abril 17, 2014

Mujeres, justicia y ciudadanía


En la actual coyuntura se ha situado el tema de la justicia en la agenda mediática. Diversas instancias que rigen la vida institucional, política y jurídica de la sociedad guatemalteca han tomado decisiones que han precipitado acontecimientos y provocado diversas reacciones en torno a cuestiones que nos atañen como ciudadanas; por ejemplo, la polémica por la limitación del período del mandato de la actual Fiscal General,Dra. Claudia Paz y Paz, o la resolución que el Tribunal de Honor del Colegio de Abogados emitió y que incluye la suspensión temporal de la Jueza Yassmin Barrios, en el ejercicio de su profesión.

Estos casos emblemáticos por la notoriedad y el actuar de las funcionarias, permiten preguntarnos por conceptos como la justicia y cómo afecta nuestras vidas. Entre columnas de opinión, expresiones en las redes sociales y foros públicos se nos plantea que la justicia va más allá de la aplicación de normas y del seguimiento de procesos formales, que es un valor construido social e históricamente que, como la democracia por ejemplo, deja fuera a muchas personas por su origen, sexo, identidad, opción o compromiso político, ocupación, ubicación social o geográfica. Es decir, no es un concepto neutro ni exento de sesgos como se pretende mostrar desde quienes ejercen diversos poderes.

La justicia, desde una mirada amplia, no se refiere sólo a resolver las denuncias por delitos tipificados legalmente, aspecto que por supuesto es sustantivo porque implica el resarcimiento de daños a quienes han sido víctimas de abusos y/o agravios a su dignidad e integridad. La justicia va más allá, se vincula con la noción de ciudadanía, con el conjunto de derechos que esta conlleva y con las posibilidades reales de ejercerla.

Basta una observación rápida de la situación y condición de las mujeres en nuestro país para concluir que existen graves rezagos en la garantía de sus derechos más básicos: a la vida, por la enorme cantidad de muertes violentas de mujeres; a la integridad, porque es abrumador el número de casos –denunciados o no- de abuso y violaciones, embarazos no deseados como resultado de esa violencia sexual; a la salud, como lo muestran los altos índices de desnutrición, de embarazos en adolescentes o de mortalidad materna; a la educación, porque si bien más niñas y mujeres tienen acceso a la escuela y a la universidad, muchas no gozan de este derecho debido a la pobreza y a los roles de cuidado que les son reservados socialmente; al trabajo porque ellas están ubicadas mayoritariamente en trabajos precarios y poco valorados; a la participación cívico-política y a la expresión, ámbitos en los que es evidente la disparidad y la desventaja de las mujeres.

Con estos datos no es difícil deducir que el acceso de las mujeres a la justicia enfrenta numerosos obstáculos, y que aun siendo el cincuenta y uno por ciento de la población no son consideradas ciudadanas plenas. En el imaginario social el lugar de las mujeres sigue siendo la casa y su ocupación principal, el cuidado de otros y otras.

La justicia no es abstracta ni es ciega como idealmente desearíamos, se expresa en diversos ámbitos y situaciones marcadas por relaciones de poder. Con esa mirada es que podremos explicarnos por qué dos mujeres como Claudia Paz y Paz y Yassmin Barrios, que se suman a otras que han reivindicado el derecho a la justicia social, política, penal, económica, ambiental –entre otras Rigoberta Menchú, RosalinaTuyuc, Helen Mack, Nineth Montenegro, Rosario Cuevas+, Aura Farfán, Yolanda Oquelí, Lolita Chávez- están en el ojo del huracán, recibiendo un trato patriarcal que los medios recogen y difunden. Frases descalificadoras que banalizan el accionar de las mujeres al fijarse en su apariencia, en lugar de focalizar el análisis en el desempeño de sus cargos, posturas que expresan la renuencia de muchas personas a aceptar las capacidades, aportes y la autoridad de las mujeres. ¿Es esto justo?


Por Ana Silvia Monzón, Socióloga y comunicadora feminista. Cofundadora de Voces de Mujeres
Lolita Chávez, lideresa indígena. 
Imagen tomada de librerialavoragine.com

En el centenario del nacimiento de Alaíde Foppa 
celebramos su palabra.
(3 de diciembre 1914-3 de diciembre 2014)

Los pies
Ya que no tengo alas, 
me bastan 
mis pies que danzan 
y que no acaban 
de recorrer el mundo.

"Pensamientos, Reflexiones, Rabias y Protestas". Ensayos feministas de Tere Mollá


portada definitiva
Se trata de un libro recopilatorio de artículos y ensayos sobre diversos temas con mirada feminista y de perspectiva de género, algunos publicados en diversos medios, algunos de nuevo cuño. La autora, Tere Mollá, tiene una trayectoria contrastada en el mundo de la formación y comunicación feminista y de coeducación.

“Pensamientos, Reflexiones, Rabias y Protestas” recopila más de 130 artículos, agrupados en 11 categorías temáticas como “Comunicación”, “Igualdad”, Las Crónicas del viaje que la autora hizo a Palestina, “Política” o Violencia contra las mujeres.

El libro tendrá 280 páginas aproximadamente y encuadernación en rústica. Con el objetivo básico del crowdfunding se financiará una tirada limitada de 100 ejemplares, aunque el precio de las recompensas nos permitirá cubrir la impresión de ejemplares adicionales si los/as micromecenas así lo demandan.

LA AUTORA
Tere Mollá, se define como mujer, trabajadora, feminista, de izquierdas, republicana y atea. Es formadora en temas de igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, en prevención de violencia de género y Coeducación (con más de 8 años de experiencia). Desde siempre ha preferido la formación on-line que es en donde tiene mayor experiencia.
Le gusta escribir y lo lleva haciendo como comunicadora de opinión desde hace más de diez años. Mantiene el blog “Mujeres sabias y brujas” en el que vuelca casi todo lo que escribe. Además, escribe con columna propia en varias agencias de noticias como CIMAC (México) y La Independent (Catalunya).

Colabora asiduamente con la revista digital E-mujeres.net (en donde también tiene blog propio, Amecopress.net (Madrid), Mujeresenred.net y de forma habitual o puntual con otros medios de comunicación del Estado Español como de otros lugares de mundo, especialmente América Latina.

Fue directora y promotora del programa de radio “Persones diverses” entre 2008 y 2011. Estos programas eran mensuales y todavía pueden ser escuchados en este enlace.

LA CAMPAÑA
Con vuestras aportaciones financiaremos la producción del libro recopilatorios de los artículos (impresión, maquetación...), así como la promoción de la campaña.

Esta campaña de Crowdfunding se inicia el 8 de Marzo, dada la significación feminista de la fecha, acorde con la temática del libro. Esto significaría completar la campaña de crowdfunding para principios de Mayo y entregar las recompensas, incluidos los libros, en una presentación a realizar a finales del mes. En este tiempo producimos los libros que ya estarán listos para imprimir. Las recompensas que tengan que enviarse por correo se enviarían a lo largo de Junio 2014.

ENLACES DE LA AUTORA


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abril 16, 2014

El imperativo del cuidado

Un editorial por Magdalena Sepulveda Carmona, Relatora especialsobre la extrema pobreza y los derechos humanos, y John Hendra, Subsecretario General de las Naciones Unidas y Director Ejecutivo Adjunto, Oficina de Políticas y Programas de ONU Mujeres.

En las discusiones que se llevan a cabo en el seno de las Naciones Unidas sobre una agenda de desarrollo mundial que pueda suceder en el 2015 a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), pareciera existir acuerdo en que la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres debieran ser componentes esenciales de la nueva agenda.

Existe una amplia evidencia de que en los países donde se ha logrado una mayor igualdad de género en el empleo y en la educación, existen también índices más altos de desarrollo humano y crecimiento económico. Asimismo, existe consenso en que el empoderamiento de las mujeres es esencial para reducir la pobreza y mejorar los resultados en materia de salud pública.

Muchos defensores de la igualdad de género promueven la inclusión de objetivos relativos a un mayor acceso de las mujeres a las oportunidades de trabajo y la iniciativa empresarial, así como un aumento en la participación política de las mujeres. Sin perjuicio, de que estos son objetivos loables que debieran incluirse, con frecuencia estas iniciativas no tienen en cuenta un factor estructural de la desigualdad de género: la abrumadora carga de trabajo no remunerado que asumen las mujeres en los hogares y en las comunidades de todo el mundo.

Se trata del trabajo que realizan cocinando, limpiando y cuidando a los otros, y que en muchos países en desarrollo, incluye también el recoger agua y combustible para el consumo del hogar. Este tipo de trabajo, que es uno de los pilares de nuestras sociedades, les demanda una enorme cantidad de tiempo. En África subsahariana, por ejemplo, las mujeres y las niñas dedican 40 mil millones de horas al año a recoger agua, esto es el equivalente a un año de trabajo de toda la fuerza laboral de Francia.

Esta desigual distribución del trabajo de cuidado es consecuencia de los fuertes estereotipos de género que aún persistentes en nuestras sociedades y representa un enorme obstáculo para lograr igualdad de género y para que exista igualdad de condiciones entre los hombres y las mujeres en el disfrute de los derechos, tales como el derecho al trabajo decente, el derecho a la educación, el derecho a la salud y el derecho a participar en la vida pública.

El trabajo de cuidado no remunerado a menudo impide que las mujeres puedan buscar un trabajo fuera del hogar. Por ejemplo, un estudio en América Latina y el Caribe mostró que más de la mitad de las mujeres de entre 20 y 24 años no buscan trabajo fuera del hogar debido a la carga de trabajo que tienen con las tareas domésticas. Asimismo, cuando las mujeres tienen acceso a un trabajo remunerado, éste puede no ser suficiente para empoderarlas si continúan siendo las principales responsables de las tareas de cuidado, lo que significan que en la práctica, realizan un "segundo turno laboral" en sus casas después de terminada su jornada laboral remunerada.

La desproporcionada carga de trabajo de cuidado también limita las oportunidades de las mujeres para avanzar profesionalmente así como su nivel salarial y aumenta las probabilidades de que las mujeres terminen en un trabajo precario e informal.

Los estereotipos de género que sitúan a las mujeres como únicas responsables de las tareas de cuidado también impactan negativamente en los hombres, quienes sufren la presión social de tener que ser los "proveedores", proporcionando a su familia financieramente en lugar de cuidar de ellos más directamente.

El derecho de las niñas a la educación también se ve perjudicado. En los casos más extremos, las niñas son obligadas a dejar la escuela para ayudar con las tareas domésticas, el cuidado de las y los niños más pequeños u otros miembros de la familia. Con frecuencia, las niñas ven limitadas sus opciones de lograr igualdad en la educación debido a que sus responsabilidades domésticas les dejan menos tiempo que los varones para estudiar, establecer redes o realizar actividades extracurriculares. Sin igualdad de oportunidades educativas, las mujeres y las niñas se ven impedidas de acceder a trabajos remunerados, empleos decentes, que les permitan escapar de la pobreza.

En última instancia, la distribución desigual del trabajo de cuidado socava los esfuerzos para el desarrollo. Las mujeres que viven en situación de pobreza no tienen acceso a la tecnología que podría aliviar su trabajo y a menudo viven en lugares que no cuentan con una infraestructura adecuada, tales como agua corriente o electricidad. Por consiguiente, su trabajo de cuidado no remunerado es especialmente intenso y difícil.

La falta de tiempo también afecta el empoderamiento político y social de la mujer - ¿cómo se puede esperar que las mujeres asistan a reuniones comunitarias o de formación de liderazgo si no hay nadie más para cuidar de sus hijos o a sus familiares enfermos en casa?

El cuidado es un bien social positivo e insustituible, es la columna vertebral de todas las sociedades. Proporcionar cuidado puede traer grandes recompensas y satisfacciones. Sin embargo, para millones de mujeres en todo el mundo, la pobreza es su única recompensa por una vida dedicada al cuidado de los otros.

El trabajo de cuidado no remunerado es el eslabón que falta en los debates sobre empoderamiento, derechos de las mujeres e igualdad de género. Si no se toman acciones concretas para reconocer, apoyar y compartir el trabajo de cuidado no remunerado, las mujeres que viven en situación de pobreza no podrán disfrutar de sus derechos humanos ni de los beneficios del desarrollo. Se debe reconocer que esta distribución desigual no es natural, es evitable y trae consecuencias negativas para nuestras sociedades.

Avanzar en el tema de cuidado requiere un cambio cultural a largo plazo. Sin embargo, la agenda de desarrollo post-2015 puede hacer una contribución importante si reconoce el trabajo de cuidado como una responsabilidad social y colectiva, como un tema importante de derechos humanos, y como un elemento esencial para la reducción de la pobreza a nivel mundial.

Los Estados y los demás actores de desarrollo deben tomar medidas concretas para reducir y redistribuir la carga del trabajo de cuidado de las mujeres, tales como mejorar los servicios públicos y la infraestructura en las zonas más desfavorecidas, invertir en tecnologías de uso doméstico asequibles, proporcionar prestaciones de apoyo tales como servicios de cuidado infantil (guarderías y salas cunas) y establecer incentivos para que los hombres tomen un rol más activo en las tareas de cuidado.

En nuestros esfuerzos para lograr un desarrollo equitativo y sostenible, no podemos apartar la mirada de las mujeres en la cocina, junto a la cama de los enfermos, y en el pozo de agua. Por el contrario, hoy más que nunca nuestro avance depende de reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidado no remunerado. La formulación de la nueva agenda de desarrollo post-2015 es un buen lugar para empezar.

Fuente: Onumujeres

Economia Feminista

Las estrechas relaciones entre capitalismo y patriarcado se reflejan en los mecanismos de control de los cuerpos y de las relaciones humanas.El feminismo ha apuntado cómo los roles de género y su papel como marcador de diferencia se articulan de forma compleja con la fuerza de trabajo y las relaciones de producción.El trabajo doméstico y las relaciones en el núcleo de la familia, la distribución de la renta entre los hombres y las mujeres, así comoel acceso de las mujeres a la tierra y al crédito para el financiamiento de la producción, son temas de interés de las economistas feministas.

Su horizonte de trabajo es el cuestionamiento de la historia y desarrollo del modelo económico capitalista y del lugar del patriarcado dentro deeste. Cuestionan así el predominio dela economía neoclásica en los cursos de economía. Las feministas irrumpen con una crítica del mantra delajuste estructural, al mirarlo desde su impacto diferenciado en hombres y mujeres.Elaboran y proponen una política del fortalecimiento de las mujeres y de la superación de las desigualdades de género.

En entrevista con el CLAM, la periodista chilena Rocío Alorda, especialista en Comunicación Política, participante dela Marcha Mundial de las Mujeres-Chile, introduce la crítica delos modelos económicos del punto de vista de las economistas feministas.

¿Cómo entender el paradigma económico desde una perspectiva degénero?

La economía capitalista es el único paradigma hoy estudiado en la mayoría de los centros educativos a nivel mundial. Ellos parten del principio de un individuo –imaginado como‘hombre’–, motor de la economía, con preferencias y opciones totalmente racionales y explicables por el deseo de maximizar su utilidad al mínimo costo. Las opciones racionales y egoístas de los individuos se complementarían con comportamientos altruistas en la familia, que en este modelo sería el lugar destinado a las mujeres.

Las feministas cuestionamos la división sexual del trabajo que define el capitalismo, en donde los hombres estarían destinados a las labores productivas y públicas y las mujeres deberían abocarse a las actividades reproductivas y del ámbito privado. Estas relaciones de poder económico destinan a las mujeres a un lugar de invisibilidad, al desconocer su aporte a la economía. A su vez, limitan sus posibilidades de autonomía económica. Esa labor reproductiva que las mujeres realizan no es valorada por la sociedad. Al contrario, es vista como una labor menor. Sin embargo, si no existieran sujetos que las realizasen, sería imposible la vida humana.

El paradigma económico actual es inequitativo y depredador. Es inequitativo porque, a la vez que reduce a hombres y mujeres a ámbitos de acción distintos, mantiene condiciones inequitativas estructurales. En Chile, por ejemplo, las mujeres ganan un tercio menos que los hombres. Aunque se formen y tengan estudios de posgrado, aún con título de doctora, obtienen menores ingresos que sus compañeros con la misma formación académica.

Este modelo también depreda el medioambiente y los bienes naturales. Su efecto se traduce en las crisis de escasez que hoy vivimos. En el mundo rural, la depredación de los bosques nativos, la contaminación de las aguas, las semillas transgénicas y el uso de agrotóxicos dañan a las familias campesinas y especialmente a las mujeres, quienes viven directamente los costos del modelo. Las trabajadoras asalariadas del campo sufren la intoxicación producto de los agrotóxicos; la pequeña producción campesina familiar se ve imposibilitada por la llegada de las semillas transgénicas que la vinculan a una serie de costos nuevos para la agricultura tradicional. Las mujeres recolectoras ya no tienen recursos para su subsistencia debido a que los bosques nativos fueron sustituidos por monocultivos.

¿Cómo enfrentar esos desafíos con las herramientas del análisis feminista?

Las economistas feministas hacen una serie de críticas al modeloeconómico vigentepero también una serie de propuestas. La primera es visibilizar el valor del trabajo doméstico, como elemento clave para el desarrollo de la vida humana, que no es responsabilidad exclusiva de las mujeres sino de todos quienes conviven en las familias. Otro elemento clave es la defensa de la autonomía económica de las mujeres como una posibilidad de no depender de otro, que por lo general es un hombre: el padre, el marido o el hijo.

Entender que el capitalismo se complementa con el patriarcado como forma de dominación estructural y cultural permitirá generar vías emancipadoras para las mujeres, lograr espacios de autonomía económica y organizarse colectivamente para aquello.

¿Qué ejemplos ilustran esa perspectiva?

En su libroO trabalho das Mulheres,Miriam Nobre habla de la apertura comercial y la situación de las mujeres. Hay estudios que establecen correlaciones entre el índice del desarrollo por género y el índice de la apertura comercial. El primero está integrado por variables como la diferencia salarial entre hombres y mujeres, las diferencias en la escolaridad y la esperanza de vida. Para Nobre, si estableciéramos una correlación positiva entre uno y otro, la interpretación directa sería que cuanto mayor es la apertura comercial, mayor el nivel del desarrollo por género, mejor la situación de las mujeres. La diferencia salarial entre mujeres y hombres es un indicador complejo. Esta diferencia puede disminuir porque cayó el salario medio de los hombres o porque aumentó la diferenciación entre las mujeres, con un sector de ellas que ganen más aumenta el promedio femenino del salario. Por lo tanto no es posible afirmar que la situación de todas las mujeres mejora como resultado directo de este índice.

Al establecer una correlación entre variables que pretenden representar realidades tan amplias,el o la economistaestá tomando una decisión política. Si existe una política anterior bien escogida, no hay solo matemáticas involucradas en el análisis. Pero un modelo económico establecidootorga legitimidad a una hipótesis, que se desdobla en argumentos y en políticas como la de los acuerdos de apertura comercial, por ejemplo el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas).

¿Cómo se visualiza la subestimación de las mujeres en la economía actual?

Hay una experiencia muy clara al respecto, que fue investigada por la directora de Anamuri, Mafalda Galdames. En el archipiélago de Chiloé, una provincia ubicada al sur de Chile con más de 130.000 habitantes, declarado el ‘Centro de Origen de la Papa’, son las mujeres quienes han llevado a preservar en este archipiélago las distintas variedades de papas nativas a través de una herencia campesina mantenida durante décadas.

Es tan evidente el menoscabo de esta labor, que cuando la mujer tiene las papas en su hogar, estas no tienen significado comercial ni el valor que se le asigna automáticamente cuando es solicitada para el laboratorio. Allí pasa a tener el valor que le asigna el hombre científico, aunque la mujer agricultora, campesina o indígena le haya otorgado un nombre, una clasificación y un destino específico de uso alimentario.

En general, las encuestas de hogares campesinos subestiman las faenas agrícolas de las mujeres como actividad económica del hogar. Las actividades complementarias, como el trabajo de la recolección de frutos silvestres o algas y productos marinos, se ignoran. No se registra el trabajo que realizan las mujeres en la huerta familiar o en múltiples actividades de vital importancia para el desarrollo de la producción agropecuaria como es alimentar animales, preparar comida para otras personas o comercializar productos artesanales. Desde este punto de vista, desde que tiene memoria, la mujer campesina ha estado presente en las labores agrícolas, pero su participación en el mercado siempre ha estado supeditada a la decisión masculina.

¿Qué otros aspectos caracterizan la economía feminista?

El universo de análisis de la economía dominante se limita a cómo se mueve el comercio, el gobierno o el mercado donde circula dinero. La economía feminista extiende este universo considerando aquél que se da sin ser estrictamente monetario, como el universo comunitario. Los valores que mueven al homo economicus derivan, según la economía neoclásica, de la escasez de recursos en la sociedad, ya que en la competencia por estos recursos, cada agente busca ser lo más eficiente posible sin importar los costos asociados.

Para las economistas feministas, otros valores deben regular las relaciones económicas; por ejemplo, la reciprocidad, la solidaridad y la cooperación. Para eso reflexionamos a partir de la teoría y la práctica para buscar formas de lucha y aportar a la construcción de un modelo económico sustentable, solidario, justo y antipatriarcal.

Contraponiéndose a la idea de la mano invisible, se propone la idea de una economía que considere el cuidado y las tareas de la reproducción. Mirando la economía en su totalidad se ven otros valores que hacen que las personas se muevan, tomen decisiones y no se reduce solamente a la competencia y la eficiencia.

¿Cuál sería el aporte fundamental de la economía feminista?

El aporte de la economía feminista es amplio pero se centra principalmente en hacer visible la contribución de las mujeres a la economía, la que ha sido ocultada y desvalorada por el modelo. Produce investigaciones y acciones que consideran el trabajo de una forma más amplia, incluyendo el mercado informal, el trabajo doméstico, la división sexual del trabajo en la familia, e integran la reproducción como fundamental para nuestra existencia, incorporando la salud, la educación y otros aspectos relacionados como temas legítimos de la economía.

Otro aporte son las estadísticas que cuantifican el trabajo no remunerado de las mujeres en la familia y en la comunidad y las incluyen en las cuentas nacionales, en los cálculos del producto interno bruto y en los presupuestos.

Por ejemplo, en la comuna de Chonchi, en la Isla de Chiloé, el Centro de Educación y Tecnología, (CET) creó el Banco de Semillas de Papas Chilotas para rescatar las diversas variedades de papas e incentivar su producción y preservar el recurso genético de ellas. Este centro organizó a las mujeres que integran el programa de rescate y cuidado de las papas nativas de Chiloé. Ellas son reconocidas por su comunidad y por sectores del ámbito universitario y académico. En los mercados locales y centros comerciales donde entregan sus productos también son valoradas por el trabajo productivo y económico que ellas realizan. Esas nuevas relaciones inspiran un sistema equitativo y una alianza perdurable de la sociedad civil basada en el respeto, el conocimiento y el trabajo entre hombres y mujeres para un comercio justo.

A través de los diferentes testimonios, nos queda la certeza de que han sido las mujeres las que han logrado recuperar especies en vías de extinción y situar a las papas nativas en el lugar que se merecen, las mesas de los mejores restaurantes. En general la comercialización no ha sido la finalidad primera; ha surgido con la valorización del sabor y el aporte nutritivo que cada especie le ha otorgado a los diferentes platos que se han ido descubriendo y de manera casi paralela a su redescubrimiento como un bien común de la humanidad.

Las preguntas frecuentes son: ¿cuál es el lugar de los hombres y de las mujeres en el mercado del trabajo?, ¿por qué las mujeres están concentradas en determinados espacios, generalmente los menos valorizados o los peor remunerados?, ¿cómo se explica la diferencia salarial entre hombres y mujeres?…

Definir un rol de hombres y mujeres en la economía implica naturalizar los géneros que estarían condicionados para el desarrollo de ciertas actividades económicas. Creemos que es importante alejarse de esas teorías esencialistas y comprender que el lugar en que se ha situado a las mujeres en la economía es una estrategia de dominación que, por un lado busca limitarlas al espacio privado, y por otro, reducir sus posibilidades de autonomía.

Pero la desigualdad no se debe solamente a esto, sino también al hecho de que a las mujeres culturalmente se las ha responsabilizado del cuidado de los niños y los adultos mayores; por lo tanto ellas actúan orientadas por lo que varios expertos y expertas han denominado“sabiduría de la conciliación”, haciendo que las mujeres “elijan” el trabajo informal o jornadas menores de manera de poder conciliar el trabajo con el cuidado de la casa y de los niños.

También está el tema de la calificación. Las mujeres están bien preparadas para las funciones que ejecutan por medio de su socialización de género; sin embargo sus capacidades se naturalizan y son desconsideradas en la remuneración del trabajo.

Como teoría que encarna perspectivas emancipatorias, ¿qué aspectos comúnes encuentra entre el marxismo y la teoría económica feminista?

Hay aspectos comunes, pero también hay diferencias. Acá me acojo a lo que expuso Miriam Nobre durante la Marcha Mundial de Mujeres. La crítica feminista a la economía marxista se basa en la centralidad de este enfoque en las relaciones de producción capitalista, marginando el trabajo doméstico y las actividades de reproducción ya que, según Marx, no producen valor.

A diferencia de los economistas neoclásicos, que ubican el valor en la utilidad de la mercancía producida, para Marx, solamente el trabajo humano crea valor. Así como distingue el valor de uso de una mercancía de su valor de cambio –cuantificado en horas de trabajo humano en condiciones sociales e históricas dadas–, también distingue el trabajo productivo para la sociedad del trabajo productivo para el capitalismo. De esta forma Marx consideraba el trabajo doméstico no productivo para el capital, en la medida en que éste no producía valor de intercambio, aunque siga siendo productivo para la sociedad.

No obstante, la teoría y el método marxista son de gran utilidad a las feministas por ellugar de la historicidaden el mismoy por incorporar procesos no económicos como la política y la cultura en el análisis de la realidad; aun más cuando los y las feministas se proponen mirar la realidad no sólo desde el género, sino también desde la articulación entre la clase, el género y la raza.

Un punto común entre el marxismo y la teoría económica feminista es el sentido de intervenir para cambiar la realidad. La teoría feminista tiene la intención de crear instrumentos para transformar a la sociedad y para luchar contra las desigualdades y el marxismo también tiene el objetivo de transformar la realidad a través de la acción colectiva y de considerar la importancia de una ciencia social con visión liberadora y transformadora con base en esa acción.

¿En qué consisten las propuestas de autonomía económica del movimiento feminista?

Es necesario hacer un cambio de paradigma, en donde primen los valores de la cooperación, la solidaridad en vías de lo comunitario. Como feministas hemos reflexionado sobre cómo revertir esas relaciones de poder perverso que instala el modelo capitalista, que se traduce en estrategias de resistencias, de transformaciones y de defensa de los bienes comunes. Vemos en la autonomía económica una importante posibilidad para que las mujeres tomen vías de empoderamiento que las logre alejar de los espacios de dominación, de la violencia y la mercantilización de los cuerpos femeninos y de los territorios. Existen muchas experiencias que se enfocan en ese camino: desde las mujeres campesinas que resisten en sus comunidades ante la instalación de los proyectos mineros y de las centrales hidroeléctricas, las mujeres que en sus poblaciones se organizan para producir alimentos o buscar mejores trabajos remunerados, las mujeres que se forman y deciden salir de los círculos de pobreza. Todas esas expresiones están direccionadas a fraccionar el modelo para generar vías emancipadoras para todos y todas.

Fuente: Clam

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