diciembre 18, 2017

Desde voluntarias hasta asistentes sociales y parteras . Mujeres responden a crisis de refugiados de Rohingya


“La tía Leila”, un miembro local de la comunidad Rohingya, se acerca a las mujeres refugiadas y las lleva a los espacios propicios para mujeres del UNFPA. © UNFPA Bangladesh / Naymuzzaman 


La frontera entre Bangladesh y Myanmar es el sitio de la crisis de personas refugiadas de más rápido crecimiento en el mundo. Más de 620 mil personas refugiadas rohingya del vecino estado de Rakhine en Myanmar han llegado al distrito Bax de Cox en solo tres meses.

Con más personas en esta situación que llegan todos los días, los asentamientos están desbordados. Más de la mitad de los que llegan son mujeres y niñas.

Marginadas y vulnerables, están soportando la peor parte de la crisis. Los informes indican que la violencia sexual es generalizada y muchas llegan a necesitar atención materna y otros servicios de salud reproductiva.

Sin embargo, en medio del desplazamiento, hay apoyo, esperanza, curación y resiliencia. Las mujeres están emergiendo como las que responden en primera línea. Desde voluntarias hasta asistentes sociales y parteras, las mujeres se ocupan de las mujeres.

UNA PESADILLA QUE NO SE DETIENE

La ayuda humanitaria compite para satisfacer las necesidades de las personas y las comunidades de acogida, y para planificar la compleja y prolongada situación que se avecina.

Se enfrentan a necesidades abrumadoras. La gente llega después de caminar durante días a través de colinas, ríos y la costa. Muchas personas han experimentado un dolor inimaginable.

“Las heridas externas se están curando, pero la herida interna siempre estará en carne viva”, dijo una mujer al UNFPA en el asentamiento de Balukhali. Su esposo y otros seis miembros de la familia murieron cuando su casa fue incendiada. Ella fue golpeada y apuñalada. “Cada noche tengo pesadillas. No puedo dormir “.

Incluso después de que llegan a los campamentos, la violencia, especialmente la violencia de género, sigue siendo una preocupación importante.

Muchas mujeres están solas, o ahora son las cabezas de sus familias. La sobrepoblación extrema y la privacidad limitada son los principales riesgos de seguridad para ellas y sus hijos. Las tareas esenciales, como recoger agua o leña, bañarse o usar una letrina, pueden ponerlas en riesgo.

Las embarazadas y las nuevas madres tienen una necesidad crítica de servicios de salud materna.

Merula dio a luz hace casi un mes. Su bebé fue entregado dentro de una carpa improvisada con la ayuda de su madre. Ahora tiene tres hijos que cuidar, además de su esposo, Saddam, que se está recuperando de una herida de bala.

MUJERES AYUDANDO A MUJERES

A pesar del tumulto, las mujeres están emergiendo como líderes y trabajadoras de extensión, conectándose entre sí para ayudar y apoyar.

Monowala ya vivía en Bangladesh cuando la crisis se intensificó este verano. Una etnia Rohingya, se ofrece como voluntaria en los asentamientos para personas refugiadas y les cuenta a las mujeres y niñas sobre los espacios propicios para las mujeres del UNFPA: lugares seguros para recibir información, atención médica y derivaciones a consejería.

Los espacios están ayudando a las mujeres a reconstruir un sentido de comunidad. Algunos han comenzado a llamarlos “shanti ghar”, que significa “refugio seguro”.

“El tipo de apoyo que necesitan las mujeres, un médico no puede brindarlo. La herida está adentro “, dijo Monowala. “Las mujeres entienden que cuando vienen aquí no se les ofrece apoyo financiero. Dicen que lo que ofrecemos vale mucho más “.

En el asentamiento improvisado de Leda, la gente busca a “Auntie Leila”, otro trasplante de rohingya de Myanmar que ha estado en Bangladesh durante años. Ella también dirige a las personas a los espacios amigables para las mujeres.

“Cada vez que encuentro una sobreviviente de violencia de género entre los recién llegados o en las calles, me aseguro de traerlas aquí”, dijo. “A las mujeres, les gusta el espacio para venir y hablar abiertamente. A veces llevan a sus hijos a jugar adentro". 

Estas mujeres son esenciales. “Se confía en los voluntarios porque viven en la comunidad. Conocen el idioma y la cultura “, dijo Mosrafa, un gerente de programa en uno de los espacios. También saben cómo encontrar a los necesitados. “Las mujeres enfrentan mucha violencia, por lo que no podemos esperar que siempre vengan aquí en busca de ayuda. A veces tenemos que ir a ellos “.

La participación de las mujeres en la vida pública está muy restringida. “A las mujeres no se les permite sentarse en las tiendas de té para compartir historias, chismes. Por eso es tan importante que las mujeres tengan un espacio como este “, dijo Noor Begum, trabajador social de UNFPA.

LAS PARTERAS SALVAN VIDA

Las parteras respaldadas por el UNFPA también brindan atención que salva vidas, tanto en los espacios seguros como en las clínicas móviles de salud reproductiva. Proporcionan una gama de servicios, incluida la atención prenatal, los servicios de parto seguros y la atención postnatal, así como la gestión clínica de la violación.

En la clínica móvil en Balukhali, una determinada partera llamada Sharifa construyó una mesa de parto de bambú con sus propias manos.

En el campamento de refugiados de Kutupalong, Sabekun tiene 25 semanas de embarazo con su primer hijo. Ella había llegado el día anterior, después de caminar durante siete días para huir de la violencia en su país. Se despertó sintiendo que algo andaba mal, el bebé no se movía como de costumbre.

En el establecimiento de salud del campamento, una partera le aseguró que el bebé está bien, pero que necesita descansar para superar su agotamiento.

“Me sentí tan asustada e insegura esta mañana, pero ahora me siento más en paz”, dijo Sabekun. “Me siento tranquila”.

La trabajadora social del UNFPA, Rafia, señaló que las mujeres son un punto de entrada para llegar a toda la comunidad con mensajes sobre servicios, seguridad y Derechos Humanos.

“Volverán con sus familias y amigos y difundirán esa información. Si proporcionamos información a las mujeres, la difundirán lejos", dijo Rafia.

Y las mujeres también están trabajando para romper el estigma arraigado en torno a la supervivencia de la violencia sexual.

Uno de los voluntarios Rohingya huyó a Bangladesh hace una década durante un brote de violencia anterior. “Mi hermana menor fue llevada a una escuela local y violada y torturada durante cinco días”, dijo. “No había servicios como este disponibles para mi hermana cuando llegamos aquí… Por lo general, en la sociedad si eres violada, te vuelves estigmatizado e intocable”.

Hoy, ella y otros miembros de la comunidad piden un cambio. “Nuestra comunidad ya no debería juzgar esto. Nuestra comunidad comparte esta experiencia. Es una tortura colectiva, pero estamos juntos en esto y podemos apoyarnos unos a otros… Debemos compartir entre nosotros y levantar la carga de todo el trauma “.

Fuente: Tribuna Feminista

Propuesta navideña

Inevitablemente se acercan la fechas navideñas. Inexorablemente son tiempos de regalos y de buenos deseos. Incluso las personas a las que no nos gustan estas fechas, acabamos pronunciando la manida frase del "felices fiestas" como consecuencia de la catarsis colectiva que sufrimos socialmente. En fin, hay que pasarlas.

Este año propongo, a quien pueda leer esto, una reflexión como idea de regalo navideño. Y es la siguiente: ¿Qué pasaría si acabáramos (de una puñetera vez) con el patriarcado? ¿Nos lo pedimos?

Si definimos el patriarcado como: "Una forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la línea de descendencia paterna sobre la materna. El patriarcado ha surgido de una toma de poder histórico por parte de los hombres, quienes se apropiaron de la sexualidad y reproducción de las mujeres y de su producto, los hijos e hijas, creando al mismo tiempo un orden simbólico a través de los mitos y la religión que lo perpetuarían como única estructura posible. El Patriarcado es el constructo primario sobre el que se asienta toda sociedad actual[1]" tendremos pistas para poder preparar nuestra petición de regalo navideño que, al tiempo, podría ser nuestra estrategia colectiva para iniciar una campaña colectiva para sensibilizar contra este sistema opresor.

La terrible alianza entre los sistemas capitalista y patriarcal están renovando su ofensiva contra los cuerpos de las mujeres y las niñas y, de eso modo, reforzar su poder sobre ellos.

Tenemos ejemplos recientes y muy dolorosos sobre lo que digo. La violación en grupo de los malnacidos de la manada a una joven en Pamplona en julio del 2016 y el posterior juicio, incluidos algunos comentarios de los abogados de los malnacidos, la agresión sexual a una adolescente de 15 años por parte de tres jugadores de fútbol de la Arandina, la proposición de ley de Ciudadanos para regular los vientres de alquiler, los recortes de derechos a las jóvenes menores de edad para interrumpir voluntariamente sus embarazos, la cosificación masiva de los cuerpos de mujeres y niñas con el fin último de incitar a consumir y también a consumirlos por parte de los puteros, la hipersexualización de los cuerpos de las niñas siendo incluso bebés con el objetivo de vender, etc. nos hace ver que esa perversa alianza funciona. Y funciona bien.

Desde el feminismo la cuestionamos cada día y clamamos contra ella demostrando cotidianamente que es una alianza perversa y dolorosa que condiciona nuestra cotidianeidad e incluso nos destroza la vida con sus formas violentas de manifestarse o por los corsés que nos impone con su heteronormatividad sexual.

Sé que es una ilusión, pero quiero pensar que poco a poco y denuncia tras denuncia podremos ir recortando esos efectos perversos en nuestras vidas. Quiero pensar que el trabajo que mucha gente realizamos cada día en sensibilizar sobre la desigualdad que generan en todos los ámbitos de la vida estos sistemas opresores tiene resultados. 

Que a las criaturas que escuchan en sus clases que mujeres y hombres han de ser iguales se les quede un poso para plantar cara a ese sistema y aprendan a relacionarse en igualdad de condiciones en todos los rincones de su vida. Que en sus planes de estudio se integre la educación afectivo-sexual que les ayude a entablar unas relaciones más simétricas y menos basadas en estereotipos que solo buscan someter a las mujeres.

Que de cada asamblea de trabajadores y trabajadoras en donde se expliquen las clausulas de los convenios en donde se esconde la desigualdad, sean esos mismos compañeros y compañeras los que las denuncien y exijan unas condiciones de trabajo y retribuciones igualitarias. Y que a su vez haya más mujeres en las negociaciones de esas condiciones de trabajo y de salarios.

Que cada persona con responsabilidad política, sea en un Ayuntamiento pequeño o en las Cortes Generales, se acuerde de ponerse las gafas moradas a la hora de tomar decisiones para que estas no impliquen desigualdades en demasiadas ocasiones ocultas pero reales. Y que se impulsen planes de igualdad para caminar hacia una ciudadanía más equitativa en sus condiciones de vida cotidianas.

Que los medios de comunicación sean mucho más escrupulosos con los lenguajes que utilizan tanto escritos como audiovisuales y con la forma de redactar determinadas noticias para que todas las personas nos podamos ver reflejadas correctamente en esos marcos informativos. 

Que se nos dejen de cosificar nuestros cuerpos y se consideren cuerpos humanos de pleno derecho a todos los niveles, incluso en la salud. Y, por tanto que se invierta en investigación para saber qué tipo de enfermedades padecemos como mujeres y con cuerpos de mujeres y qué tratamientos son los más adecuados, dejando de ser ciudadanas de segunda a quienes nos recetan medicamentos que han sido diseñados y probados en cuerpos de hombres, puesto que era el universal sobre el que se estudia medicina, farmacia, etc. Y por tanto que la salud de las mujeres deje de ser "esa gran desconocida" incluso para nosotras mismas.

Que se apliquen las leyes ya vigentes en esta materia para que desde las diferentes instituciones y comenzando por el Gobierno Central se impulsen las medidas ya aprobadas para construir una sociedad menos violenta con las mujeres y las criaturas y, por tanto más igualitaria en todos los aspectos.

Si, ya sé que puede parecer una carta a las Reinas Magas, pero creo que es necesaria la implicación no solo de todos los agentes socializadores (familias, escuela, iguales, medios de comunicación, etc.) sino también de cada una de las personas de buena voluntad y que tenga claro que otras realidades son posibles. Con mucho trabajo, por supuesto, pero posible al fin y al cabo.

Esa es mi propuesta navideña de este año. De ella parto cada día cuando suena el despertador. Y soy consciente que hay muchas personas que hacen lo mismo cada día. Por eso mismo creo que, aún siendo complicado e incluso a veces pareciendo imposible, realmente no lo es.

Seguiremos trabajando cada día en todas las propuestas y proyectos en los que podamos colaborar para caminar hacia esa sociedad menos violenta con las mujeres y las criaturas y más equitativa entre todas las personas. Esa es mi apuesta personal. ¿Y la tuya?

Por Teresa Mollá Castells
La Ciudad de las Diosas

[1] http://www.laopiniondezamora.es/blogs/hablamos-de-mujeres/que-es-el-patriarcado.html

diciembre 17, 2017

Alias Grace. Pájaros que vuelan alto

La serie El cuento de la criada muestra un mundo totalitario en el que las mujeres son sometidas, y poco a poco se van rebelando.



El mundo se volvió de repente un lugar horrible, una pesadilla envuelta en un estado totalitario, machista y opresor. Las mujeres dejaron de tener derechos, no pueden trabajar, ni caminar libres por la calle, ni elegir pareja, ni permanecer con sus hijxs y mucho menos decidir sobre su sexualidad. Un grupo de delirantes creó un nuevo orden en una ciudad de Estados Unidos, impulsados por la falta de nacimientos en años. Las mujeres fértiles fueron capturadas y condenadas a vivir como criadas-esclavas para un matrimonio que tiene como meta en su vida tener un hijo. Para lograrlo realizan una “ceremonia”, un eufemismo para una violación que se realiza una vez al mes en presencia de la esposa infértil, perpetrada por el marido al que llaman comandante. 

En la serie El cuento de la criada, basada en la novela de Margaret Atwood, la sociedad es como una recreación del libro 1984 en clave machista. Parece ciencia ficción, pero todas las situaciones marcan de algún modo momentos que se viven en la realidad, sólo que más extremos y violentos. Las mujeres sometidas a una organización que las oprime y no las deja ser. La serie comienza con el instante en el que atrapan a June, magistralmente interpretada por Elisabeth Moss, y desde ahí se va contando lo que va sucediendo con la introducción de flashbacks que traen cómo era la vida antes y cómo se fue pasando poco a poco a esta otra vida sin libertades ni derechos para las mujeres. “Dejamos que pase, no despertamos, las cosas se iban agravando cada vez más y no despertamos”, dice en uno de los monólogos interiores que utiliza la protagonista. En esta sociedad las mujeres están divididas en cuatro actividades, las esposas infértiles, que se visten de verde; las criadas que se visten de rojo y parecen más bien monjas aunque las traten de putas; las martas que son las sirvientas de las casas y las tías, que son mujeres encargadas de mantener a las criadas a raya y aleccionarlas. “Lo normal es a lo que nos acostumbramos”, dice para explicar el horror del encierro y la crueldad de los castigos a los que son sometidas las mujeres que osan salir de la línea impuesta, decir algo que no deben o rebelarse con la más mínima pequeña acción. ¿Cómo aceptan algo así? Consienten ese modo de vida como se consiente este modo de vida del otro lado de la pantalla, por acostumbramiento, por resignación, por miedo. 

En la segunda parte de la serie empiezan a verse señales de rebeldía dentro de June, la mujer que es llamada con el nombre de su comandante porque las criadas adoptan los nombres derivados del jefe de la casa. Cuando piensa en su marido y en la hija que tenía en su vida pasada, las fuerzas para afrontar la crueldad resurgen y se vuelven vivas. La idea de escapar y de no dejarse vencer es cada vez más fuerte, se va propagando en el mundo interior como una oruga que quiere volverse mariposa. Va juntándose con otras, va pidiendo a las amigas con las que puede hablar a escondidas que no se dejen vencer, se atreve a decir lo que les está pasando a una delegación que llega de México a negociar. “Somos esclavas, nos están matando, somos seres humanos”, dice en un discurso revelador y conmovedor. En los interiores la atmósfera siempre es oscura, la luz se puede ver afuera, en los exteriores. 

Cerca del final de esta primera temporada, un episodio las hace por fin empezar a mostrar el descontento, a pesar del miedo al castigo físico. Una a una se van animando a decir basta a tanto horror y deshumanización. Una de las escenas más emocionantes es cuando June camina por la calle al frente de esas mujeres con la canción de Nina Simone “Feeling Good”: “Es un nuevo día, es una nueva vida”. El final es abierto, pero esperanzador. June tiene una amiga fiel y de esa amistad resurge las ganas de liberarse. Las cosas pueden cambiar con un poco de coraje, y siempre acompañadas.

Fuente: Página/12

Hitchcock: El maestro de la misoginia

El aclamado director de suspense proyectó en su filmografía sus fantasías machistas y la obsesión por las actrices. Escenas icónicas como la de la ducha en ‘Psicosis’ elevaron la violencia explícita contra las mujeres a categoría de arte.

Marion Crane (interpretada por Janet Leigh) en el icónico fotograma de ‘Psicosis’

‘Psicosis’ está considerada como la obra maestra entre obras maestras de Alfred Hitchcock. Estrenada en 1960 y después de causar un impacto dividido en la audiencia, posteriormente fue ensalzada como película de culto y, a la vez, clásico del cine. El asesinato de Marion Crane, la famosa escena de la ducha, se convirtió en un icono de la narrativa que consagró la misoginia como estética en el cine.

Existe una perspectiva de género inconsciente e inherente a los personajes femeninos de este director. Las mujeres, aunque en muchos casos como protagonistas, aparecen siempre como objetos de deseo en un cine orientado al espectador masculino. Con el paso de los años, estos personajes femeninos toman vida propia al realizarse una adaptación de contexto, en una especie de venganza poética que hace interesante y necesaria una revisión de clásicos.

En la obra magna del terror que es considerada ‘Psicosis’, el personaje de Marion Crane (Janet Leigh), una de las rubias gélidas habituales en la obra del director, aparece en pantalla cuarenta minutos, dejando características poco habituales en personajes femeninos de la época. Trabaja fuera de casa, como secretaria en una agencia inmobiliaria, viaja sola en coche y se reúne en un hotel con su novio para mantener relaciones sexuales. Esta es su tarjeta de presentación, se trata de una mujer independiente y decidida. Presiona a su novio y decide robar para poner solución a estos encuentros clandestinos. Huye en una inolvidable escena de conducción nocturna. En esta huida se aloja en un motel, donde se reúne brevemente con Norman Bates (Anthony Perkins), un joven encargado del negocio familiar junto con su madre. El lado femenino de Norman Bates está muy presente en el perfil de su personaje, que muestra características predominantes en mujeres, al menos en la manera que eran representados los géneros en la época. Educado, atento, con aparente sensibilidad y minucioso en sus trabajos como taxidermista en las horas libres. Desde el primer momento se presume la influencia que ejerce la figura de la madre en este joven atípico, que acaba sintiéndose ella en un desdoblamiento de personalidad.

La misoginia interiorizada de Norman Bates, esa parte de él que lo posee y que llama “Madre”, es quien pone fin, de la manera más brutal y violenta, a la vida de esa otra mujer joven, inteligente, bella e independiente que aparece una noche, sin más, en la monótona vida de este motel. La mujer contra sí misma como recurso narrativo. Con una ejecución terrorífica y sugerida, Hitchcock convierte en mito una escena que eleva la violencia explícita contra las mujeres a categoría de arte.

Plantea, con los elementos de análisis que ofrece la realidad actual, la polémica sobre la utilización de la misoginia como estética, ya que el arte tiene capacidad de convertir cualquier crítica o denuncia velada en un acontecimiento disfrutable. La violencia se vuelve aceptable, incluso comprensible para destinatarios de mentalidad terrible, teniendo en cuenta antecedentes de un personaje casi feminista en la época.

El enemigo de las rubias

La primera obra considerada como hitchconiana, estrenada en 1927 y de nombre original ‘The Lodger’, adaptada al castellano de manera muy acertada como ‘El enemigo de las rubias’, marca el preámbulo de un estilo e intenciones de fórmula repetida en el total de su obra. Un asesino en serie mata a jóvenes rubias escondido bajo la niebla londinense. En el cine de este director se desvelan casi desde un principio una serie de elementos comunes, polémicos y acallados por la cultura de la misoginia, tanto en la narrativa como en la estética. De estilo aséptico y disposición ortopédica. Artista de la geometría del cine con la concepción de una sucesión de planos ordenados en su cabeza. Para el aclamado “maestro del suspense”, los actores son como ganado, como declaró en una famosa entrevista con el director francés François Truffaut. Lo más importante es el resultado de una escena, sin importar el sufrimiento o la sensibilidad de los participantes en la creación de la misma.

Existe una separación de la realidad del protagonista por secreto, crecimiento de un ambiente opresivo, liberación de la culpa y la finalidad: el dilema moral. En palabras del propio director, su amor por el cine es más fuerte que la moral, y repasando su extensa obra se entiende que el cine se convierte en una introspección personal para experimentar las propias pulsiones misóginas. Para Hitchcock, la violencia contra las mujeres representa un dilema moral personal, una proyección peligrosa hacia un público que le libere de culpa mediante el éxito de sus propuestas. Los elementos estéticos que contribuyen a crear este espectáculo artístico-moral son un marcado fetichismo y cosificación de las mujeres rubias.

Las declaraciones realizadas en la reveladora entrevista con Truffaut (Los Ángeles, 1962) evidencian la tríada que caracteriza una personalidad impregnada de clasismo, racismo y machismo:

“Pienso que las mujeres más interesantes, sexualmente, son las inglesas. Creo que las mujeres inglesas, las suecas, alemanas y escandinavas son muchísimo más excitantes que las latinas, italianas y francesas. El sexo no debería ser anunciado. Una mujer inglesa, con apariencia de profesora de colegio, es capaz de entrar en un taxi contigo y, para tu sorpresa, abrirle los pantalones a un hombre. Sin el elemento sorpresa, las escenas pierden sentido. No hay posibilidad de descubrir sexo.”

En un principio cuenta con actrices como Ingrid Bergman y Grace Kelly en títulos que se encuentran en el Olimpo del cine. ‘Recuerda’ (1945) y ‘Encadenados’ (1946) como colaboraciones más destacadas con la actriz sueca. ‘Crimen perfecto’ (1954), ‘La ventana indiscreta’ (1954) y ‘Atrapar a un ladrón’ (1955) fueron los tres trabajos con la princesa de Mónaco. Hitchcock se sentía halagado por trabajar con estas mujeres.

El fin de sus colaboraciones con Grace Kelly desata la búsqueda de actrices que reúnan las características físicas que demanda el imaginario particular de su mente, que nunca llegaron a estar a la altura de sus exigencias y propiciaron un escarnio público por comparación, por parte de otros hombres del gremio y del público en general.

El caso más notable es el de Kim Novak, contratada como segunda opción para protagonizar ‘Vértigo’ (1958), una de las películas mejor valoradas de todos los tiempos, después de que la primera actriz quedase embarazada y dejase de interesar al director.

En la entrevista con Truffaut, Hitchcock pronuncia la palabra “necrofilia” para describir el deseo de Scott (James Stewart) por Madeleine Elster (Kim Novak), y su posterior relación sexual con Judy Barton (Kim Novak) una vez ha sido transformada en Madeleine. También desvela que tuvo una erección rodando la escena en la que Judy sale del baño convertida en Madeleine, ya que en su idioma visual significaba que estaba desnuda y dispuesta para el personaje masculino. Cosificación en su máxima expresión. Kim Novak pasó a la historia considerada como una actriz “casquivana”, en palabras textuales, y resultaba poco elegante en comparación con anteriores actrices.
“His-cock”

Tras el impacto de ‘Psicosis’ y la interpretación de Janet Leigh, que le llevó a ganar el Globo de Oro a Mejor Actriz de Reparto y la nominación al Oscar, transcurre un período de tres años hasta el estreno de ‘Los Pájaros’, en 1963, con una nueva actriz protagonista, Tippi Hedren. Considerada una película de terror de fotografía icónica, cuya estética ha sido referencia para películas posteriores, como ‘Mulholland Drive’ (2001) de David Lynch, en esa combinación ambigua rubia-morena-misterio. Naomi Watts declaró haberse inspirado en el trabajo de la actriz protagonista, Tippi Hedren. La propia ‘Marnie, la ladrona’, estrenada al año siguiente con Hedren de nuevo como protagonista, aunque había sido escrita expresamente para Grace Kelly, repite esquema estético.

Los problemas para Tippi Hedren empezaron en el rodaje de ‘Los Pájaros’: el director se obsesionó con la actriz, llegando a sentirse dueño de su carrera y amenazando con arruinar su trayectoria por el continuo rechazo de ésta a los intentos de Hitchcock de mantener encuentros íntimos. El abuso no sólo se producía fuera de las cámaras, sino también durante la filmación de escenas. Según ella relata, llegaron a lanzarle pájaros de verdad para producirle daño. Una tortura física y psicológica inconcebible.

‘Marnie, la ladrona’ (1964) representa la mayor proyección de la obsesión de Hitchcock por una de sus actrices. Marnie Edgar es un personaje de perfil psicológico complicado, con traumas que se remontan a la infancia y por los que huye de los hombres. La fantasía misógina del director, obsesionado con someter a Tippi Hedren a sus deseos, traduce este rechazo en una frigidez que debe ser curada. Hitchcock despide al guionista Evan Hunter tras negarse a incorporar en el guión final la conocida escena de violación de Mark (Sean Connery) a Marnie. Contrata entonces a Jay Presson Allen, quien resuelve el dilema moral, ya que la escritora considera que no se trata de una violación sino de problemas maritales. De nuevo el recurso narrativo liberador.

Tippi Hedren tardó décadas en hacer una denuncia pública, que se produjo finalmente en la Asociación de Críticos de Televisión (TCA), en el año 2012, con motivo de la presentación del documental ‘The Girl’, que ilustra la tormentosa relación de la actriz con el director británico:

“No había hablado sobre este problema con Alfred Hitchcock a nadie. Porque en aquellos años todavía era una situación de estudio. Los estudios eran el poder. Y yo estaba al final de eso, y no había absolutamente nada que yo pudiera hacer legalmente. No había leyes sobre este tipo de situación.”

El verdadero cameo de Alfred Hitchcock en sus películas reside en la proyección de su personalidad. El dilema moral consiste en buscarlo y liberarlo de culpa o no. Fin

Fuente: Pikara

diciembre 16, 2017

El agotamiento social de las mujeres

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

  • En la familia, el acceso a los recursos y el reparto de los trabajos y los tiempos se dan en condiciones de desigualdad, generando conflicto, discriminación e incluso violencia
  • Las mujeres y las niñas son las responsables culturales de los cuidados, empleando un número considerable de horas al día que limita su participación en otras actividades
  • La multiactividad de tareas lleva a las mujeres al agotamiento social de sus múltiples roles sin permitirles tener tiempo para garantizarse una vida digna
La feminización de la pobreza es un hecho probado estadísticamente. Sin embargo, la brecha entre mujeres y hombres no suele ser tan abultada como podría pensarse dadas las brechas de género en empleo, renta, patrimonio, acceso al crédito o en la familia. Primero, esto tiene que ver con la forma en la que se mide la pobreza donde la familia es una unidad ausente de conflicto y discriminaciones internas. Y segundo, con la aproximación a la pobreza como una cuestión monetaria, cuando tiene un carácter multidimensional. Ambas cuestiones responden a la limitada aplicación del enfoque de género en la construcción estadística y el análisis social y económico. 

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las estadísticas sobre pobreza miden los ingresos de los hogares en su conjunto y el total se divide entre unidades de consumo asumiendo que todos los miembros disfrutan de un reparto equitativo de los recursos. Sin embargo, es importante recordar que la familia es, en palabras de Amartya Sen, un lugar de conflicto cooperativo.

Si bien es cierto que miembros de una familia sin ingresos propios se benefician del acceso a los recursos familiares estableciéndose una dinámica cooperativa, no es menos cierto que tanto el acceso a esos recursos como el reparto de los trabajos y los tiempos se dan en condiciones de desigualdad, sobre todo con relación al género o la edad, generando conflicto, discriminación e incluso violencia.

Así existen innumerables evidencias históricas y actuales de las menores calorías y proteínas a las que acceden las mujeres frente a los hombres en los hogares con bajos ingresos, o la diferente apuesta por la inversión en educación de las familias primando a los varones, o el desigual y discriminatorio reparto de los trabajos y los tiempos de las obligaciones domésticas. Son las mujeres y las niñas, las responsables culturales de esos cuidados empleando un número considerable de horas al día que limita su participación en otras actividades, incluidas las vinculadas con su educación, su participación en los asuntos de la comunidad, su propio descanso, o asegurarse los ingresos necesarios para vivir una vida libre de pobreza y exclusión social.

En segundo lugar, la pobreza es un fenómeno muy complejo en el que intervienen muchos factores interconectados, también sin expresión monetaria. Esa fue la línea abierta por Amartya Sen con su enfoque de las capacidades y la seguida por Sabina Alkire y James Foster cuando crearon el índice de pobreza multidimensional. También la estadística pública europea ha sido sensible a esa multidimensionalidad, elaborando el índice de riesgo de pobreza y exclusión social (AROPE), donde al indicador de ingresos monetarios se añaden el de baja intensidad laboral y el de privación material severa.

Para observar la pobreza es esencial no sólo analizar la cuantía de la renta, sino también tener en cuenta la riqueza, las posibilidades de consumo, la baja intensidad laboral y la incidencia del paro, los índices de desigualdad o la protección que ofrecen ante la vulnerabilidad las políticas públicas o el acceso a servicios públicos de calidad. Y aunque se suele olvidar, también hay que considerar la disponibilidad y autonomía sobre el tiempo.

De ahí que comencemos a hablar, también en las sociedades opulentas, de la “pobreza de tiempo”, definida como el hecho que comporta que algunas personas no dispongan de suficiente tiempo para descansar o acceder al ocio después de haber dedicado el tiempo requerido a sus trabajos, pagados y no pagados —los cuidados—, al estudio o a cubrir otras necesidades básicas para la vida como el cuidado personal.

La pobreza de tiempo no sólo nos permite ver qué ocurre a escala individual, sino también cuáles son las dinámicas del hogar, sobre todo en relación con las desigualdades de género. Además, la pobreza de tiempo no sólo nos permite ver la falta de tiempo y la diferencia entre los distintos individuos, sino también la intensidad del trabajo. Especialmente, la compatibilización del trabajo de cuidados con otros trabajos, que en las encuestas de empleo del tiempo aparecen como actividades secundarias. Se trata de una multiactividad de tareas que es especialmente relevante para las mujeres y que las lleva a la social depletion o agotamiento social de sus múltiples roles sin permitirles tener tiempo para garantizarse una vida digna, sobre todo cuando se combina con las otras dimensiones de la pobreza, ya que la pobreza de tiempo les impide disponer de tiempo o flexibilidad horaria para ofertar su trabajo en condiciones de garantizarse la autonomía financiera, formarse, acceder a los recursos básicos o a los mínimos cuidados que les garanticen una vida digna y saludable y plenamente integrada en sus comunidades o sociedades.

Por Lina Gálvez es catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y directora del Observatorio GEP&DO.

[Este artículo forma parte del dossier 'Género y pobreza' publicado en el número 53 de la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]
Fuente: El Diario.es