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mayo 25, 2025

Una muestra de Sonia Navarro reivindica los oficios artesanos como fuente de autonomía de las mujeres


Fotografía de la artista Sonia Navarro, que presenta su exposición Fronteras y territorios.


La Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid acoge Fronteras y territorios, la primera exposición institucional de la artista murciana Sonia Navarro en Madrid. Esta muestra reúne medio centenar de obras realizadas desde 1999 hasta la actualidad, en las que la creadora ha utilizado diversas técnicas como el material textil, ámbito en el que más se ha especializado a lo largo de su carrera, además de escultura, pintura, collage, fotografía e instalaciones.

Estos materiales, lanas, hilos, algodones, cuerdas, esparto o materiales de desecho, que han estado siempre vinculados a los trabajos de artesanía de las mujeres y nunca reconocidos, le sirven a la artista para reivindicarlos como fuente de autonomía económica para las mujeres, puesto que la independencia de la mujer pasa primero por una autonomía económica. 

Comisariada por María de Corral y Lorena Martínez de Corral, Fronteras y territorios se desarrolla como una trama que une los diferentes patrones de trabajo de la artista. Entre ellos, se encuentra la utilización de un medio como la costura, que se ha transformado en su distintivo más característico. De esta forma, las telas, los patrones, las costuras y el hilo conforman un lenguaje identificable a lo largo de toda su carrera.
Sonia Navarro, la artesanía como clave para la autonomía de la mujer

La exposición pone especial énfasis en la selección y el tratamiento de los materiales. Con ellos, Sonia Navarro reivindica su propia procedencia, la tradición, los orígenes y la artesanía, pero también el feminismo con la autonomía de la mujer a través de los oficios tradicionales o la lucha climática con el uso del esparto que evita la desertización del territorio o el uso de materiales de desecho.

El título de Fronteras y territorios ha sido elegido por la artista porque proviene, según informan los organizadores, "de un sitio fronterizo, con sus complicaciones y sus virtudes"; y porque entiende "los territorios como lugares en los que me gustaría estar, pero a los que acudo desde la conciencia de la libertad".

En estos dos términos se unen conceptos como la apertura, el devenir, la clausura, la evolución, los orígenes, la salvación y la liberación, entre otros muchos. En las obras expuestas se aprecia un discurso que aúna tradición y contemporaneidad, en el que Sonia Navarro presta igual atención a cuestiones formales y a contenido narrativo a través de los oficios, explican.

 
Obra de la muestra Fronteras y territorios de la artista Sonia Navarro. Foto: Sala Alcalá 31

Especial atención al proceso de creación

En este contexto, la artista de Puerto Lumbreras (Murcia) pone especial dedicación al proceso de creación.

"Me interesa desde el hombre que va al campo a coger el esparto —para hacerlo hay que tener una sabiduría impresionante, y si un año no se recoge, al año siguiente no crece y la tierra se desertiza— hasta el otro que luego lo tiñe, lo moja y lo cuece, y por supuesto las mujeres que lo cosen. Es en esos procesos donde yo siento que encajo".

Cada una de sus piezas crea un profundo diálogo entre el material, el proceso artesanal, la creatividad y el espectador, al que invita a explorar las múltiples capas de su trabajo y a conocer la memoria personal de la artista. Como parte de la experiencia expositiva de Fronteras y territorios, la Sala Alcalá 31 ofrece actividades complementarias como talleres escolares y familiares, recorridos dialogados o encuentros con la artista y las comisarias.

Fuente: Efeminista

febrero 22, 2023

Textileras indígenas se reúnen por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Chile

Textileras indígenas chilenas se reúnen en el Museo de Bellas Artes de Chile para conversar sobre arte, tecnología y ciencia en un encuentro para el intercambio de saberes y experiencias, propiciado por ONU Mujeres.


Foto: ONU Mujeres

Más de 25 mujeres indígenas portadoras de la tradición viva del textil se dieron cita en el Museo de Bellas Artes (MNBA) de Chile, en el conversatorio denominado “Somos Textileras/Telaristas”, para generar un espacio de reflexión sobre la tecnología y la ciencia involucradas en el arte del telar que heredaron de sus abuelas. 

Durante el encuentro intercultural, convocado por el Museo y por ONU Mujeres, la destacada artista boliviana Sandra De Berducci, también conocida como Aruma, compartió con textileras indígenas y participantes del programa Originarias de ONU Mujeres su experiencia sobre el proceso de investigación y creación de la obra “Illasawiri: Tejidos de energía resplandeciente”. Esta exhibición reúne más de 40 piezas que indagan en técnicas tradicionales de los textiles de Los Andes y experimenta con las tecnologías contemporáneas como la electrónica y la programación, en una propuesta que conjuga obras de telar tradicional con circuitos, hilos conductivos, fibra óptica y LEDs, para crear piezas textiles interactivas que dialogan con el arte digital, el arte sonoro y la performance. Las participantes acompañaron a la artista en un recorrido por cada una de sus obras en la que compartió detalles de la historia y conocimientos que inspiraron cada creación. 

“Este encuentro entre tejedoras y mujeres indígenas nos invita a cuestionar nuestras prácticas, generar preguntas desde el quehacer textil y entenderlo también como ciencia y tecnología, no solamente como algo utilitario que se reproduce y que se vende, sino como algo que nos permite pensar. El tejido es ciencia y tecnología, es la ciencia de mis abuelos y nosotras, que tenemos en nuestras manos estas prácticas, compartámoslas con nuestros nietos, enseñemos a nuestros hijos, porque es una cultura textil viva que se tiene que mantener”, aseguró Aruma.

El textil como punto de encuentro 

Eva Mamani, educadora intercultural y textilera aymara, fue una de las facilitadoras del encuentro. La conversación estuvo orientada al intercambio de conocimientos ancestrales entre pueblos indígenas y reconocer en la tecnología una aliada para potenciarlos. El tejido, al ser una práctica viva y vigente, permite entrelazar y fortalecer lazos intergeneracionales e interculturales. 

“Las mujeres indígenas tejedoras estamos marcando un hito; estamos haciendo historia porque es la primera vez que estamos en el Museo Nacional de Bellas Artes. Este encuentro es muy importante para nosotras porque es una instancia para transmitir estos conocimientos a las nuevas generaciones y además conocer el trabajo que ha desarrollado la hermana Aruma, quien nos muestra formas de ir innovando en el telar e involucrar a la juventud y la niñez en el proceso del tejido, que también es ciencia. Tejer es una ciencia, es un conocimiento desde la visión de nuestros pueblos indígenas”. 

Gabriela Rosero, jefa de Oficina de ONU Mujeres Chile, participó del encuentro relevando esta actividad que hace parte de la estrategia de ONU Mujeres para promover la visibilidad e inclusión de las mujeres indígenas y destacando la importancia del trabajo colaborativo con el Museo Nacional de Bellas Artes, cuya misión es contribuir al conocimiento y difusión de las prácticas artísticas contenidas en las artes visuales según los códigos, la época y los contextos en que se desarrollan. 

“Desde ONU Mujeres estamos muy contentas de estar en este espacio de escucha y de reflexión junto a mujeres textileras indígenas. Es el paso para poder construir conocimientos y sabiduría, pero adicionalmente vincularlo con los desafíos que tenemos hoy de cara a la tecnología y la innovación”. 

“Como Museo estamos conscientes de que, culturalmente, como ocurre en muchas partes del mundo, tenemos una deuda con darle una importancia mayor a la mujer dentro de nuestras colecciones y exhibiciones. Por otra parte, el MNBA se interesa en todo tipo de manifestaciones, y ciertamente el tema del textil nos remite por una parte a un mundo ancestral, pero también a muchas prácticas contemporáneas. Reunir hoy, en una suerte de puente, a distintas generaciones conectadas con la producción de textiles, en torno a una expresión contemporánea, no puede sino fortalecer algunas líneas de cultura y pensamiento que para el Museo son muy importantes”, afirmó Fernando Pérez Oyarzun, director del Museo Nacional de Bellas Artes.

Fuente:  ONU Mujeres

abril 19, 2020

#PrimeraImpresión: ‘Biutiful’, lo nuevo de Mon Laferte


Mon Laferte /

La canción es su primer lanzamiento inédito en solitario del año, luego del éxito de 'Plata ta tá' (junto a Guaynaa) y de la publicación de su álbum acústico en vivo. "Mientras el mundo se derrumba / Todas las canciones, los circuitos se conectan / Y se mezclan porque sí", dice parte de su letra. El equipo de Babel da su #PrimeraImpresión de este nuevo single de la artista nacional.

En medio de su cuarentena en México, Mon Laferte ha estrenado ‘Biutiful’, su nueva canción. “La canción la grabé poco antes de que ocurriera toda esta locura, creo que es un poco premonitoria”, dice en el comunicado de prensa, el que también relata que nació en un día cualquiera en donde Mon despertó sintiéndose bonita, cuando era algo que no le pasaba antes. Se la cantó a varias amigas y a todas les gustó; ellas decían que al escucharla les daba ánimo y que les gustaba para ponerla todas las mañanas al despertar. Así decidió grabarla.

Con una base que esta vez la acerca nuevamente al rock, el single viene acompañado de un video casero en donde la artista nacional saca a relucir su clóset y sus dotes actorales. “El video fue muy sencillo, lo grabé en el departamento de mi mejor amiga en la Ciudad de México, ahí tengo mucha ropa mía, así que me puse a jugar. Esa es la idea principal de la canción, que una puede sentirse bien de cualquier manera, la belleza es una cosa de actitud, no necesitamos nada”, cuenta. A continuación, los críticos de Babel dan su #PrimeraImpresión de esta nueva canción de la chilena:

César Tudela: En estos tiempos convulsos donde el COVID-19 nos tiene cautivos en nuestras casas, es donde más necesitamos de himnos para “hacernos el aguante”. En ese contexto, ‘Biutiful’, como la declaración de amor propio, autoaceptación, sexualidad y empoderamiento que pretende ser, funciona perfectamente porque la chilena es pura inspiración, talento, honestidad y un dejo de locura. Por tal razón, que la canción sea un pop rock simple pero efectivo –y no un bolero o reggaetón–, refuerza esa identidad y espontaneidad que Laferte proyecta en medio de una melodía que deja en evidencia algunas de sus referencias noventeras como Madonna, U2 y Garbage, pero que con maestría, las filtra y las hace propias, logrando incluso ese sonido orgánico con el que nos sorprendió en Norma. “Hoy me voy a tocar porque me siento biutiful” dice de entra sin rendirle explicaciones a nadie. ¿Mejor invitación o mejor invitación?

Cristofer Rodríguez: ‘Biutiful’ es una canción lúdica ad hoc al encierro, la soledad y los pensamientos que llevan a concluir lo que ojalá todos logremos en esta pandemia: el amor propio. Pero en lo personal, lo que más me llama la atención de esta canción es su armadura sonora. Una canción sencilla, sin nada de particular, pero novedosa en su fuente de inspiración: el pop rock de los años noventa. Mon Laferte modo cuarentena abrió su clóset, tomó su ropa y armó unas maletas para tomar un vuelo clavado por la última década del siglo XX. Una fórmula de canción donde asoma Alanis Morissette, Javiera Parra, Los Ex y la fuerza Björk en el estribillo. Como prender la radio Rock & Pop un día cualquiera de 1996 y encontrar un éxito latinoamericano.

Bastián Fernández: Mon Laferte nos lleva a los 90 en su nueva canción, con la que logra conjugar la sensualidad y la nostalgia en estos tiempos de cuarentena. Suena a si los Smashing Pumpkins fueran sudacas y amantes de los sonidos latinos. Además, el sencillo marca el regreso de la cantante nacional a su vibra más guitarrera, la que abandonó completamente en Norma. ‘Biutiful’ nos hace pensar si es que hay algo que pueda hacer mal, y abre el apetito para escuchar un álbum con tintes de rock alternativo de fines de milenio bajo su poderosa y característica voz.

Nuno Veloso: Después del tour de force que fue Norma, con la intensa captura en vivo hecha junto a Omar Rodríguez López a la usanza –y en la misma locación– que el mismísimo Sinatra (pues Mon Laferte puede hacer lo que quiera), y de su reciente presentación en Viña del Mar –que parece ya pertenecer a un mundo lejano– que fue la coronación de su ímpetu aguerrido y su carisma inigualable, llega ‘Biutiful’, su nuevo single. Y este es un ejercicio de pop veraniego para un invierno que parece infierno. Claro, pues la capacidad vocal de Mon es tal que, al igual que la mejor Björk –esa que nos voló los sesos hace 27 años–, la fricción de sus cuerdas vocales dota de sensacional esplendor hasta el corte más slacker y lúdico del catálogo. “Hoy me voy a tocar porque me siento biutiful”, exclama desatada sobre un beat de simpleza lo-fi y un groove heredero de Beck. ¡Aleluya! Pues si no nos amamos a nosotros mismos, estamos perdidos. Sobre todo ahora, en estos días apocalípticos.

Fuente: El Desconcierto

noviembre 02, 2014

Valor agregado. Las mujeres Wichí

Resistencias Las mujeres wichí piden un mercado de comercio justo para vender sus artesanías. Cada pieza les demanda dos semanas de tareas incesantes: recolectan la materia prima, usan los árboles y frutos para hilar y teñir con técnicas ancestrales, cuidando del monte, recorriéndolo. Usan su cuerpo como telar, se rasgan la piel entre las espinas del chaguar y después les pretenden pagar con naranjas o con precios irrisorios. La especulación que convierte en exóticos a estos objetos preciosos las desdeña. Pero ellas se plantan, exigen esfuerzo para que su lengua sea escuchada, quieren ser invitadas a ferias donde puedan poner precios justos a su producción, quieren que ese arte que se trasmite de mujer a mujer sea valorado más allá del discurso. Ellas son chinay, no mujeres; así lo dicen para marcar la distancia con las blancas. Y no porque desprecien la diversidad, sino para denunciar la inequidad.

Las palabras brotan en wichí. Las risas no tienen pasaporte ni fronteras de abecedarios. Y los silencios develan los puentes todavía rotos. Las chinay piden que se las llame por su nombre, la lengua con la que ellas se nombran mujeres. A veces parece que las palabras no brotan, no se hacen rueda de vientos; a veces las manos se las llevan a la boca como si quisieran interrumpir el intercambio. Pero se plantan: ellas son chinay, no mujeres, y marcan la distancia con las blancas, no se trata de bendecida diferencia, sino de desigualdad. Sin equidad, la diversidad resta. Y piden, también, que las palabras que no les brotan en castellano, que tienen que buscar en una memoria ajena, se reconozcan en el diálogo, irreverentes como el chaguar en su tierra, naturalmente, como el wichí de sus bocas.

“Hay cosas que no sé cómo decirlas si no es en wichí”, explica desafiando a agudizar la escucha Simona Pérez, de 39 años, capacitadora de artesanas formoseña, con mucha pero mucha sed de avanzar en los caminos plurales y no de quedar congelada como una reliquia. “Tenemos muchas cosas para decir. Pero nos cuesta un poco hablar en castellano”, describe Valeria Segundo, de 25 años, una distancia de traducción que exige apostar a la multiplicidad de palabras. Por eso, María Ortiz, de 44 años, es maestra especial modalidad aborigen –así el título– para ayudar a que los niños y niñas aprendan wichí. Y puedan, por ejemplo, saber que “irilót’áj” es una palabra tan linda como lindo quiere decir en otra de las lenguas que dan voz a la multiplicidad de argentinas.

La antropóloga Ana González, coordinadora del Programa Social de Bosques de la Subsecretaría de Planificación y Política Ambiental de la Nación, apunta una experiencia para replicar, como se replican las fuerzas en rondas de mujeres cuando no sólo se las escucha sino que se les da aire para hablar: “En noviembre del 2013 se llevó a cabo un taller con unas noventa artesanas wichí en Ingeniero Juárez, Formosa, en el que participaron artesanas de las provincias de Chaco, Formosa y Salta. En junio de 2014 se realizó otro taller del que participaron alrededor de ciento treinta artesanas en Tartagal, Salta. Los talleres fueron enteramente bilingües. Todas las mujeres hablaron en wichí y algunas traducían”.

Simona se alegra con la idea de un futuro tan largo como el pelo que desafía danzante el límite de su cintura. Por eso no sólo revalorizó las técnicas de tejido y teñido que aprendió de niña, sino que inventó nuevas y ahora les enseña a otras artesanas a reinventar los colores del bosque salteño y formoseño en las conocidas yicas o carteras, en su rol de capacitadora experta en diseño y tintes. Ella tiene la sabiduría para hacer surgir el negro del guayacán, el amarillo del palo amarillo, el marrón rojizo del quebracho y hasta otros cuarenta y dos tonos que destemplarían cualquier visión angosta –o binaria– del inmenso paraíso cromático. Pero con una paciencia que no conoce de exigencias o apuros, sino que apuesta a la alquimia de seis días de barro y cenizas hasta que la transformación aparece.

Las chinay festejan la alegría del reconocimiento a sus tintes antiguos y sus colores nuevos para trasmitir un arco iris del que muchas veces se conserva sólo el final pero casi nunca su abarcador principio. Ellas aprendieron, cuando la sangre las bendijo con la raíz de la fertilidad, a enhebrar chaguar. Y aprehendieron a mixturar los colores que ofrece la tierra y que rascaron entre los árboles, el bosque y el poder de la paciencia para ofrendar de tiempo al parto de pigmentos nuevos que pujan con barro, deseo y cenizas. Las chinay piden contra las injusticias. Su tiempo vale. Y el inmenso trabajo de buscar en el bosque los hilados, de teñirlos entre ciencia ancestral y creatividad a futuro, de arrollarlos entre las piernas deshilachadas de piel y rodarlos por las escamas descascaradas por el pinche trabajo de domar el chaguar hasta volverlo hilo las deja curtidas en sus propias llagas. Y con el derecho a pedir que su trabajo valga tanto como ellas le ponen el cuerpo. No un kilo de azúcar, una botella de aceite, un montoncito de naranjas o la mitad de un billete sonriente de Julio A. Roca.

Las desigualdades no se pueden –ni deben– disfrazar. La falta de acceso a trabajo digno es injusta. Pero ellas no son pobres entre las pobres, son mujeres con enormes riquezas culturales con las que hay una deuda pendiente y una pérdida para quienes no la reconocen. “La idea de pueblo originario ingresa a menudo en la sociedad con el respeto que una nación merece, pero la mayoría de las veces ese respeto se desdibuja y sólo se ve al otro como alguien despojado, alguien que está en peores condiciones que nosotros, un pobre que necesita recuperar algo. Esa forma de percepción representa un riesgo (...), podría contribuir a que se deje de ver a los indígenas como indigentes y se comience a verlos como miembros de naciones preexistentes, como sujetos de derechos individuales y colectivos”, enmarca Pablo García, en el libro, de reciente aparición, Es la diversidad, idiota. Un acercamiento a la relación entre Estado y pueblos originarios, de Editorial Octubre.

Simona, Valeria, María Ortiz (44) y Ema Solano (49), todas artesanas wichí de El Potrillo e Ingeniero Juárez, en Formosa, que realizan con excelencia tejidos de chaguar y desarrollan extraordinarios tintes a partir de especies nativas del monte, visitaron la Tienda del Mercado de Artesanías Tradicionales de la República Argentina Matra, en Tecnópolis, del 8 al 12 de octubre, para vender sus productos a un precio justo, acompañadas por Gladys Arce, de la Asociación Civil Bosques Modelo Formoseño, una mujer que las sigue tierra adentro y que hace lágrima la emoción de sentir que sus derechos hacen eco. “Somos tímidas porque venimos de otra cultura”, dice Simona, y despoja de solemnidad su timidez con la caricia de su pelo negro, brillante, larguísimo, destrenzado de estribos, que le hacen lucir su sonrisa cuando la eligen para lucir sus artesanías. Ema, en cambio, elige el silencio, no se halla entre palabras impropias. En cambio, hace propio su cuerpo cuando muestra sus piernas tajeadas por hacer de su cuerpo su propia herramienta para crear canastas, carteras, cinturones o billeteras en la que usa como telar la misma piel que necesita para caminar.

Ellas aprovechan el monte, no es un paisaje, en espejismo para quienes pretenden que la conservación sea una selfie de turistas ricos y afortunados. Pero lo usan y lo cuidan. No lo extinguen ni lo talan ni lo dañan. Le conocen sus mejores secretos, lo cuidan. Y, en su arte, reproducen caranchos, garzas, quirquinchos, tortugas, tapires, cardenales y búhos, la fauna autóctona del noreste argentino que, pocas veces, aparece en las ilustraciones de una infancia educada sin el norte en la diversidad –biológica, social, étnica y sexual– propia.

Por eso, tanto Simona, Valeria, María y Ema fueron invitadas a vender sus productos en el marco de un comercio justo –que no se aprovecha de sus necesidades, sino que valoriza su talento e inversión de tiempo, capacidad y esfuerzo– en la Octava Semana de Artesanías en Matra, en Tecnópolis, invitadas por la Subsecretaría de Planificación y Política Ambiental, que promociona el uso sustentable de los bosques nativos como eje fundamental para el desarrollo de las comunidades con biodiversidad e inclusión social.
Vender para todas

La leyenda que se cuenta de boca en boca hasta las bocas que sólo se escuchan cuando se les abre la puerta a la lengua libre dice que las mujeres wichí y qom descendieron desde las estrellas a través de una fibra de chaguar –una palabra de origen quechua que puede nombrarse caraguatá en guaraní o chutsaj en wichí– para encontrarse con los varones en la tierra. Todavía ellas, las mujeres, brillan titilantes como las estrellas. Todavía hoy su vida se abraza a la misma fibra que es la que hoy puede hilvanar sus lazos para que el Estado respalde sus saberes con potencialidades productivas. Por eso, Silvia Révora, responsable de la Subsecretaría de Planificación y Política Ambiental, enfatiza: “Nuestra misión es implementar políticas públicas tendientes al combate de la pobreza y a la conservación de la biodiversidad que se motorizan a través del uso sustentable y de un desarrollo productivo con inclusión social. Fortalecer mecanismos de comercio justo y empoderar a las comunidades wichí para que puedan seguir viviendo de lo que les brinda el monte es fundamental para su arraigo territorial e identidad cultural y, asimismo, para la preservación de los bosques nativos. En la medida en que visibilicemos los bienes naturales y los servicios ecosistémicos vitales que benefician a todo el pueblo argentino valoraremos acabadamente nuestra muy rica biodiversidad”.

El monte no sólo es la raíz de las artesanías –que van desde monederos a collares y polleras con chaguar y semillas–, también da alimentos o medicina, purifica el agua y el aire, protege las cuencas, regula la humedad y la temperatura, amortigua el viento y las lluvias, fija los suelos y previene la erosión. Por eso es fundamental que sea aprovechado, pero no talado por los desmontes que dificultan el hallazgo de chaguar.

“Los desmontes la mayoría de las veces son violatorios de la ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos y son formas encubiertas de desalojo de los pueblos originarios. Si estos pueblos son desalojados de su territorio, además de violar sus derechos constitucionales, el bosque nativo desaparecerá rápidamente, avanzando la desertificación y el cambio climático”, advierte la antropóloga.

Esta mirada ambiental también tiene perspectiva de género. González remarca: “Cuando había chaguar en abundancia y no alambrados que les cortaran el paso, ir a recoger las largas hojas espinosas de las plantas les permitía un espacio propio de mujeres, para conversar e intercambiar, pero también para comulgar con el monte, encontrar la tranquilidad de un día con sus hermanas, madres, tías y abuelas. Para transmitirse conocimientos. Ahora los desmontes no sólo arrasan con el chaguar, la miel de las meliponas, la algarroba, el chañar y el mistol, también con la posibilidad de que puedan pensar un desarrollo propio no depredador. Por eso, apoyar las artesanías de chaguar de las mujeres del Gran Chaco es apoyar el fortalecimiento de la cultura, la identidad y el empoderamiento de las mujeres”. Por eso ellas, las chinay, hablan.

¿Cuánto tiempo y trabajo les lleva hacer una cartera?

María Ortiz: Lleva dos semanas hacer el hilo y una semana tejerla. Es muy trabajoso.

Simona Pérez: Nosotras buscamos el chaguar en el monte. Y después machucar y después poner en el sol y después hacer el hilo y empezar a buscar los colores en el monte, y después hay que esperar tres días para el negro. Por eso, recién como en dos semanas tengo una carterita.

¿Cuánto es un precio válido en el comercio justo?

Simona: Por acá la vendemos a 200 pesos, está a muy lindo precio, pero en nuestra zona nos la quieren comprar por naranjas o por 50, 30 o 20 pesos. Por eso estamos contentas, porque la gente de Buenos Aires aprecia nuestro trabajo.

¿Qué les pasa cuando les pagan mal su trabajo?

María: Una no tiene ganas de hacer nada.

Simona: Hay mujeres que venden muy barato o por naranjas.

¿Se desalientan cuando tienen casi que regalar las artesanías?

María: Sí.

Valeria Segundo: Hay mujeres que dejan los hijos en busca de chaguar y dejan al mayor para que les dé pan y comida. Porque llegamos a la noche y para sacar más de cincuenta chaguar podemos estar dos días lejos de la casa. Los blancos les dieron la idea a las mujeres de que pueden usar guantes y así podemos sacar más de cincuenta plantas.

¿Qué pasa cuando se desaniman?

Valeria: Hay mujeres que como el precio no es bueno no hacen, porque el marido dice que no hay que hacer porque no te valorizan. Porque es un sacrificio dejar a los chicos y a la casa y cuando lo vendés a 50 pesos y el marido viene del trabajo le dice: “Hacelo unito para que sea un bolso tuyo nomás”, porque ¿quién va a comprar? O si van a comprar a bajo precio.

María: Cuando hay salida las mujeres tienen más ganas. Ustedes como blancos tendrían que poder ayudar a las mujeres.

¿Cuáles son las dificultades cotidianas?

María: En nuestra zona las mujeres buscan chaguar, pero es muy lejos, se van a la mañana y vuelven a la noche. Las mujeres me dicen que pida a las autoridades que nos ayuden y nos den un camión para ir a buscar chaguar. Hace falta. Porque nosotras ahora le pagamos cien pesos, por cada mujer, al camión, y a veces somos veinte mujeres y es muy peligroso también porque puede haber un accidente. Hay mucho sufrimiento para las mujeres.

Valeria: En el monte hay mucho calor, a veces frío. Nos lastimamos las manos y las polleras. La misma Ema (Solano) hace muchos hilos y se lastima toda la pierna por las espinas. Nos sangran las manos. Por eso podemos sacar treinta o cincuenta plantas y más no porque lastima mucho. A veces no podemos ni lavar, ni cocinar, ni hacer tortillas del dolor en las manos. Cuesta mucho el trabajo. Y siempre tenemos que tener jabón pan para que mejoren un poco las manos.

¿Qué significados tienen sus tejidos?

Valeria: Cuando estuve en la feria de Tartagal allí escuché que cada yica tiene significado y no sabía. El yica tiene un dibujo de semillas de chañar y algarrobo que es la comida de nuestros ancestros. Hay otros dibujos de animales como corzuelo (similar a un ciervo) y carancho. Son buenos los encuentros de artesanas porque uno descubre cosas y sirve para que sepamos lo que era nuestra cultura que ahora está sepultada. Es importante porque nacimos de esa cultura.

¿Cómo empezaron a hilar el chaguar?

Valeria: Aprendí de mi mamá y mi abuela a hacer hilo cuando estaba en el colegio. Mi mamá hacía yicas y vendía y me daba un poco de dinero para que yo estudiara y pudiera comprar las copias que me pedía el profesor.

¿Qué es ser wichí?

María: Ahora lo que veo es que nosotros que somos wichí estamos avanzando mucho, tenemos muchas experiencias y conocimientos nuevos. Antes se dedicaban todas las mujeres a la artesanía y ahora hay mujeres jóvenes que no saben tejer, se dedican al colegio, van a la escuela. Lo que veo ahora es que la enseñanza que tienen las jóvenes es igual a la de los blancos. Hay un avance. Ser mujeres wichí no significa dedicarnos solamente a la artesanía. Somos como ustedes, los blancos, capaces de pensar y de expresar lo que siente cada una. Y para mí es lindo que haya acompañamiento para las mujeres. Porque si nos dejan solas nos quedamos. Nosotras nos queremos seguir capacitando. Ahora veo que la artesanía se mejora mucho. No es como antes con las yicas solamente de algarrobo o frutos del monte que se recolectaban. Ahora buscamos la forma para que la gente vea que son lindos y haya salida. Nosotras pensamos seguir avanzando y buscar otras formas de hacer el trabajo.

¿Qué significó encontrar nuevos colores?

Valeria: Ahora con Simona, que es la capacitadora, conocimos el negro como azul del guayacán, el blanco natural y el marrón del quebracho y pudimos mejorar las artesanías.

¿Cómo es la técnica del teñido?

Simona: El guayacán, cuando empezamos a teñir, ponemos un recipiente con un poco de agua y lo ponemos al fuego. Cuando empieza a hervir ponemos el hilo y después de eso cenizas y después sacamos y tenemos que esperar unas dos horas. Hay veces que tarda mucho hasta que sale el color.

¿Quién inventó esta receta para lograr guayacán?

Simona: Nosotras buscamos cada árbol y probamos. Por eso conocemos los colores que tiene cada árbol.

¿Se necesita mucha paciencia?

Simona: Sí, se necesita mucha paciencia para esperar que salga el color. El negro hay que esperar hasta tres días para que salga. Tres días está con tinte y cuando sale se le pone barro y hay que esperar otros tres días.

¿Cuál es el color más rápido?

Simona: El amarillo es el más rápido, y también el verde.

¿En la escuela en Formosa les enseñaron su cultura?

Valeria: No, otras cosas. Pero para llevar adelante nuestra cultura y nuestros derechos la educación es muy importante.

Simona: Yo hice la primaria y después dejé. Ahora me gusta enseñar a otras mujeres.

¿Cómo se imaginan una educación mejor?

Valeria: Es importante saber castellano más para pedir apoyo a la artesanía. Necesitamos poder hablar a los blancos. La educación es importante. Ahora mi hija Valeria, de diez años, tiene la netbook. Y a los doce años también le decimos qué es el chaguar, porque ésa es la cultura de nosotros.

¿Pueden convivir los conocimientos ancestrales y la potencialidad de las computadoras?

María: Yo digo gracias que ahora tenemos computadoras.

¿Cuáles son sus deseos?

María: Las mujeres piden un camión y a veces dicen cómo los gobernantes no ayudan a las mujeres, que cuando hay elecciones las mujeres tienen más votos. Las mujeres siempre votan más que los hombres. Y necesitamos compradores de artesanías.

Simona: Me gustaría seguir viajando. Nosotras necesitamos eso. Me gusta porque juntamos las artesanías entre todas las artesanas y las vendemos para todas. Ojalá que me inviten a otra feria.

Valeria: Que se valoren nuestros productos porque son el sostén de la familia.

Por Luciana Peker
Imagen: Constanza Niscovolos
Fuente: Página/12

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