Estudio U. de Chile revela barreras invisibles que enfrentan mujeres que cursan doctorados
El Departamento de Postgrado y Postítulo de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos (VAA) y el Proyecto InES-Género de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID) dieron a conocer los resultados del estudio “Relación pedagógica y género en el acompañamiento y la dirección de tesis: experiencias de doctorandas de la Universidad de Chile”. La investigación aborda las experiencias de estudiantes de doctorado de distintas disciplinas y revela cómo las dinámicas de género influyen en la formación doctoral, especialmente en la relación con profesoras y profesores guía.
El panel abordó los sesgos de género en la formación doctoral y los desafíos del acompañamiento de tesis.El conversatorio reunió a Gabriela Martini, Lorena Mercado y Rebeca Silva, con moderación de Romina Pistaccio, directora alterna del Proyecto InES-Género.
Durante más de un año y medio, un equipo de investigación del Departamento de Postgrado y Postítulo de la Vicerrectoría de Asuntos Académicos (VAA) y del Programa InES-Género de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID), encabezado por Gabriela Martini, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades y coordinadora de la Unidad de Formación Transversal del DPP, entrevistó a doctorandas de distintas disciplinas de la Universidad de Chile e identificó prácticas de supervisión que reproducen desigualdades estructurales, afectan el reconocimiento académico de las mujeres y condicionan sus posibilidades de desarrollo e inserción en la academia.
El estudio sostiene que la relación entre profesora o profesor guía y estudiante doctoral debe comprenderse como una relación pedagógica. En este marco, este vínculo se conceptualiza como una relación formativa entre docente y estudiante, construida en interacción, en condiciones de asimetría y con efectos directos tanto en el aprendizaje y la trayectoria académica como en la experiencia vital de las doctorandas. Pese a constituir uno de los espacios formativos más relevantes del proceso doctoral e investigativo, esta relación ha permanecido históricamente invisibilizada como campo de análisis y se ha desarrollado muchas veces en ámbitos privados y débilmente regulados.
Consultada sobre el contexto institucional del estudio, Martini señaló: "El estudio ha buscado contribuir a analizar la relación entre estudiantes y profesoras y profesores guía, entendiendo que constituye uno de los tres factores que inciden en la construcción de la trayectoria doctoral y en la graduación oportuna, junto con los factores individuales de las y los estudiantes y las condiciones institucionales. Hoy las tasas de graduación oportuna en doctorado rondan apenas el 6,5%, una cifra muy baja y que no es exclusiva de nuestra universidad. Si entendemos que la graduación oportuna es la etapa final de una trayectoria formativa, la pregunta que surge es qué ocurre durante ese recorrido para que muchas estudiantes no logren finalizar sus estudios en los plazos definidos. Sin duda, existen múltiples factores involucrados, pero uno fundamental es la relación con la profesora o profesor guía. Y esa relación no es únicamente académica o técnica: también constituye una experiencia profundamente formativa y vital, que puede habilitar confianza, autonomía y pertenencia, o bien producir inseguridad, aislamiento y desgaste".
Uno de los hallazgos centrales apunta a la denominada "injusticia epistémica", concepto que describe la subestimación o invalidación de la voz de las estudiantes como sujetos legítimos de conocimiento. Algunas investigadoras entrevistadas relataron que, especialmente en disciplinas masculinizadas, deben realizar un "doble esfuerzo" para obtener el mismo reconocimiento intelectual que sus pares hombres, y reportaron experiencias en las que sus ideas eran corregidas, minimizadas o ignoradas sistemáticamente, reproduciendo dinámicas que restringen su autonomía intelectual y alimentan el denominado "síndrome de la impostora". Esta falta de validación impacta no solo en la confianza académica de las doctorandas, sino también en la construcción de sus trayectorias profesionales.
La investigación también reconoció la existencia de un "trabajo académico doméstico", entendido como la asignación de tareas de gestión, organización y cuidado dentro de laboratorios y equipos de investigación. Según los testimonios recogidos, estas labores recaen mayoritariamente en mujeres, bajo estereotipos asociados a roles maternales o de contención, pese a que rara vez son reconocidas como trabajo académico relevante para la producción de conocimiento o el desarrollo de carrera.
En algunos casos, las estudiantes describieron experiencias en salidas a terreno donde debieron asumir funciones logísticas o de cuidado consideradas "naturales" para ellas, lo que interfirió directamente con sus actividades investigativas.
Tres estilos de supervisión
Siguiendo estudios internacionales, el informe identificó tres estilos predominantes de dirección de tesis que moldean las formas en que se desarrolla el acompañamiento: orientador, directivo y ausente.
El estilo orientador fue evaluado como el más favorable por las estudiantes, ya que se caracteriza por promover el diálogo, acordar plazos y metas de manera consensuada y fortalecer la autonomía investigativa sin renunciar a la rigurosidad académica. Además, incorpora dimensiones de acompañamiento emocional y reconocimiento de las trayectorias personales de las tesistas.
En contraste, el estilo directivo se basa en una lógica vertical, donde la profesora o profesor guía fija objetivos, ritmos y criterios de trabajo de forma unilateral. Este estilo, más cercano a una lógica de instrucción, implica menores grados de autonomía para la estudiante y menos posibilidades de agencia en el desarrollo de su trabajo investigativo. El estilo ausente, en tanto, se caracteriza por una mínima implicación de la guía o el guía en el proceso formativo. Según la investigación, esta falta de acompañamiento genera "desamparo académico", obligando a las estudiantes a desarrollar diversas estrategias para lograr avances en sus investigaciones, tales como recurrir a redes informales de apoyo, buscar orientación en otras académicas y académicos, apoyarse entre pares o sostener procesos de autoformación y organización autónoma del trabajo investigativo.
Formación doctoral y recomendaciones para una supervisión con perspectiva de género
El estudio concluye que la experiencia doctoral no depende únicamente de capacidades individuales o del rendimiento académico, sino también de estructuras de poder que atraviesan la formación universitaria. Desde esta perspectiva, muestra que las desigualdades de género pueden reproducirse en prácticas cotidianas de supervisión, reconocimiento y distribución de tareas. Sin embargo, la investigación también releva que la relación pedagógica constituye un espacio con potencial transformador, capaz de generar experiencias de acompañamiento más equitativas, inclusivas y formativas cuando existe conciencia crítica sobre estas dinámicas y un ejercicio docente basado en el reconocimiento, la validación y el cuidado.
En este marco, cobra relevancia fortalecer el "reconocimiento epistémico" de las doctorandas, validando sus ideas y aportes como producción legítima de conocimiento. Asimismo, recomienda establecer acuerdos explícitos entre estudiantes y guías respecto de expectativas, plazos, modalidades de trabajo y canales de comunicación, con el fin de disminuir relaciones ambiguas, arbitrarias y jerárquicas.
El informe también propone incorporar una ética del cuidado en la formación doctoral, cuestionando la naturalización del agotamiento extremo y la precarización emocional como condiciones inherentes al doctorado. En esa línea, sugiere promover criterios de flexibilidad que consideren contextos personales, responsabilidades de cuidado y bienestar mental, en la misma senda de las políticas de cuidado y corresponsabilidad promovidas por la Universidad de Chile.
Otra de las recomendaciones apunta a fortalecer la socialización académica de las doctorandas mediante acceso equitativo a redes de investigación, congresos, financiamiento y publicaciones, evitando que las mujeres queden relegadas a tareas administrativas o de apoyo.
Finalmente, el estudio subraya la necesidad de asumir institucionalmente la dirección de tesis como una responsabilidad formativa colectiva, avanzando tanto en procesos de formación docente con perspectiva de género como en espacios de reflexión académica sobre los desafíos del acompañamiento doctoral. En este sentido, los claustros académicos de los programas tienen un rol protagónico para que la dirección doctoral no opere como un espacio privado donde se reproduzcan desigualdades estructurales históricas de la academia y prácticas docentes tradicionales.
A partir de estos resultados, la Universidad de Chile elaboró orientaciones pedagógicas dirigidas a promover la dirección de tesis como una práctica más consciente, inclusiva y sensible a las desigualdades de género, además de otros principios formativos que plantea el Modelo Educativo de la Universidad. El documento "Acompañar para formar: Guía para orientar la dirección de tesis en programas de postgrado" busca ser un insumo para la reflexión de los comités académicos sobre las prácticas de acompañamiento en postgrado. Esta iniciativa se realizó en el marco del Modelo de Reconocimiento en Estándares de Igualdad de Género.
El estudio fue presentado en un conversatorio en el que participaron Gabriela Martini, profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades y coordinadora de la Unidad de Formación Transversal del DPP; Lorena Mercado, divulgadora científica y doctora en Nutrición y Alimentos de la Universidad de Chile; y Rebeca Silva, integrante de la Red de Académicas e Investigadoras de la Universidad de Chile. La actividad fue moderada por Romina Pistaccio, directora alterna del Proyecto InES-Género y profesora de la Facultad de Filosofía y Humanidades.
Por Bárbara Paulsen, periodista Dirección de Igualdad de Género U. de Chile
Fuente: U de Chile Noticias






