agosto 02, 2026

Las reinas olvidadas que gobernaron con puño de hierro e inteligencia durante la Edad Media

Brunilda y Fredegunda pasaron a la historia por su enfrentamiento sangriento, pero las dos destacaron por otras muchas acciones durante sus reinados

Emmanuel Herman Joseph Wallet   Frédégonde armando a los asesinos de Sigebert


Para los melómanos, el nombre de Brunilda evoca a la heroína imaginada por Richard Wagner en su tetralogía del Anillo del Nibelungo. Y eso ya nos remite también a una imagen muy concreta, de una mujer grande, con trenzas, un escudo, una lanza y el casco con cuernos.

Esta imagen idealizada, sin embargo, no nos acerca a la realidad del personaje que pudo haber inspirado, aunque de forma indirecta, a Wagner. Y es que en la edad media existió una Brunilda de carne y hueso que reinó con puño de hierro. Su historia, hoy demasiado olvidad, no se puede desvincular de la de otra reina medieval, Fredegunda. 

UN OLVIDO INJUSTO

Estas dos reinas merovingias gobernaron durante décadas un vasto territorio en lo que hoy conocemos como Francia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y parte de Alemania y Suiza. Y lejos de ser pasivas consortes, su rol fue el de activas facilitadoras de la transición entre el colapso del imperio romano y el nacimiento de los estados europeos. El porqué hoy casi hemos olvidado sus nombres y sus acciones se debe a una auténtica campaña de propaganda que duró siglos.


BRUNILDA, DIPLOMÁTICA DE SANGRE AZUL

La historia nos dice que Brunilda era una princesa visigoda, Hija del rey Atanagildo de España. Las crónicas de la época escritas por Gregorio de Tours la describen como una mujer hermosa, culta y de buen comportamiento. 

Brunilda se casó en 567 con el rey Sigeberto I de Austrasia, y se convirtió al catolicismo. Sin embargo, este matrimonio feliz despertó los celos de su cuñado, Chilperico I de Neustria. La envidia le llevó a casarse con la hermana mayor de Brunilda, Galswinta, a la que pronto dejó para irse con su amante esclava, Fredegunda, que se convirtió así en reina. En un episodio digno del mejor programa de crónica negra, Chilperico y Fredegunda confabularon y estrangularon a Galswinta en su cama.

DOS MUJERES ENFRENTADAS

Tras la muerte de su hermana, Brunilda juró venganza, lo que derivó en una cruenta guerra entre los reinos de Austrasia y Neustria. Al ver que Austrasia estaba a punto de ganar y que asediaba a Chilperico, Fredegunda envió a dos asesinos a matar a Sigeberto I con dagas envenenadas. 

El rey Chilperico y la reina FredegundaW
ikicommons

La historia acabaría por sintetizar la historia de estas dos reinas como un enfrentamiento de tigresas por una venganza. Sin embargo, tras sus movimientos es interesante observar toda la estrategia geopolítica que desplegaron para mantenerse en el poder en una época en que el mapa se estaba transformando completamente.

LA REFORMA SOCIAL DE BRUNILDA

Instalada en Autun, durante su reinado Brunilda impulsó un programa masivo de reconstrucción de infraestructuras y reparó las antiguas calzadas romanas para reactivar el comercio. Además, modernizó el reino mediante una reforma fiscal basada en un nuevo censo público para actualizar los impuestos. De la lista, eliminó a viudas y ancianos desamparados para que las élites adineradas pagaran lo que les correspondía. Estas medidas sociales no gustaron a los nobles de la época.

EL PRAGMATISMO MILITAR DE FREDEGUNDA

Fredegunda, que aprovechó su encanto y magnetismo para acceder al trono, demostró una mente militar que ya habrían querido para sí muchos generales romanos. Lo demostró en la célebre batalla de Droizy (593), en la que supo hacer frente al superior ejército de Brunilda.

Amalie Materna como Brünnhilde en el Anillo de Wagner
Dominio Público

Con gran astucia, adelantó la paga a sus soldados con el tesoro real para asegurar su lealtad y ordenó un ataque nocturno sorpresa utilizando técnicas de camuflaje. Los soldados avanzaron cubiertos con ramas de árboles y colocaron campanas a los caballos para que el enemigo pensara que eran animales pastando. El resultado fue una victoria aplastante.

CÓMO SE MANIPULA LA HISTORIA

La Brunilda real tuvo un final casi tan trágico como la de la heroína wagneriana. Siendo ya una anciana, fue capturada por el hijo de su archirrival, Clotario II y fue ejecutada en público atándola a caballos desbocados. Fredegunda, por su parte, murió plácidamente por causas naturales. 

El suplicio de Brunilda, según Philippoteaux y Girardet.
Dominio Público

Lo curioso es lo que vino después. Al convertirse en rey, Clotario II necesitaba legitimarse en el trono. Para ello, borró el impacto de su tía y de su propia madre. Algunos siglos más tarde, los cronistas oficiales recibieron también el encargo de poner por escrito el caos y la destrucción provocado por las mujeres. Así, estas crónicas nos hablan de mujeres crueles y diabólicas, movidas por la maldad. Obviaron en sus notas todas las reformas sociales que impulsó Brunilda.

En el siglo XV, la escritora Christine de Pizan rescató a Fredegunda, cuyas artes militares le sirvieron para defender la capacidad política de las mujeres en su Ciudad de las Damas. La memoria de Brunilda quedó en el imaginario popular francés a través del nombre que los campesinos daban a los caminos romanos: Chaussées de Brunehaut (Calzadas de Brunilda).

Fuente National Geographic

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