noviembre 07, 2009

Di NO - ÚNETE para Poner Fin a la Violencia...


"Una de cada tres mujeres y niñas puede sufrir abusos en el transcurso de su vida." Contamos contigo para contribuir al cambio. Pasa a la acción. Dí NO – ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres Nicole Kidman, Embajadora de Buena Voluntad de UNIFEM

Di NO – ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres es un llamado mundial a la acción para eliminar la violencia contra las mujeres.

La meta inicial es alcanzar un millón de acciones en noviembre de 2010, instando a los gobiernos de todo el mundo a convertir la eliminación de la violencia contra las mujeres en una prioridad máxima.

Cada acción cuenta, ya sea realizar voluntariado en un refugio de mujeres, hacer donaciones, realizar actividades de divulgación entre estudiantes o promocionar mejores leyes y políticas. Cada acción es contabilizada en www.dinoalaviolencia.org para mostrar la corriente de compromiso que existe sobre el tema.

Niñas: el aborto ’no’ es un asesinato

Prefiero empezar afirmando que comprendo muy bien la inquietud de algunas personas a la hora de abordar, a veces con poca información, una reflexión, una opinión o -lo más importante y general- un sentimiento sobre la interrupción voluntaria del embarazo en el caso de las adolescentes.

Pocos saben que España es uno de los países con la edad de consentimiento sexual (recogida en el Código Penal) más baja del mundo: 13 años. El inicio en las relaciones sexuales de nuestros adolescentes se produce, según la estadística, a los 16 años, pero los últimos estudios especializados aseguran que conviene estar prevenidos a partir de los 13 o 14, tanto en el caso de los chicos como en el de las chicas (3ª Encuesta sobre sexualidad y anticoncepción de la juventud española-2008. Equipo Daphne en colaboración con Bayer Schering Pharma).

A pesar de que España es uno de los países europeos donde más se utiliza el preservativo (el 60% de los jóvenes), casi el 30% de los chicos reconocen que no siempre lo usan, elevando así la exposición al riesgo.

Los datos nos muestran que, en los últimos años, han aumentado tanto los embarazos como los abortos en mujeres adolescentes (de 1997 a 2007, la tasa de abortos en adolescentes se ha duplicado, según el informe sobre interrupción voluntaria del embarazo del Ministerio de Sanidad-España 2007).

Aunque muchos padres y madres prefieren pensar que sus hijas no están incluidas en todas estas estadísticas, lo cierto es que muchas chicas de 15, 16 y 17 años mantienen relaciones sexuales y, por tanto, pueden encontrarse con una situación no deseada y, generalmente, traumática a esa edad: un embarazo.

El objetivo de la sociedad adulta, de los poderes públicos, del sistema educativo y, sobre todo, de los padres y madres, debe ser evitarlo. Para ello, existen muchas fórmulas y medios; el fundamental es el diálogo, la conversación sin prejuicios, la información y la existencia de un espacio de confianza y respeto con las adolescentes. Todas esas herramientas son siempre mejorables pero, cuando todo falla y las chicas deciden no seguir adelante, no existe mejor solución que acudir al sistema sanitario, seguro y solvente.

En la mayor parte de los casos, las menores que se someten a una interrupción voluntaria del embarazo suelen hablarlo con sus padres (sobre todo con sus madres). Según los datos oficiales, el porcentaje de jóvenes menores de 18 años que abortan no alcanza ni el 5% del total, y la inmensa mayoría va acompañada de sus padres. (En 2007 interrumpieron su embarazo 14.807 mujeres de entre 15y 19 años. Las menores de 15 que acudieron a una interrupción voluntaria del embarazo fueron 500).

En un momento así, lo que las niñas buscan -y necesitan- es apoyo y cariño. Lo mejor para ellas, sin duda, es encontrarlo en su familia. Pero, desgraciadamente, no siempre es posible... Existe un reducido número que jamás lo dirá en casa por distintos -y, muchas veces, poderosos- motivos. Para esas jóvenes, las que se encuentran más solas y son más vulnerables, está pensada la medida que reforma la Ley de Autonomía del Paciente, resolviendo que no sea determinante el acuerdo paterno.

Si no es así, ¿qué alternativa tenemos?, ¿es, acaso, razonable mantener que las chicas no tengan capacidad para decidir abortar y sí para decidir ser madres -sin consultarlo, tampoco-? ¿Es preferible que por miedo, o por falta de recursos a su alcance, se vean abocadas a proseguir un embarazo que no desean? ¿O las dejamos, solas, buscar una salida clandestina para interrumpir la gestación?

Tampoco es una buena opción lanzar mensajes tan dramáticos como hipócritas ("La barriga es una zona libre de pena de muerte" o "Mamá, no me mates") que pretenden cargar sobre la conciencia de niñas y mujeres, la idea de que el aborto es un asesinato. No es verdad. Es tan sólo la verdad de los que consideran que hay vida en el mismo momento de la fecundación y anteponen el derecho del embrión al derecho de la madre, o que profesan una determinada fe o religión o filosofía. Pero la interrupción voluntaria del embarazo, según la legislación española actual, así como en la reforma propuesta (y la europea comparada, por cierto), no es un asesinato.

Las personas que, por su propia conciencia, rechazan el aborto son perfectamente respetables, tanto como quienes lo defendemos. Pero el límite de lo que es legal y, por lo tanto, aceptado por la sociedad, se establece en el Parlamento, residencia de la soberanía popular. La ley que ahora comienza su tramitación en las Cortes no obliga a nadie a abortar, ni a ocultar a los progenitores un embarazo o un aborto. Pretende, sencilla y rigurosamente, mejorar la protección y las garantías para las mujeres y los/las profesionales, adaptar la norma a la realidad española y acabar con algún supuesto que ha dado lugar a verdaderos abusos.

Imaginemos que una chica de 16 años se queda embarazada sin haberlo querido y que, tras pensarlo, decide abortar en los plazos y supuestos que establece la ley, ¿no es cruel que, además, tenga que cargar con la fe o las creencias de otros, con la presión exagerada de aquellos que siempre han negado a las mujeres la posibilidad de elegir? Porque de eso se trata: de que las niñas y las adolescentes reciban una educación, una atención y un mensaje de toda la sociedad que rompa con siglos de miedo y dependencia y, a cambio, les ofrezcamos seguridad y autonomía, los mejores instrumentos para la responsabilidad y para la libertad.


Fuente: El País

La próxima semana en Entredós

"Aquellas de hablar tan profundo, tan intenso, cuyas voces se

filtran suavemente por detrás de las cosas y las levantan y las

bañan dulcemente, y cogen las palabras entre sus manos y

las posan con infinita delicadeza muy cerca de las cosas

para llamarlas y mecerlas, sin tirarlas ni apremiarlas. Hay

mujeres que hablan para velar y para salvar."

Hélène Cixous, citada en La agenda de las

mujeres fotógrafas, horas y Horas, Madrid, 2001.


El lunes 9 de noviembre

¡Hoy no abrimos!


EL MIÉRCOLES 11

A LAS 20.30 HORAS

Presentación del libro

Mapa infantil para un juego de damas.

Poemas para conocer la situación de la infancia en España,

editado por Plataforma de Infancia.

A cargo de Iciar Bosch


Al cuidado de Marina Tapia Pérez


"(...) El fin de esta publicación es dirigirse a las niñas y niños que conviven en las aulas, con una invitación a jugar con las palabras de forma libre y respetuosa desde distintos lugares, culturas y acentos.


'Juego de damas' es una expresión que puede entenderse en un doble sentido; por una parte, hace referencia a modos de hacer protagonizados por mujeres que históricamente y en el presente evocan relación, belleza y cuidado amoroso, dejando fuera la violencia, y por otro lado evoca también un juego de mesa tradicional que usa el mismo tablero que el ajedrez.


En el juego de damas las fichas se mueven con gran libertad por el tablero sin tener que ajustarse a las restricciones complicadas y excluyentes del ajedrez, en el cual está asignado un papel determinado a cada ficha y están mucho más limitadas las posibilidades de movimiento. Por eso, el título de este material evoca la creatividad, la ligereza, el juego y la libertad a través de la creación poética, que es sinónimo de belleza y de búsqueda de significados para entender el presente.


La poesía, motivo central de esta publicación, en la que han participado poetas de distintas procedencias geográficas y lenguas, es una forma de trabajar en el aula cultivando la palabra y la relación y desplazando la violencia y la discriminación."


* Intervendrán las poetas Nieves Álvarez, Marina Aoiz, Carmen Carrasco, María Jesús

Fuentes, María Jesús González, María José Marrodán, Felisa Paz y Marina Tapia,

acompañadas por la música de Miguel Malla.



El jueves 12

a las 20 horas

Se reúne el grupo Compartir poesía

Al cuidado de María García Zambrano

En este espacio, cada poeta podrá mostrar a las otras su propia creación, así
como el proceso que la ha llevado a escribir cada poema. Es también un lugar para
compartir poemas escritos por otras mujeres que nos emocionan, que nos hacen
reir y llorar. En definitiva, es un espacio para sacar a la luz la originalidad de cada una,
para aprender y disfrutar de la riqueza existente en nuestra disparidad y para apuntar
hacia donde nos guien nuestros deseos y nuestras palabras...


El viernes 13


a las 20 horas

LAS TERTULIANAS

Al cuidado de Pilar Mateo

Las Tertulianas es un grupo de debate quincenal en el que se abordan,

desde una perspectiva feminista, diferentes temas elegidos de sesión en sesión.



El sábado 14, de 10 a 14 horas


Taller de



* Para inscribirte, llama al 91 522 00 22 o escríbenos un mail a entredos@unapalabra otra.org

Las parejas pueden ser sólo de mujeres o mixtas.


A las 20 horas

Inauguración de la exposición


Al cuidado de Almudena Albi Parra


"Mi obra va más allá de lo puramente estético: concibo en cada creación la cotidianeidad de la experiencia. Plasmo un mundo femenino que arranca de placeres primitivos y dinámicos, de mujeres que se sienten al máximo, que se mueven sensuales en continua provocación. Hurgo como un microscopio, en las raíces del sentimiento, en el cosquilleo de lo inexplicable.


No me atraen los métodos calcográficos tradicionales: esculpo las matrices, me lanzo al vacío sobre la piedra litográfica, sin bocetos, y juego con el collage en un proceso breve pero ciertamente intenso."


Myriam Cea



¡Que paséis un buen puente!


Raquel (Coordinadora de Entredós)


Fundación Entredós
C/ Marqués Viudo de Pontejos, 4
Madrid 28012
Tel. 91 522 00 22
entredos@unapalabraotra.org
www.unapalabraotra.org/entredos

noviembre 06, 2009

Mujeres y espacio público: El peligro acecha

A veces porque miran / porque callan / porque piensan, se delatan / A veces porque cuentan / porque lloran / o porque no entienden nada. Víctor Manuel, "El club de las mujeres muertas"

Las ciudades crecen y los espacios se achican para las mujeres. El miedo a circular, el miedo a salir de casa va restringiendo nuestras posibilidades de interactuar en el espacio público y por tanto tiene impacto en su ejercicio de derechos. Las mujeres en el espacio urbano nos vemos constantemente sometidas a distintos tipos de violencia que en realidad constituyen un continuum de lo que sucede en el espacio privado y que tiene que ver con el orden de género establecido, con las relaciones desiguales de poder que se dan en la sociedad, con la dominación de un sexo sobre el otro.

El espacio público, la calle, la plaza, la combi se transforman en los límites de las posibilidades de las mujeres al estar impregnados de un sentido masculino de pertenencia. Las mujeres, debido a estar expuestas permanentemente a situaciones de violencia, sólo por el hecho de ser mujeres, nos retraemos a los confines del hogar, en donde tampoco se tienen todas las seguridades, pues no hay que olvidar los altos índices de violencia de género que se dan en el espacio privado, pero como en nuestros imaginarios es el nido de protección de la familia, entonces nos volcamos hacia él, viviendo una especie de encierro, enajenando nuestra movilidad y nuestras posibilidades de interactuar socialmente.

Salir a la calle, sobre todo en las noches, se va transformando en una especie de odisea que nos obliga a repensar en estrategias que reduzcan las posibilidades de vernos agredidas. Cuidar la ropa con la que salimos, no movernos de una forma determinada para no parecer que provocamos, tomar sólo taxis seguros, no caminar en lugares algo desolados para no "provocar" el ataque, como podrían acusarnos. Nuestras estrategias de protección están imbuidas de culpabilización, pues a las mujeres nos han metido en la cabeza que si somos atacadas en el espacio público, algo seguramente hicimos mal, ergo es nuestra responsabilidad. Como lo señala María Naredo, "las mujeres desde pequeñas, hemos interiorizado el peligro y hemos aprendido que nuestro comportamiento es determinante a la hora de librarse de él. En suma, hemos aprendido a estar continuamente en guardia respecto a nosotras mismas." (1)

¿Qué habrá pensado la joven María Paola Vargas cuando vio al grupo de jóvenes varones que se subieron a la combi, enardecidos, dueños de un territorio en el que saben moverse? ¿Qué terror histórico se activó que la obligó a querer salir de ese espacio jerarquizado por la dominación masculina y exigir que parara el carro para bajarse? ¿Qué habrá pensado el chico que la empujó y la mató cuando vio que en un arranque de autonomía, pese al miedo que seguramente la invadía, ella quiso librarse del control que había impuesto el grupo en ese pequeño espacio?

La combi en que se suscitaron los hechos es el espejo en miniatura de lo que sucede en la ciudad, lo que las inequidades, las percepciones y subordinaciones de género provocan y de lo que se habla muy poco, definiendo este caso como un problema aislado o de un grupo de desadaptados, "violencia de las barras bravas", el nombre lo dice todo, y no como un problema que va más allá y que tiene que ver con toda la sociedad y no sólo con un grupo, como lo señala Ana Falú: "Estos jóvenes varones son quienes, desde la experiencia de la calle y el barrio, aprenden desde niños sobre las jerarquías y también sobre el lugar en el cual colocan los cuerpos de las mujeres. A la segregación del espacio se superpone una división sexual, que también jerarquiza los territorios, que define los que deben ser ocupados por varones y no permitidos a las mujeres." (2)

Este caso extremo no debe desviar la atención de las múltiples situaciones que conforman lo que se ha denominado la inseguridad ciudadana y que si bien afecta a todas las personas, las mujeres las vivimos de una manera particular por los elementos que ya hemos anotado. Precisamente el ser mujer se conforma en un elemento clave de vulnerabilidad y nos hace víctimas potenciales, y lamentablemente muchas veces reales, de las formas más inverosímiles de violencia, como los asaltos en lugares aparentemente seguros como un taxi, la manoseada en el bus, el golpe del chofer de la combi a la policía que lo cita, los insultos del chofer en plena circulación que te grita "mujer tenías que ser", lo difícil que resulta tomar un micro con un hijo en brazos y miles de otras de las cuales seguro cada mujer tiene un nuevo ejemplo.

Esto ha significado que las mujeres interioricemos los límites de movimientos que nos ha impuesto el achicamiento de espacios públicos, lo que nos encierra y tiene su impacto en nuestro ejercicio de ciudadanía, resultando por tanto en la práctica en una merma de nuestra autonomía. Esta especie de consenso que se ha generado según el cual las mujeres son las que tenemos que cuidarnos, protegernos comportándonos de determinadas maneras para prevenir lo que nos pueda ocurrir en el espacio público no es otra cosa que una manifestación de la violencia simbólica que nos hace aceptar que las cosas son así, legitimar de alguna forma lo que sucede como algo natural e inmodificable.

En ese sentido, si es que asumimos la posición de que la violencia es el camino invariable que van a seguir las grandes ciudades y que la respuesta es enfrentarla con más violencia o con un endurecimiento de medidas, llegando incluso a persuadir con perdigones a los grupos que la generen, como lo propuso el presidente de la República, tendremos como resultado que la gente se encierre más y que las mujeres perdamos más aún la movilidad, convirtiéndose todavía más la ciudad en miles de pequeños reductos incomunicables y excluyentes. Se corre el riesgo de desarrollar más los miedos hacia los otros, las otras, los y las pobres, los y las diferentes, los y las jóvenes.

Por ello, las medidas que se tomen, y que urgen, tienen que dirigirse a prevenir, a educar, a sensibilizar y tienen que ser el resultado de diversas articulaciones entre las organizaciones sociales, los diferentes niveles del Estado y las propias mujeres, que deberían contar con espacios de expresión y propuesta de cómo quieren vivir en sus ciudades. Sensibilizar sobre las implicancias de la violencia de género, empoderar a las mujeres como sujetas de derechos, trabajar con los jóvenes y las familias las relaciones y las pérdidas de sentido de pertenencia que se generan en contextos de permanente lucha por la sobrevivencia, de desestructuración familiar, de pérdidas de referentes es fundamental, así como posibilitar que se creen espacios de interacción seguros para las mujeres, que cuenten con asistencia cuando se requiera, un número, un código de auxilio, un 911 a la limeña. Generar confianza en las instituciones es asimismo fundamental. Es lo que nos convencerá que vivimos en democracia y que somos realmente consideradas ciudadanas. ¿Sabemos a qué número acudir si nos sentimos en peligro? ¿Confiamos en los que nos darán la asistencia? En una ciudad como Lima, llena de publicidad que ensalza su belleza, que nos dice que "Lima está linda" y que "persigue el futuro", el compromiso debería hacer de ella una ciudad libre de violencia de todo tipo. Lima estará realmente linda cuando las mujeres podamos a cualquier hora salir y movilizarnos sin correr riesgos y cuando el compromiso del alcalde, de las instituciones de protección de derechos y de la ciudadanía sea evitar que otras mujeres, otras jóvenes sean violentadas, asaltadas, asesinadas por el hecho de ser mujeres y subir el sábado por la tarde a una combi.

Por Rosa Montalvo Reinoso

madamrosa1@gmail.com

La Ciudad de las Diosas

Notas:

(1) Citado en Alejandra Massolo (2005): Género y Seguridad Ciudadana: el papel y reto de los gobiernos locales, Seminario Permanente sobre Violencia. PNUD – El Salvador

(2) Ana Falú (2009): "Violencias y discriminaciones en las ciudades", en Mujeres en la ciudad: De violencias y derechos. Red Mujer y Habitad de America del Sur. Ediciones Sur

BRASIL: Candidatas presidenciales, entre el hierro y la flor

Con la participación de fuertes candidatas a la Presidencia de Brasil, la irrupción de cuestiones de género parece inevitable en el escenario preelectoral de la potencia latinoamericana.

El inédito escenario es un campo de experimentación para elementos emblemáticos de género, como el estímulo a una mayor participación femenina en la política o el compromiso de una agenda que garantice los derechos de las mujeres.

Todavía no son candidatas oficiales, pero sus partidos ya las lanzaron al ruedo político y las encuestas las incluyen con importantes intenciones de voto.

La primera es Dilma Rousseff, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), aspirante a suceder al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, su gran promotor.

La acompaña Marina Silva, combativa activista ambiental, ex ministra de Medio Ambiente de Lula y actualmente en las filas del opositor Partido Verde.

La tercera, y de la que más se duda la confirmación de su candidatura, es Heloísa Helena Lima de Moraes Carvalho, del Partido Socialismo y Libertad, una escisión del PT. Ella finalmente podría optar por postularse nuevamente como senadora.

En Brasil son simplemente Dilma, Marina y Heloísa Helena, porque así se las conoce y se las menciona habitualmente.

Son tres mujeres "competitivas" en el panorama previo a las elecciones de octubre de 2010, dijo a la socióloga IPS Fátima Pacheco Jordão, directora de Data, el Núcleo de Estudios de TV Cultura, entre otros cargos.

Jordão recordó que Brasil ya tuvo candidaturas femeninas, pero "no candidatas competitivas" como las actuales, que pertenecen a "partidos fuertes", "con mensajes consistentes", "respaldo económico" y con posibilidades de triunfo.

Las tres tienen entre cinco y 20 por ciento de intención de voto, aunque todavía lejos del 40 por ciento del favorito en las encuestas, José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña.

"Hay una masa inédita de electores predispuestos a votar mujeres", resaltó la analista, y lo confirman diversos sondeos de opinión.

Una encuesta realizada en febrero por la encuestadora Ibope y otras instituciones mostró que nueve de cada 10 brasileños votaría por una mujer y 83 por ciento considera que la presencia de mujeres en el poder mejora la actividad política.

"No hay impedimento o rechazo a la elección de una mujer como presidenta de la República", dijo a IPS Ricardo Guedes, responsable de Sensus.

Una encuesta realizada por ese instituto de opinión pública en 2007 sobre diferentes prejuicios sociales, dio la primera señal en esa dirección, cuando 57,4 por ciento de entrevistados dijeron que votarían a una mujer para presidenta y 29,3 por ciento que lo harían "dependiendo de la persona".

Es un panorama novedoso, según Jordão, en que resulta inevitable que emerja la cuestión de género según avance la campaña electoral y pasen a usarse, por ejemplo, referencias, maneras o imágenes vinculadas al género.

Dilma, actualmente jefa de la Casa Civil de la Presidencia --una especie de primera ministra-- ya dio señales en ese sentido, recordó Jordão, que citó su reciente defensa ante las críticas sobre su permanente presencia en la inauguración de obras públicas.

La ministra se comparó con una cocinera que muestra sus platos una vez terminados. ¿Por qué no mostrar una obra, de una hidroeléctrica por ejemplo, también terminada? se preguntó, antes de considerar que las críticas existían por ser una mujer quien lo hace.

Para Jordão ésta es una referencia simbólica de género, porque evoca la imagen tradicional de la mujer "escondida" en la cocina, y se pregunta "por qué los hombres sí pueden y las mujeres no".

La cientista política Patricia Rangel consideró que la diversidad de candidaturas femeninas es "extremadamente positiva" por lo simbólico y por la posibilidad que una presidenta representaría en cuanto a derechos y garantías para las mujeres.

En el plano simbólico mencionó que una candidata presidencial "representa un cambio de paradigma político y contribuye al proceso de reconocimiento del sujeto político mujer".

Según Rangel, del Centro Feminista de Estudios y Asesoría (Cfemea), la "sociedad patriarcal reproduce la idea de que política es cosa de hombres", y las candidaturas femeninas son positivas en la medida en que "cuestionan los estereotipos y funciones asignadas a las mujeres".

Brasil fue uno de los primeros países latinoamericanos en conceder a las mujeres el derecho al voto, pero tiene uno de los peores niveles de representación femenina en cargos públicos, según datos de la Unión Interparlamentaria Mundial.

En febrero de 2009, en promedio las legisladoras representaban algo menos de 20 por ciento de los parlamentos del mundo. En Brasil, en cambio, la proporción era de nueve por ciento en la Cámara de Diputados y 12,3 por ciento en el Senado.

Eso ubica a este país de más de 190 millones de habitantes en el puesto 106 del ranking mundial.

Cifras de Cfemea de este mes indican que sólo hay tres gobernadoras en los 27 estados brasileños y 504 alcaldesas en 5.555 municipios.

Para Rangel, varios factores favorecen la poca participación, como dar prevalencia al papel de madre y esposa sobre el activismo político, las provocaciones que soporta la mujer en el ejercicio político, o las exageradas exigencias respecto de los varones.

"Las mujeres tienen que mostrarse más capaces que los hombres para ser aceptadas y si llegan a altos cargos se les exige mucho más", reflexionó.

DE HIERRO O FLORES AMAZÓNICAS

La participación de la mujer en el trabajo y en la política es fruto de un largo recorrido en Brasil, pero los estereotipos continúan moldeando el imaginario colectivo.

Se trata de estereotipos negativos y positivos, según la encuesta de Ibope, porque 74 por ciento de los entrevistados consideraron que más participación femenina en la política traería más honestidad, más compromiso con el electorado y más capacidad administrativa.

Rangel estableció dos estereotipos básicos respecto de las mujeres políticas.

El de "mujer dulce", que la presenta como un gueto femenino dentro de la masculina política y perpetúa su papel tradicional, o el de "mujer de hierro", que ignora la "postura femenina adecuada" y puede ser estigmatizada como "masculinizada".

En política, las mujeres pueden perder autoridad si adoptan patrones "femeninos", y se arriesgan a la desaprobación social si se pliegan a los esquemas "masculinos", sintetizó Rangel.

Este último es el caso de las candidatas presidenciales, "que conquistaron la autoridad a costa de la desaprobación social".

"¿Quién no oyó decir que Dilma no tiene dulzura o que Marina es fea y seria, como si esos fueran criterios relevantes para la carrera política?", se preguntó.

A la hora de analizar la confluencia inédita de candidatas, los expertos coinciden en que no se origina en el deseo de beneficiarse de los "estereotipos positivos" sobre las mujeres en la política.

Jordão explicó que incidieron factores más pragmáticos, como la capacidad de Dilma de dar continuidad a la obra de un gobierno altamente valorado, al ser la mano derecha de Lula.

Rangel destacó que Marina y Dilma, por su labor en el gabinete, escaparon al tradicional nicho de las políticas en los gobiernos brasileños, que las vincula a lo doméstico y al cuidado, al asignarles áreas como educación o asistencia social.

En Dilma prevalece también el que Lula la perciba y muestre como una "ejecutiva", opinó Guedes. Acerca de que las encuestas la sitúen al "límite del rechazo" del electorado, el experto lo atribuyó sobre todo a su falta de "empatía política" y de "carisma".

NO BASTA SER MUJER

Símbolos de un nuevo paradigma político, amargas o dulces, flores o minerales, la presencia de mujeres candidatas no es suficiente, subraya el movimiento feminista.

Jordão consideró que la adhesión a una candidatura femenina dependerá de algunos compromisos programáticos, como la defensa de la legalización del aborto y los derechos reproductivos, o el combate a la violencia contra la mujer.

La asesora de Cfemea no ve que haya una ecuación automática entre "más mujeres en el poder y más derechos para la colectividad femenina".

Rangel recordó que el movimiento feminista considera que "no sirve solamente elegir a más mujeres, sino a más mujeres con conciencia de género, o sea con conciencia de su situación de marginalización y de desigualdad".

En cualquier caso, las candidaturas femeninas abren el espacio para abordar en la campaña temas de la agenda de género, como trabajo y jubilación, licencia por maternidad y paternidad, estabilidad, erradicación de la violencia o salud reproductiva.

Está por verse si las candidatas "usan y abusan" de esta agenda. Para Rangel hasta ahora no hubo un discurso de género claro, e incluso figuras como Marina, contraria al aborto por razones religiosas, "prefieren evitar estos temas".


Por Fabiana Frayssinet
Foto Crédito Ofea
Fuente: IPS

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