agosto 31, 2025

'Hijas del hormigón': historias de mujeres que luchan desde la periferia

La politóloga Aida dos Santos escribe un ensayo en el que retrata la situación de las mujeres de la periferia, dando voz a cientos de víctimas del clasismo, sexismo y la violencia en las ciudades de España

'Hijas del hormigón', de Aida dos Santos Debate

Su historia importa. Y da una vuelta de tuerca a unas ideas feministas que acaban dejándolas de lado. Son las hijas del hormigón, de la periferia, madres, hijas y abuelas que sostienen el armazón del Estado de Bienestar, a las que el feminismo y la izquierda en general no deberían olvidar.

Aida dos Santos, la autora del ensayo Hijas del hormigón (Debate), es quien da voz a estas mujeres, en un esfuerzo titánico por huir de la mera teoría y mostrar a través de sus testimonios el clasismo, el sexismo y la violencia en las periferias españolas. Porque a menudo no nos damos cuenta, y nos lo recuerda aquí Dos Santos, que detrás de las cifras hay historias, palabras de sufrimiento, vivencias de mujeres reales.

Ella sabe de lo que habla. Es politóloga, y como dice en su biografía, lo consiguió gracias a la educación pública. Ahora trabaja escribiendo para varios medios digitales, elaborando encuestas y auditorías retributivas para empresas. Ella misma destaca que antes de graduarse ejerció como limpiadora, camarera y cajera. Es una mujer trabajadora de clase obrera, que da voz a nada menos que a otras cien mujeres como ella en Hijas del hormigón.

Feminismo y conciencia de clase

Una reflexión basada en datos, con una extensa bibliografía, pero compensada con una serie de anécdotas significativas con una gran carga emocional en más de un caso. Porque el peso con el que cargamos las mujeres es grande (y el de algunas, mucho más que el de otras). La discriminación se da de múltiples formas y ámbitos, y para demostrarlo, la autora recoge ejemplos de todo tipo: de la desigualdad de género, de la discriminación en el trabajo, de la brecha salarial, de los estereotipos de género y cómo afectan a la salud mental de las mujeres.

Es un estudio que ahonda en el pasado y en el presente, y de la comparación de ambos, la politóloga extrae una conclusión positiva: ha habido un cambio llamativo, por supuesto, a mejor. Fruto de las reformas sociales en favor del feminismo. Pero advierte: no hay que olvidar a las mujeres del hormigón, de la clase obrera, que viven en la periferia de las grandes urbes. No hay que olvidar que ellas tienen una carga más sobre las espaldas, la de ser marginalizadas por su condición social.

"Mientras que la literatura obrerista se ha encargado de romantizar el mono azul de trabajo y la academia feminista aboga por romper techos de cristal, las condiciones de quienes se encargan de lavar los primeros y barrer los segundos han quedado totalmente descuidadas y olvidadas", reflexiona Dos Santos acerca del gran error que a su juicio supone olvidar a las mujeres de las afueras, de clase trabajadora, que sostenían a la familia haciendo el trabajo más básico, oficios como coser o lavar la ropa, servir o cuidar. Tanto en el discurso de los movimientos de izquierdas, como del feminista (que "se olvida de las obreras", como dice una de las entrevistadas).

Para llegar a adquirir esta voz, y para aprender a usarla, las propias integrantes de este grupo social deben empezar a ser conscientes de su lugar en la sociedad. "Renegamos de nuestra identidad como clase trabajadora porque aspiramos a que nos traten como si fuésemos clase media", sentencia Dos Santos, que a su vez deja clara la realidad, sin medias tintas: "da igual lo que creamos que somos, cualquier prejuicio clasista nos recordará cómo nos ven aquellos que nos nombran".

Los peligros del discurso establecido

La llamada clase media aspiracional (y aquellos de clase obrera que se ven como tal) es un concepto en boga, ¿pero, a qué se refiere eso de 'aspiracional'? Dos Santos lo define como esa voluntad de imitar los hábitos y formas de consumo de las clases más dominantes, buscando asimilarse a ellas. Un síntoma, un ejemplo que todos hemos escuchado, incluso imitado alguna vez: "esperar un Uber en el portal para ir al aeropuerto de madrugada y volar con una compañía low cost".

La politóloga incide en que al creer que de esta manera estamos gozando de los mismos privilegios que el famoso 1% de la sociedad, es algo que nos mantiene distraídos de la realidad de nuestra posición en la estructura social. Así lo reflexiona Dos Santos y también las mujeres a quiénes entrevista, formadas y preparadas, sin un trabajo que les permita acceder a una vivienda digna. Es otro espejismo, la famosa meritocracia, ese "si tú quieres, puedes".

Es un gran logro que las mujeres de la sociedad actual podamos aspirar a una educación que antes estaba reservada para las más privilegiadas, pero el esfuerzo individual únicamente no nos va a abrir las puertas a la igualdad real de oportunidades: "cuanto peor sea la situación de partida, más difícil es ascender en sociedades con grandes brechas de clase", escribe Dos Santos.

La estrategia del feminismo liberal deja de lado esta realidad, e incita a las mujeres a competir para llegar a ser las mejores y romper el famoso techo de cristal. Y así lo critica la autora del ensayo: "empoderar a mujeres talentosas para que alcancen posiciones en igualdad con los hombres de su propia clase no tiene como objetivo la igualdad, sino la meritocracia". Es decir, las mujeres de origen privilegiado lo tienen mucho más fácil para competir con los hombres por las posiciones de poder.

Para las mujeres de origen social más humilde es enormemente más difícil. Por muy brillantes que sean, y por muchos méritos que tengan. En ese sentido, para ellas, la meritocracia es una trampa, un espejismo.
Mujeres trabajadoras

Bajo el ideal de la mujer empedrada, aquella que consigue ascender a la cúspide del entramado social (con o sin ayuda, con o sin suerte), siempre se quedan detrás o debajo otras que mantienen el sueño idílico del privilegio. En los hoteles, recuerda Dos Santos, hay madres que viven en el extrarradio" limpiando sábanas de camas en las que nunca podrán dormir".

"No se trata únicamente de romper el techo de cristal, sino de preocuparse de las condiciones de trabajo de quien barre esos cristales rotos", sentencia la autora.

En Hijas del hormigón, Dos Santos puntualiza una realidad que no está del todo de moda desde el enfoque del feminismo más mainstream (también desde las ideologías de izquierdas, dice ella). Imbuidos por el sueño consumista y capitalista, no nos queremos dar cuenta de que no somos entidades independientes, no somos islas, todo lo que tenemos lo hemos obtenido también gracias al esfuerzo de otros, tengamos más o menos recursos económicos y patrimonio: gracias a otras mujeres que nos precedieron, a nuestras madres y abuelas.

"Se lo debemos a quienes cargaron los hatillos y ahorraron labrando un desagradecido campo para ofrecer a las siguientes generaciones algo más allá que la vara de los olivos o el polvo en los zapatos", apunta Dos Santos.

Y lo mismo en realidad se les puede decir a los hombres que menosprecian a la mujer en el trabajo, en el hogar, en el deporte, en la educación: todos ellos han crecido y se han desarrollado como seres humanos gracias a la entrega y al esfuerzo de madres, de abuelas, de otras mujeres que les ayudaron en un momento determinado de sus vidas.

Fuente: Cronología global

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