La idea del feminismo «amargado» es falsa y busca deslegitimar el movimiento
Una investigación ha desmontado el mito de la seriedad en el feminismo y ha analizado el papel del humor en él. La investigadora Iraide Álvarez destaca que «ha sido un movimiento que si por algo se ha caracterizado ha sido por gozar de una inteligencia y de una imaginación política desbordante».

Iraide Álvarez y Miren Elgarresta en la presentación de este martes. (Jaizki FONTANEDA | FOKU)
Frente a la imagen estereotipada de feministas siempre enfadadas y «aguafiestas», un estudio becado por Emakunde ha constatado el uso de la creatividad en esta lucha para convertir las reivindicaciones en «militancia alegre».
Se trata del informe ‘Otras risas son posibles. Desactivando el mito de la insoportable seriedad del feminismo’, de las autoras Iraide Álvarez Muguruza, politóloga especializada en estudios feministas y de género y Sabela Fraga Costa, historiadora del arte y doctora en Bellas Artes.
Álvarez Muguruza ha presentado el estudio este martes en Gasteiz junto a la directora de Emakunde, Miren Elgarresta. Según ha destacado la investigadora, el estudio confirma que «el feminismo ha sido un movimiento que si por algo se ha caracterizado ha sido precisamente por gozar de una inteligencia y de una imaginación política desbordante».
Así, ha aclarado que el feminismo «ni está condenado a la seriedad ni pierde legitimidad por reírse». «Queremos dejar claro también que los procesos de estigmatización que definen al feminismo como un movimiento compuesto por personas amargas sin sentido del humor realmente lo que están contribuyendo es a un mecanismo de deslegitimación patriarcal», ha añadido en su nombre y en el de su compañera Sabela Fraga.
Para llevar a cabo el estudio han analizado cancioneros, carteles, pegatinas, manifestaciones y performance callejeras del movimiento feminista en Euskal Herria desde la década de 1970 hasta la actualidad.
«El feminismo ha sido un movimiento que si por algo se ha caracterizado ha sido precisamente por gozar de una inteligencia y de una imaginación política desbordante».
Lo han hecho en tres fases. La primera constó en trabajo documental en centros de documentación, en la segunda realizaron diez grupos de discusión con miembros de diferentes organizaciones feministas vascas y por último entrevistaron a trece personas de referencia en ámbitos como el periodismo, la cultura, la política y la universidad. Así, ha explicado Iraide Álvarez, cruzaron la memoria documental del movimiento feminista con «el testimonio vivo de las personas que lo habitamos».
«El hallazgo central de este estudio es claro, y es que el humor en el feminismo vasco ni es un adorno ni es anecdótico. Al contrario, podríamos decir que es una táctica política muy compleja y que opera en dos direcciones, como forma de comunicación política y como elemento de cohesión», ha explicado.
Como ejemplo ha explicado que «cuando las jornadas de lucha o las jornadas asamblearias se hacían demasiado largas y el desgaste empezaba a aparecer, nos hemos dado cuenta de que el hecho de compartir una broma, un chiste entre compañeras, se vuelve un acto político en sí mismo». A ese fenómeno lo han llamado «alegría de trinchera».
Por Alaia Sierra
