enero 20, 2019

La marcha de las mujeres exhibe su nuevo poder político en Estados Unidos.

La tercera marcha de las mujeres celebra los avances en las últimas elecciones y vuelve a llenar cientos de ciudades en Estados Unidos, pero con el movimiento dividido.

“Hey Trump, las mujeres también son personas”, rezaba uno de los carteles en la marcha (Reuters)

La llamada Marcha de las Mujeres salió este sábado por tercera vez a las calles en cientos de ciudades de Estados Unidos con mucho que celebrar, pero con una asistencia debilitada y mostrando divisiones ideológicas. El movimiento que empezó en las redes sociales y se hizo real en las calles con la llegada de Donald Trump al poder cumple años al mismo tiempo que su Presidencia. Ciudades como Washington, Nueva York y Los Ángeles no vieron la misma asistencia que en ocasiones anteriores. Sin embargo, las recientes elecciones legislativas, que han llevado a un número récord de mujeres al centro del poder en Washington, han servido como prueba de que el movimiento, independientemente de sus problemas, representa corrientes profundas de este país que ya no se pueden parar.

En Washington, la Plaza de la Libertad estaba abarrotada de gente sobre las 10 de la mañana locales. El permiso oficial para la manifestación esperaba alrededor de 10.000 personas. El cierre parcial del Gobierno, que lleva 28 días, obligó a cambiar la ruta de la manifestación, que no pudo llegar hasta el Capitolio y se tuvo que conformar con dar vueltas a la redonda. El cierre estuvo especialmente presente entre los carteles que levantaban los sindicalistas.

La oposición a Trump es el hilo conductor de todos los grupos que componen este movimiento. Un poco más lejos, aparecían varias pancartas del mandatario republicano con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Trump como títere, como perro, como una presa cazada. Otros alzaban la imagen del fiscal especial Robert Mueller, a cargo de la investigación de la trama rusa, con la leyenda “Se acercan las acusaciones”, con el estilo de letra de la serie Juego de Tronos. Entre todos esos letreros colmados de carga política, aparecía un rostro familiar con los ojos cerrados, el traje azul y la mano alzada: Christine Blasey Ford, la mujer que acusó al juez Brett Kavanaugh de abuso sexual. “No podrán callarnos, doctora Ford”.

El movimiento de las mujeres se ha visto en el último año dividido por cuestiones ideológicas, especialmente acusaciones de antisemitismo que acabaron con un escisión. En Washington, decenas de personas marcharon con carteles que rezan “La marcha de las mujeres judías”. Su participación era todo un símbolo.

Tamika Mallory, copresidenta de la organización original, la Marcha de las Mujeres, ha apoyado públicamente al predicador Louis Farrakhan, una voz de la izquierda radical cuyos discursos contienen un antisemitismo indisimulado, aunque aclarando que no comparte algunas declaraciones. “Sin duda hay muchas cosas con las que diferimos, pero decidimos unirnos hoy porque tenemos que estar unidas. Tenemos muchas cosas que trabajar y el antisemitismo es una de ellas, pero no podemos hacerlo si no estamos juntas en esto”, explicaba Jennifer, de 54 años.

“Creo que uno de los problemas que tenemos es que se nos olvida por qué estamos marchando. Queremos que nos respeten nuestros derechos, que eduquen a nuestros hijos en igualdad, pero aquí hay muchas que vienen por otros motivos”, lamentaba Valerie Marie, con su hija de siete años de la mano. Las organizadoras de la marcha han sido criticadas por no ser inclusivas en sus demandas y por eso anunciaron hace un par de días el lanzamiento de la plataforma Agenda de la Mujer. Esta incluye exigencias a los legisladores como el aumento del salario mínimo federal, abordar los derechos reproductivos y la violencia contra las mujeres, y aprobar una enmienda constitucional igualdad de derechos. De las manifestantes consultadas, ninguna sabía sobre ese programa político.

Desde hace dos meses, existe una conexión nueva entre estas mujeres y el centro del poder. Una mujer demócrata, Nancy Pelosi, es la nueva presidenta de la Cámara de Representantes y en pocas semanas se ha erigido en némesis de Trump. Los demócratas lograron una victoria sin precedentes desde los años 70 en las legislativas, en parte gracias al tirón de candidatas mujeres, jóvenes y de minorías. Quizá la mayor estrella mediática de ese movimiento sea la congresista neoyorkina Alexandria Ocasio-Cortez, que participó en una de las dos marchas de Nueva York

"El año pasado llevamos el poder a las urnas. Este año necesitamos asegurarnos de que ese poder lo transformamos en políticas. No vamos a dejar que nadie nos quite nuestros derechos”, dijo Ocasio-Cortez en la marcha, “los vamos a expandir”. “No vamos a permanecer en silencio cuando se trata de los derechos de las mujeres pobres, trabajadoras, de clase media, de todas las mujeres de Estados Unidos y del mundo”.

Las fisuras en el movimiento fueron evidentes en Nueva York más que en ningún otro sitio. Compitieron dos marchas. La oficial arrancó en la avenida que baja junto a Central Park, organizada por la llamada Women's March Alliance. La alternativa, hermana de la que transcurrió en Washington, se desarrolló a espaldas de los tribunales de migración. Es decir, la marcha no oficial en Nueva York era la de la organización que marchaba oficialmente en Washington.

Los organizadores de los dos eventos no fueron capaces de llegar a un acuerdo para manifestarse juntos. Y el temor es que la controversia que desde hace meses separa a las dos plataformas por enfrentamientos de tipo racial y religioso se extendiera a otras ciudades. Fruto de esa frustración, hubo un tercer evento de mujeres discapacitadas en Grand Central, convocado por el grupo activista Rise and Resist.

Pese al drama entre sus líderes, los participantes que se echaron a la calle desafiando el frío quisieron celebrar el avance logrado en las pasadas legislativas. “Es el trabajo de una masa de mujeres lo que está cambiando el país”, comentaba Danielle. Si espera que los organizadores aparquen sus diferencias y establezcan unos valores comunes claros. “El movimiento no debería estar dividido”, dice. Ante esta confusión, el alcalde neoyorquino Bill de Blasio acudió a las dos protestas.

Una mujer llamada Alicia no esperaba que estos movimientos surgidos de forma viral sean perfectos, pero sí confiaba en que, pese a las críticas, siga avanzando. Le retumban en la cabeza, dice, las risas de Donald Trump hablando de como agarró a una mujer por sus genitales. “Ahora somos nosotras las que hemos agarrado el poder”, afirma.

Lauren, otra asistente a la manifestación, dice que fue un importante catalizador para expresar la rabia de millones de mujeres que cuestionan el statu quo. “Llegó el momento de acabar con las formas de discriminación que sufrimos”, denunciaba, “se avanzó mucho pero este movimiento debe continuar de una manera inclusiva. Tenemos que seguir hasta romper el techo de cristal por completo”.

Esa energía, coincidían las participantes en las dos manifestaciones en Nueva York, debe preservarse. “No somos las mismas que hace dos años. Estamos ganando poder y ahora tenemos que aprender a transformarlo”, señalaba una mujer llamada Kelly desde la cabecera de la marcha que arrancó a los pies de la torre Trump. “Así es como funcionan los movimientos sociales, juntas podemos cambiar”.

Katherine Siemionko, la exdirectiva de Goldman Sachs que coordinó hace tres años el movimiento de protesta, reiteró que "este es solo el comienzo. Tenemos que recordarnos a nosotras mismas y a los que nos miras que juntos podemos cambiar. Un proceso que no acaba un día". “Ahora tenemos que mostrar lo que vamos hacer con este poder”, concluyó Alexandria Ocasio-Cortez.


Por Antonia Laborde/Sandro Pozzi
Fuente: El País

La revolución Rosa.

Puta, loca, sanguinaria, violenta, judía, polaca; todos insultos para quienes la asesinaron, intersecciones que hicieron de su voz política una que atraviesa el siglo que pasó desde que tiraron su cuerpo al agua, podríamos decir ahora. La revolución, el socialismo, la libertad, lo privado como político son los temas de su producción teórica que vale la pena releer cuando la huelga internacional feminista del 8 de marzo ya está preparándose en todo el mundo. Denostada y peligrosa en un mundo de hombres en el que entró a fuerza de empujar, Rosa Luxemburgo supo desde siempre que sola no podía y del enorme valor de la amistad política con otras mujeres.


Se cumple un siglo desde el feminicidio político de Rosa Luxemburgo, consumado el 15 de enero de 1919. Lo nombramos como “feminicidio”, no sólo porque Rosa era mujer, sino porque ella, por ser mujer, fue perseguida, desprestigiada y maltratada –antes y después del crimen– con saña. Cuando los esbirros la arrastraban a la muerte, el odio encendido en los seguidores de esa socialdemocracia descompuesta política y éticamente, generaba un griterío a su alrededor: “puta, loca, sanguinaria, violenta”. La roja –en un país en el que crecía la contrarrevolución–, la judía –en un país en el que se incubaba junto al racismo y el nacionalismo “el huevo de la serpiente”, el nazismo–, la polaca –en una Alemania que disputaba con Rusia desde hace años el territorio polaco donde nació Rosa–, la desobediente –que osó convocar a la juventud para que no fuera a la guerra imperialista–, la mujer autónoma –con parejas a las que se unió y de las que se separó en libertad–, fue ferozmente maltratada, como tantas mujeres que rompieron los códigos y mandatos sociales, y desafiaron al poder de un capitalismo patriarcal, y de un socialismo machista y misógino. 

Después del griterío acusatorio fueron las balas y un culatazo que le rompió el cráneo. Su cuerpo fue arrojado a las aguas del Landwehrkanal en Berlín. Una historia que en nuestros países del sur es más que conocida. Rosa criminalizada, Rosa presa, Rosa insultada, Rosa asesinada, Rosa desaparecida

Pero Rosa volvió de todas las desapariciones. De la que pretendieron sus asesinos, y de la que posteriormente realizó el estalinismo, condenando su obra teórica al ostracismo. No sólo escapó de las aguas, regresando a la superficie y a las orillas del mundo. Poco a poco fueron llegando también sus ideas, sus reflexiones sagaces sobre la revolución, el socialismo, la libertad.

Habría muchos temas sobre los cuales es posible reflexionar, pero aquí, el análisis en clave feminista para reencontrarla en los desafíos actuales. 

La amistad política entre mujeres

¿Cómo tolerar tanto odio de los enemigos, y tanta agresividad de quienes desde las filas revolucionarias rechazaron la radicalidad libertaria y las denuncias del oportunismo y del reformismo, realizadas de manera implacable por Rosa? ¿Cómo sobrevivir al machismo que atravesaba la vida social en la que Rosa desplegaba su lucha, y también la vida íntima? 

Quien fue su compañero durante gran parte de su vida, Leo Jogiches, desvalorizaba sus deseos y trataba de disciplinar su actividad. Fue por esa presión que cambió su deseo de estudiar Biología por el deber de estudiar Economía, y que renunció a tener hijos o hijas “porque la Revolución le exigía que entregara todo de sí”. Rosa entregaba todo de sí, todos los días, pero no dejaba de sentir que la lucha por la felicidad de un pueblo, tenía que corresponderse con la búsqueda de la felicidad personal. En varias cartas escritas a Leo le reprocha: “Comprendo que quieras comunicarme tus observaciones críticas, comprendo su utilidad en general e incluso su necesidad en determinados casos. Pero ¡por Dios! en ti esto se ha convertido en una enfermedad ¡en una fea costumbre! No puedo escribirte acerca de ninguna cosa, de ningún pensamiento o hecho sin recibir como respuesta las peroratas más tediosas y más insípidas. ¡Esto es realmente demasiado aburrido!”. Rosa quería volar más alto y no necesitaba un tutor que decidiera por ella los rumbos de la travesía.

¿Cómo atravesar el desencanto en los compañeros, los largos períodos de prisión, los exigentes debates teóricos, sosteniendo la voluntad y el impulso revolucionario? 

Una de las claves en la vida de Rosa, que permite explicar esa capacidad de desafío, es que ella cultivó con dedicación la amistad política entre mujeres. Lejos de las historias oficiales que describen a los protagonistas de las revoluciones o las guerras como hombres sobresalientes, la perspectiva feminista enfatiza los lazos sociales que forjaron grupos y colectivos con gran creatividad. Es el caso de las amigas de Rosa, entre ellas: Mathilde Jacob, Luise Kautsky, Sonia Liebknecht, Mathilde Wurm, Clara Zetkin. Es Rosa, en amistad e intimidad con las mujeres de su tiempo, acompañándolas y siendo acuerpada por ellas, como podemos entenderla, y con ella a todas.

Antes del 8M

Unos días antes del crimen, Clara Zetkin le escribía a Rosa: “¡Ay, Rosa! ¡Vaya días! Siento la grandeza histórica y la importancia de tu actuación. ... Mi amada, mi única Rosa, sé que morirás orgullosa y feliz. Sé que nunca has deseado una muerte mejor que luchando por la revolución. Pero ¿y nosotros? ¿Podemos nosotros prescindir de ti? No puedo pensar, sólo siento. Te aprieto con fuerza, con fuerza a mi corazón. Siempre, tu Clara”.

Clara Zetkin compartió con Rosa las críticas a la dirección del partido socialdemócrata en momentos claves como la votación en el Parlamento de los créditos de guerra, en la defensa de la Revolución Rusa (y en su crítica a lo que consideraron necesario de esa experiencia naciente), en la lucha contra el militarismo, en la creación del grupo Espartaco, y luego del Partido Comunista Alemán. Rosa apoyó en todo momento a Clara en las luchas por la organización de las mujeres socialistas a nivel internacional.

Clara y Rosa también estuvieron entrelazadas por el amor que Rosa tuvo con Kostia, el hijo de Clara, 23 años más joven que ella. En un partido tan conservador, ese amor resultó sin dudas una afrenta, y generó habladurías entre los chismosos de la dirección partidaria. Pero tanto Rosa como Clara creyeron en la libertad firmemente, y se permitieron sentir y vivir hasta donde pudieron, en coherencia con sus ideas. La libertad puede generar incomodidad, puede resultar más difícil de vivir, tanto en lo individual como en procesos colectivos, pero es condición para las revoluciones y para las vidas verdaderas. 

Esa amistad permitió que Rosa tuviera acceso a periódicos como el que dirigía Clara, Die Gleichheit (La Igualdad) y a numerosos espacios políticos que los varones del socialismo le iban limitando. En 1907 Clara y Rosa, junto a otras compañeras como Alexandra Kollontai –representando a Rusia–, realizaron la Conferencia de Mujeres Socialistas en la que participaron 59 mujeres de 15 países. Fue un espacio decisivo para la organización del primer Día Internacional de las Mujeres, celebrado en Europa en marzo de 1911. Fue también una articulación que creció en su proyección internacionalista, y desde la cual se organizó la resistencia socialista a la guerra imperialista. 

Pero no se trataba solo de la lucha contra el capital. En 1912 escribía Rosa en un artículo publicado en el periódico alemán Leipziger Volkszeitung: “…Con la emancipación política de las mujeres, un fresco y poderoso viento habrá de entrar en la vida política y espiritual (de la socialdemocracia) disipando la atmósfera sofocante de la actual vida familiar filistea que tan inconfundiblemente pesa también sobre los miembros de nuestro partido, tanto en los obreros como en los dirigentes”.

Es decir, no sólo se hablaba de la lucha por el voto de las mujeres, sino que se organizó con una gran masividad el movimiento de las trabajadoras para la lucha contra la guerra, se planteó la urgencia de la participación de las mujeres en las luchas por la revolución socialista, y se pusieron en discusión temas como la familia. 

Rosa insistió también en la idea de que las proletarias no podían ser furgón de cola de las feministas burguesas. Creía e incitaba a la participación de las mujeres trabajadoras en la primera línea de lucha por el socialismo. Afirmaba en un discurso en 1912: “El actual enérgico movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una flagrante injusticia, es señal infalible, señal de que las bases sociales del sistema imperante están podridas y que sus días están contados… Luchando por el sufragio femenino, también apresuraremos la hora en que la actual sociedad caiga en ruinas bajo los martillazos del proletariado revolucionario”. Y escribió el 5 de marzo de 1914: “Para la mujer burguesa su casa es su mundo. Para la proletaria su casa es el mundo entero, el mundo con todo su dolor y su alegría, con su fría crueldad y su ruda grandeza. La proletaria es esa mujer que migra con los trabajadores de los túneles desde Italia hasta Suiza, que acampa en barrancas y seca pañales entonando canciones junto a rocas que, con la dinamita, vuelan violentamente por los aires. Como obrera del campo, como trabajadora estacional, descansa durante la primavera sobre su modesto montón de ropa en medio del ruido, en medio de trenes y estaciones, con un pañuelo en la cabeza y a la espera paciente de que algún tren le lleve de un lado a otro. Con cada ola de miseria que la crisis europea arroja hacia América, esa mujer emigra, instalada en el entrepuente de los barcos, junto con miles de proletarios, junto con miles de proletarios hambrientos de todo el mundo para que, cuando el reflujo de la ola produzca a su vez una crisis en América, se vea obligada a regresar a la miseria de la patria europea, a nuevas esperanzas y desilusiones, a una nueva búsqueda de pan y trabajo”.

Estos textos abren un espacio de empatía para quienes en este sur se vuelven protagonistas de los feminismos populares, indígenas, negros, campesinos, migrantes, internacionalistas, sin fronteras, en los que no se busca negociar algunas migajas del banquete mundial de la burguesía transnacional, sino se tiene como horizonte las revoluciones anticapitalistas, antipatriarcales, anticoloniales, socialistas. Para quienes afirman como lo hacen las mujeres organizadas en el Movimiento Sin Tierra de Brasil, que “sin feminismo no hay socialismo”. 

Contra el militarismo y la guerra

Las mujeres socialistas estuvieron en la primera línea de la denuncia del ascenso del militarismo, y en la oposición a la guerra imperialista, cuando la “civilizada” Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial. Rosa puso toda su pasión para intentar convencer a la socialdemocracia, a la juventud, a los pueblos, del drama humanitario que significaría el estallido de la guerra. Llamó a los jóvenes a no sumarse al Ejército, denunció el maltrato de los oficiales a los soldados, llamó a los diputados socialdemócratas a no votar créditos para la guerra, siendo juzgada por éstas y otras acciones por “traición a la patria”. Cuando se preparaba para asistir a la Primera Conferencia Internacional Antibélica en Holanda, fue detenida (el 18 de febrero de 1915). La prisión no la detuvo. En abril de 1915, en la cárcel, terminó de escribir el texto “La crisis de la socialdemocracia alemana”, más conocido como el Folleto Junius donde proclamaba como disyuntiva histórica: “Socialismo o Barbarie”. Escribía entonces: “Federico Engels dijo una vez: “La sociedad capitalista se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresión a la barbarie” … En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie. El triunfo del imperialismo conduce a la destrucción de la cultura, esporádicamente si se trata de una guerra moderna, para siempre si el período de guerras mundiales que se acaba de iniciar puede seguir su maldito curso hasta las últimas consecuencias. Así nos encontramos hoy, tal como lo profetizó Engels hace una generación, ante la terrible opción: o triunfa el imperialismo y provoca la destrucción de toda cultura y, como en la antigua Roma, la despoblación, desolación, degeneración, un inmenso cementerio; o triunfa el socialismo, es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra el imperialismo, sus métodos, sus guerras. Tal es el dilema de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión del proletariado. De ella depende el futuro de la cultura y la humanidad” 

Compartimos con Rosa la desazón y el espanto que provocan el capitalismo patriarcal y colonial, saqueador, dispuesto a lanzarse a invasiones, guerras, crímenes de estado, dictaduras, destrucción de la naturaleza, envenenamiento de los ríos, contaminación de las tierras, exterminio de pueblos, genocidios, femicidios. La “nueva conquista” que arrasa a nuestro continente, está enloqueciendo de rabia a los pueblos que día a día sienten amenazada su existencia. En este contexto, cuando tratan de robarnos no sólo los bienes comunes sino la capacidad de creernos y de ser sujetos de la historia, es necesario volver a Rosa para pensar al socialismo, y por ende a la Revolución, como un proyecto de vida, frente a la muerte anunciada por el capital.

La revolución es un sueño eterno

En su texto sobre La Revolución Rusa, Rosa profirió una de sus sentencias geniales, que tanto hubieran servido si los proyectos populares y socialistas la hubieran tenido en cuenta “La libertad solamente para los seguidores del gobierno, solamente para miembros de un partido –por más numeroso que fuere– no es libertad. La libertad siempre es libertad de quienes piensan distinto. No por el fanatismo de la ‹justicia›, sino porque todo lo vital, lo curativo y depurativo de la libertad política depende de este carácter, y su efecto falla cuando la ‹libertad› se convierte en un privilegio.”

Rosa Luxemburgo vivió un tiempo de revoluciones. Nacida en Zamosc, en una Polonia ocupada por el imperio zarista ruso, el 5 de marzo de 1871, días antes que los obreros y obreras de Paris “tomaron el cielo por asalto”, fue acunada por los cantos guerreros de la Comuna –la primera experiencia de gobierno obrero–. En sus 47 años de vida intensa, participó de la revolución rusa de 1905 –a la que se sumó desde el territorio ocupado de Polonia, cayendo presa en ese país–, vibró desde la prisión con la Revolución Rusa de octubre de 1917, a la cual no temió valorar –en debate con el reformismo socialdemócrata alemán– y criticar –en textos que no llegó a publicar en vida–. Fue asesinada días después de la derrota de la revolución espartaquista.

Sobre la experiencia de la primera revolución rusa, escribió su obra Huelga de masas, partido y sindicatos, en la que intentó analizar los nuevos modos de participación del pueblo, y sus formas de organización y lucha. Un texto que merece ser estudiado, debatido, al calor de experiencias como el Paro Internacional de Mujeres, y de las duras polémicas que esta iniciativa provoca con algunas burocratizadas organizaciones sindicales. 

Su texto inconcluso La Revolución Rusa, publicado años después de su muerte, permite a su vez analizar varios temas críticos para los proyectos socialistas. 

La derrota de la semana de Espartaco mostró a Rosa en su integridad revolucionaria. Un día antes de ser asesinada escribía: “¿Qué podemos decir de la derrota sufrida en esta llamada Semana de Espartaco? ¿Ha sido una derrota causada por el ímpetu de la energía revolucionaria chocando contra la inmadurez de la situación, o se ha debido a las debilidades e indecisiones de nuestra acción? ¡Las dos cosas a la vez! El carácter doble de esta crisis, la contradicción entre la intervención ofensiva, llena de fuerza, decidida, de las masas berlinesas, y la indecisión, las vacilaciones, la timidez de la dirección ha sido uno de los datos peculiares del más reciente episodio. La dirección ha fracasado. Pero la dirección puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolución”. Las últimas palabras de ese escrito fueron: “¡El orden reina en Berlín!” ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya “se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto” y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!”.

Rosa Luxemburgo, la mujer de las muchas revoluciones, conmovió a las organizaciones que creaba y a las que llegaba; revolucionando su propia vida y la de quienes la rodeaban. Supo vivir las derrotas sin perder la ternura y el deseo de cambiar al mundo. 

Rosa es y será, y seremos con ella finalmente, si logramos ante la adversidad, mantener la alegría, el buen humor, el encanto por la vida. Burlándose de la solemnidad de los socialistas, le escribió a su compañera y amiga Mathilde Jacob, desde la cárcel de Wronke: “Oh, Mathilde, ¿cuándo estaré de nuevo en Sudende contigo y Mimí (su gata), leyendo Goethe para las dos? Pero hoy quiero recitar de corazón un poema que me vino a la cabeza esta noche, sabrá Dios por qué. Es un poema de Conrad Ferdinan Meyer, el querido suizo (...) “estoy arrepentido, lo confieso compungido, de no haber sido tres veces más audaz”. Esta conclusión tú vas a ponerla en mi sepulcro... ¿Lo tomaste en serio Mathilde? ¡Qué! Tienes que reír de eso. En mi tumba, como en mi vida, no habrá frases grandilocuentes. Sobre la piedra de mi tumba deben aparecer apenas dos sílabas: zvi, zvi. Es el canto de los (pájaros) carboneros. Yo lo imito tan bien, que ellos vienen corriendo”.

Rosa amaba los pájaros, las flores, las plantas. Le gustaba el teatro, la música, la pintura. Embelleció la vida socialista, la historia de las revoluciones, la genealogía de las mujeres. Podemos preguntar como Clara: Rosa, ¿podemos prescindir de ti?

Un siglo después del crimen, Rosa abre las ventanas de la historia para seguir soñando revoluciones, y para realizar nuestros sueños tantas veces soñados. La memoria arde, Rosa. No podemos prescindir de ti. 

Fuente: Página/12

enero 19, 2019

Rescatan la radiografía emocional de Clara Campoamor a través de unos ensayos inéditos.

Con el amor como tema transversal, Campoamor intentó dirigir la mirada de sus lectores hacia lo femenino y los estereotipos de grandes poetas.


Mientras que su vida en Madrid se centró en la política con logros como el voto femenino o la ley del divorcio, durante su exilio argentino Clara Campoamor dejó aflorar su pasión literaria en forma de ensayos que por primera vez se recogen en el volumen Del amor y otras pasiones.

Publicado por Fundación Banco Santander dentro de su Colección Cuadernos de Obra Fundamental, este libro es producto del trabajo de casi dos años de la investigadora y doctora en letras hispánicas por la Universidad Autónoma de Madrid Beatriz Ledesma, que ha rescatado estas reflexiones literarias que suponen "una radiografía emocional" de la activista.

Muestran "una Clara Campoamor nueva, casi secreta" a través de artículos literarios desconocidos hasta ahora por el público español que publicó entre 1943 y 1945 en la revista mensual femenina Chabela, de la editorial Sopena, a modo de breves ensayos, reflexiones y comentarios de texto sobre poesía del Siglo de Oro, el Romanticismo y finales del siglo XIX.

Con el amor como tema transversal, Campoamor intentó dirigir la mirada de sus lectores hacia lo femenino y los estereotipos de grandes poetas españoles y latinoamericanos con un afán divulgativo y reflejando "su visión muy personal", ha explicado hoy durante la presentación Ledesma.

"Chabela era una revista popular, dirigida a amplias capas de la sociedad porque entonces se da en Argentina un apogeo de la cultura de masas, y eso explica que sean unos ensayos de divulgación que pretenden despertar un fervor, contagiar una pasión por esos poetas que admiraba", ha apostillado.

Por ello la investigadora pide que el lector "no se quede sólo con la valoración estrictamente literaria, porque ella habla de sentimientos y, si leemos atentamente, encontraremos una radiografía emocional de Clara Campoamor".

Como en el artículo que dedica a los poemas de sor Juana Inés de la Cruz, su "décima musa", de la que destaca que "ve la inconsecuencia de los hombres al juzgar la conducta de las mujeres" y lanza "como un grito del alma, rebozado en burla donosa, al azotar esa dualidad entre el anhelo íntimo y el juicio social varonil".

La intelectual madrileña escribió también sobre Quevedo, Góngora, Garcilaso, Fray Luis de León, Juan de Mena, Espronceda, Bécquer y Zorrilla, pero también de trovadores de coplas y autores más próximos a su tiempo como el mexicano Amado Nervo o Manuel Machado.
La cara desconocida

Obligada al exilio tras la Guerra Civil, tras vivir a caballo entre Suiza y París recaló en Argentina, donde viviría entre 1838 y 1955 su etapa "más fructífera, desconocida y feliz".

Dejar en un segundo plano su activismo político y, al comienzo de esta etapa de destierro, incluso su carrera como abogada permitió que "saliese a flote su pasión un poco dormida por la literatura, que se despertase una vocación dormida de la que El amor y otras pasiones es su máximo exponente", ha destacado Ledesma.

Ha trabajado en colecciones "desperdigadas" de la revista, que nunca llegó a España, hasta conseguir salvar la treintena de artículos literarios, salvo "un pequeño fragmento de uno".

"Del amor y otras pasiones" incluye además entrevistas en los que la pensadora abordó asuntos como el lenguaje inclusivo, algo que reconoció que no le iba a quitar "ni media hora de sueño", ha destacado durante su presentación junto con Carmen Posada la periodista Marta Robles, "enorme fan de Campoamor desde pequeña y feminista desde los tiempos en que no existía la palabra sororidad".

Declaraciones como la referida del lenguaje le parecen a la periodista "importantísimas" porque permiten "esclarecer algunos aspectos del feminismo que ahora están un poco confusos". "Ella es luz y guía y su discurso debe ser parte del nuestro", ha reivindicado.

Fuente: El Diario.es

El colectivo Pussy Riot llega a Chile con un show de punk y agitación política.



El grupo feminista ruso, conocido por sus acciones contra el gobierno de Putin, debuta en el país en abril. El concierto es liderado por Nadya Tolokonnikova, una de las tres integrantes condenadas en 2012 a dos años de cárcel.

Durante los últimos siete años han sido protagonistas tanto de la cultura popular como de la contingencia internacional. Desde aquel improvisado y polémico concierto en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, en 2012, que terminó con tres de sus integrantes condenadas a dos años de cárcel, el colectivo ruso Pussy Riot se ha transformado en un referente global de agitación política y del movimiento feminista, con acciones dirigidas contra el gobierno de Vladimir Putin que han tenido eco en todo el mundo y, al mismo tiempo, un alto costo en la vida personal de sus miembros.

Pero si bien Pussy Riot es, en principio, un grupo de actividad en directo, mayoritariamente femenino e inspirado en clásicos del punk británico de los 70 -en particular aquellos que dieron forma al movimiento “Oi!”-, lo que el mundo menos conoce de ellas hasta ahora es, precisamente, su propuesta musical en vivo, en gran medida debido a las dificultades que han enfrentado para salir de su país. Es parte del misterio que el conjunto ha intentado despejar en el último año con Riot Days, el show que presentaron en 2018 en Europa y Estados Unidos, y con un nuevo espectáculo que este semestre tiene planeado su aterrizaje en Sudamérica.

Como parte de la que será su primera gira formal por la región, se espera que el grupo anuncie esta mañana, a través de sus redes oficiales, una serie de presentaciones en Brasil, Uruguay, Argentina y Chile, con una fecha ya cerrada para el miércoles 17 de abril (a las 21.00 horas) en el centro de eventos Blondie que desde ya se instala como uno de los conciertos más atractivos e impensados de la cartelera 2019.

Según confirman desde el recinto de Alameda 2879, que trae al grupo moscovita en el marco de su ciclo de aniversario 26, el recital está concebido como un espectáculo multimedia: por un lado, una banda con cinco representantes del colectivo -que actualmente tendría más de doce integrantes- que interpretan en vivo temas de riffs acelerados y temática contingente aún sin ser editados en un disco. “Kill the sexist” (Matar al sexista), “Putin Zassal” (Putin se orinó de miedo) y “Make America great again”, lanzada para la candidatura de Donald Trump, son parte del repertorio del show, acompañado de visuales y su tradicional performance enmascarada que ellas mismas han definido como “teatro-punk”. La misma que han paseado por festivales como el Rock al Parque colombiano y Glastonbury, en Inglaterra.

Una vida activista

Si bien no todos los integrantes que vendrán a Chile optan por revelar su identidad, se sabe que el contingente estará liderado por “Chaika”, director musical del espectáculo, y Nadya Tolokonnikova, una de las fundadoras del colectivo y probablemente su rostro más reconocible.

A sus 29 años, la artista y activista política suma varios enfrentamientos con las autoridades y un par de detenciones, una de éstas a partir de su célebre actuación en el templo de la iglesia ortodoxa rusa, por la que fue condenada a dos años de cárcel por vandalismo en 2012 -y liberada por una ley de amnistía en diciembre de 2013- junto a Maria Alyokhina y Yekaterina Samutsevich.

Al año siguiente, Tolokonnikova y otras integrantes reaparecieron en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, donde fueron atacadas y golpeadas por guardias cosacos. El año pasado, en tanto, su marido, Pyotr Verzilov, junto a tres activistas, ingresó a la cancha en la final del Mundial de Fútbol en Moscú. Una serie de acciones contra el gobierno ruso y “sus abusos contra los derechos humanos”, según declaran, que Tolokonnikova relata en su libro Read & riot así como en sus presentaciones por el mundo.

Las entradas para el show se pueden adquirir en blondietickets.cl, con precios que van de los $14.000 (preventa internet) a los $22.000 (puerta).

Fuente: El Culto, La Tercera

enero 18, 2019

El Parlamento Europeo pide poner fin a la discriminación de género en las políticas fiscales.

Los eurodiputados proponen que la tributación sea individual en el impuesto de la renta y la supresión del IVA para los productos de higiene femenina.


La Eurocámara ha aprobado este martes una proposición no vinculante que tiene como objetivo acabar con la desigualdad de género y conseguir una distribución más equitativa de la riqueza entre hombres y mujeres gracias a la política fiscal. Los parlamentarios aseguran que la ausencia de una perspectiva de género en este ámbito, tanto a escala comunitaria como nacional, refuerza las disparidades en ámbitos como el empleo, las pensiones o la riqueza. Además, desincentiva la entrada y la permanencia de las mujeres en el mercado laboral y contribuye a perpetuar los estereotipos heteropatriarcales.

El texto, impulsado por Ernest Urtasun (Catalunya en Comú/Verdes) y Marisa Matías (Bloco de esquerda/GUE), ha sido aprobado con 313 votos a favor, 276 en contra y 88 abstenciones. “No podemos seguir ni un minuto más sin ningún tipo de perspectiva de género en el ámbito de la fiscalidad”, ha subrayado Urtasun. “Hemos tenido una legislatura muy tímida en materia de igualdad, pero esta propuesta permite ir a la ofensiva en una agenda de igualdad de género que debe ser extremadamente ambiciosa”, ha concluido.

ELIMINACIÓN DEL IVA PARA LOS PRODUCTOS DE HIGIENE FEMENINA

El informe condena que los productos higiénicos femeninos todavía no se consideran productos básicos en todos los Estados miembros, e insta a todos los países de la UE a eliminar el llamado "tampón tax" aplicando un tipo de IVA del 0% a sus productos esenciales.

Con esta proposición, el Parlamento Europeo anima a los estados miembros a fomentar la disponibilidad generalizada de los productos sanitarios y anima a ofrecer productos de higiene femenina en determinados espacios públicos como escuelas, universidades y refugios para personas sin hogar, ya que “la pobreza menstrual es una cuestión presente en la Unión, donde una de cada diez niñas no puede permitirse productos sanitarios”, según la organización Plan Internacional UK.

Por otro lado, señalan que el IVA ejerce un sesgo de género debido a las pautas de consumo de las mujeres, que “difieren de las de los hombre en tanto que adquieren más bienes y servicios con el objetivo de favorecer la salud, la educación y la nutrición”.

TRIBUTACIÓN QUE DISTINGA ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Con el objetivo de garantizar una justicia fiscal para las mujeres, los parlamentarios han pedido que los sistemas fiscales dejen de asumir que los hogares comparten sus recursos por igual. Para ello proponen que la tributación en el Impuesto sobre la Renta sea diferente dependiendo del género. “La imposición individual es decisiva para lograr la justicia fiscal para las mujeres”, explica el informe, ya que “las políticas fiscales repercuten de forma diferente en distintos tipos de hogares: hogares con dos perceptores de ingresos y hogares con una mujer o un hombre como único perceptor de ingresos”. Además, llama la atención sobre la elevada brecha de género en materia de pensiones resultado de la imposición conjunta.

La resolución pretende garantizar también que no se creen nuevos impuestos que refuercen el modelo del hombre como sostén de la familia o que aumenten las disparidades entre mujeres y hombres, tanto en el mercado como en la renta, tras la aplicación de los impuestos.

Para la ponente, Marisa Matías, “este informe es un paso importante hacia una mejor alineación con la realidad de la política de descentralización y la promoción de una distribución más equitativa de los ingresos, la riqueza, las oportunidades, los activos productivos y los servicios. Es decir, una verdadera igualdad”.

Por María Alonso
Fuente: El Salto