agosto 30, 2016

Entre la tradición y la modernidad: El desarrollo de la comunidad Wayuu en Colombia


Foto: Chila

Las mujeres Wayuu son consideradas como “seres de fronteras” que interceden con el mundo espiritual como chamanes, en la esfera políticas como interlocutoras y voceras y en lo comercial al salir a vender lo recolectado y producido en la esfera doméstica. Wilder Guerra

Además de poseer idiomas diferentes y tradiciones ancestrales, las comunidades indígenas poseen prácticas importantes para la ordenación sostenible de los recursos naturales dada su especial concepción del mundo, su relación y conexión con las energías provenientes de la Tierra y el uso tradicional que hacen de ella. Así mismo, la participación política de las comunidades indígenas es un punto crucial para el desenvolvimiento de las mismas dentro del sistema actual. Humanum Colombia entiende la marginación económica, la pobreza, las dificultades para acceder a servicios de calidad, la discriminación y la poca consulta pública que se les a los Wayúu para la toma de decisiones; es por esto que hace un breve recuento de su situación en el territorio que ocupan.


Para poder generar un contexto socio-económico propicio que genere oportunidades de ingreso y de empleo para las mujeres wayúu, es necesario entender el rol de las mujeres en las actividades económicas, para lo cual se analiza el impacto que tienen los cambios recientes de la economía tradicional wayuu y cómo esto afecta características fundamentales de la sociedad. Previamente, se define lo que se entiende por indígena y se ilustra el rol que tradicionalmente han tenido las mujeres wayúu.

¿Qué es ser indígena?

Elementos característicos de una persona indígena[1] – Auto-identificación y Auto-determinación:

Libre identificación como miembro de un pueblo indígena y aceptado por la comunidad

Continuidad histórica desde el asentamiento

Vínculo con los territorios y los recursos naturales

Sistemas sociales, económicos o políticos

Idioma, cultura y creencias

Conservar y reproducir sus formas de vida.

División sexual del trabajo y asalaramiento de la comunidad wayúu

El pastoreo, la agricultura, la casa, la pesca y el comercio son actividades tradicionalmente realizadas por los Wayúu. El trabajo pastoril es efectuado tanto por hombres como mujeres. En el caso de los trabajos agrícolas, el desmonte del terreno lo hacen los hombres, mientras que la limpieza, la siembra y la cosecha son tareas femeninas. La recolección de frutos silvestres, la caza y la pesca son realizadas por los hombres y las mujeres se encargan de la preparación y venta de alimentos. Aunque cada vez más hombres se dedican a las labores artesanales, las mujeres han sido tradicionalmente tejedoras de diferentes manufacturas. Son ellas las encargadas de comercializar estas últimas, así como el resto de productos disponibles para la venta, al ser consideradas como cuidadosas y responsables en el manejo del dinero[2].



Qué afecta la economía Wayuu?


La crisis de la economía tradicional y la incorporación del pueblo wayúu a la economía mercantil han afectado la realización de las actividades mencionadas y la necesidad de garantizar ingresos por medio de empleos asalariados o independientes. Como consecuencia varios fundamentos de la sociedad wayuu se han visto afectados. En la actualidad la economía tradicional se encuentra en crisis por la conjunción de varios factores. El intenso verano y la sequía han afectado la disponibilidad de agua para el consumo humano. De igual forma, se limitan las posibilidades de realizar cultivos agrícolas y de alimentación de animales. A esto se suma la histórica desconexión vial del departamento, en particular en dirección a la Alta Guajira. La carretera pavimentada llega hasta Uribía, municipio a partir del cual se debe transitar por trochas, impracticables en época de lluvias, para llegar a la zona extrema norte. Por último, la crisis política económica que enfrenta Venezuela es también un factor que ha agravado la situación del pueblo wayuu.


La situación laboral actual de los indígenas es precaria. La población no-indígena aprovecha las ocupaciones de mayor estatus y de más altos ingresos[3]. Más del 70% de los indígenas son trabajadores por cuenta propia y viven de la venta de chance, lotería y comidas sin que estas actividades les representen un ingreso fijo, otros viven de la economía tradicional (artesanías, comercio inter-tribal, corte de leña, pesca o pastoreo) y otros optan por migrar dado que hay más facilidades y oportunidades de trabajo en Venezuela.

Las mujeres Wayuu


Las transformaciones económicas y sociales recientes han traído cambios importantes para las mujeres. La mujer ha perdido el apoyo de sus parientes y ya no tiene el manejo autónomo de recursos propios ya que su rol ha perdido importancia bajo las nuevas condiciones de división del trabajo, donde el hombre se convierte en el principal proveedor de fondos.

Esta situación se exacerba en medio urbano. Si antes, la mujer wayuu recibía, en mayor medida que el hombre, educación y entrenamiento, con el proceso de urbanización eso se ha perdido. Al llegar a las ciudades el proceso de aprendizaje de las mujeres se ha hecho más difícil, afectando su autonomía insertándose en “un mundo cuya ideología se basa en valores orientados hacia los hombres quien juega el rol de iniciador, líder y proveedor”[4].


La mujer wayuu se encuentra económicamente entre lo tradicional y lo moderno, dado un proceso creciente de mercantilización de la mano de obra. Aunque hoy en día pueden subsistir relaciones tradiciones de intercambio, de solidaridad y reciprocidad, las mujeres deben buscar el sustento económico propio y el de su familia vendiendo en los mercados urbanos o rurales productos de actividades tradiciones, en calidad de independientes formales o informales.

La inserción laboral puede también tomar la forma subordinación laboral, que incluye el asalariamiento formal e informal. La siguiente sección presenta las diferentes actividades productivas encontradas durante el trabajo de campo y visitas realizadas en diferentes regiones de La Guajira.

Fuente: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo

Notas:

[1] En la Quinta Sesión del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas (UNPFII, por sus siglas en inglés) celebrada en 2006, con el objetivo de delimitar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para las coyunturas y dinámicas sociales de estas comunidades, se introduce una serie de condiciones a tener en cuenta para la delimitación del concepto de indígena. Dentro de estos elementos se destacan:
[2] Mancuso (2006)
[3] Cárdenas (2011)
[4] Watson (1986)

Para mayor información, contactar a Carlos Soto del Proyecto de Desarrollo y Mercado Laboral del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a krlossoto@gmail.com

Cambiando la narrativa sobre el papel de las mujeres en la construcción de la paz en Colombia


Durante todos estos años, las mujeres colombianas han insistido en que ellas no quieren que otros busquen la paz por ellas, ellas quieren estar en la mesa, participar en la paz. Sin embargo, su liderazgo y contribución en la construcción de la paz siguen siendo invisibles e infravalorados.
Foto: Consorcio ECHO Caracola/David Fayad

Para las mujeres colombianas, acabar con la violencia contra las mujeres es una condición previa para la paz. Durante décadas, han subrayado este planteamiento en sus esfuerzos para la construcción de la paz, pero su trabajo continúa siendo en gran medida invisible. Un nuevo programa apoyado por ONU Mujeres y demás colaboradoras y colaboradores busca llevar la contribución y la perspectiva de las mujeres a la primera línea.

“Las balas no nos matan, nos mata la indiferencia” asegura Mayerlis Angarita, una líder rural de Montes de María, Colombia, que empezó a contar historias de mujeres durante la guerra tras la desaparición de su madre.

“Las mujeres en este país han sido primordiales en la construcción de la paz, apoyando a las y los supervivientes y en la búsqueda de las personas desaparecidas” dice Vera Grave, miembro del Observatorio para la Paz, quien ha participado en un proyecto que incluye una serie de vídeos apoyado por ONU Mujeres titulado “1325: Mujeres resueltas a construir paz”.

En abril de 2016, ONU Mujeres inició un programa en colaboración con ECHO Caracola financiado por la Embajada sueca, con objeto de diseñar una iniciativa centrada en la comunicación para incrementar la visibilidad y el conocimiento de la contribución de las mujeres en la construcción de la paz y la erradicación de la violencia contra las mujeres. La iniciativa se lanzará a escala nacional y en siete provincias del Cauca, Antioquia, Valle del Cauca, Norte de Santander, Meta, Chocó y Nariño, donde el impacto del conflicto ha sido mayor. No obstante, se espera que se reproduzca en todo el país.

Foto: Consorcio ECHO Caracola/David Fayad

El programa reúne a mujeres participantes en la construcción de la paz de diferentes regiones en una serie de encuentros donde comparten sus experiencias, identifican los asuntos clave que afectan a las mujeres y las barreras para acabar con la violencia contra las mujeres. Con esta información, las participantes seleccionan las herramientas apropiadas de comunicación y desarrollan los mensajes clave para su defensa posterior. Asimismo, desarrollarán y difundirán ocho piezas de radio para narrar historias de la vida de las mujeres y su aportación en la construcción de la paz desde sus respectivas regiones. Además, el programa dará una beca para producir un documental sobre género y construcción de la paz, y facilitará acuerdos entre las organizaciones de mujeres, instituciones del Estado y los medios de comunicación.

“Nos dimos la oportunidad de escucharnos unas a otras, de contarnos cada una sus historias e ir sanando las heridas. Esas fuerzas las unimos entre mujeres para organizarnos como grupos y luego planear qué teníamos que hacer para tener incidencia política en espacios de participación. Justamente este encuentro sirve para que otros conozcan lo que pasó, dar a conocer la verdad y la realidad que vive el país para que esto no se repita” afirma Luz Elena Galeano del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado.

Foto: Consorcio ECHO Caracola/David Fayad

Ángela Salazar, de la organización Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz, destaca los retos en la integración de hombres y mujeres excombatientes en las comunidades y el papel que las mujeres juegan en mitigarlos. “Allá no vemos a las personas desmovilizadas como ex guerrilleros ni ex paramilitares sino como el hijo o la hija del vecino” explica.

Está previsto que se organicen ocho encuentros este año entre abril y agosto para fortalecer el papel de las mujeres en la construcción de la paz y amplificar sus voces en los medios de comunicación. Cinco de estos encuentros han sido completados reuniendo a más de 73 organizaciones de mujeres, 20 representantes del Estado y 39 representantes de los medios locales. Los próximos encuentros tendrán lugar en Quibdó, Cúcuta y Pasto.

Tras participar en los encuentros, las y los representantes de los medios se comprometieron a cubrir más historias sobre la participación de las mujeres en la paz y a contactar a las organizaciones de mujeres como fuente de información. “Muchos medios buscamos el amarillismo en estos temas de mujeres. Hay muchas cosas por mejorar como periodistas. El encuentro nos ayudó a crear más conciencia al respecto”, nos cuenta William Patiño del Diario del Cauca.

Foto: Consorcio ECHO Caracola/David Fayad

En opinión de Paula Arenas, asesora de contenidos de Señal Colombia, “las historias existen, están ahí para ser contadas. Sin embargo, la dificultad es encontrar e identificar a alguien que quiera contar sus historias con perspectiva de género”. 

La manera en que las historias de mujeres son contadas es también importante, coincidieron las y los participantes. “Una de las preocupaciones para algunas organizaciones es la percepción de las mujeres como víctimas, con tono de lástima. Entonces se piensa, ‘pobrecita, toca garantizarle derechos’, y no debe ser así. Debemos combatir los reduccionismos y ampliar el lenguaje. Es fundamental, así se generarán cambios en la forma en que ellas son percibidas ante las lectoras, los lectores y en la opinión pública”, dice Shima Pardo, de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

Para ONU Mujeres, transformar las actitudes y la opinión pública sobre las mujeres y prevenir la violencia es esencial para una paz duradera en Colombia. “Si las mujeres no pueden disfrutar de una vida sin violencia, ¿cómo vamos a hablar de paz?” se pregunta Silvia Arias, coordinadora del Programa Ciudadanía de las Mujeres para la Paz, la Justicia y el Desarrollo de ONU Mujeres. “Los encuentros y los talleres han creado un espacio para el diálogo entre las organizaciones de mujeres, instituciones del Estado y los medios para hacer que este proceso de paz sea participativo e inclusivo, y para hacer visible la contribución de las mujeres” añade.

Fuente: Onumujeres

agosto 29, 2016

Lina Gálvez: "Con un modelo económico más feminista, la economía será más sostenible y justa"

Fotos: Daniel Andana

A sus 46 años, Lina Gálvez presume de torear en todas plazas, dice ser consciente de que muchas veces pide "la luna" y se muestra segura de hay que dirigirse sobre todo "a los no convencidos". Catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide y promotora de una Economía Feminista, charla con eldiario.es Andalucía pocos días después de cerrar con éxito el curso de de verano 'La igualdad de género frente al mito de la libre elección en un contexto neoliberal'.

¿Qué tal la experiencia de dirigir el curso?

Ha funcionado muy bien. La gente decía que ha sido como un minicongreso, con un alumnado muy variado. Buscábamos desmontar el mito de la libre elección, a través del que se justifica hoy por hoy todas las desigualdades desde distintos ámbitos, y tratar de que la gente abriera un poco los ojos. Porque incluso hay gente que se cree concienciada y luego justifica cosas a través de la libre elección, del empoderamiento. Pero es que hay abanicos de elecciones pequeños y otros muy grandes. No es lo mismo. Hay que conocer con qué libertad eligen las mujeres y las precondiciones materiales de su elección, así como la socialización diferenciada y las oportunidades reales. La elección se adapta también a esas cuestiones.

¿No cree que en estos foros se ofrecen argumentos solamente para los ya convencidos de la importancia de la igualdad entre hombre y mujeres?

Creo que, en general, el feminismo y el objetivo de justicia social y de igualdad no es bienvenido. Hay más antifeminismo que feminismo. O no se entiende bien o no lo hemos sabido explicar bien. Lo que está claro es que para ganar cualquier batalla nos tenemos que pertrechar de argumentos. Para eso viene muy bien un curso como éste. La verdadera formación de los funcionarios públicos, por ejemplo, es una de las cuestiones pendientes para la total implantación de la Ley de Igualdad. En este curso había dos policías locales de Carmona y salieron muy satisfechos. Porque es que hay cursos incluso que potencian incluso los propios prejuicios que puedan tener.

¿Qué recursos económicos públicos se destinan a la igualdad?

Ahora parece que todo el dinero dirigido a temas de igualdad va para violencia de género, incluso ha repuntado, y eso está bien, pero no han repuntado los presupuestos para igualdad en España. Pero es la punta del iceberg de un problema estructural mucho más grande que se llama machismo, que se llama discriminación contra las mujeres, que se llama patriarcado. Si no se ponen suficientes recursos contra lo que justifica o provoca la desigualdad, difícilmente se va a poder combatir la violencia contra las mujeres. Hay políticas específicas contra la violencia machista, que deben tener sus organismos y presupuestos específicos, pero no podemos olvidar qué lo sustenta. No es una cosa aislada sino que tiene un sustrato. ¿Qué ocurre? Que políticamente es mucho mas fácil ponernos de acuerdo en que no es bueno matar a mujeres. Hay muchas más posibilidades de consenso en eso que en aceptar que hay una sociedad patriarcal, etc.


¿Hay en el mundo algún espejo en el que mirarse?

Hay muchas diferencias entre países y hay algunos que caminan un poco por delante como los países nórdicos, Islandia especialmente, porque tiene la legislación más avanzada en permisos de maternidad y paternidad. La trampa de la libre elección surge cuando un partido como Ciudadanos propone aumentar los permisos parentales mientras la sociedad espera que seamos nosotras las que lo asumamos. Los padres que quieran corresponsabilizarse lo tienen también más difícil. Los permisos deben ser iguales, intransferibles y remunerados al cien por cien.

¿Cuánto influye el modelo económico en las cuestiones de igualdad?

Si cambiamos hacia un modelo económico más feminista, vamos a tener una economía más sostenible y más justa. Si tienes un modelo macroeconómico generador de desigualdades, no solo de género sino también de rentas, es muy difícil hacer politicas de igualdad que sean la guinda de un pastel que se está derritiendo. No se considera como un cuestión central del modelo y, por tanto, se deja de invertir. Lo mismo ha pasado con los temas medioambientales. El Estado español hace muy poco trabajo redistributivo.

¿Entonces, más que un Ministerio de Igualdad quizás haría falta un ministro o ministra de Economía con perspectiva de género?

Sí y no. Durante mucho tiempo creí que la igualdad tenía que estar en el centro. Si el que está al frente de la nave se lo cree, eso es sin duda lo más importante. Y sobre todo si está en Economía, que distribuye los fondos y tiene mucho poder. Aquí en Andalucía lo hemos visto cuando se implantó la estrategia de presupuestos sensibles al género con una ley que se hizo en 2003. Andalucía es pionera a nivel mundial, aunque es un modelo que se queda en la propia Administración de la Junta. Es limitado por eso, pero es más que nada. Esa orientación poítica se ha dejado dormir un poquito aunque ahora parece que se está despertando.

Pero también defiendo un organismo que vele desde el nivel más alto posible por la igualdad, porque la transversalidad en la práctica se diluye. Porque, ¿qué pasa si la persona que está al frente de Economía cambia y no cree tanto en la igualdad? Las personas son muy importantes en los puestos. Por eso necesitamos también organismos, con el mayor rango posible, que perduren a pesar de las personas. Ojalá veamos un ministro de Economía con perspectiva feminista.

¿Cómo se podría mejorar la conciliación de la vida laboral y familiar?

Por un lado, hay que trabajar directamente en el mercado de trabajo, porque la conciliación, que no la corresponsabilidad, es un equilibrio casi imposible pero al que deberíamos acercarnos. Tenemos que cambiar el actual mercado laboral precarizado donde los trabajadores aceptan cualquier cosa (salarios bajos, horarios imposibles, etc.) y tener una Inspección de trabajo que funcione de verdad y no busque solo trabajadores que defrauden a la Seguridad Social, además de disponer de una legislación mucho más favorable al trabajador.

También debemos cambiar la cultura presentista, de la que también tienen culpa los sindicatos, porque gran parte de los pluses que negocian tienen que ver con el presentismo. Los sistemas se diseñaron cuando quienes estaban en el mercado de trabajo practicamente eran varones, que tenían alguien en casa que les cuidaba, les planchaba las camisas y les preparaba para ser ese trabajador varón completamente disponible. Tenemos ese modelo, esa horma. Y en esa horma entra bien quien no tiene, quien está liberado no sólo del cuidado a terceros sino de su hogar. Si tenemos otras responsabilidades, como todos deberíamos tener, no entramos bien en ese modelo.

La conciliación no debe ser una herramienta exclusiva para las mujeres sino también, y sobre todo, para los hombres, que también deben llevar la mochila del cuidado. Que todo el mundo tenga derecho a cuidar y a ser cuidado. Debemos avanzar hacia sistemas mixtos. Si el mercado de trabajo sigue por donde va, es imposible. Ampliar el horario de las guarderías no es la solución. Los servicios públicos de calidad igualan a las personas. También hay que trabajar en la fiscalidad y en el ámbito educativo.

"Hay que interceder en los patios de los colegios, que es donde se forja la masculinidad predominante"

¿Qué haría en materia educativa?

No vale sólo con la coeducación, las niñas y los niños juntos y ya está. El otro día en la piscina, las niñas iban con su churrito rosa y los niños con el churrito azul. Es continuo, continuo, continuo. Hay que interceder en los patios de los colegios, que es donde se forja la masculinidad predominante, que sufren ellos cuando se les llama "nenazas" si no quieren jugar al fútbol o no entran dentro del estándar, y ellas cuando no se les deja jugar al fútbol, por ejemplo. Hay que buscar alternativas de ocio dentro y fuera de los colegios que sean más igualitarias. Si diriges un poco los juegos en el patio del colegio no pasa nada, y se podría avanzar mucho. En un campamento de verano, los niños están encantados con los juegos que les preparan, aunque luego tengan su espacio libre de juego. Y hay que dotar de medios a los colegios. Si se nos llena la boca con el objetivo de igualdad, tenemos que poner recursos.

¿Qué opina respecto al consumo televisivo y de medios de comunicación entre los jóvenes?

Tenemos que regular lo que pasa con los medios de comunicación, por supuesto. Aquí tenemos un Consejo Audiovisual de Andalucía pero, ¿por qué no hay uno a nivel nacional? Para eso tiene que haber una ciudadanía y más activa, no comprando el periódico que lleva anuncios de prostitución, por ejemplo. Si tuviéramos una sociedad realmente más igualitaria, la economía nos iría mejor porque podríamos aprovechar muchisimo más el talento. Cuánto talento desaprovechado hay de niñas para la ingeniería y de hombres para el cuidado.

Por último, ¿cómo cree se podría recuperar el valor de la palabra "feminismo"?

Con mucha pedagogía y mucha valentía. Hay muchas mujeres preocupadas por la igualdad que niegan ser feministas y dicen que son mujeres. Tenemos que explicar qué es el feminismo y no caer en los tópicos. Es una china en el zapato porque implica una revolución, un cambio en la sociedad y en la economía, en la mentalidad y en nuestra vida cotidiana. No es sólo un movimento social hacia una sociedad más igualitaria sino una forma de vida. Y si no cambiamos nuestro también pequeño espacio, que implica que los hombre pierdan privilegios en muchos casos, pues no vamos a avanzar nada. Las personas están socializadas en unas normas y no ven más allá. Es un proceso de aprendizaje. Atrévete a denunciar aquello que ellos se atreven a hacer, como dice el prólogo de un libro de Ana de Miguel.

Fuente: Diario.es

Atrapadas en Singapur

Muchas mujeres que llegan a Singapur para trabajar como empleadas domésticas acaban atrapadas por las retenciones de las empresas de trabajo. Sus condiciones mejoran, pero siguen enfrentándose a abusos.

Moe Moe mira por la ventana del edificio donde se encuentra una de las oficinas de HOME./ Omar Montenegro

Moe Moe llegó a Singapur hace dos años, con el objetivo de ahorrar para cumplir el sueño de abrir un negocio en su Birmania natal. Sin embargo, no tuvo en cuenta que pasarían nueve meses antes de que ganara su primer sueldo debido a la retención practicada por la empresa de trabajo que la trajo hasta aquí: una práctica que hace que muchas mujeres queden atrapadas con una cantidad de deuda e incluso soporten determinados abusos para obtener su primer salario.

“Me pagaron 420 dólares de Singapur [alrededor de 280 euros] y no tuve ni un sólo día libre en 10 meses”, explica esta birmana de 25 años. Su cuerpo robusto y de escasa estatura contrasta con las fotos que muestra durante el tiempo en que fue abusada, donde se la ve escuálida y golpeada.

Singapur es el destino soñado para muchas mujeres del Sudeste Asiático, ya que en esta ciudad-estado los salarios acostumbran a ser hasta cinco veces superiores que en sus respectivos países. Para muchas de ellas este lugar es el Dorado, donde tienen la esperanza de mejorar sus condiciones económicas y enviar dinero a su familia. Según el World Bank, por ejemplo, en 2015 se enviaron a Filipinas alrededor de 28 millones de dólares en remesas.

En los años 90 el Gobierno impulsó a las mujeres de Singapur al mercado laboral y facilitó también la llegada al país de otras trabajadoras, que son en su mayoría de lugares empobrecidos de la región como Filipinas, Birmania o Indonesia, para hacerse cargo de las tareas de casa, el cuidado de los mayores y especialmente de los niños. Actualmente 1 de cada 5 hogares cuenta con una de estas trabajadoras en un país de alrededor de cinco millones de personas, según la Organización Humanitaria para las Migraciones Económicas (HOME en sus siglas en inglés).

Los agentes en su países de origen ofrecen frecuentemente a las trabajadoras información inadecuada o engañosa acerca de su empleo en el extranjero, o les cargan con cuotas que son excesivas. Por lo tanto, a estas mujeres no les quedan muchas más opciones que pedir préstamos con altas tasas de interés a los prestamistas o las mismas agencias locales. Estos préstamos que deben devolver pagando de vuela los seis o diez primeros meses de su salario, como lo sucedió a Moe Moe. Así, las trabajadoras quedan atrapadas por las deudas nada más llegar a Singapur.

Ma La-arni Ilisan es una mujer filipina que trabaja en Singapur desde hace 13 años./ O.M.

Aquí no existe el salario mínimo para las trabajadoras domésticas y las que cuentan con nacionalidad singapurense acostumbran a trabajar de forma independiente y reciben un salario mucho mayor por ser mano de obra local. Las características de cada nacionalidad se tienen en cuenta a la hora de formalizar los contratos con las agencias. Las filipinas son las mejor pagadas y cobran 550 dólares al mes.

“Este es un trabajo que hacen las pobres”, dice el empleado de una de estas agencias de empleo situada en el centro comercial Katong, un edificio construido a principios de los años setenta, que hoy luce obsoleto, donde abundan las agencias de empleo de empleadas domésticas. La empleada de otro de estos negocios parece incitar al abuso, sugiriendo que en el caso de ser contratada puede estar a disposición del empleador desde que se levantan hasta que se va a dormir.

La mayoría de las trabajadoras en Singapur relatan experiencias positivas, pero otras no tienen tanta suerte al encontrar un empleador; especialmente aquellas que trabajan en los hogares de singapurenses de ascendencia china o india de bajo poder adquisitivo que son quienes abusan más de ellas, según la organización ‘Los trabajadores transitorios también cuentan’ (TWC2 en sus siglas en inglés) que monitorea los abusos desde hace una década. Las empleadas domésticas, además de sentirse ahogadas por las deudas, están obligadas a vivir en casa de sus empleadores y podrían no salir ni librar durante meses.

Las condiciones de trabajo de algunas de las trabajadoras con el tiempo se deteriora tanto que son similares al trabajo esclavo. En 2015, según HOME, 299 mujeres fueron abusadas emocionalmente, 108 no recibieron su salario y 102 fueron abusadas físicamente, entre los 1212 casos registrados por la organización.

Algunas de ellas han denunciado también la falta de comida o incluso no tener un lugar digno donde poder descansar. “Me hacían dormir con un colchón en el balcón y no sabía a quién pedir ayuda”, cuenta Ummai Ummairoh, una empleada doméstica de 34 años, que en casa de otro empleador llegó a dormir en el suelo de la cocina.

A día de hoy, Ummai preside una asociación, la Red Familiar Indonesia (IFN en sus siglas en inglés), para luchar por los derechos de las trabajadoras, algo que no es habitual, ya que en Singapur no se permite formar sindicatos. Desde la asociación no pueden llevar a cabo grandes reivindicaciones, pero tratan de correr la voz sobre los abusos a las trabajadoras.

Awe Hung y Kee Lhi Pai, dos trabajadoras domésticas birmanas, disfrutan de su día libre./ O.M.

Moe Moe cuenta que fue contratada por una familia de singapurenses de ascendencia china para cuidar de tres niños de 1, 3 y 7 años, además de ocuparse de las tareas del hogar. Su jornada laboral comenzaba a las 5 de la mañana y terminaba a media noche. Comía arroz blanco tres veces al día acompañado por un vaso de agua y recibía puñetazos como castigo cuando robaba comida en la cocina. Su empleadora también incitaba a su marido para que la azotara con un palo de bambú, un método muy utilizado en China para disciplinar a los niños.

“Me quería ir, pero me decían, ¿quién va a quererte? Tenía que pagar la deuda con la agencia que me trajo aquí. Un día me metió en un avión a Birmania y me dijo: si alguien te pregunta qué te ha pasado en la cara, diles que te caíste”, explica Moe Moe que regresó a Singapur para buscar justicia y actualmente vive en un centro de acogida de HOME mientras se desarrolla el juicio.

Las denuncias sin embargo rara vez llegan a los tribunales, ya no se permite trabajar a las mujeres mientras esperan a que se resuelvan sus casos que podrían extenderse durante meses. Las barreras del idioma, la falta de información y su estatus migratorio imponen grandes barreras a la denuncia penal.

John Gee, presidente del subcomité de investigación de TWC2, explica que si se trata de una falta por impago de salarios, el empleador es presionado por el Ministerio de Trabajo y no les permite contratar a otra trabajadora hasta que la disputa no se resuelve. Pero si se trata de un caso de abuso, es más probable que se lleve a juicio y que el Estado corra con los gastos.

“En realidad no solemos ver que las trabajadoras pidan indemnizaciones por pérdidas de ganancias, daños a la salud y este tipo de cosas. La mayoría de ellas, después de una experiencia traumática, sólo quiere dejarlo atrás y seguir adelante”, explica Gee.

Los últimos años se han producido algunos cambios. Ahora, por ejemplo, las trabajadoras tienen derecho a librar un día a la semana y han aumentado gradualmente las leyes para protegerlas de los abusos. A partir de diciembre las agencias por ejemplo serán evaluadas para renovar sus licencias. Sin embargo, solo las podrán evaluar los empleadores dejando de lado una vez más a las trabajadoras.

“Seguiremos luchando también por conseguir un horario y salario mínimo”, concluye Ummairoh con un sentido de determinación que transmite su esperanza de un futuro mejor para las empleadas domésticas en Singapur.

Por Ana Salvá./ Singapur
Fuente: Pikara

agosto 28, 2016

Por qué viaja solita?

Soy una feminista declarada y asumida hace 5 años aprox y a pesar de la real conciencia que he desarrollado respecto al tema, aún no deja de sorprenderme la violencia que como sociedad ejercemos sobre las mujeres. Me rehuso a pensar que sea inocencia, ( la verdad, espero haberla perdido hace años) o resabios de una natural idealización juvenil ( a mis 40 seria un crimen), sino que me inclino mas a creer que se trata de una negación adaptativa que me permite vivir con un mínimo de seguridad y valía personal en este mundo machista y misógino. Porque a decir verdad la violencia de género se encuentra, en todas sus modalidades, por todos lados y todo el tiempo. A veces reaccionó con fuerza, estableciendo mis limites claramente y revelándome frente a la realidad; otras mi resistencia es mas pasiva y termino acomodándome a la situación solo por "conveniencia inmediata". Digo "inmediata" porque todas sabemos que acomodarse nunca nos será conveniente. Al contrario sabemos que rebelarse ha sido el único camino que nos ha traído la conquista de muchas libertades a lo largo de la historia y que si no fuera por eso ni si quiera podría estar escribiendo esto.

Recientemente estuve de viaje en Galápagos - Ecuador y volví a conectarme con mi insolencia y rebeldía de género. Será porque viajando sola ( y con esto digo totalmente sola) la violencia se manifiesta de manera mas evidente y brutal. No solo me encuentro "disponible" para los hombres, sino que también representó el estado más libre que un ser humano puede optar, y bien sabemos que una mujer libre puede "despertar" hasta los instintos mas básicos y primitivos en los hombres. En como si en ese momento la evolución del feminismo no existiera y volviéramos al estado mas puro y cruel del sistema patriarcal.

Esta experiencia ha sido maravillosa y liberadora, pero también incomoda y mucho mas que incomoda en ciertos momentos. Pero precisamente por esta razón es que escribo, porque es la única manera que dispongo para que cobre un real sentido: pensando, reflexionando y compartiendo lo que me paso, con el fin de contribuir, desde mi vida, al análisis feminista de esta sociedad.

"Y Por que solita?", ha sido una pregunta reiterada e insistente durante este viaje. Al parecer no es común ver mujeres viajando solas en el siglo xxi porque ver una ha despertado bastante curiosidad e incredulidad. Cuando recibo esa pregunta, pienso (una vez superada la rabia inicial al sentir ese saborcillo al menosprecio de la palabra solita) que se supone que debo responder?, es decir no logro entender, necesito justificar mi "estado"?, debería existir una razón? Están esperando que les cuente un drama que explique mi "soledad"? Y solo por drama tendría derecho a estar sola?

Lo que me queda claro es que no es esperable que una mujer viaje sola o que en su homólogo, se involucre sola en cualquier actividad en la que la sociedad espera verla junto a un hombre. Por ejemplo, esta misma preguntita surgió cuando emprendí, compre mi casa, pague el colegio de mi hijo, fui a un bar, etc. Cada vez que me preguntaron, respondí lo mismo: porque me da la gana!.

Esto es muy interesante porque, más allá de la diversión con que enfrentó este tipo de preguntas, estoy aludiendo a algo muy importante y que por lo visto hemos dejado de lado: el deseo de las mujeres. Si, el deseo. Ese mismo que todas las sociedades, religiones, y Estados, en algún momento de la historia, han negado, sometido y controlado. Haciendo referencia al tema de la prohibición del burkini en España y Francia (y tantos miles de ejemplos, como la no existencia de una ley de aborto minina en Chile) me pregunto: donde esta el deseo de las mujeres?. Es decir, en Oriente obligan a las mujeres musulmanas a ponerse en velo, burka, etc y en Occidente las obligan a sacárselo.

Insisto: donde esta el deseo de las mujeres?. Pareciera que nadie se lo pregunta o lo que es peor, a nadie le importa.

Otras de las situaciones incomodas que viví en el viaje, fue el estar evidentemente disponible frente a la mirada, deseo y/o abordaje de los hombres. Cuando viaje, por unos días, con un chileno que conocí en el aeropuerto, pocos hombres se atrevieron a mirarme o abordarme, pero cuando lo hice sola, se sintieron con todo el derecho a hacerlo y por supuesto, lo hicieron. Es interesante "la llamada al orden" que significa para los demás hombres, la presencia de uno de ellos junto a nosotras. Ellos respetan a sus congéneres, no a nosotras.

Y por ultimo, quiero referirme al chileno que me "acompaño" parte del viaje. Estuvimos exactamente 2 días y medio haciendo cosas juntos, tiempo en el que me contó toda su vida: su emprendimiento, posteriores quiebras económicas, millonarias deudas, su soledad, y como su familia, preocupada le había pedido que fuera al psiquiatra. Todo esto sin habernos visto nunca antes en la vida, sin ningún tipo de contacto físico, sexual y/o emocional.

En ese contexto, este hombre se sintió con el derecho a criticarme juzgarme, corregirme y controlarme durante los primeros dos días, y el ultimo, hasta gritonearme y agredirme en plena vía pública de Puerto Ayora frente a la mirada atónita de los transeúntes del lugar. Al parecer no le agrado que expresara una opinión contraria a lo que él esperaba y simplemente exploto.

Uds se preguntaran como fue que aguante tanto. Si, soy una persona con cierto grado de paciencia, es verdad. Sin embargo resulta que este tipo de maltrato suele ocurrir en medio de la presencia de otros aspectos buenos, como que el tipo me hacia reír o que era gentil por ejemplo. es precisamente el hecho de que sea mezclado ( cosas buenas y malas) lo que lo hace confuso y por ende más difícil de distinguir.

Aún siento una muy mala sensación respecto al asunto. Sigo en shock. Agradezco que no me haya pasado nada mas, pero simultáneamente me pregunto por que a mi. Tengo la mala costumbre de culparme e intentar buscar en mi la explicación, como muchas mujeres. Nos han enseñado a ser buenitas, a escuchar, respetar y complacer a los hombres. A llevarles el amen y a atribuirles la razón, incluso a los desconocidos. Estamos tan acostumbradas a la violencia que en ocasiones ni si quiera somos capaces de enjuiciar situaciones como esta, y en vez de denunciar y/o hablar, callamos o las dejamos pasar inadvertidamente como si nos correspondiera estar en ese lugar.

Hace 15 años me hubiera quedado en el lugar que me estaba poniendo este desconocido; por obligación, obediencia automática o inseguridad me hubiera apropiado rápidamente de sus críticas. En vez de alejarme de el, probablemente habría intentado acomodarme a su forma de ser.

Hoy a mis 40 ( me gusta como suena) mi deseo manda! No me quedo en el lugar en que otros me ubican, sino al contrario, busco el espacio donde yo deseo estar y lo construyo para mi.

Esto es muy importante.

Las mujeres muchas veces sentimos miedo a estar solas, porque nos han enseñado que la soledad es desolación y peor aun, vulnerabilidad. De ahí el uso y abuso del concepto "solita" como sinónimo de "caída en desgracia" o "digna de lastima" y no como una opción (derecho que si gozan los hombres, por cierto) No comprendemos que es precisamente ese espacio de conexión con nosotras mismas el que nos brindara seguridad, autoestima y reflexión. Sino, de donde surgen las ideas? De donde podrían venir estas palabras que comparto, sino es del poder de mi soledad?.

Considero fundamental el reveindicar nuestro derecho a la soledad como una elección adulta, libre y voluntaria y rechazar rotundamente que nos traten de "solitas", porque no somos niñas, ni somos unas pobrecitas y tampoco unas víctimas. Simplemente somos seres humanas, que de vez en cuando, sentimos las ganas de andar completamente solas.


Maria Eugenia Miranda M.
Feminista Chilena
La Ciudad de las Diosas