febrero 19, 2019

Argentina. Un volantazo a favor de las mujeres



En el año 2014, dos mujeres separadas por miles de kilómetros y sin saberlo, se encontraban en una lucha similar. Una en Salta y la otra en Capital Federal, fueron a buscar trabajo de aquello que amaban hacer, conducir un colectivo. Ambas obtuvieron la misma respuesta: no. Finalmente, el poder judicial falló a favor de ellas, estableciendo un cupo del 30% para la planta de las empresas de transporte urbano de pasajeres. Otro ámbito laboral recuperado para las mujeres.

Como mito urbano, se erige la idea de que sólo hombres pueden manejar un colectivo. Cualquier medio de transporte que sea más grande que un auto estándar ya queda fuera del lugar “propio” para una mujer. Nadie sabe muy bien por qué. “Las mujeres no se postulan para el puesto” es la respuesta más habitual de algunas empresas. “Las mujeres cuestan más que los hombres”, aquella que resuena por lo bajo.

Con una sociedad ciega a la discriminación que se oculta en el “sentido común” que nos dice que las mujeres no pueden o no quieren manejar colectivos, dos de ellas se pararon frente a las empresas para exigirles ser consideradas para el puesto. El mercado laboral machista ha sufrido otro cimbronazo.

Erika y Mirtha

En 2014, Erika Borda se cansó de dar vueltas durante tantos años con su currículum por las empresas de transporte de Buenos Aires. Había sido despedida, luego de trabajar como chofera durante muchos años en una empresa que se había “arriesgado” a contratar a un puñado de mujeres. Fue rechazada innumerables veces. Incluso, la mayoría de los lugares ni siquiera le recibían el currículum. Aunque en todas había puestos vacantes, nunca le explicaron por qué no la tomaban. Decidió hacer un reclamo en la Defensoría de la Nación para que se garanticen sus derechos laborales. Se sentía discriminada.

Con el patrocinio de la Defensoría General de la Nación, presentaron un amparo individual y colectivo contra empresas de transporte urbano de corta distancia del área metropolitana para requerir que adopten una política de selección y contratación del personal no discriminatoria que fije el cupo laboral, equiparando a mujeres y varones. También, demandaron al Ministerio de Trabajo de la Nación, en su calidad de autoridad de aplicación en materia laboral, para que adopte las medidas necesarias que hagan hacer cesar las prácticas discriminatorias que afectan a las mujeres en el acceso al trabajo en el sector. Por último, cuestionaron el Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) N° 460/1973, que rige la actividad del personal de autotransporte colectivo de pasajeres, por ser violatorio del principio de igualdad, ya que sólo contempla a hombres para los puestos de chofer de colectivos urbanos.

Ese mismo año en Salta, Mirtha Sisnero, apoyada por la Fundación Entre Mujeres y la Defensoría General, recibía la resolución favorable de otro amparo individual y colectivo presentado contra las empresas de transporte de esa provincia ante la falta de mujeres en la conducción de los colectivos. Mirtha cumplía con todos los requisitos exigidos, salvo el principal: ser varón.

Ambas demandas lograron fallos favorables, aunque demorados, que sientan precedentes importantes. Se ordenó a las empresas a aplicar “buenas prácticas” que contemplen la cuestión de género a la hora de seleccionar a su personal. Además, se instó al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social a garantizar el cumplimiento de las normas que establecen el derecho a la igualdad en el acceso al empleo. Exigieron, también, la revisión del convenio colectivo de trabajo, que posee lenguaje sexista y sólo incluye a varones. Por último, los fallos establecieron que debe incluirse un cupo del 30% de mujeres conductoras.


Derribando mitos

“Las mujeres manejan mal”. “Las mujeres cuestan al empleador más que los varones”. “Las mujeres no están interesadas y no se presentan para los puestos de chofer”. “No es trabajo para mujeres”. “Siempre fue así”. Éstas son algunas de las frases que suelen usarse para justificar las discriminaciones a las mujeres en ciertos ámbitos laborales. Sorprendentemente, algunas de ellas son las que utilizaron las empresas para justificar su postura frente a los reclamos. Nuestro “sentido común” es una construcción social basada en el machismo. Por eso, es necesario derribar los mitos con datos.

Los “costos de las mujeres”: según el informe “Mujeres en el mercado de trabajo argentino” del año 2018 del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, la participación en el trabajo doméstico no remunerado es altamente desigual entre varones y mujeres. El tiempo promedio por día de un varón es de 3 horas, mientras que el de una mujer es de 6 horas y media. El 90% de las mujeres realiza este trabajo en sus casas, mientras que sólo la mitad de los hombres lo hace. Cuando nace un hije, cuando éste se enferma, o algún otro familiar, son las mujeres las que relegan su trabajo “formal” por las tareas de cuidado y reproducción de la vida. Los mandatos están claros y el mercado laboral colabora con ellos. Las mujeres “cuestan” porque la carga del cuidado no está repartida con los padres varones.

Sin embargo, cuando vemos los números más finamente, las mujeres le costamos, en realidad, muy poco al mercado: tenemos salarios más bajos que los varones en puestos similares; somos las que habitamos los puestos más precarizados que se convierten en extensiones de las tareas de cuidado como la docencia, enfermería, trabajo de casas particulares, entre otros. Incluso, cuando agotamos las horas pagas del empleo, seguimos trabajando en casa. Entonces, así sí que costamos menos. Nuestra jornada de trabajo no se reduce a 8 horas, sino que tiene aquellas 6 horas y media de trabajo no pago en nuestras casas. Trabajamos 15 horas por día, incluidos los fines de semana, y cobramos menos que un hombre que trabaja 8 horas. Les salimos baratas.


“Las mujeres no están interesadas en trabajos como el de chofer”: esta afirmación se desmiente sola cuando vemos los dos fallos que muestran que sí existen mujeres interesadas en ser choferas. Si no se reciben currículums de mujeres en cantidad, es porque nacimos con el mandato de “manejar mal”, incluso cuando nos encanta hacerlo, tanto como para que sea nuestro trabajo cotidiano. Porque nos cansamos de golpear puertas que nunca se abren, de recibir comentarios discriminatorios y sexistas. Porque hay que ser muy valiente para meterse en un mundo “de hombres”. Porque, incluso, hay hombres que, cuando ven que maneja una mujer, eligen no subirse (al colectivo, al barco, al avión). En este contexto, ¿cómo pueden esperar que una horda de mujeres se agolpen en sus puertas para un puesto de chofer? Ni siquiera tienen baños de mujeres, incluso teniendo algunas pocas mujeres en sus plantas de trabajo (administrativas y de limpieza, claro).

“Siempre fue así”: ¡Justificación conservadora si las hay! Sabemos que siempre fue así, créannos, lo sabemos. Lo saben nuestros cuerpos. Por eso, este fallo reciente es tan importante. No por aquello “legal” que logra derribar, sino porque logra poner en evidencia el machismo imperante en un empleo tan importante como es el de transporte de pasajeros. El sindicato de transporte es uno de los más grandes del país, enteramente integrado por varones, y el que lleva la batuta de las demandas sindicales del resto. Luego, nos preguntamos por qué tenemos convenios de trabajo tan machistas, que no contemplan las demandas de las mujeres y la disidencias. En Córdoba, lo vivimos muy cerca con el despido de las trolebuseras. Las conductoras de los trolebuses, el único medio de transporte público de gran porte en donde se “permiten” mujeres, sufrieron el recorte de manera brutal. Todavía esperan respuestas, precarizadas por las empresas y abandonadas por el sindicato.

No hay trabajos específicos para mujeres o varones. De a poco, estos mitos van cayendo gracias a las luchas de las mujeres. Todavía falta mucho, las compañeras transexuales y travestis son las que la tienen más difícil. Todavía su presencia en los trabajos formales no es bienvenida. Por esto, nos preparamos para el 8M más unidas que nunca. Ya dimos un volantazo a favor de las mujeres en uno de los rubros más machistas. El 8, lo vamos a dar vuelta todo, por todes.

Fuente: La tinta.

febrero 18, 2019

Hacia la huelga general feminista del 8 de marzo.

A falta de menos de un mes para el 8 de marzo y la huelga general feminista, se han convocado elecciones generales para el 28 de abril. Tendremos por fin la posibilidad de decir en las urnas lo que llevamos tiempo demandando: más democracia paritaria porque sin mujeres no hay democracia. Además, podremos, también, poner de manifiesto quienes queremos que nos gobiernen. No podemos quedarnos en casa. Hemos de ir a votar para frenar a las derechas y sus ambiciones de recortar nuestros derechos.

Pero vayamos por partes y calentemos motores para la huelga general del 8 de marzo. Yo tengo claro que no haré el paripé de las dos horas de paro. La situación de desigualdad que atravesamos y los asesinatos machistas no le permiten a mi conciencia ir con medias tintas. Haré, lo que siempre hice con las huelgas generales: Parar

Siempre he dicho que una huelga es como un beso: si no la haces, cae sobre tu conciencia, como un beso no dado que también cae sobre la conciencia. Y yo quiero sentirme viva y que mi conciencia esté tranquila y serena. Además, y después de la experiencia del año pasado, descubrí que sabe muy requetebién secundar esta huelga en nombre de todas las situaciones de desigualdades, violencias machistas, micromachismos, trata de mujeres, prostitución, vientres de alquiler, brechas salariales, y un largo etc. que sufrimos las mujeres. Se me quedó muy buen cuerpo haberla secundado y, además, haber estado haciendo llamamientos para que fuera secundada.

Este año no estamos mejor que el año pasado. A lo largo de estos casi 365 días, las mujeres nos hemos tenido que movilizar por motivos varios. La patriarcalización de la justicia y las sentencias que se han ido dictando con la de los violadores de "la manada" al frente; el intento de recorte de muchos millones de euros por parte del gobierno de Rajoy para el pírrico Pacto de Estado contra la Violencia de Género; las declaraciones de algunos líderes de la ultraderecha que han pactado en Andalucía para intentar derogar la Ley 1/2004 sobre Medidas de Protección contra la Violencia de Género; la voluntad explicada de Casado de volver a la ley del aborto del 85, atentando de ese modo contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, así como nuestro derecho a ser o no madres, en aras a pagar las pensiones, cuando quienes vaciaron las huchas de las pensiones fue gente de su partido que ha robado de las arcas públicas a manos llenas y de ese modo pasar a tener un concepto de las mujeres como meras gestoras de cotizantes para pagar pensiones.

Tenemos muchos, muchísimos motivos para ir la huelga general del 8 de marzo. Nuestras niñas merecen un futuro mejor. Merecen ser y sentirse ciudadanas de primera y no ser invisibilizadas por lenguajes que cosifican, por tradiciones que las colocan en segundo plano, por instituciones que las re-culpabilizan cuando son agredidas o son acosadas e incluso violadas. 

Nuestras niñas merecen vivir sin miedos a ser violentadas por las calles. Y por violentadas también me refiero a las agresiones verbales en las calles. Merecen tener voz propia y ser escuchadas para contar sus experiencias y emociones en las escuelas e institutos. Tienen derecho a vestirse y vivir como quieran. Y a ser creídas en caso de necesitarlo. Y a tener una formación afectivo-sexual y descubrir las relaciones sexuales de manera placentera y libre, sin presiones, sin ser forzadas y, ni mucho menos, ser violentadas.

Y nosotras, las que ya tenemos unos años, tenemos derecho a tener una vida libre de violencias cotidianas en las que se nos cuestiona la voz por ser mujeres, se nos intenta denigrar porque cuestionamos al patriarcado, porque hemos decidido tener voz propia sin necesidad de que nadie nos "traduzca" a un lenguaje más amable para el patriarcado, porque decidimos en cada momento con quién, cómo y cuando queremos estar. Porque hemos tomado conciencia de nuestra fuerza personal y colectiva y no vamos a permitir que se nos detraigan nuestros derecho adquiridos.

Por nosotras y por el resto de mujeres del mundo, el 8 de marzo yo pararé en la segunda huelga general feminista. Y que nadie intente impedírmelo porque no lo conseguirá.


Teresa Mollá Castells
tmolla@telefonica.net
La Ciudad de las Diosas

“El feminismo está reconceptualizando el internacionalismo desde la práctica”

La argentina Verónica Gago, doctora en Ciencias Sociales, periodista y militante del colectivo NiUnaMenos reflexiona sobre las claves para consolidar las redes feministas a nivel global.


Fotos de Verónica Gago durante una entrevista para Revista Amazonas.

Verónica forma parte del colectivo argentino NiUnaMenos en Buenos Aires, ciudad en la que tomó parte en las acciones feministas contra la cumbre del G20. Estudió Ciencia Política y se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente da clases de Economía Internacional. El próximo martes 19 llegará a Hika Ateneo (Bilbao) para participar en un encuentro organizado por Feministalde, que busca seguir tejiendo mimbres hacia un nuevo internacionalismo feminista. En plena ola reaccionaria frente a la potencia de este movimiento -representada en el estado español por el discurso antifeminista de VOX- Verónica Gago reflexiona sobre las claves para consolidar las redes feministas en clave global. 

Para comenzar, ¿nos puedes contar tu análisis del neoliberalismo en América Latina y los debates que existen hoy en día?

Tenemos que pensar en qué sentido el neoliberalismo ha persistido en nuestra región a la vez que ha mutado; creo que sólo así podemos entender de qué manera retorna, si queremos usar esa palabra demasiado lineal; o en qué sentido hoy el neoliberalismo requiere de una micropolítica fascista para establecerse en este momento. Creo que esto nos pone otro realismo político para decir de qué hablamos cuando hablamos de neoliberalismo, y qué horizonte le ponemos a una situación para caracterizarla como posneoliberal y/o antineoliberal.

En particular, me preocupa cómo problematizamos lo que fueron los mecanismos llamados de inclusión social. La inclusión dada por la dinámica del consumo a través del endeudamiento masivo y generalizado tiene una cantidad de problemas que no podemos dejar de ver, sobre todo pensando cómo esa capilaridad del endeudamiento y de los dispositivos financieros hoy estructuran las economías domésticas y lo cotidiano. Hoy son las finanzas las encargadas de endeudar ese deseo, privatizarlo, ajustarlo y someterlo a tasas de interés altísimas. Entonces, creo que ahí se arma otro mapa tanto para leer a qué le llamamos neoliberalismo y cuáles fueron las dinámicas de la región, como para pensar qué sostiene hoy este nivel de avance neoliberal en nuestra región.

En tu análisis de la economía popular en Argentina, ¿qué elementos destacarías para la construcción de alternativas?

Los movimientos sociales cuestionaron a qué se le llamaba trabajo, qué tipo de dignidad te daba el trabajo cuando el trabajo era precario, de mierda, etcétera. Pensar qué sería construir formas de trabajo autogestionado sin patrón, sin tener un modelo perfecto anticapitalista, alternativo, de qué implica eso en condiciones de despojo, de crisis, de fragilidad en todos los territorios, y a la vez lanzarse a hacer eso y negociar recursos con el Estado desde la autonomía, complejizando esa noción.

Es un proceso que viene del movimiento piquetero, que además fue un movimiento fuertemente feminizado. El empuje de esos movimientos, de abrir el confinamiento del hogar cuando el “jefe” (entre comillas) de familia caía en desgracia, fue de las mujeres y desde las mujeres, que armaron los comedores, las guarderías, que empezaron a hacer todos estos emprendimientos en el barrio, y esa infraestructura social es la que después posibilitó el corte de ruta como mecanismo político de mucho impacto público. Creo que hoy muchas de las compañeras de la economía popular son las hijas de las piqueteras, así en términos de trayectoria generacional, de experiencia acumulada.

Mi hipótesis es que se puede trazar esa genealogía y poner de relieve en las economías populares los vectores de radicalidad que tienen que ver con los elementos de insubordinación antisexista, anticlasista y antiracista que no pueden ser aplacados. No será un modelo alternativo perfecto, con un programa anticapitalista de manual, pero sí está habiendo un territorio en el que se disputa, por ejemplo, cuál es el trabajo remunerado y cuál es el trabajo históricamente invisibilizado y no remunerado y donde se combate la moralización de la pobreza por parte de quienes impulsan las economías de la obediencia, hoy con fuerte incidencia de las iglesias.

Además del movimiento piquetero, ¿qué otros procesos han permitido hoy esta explosión de la marea verde en Argentina y también a nivel latinoamericano y mundial?

En la Argentina hay tres líneas muy importantes. Además del movimiento piquetero que mencionábamos, está la trayectoria del Encuentro Nacional de Mujeres que es algo bastante singular y lleva más de tres décadas. Allí se ha ido acumulando experiencia, ha sido un espacio de pedagogía feminista popular para muchas generaciones, que se mantiene como cosa ritualizada pero al mismo tiempo muy porosa y muy permeable a lo que van planteando las diversas coyunturas.

La tercera es Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: la genealogía que hace que los derechos humanos en Argentina no sean liberales, a diferencia de muchos otros lugares del mundo. Se trata de una lucha histórica protagonizada por mujeres pero que ahora también se están releyendo en clave feminista, ahora las Madres están diciendo “nos damos cuenta de que éramos feministas”. Entonces, también me parece una cosa increíble de ver el movimiento por el cual las luchas de cada época permiten a las luchas anteriores repensarse, redefinirse y reinscribirse en una genealogía más amplia.

Se puede poner de relieve en las economías populares los vectores de radicalidad que tienen que ver con los elementos de insubordinación antisexista, anticlasista y antiracista que no pueden ser aplacados

Agrego que esta conexión de Madres y Abuelas es muy importante porque todo el tiempo ellas abrieron la discusión sobre qué significa producir justicia, y eso las llevó en cada momento a buscar aliarse con otras luchas. Ahí hay una zona de contacto muy importante con el movimiento feminista, que también abre de nuevo la idea de la justicia. Tanto para la discusión con la justicia patriarcal, como por el desafío de pensar qué otros tipos de justicia se hacen posibles, deseables, imaginables, en cuestiones que tienen que ver con abusos, acosos y violencias machistas. ¿Cómo se piensa una reparación que no es puramente institucional? ¿Cuál es el vínculo entre injusticia y condena social? Se trata de reabrir también lo que plantearon en su momento los escraches contra los genocidas sueltos: “si no hay justicia, hay escrache”, una consigna que es parte de un dispositivo colectivo para construir condena social, popular, barrial.

A nivel de América Latina son muy importantes todas las dinámicas de lucha contra los emprendimientos neoextractivos. Eso abre toda la discusión, que las compañeras de Centro América comenzaron llamando la dimensión del cuerpo-territorio, como la ampliación del cuerpo ya no entendido en términos individuales, del confín de lo individual, de los límites de derecho individual, sino la ampliación del cuerpo en términos extensos con un territorio. Creo que ahí, a nivel de la región, hay otra dinámica que hoy está nutriendo, hilando, produciendo otras imágenes y otro vocabulario para el feminismo.

¿Cómo se ha construido o se busca la pluralidad dentro del movimiento feminista?

Hoy esta capacidad de construir transversalidad tiene que ver con formas de ir produciendo proximidad entre luchas muy distintas: entre luchas migrantes; de las trabajadoras; compañeras que están en los sindicatos; en las universidades; en las escuelas secundarias; en las villas y que te dicen “acá no es que tenga que llegar el feminismo, nosotras hacemos feminismo villero”. El feminismo dejó de ser una exterioridad que se relaciona con “otrxs”, para ser tomado en cada uno de estos territorios como clave para leer el conflicto en el territorio.

Una cuestión importante que pone el feminismo es que nadie está afuera de un territorio, nadie carece de territorio, todas estamos situadas y, a la vez, plantea el cuerpo como un cuerpo-territorio. Entonces, eso es lo que problematiza cierta idea de solidaridad que implica siempre un grado de exterioridad en la que vos te vas a solidarizar con alguien cuyo conflicto no se vincula a vos.

¿Cómo ves el próximo 8 de marzo, cómo ves esto que a veces se llama una nueva ola global, qué retos plantea?

La dimensión del internacionalismo, de lo global, ha sido muy importante para el feminismo y está reconceptualizando qué entendemos por internacionalismo, abriendo ese interrogante desde la práctica. Porque me parece que los modelos anteriores de internacionalismo eran una estructura que homogeneizaba las experiencias de distintos lugares, y ahora creo que hay algo que para mí se podría definir con la pregunta: ¿cómo el internacionalismo hoy se siente como fuerza concreta en cada lucha?

Se abre la discusión acá sobre la cuestión del aborto y de repente eso da fuerza en una cantidad de países inesperados para que planteen la discusión; y la cuestión del aborto justamente desbordada en esta clave de no solo derecho individual sino de quiénes son las que mueren por abortos, quiénes pagan, quiénes no pagan, quiénes legislan sobre nosotros, en qué sentido quieren mantener ese poder de legislación sobre nuestros cuerpos, qué instituciones protagonizan la contraofensiva, etc. Esa expansión de la problemática, los discursos y las prácticas en relación al aborto es indisociable del tejido político de los paros internacionales y del impulso internacionalista que inauguró.

Me impresiona mucho que los paros, tomados y reinventados por el movimiento feminista, abrieron una posibilidad de investigación concreta y transnacional. Hay una diferencia muy fuerte con el sindicato que te dice “bueno, parás” y ya sabés que tenés que hacer, qué significa y cómo se va a medir el resultado de eso, y además a quiénes interpelan. Es diferente cuando al paro lo convoca el movimiento feminista diciendo “trabajadoras somos todas”, entonces cada colectivo, cada compañera tiene que decir, bueno en qué sentido trabajo, cómo trabajo, cuánto, quién lo reconoce. Se abre una experiencia muy práctica de pensar a qué le llamamos trabajo, cuál es el reconocido, cuál no, cómo estamos hoy produciendo valor, cómo aparece la economía del cuidado. Es decir, un montón de discusiones muy importantes se ponen en términos prácticos, desde la experiencia cotidiana.

En esta idea de un nuevo internacionalismo, ¿cómo habría que articularlo?

Yo creo que tiene los dos planos, que puede ser de resonancia, que no es solamente espontáneo pero sí hay una especie de efecto de repercusión, de compartir imágenes, textos, consignas, de reconocerte en algo de otra lucha que te habla a vos. Es un tipo de conexión por afectación diría. Y luego el otro plano es cómo lo vamos estructurando, con redes, de manera de estar en contacto sostenido, de dar cuenta de una acumulación de saber y de poder nuestro que no es el modo de acumulación político clásico. Diría un tipo de conexión que nos permita hacernos cargo de nuestras fuerzas y también cuidarlas.

Creo que no se puede dejar de ver la triple contraofensiva que se nos dirige: militar, financiera y religiosa. Está directamente respondiendo a la fuerza de desestabilización del feminismo

Creo que no se puede dejar de ver la triple contraofensiva que se nos dirige: militar, financiera y religiosa. Está directamente respondiendo a la fuerza de desestabilización del feminismo. Lo que pasa es que lo que intentan es señalar esa relación pero en clave de culpabilización. Por ejemplo, eso en Brasil es muy claro. Ahí les decían: “el #EleNão terminó favoreciendo el triunfo de Bolsonaro”, culpabilizando las manifestaciones de #EleNão y también por el asesinato de Marielle Franco cuando fueron las más masivas de Brasil del último tiempo. El intento de culpabilización me parece que es muy fuerte y sobre eso viene la criminalización.

Lo que digo es cómo pensar formas de consolidar este internacionalismo que nos permita hacernos cargo de nuestras fuerzas a nivel global, y a la vez cuidarlas frente a esta contraofensiva que también es global. Tenemos que pensar también mecanismos de autodefensa, porque el nivel de ataque está siendo cada vez peor, cada vez más brutal, y me parece que esa es una pregunta para el internacionalismo de nuevo tipo.


Por Juliana Hernández y Julia Martí
Fuente: El Salto