agosto 30, 2025

Guardianas del canal: mujeres que restauran y enfrentan el cambio climático en el Pacífico guatemalteco

El canal de Chiquimulilla, al sur de Guatemala, atraviesa manglares, esteros, aldeas y áreas protegidas. Por generaciones ha sido el sustento para miles de familias de esa zona del país, pero hoy el cambio climático ha cambiado todo: las lluvias ya no son como antes, las aguas suben sin avisar, los peces casi no se ven y el agua dulce se vuelve más salada cuando hay escasez de lluvias. La vida, tal como era conocida en ese lugar, ya no existe.

Foto de portada: Andrea Godínez

En el corazón del humedal costero de Monterrico, donde la costa es devorada lentamente por el mar, cinco comunidades —Monterrico, La Curvina, La Avellana, Agua Dulce, El Pumpo y Papaturro— viven día a día los efectos visibles del cambio climático y la erosión costera –el proceso del incremento del oleaje y el nivel del mar acelerado por la intervención humana–, que representan pérdidas y daños irreversibles para sus formas de vida.

Crédito: Andrea Gondínez

“La sedimentación y el calentamiento del agua, [que fueron] agravados por fenómenos como El Niño, están cambiando el ecosistema y reduciendo las capturas de camarón, jaiba y otros peces”, explica Juan Carlos, asesor técnico del proyecto “Pacífico Sostenible” de WWF. “El canal de Chiquimulilla, que antes era un ecosistema saludable, ahora se llena de sedimentos como consecuencia de la deforestación en las cuencas altas y las lluvias intensas, que además son más frecuentes y extremas debido al cambio climático”.

Esta transformación no es sólo ecológica, también representa lo que el mundo climático llama las pérdidas y daños: impactos provocados por el cambio climático que ocurren a pesar –o a falta– de la mitigación y adaptación. Algunos son económicos y medibles –como una casa inundada o un cultivo malogrado–, pero otros son intangibles: oficios que desaparecen, formas de vida que se desdibujan, vínculos con la tierra y el agua que ya no se pueden recuperar.

Marco Tax, director de operaciones del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC), confirma esta tendencia: “En Guatemala las lluvias son ahora más intensas y concentradas en poco tiempo, lo que aumenta la erosión del suelo y la sedimentación en ríos y canales. En la Bocacosta, donde está el canal de Chiquimulilla, antes llovía de forma más repartida, pero ahora en tres días cae lo que antes caía en un mes. Esto afecta directamente a los manglares y a la dinámica del canal”.

Según el informe titulado “Estado del Clima en América Latina y el Caribe”, de la Organización Metereológica Mundial (OMM), una de las consecuencias del cambio climático en Guatemala es que intensificó los efectos del fenómeno de El Niño. Según el estudio, durante 2024 las lluvias fueron entre un 20% y un 30% superiores a lo normal, con episodios más concentrados e intensos. Esto, dicen los investigadores, también ha provocado déficits de precipitación y temperaturas más altas en varias regiones del país. 

Los datos coinciden con los modelos de erosión que el ICC ha desarrollado en 13 cuencas del sur de Guatemala, que muestran cómo la combinación de lluvias torrenciales y pérdida de cobertura vegetal multiplica la cantidad de sedimentos que terminan en canales y esteros.

“Pero el problema no es solo el agua o la pesca”, dice Myrnamaría Galindo, bióloga de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (Fundaeco). “Los ciclos de reproducción han cambiado. Antes, en Semana Santa, vendían mucho camarón. Ahora casi nada. Y eso golpea fuerte a las familias”, agrega. A esto se suma que la erosión costera ha avanzado tanto que ha borrado restaurantes y casas cerca de la playa, dejando a la gente cada vez más expuesta al mar.

La arena y el lodo se mueven de formas que casi nadie esperaba, cambiando los ecosistemas y la forma natural de la costa. “He visto cambios mes a mes. Antes era todo plano y lodoso, ahora hay zonas de pura arena”, explica Galindo. Por eso, restaurar manglares y cuidar estos ecosistemas es urgente, no solo para proteger la naturaleza, sino también para conservar la pesca, la sal y otras tradiciones que han mantenido a estas comunidades vivas por generaciones. Desde 2022, un proyecto llamado “Alas y Raíces Resilientes”, liderado por María Schoenbeck, con apoyo de la institución anfitriona CECON, trabaja para restaurar 44 hectáreas de manglar y recuperar el flujo del agua en el canal de Chiquimulilla. La meta es salvar un ecosistema y una forma de vida que están en peligro por varios lados

Para leer íntegro el reportaje: https://latfem.org/guardianas-del-canal-mujeres-que-restauran-y-enfrentan-el-cambio-climatico-en-el-pacifico-guatemalteco/

Por Andrea Godínez 
Fuente: Latfem
Este reportaje fue producido en el marco del programa Pérdidas y Daños en América Latina de Climate Tracker con apoyo de Oxfam

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