julio 26, 2016

Lilián Celiberti, feminista: "El cuerpo de las mujeres sigue siendo un territorio de poder bajo sospecha"


Lilián Celiberti,
fotografiada por Corina Mora en 2012.
Lilián Celiberti (Uruguay, 1949) coordina el Centro de Comunicación Virginia Woolf de Cotidiano Mujer, que promueve el protagonismo de las mujeres como sujetos de transformación política y social. También es coordinadora de la Articulación Feminista Marcosur e integrante del equipo coordinador de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales. Lleva más de treinta años luchando por los derechos de las mujeres, lo que en los años 70, durante la Operación Cóndor, le costó cárcel, secuestro y tortura, y probablemente también afianzó sus ideas para seguir en pie, defendiendo que hay que cuidar la esperanza como única posibilidad para lograr el cambio. Con este mismo planteamiento participó en la contracumbre de organizaciones feministas, de mujeres y de desarrollo celebrada en noviembre de 2012 en Cádiz[1] al hilo de la XXII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica. Allí pudimos mantener esta interesante conversación.

– Las cumbres siguen celebrándose y dando espectáculo político al mundo, pero… ¿suponen alguna expectativa para la mayoría de la población?

– El espacio de los gobiernos, el de Naciones Unidas, está tan deslegitimado… Pero no sólo porque van lavando el mensaje, sino porque hay que recorrer otros caminos. Sigue siendo válido un espacio iberoamericano, pero planteado desde diferentes coordenadas. Tal vez así, justamente, puedan sentarse las bases de nuevas relaciones, más paritarias.

– Pero, como ha quedado de manifiesto en esta Cumbre, la realidad que se impone entre los países de América Latina y España la marcan las relaciones comerciales, el interés de las transnacionales. No parecen tener relevancia la articulación social ni los vínculos de cooperación generados anteriormente. ¿Qué papel juegan las empresas españolas y transnacionales? ¿Está cambiando el sistema de cooperación internacional?

– Las empresas empiezan a adquirir un papel preponderante en la agenda de cooperación. Es una privatización de la agenda de cooperación, con una tendencia a la vieja visión colonial y asistencialista. La cooperación privada en realidad canaliza lo que vendría a ser una lógica de expansión de las empresas en áreas nuevas.

Tendríamos que centrar las relaciones, por el contrario, en la cooperación, en el sentido real que tiene la palabra. Por supuesto que para hacer las cosas se necesita dinero, y obviamente ahora hay una drástica reducción de la financiación, no sólo por parte del Estado español sino en general de Europa hacia América Latina.

– Estos recortes, ¿qué relevancia tienen para las relaciones entre organizaciones del Norte y del Sur?

– Muchas de las organizaciones no van a subsistir, o no de la misma forma. Tal vez hay que apelar bastante más a la solidaridad, al encuentro, al intercambio. A la cooperación en el sentido profundo del término: intercambio de experiencias, relaciones políticas… Tal vez hay que volver a colocar la acción política en el centro del activismo, después ya vienen los proyectos.

– ¿Es posible que la crisis esté haciendo tambalear a las ONG del Norte, no sólo en cuanto a sus fondos sino también a sus principios?

– Me parece que entre las crisis actuales también aparece la de las organizaciones, de las instituciones que hemos creado, que no sirven para este momento. En el Foro Eurolatinoamericano – Caribeño de la Sociedad Civil celebrado en Chile en septiembre ocurrió algo bastante triste. Resulta que varias insistimos en que no estaban presentes los derechos sexuales y reproductivos en la declaración final, algo que considerábamos fundamental. Lo propusimos una vez, dos, tres… pero cuando se leyó la declaración no aparecieron. Pedí la palabra y dije que una Europa sacudida por la crisis, con pueblos en la calle, con manifestaciones, no podía tener una confederación de ONG que no fuera capaz de introducir este tema, de ser ni un cachito más innovadora. El presidente me contestó que ellos eran muy plurales, que la declaración la habían discutido meses entre sus organizaciones, entre las que había mucha base católica… Esa fue la respuesta. Es realmente lamentable.

Porque, ¿qué sucede? Que en estos momentos en que la gente hace actos de solidaridad y ocupa el terreno de lo público buscando soluciones que nadie le está dando, es importante que haya mensajes, actos, expresiones, que contribuyan a esa resistencia, que politicen esa resistencia.

– A pesar de los logros de la lucha de muchas mujeres, en Europa sigue existiendo una ofensiva contra los derechos sexuales y reproductivos. En España está anunciada y sin definir aún una reforma de la ley del aborto, en Irlanda ha muerto recientemente una mujer por no practicarle un aborto… ¿Sigue existiendo una barrera de poder en cuanto al aborto?

– Sí, pero va más allá. Me pareció muy interesante que en Irlanda miles de personas saliesen a la calle a demandar una nueva ley, y en el caso de España me parece que está clara también la alianza de la derecha conservadora. Esa es la agenda de la derecha conservadora, aliada de la iglesia y atada a lo más conservador de una sociedad. Esto se expresa en miles de otras cosas, pero en relación con la sexualidad, con los derechos sexuales, es un terreno principal de identificación porque en el fondo lo que está en juego es la libertad. Y para las visiones conservadoras la libertad es privada, la tiene el varón, el paterfamilias, la iglesia católica, no existe otra libertad.

En esta crisis actual el mundo va a la derecha. Pero hechos como los que habéis comentado empiezan a sensibilizar a la población, y esos actos de ciudadanía, esas resistencias, tienen que poder generar cosas nuevas.

– Y en América Latina, ¿qué propuestas están en la agenda de los movimientos feministas?

– Nosotras, como feministas, seguimos teniendo la batalla principal en los sectores conservadores vinculados a la agenda de los derechos sexuales y reproductivos. Es la expresión más unitaria del movimiento, porque todas las feministas de todas las corrientes compartimos esa agenda.

Sin embargo, en relación con el crecimiento y el desarrollo económico, que tiene que ver con las visiones que tenemos del futuro, con cómo imaginamos la sociedad, es donde encontramos entre nosotras, feministas y movimiento de mujeres, las mayores diferencias. Hay quienes valoran la modernidad como una conquista. Yo no creo que haya que decir sí o no a la modernidad, pero sí que es necesario tomar distancia para plantear modelos alternativos.

– ¿Y esos modelos alternativos pasan por redefinir lo que es desarrollo?

– Partamos de la necesidad de descolonizar la imaginación. Hasta ahora América Latina ha marcado su horizonte en el Estado del bienestar europeo. Hay gobiernos en América Latina que están poniendo en marcha los mismos modelos, abiertos a los emprendimientos de las empresas. Es algo de lo que no puede culparse al Norte, es una visión desarrollista que la izquierda latinoamericana, o el centro izquierda o el progresismo, no sé ya como llamarle, comparte. Piensan en el crecimiento como parte esencial para combatir la desigualdad. Pero hay que recorrer otros caminos, abrirse a nuevas perspectivas que nos relacionen con la naturaleza, que hemos dejado al margen.

– Desde países como Bolivia o Ecuador se plantea también el horizonte del buen vivir.

– El desarrollo ha estado concebido sobre una visión capitalista y a pesar de sus búsquedas, como el desarrollo sustentable, no deja de basarse en la explotación de los recursos naturales. Para salir tenemos que pensar en una lógica de bienes comunes, no privados. El agua, el aire, las cosas que necesitamos sustancialmente. Y ahí hay una batalla cultural que también las feministas al hablar de cuidados han hecho surgir. No me gusta mucho hablar de economía de cuidados porque creo que los restringe a una cuantificación, cuando son también una ética. Yo no quiero renunciar a mi capacidad de cuidado. Si pensamos que el cuidado no es una tarea que nació con nosotras y muere con nosotras sino que es una ética de la humanidad, educaremos también a nuestros hijos a cuidar y, por lo tanto, a compartir. Ningún ser humano debería estar fuera de los cuidados, los cuidados tienen que ser una nueva ética colectiva.

– Ese planteamiento del ecofeminismo, que pone los cuidados en el eje de cambio de las relaciones entre hombres y mujeres, choca con la visión patriarcal que impera en nuestras sociedades, con los espacios de dominación.

– En América Latina algunas corrientes feministas hablan de dominación, desde la visión poscolonial, en el sentido de plantear la identificación entre colonia y patriarcado. Muchas de nosotras compartimos mucho de la teoría poscolonial y decolonial pero no creemos que el patriarcado sea sólo producto de la colonia.

Tal vez ahí hay un punto bastante importante de tensión y una dicotomía que no favorece los debates. Tenemos que encontrar un camino para identificar las formas en que la dominación colonial y patriarcal se juntan. En el cuerpo de las mujeres se juntan, por ejemplo. Criminalización del cuerpo y prohibición de decidir.

– ¿Por qué es tan relevante para el poder establecido dominar el cuerpo de las mujeres?

– Es tal vez el ejemplo más elocuente, lo que tiene que ver con la sexualidad, con el cuerpo como territorio de poder, como territorio propio, como autonomía, como dominio y como liberación. Las mujeres indígenas lo tienen clarísimo y están dando batallas significativas, con consignas tan claras como “mi cuerpo, mi territorio”. Ellas fueron planteando la problemática que vivían, planteándola como un acercamiento hacia el feminismo.

El cuerpo de las mujeres sigue siendo un territorio de poder bajo sospecha, pecaminoso por naturaleza. Por ejemplo, en las Comisiones de la Verdad en Perú y en Guatemala, las mujeres que fueron violadas durante la guerra han tenido una tremenda dificultad para contar su violación en las comunidades. Esas mujeres han tenido dificultad para testimoniar por su condición de vida en las comunidades indígenas. Pero también han tenido dificultades las mujeres no indígenas, urbanas: recién este año, después de treinta años, presentaron la primera denuncia de violación. Todas esas mujeres hicieron un proceso de mucho tiempo para llegar a exponerse públicamente, lo cual denota que el cuerpo sigue siendo un fuerte territorio de poder. Tal vez éste sea el punto más fuerte que une a las corrientes feministas, a todas.

– Puede que algunas feministas históricas no entiendan la aparición de nuevas corrientes que parten de luchas más “nuevas”.

Sin duda, me parece que la dificultad más grande es nuestra desunión. Si hay un grupo de feministas que hacen un teatro del oprimido en el día de no violencia contra las mujeres y otras hacen una manifestación y otras hacen una performance… ¿Cómo hacer para que esas cosas no nos desunan sino que nos sintamos parte de esas expresiones distintas?

Creo que a las más viejas dentro del movimiento a veces nos resulta difícil entender que las jóvenes necesitan su propio espacio. En vez de dejar ir, como decía Françoise Collande, ir, para reconocer, ir en el mejor de los sentidos, ir para hacer lo que quieras. Ahí va uno de los principales desafíos para ampliar el movimiento, para reconocernos. En general decimos: “¿Quién es, de dónde viene?” Pero… ¿Qué importa? ¡Viene!

– La alternativa, entonces, pasa por la participación, recuperar el espacio, defender las libertades, la autonomía, el cuerpo como territorio…

– Me gusta la canción de Calle 13 Vamos a portarnos mal. Ha llegado el momento de la irreverencia, hay que portarse mal. Hay organizaciones, instituciones, estructuras, que han tenido todo el tiempo del mundo y… ¡mira qué mundo nos están dejando!

Por Ana Bustinduy y Corina Mora forman parte de la secretaría técnica de la Plataforma 2015 y más.


Notas
“Los derechos de las mujeres en el desarrollo. Alternativas desde las organizaciones feministas y sociales a la agenda del desarrollo”. Informe y conclusiones tras la jornada para la construcción colectiva de alternativas. Cumbre de Cádiz, noviembre de 2012. Ver en:www.2015ymas.org/spip.php?article717.

Cirugía plástica: estereotipos y derechos



Una joven veinteañera falleció el 18 de junio en un hospital privado de esta ciudad horas después de realizarse una cirugía estética.

En redes sociales la discusión de caso se ha vuelto viral. Desde el anonimato, personas como Glenda A, se lamentan del fallecimiento de la joven, pero deploran el que ella, aparentemente, se sometió a la cirugía para agradar al esposo, según la opinante, “ningún jodido aprecia el esfuerzo de su mujer no vale la pena”. Otras, acusan al marido de frívolo por haber financiado la cirugía y, en su pesar, reafirmar que su esposa era “bella”.

Tras el fatal desenlace, una tensa discusión se mantiene entre quienes acusan a la fallecida de ser vanidosa y quienes reclaman la responsabilidad del facultativo. El control sobre el cuerpo femenino es uno de los pilares fundamentales del patriarcado. Según tiempo y geografía, éste regula en qué espacio se mantiene, qué se muestra, qué se cubre, cómo, cuándo y con quién se reproduce, indicó Eva Blanco del Grupo Feminista de León.

El debate sobre esta muerte se inserta en un terreno clave de la confrontación feminismo/patriarcado: el control del cuerpo. Muchas han criticado la presión social hacia las mujeres para encajar en un modelo de belleza que no coincide con las mujeres reales y cómo ese mandato empuja a muchas a poner en riesgo su salud y su vida. Al mismo tiempo también defienden la idea de que cada persona decide sobre su cuerpo y puede intervenirlo para alcanzar comodidad con la identidad sexual respectiva.

En este sentido la autora y feminista Gracia Oro, en un ensayo disponible en la web: “Soy feminista y tengo un implante de mamas” manifiesta su irritación porque entre algunos feminismos, “hay un fuerte apoyo al derecho a decidir sobre su vida y lo más importante, su cuerpo, por ejemplo, a practicarse un aborto, pero el quirófano para fines cosméticos es un paso demasiado lejos. ¿No se deberían respetar todas las opciones de las mujeres acerca de la modificación del cuerpo – ya sea que estemos hablando de maquillaje, color de pelo, tatuajes, piercings o sí, incluso, la cirugía estética? asegura.

En el caso de las operaciones de cirugía plástica, otras personas las ubican dentro de las “burkas ideológicas”, una opinión en línea con Fatema Mernissi, desaparecida feminista marroquí, quien escribió en uno sus más famosos libros, El harén de Occidente que “La diferencia básica entre musulmanas y cristianas, consiste en que el velo de las segundas es invisible. El ayatolá de las mujeres occidentales, es, pues, la anorexia…y su extremismo, la moda…la burka de occidente es la talla”, ha escrito.

Los paradójicos mandatos

Refiriéndose a las cirugías estéticas, Frank Hooker Solano, del Programa Feminista La Corriente, muestra lo paradójico del mandato, de ser atractivo, pues “el sistema (patriarcal), que produce y fomenta estereotipos de belleza y vigila a los cuerpos que no encajan en tales estándares, [mientras que a la vez], culpa cruelmente a la joven que murió tras cirugía estética de “provocarse su muerte” por “vanidosa”.

El médico, David Páramo, quien ha sido acusado de iatrogenia o mala práctica médica por otros casos, la semana pasada fue acusado por homicidio involuntario. Páramo, que guarda prisión preventiva, se anuncia en revistas de carteleras de cine o redes sociales, y ofrece un catálogo de procedimientos que va desde el aumento de glúteos hasta maquillaje permanente. El listado ya no incluye agrandamiento de pene, procedimiento que lo hizo “famoso” al médico en el año 2001, después de que un joven ingresara a un hospital público con piel necrotizada en el pene a causa de un mal implante de grasa, supuesto a mejorar el desempeño viril del paciente.

A pesar de ese escándalo, Páramo continuó ofreciendo toda suerte de procedimientos que van de la liposucción, el aumento de glúteos, aplicación de botox, levantamiento de párpados y glúteos, abdominoplástia, hasta el maquillaje permanente, con un rango de costos de entre los 233 mil 200 dólares.

La mayoría de las personas pide un castigo para el médico ya que, aunque él caracterizó el resultado de la intervención como “una desgracia quirúrgica”, hay otras cinco denuncias en su contra. Una de ellas es la de Allison Molina, de 26 años que data de julio del 2014. Precisamente el día de la fatídica cirugía, ella esperaba el médico en un juzgado local para que Páramo respondiera por mala práctica. El médico, le practicó a Molina un aumento de senos que presuntamente derivó en una complicación pulmonar, ya que le perforó el tórax y la pleura (el tejido que rodea los pulmones).

“Lo peor de todo es que yo me salvé, pero esta otra mujer no, yo sé lo que es eso, casi muero, y por eso me solidarizo con su familia y voy a mantener mi denuncia, declaró Molina públicamente. Ella dijo que desincentivó a otras mujeres de tratarse con Páramo, pero se lamenta de no haber hecho público su caso con anterioridad. La joven agregó que hay muchas personas que tuvieron problemas y no quisieron denunciar por temor a someterse al examen popular.

Sin embargo, desde el año 2001, el urólogo Jorge Saborío, acusó a Páramo de “negligencia médica y falta de profesionalismo”. Según el urólogo, quien salvó la vida y el miembro viril del paciente con las iniciales A.M., el cirujano plástico no comunicó al paciente que desconocía cómo hacer una cirugía de elongación y engrosamiento de pene, y la realizó en condiciones inadecuadas, sin equipos médicos apropiados ni medicinas y antibióticos.

Esta antigua negligencia médica estuvo en los juzgados capitalinos, pero el director de regulación y acreditación del Ministerio de Salud, en ese tiempo Norman Jirón, aseguró que en esta institución no se interpuso ninguna denuncia sobre este caso, quedando Páramo libre de toda responsabilidad.

Por su parte el director Armando Siú director del Colegio de Cirujanos Plásticos, declaró esta semana a un medio televisivo, que Páramo tiene una deuda con el Colegio y que este último decidió no aceptarlo en el mismo.

De 55 cirujanos plásticos existentes en el país, solo 35 estas colegiados. Cada cirujano realiza por lo menos tres cirugías al mes, las más comunes son la liposucción, el aumento mamario.

En el año 2010 una enfermera anestesióloga fue a la cárcel por la muerte de una paciente, mientras el médico se libró de la condena, con el pago de una indemnización económica a la familia de la víctima.

En medio de esta controversia, el tema no ha sido parte del debate feminista. Pero la docente universitaria Ana Victoria Portocarrero, dijo que “hay que profundizar en la reflexión, enfocándose en que “en efecto existe una gran presión hacia las mujeres para que calcemos con estereotipos de belleza determinados, y que esto tiene que ver sin duda con elementos patriarcales y raciales que deben cuestionarse, pero tampoco se puede ver esto únicamente como un acto de vanidad y complacencia genérica, pues no debemos olvidar que la “belleza” constituye para mucha gente, también una suerte de capital que permite obtener trabajos y notoriedad, entre otras cosas”.

Portocarrero también precisó que mujeres y hombres intervienen su cuerpo para sentirse bien con ellas mismas y con el estilo que les define. “El ejercicio, el teñirse el pelo, el hacerse un tatuaje o instalarse una chapa en la nariz, son todas modificaciones corporales que se hacen no necesariamente para agradar a otras personas, sino para sentirse cómodas con cierto estilo”, dijo.

Finalmente, dijo que ella defiende el derecho de las trans, por ejemplo, a “hacer y rehacer sus cuerpos, y ¿por qué no podrían hacerlo las mujeres cisgénero o los mismos hombres”. Estas últimas son las personas conformes con el género que le fue asignado al nacer. Lo que se debe atender es cómo funciona la industria alrededor de esos temas, y exigir los derechos a la salud y a la información completa y veraz sobre estos procedimientos, concluyó.

Por Sylvia aR. Torres
SemMéxico/SEMLAC. Managua, Nicaragua,

julio 25, 2016

Hoy se celebra el día internacional de la mujer afro

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana, Afrocaribeña y de la Diáspora, celebración que nació en el año 1992.

Hoy se celebra el día internacional de la mujer afro (Foto: Tomada de internet/VANGUARDIA LIBERAL)

Esta celebración nació en el año 1992 durante el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinoamericanas y Afrocaribenãs, en Santo Domingo (República Dominicana), a 500 años de la llegada de los españoles a América.

En este marco conmemorativo, se estará desarrollando en Cartagena el evento de presentación del proyecto "Fortalecimiento de organizaciones de mujeres Afrocaribeñas" y de la "Muestra de experiencias significativas de Organizaciones de Mujeres Afrocaribeñas", estrategias de las organizaciones sociales Aprodefa, Aprodic y Funsarep que buscan con estas iniciativas reflexionar y visibilizar los aportes de mujeres del Caribe a la construcción regional y aportes de las mujeres afrocaribeñas a la construcción del feminismo negro.

Experiencias significativas

Para cumplir con este propósito estas organizaciones de Barranquilla y Cartagena llevarán a cabo en el año 2011 y 2012 un proceso de recopilación de experiencias significativas, una muestra de las mismas, un encuentro de organizaciones de mujeres afrocaribeñas.

Además, se llevará a cabo un seminario de profundización teórica con participación de conferencistas del Caribe, que posibilite hacer una reflexión acerca de los aportes de mujeres del Caribe a la construcción social, política y cultural de la región (en el marco del bicentenario de las independencias) y visibilizar aportes significativos de las mujeres del Caribe a la construcción del feminismo.

Todas estas actividades centrales del proyecto serán socializadas con profundidad en el evento a desarrollarse desde la mañana de este lunes en la sede del Centro de Formación de la Agencia de Cooperación Española (AECID) que apoya este proyecto con el que se busca contribuir al fortalecimiento, el intercambio y la articulación de organizaciones de mujeres con identidad afrocaribeña, en los departamentos de la Costa Caribe.

El evento también servirá para mostrar elementos teóricos, metodológicos, simbólicos y artísticos de las experiencias y organizaciones participantes en el proyecto como antesala a la "Muestra de experiencias significativas de Organizaciones de Mujeres Afrocaribeñas" que se estará desarrollando en Cartagena y Barranquilla en el mes de octubre del presente año.

Publicada por COLPRENSA, BOGOTÁ
Fuente Vanguardia.com

Las trabajadoras de la industria maquiladora en Centroamérica

Imagen retomada del sitio maquilasolidarity.org

Las trabajadoras de la industria maquiladora en Centroamérica es una publicación conjunta elaborada por la Red de Solidaridad de la Maquila (RSM) y el Equipo de Investigaciones Laborales de El Salvador (EIL). Contempla información y análisis sobre las principales problemáticas que enfrenta la industria de la maquila en Centro América y de quienes trabajan en la industria de la confección.

El informe se enfoca en la situación particular de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua respecto al impacto económico que está teniendo la industria de la confección y las complicaciones que esto conlleva para la generación de empleos. Hace una comparación por país, sobre sus salarios mínimos y lo que necesitan las y los trabajadores para acceder a las canastas básicas y vitales.

También señala la constante violación de los derechos laborales y las limitaciones de la inspectoría laboral de los Ministerios de Trabajo. El informe termina con un breve resumen de los tratados comerciales e iniciativas internacionales de derechos laborales y las iniciativas voluntarias que utilizan diferentes tipos de monitoreo en las fábricas centroamericanas.

Libro Las trabajadoras de la industria maquiladora en Centroamérica, 2016

Fuente: Cimacnoticias | Ciudad de México.-

julio 24, 2016

“Las tamboras creamos un discurso propio, rítmico y empoderado”

La formadora musical Silvia Palumbo habla de su proyecto de empoderamiento expresivo a través de las bandas de percusión.

Silvia Palumbo durante una actuación

Silvia Palumbo Jaime es cantautora y formadora musical. Acaba de estar de gira por el País Vasco presentando, por un lado, la actuación musical ‘La banda de señoronas’, y por otro, el libro ‘La banda lavanda, cuaderno de creación, metodología y experiencias’. En este último traza los orígenes, desarrollo y manifestación de su proyecto de empoderamiento expresivo creado como herramienta de arte feminista: enseñar a tocar los tambores y crear bandas de mujeres. No es la primera vez que viene por aquí. En 2010 impartió talleres de tamboras, entre ellas a un grupo de mujeres de la escuela de empoderamiento de Getxo de las que guarda un entrañable recuerdo y a quienes dedica esta entrevista.

¿Cómo se encontraron el activismo feminista y la música en tu vida?

Yo fui una lesbiana adolescente de la última dictadura militar en Argentina que vivía en un pueblo muy retrógado y opresivo. Eso nos marcó a todas y en cuanto pude me escapé a Buenos Aires. En esa época yo ya era cantautora y tuve la suerte de conocer a muchas mujeres que me mostraron el camino hacia el feminismo, como la poeta Diana Bellessi, que fue mi maestra de escritura y de taller de canciones. A partir de ahí, mi destino ya fue juntar el feminismo y la música.

¿En qué consiste el proyecto ‘La banda lavanda’?

Es un proyecto de empoderamiento expresivo que llevo desarrollando en los últimos doce años, desde una óptica feminista. Se trata de realizar un trabajo de reapropiación y reencuentro con nosotras mismas a nivel físico, emocional, energético y respiratorio. Luego, todo eso lo colocamos al servicio de nuestro decir expresivo utilizando como herramienta la música.

¿Cuántas bandas de mujeres forman parte de este proyecto?

Tenemos bandas en Argentina, México y aquí. En realidad, este proyecto cuenta con dos brazos. Por una parte, la ‘Lesbian banda’, que son bandas compuestas específicamente por mujeres lesbianas, y que existen una en Valencia y otra en Gijón. La otra línea del proyecto es ‘Mujeres en bandada’, que es la que hemos trabajado en el País Vasco.

¿En qué consiste la metodología feminista que enseñas para tocar los tambores?

Es una metodología que trabaja desde el cuerpo para conseguir una conexión entre nosotras. Se trata de trabajar el concepto de sororidad, un compincheo, como diríamos en Argentina, una hermandad en nuestra lucha feminista. Luego trabajamos todas las herramientas del empoderamiento expresivo; la voz de las mujeres, que por cultura es una voz minusválida en los espacios públicos fundamentalmente; los tambores, que por tradición patriarcal, en todos los lugares estuvieron prohibidos para las mujeres, ahora los ponemos a nuestro servicio.

¿Qué tipo de ritmos trabajáis?

Aprendemos fusiones rítmicas creadas especialmente para este proyecto. Son mezclas inspiradas en ritmos tradicionales de los pueblos por donde he ido viajando. El contenido textual está relacionado con las reivindicaciones feministas. Las mujeres vamos creando un discurso propio, rítmico, empoderado y fundamentalmente, que nos da la libertad de expresarnos en los ámbitos públicos.

¿Qué diferencia hay con la batucada?

La batucada viene de Brasil y son ritmos patriarcales, aunque haya gente que les ponga otros contenidos, pero en origen son géneros musicales de las escuelas de samba, donde se cosifican los cuerpos de las mujeres. Nosotras trabajamos el empoderamiento desde un lugar consciente. Las fusiones rítmicas están inspiradas, por ejemplo, en la chacha boliviana, un ritmo muy de la tierra, guerrero pero no violento, en la murga, un género de Buenos Aires, la chacarera argentina mezclada con ritmos peruanos, jotas aragonesas cruzadas con ritmos africanos… La singularidad de esto es que las identidades rítmicas no remiten específicamente a un lugar de la tierra, sino a la mezcla, a la diversidad y al mestizaje musical.

¿Qué es más importante, los ritmos del tambor o las voces?

El tambor es la herramienta que acompaña a nuestras voces. Yo en Argentina pertenezco a la Banda Desbandadas de Bahía Blanca. Allá tenemos muchos problemas. Tenemos una muerta al día por feminicidio, tenemos una policía corrupta y cómplice de las redes de trata y de narcos. Hace más o menos un mes desapareció una niña de doce años, Micaela Ortega, compañera de una de nuestras tamboras de la banda. Aparece en las cámaras de seguridad cuando se la lleva un muchacho y nadie hace nada por encontrarla. Ni siquiera la buscan. Esto es lo que hacemos nosotras. Salir a denunciar con nuestras voces y los tambores. Estamos todo el tiempo acompañando a las familias a las que le han matado a una hija o una hermana. Todo esto demanda mucha energía y empoderamiento, porque hay un trabajo de alta exposición. Hay mucha carga de contenido. Aquí no se canta. Allá cantamos permanentemente.


Entrevista realizada por la Agencia Kahlomedia para la revista EMEKI, del Área de Igualdad del Ayuntamiento de Getxo.
Fuente: Pikara

Resistencias. La vida a la intemperie

Cada vez más mujeres con y sin niñxs habitan en plazas, recovas, bajo puentes o en veredas de la Ciudad. Viven solas o en “ranchadas” y trajinan las calles noche y día para subsistir y mantener a sus hijxs, que a veces mueren de frío. Estigmatizadas, abusadas y penalizadas, padecen la desatención total del Estado. Entre algunas de las experiencias en busca de llenar ese vacío surge la ONG Centro de Integración Frida, que acaba de cumplir un año y alberga a las mujeres, que en redes fortalecidas intentan restañar las heridas y encontrar caminos de libertad, dignidad y conciencia de género.

ALEJANDRA. Foto: Constanza Niscovolos

Si no fuera porque se ven unas zapatillas, parece un bulto informe, es una persona, duerme, pero no bien me acerco emerge de su envoltorio y abre los ojos. Saludo y me responde, es una mujer, se llama Marilyn y está rapada, abrigada entre cartones, frazadas rotas y pedazos de nylon, acostada sobre un tablón contra un paredón del barrio de Congreso.

Es una más de lxs “16.353 niños/as, jóvenes, mujeres y adultos mayores que sobreviven en las calles de Buenos Aires en una situación de exclusión social”, según los datos proporcionados en 2014 por la Ong Médicos del Mundo, que aún no ha publicado cifras actuales. Para las organizaciones sociales que trabajan con la problemática, “las cifras aumentaron entre un 20 y un 40 por ciento en lo que va de 2016, y hubo 20 muertes por la ola de frío”. A su vez, el Gobierno de la Ciudad, a través de su programa de asistencia Buenos Aires Presente (BAP), informó que el promedio de llamados a la línea gratuita 108 se incrementó con 800 nuevos pedidos de ayuda.

Por su parte, Horacio Avila, fundador de la ONG Proyecto 7, y presidente del Centro de Integración Monteagudo para hombres, de Parque Patricios, estima que “en la actualidad son unas 20.000 personas las que duermen a la intemperie en Buenos Aires, entre las que se cuentan más de 5.000 menores y 2.500 ancianos. Históricamente el porcentaje de población en calle era de un 80 por ciento de hombres y un 20 de mujeres, pero ahora la cantidad de mujeres ha ascendido al 30 por ciento. Hay alrededor de un 20 por ciento más de gente en situación de calle, la mayoría es gente nueva, familias, desalojados de piezas, hoteles y departamentos”. En el mismo sentido, Avila informó que desde que comenzó el frío intenso “hubo 37 muertos en la calle o que lograron llegar a un hospital pero fallecieron allí”. A su vez, la asociación Ciudad sin Techo, sostiene que “hasta el año pasado, entre 80 y 100 personas en situación de calle morían cada invierno por las bajas temperaturas”.

Marilyn está vestida con ropa enorme, de hombre, su voz es grave y habla entre dientes; tiene 25 años, no acepta fotografiarse, “es mejor andar así en la calle, como un pibe, cuanto menos mujer y más vieja te ven, menos joden. Yo camino sola, no soy de las que se pegotean con un tipo para que las respeten y las defiendan, a veces te sale más caro...”, dice.

Nació en Rafael Castillo, su madre es modista, viuda, y se casó nuevamente cuando ella tenía 12 años. No llegaba a los 14 cuando fue abusada por su padrastro. Una noche se escapó de la casa con unxs pibxs que había conocido en la calle y se vinieron a la Capital. “Primero ‘ranchamos` juntos, pero después se pudrió todo, yo no me dejo tocar por nadie, una vez me embarazaron y me lo saqué, y además corría mucho paco, broncas, nos perseguían las patotas de la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público, dependientes del Gobierno de la Ciudad y ahora reemplazada por Ambiente y Espacio Público), y me corté sola. Me baño en una iglesia; si hace mucho frío duermo en el Azucena Villaflor (único parador para mujeres solas o con niños del Gobierno de la Ciudad), pero es un garrón. Si no tenés casa, una dirección, nadie te emplea, pido en la calle, hago alguna changa, eso.”

En contraste con la ONG Médicos del Mundo, que asiste permanentemente a la gente en situación de calle, voceros del Gobierno porteño afirmaron en 2014 que eran 876 las personas sin techo, pero ofrecían 2.200 camas disponibles en sus paradores nocturnos para varones, excepto el Villaflor.
Gloria y sus mascotas

En la plaza Mariano Moreno, en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Sáenz Peña, se alza una enorme carpa redonda: en su interior hay de todo, muebles, cocina, camas, materiales reciclables, una mesita con un florero y flores, sillas, un par de sillones y una infinidad más de objetos. Sus habitantes son Gloria Silva (53) y Carlos Alberto Jerez, su esposo (59). Viven allí desde hace nueve años, antes alquilaban una casa de la que fueron desalojados a poco de llegar de su país, Uruguay. Ambos están protegidos por un recurso de amparo judicial de 2014, y no pueden ser desalojados por ninguna fuerza policial.

Hace mucho frío y anochece, nos invitan a entrar en su hogar y nos ofrecen asiento junto al brasero, alrededor nuestro se echan en el suelo Juguetón, Cartonero y Caramelito, tres perros que conviven con ellos y de los que no están dispuestos a separarse bajo ningún concepto.

Gloria es menuda, decidida, de carácter fuerte y frases cortas, se largó de su hogar en Uruguay de chica, cuando su madre se casó por segunda vez y el padrastro la abusó. “Y así aprendí a andar sola en la calle, siempre con alguna familia, me colgaba de ellos, me protegían, me daban cariño, yo nunca robé.”

Gloria y Carlos Alberto piden una casa, un lugar donde poder vivir con sus cosas y sus tres perros, y mientras tanto trabajan cartoneando. “No hay día que nos falte comida para alimentar a los bichos, y tener un pedazo de carne y carbón.”

Ambos y un amigo que está de visita, Rubén Darío Quiroga, también en situación de calle, nos piden que publiquemos que “los que habitamos la calle queremos una casa, estamos dispuestos a pagar, no queremos que nos regalen nada. En vez de hacer tantas playas subterráneas y tener tantas casas y departamentos vacíos en la ciudad, por qué no nos dan la oportunidad de habitar alguno y pagar mensualmente con nuestro trabajo”.

“Esto es durísimo -dice Gloria- tenés que aprender a vivir en la calle y ahora hay mucha gente nueva. El otro día se murió un bebé enfrente, en la Caja de Ahorro; el que no tiene experiencia en la calle corre peligro. Los paradores del Gobierno no sirven para nada. Hay que buscar soluciones, no pasar una noche, se nos va la vida así.”

Mientras hablamos, Carlos Alberto corre con un palo a un ratón que según él pesa un kilo y hurgaba entre sus alimentos. “Así te pasás la noche, estos desgraciados liquidan todo. El juez nos concedió el recurso de amparo el 20 marzo de 2014, pero hasta ahora nadie nos ofreció un lugar donde vivir. Y de acá no nos pueden sacar, ni a palos”, asegura.
Su decisión sexual

Es simplemente bella, tiene 20 años, es trans, de pelo como llamaradas, cutis blanco y ojos rasgados, sonrisa triste y voz dulce, excepto cuando en determinadas situaciones se ve obligada a emprenderla a las trompadas, asegura.

Alejandra Margarita Recalde vivió en situación de calle desde los 12 años. A los 6 la habían dejado en un hogar escuela y su mamá olvidaba buscarla; fue creciendo a los tropezones y con una relación de maltrato y violencia. A los 12 su padrastro abusó de ella y su madre no le creía, prefirió pensar que abusaba de las drogas y era rara porque no se aceptaba varón, y la metió en la Fundación Viaje de Ida y Vuelta, en la ciudad de Campana.

“Allí había 365 hombres y 150 mujeres internadxs, a mí me pusieron en el lugar de los varones… Mi decisión sexual la tengo desde que me acuerdo, nací así. Y había chabones que me entendían y me respetaban y otros que me violentaban”, relata.

Tiene dos hermanos varones y dos mujeres, la sacaron del encierro en moto, pero a una de sus hermanas que cumplía años el mismo día que ella la mataron de dos tiros por resistirse a un robo en Lugano.

“Y a los 13 de nuevo estaba en la calle e iba a parar a los hogares de varones, eso no me molestaba tanto como el encierro. En un hogar de Morón duré tres meses, en otro 12 horas. Me escapaba, me iba por la puerta, no soportaba la reja, el encierro.”

Sufrió y sufre discriminación familiar, pero es de carácter fuerte. “Mis primos más grandes me tenían a las piñas y a los cachetazos, pero un día los mandé al hospital de los golpes que les dí. Mi abuela no me quiere, hace un mes me dijo ‘como sos puto no quiero que veas a tus hermanos’, y hasta que sean mayores de 18 no me van a ver, tengo que esperar como 6 años.”

Alejandra habla suavemente, parece serena, como si no se angustiara. Toma un café con leche, mira hacia la plaza del Congreso a través de la ventana del bar, pero cada tanto hay una chispa fugaz de dolor que se dibuja en su frente, en las comisuras de sus labios. “Viví en situación de calle en Laferrére, en La Matanza; en Merlo, en Padua, en Libertad, en Paso del Rey y en Capital. En Laferrére nos dejaban dormir en una salita sanitaria, limpiábamos y dormíamos hasta que empezaba el horario de guardia. Comía, me bañaba, trabajaba en deliverys o rotiserías”.

En Capital, dos días antes de cumplir los 16 la metieron en un hogar de varones que más tarde cerraron. “Era un desastre, tomábamos cualquier cosa, yo había terminado con mi ex novio, había macumba y a un chico discapacitado lo violentaban los compañeros, me escapé”.

Actualmente tramita su DNI como mujer y vive en un hotel familiar que le ayuda a pagar su padrino del corazón, pero es triste estar en una pieza, dice. “La cama y la tele no te responden, y viene el faso y la tristeza, la angustia. Para venir acá me fumé, estoy fumada, por eso ustedes me ven bien… Pero no estoy bien, estoy amenazada por tres personas en el hotel y me voy a tener que ir. Eso sí, nunca trabajé prostituyéndome, nunca vendí mi cuerpo para comer. Aunque sí tuve problemas en pareja, le pegaba porque me levantaba la mano, Una vez sí me agarré a trompadas con un tachero porque me insultó, entonces en un chaleco de jean me bordé ‘Yo Soy Trans’, y me paseaba así por Once”.

Oscurece, la figura perfecta de Alejandra se recorta entre las sombras de la plaza. Ella es como una luz en las penumbras; detrás, los carros cartoneros, las carpas improvisadas contra los paredones para protegerse de la noche helada, impiadosa.
NORMA. Foto: Constanza Niscovolos
Un lugar donde vivir

Horacio Avila, fundador de Proyecto 7, ONG formada por y para gente en situación de calle, es el director del Centro de Integración Monteagudo, ubicado en el barrio de Parque Patricios, que aloja a más de 117 hombres que viven las 24 horas asistidos por profesionales, y acceden a actividades que van permitiéndoles a futuro tener una vivienda y un trabajo para autoabastecerse.

Con el apoyo de esa Ong y de “No Tan Distintas”, se creó el Centro de Integración Frida, en homenaje a la artista mexicana Frida Kahlo, ubicado en el mismo barrio y destinado a contener y albergar a 45 mujeres con o sin hijos, que se encuentren en situación de calle. La experiencia acaba de cumplir un año la semana pasada. El Centro está gestionado por un grupo de profesionales, psicólogas, antropólogas y sociólogas con amplia experiencia en la materia.

“Pensamos el Frida como práctica de la resistencia, como cuerpo colectivo libre de violencia, como práctica de la autonomía con la posibilidad de crear y sanar; como práctica revolucionaria. Es una alianza entre todas y todos buscando nuevos rumbos; haciendo carne lo que hace años venimos sosteniendo desde la lucha: que la calle no es un lugar para vivir”, dice con vehemencia Florencia Montes Paz, coordinadora del lugar.

Fuente: Página/12

julio 23, 2016

Mar Gijón: “Desafortunadamente, en 1948 la historia del movimiento de mujeres palestinas sufrió una ruptura que aún continúa”

Mar Gijón durante la entrevista realziada en la oficina de la Asociación Palestina Biladi. Fotografía de Eneko Calle.

Mar Gijón Mendigutía es licenciada en Filología Árabe por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Doctora en Estudios Árabes e Islámicos por la misma universidad. Vivió en Damasco desde 2005 hasta 2010 y sus líneas de investigación se centran en los mitos fundacionales de Israel, la Nakba y el origen de la “cuestión palestina”, así como en la población refugiada. Es autora del libro realizado por la Asociación Palestina Biladi “Historia del movimiento de mujeres en Palestina”, organización a la que pertenece desde el 2012.


¿Cómo surgió la necesidad de contar la historia de las mujeres palestinas? ¿Era necesario visibilizar esa historia?

– Sí, por supuesto. Parte del interés de Biladi por mostrar la historia de Palestina, por sacar a la luz esa historia que el sionismo ha querido destruir de raíz. Pero la hemos querido visibilizar a través del movimiento de mujeres, que a su vez, también ha estado ocultado por dos razones distintas; primero, por el objetivo del sionismo de borrar cualquier huella palestina antes de 1948; y segundo, por el propio impulso del movimiento nacional de liberación palestino. Desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX hay mujeres que realizaron distintas acciones como manifestaciones, memorándums de denuncia, actos de sabotaje y de boicot, contrabando de armas, recaudación de dinero para los combatientes y para las familias de las personas asesinadas, etc., y que son necesarias mostrarlas y recordarlas, desmontado así el estereotipo de que la mujer palestina se visibilizó a partir de la primera Intifada en 1987.

– ¿Es un libro que lo pueda leer una persona que no conoce nada de Palestina?

– Exactamente, esa era la idea. El objetivo era que sirviera a cualquier persona que no tuviera relación con la historia de Palestina para ayudar a comprender lo que ocurre hoy en día allí y al mismo tiempo, que completara la historia que conozcan las personas que sí que están familiarizadas y tienen conocimientos sobre la cuestión palestina.

– ¿Cómo ha sido la realización de este libro?

– No buscábamos que el libro pareciera como si el movimiento de mujeres fuera una cosa y la historia del movimiento nacional o de Palestina fuera otra. Hemos recopilado y utilizado una amplia bibliografía, mayormente en árabe e inglés. Y a la vez también hicimos un viaje a Palestina en el que entrevistamos a mujeres de diferentes ámbitos: político, académico y social. Con toda esa documentación previa intentamos cruzar la información y contar la historia de Palestina desde el movimiento de mujeres, a través de sus acciones.

– Un movimiento que además es heterogéneo.

– Claro y es importantísimo mostrar eso, porque esa heterogeneidad es la propia que hay en Oriente Medio y no la sectarización que nos quieren hacer ver hoy en día. Oriente Medio es riquísimo, era y es una sociedad muy heterogénea, cristianos y musulmanes vivían juntos. La población árabe puede ser musulmana, cristiana o judía. Hoy intentan meterlo todo en el mismo saco y no es verdad. Es una sociedad muy rica social, política, histórica y culturalmente hablando. Y por eso creímos que era muy importante mostrar esto en el libro y en este caso, el movimiento de mujeres es un reflejo de esa sociedad, mujeres musulmanas y cristianas lucharon juntas, codo con codo… El movimiento de mujeres palestinas es anticolonial, contra los británicos y sionistas, nacionalista y que reivindica los derechos de las mujeres.

– ¿Cómo se vinculan las múltiples opresiones que sufren las mujeres palestinas, por ser mujeres y ser palestinas?

– Desafortunadamente, en 1948 la historia del movimiento de mujeres palestinas sufrió una ruptura que no se iba a arreglar nunca; fue cuando la sociedad palestina, cuando la Palestina histórica desaparece como tal, cuando las bases de esa sociedad se destruyen y cuando más de la mitad de la población, más de 750.000 personas, fue expulsada de su territorio.

A partir de ese momento el pueblo palestino fue separado para siempre en tres grupos; por una parte, la población palestina que fue expulsada hacia los países árabes colindantes; por otra, la población que consiguió quedarse dentro de lo que hoy es el estado de Israel (que supone el 20 por ciento de la población israelí actual); y por último, la población que se encuentra en lo que se llama territorios ocupados palestinos, que comprende Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. En cada una de esas realidades, la evolución y la historia ha sido distinta, tanto de la propia población palestina, como por supuesto, de las mujeres palestinas.

– El libro está divido en tres etapas que definen la evolución del movimiento de mujeres. ¿Cuáles son las claves de esa evolución?

– La fecha que hemos establecido como inicio del movimiento de mujeres es 1884, porque aunque, realmente, a finales del XIX no había un movimiento como tal, en ese año un grupo de campesinas palestinas realizaron una protesta contra la colonia sionista de Affula y nos pareció que esa acción suponía un sentir, una movilización ante ese peligro que se cernía en el horizonte y un inicio de movilización entre las propias mujeres. La primera etapa comprende entre 1884 y la Nakba –el Desastre- (1948-1949), año en el que se destruyó Palestina; luego, la segunda parte analiza la evolución del movimiento desde 1950 hasta 1989; y la tercera etapa comienza desde las consecuencias de la primera Intifada y los acuerdos de Oslo, hasta la época actual.

– En la primera etapa también el año 1929 fue una fecha significativa que posibilitó el acercamiento de las mujeres rurales al movimiento demujeres más urbano. ¿Qué ocurrió ese año?

– En mi opinión, la primera Intifada se puede considerar que fue en 1929 con el levantamiento de Al-Buraq, unos enfrentamientos muy importantes donde los británicos encarcelaron y asesinaron a muchos palestinos y palestinas que protestaban contra el colonialismo inglés y su permisividad con la migración sionista. El impacto de esta situación produjo meses después,la celebración del primer Congreso de Mujeres Árabes en Jerusalén, donde se conformó oficialmente el movimiento de mujeres en Palestina. A partir de esta fecha, las mujeres urbanas se organizaron para recaudar dinero y ayudar a las familias de los combatientes asesinados o encarcelados, la mayor parte población campesina, y esta ayuda e implicación propició que en la gran revuelta árabede 1936 a 1939 las mujeres urbanas y campesinas interactuasen y colaboras en de distintas formas.

– La segunda etapa la has llamado el resurgir y ocaso. ¿En qué se caracteriza esta etapa cargada de acontecimientos importantes en la resistencia palestina, como la ocupacióndel 67 y la posterior Intifada en 1987?

– En esta segunda época los primeros años fueron de supervivencia, de recolocarse en los nuevos contextos en los que quedo dividida para siempre la población palestina tras la expulsión. Por lo tanto, en las siguientes décadas empezó un resurgir del movimiento nacional palestino y por lo tanto del movimiento de mujeres. Las asociaciones y los movimientos organizativos empezaron a recomponerse, un reflejo de ello fue la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1964 y de la Unión General de Mujeres en 1965. A pesar del varapalo con la ocupación total de la Palestina histórica en 1967, el movimiento nacional palestino no se detuvo. Prueba de ello fue la Intifada de 1987.

– ¿Esta Intifada posibilitó a las mujeres palestinas volver a reivindicar el espacio político?

– La Intifada fue el culmen del trabajo realizado por los comités populares desde finales de los 60-70 contra la ocupación sionista y ahí las mujeres tuvieron un papel protagónico. Pero al mismo tiempo, la primera Intifada también supuso el ocaso del propio movimiento porque en el momento que se firman los acuerdos de Oslo en 1991 las relegan de la lucha; unos acuerdos que fueron, como se vería después, una trampa y un auténtico fracaso. No obstante, esas mujeres, dentro de lo que era la promesa de un Estado palestino intentaron participar en la construcción del mismo, dejando en parte esa lucha nacional por esa construcción que, como hemos visto, no ha dado resultados.

– Y justo ahí, a partir de 1990, estableces la tercera etapa. ¿Por qué crees que el movimiento de mujeres palestinas ha sufrido un proceso de oenegeización a raíz de esos acuerdos?

– Investigadoras árabes y especialmente palestinas utilizan el término de oenegización. En Palestina, en el contexto de los acuerdos de Oslo entraron muchos fondos extranjeros y hubo un nacimiento o crecimiento excesivo de ONG de distintos tipos que se centraron, más que en el movimiento nacional, en líneas marcadas por el exterior, algo que suponía una injerencia clara en el trabajo de esas organizaciones. También se recompensaban las organizaciones que trabajasen por la paz, la democracia, que fueran mixtas, etc. Como dice Soraida Hussein con los Acuerdos de Oslo hubo como una “anestesia”. Un tiempo en el que se desvirtuó todo, en el que la resistencia nacional pasó a un segundo plano.

– ¿Esa oenegeización quiere decir que son menos combativas por estar sujetas a las pautas de los financiadores?

– Hay muchas organizaciones de mujeres que no han aceptado fondos del exterior, que no han permitido que les digan por qué líneas tienen que ir, que rechazan fondos de determinados países porque son países que están perjudicando la causa, etc., Pero en un contexto global, dentro de estos acuerdos, sí que podemos decir, no que sean menos combativas, sino que como dice Soraida Hussein, han estado “anestesiadas”. Eso sí, hay que diferenciar entre las organizaciones y las mujeres, las mujeres siguen siendo combativas, no se puede decir que no lo sean en una situación como la que están y llevan sufriendo desde hace más de 67 años.

– Hablas de Soraida Hussein. El libro cuenta con una pequeña biografía, que no son todas, pero que permite conocer a estas mujeres o al menos las que mencionas en el libro.

– Hemos incluido una pequeña biografía en los anexos finales del libro de las mujeres que mencionamos por si alguna de las personas que lo lean les interesa conocer o saber algo más o ubicar a las mujeres según lo lean, pero ni son todas las que están, ni están todas las que son, ni mucho menos… Es muy difícil hacer estos anexos, porque son cientos, miles de mujeres y muy importantes en la historia de Palestina. También hay un listado de organizaciones palestinas con información complementaria.

– ¿En qué momento está el movimiento de mujeres palestinas ante la falta de liderazgo actual y la no cercana solución?

– Yo creo que es el momento más difícil. Es un momento muy complicado, terrible, tanto para el movimiento de mujeres, como para la sociedad palestina. Siempre pensamos que no puede ir a peor pero siempre pasa algo que lo hace ir a peor. Antes de la construcción del Muro no hubiéramos pensado en eso jamás, y todo lo que ha conllevado el Muro, la continua expansión de las colonias, etc., hace que la situación sea insostenible. Entonces, creo que el movimiento de mujeres al igual que la propia sociedad palestina está en un momento crítico y necesitado de unas políticas contundentes hacia el estado de Israel por parte de la comunidad internacional. Un ejemplo, es la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel, una campaña civil y pacífica que aunque partió de la sociedad palestina cada vez está cogiendo más auge dentro de los territorios ocupados palestinos con la dificultad que ello conlleva.

– Un boicot que ya se realizó en Palestina contra los mandatos británicos y sionista. ¿Se están recuperando algunas formas de lucha del movimiento nacional?

– Creo que se está volviendo otra vez a la fuerza que tuvieron los comités populares a lo largo de la historia del movimiento nacional palestino. Por ejemplo, Stop the Wall, la campaña BDS, otros comités de pueblos contra las colonias y contra otros frentes. Yo creo que la sociedad civil palestina está fuerte, pero hay una ocupación con todas sus consecuencias y el liderazgo palestino es muy débil, por un lado, por la falta de legitimidad que tiene una parte, y por otro, por todas las personas que han sido asesinadas y que siguen estando y siendo encarceladas.

– Entonces, ¿podríamos decir que la sociedad civil palestina se está despertando de esa anestesia?

– Digamos mejor, que nunca estuvo anestesiada del todo y que numerosos palestinos y palestinas jamás llegaron a estarlo. pero en estos últimos años sí que podemos decir que la sociedad civil palestina aunque tiene muchos frentes en los que luchar vuelve a recuperar su espacio. Sin embargo, necesitan apoyo en su lucha, una ayuda política internacional contundente que sancione a Israel hasta que acabe la ocupación en Palestina y respete las leyes internacionales.

Eneko Calle García es colaborador de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.