junio 25, 2018

Presentan primera Encuesta Nacional de Jamaica sobre Violencia de Género

"Su esposo ocupa un puesto destacado, funciona como predicador y diácono laico ..." Me mudé del dormitorio principal a la habitación de invitados. Después de unos días, y después de las oraciones, él entró y quería tener sexo. Me negué y él cerró las puertas para que los niños no pudieran oír y él hizo lo que quería conmigo. Me sentí violada. Lo superé porque reflexioné sobre el hecho de que él es mi esposo, pero todavía estoy enojada hasta el día de hoy. Por la mañana, ambos fuimos a trabajar como si nada hubiera pasado ".

Más de 1 de cada 4 mujeres en Jamaica ha experimentado violencia física y sexual por parte de su pareja. La primera Encuesta nacional exhaustiva de Jamaica sobre la violencia de género reveló una prevalencia del 27,8% de mujeres afectadas. Además, 1 de cada 4 mujeres (25.2 por ciento) ha experimentado violencia física a manos de un compañero.

Las estimaciones globales muestran que 1 de cada 3 mujeres en todo el mundo experimenta violencia física y / o sexual, principalmente por parte de una pareja íntima, en algún momento de sus vidas. La Encuesta de Salud de la Mujer de Jamaica (JWHS) se realizó utilizando el modelo CARICOM, que es una adaptación específica de la región del modelo mundial original de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para evaluar la prevalencia de la violencia basada en género[1].

La Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Luiza Carvalho, dijo que, con el lanzamiento del informe, se había cerrado una enorme brecha de datos. "En ausencia de datos confiables, no es posible tratar, reducir y prevenir adecuadamente la violencia contra las mujeres y las niñas. ONU Mujeres ha invertido significativamente en apoyar a los Estados miembros en el fortalecimiento de las capacidades para llenar los vacíos de datos sobre la violencia contra las mujeres y las niñas.

"Este modelo de CARICOM captura datos de prevalencia sobre la violencia contra las mujeres. Es importante destacar que también captura información sobre las consecuencias de la violencia para las mujeres, sus hijos y sus familias, las conductas de búsqueda de ayuda de las mujeres y los factores de riesgo y protección para la violencia ", agregó Carvalho. 

Realizado por el Instituto de Estadística de Jamaica (STATIN), con el apoyo técnico y financiero de la Oficina Multi país de ONU Mujeres en el Caribe y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de la Fase III del Programa de Seguridad y Justicia Ciudadana del Gobierno de Jamaica (CSJP III), el informe examina las experiencias más recientes y de toda la vida de las mujeres con violencia y abuso de la pareja íntima, así como el abuso y la violencia en un contexto no íntimo. [haga clic aquí para acceder al Informe, disponible únicamente en inglés].

Antes de esta encuesta, Jamaica no tenía una estimación confiable de la prevalencia de la violencia de género, incluida IPV². Las estadísticas no permitían examinar la violencia infligida por la pareja como una categoría discreta separada de la violencia que se produce en el hogar entre otros miembros de la familia.

Los datos mundiales muestran que la violencia contra las mujeres y las niñas afecta a todas las sociedades, clases, razas, áreas geográficas, grupos de edad y las cifras de Jamaica muestran que no hay diferencias significativas en las experiencias de vida de las mujeres que viven en áreas urbanas y en las áreas rurales. Sin embargo, la encuesta de JWHS muestra que la prevalencia actual (es decir, las experiencias de violencia física y / o sexual en los últimos 12 meses) es más alta en las áreas urbanas (6,2 vs 5,4%). La prevalencia de por vida de la violencia física en la pareja (IPV) se refiere al porcentaje de mujeres que denuncian haber sido golpeadas, abofeteadas, pateadas, golpeadas, quemadas, amenazadas o heridas con un arma por un compañero al menos una vez en su vida. Todos los grupos de edad han experimentado violencia física en la pareja (IPPV), casi un tercio (31%) de las mujeres de 25-29 años han experimentado IPPV, convirtiéndose en el grupo con la prevalencia más alta en su vida. Las mujeres en ese grupo de edad también tienen la prevalencia actual más alta, con 12.2 por ciento que han experimentado IPPV en el último año. Esta tasa es el doble de la tasa nacional de IPPV actual (estimada en 5.8%)

La violencia severa fue experimentada por el 18.2 por ciento (casi 1 en 5) de mujeres. Si bien no hubo diferencias en la gravedad de la violencia según la ubicación, el nivel de educación o el estado laboral, las mujeres que tenían 18 años o menos cuando ingresaron en su primera unión (viviendo juntas o casadas con un hombre) tuvieron el doble de probabilidades de experimentar violencia severa como mujeres que eran mayores cuando entraron en una unión residencial con un hombre. Más de un tercio de las mujeres (34.2%) que tenían 18 años o menos sufrieron violencia severa, en comparación con el 17.2 por ciento de las que ingresaron a un sindicato a la edad de 19 años o más.

Los datos también muestran que las mujeres que han estado embarazadas también son más propensas a ser sometidas a violencia severa que las mujeres que nunca han estado embarazadas. 

Jamaica es parte de siete de los nueve instrumentos internacionales fundamentales de derechos humanos y también ha aprobado legislación local para complementar los derechos y las protecciones que ofrecen estas convenciones internacionales. Además de la introducción de esta protección constitucional explícita, otras adiciones y enmiendas legislativas en la última década han mejorado la protección legal de las mujeres y las niñas en áreas que van desde los derechos de propiedad hasta la victimización sexual.

No obstante, la violencia de género sigue siendo generalizada, y las mujeres y niñas continúan sufriendo una alta tasa de victimización sexual. De hecho, la Oficina de Asuntos de Género señala que la gran incidencia de la violencia basada en el género y la violencia contra la mujer sigue siendo un obstáculo importante para lograr la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer y el desarrollo nacional.

La estrategia general de ONU Mujeres para abordar la violencia de género y su forma más prevalente de violencia contra mujeres y niñas en la región del Caribe se centra en la prevención y la respuesta: incluida la provisión de servicios esenciales de calidad y acceso a la justicia para los sobrevivientes. Se basa en la transformación de las normas, valores, actitudes y creencias culturales y sociales que respaldan la perpetuación de la discriminación por motivos de género, la desigualdad de género y la violencia de género.



Fuente: Onumujeres

Notas

[1] El Modelo de la OMS presentó una metodología y protocolos reconocidos internacionalmente para proporcionar una imagen completa del número real de mujeres que han experimentado violencia, los tipos de violencia y la frecuencia de la violencia. Con las modificaciones apropiadas a este modelo de la OMS, se desarrolló e implementó el modelo CARICOM en Jamaica.
[2] Usar la fecha administrativa para medir la violencia doméstica en Jamaica es difícil, ya que no existe una definición de "violencia doméstica" en la Ley de violencia doméstica o en la Ley contra la violencia contra la persona (Harriott y Jones, 2016, p.26), y de ahí la La policía usa definiciones variadas que pueden incluir violencia entre personas relacionadas o que viven en la misma casa

Las manadas


Con la puesta en libertad de los cinco violadores de Pamplona, la justicia ha dado un claro mensaje de su grado de patriarcalización y rechazo a las libertades de las mujeres. Ha actuado, por llamarlo delicadamente, como otra “manada”.

Una “manada” de gente que opina que a pesar de la gravedad de los hechos, estos cinco salvajes malnacidos, tienen derecho a una libertad que la víctima de sus actos ya jamás podrá tener.

Una “manada” a quien la seguridad de las mujeres, de todas las mujeres, les importa un pimiento y a quienes otorgan la responsabilidad de su autoprotección. Y en lugar de mandar un claro mensaje del posicionamiento de la justicia al lado de las víctimas, se han posicionado al lado de los agresores salvajes. Y en dos ocasiones.

Esta justicia patriarcal nos está llevando a las mujeres a armarnos de argumentos para seguir saliendo a la calle y para también exigir alto y claro la formación básica en igualdad de género y en los diferentes tipos de violencias machistas que sufrimos a diario las mujeres y las niñas. Esa formación, al igual que la revisión del corpus jurídico para despatriarcalizarlo es urgente. Y lo es porque nuestra seguridad y nuestras vidas están en peligro.

A sus señorías frufrús les da igual una violación en grupo que un asesinato siempre que las víctimas sean mujeres, claro. Siempre le buscan las vueltas para poder interpretar y aplicar las leyes en sus grados mínimos a los asesinos o violadores.

Pero eso sí, cuando es una mujer la que agrede o asesina, son implacables en todos los aspectos.

La verdad es que estoy harta, muy harta y muy enfadada por cómo se ha llevado jurídicamente todo este tema de los violadores de Pamplona. No soy abogada, como todo el mundo sabe. Solo soy una activista feminista que ha visto como, con este tema y una vez más , se han sobrepasado todas las líneas de ultraje a la dignidad de la víctima. Y con ella las de las mujeres en general.

Y ahora leo en las redes sociales como ya hay programas de televisión que están pactando entrevistas con los violadores y sus familias. Otra “manada” la de estos programas y otros medios de comunicación que pretenden justificar las actitudes de estos cinco miserables violadores y criminalizar al feminismo que ha salido en masa a las calles para protestar por la decisión de dejarles en libertad.

Recordemos que estos cinco violadores no han pedido perdón a la víctima ni han mostrado el menor arrepentimiento por sus fechorías. Recordemos que también violaron en Pozoblanco. Y también recordemos que dos de ellos son parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Las “manadas” mediáticas y jurídicas tendrán que hacer frente a las consecuencias de sus actos. Y me refiero a que en demasiadas ocasiones se les olvida que las mujeres somos consumidoras y aunque no se tenga en cuenta hay muchas letradas que son feministas y muy buenas en ambos sentidos.

Estoy harta de tener que alzar la voz por estas tropelías. Muy harta pero no queda más remedio que seguir saliendo a la calle y seguir alzando la voz para acusar directamente a todas esas manadas proteccionistas con el patriarcado a costa de la salud, de la seguridad e incluso a costa de la vida de demasiadas mujeres y criaturas.

Estoy segura que las mujeres volveremos a salir a la calles en masa como en las últimas ocasiones para recordarles a todas esas manadas que estamos aquí y que sabemos quiénes son. Que no nos quedaremos en casa por muy cansadas que estemos ante sus sentencias, sus programas, sus justificaciones continuadas de hechos que atentan contra nuestras libertad y nuestra seguridad.

La iniciativa de algunos establecimientos de Sevilla en los que se niegan a atender a todo lo que huela a estos cinco violadores me parece admirable puesto que han antepuesto su dignidad y disconformidad con los hechos a su actividad económica.

No sé cómo, pero hemos de actuar. Y lo hemos de hacer desde todos los frentes. Desde las aulas comentando la barbaridad de los hechos y condenándolos, por supuesto. Educando en igualdad desde las familias y la escuela. Mostrando públicamente nuestro rechazo a este tipo de terrorismo patriarcal que nos agrede desde todos los frentes criminalizando siempre a las víctimas y justificando a los agresores violadores y asesinos.

Desde el pasado 8 de marzo hemos salido muchas veces a las calles. Y vamos a seguir saliendo. Pero se ha de actuar desde otras instancias cambiando leyes y actitudes personales. Se ha de actuar, también, desde la revisión de los valores mediáticos revisando prioridades. Desde los propios agentes jurídicos en todos los ámbitos y niveles para que espectáculos como los del juicio de estos cinco violadores con sus abogados no solo cuestionado la verdad de la víctima, sino toda su vida, no vuelvan a ocurrir nunca. Las facultades deben formar profesionales éticos y no carroñeros a los que la dignidad, la libertad y la seguridad de las mujeres no les importa nada.

Se ha perdido una gran ocasión por parte de sus señorías frufrús de mostrar que la justicia no desprecia a las mujeres. Una ocasión donde mostrar que realmente la justicia es justa con toda la ciudadanía y no solo con los de siempre. Ahora ya sabemos que no es así, puesto que la propia justicia ha sido violada y retorcida por quienes deberían impartirla. Pero claro, la justicia, aunque sea simbólicamente, también es una mujer y puede ser abusada, violada, torturada e incluso asesinada cada vez que les convenga.

No sé cómo ni de qué manera pero voy a seguir saliendo a la calle para exigir igualdad y respeto para con los derechos de todas las mujeres. Y también denunciando a quienes actúan de esta vil manera pisoteando nuestras libertades y nuestros derechos a una vida libre de todo tipo de violencias machistas y, por lo tanto, contra la opresión patriarcal.

La Ciudad de las Diosas

junio 24, 2018

La Wonder Woman feminista resurge cuando más se la necesita

El libro de ensayo ‘Wonder Woman: El feminismo como superpoder’, de la periodista Elisa McCausland, analiza los 75 años de vida y la genealogía de la superheroína, escrita y dibujada en su mayoría por hombres que, dependiendo del contexto político y social, han temido su potencial arquetípico.

Imagen en ‘Wonder Woman: El feminismo como superpoder’, que combina la versión de Carla Berrocal con la de Natacha Bustos.

Hace un año desde que la periodista, crítica e investigadora madrileña Elisa McCausland publicase en España su libro de ensayo Wonder Woman: El feminismo como superpoder (Errata Naturae, 2017) y nos sumergiera en el apasionante relato de la construcción de uno de los arquetipos modernos más comentados en la actualidad: la superheroína. Todo ello a través de la evolución histórica de Diana de Themyscira, creada por William Moulton Marston en 1941 y convertida en uno de los personajes femeninos más relevantes de los últimos dos siglos. McCausland —con la colaboración de las dibujantes Carla Berrocal y Natacha Bustos, que ilustran el ensayo— legitimaba, así, la necesidad de estudiar el mundo del cómic y las figuras heroicaspor medio de una perspectiva feminista con la que exponer su utilidad como artefactos simbólicos cuyos sentidos, como manifiesta en el libro, varían dependiendo de quién se encargue de producirlos en cada momento.

Su llegada a las estanterías, además, coincidió con el estreno del largometraje protagonizado por Gal Gadot y dirigido por Patty Jenkins, que acabó confirmando el apetito de la audiencia por los viajes heroicos protagonizados por mujeres incluso a pesar de haber visto su potencial enormemente simplificado por los temores de una industria cinematográfica aún reticente. De esta forma, la obra de McCausland complementaba la experiencia fílmica de Wonder Woman (2017) dentro de un contexto cultural en ebullición y permitió que distintos tipos de público se acercaran a los entresijos de la superheroína y se generasen debates y reflexión en torno a un personaje tan inspirador como contradictorio. Sin embargo, la importancia y el valor de su texto no quedaron meramente circunscritos a la coyuntura, sino que, en los meses posteriores, McCausland ha logrado enganchar a los lectores y lectoras hasta poner en el mercado una segunda edición de su trabajo y ser nominada a los Premios Ignotus dentro de la categoría de Libro de ensayo.

El superpoder de la cultura popular

Wonder Woman según Natacha Bustos, para el libro de Elisa McCausland

A día de hoy, miremos donde miremos nos rodean los superhéroes y, en menor medida, las superheroínas. Se han instalado en nuestro imaginario colectivo gracias a su explotación no solo en las páginas del cómic sino en otros medios como el cinematográfico, que a lo largo de la última década lo ha envuelto todo y ha dificultado que podamos alejarnos de su influencia. No obstante, como comenta McCausland, hablar específicamente sobre superheroínas es algo todavía reciente; el estudio de su historia y de sus posibilidades como símbolos inspiradores, capaces de dialogar sobre nuestra propia naturaleza, aún no se ha llevado a cabo con la misma contundencia que en el caso de sus homólogos masculinos. 

A pesar de su popularidad y del aumento de la demanda por parte, en su mayoría, del público femenino, las superheroínas son víctimas de la práctica inexistencia de una herstory que ahonde en su trayectoria y se desconoce a nivel general de dónde vienen, lo que puede afectar a dónde van. Debemos conocer su pasado para no perder la perspectiva y para entender los vaivenes de unos mercados culturales que no nos dan lo que queremos sino lo que desean que consumamos dependiendo de unas lógicas internas fuera de nuestro alcance. Precisamente siendo consciente de ello, McCausland traza en Wonder Woman: El feminismo como superpoder un relato rico e imprescindible que abarca los setenta y cinco años de vida de Wonder Woman de manera amena y deliciosamente detallada a través de análisis, reflexión y entrevistas con figuras relacionadas con la amazona entre las que se encuentran la historiadora Jill Lepore y los autores Phil Jiménez, Trina Robbins, Renae De Liz y Greg Rucka. Su intención es que comprendamos cómo un personaje creado en los años 40 con ánimo pedagógico a favor de los derechos de las mujeres, del pacifismo y de la concordia llega a desligarse de sus mensajes originarios —hasta el punto de reemplazar sus valores feministas por el más puro sexismo en determinadas etapas de su historia— dependiendo de la coyuntura social y de las ideologías del plantel de guionistas y dibujantes, principalmente masculinos, que se han ido sucediendo en su cabecera. Y qué es lo que todo eso dice del mundo que nos rodea.

De esta forma, como bien argumenta McCausland, la cultura popular funciona a modo de reflejo de quiénes somos. Eso, junto con su consumo masivo por públicos de todas las edades, hace que ostente un enorme poder como vehículo de ideas —razón por la cual Marston escogió el cómic para llegar a las mentes de la población estadounidense—. Resulta, por tanto, esencial la aproximación de la autora a estos productos superheroicos en su ensayo desde un prisma que asume, ya de partida, ese alcance potencial para reescribir, subvertir y hackear o, por el contrario, para reforzar las ideas delestablishment. Así, ilumina muy claramente los aspectos más controvertidos del personaje, como la apropiación de su imagen por parte del feminismo liberal o la presencia de simbología BDSM durante su primera etapa, y también explica ciertos eventos determinantes de la propia historia del cómic.

Necesidad de iconos feministas

En su repaso por la historia de Diana de Themyscira, McCausland desgrana las distintas formas con las que se han ido modificado y resignificando desde el ideario amazónico hasta los superpoderes y accesorios de la protagonista, su relación con los demás personajes y su misma esencia heroica, evidenciando que ni siquiera la mujer más importante de la tradición comiquera se ha librado de un trato desigual por su género. Al intentar seleccionar con el guionista Greg Rucka las mejores aventuras de la superheroína, éste concluye que, tras setenta y cinco años, no son tan numerosas como cabría esperar para un personaje de su relevancia y longevidad, y esto, obviamente, no es casual. Por medio de esos detalles y del minucioso estudio de McCausland llegamos a hacernos una idea de lo difícil que resulta hacer valer el feminismo y a sus protagonistas femeninas dentro de un mundo que las ha entendido, tradicionalmente, como un peligro y ha preferido relegarlas a la última fila siempre que ha sido posible.


Wonder Woman según Carla Berrocal, para el libro de Elisa McCausland

En este sentido, según le indica Trina Robbins a Elisa McCausland, Wonder Woman “ha sido víctima de su condición de marca en posesión de DC Comics, y también de haber sido escrita por hombres que a veces parece que tenían miedo a su potencial arquetípico”. Es, precisamente, ese arquetipo en el que McCausland está especializada y lo desgrana por completo para explorar las posibilidades del camino de la superheroína creada por Marston, deudora del sufragismo y del feminismo amazónico. Sin olvidar en ningún momento el peso que Wonder Woman ha tenido dentro y fuera del mundo del cómic con sus valores de sororidad y empoderamiento femenino, llegando a convertirse en uno de los ejemplos más icónicos del movimiento feminista a nivel mainstream.

En un acto de herstory especialmente agradecido, McCausland también recupera a otras superheroínas que fueron devoradas por el mercado y no han llegado a nuestros días; las nombra, habla de ellas y las hace visibles. Esta vertiente herstórica de la autora hace que podamos entender con cierta perspectiva la situación de escasez de referentes femeninos inspiradores y el maltrato que han sufrido a lo largo de la historia.

Así, la cultura —más aún la de masas—, como medio primordial para la transmisión de mensajes, es sistemáticamente reformada para encajar bajo unos patrones muy concretos que, aún a día de hoy, estén bajo el paraguas del discurso hegemónico dominante. No son, pues, de extrañar la redefinición y la simplificación constantes a las que Wonder Woman se ha visto sometida a lo largo de los años, a sabiendas por parte del mercado que como heroína, amazona y contenedor, en sus mejores momentos, de ideas relacionadas con el feminismo no podía dejarse al servicio del progreso porque su mensaje tendría capacidad para educar a millones de personas e influenciar sus actitudes y creencias. McCausland demuestra, por tanto, que los cómics de Wonder Woman retrocedían en épocas de cambio social para no hacerse eco ni validar cuestiones que pudieran poner en peligro el statu quo y destaca que la sección The Wonder Women of History, ideada en los años 40 para relatar dentro de la serie regular las vidas de mujeres que habían dejado su impronta en la historia, fue reemplazada por un catálogo sobre costumbres nupciales y consejos de belleza con la que contrarrestar el efecto inspirador de la publicación original.

Sin embargo, la autora es claramente optimista y comprende que Wonder Woman es experta en “resurgir como feminista cuando más se la necesita”. De esta manera, revaloriza en su libro a uno de los personajes femeninos más importantes de los últimos dos siglos y lo sitúa de forma excepcional en el mapa global de las creaciones superheroicas. Además, se trata de un trabajo increíblemente oportuno visto el éxito mediático de la versión cinematográfica interpretada por Gal Gadot. Su pleno entendimiento del poder de la cultura popular y de la necesidad de genealogías feministas dan forma a un ensayo que deja patente que las superheroínas, como arquetipos inspiradores, contienen un potencial ilimitado que debemos reapropiarnos incluso cuando el mercado decide reducirlas a meras participantes secundarias de las que es preferible desviar la atención. La importancia de Wonder Woman está ya fuera de toda duda, así que, según McCausland, la pelota está en nuestro tejado ahora más que nunca; las personas productoras, creadoras y consumidoras debemos ser dignas de lo que la amazona nos ofrece y dejar de traicionarla para que, por fin, pueda hacer uso de su verdadero superpoder: el feminismo.


Por Elisa Mc Causland 
Fuente: Pikara