutiva de la Asociación Mujeres Transformando.www.mujerestransformando.org.

Notas

Un dólar con 75 centavos por pieza, aproximadamente. Varía según distintos factores.
Las organizaciones e instituciones que han participado y apoyado la campaña son: Bizkaiko Foru Aldundia/ Diputación Foral de Bizkaia, Gipuzkoako Foru Aldundia/ Diputación Foral de Gipuzkoa, Bilboko Udala/Ayuntamiento de Bilbao, Paz con Dignidad, Setem y Brücke-Le pont.

Silvia Federici autora de Calibán y la Bruja. “Creo que sigue teniendo lugar una caza de brujas”

Silvia Federici / BÁRBARA BOYERO

Aquí compartimos fragmentos de casi dos horas de conversación intensa con esta profesora y activista, junto con Laura ‘Gaelx’ y Carolina León.

DIAGONAL: En Europa, y especialmente en el sur, estamos experimentando unos procesos de privatización y cercamientos como los que, describes en tu libro, tuvieron lugar en los orígenes del capitalismo.

SILVIA FEDERICI: Sí, creo que sigue teniendo lugar una caza de brujas. En EE UU, durante los últimos 20 años, las políticas implementadas por los Estados constituyen un ataque económico muy directo sobre las mujeres.Hay dos tendencias que están afectando a la posición de las mujeres y socavan su autonomía, en contra de la idea de que ahora la mujer goza de una mejor posición social. Una es la falta de inversión en reproducción social y los recortes sociales desde los ‘70 hasta ahora.

Todos estos recortes en sanidad y ámbitos reproductivos, como el cuidado de los niños y ancianos, tienen un fuerte impacto sobre las mujeres. Esta situación demanda mucho más trabajo no pagado que ahora las mujeres tienen que hacer. Al mismo tiempo, ha crecido toda una campaña ideológica que pretende controlar la vida de las mujeres, su sexualidad, su cuerpo, un esfuerzo mayor por controlar la capacidad reproductiva de las mujeres. En varios Estados se criminaliza a las mujeres si pueden “probar” que estando embarazadas han puesto en riesgo la vida del feto que están gestando. Y desde luego la cuestión del aborto es muy importante. Algunos Estados han introducido en la ley que si quieres abortar tienes que realizar antes una prueba de sónar transversal, que consiste en insertar un instrumento en tu útero para poder obtener una imagen más nítida del feto con el propósito de hacerte sentir mucho más culpable.

D.: De modo que los cuerpos de las mujeres siguen siendo objetivo de los cercamientos capitalistas.

S.F.: Siempre digo que los cuerpos de las mujeres constituyen la primera y la última frontera que el capitalismo tiene que colonizar.

D.: ¿Por qué crees que la cuestión de los comunes está hoy en el centro de la discusión política?

S.F.: La cuestión de los comunes tenía que estar en el centro de la discusión, y ha sido llevada ahí porque a lo largo del mundo se ha impulsado la privatización de todos los espacios, del patrimonio natural, etc. Hasta el punto de que si no se paran estas tendencias pronto no tendremos acceso, salvo a través del dinero, a los mares, a las playas, ¡incluso a las aceras! No sólo se ha privatizado tierra y bosques, sino también el conocimiento; ésa es una de las cuestiones clave ahora mismo.

Otro factor son las luchas, sobre todo de la población indígena de América Latina y África, como respuesta directa al colapso y a los ataques a los sistemas comunales. La lucha de los zapatistas ha sido muy importante para traer la discusión sobre los comunes a los países industrializados, en los que la cuestión de la tierra no era tan importante. Estos desarrollos, que de alguna manera fueron activados por el proceso de reestructuración de la economía global, han forzado a la gente a tomar conciencia de la importancia de las relaciones comunales.

D.: ¿Pueden los comunes ser una alternativa al sistema público-privado, o sólo un apoyo a lo público?

S.F.: Hoy en día lo público está siendo privatizado por el Estado. No lo controlamos, no tenemos capacidad de opinar en su gestión. Por eso lo público no es lo común: lo común es una gestión comunal de esta propiedad, desde la base, cuando creas formas de organización e instituciones que establecen este tipo de control y las reglas. Porquecuando tienes comunes, hay que tener reglas, no sólo en términos de derechos sino también de reciprocidad, del cuidado que hay que proporcionar al espacio, la tierra o los conocimientos. Estamos en el proceso de articular las formas de relación y las instituciones que necesitamos para tener comunes que sean genuinos, que no sean cooptados y usados para, de algún modo, salvar el capitalismo.

D.: ¿Qué tiene el feminismo que decir sobre la cuestión de los comunes?

S.F.: A escala global, las mujeres han tenido una presencia muy importante en la defensa y producción de los comunes (porque no es sólo una cuestión de defensa, también lo es de producción, de producir nuevas realidades), y dado que, por mejores o peores razones, han estado muy involucradas en los procesos de reproducción y han tenido menos acceso a los ingresos monetarios, han tenido un interés especial en luchar contra la destrucción de, por ejemplo, el patrimonio natural.

Otro elemento que me interesa mucho es cómo organizamos los hogares. Las mujeres han revolucionado todas sus relaciones: familiares, personales, de reproducción, etc. Tenemos que repensar ese espacio desde la perspectiva de los comunes, reabrir el debate. Es una cuestión que implica también repensar el espacio, las actividades, la relación entre el hogar y el vecindario...

D.: ¿Cómo valoras el movimiento Occupy?

S.F.: Ahora es un movimiento internacional, por lo que es muy difícil generalizar. Pero soy bastante optimista. Me siento muy animada por el hecho de que se reconozca que la cuestión de la reproducción es central. De que hay que ponerla en el centro de nuestra organización, incluso en la forma en que nos organizamos. Porque hay formas de organizarse que hacen que para mucha gente sea imposible participar, y esto ha sido uno de los problemas de los movimientos en los que predominan los hombres, y en los que sólo si tenías entre 18 y 30 años, estabas sano y sin personas a tu cargo, podías participar. Esa política ha sido, finalmente, insostenible, porque supone la exclusión de mucha gente. El movimiento Occupy se ha dado cuenta de eso. Creo que eso es un cambio cualitativo muy importante, que la vida en común está introduciendo nuevos elementos en la organización política que son esenciales.

Hay que empezar a responder a nuestras necesidades, y eso implica que cuando te juntas para hacer política, te juntas en un sentido mucho más amplio, no sólo en un sentido abstracto de ser político y “no traigas aquí tus problemas personales”. En los últimos dos o tres años hemos estado hablando de que no queremos un movimiento que suba como una olla a presión y luego baje, sino un movimiento que pueda ser sostenible y crecer. Y que tenga muchos espacios, que ofrezca a todo tipo de gente la posibilidad de participar, que pueda responder a las necesidades particulares que tiene la gente y que no te obligue a compartimentarte para poder hacer política.

D.: ¿Crees que el hecho de que hayamos puesto la reproducción social en el centro se debe a que hay una crisis económica?

S.F.: Sí, sí, ahora la gente tiene que buscarse la vida más allá del salario. Todo eso se vuelve muy importante cuando tu salario o tu pensión se recortan un 30%, y tienes un montón de nuevos impuestos, con lo que el dinero no llega ni a mitad de mes.

D.: ¿Cómo hacer sostenible la gestión comunal en la actualidad?

S.F.: Uno de nuestros principales problemas es cómo hacer real la idea de los comunes, con tantas posibilidades de ser cooptados. Una forma de mantenerse para mí en la dirección correcta es darse cuenta de que comunes (commons) significa antes que nada desarrollar un interés común para la comunidad (commoning).Esto nos lleva a descartar cuestiones que dividan: por ejemplo, no podemos tener comunes que excluyan a los inmigrantes.

Una de las fuerzas más poderosas del capitalismo es la habilidad para crear diferentes regímenes de trabajo y acceso, para confundir y dividir. Muchas veces no somos conscientes de lo que se hace, porque estamos en una posición relativamente segura. La producción, la distribución y el consumo se separan de modo que sólo podemos ver una parte. Y éste es uno de los grandes poderes del capitalismo. Esta preocupación tiene que estar en el centro, porque los comunes no tratan sólo sobre un trozo de tierra, sino que tratan de acabar con las divisiones y las jerarquías que separan a la gente. No queremos ninguna prosperidad y ninguna revolución que se realice con el coste del sufrimiento de otra gente. Ése tiene que ser el principio de los comunes.
Historiadora feminista

Silvia Federici es en la actualidad profesora de la Hofstra University de Nueva York. Esta historiadora ha sido activista feminista desde los años ‘60, cuando participó en los debates sobre la importancia del trabajo doméstico, trabajo invisible y no remunerado, un tema que le sigue preocupando y que piensa que habría que “reabrir” desde la perspectiva de los comunes. Su paso por Nigeria, donde trabajó como profesora durante varios años en la década de los ‘80, le permitió estudiar el impacto de las políticas de ajuste del FMI y el Banco Mundial en África. Gracias a esta trayectoria ha conseguido desarrollar una investigación reveladora sobre los procesos de expropiación de cuerpos, recursos y saberes desde los antecedentes del capitalismo hasta la actualidad.


Fuente: Periodico Diagonal

CUATRO CONCEPTOS

Introducción a la obra de Silvia Federici

LOS COMUNES

Los comunes son un sistema de gestión que no es ni público ni privado, por el cual una serie de bienes pertenecen a y son gestionados por una comunidad. Estos bienes pueden ser tanto materiales (tierras, ríos, etc.) como inmateriales (conocimiento, cultura...). Los bienes comunales surgen durante el feudalismo, pero hoy todavía encontramos ejemplos de gestión comunal: en zonas rurales de España existen tierras y recursos que se gestionan en comunidad.

CERCAMIENTOS

Estos mecanismos de expropiación de los bienes comunes son, para Federici, un rasgo estructural del capitalismo. Si en Europa durante la Edad Media el capitalismo avanzó gracias a la expropiación de las tierras comunales que permitían subsistir al campesinado, ahora políticas como los planes de ajuste estructural del FMI cumplen la misma labor, privatizando no sólo tierras comunales sino también todos aquellos servicios que garantizan la reproducción social.

CAZA DE BRUJAS

La cacería y quema de cientos de miles de brujas en los siglos XV y XVI, en Europa y el Nuevo Mundo, fue tan importante para el desarrollo de la sociedad capitalista moderna como la colonización, el comienzo de la esclavitud o la expropiación de las tierras comunales al campesinado, según la tesis de Federici. La caza de brujas también constituye un intento feroz de destruir el poder que habían ejercido las mujeres sobre su capacidad reproductiva, que resulta demonizado.

ACUMULACIÓN ORIGINARIA

Federici desarrolla el concepto acuñado por Marx para señalar que este proceso intrínseco al capitalismo y necesario para su nacimiento (concentración previa de capital y de trabajo, y separación de los trabajadores de los medios de producción) afectó de forma especial a las mujeres. Este periodo sangriento generó una nueva división sexual del trabajo: los hombres se encargan del trabajo productivo y salarizado y las mujeres de tareas reproductivas, que pasan a ser un trabajo invisible y no pagado.